- ¿Profesor podría volver a hacer que el libro cantara solo? – preguntó Lily, Dumbledore la miró divertido y apuntó al libro con la varita, un instante después la canción volvía a sonar.

Oh, podrás pensar que no soy bonito,

- ¡Hey! – se quejó Godric – mi sombrero es muy bonito.

- ¿Te das cuenta de que es el propio sombrero el que lo está diciendo? – le preguntó Helga haciéndole burla. Godric solo acertó a fruncir el ceño, iba a tener una charla con ese sombrero, nada que perteneciera a Gryffindor era feo, incluidos los estudiantes, los suyos eran los mejores y los más guapos… Godric iba a llevarse bien con James, Sirius y los gemelos.

pero no juzgues por lo que ves.

Me comeré a mí mismo si puedes encontrar

un sombrero más inteligente que yo.

- Esto… ¿Profesora Ravenclaw? – preguntó George tímidamente, la mujer le miro curiosa, le encanta responder preguntas - ¿Cree que podríamos encontrar un sombrero más inteligente? – Ravenclaw sonrió.

- No estoy segura de que puedas encontrarlo, pero podríamos hechizar el mío, seguro que es cien veces más inteligente que el de Godric. – el aludido puso cara de ofendido el miedo y rio con ellos.

Puedes tener bombines negros,

sombreros altos y elegantes.

Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts

y puedo superar a todos.

- Godric, tu sombrero es tan arrogante como tu – le regañó Helga, Godric sonrió orgulloso, - ese es mi chico.

- ¿Sabes que solo es un sombrero verdad? – le preguntó Ravenclaw aparentemente seria, aunque una sonrisa se iba formando poco a poco en su cara, Godric demostrando lo maduro que era le sacó la lengua.

No hay nada escondido en tu cabeza

que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.

- Cotilla como su dueño – murmuro Salazar, que no había intervenido todavía. No parecía muy hablador pero sonreía divertido al observar a sus compañeros, esto sorprendió a casi todos que se esperaban al estereotipo de sangre pura.

- Por eso me quieres – le contestó Godric mientras intentaba abrazarlo y el otro intentaba apartarse, como dos hermanos. Esto también les sorprendió bastante pero supusieron que en el momento en el que habían viajado en el tiempo todavía eran amigos.

Así que pruébame y te diré

dónde debes estar.

Puedes pertenecer a Gryffindor,

donde habitan los valientes.

Su osadía, temple y caballerosidad

ponen aparte a los de Gryffindor.

Godric se levantó e hizo una reverencia, mientras los miembros de su casa le aplaudían y vitoreaban.

Puedes pertenecer a Hufflepuff

donde son justos y leales.

Esos perseverantes Hufflepuff

de verdad no temen el trabajo pesado.

Ted y Dora vitorearon a su fundadora que les sonrió y aplaudió.

O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,

Si tienes una mente dispuesta,

porque los de inteligencia y erudición

siempre encontrarán allí a sus semejantes.

Luna y su madre le sonrieron a Rowena, siempre por su puesto manteniendo su mirada soñadora, y Rowena les devolvió la sonrisa.

O tal vez en Slytherin

harás tus verdaderos amigos.

Esa gente astuta utiliza cualquier medio

para lograr sus fines.

Salazar sonrió, vio como Snape lo miraba con admiración y asintió en su dirección.

¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!

¡Y no recibirás una bofetada!

- Una bofetada no, pero que te caiga una espada en la cabeza realmente duele – le susurró Harry a sus amigos.

Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).

Porque soy el Sombrero Pensante.

Todo el comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción.

Igual que en la sala, mientras el libro volvió a las manos que empezó a leer de nuevo.

Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez.

¡Entonces sólo hay que probarse el sombrero! —Susu rró Ron a Harry—. Voy a matar a Fred.

El mencionado se encogió en su asiento intentando esquivar la mirada de su madre.

Harry sonrió débilmente. Sí, probarse el sombrero era mucho mejor que tener que hacer un encantamiento, pero habría deseado no tener que hacerlo en presencia de todos.

- ¡Oh dios mío! – gritó Sirius – un Potter con miedo escénico, ¡es el fin!

El sombrero parecía exigir mucho, y Harry no se sentía valien te ni ingenioso ni nada de eso, por el momento. Si el sombrero hubiera mencionado una casa para la gente que se sentía un poco indispuesta, ésa habría sido la suya. La profesora McGonagall se adelantaba con un gran ro llo de pergamino.

Cuando yo os llame, deberéis poneros el sombrero y sen taros en el taburete para que os seleccionen —dijo—. ¡Ab bott, Hannah!

Una niña de rostro rosado y trenzas rubias salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.

¡HUFFLEPUFF!—gritó el sombrero.

Los Hufflepuff presentes en la sala aplaudieron.

La mesa de la derecha aplaudió mientras Hannah iba a sentarse con los de Hufflepuff. Harry vio al fantasma del Fraile Gordo saludando con alegría a la niña.

¡Bones, Susan!

¡HUFFLEPUFF! —gritó otra vez el sombrero, y Susan se apresuró a sentarse al lado de Hannah.

Esta vez empezaron a vitorear entusiasmados.

¡Boot, Terry!

¡RAVENCLAW!

La segunda mesa a la izquierda aplaudió esta vez. Varios Ravenclaws se levantaron para estrechar la mano de Terry, mientras se reunía con ellos.

Las Ravenclaw sonrieron, a Luna le caía bien Terry.

Brocklehurst, Mandy también fue a Ravenclaw, pero Brown, Lavender resultó la primera nueva Gryffindor, en la mesa más alejada de la izquierda, que estalló en vivas. Harry pudo ver a los hermanos gemelos de Ron, silbando.

En la sala era igual, con mucho los Gryffindor eran los más entusiastas y ruidosos.

Bulstrode, Millicent fue a Slytherin.

Los Slytherin no dijeron nada, pero James y Sirius no pudieron evitar abuchear por lo bajo.

Tal vez era la ima ginación de Harry; después de todo lo que había oído sobre Slytherin, pero le pareció que era un grupo desagradable.

- ¡Hey! – se quejó Salazar. Snape miraba con odio al grupo de merodeadores y a Harry.

Comenzaba a sentirse decididamente mal. Recordó lo que pasaba en las clases de gimnasia de su antiguo colegio, cuando se escogían a los jugadores para los equipos. Siem pre había sido el último en ser elegido, no porque fuera malo, sino porque nadie deseaba que Dudley pensara que lo querían.

¡Finch-Fletchley, Justin!

¡HUFFLEPUFF!

Harry notó que, algunas veces, el sombrero gritaba el nombre de la casa de inmediato, pero otras tardaba un poco en decidirse.

Algunos miraron interrogantes a Dumbledore, pero fue Helga la que contestó.

- Algunos alumnos son más difíciles de distribuir, pueden tener cualidades que varios de nosotros valoramos y no es fácil saber dónde colocar a cada uno.

Finnigan, Seamus. —El muchacho de cabello arenoso, que estaba al lado de Harry en la fila, estuvo sentado un mi nuto entero, antes de que el sombrero lo declarara un Gryffindor.

- Me pregunto en qué casa estaría pensando ponerle el sombrero si no era Gryffindor – dijo Hermione.

- En Ravenclaw definitivamente no – respondió Ron – y tampoco le veo en Slytherin.

Granger, Hermione.

Hermione casi corrió hasta el taburete y se puso el som brero, muy nerviosa.

¡GRYFFINDOR! —gritó el sombrero. Ron gruñó.

- Lo siento Hermione – se disculpó Ron, pero no se libró de las miradas fulminantes de Hermione, sus padres, los padres de Hermione y su hermana.

Un horrible pensamiento atacó a Harry, uno de aquellos horribles pensamientos que aparecen cuando uno está muy intranquilo. ¿Y si a él no lo elegían para ninguna casa? ¿Y si se quedaba sentado con el sombrero sobre los ojos, durante horas, hasta que la profesora McGonagall se lo quitara de la cabeza para decirle que era evidente que se habían equivoca do y que era mejor que volviera en el tren?

- Drama Queen – empezó a reír Sirius.

Cuando Neville Longbottom, el chico que perdía su sapo, fue llamado, se tropezó con el taburete. El sombrero tardó un largo rato en decidirse. Cuando finalmente gritó: ¡GRYFFIN DOR!,

- Como sus padres – sonrió orgulloso Frank mientras abrazaba a su hijo, que sonreía aunque nunca había estado seguro de por qué el sombrero le había mandado a Gryffindor. Su madre también le sonreía y su abuela estaba en medio de una especie de monologo sobre lo bueno que era su nieto y lo orgullosa que estaba por que era el digno hijo de sus padres…

Neville salió corriendo, todavía con el sombrero puesto y tuvo que devolverlo, entre las risas de todos, a MacDougal, Morag.

Neville se sonrojó mientras el resto reía.

Malfoy se adelantó al oír su nombre y de inmediato obtu vo su deseo: el sombrero apenas tocó su cabeza y gritó: ¡SLYTHERIN!

- Que sorpresa – murmuraron a la vez Sirius y Arthur.

Malfoy fue a reunirse con sus amigos Crabbe y Goyle,

- ¿Amigos? – preguntó Ginny – más bien guardaespaldas.

con aire de satisfacción.

Ya no quedaba mucha gente.

Moon... Nott... Parkinson... Después unas gemelas, Patil y Patil... Más tarde Perks, Sally-Anne... y, finalmente:

¡Potter; Harry!

- ¡Por fin! – exclamó James.

Mientras Harry se adelantaba, los murmullos se exten dieron súbitamente como fuegos artificiales.

¿Ha dicho Potter?

¿Ese Harry Potter?

- No el otro – resopló Sirius - ¿A cuántos Harry Potter conocen?

Lo último que Harry vio, antes de que el sombrero le ta para los ojos, fue el comedor lleno de gente que trataba de verlo bien. Al momento siguiente, miraba el oscuro interior del sombrero. Esperó.

Mm —dijo una vocecita en su oreja—. Difícil. Muy difícil.

James frunció el ceño ante eso, ¿significaría que su hijo había heredado la inteligencia de su madre y podría estar en Ravenclaw? ¿O quizá en Hufflepuff, su hijo parecía muy leal, sería que encajaba allí?

Lleno de valor, lo veo.

- ¡Por supuesto! – James hincho el pecho orgulloso.

Tampoco la mente es mala.

Lily le sonrió a su hijo.

- Ves James te dije que se parecía más a Lily

- ¿Qué insinúas Sirius? ¿Qué yo no soy inteligente?

- No lo he dicho yo, has sido tú – le contestó Sirius sonriendo

Hay ta lento, oh vaya, sí, y una buena disposición para probarse a sí mismo, esto es muy interesante... Entonces, ¿dónde te pondré?

- En Gryffindor por supuesto – aseguró Sirius.

Harry se aferró a los bordes del taburete y pensó: «En Slytherin no, en Slytherin no».

- No, no, no – murmuraban Sirius y James, completamente metidos en la historia.

En Slytherin no, ¿eh? —dijo la vocecita—. ¿Estás se guro? Podrías ser muy grande, sabes, lo tienes todo en tu ca beza y Slytherin te ayudaría en el camino hacia la grandeza.

- ¡¿Qué?! – Preguntaron/exclamaron a la vez James y Sirius, se giraron hacia Harry - ¿estás en Gryffindor verdad? – Harry no contestó, miraron a los demás chicos en busca de alguna respuesta pero tampoco soltaron prenda, todos en la sala observaban atentamente a los chicos expectantes mientras esperaban a que se leyera el veredicto del sombrero.

No hay dudas, ¿verdad? Bueno, si estás seguro, mejor que seas ¡GRYFFINDOR!

- ¡Siiiii! – Sirius y James empezaron con su baile de la victoria otra vez mientras todos se reían y Harry suspiraba tranquilo.

- No sabía que el sombrero tuviera en cuenta las preferencias de los alumnos – comentó Lily - aunque supongo que tiene sentido, no podía dejarse guiar solo por las habilidades.

Dumbledore asintió dándole la razón a Lily.

- Por supuesto – dijo Sirius - ¿Cómo crees que yo acabe en Gryffindor? Le dije al sombrero que me negaba a ir a Slytherin y que quería ir a Gryffindor para molestar a mi madre, me dijo que tenía mucho valor y me mando a Gryffindor.

Harry oyó al sombrero gritar la última palabra a todo el comedor. Se quitó el sombrero y anduvo, algo mareado, hacia la mesa de Gryffindor. Estaba tan aliviado de que lo hubiera elegido y no lo hubiera puesto en Slytherin,

Sirius recordó ese mismo instante, en que el sombrero le puso en Gryffindor y lo separó de los locos de su familia, excepto Andrómeda claro.

que casi no se dio cuenta de que recibía los saludos más calurosos hasta el mo mento. Percy el prefecto se puso de pie y le estrechó la mano vigorosamente, mientras los gemelos Weasley gritaban: «¡Tenemos a Potter! ¡Tenemos a Potter!».

- Potter es nuestro, nuestro tesoooro.

Harry se sentó en el lado opuesto al fantasma que había visto antes. Éste le dio una palmada en el brazo, dándole la horrible sensación de haberlo metido en un cubo de agua helada.

Todos se estremecieron, los fantasmas no solían darse cuenta de que producían ese efecto en los vivos, o quizá lo hicieran a propósito.

Podía ver bien la Mesa Alta. En la punta, cerca de él, es taba Hagrid, que lo miró y levantó los pulgares. Harry le sonrió. Y allí, en el centro de la Mesa Alta, en una gran silla de oro, estaba sentado Albus Dumbledore. Harry lo reconoció de inmediato, por el cromo de las ranas de chocolate. El cabello plateado de Dumbledore era lo único que brillaba tanto como los fantasmas. Harry también vio al profesor Quirrell, el nervioso joven del Caldero Chorreante. Estaba muy extra vagante, con un gran turbante púrpura.

Harry, Ron y Hermione fruncieron el ceño ante la mención de su ex profesor y su turbante.

Y ya quedaban solamente tres alumnos para seleccio nar. A Turpin, Lisa le tocó Ravenclaw, y después le llegó el turno a Ron. Tenía una palidez verdosa y Harry cruzó los de dos debajo de la mesa. Un segundo más tarde, el sombrero gritó: ¡GRYFFINDOR!

Harry aplaudió con fuerza, junto con los demás, mien tras que Ron se desplomaba en la silla más próxima.

Bien hecho, Ron, excelente —dijo pomposamente Percy Weasley,

Los gemelos empezaron a imitar a Percy mientras todos reían.

por encima de Harry, mientras que Zabini, Blaise era seleccionado para Slytherin. La profesora McGonagall enrolló el pergamino y se llevó el Sombrero Seleccionador.

Harry miró su plato de oro vacío. Acababa de darse cuen ta de lo hambriento que estaba. Los pasteles le parecían algo del pasado.

Albus Dumbledore se había puesto de pie. Miraba con expresión radiante a los alumnos, con los brazos muy abier tos, como si nada pudiera gustarle más que verlos allí.

¡Bienvenidos! —dijo—. ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero deciros unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llo rones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!

- ¡Genial! ¡El mejor! – rieron los merodeadores y los gemelos y le vitorearon.

Se volvió a sentar. Todos aplaudieron y vitorearon. Harry no sabía si reír o no.

Está... un poquito loco, ¿no? —preguntó con aire inse guro a Percy.

¿Loco? —dijo Percy con frivolidad—. ¡Es un genio! ¡El mejor mago del mundo! Pero está un poco loco, sí. ¿Patatas, Harry?

- ¿Patatas, Harry? – preguntó Fred imitando a su hermano.

Harry se quedó con la boca abierta. Los platos que ha bía frente a él de pronto estuvieron llenos de comida. Nun ca había visto tantas cosas que le gustara comer sobre una mesa: carne asada, pollo asado, chuletas de cerdo y de terne ra, salchichas, tocino y filetes, patatas cocidas, asadas y fri tas, pudín, guisantes, zanahorias, salsa de carne, salsa de to mate y, por alguna extraña razón, bombones de menta.

- Joo Harry, que hambre – se quejó Ron.

Los Dursley nunca habían matado de hambre a Harry,

- Más les vale – gruñó Lily

pero tampoco le habían permitido comer todo lo que quería. Dudley siempre se servía lo que Harry deseaba, aunque no le gustara. Harry llenó su plato con un poco de todo, salvo los bombones de menta, y comenzó a comer. Todo estaba delicioso.

Eso tiene muy buen aspecto —dijo con tristeza el fan tasma de la gola, observando a Harry mientras éste cortaba su filete.

¿No puede...?

- Jaja, creía que habías heredado la inteligencia de tu madre – se burló Sirius

No he comido desde hace unos cuatrocientos años —dijo el fantasma—. No lo necesito, por supuesto, pero uno lo echa de menos. Creo que no me he presentado, ¿verdad? Sir Nicholas de Mimsy-Porpington a su servicio. Fantasma Residente de la Torre de Gryffindor.

¡Yo sé quién es usted! —dijo súbitamente Ron—. Mi hermano me lo contó. ¡Usted es Nick Casi Decapitado!

Yo preferiría que me llamaran Sir Nicholas de Mimsy...

- Siempre será Nick casi decapitado por mucho que se empeñe.

comenzó a decir el fantasma con severidad, pero lo inte rrumpió Seamus Finnigan, el del pelo color arena.

¿Casi Decapitado? ¿Cómo se puede estar casi decapi tado?

- No, mal hecho nunca le preguntes eso – se quejo Frank.

- Es inevitable siempre hay alguno de primer año que lo pregunta.

- Y si no ya estamos nosotros para preguntárselo delante de los de primero – añadió James.

Sir Nicholas pareció muy molesto, como si su conversa ción no resultara como la había planeado.

Así —dijo enfadado. Se agarró la oreja izquierda y tiró. Teda su cabeza se separó de su cuello y cayó sobre su hombro, como si tuviera una bisagra. Era evidente que alguien había tratado de decapitarlo, pero que no lo había hecho bien.

- Asqueroso – dijeron algunos de otras casas que no conocían a fondo al fantasma.

Pare ció complacido ante las caras de asombro y volvió a ponerse la cabeza en su sitio, tosió y dijo: ¡Así que nuevos Gryffin dors! Espero que este año nos ayudéis a ganar el campeo nato para la casa. Gryffindor nunca ha estado tanto tiempo sin ganar. ¡Slytherin ha ganado la copa seis veces segui das!

Todos los Gryffindors hicieron muecas.

- ¿Slytherin os ha ganado seis veces seguidas? – se lamentó Sirius.

El Barón Sanguinario se ha vuelto insoportable... Él es el fantasma de Slytherin.

- ¿El barón sanguinario? – preguntó Rowena, pero nadie le contesto, nadie sabía demasiado sobre él.

Harry miró hacia la mesa de Slytherin y vio un fantasma horrible sentado allí, con ojos fijos y sin expresión, un rostro demacrado y las ropas manchadas de sangre plateada. Esta ba justo al lado de Malfoy que, como Harry vio con mucho gusto, no parecía muy contento con su presencia.

¿Cómo es que está todo lleno de sangre? —preguntó Seamus con gran interés.

Nunca se lo he preguntado —dijo con delicadeza Nick Casi Decapitado.

- Nadie lo sabe – dijo misteriosamente Andrómeda.

Cuando hubieron comido todo lo que quisieron, los res tos de comida desaparecieron de los platos, dejándolos tan limpios como antes. Un momento más tarde aparecieron los postres. Trozos de helados de todos los gustos que uno se pu diera imaginar; pasteles de manzana, tartas de melaza, re lámpagos de chocolate, rosquillas de mermelada, bizcochos borrachos, fresas, jalea, arroz con leche...

Mientras Harry se servía una tarta, la conversación se centró en las familias.

Yo soy mitad y mitad —dijo Seamus—. Mi padre es muggle. Mamá no le dijo que era una bruja hasta que se casa ron. Fue una sorpresa algo desagradable para él.

- Debió decírselo antes – dijo Lily

- Si pero la cara que debió poner… - rio Sirius.

Los demás rieron.

¿Y tú, Neville? —dijo Ron.

Bueno, mi abuela me crió y ella es una bruja

- ¿Qué? – los tres Longbotom miraban extrañados al libro, Neville esquivaba su mirada - ¿Nos pasó algo? – Preguntó Frank preocupado, Neville no dijo nada pero asintió casi imperceptiblemente. Orión intervino en ese momento, él y Harry miraban preocupados a Neville ellos eran los únicos en la sala a parte de él que sabían lo que les había pasado a sus padres.

- ¿Qué tal si seguimos leyendo? Neville podrá contarlo luego si quiere – dijo – además saldrá en los libros.

Neville levantó la vista para mirar a Harry que asintió dándole a entender que lo sabía pero no se lo diría a nadie.

dijo Ne ville—, pero la familia creyó que yo era todo un muggle, du rante años. Mi tío abuelo Algie trataba de sorprenderme des cuidado y forzarme a que saliera algo de magia de mí. Una vez casi me ahoga, cuando quiso tirarme al agua en el puerto de Blackpool,

- Voy a matar al tío Algie – prometió Frank, Neville le miró sonriendo.

- Déjalo, el tío Algie es así no se lo tengas en cuenta.

pero no pasó nada hasta que cumplí ocho años. El tío abuelo Algie había ido a tomar el té y me tenía cogido de los tobillos y colgando de una ventana del piso de arriba, cuando mi tía abuela Enid le ofreció un merengue y él, acci dentalmente, me soltó.

- Accidentalmente, seguro – murmuraba Alice.

Pero yo reboté, todo el camino, en el jardín y la calle. Todos se pusieron muy contentos. Mi abuela estaba tan feliz que lloraba. Y tendríais que haber visto sus caras cuando vine aquí. Creían que no sería tan mágico como para venir. El tío abuelo Algie estaba tan contento que me compró mi sapo.

- Ya tenemos al culpable de regalarle un sapo

Al otro lado de Harry, Percy Weasley y Hermione esta ban hablando de las clases. («Espero que empiecen en se guida, hay mucho que aprender; yo estoy particularmente interesada en Transformaciones, ya sabes, convertir algo en otra cosa, por supuesto parece ser que es muy difícil. Hay que empezar con cosas pequeñas, como cerillas en y todo eso...»)

Harry, que comenzaba a sentirse reconfortado y somnoliento, miró otra vez hacia la Mesa Alta. Hagrid bebía copio samente de su copa. La profesora McGonagall hablaba con el profesor Dumbledore. El profesor Quirrell, con su absurdo turbante, conversaba con un profesor de grasiento pelo ne gro, nariz ganchuda y piel cetrina.

- ¿Qué hace Quejicus ahí? – preguntó Sirius, Snape lo miro furioso pero no dijo nada, también sentía curiosidad.

Todo sucedió muy rápidamente. El profesor de nariz ganchuda miró por encima del turbante de Quirrell, directa mente a los ojos de Harry... y un dolor agudo golpeó a Harry en la cicatriz de la frente.

¡Ay! —Harry se llevó una mano a la cabeza.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó casi toda la sala, algunos preocupados y otros curiosos.

¿Qué ha pasado? —preguntó Percy

- Por Merlin Freddie, pensamos como Percy.

N-nada.

El dolor desapareció tan súbitamente como había apare cido. Era difícil olvidar la sensación que tuvo Harry cuando el profesor lo miró, una sensación que no le gustó en absoluto.

- Tiene ese efecto en la mayoría de personas – dijo Sirius.

¿Quién es el que está hablando con el profesor Qui rrell? —preguntó a Percy.

Oh, ¿ya conocías a Quirrell, entonces? No es raro que parezca tan nervioso, ése es el profesor Snape. Su materia es Pociones,

- ¿Quejicus es profesor? – preguntó Sirius horrorizado - ¿Cómo pudo contratarlo? es un estúpido mortifago y seguro que le hace la vida imposible a mi ahijado.

El resto no dijo nada pero la mirada que le lanzo James a Snape prometía que cada vez que le hiciera algo a su hijo lo pasaría mal.

pero no le gusta... Todo el mundo sabe que quiere el puesto de Quirrell. Snape sabe muchísimo sobre las Artes Oscuras.

- Pobrecito no le dejan enseñar artes oscuras – se burló Sirius que seguía mosqueado.

Harry vigiló a Snape durante un rato, pero el profesor no volvió a mirarlo.

Por último, también desaparecieron los postres, y el pro fesor Dumbledore se puso nuevamente de pie. Todo el salón permaneció en silencio.

Ejem... sólo unas pocas palabras más, ahora que to dos hemos comido y bebido. Tengo unos pocos anuncios que haceros para el comienzo del año.

»Los de primer año debéis tener en cuenta que los bos ques del área del castillo están prohibidos para todos los alumnos. Y unos pocos de nuestros antiguos alumnos tam bién deberán recordarlo.

Los ojos relucientes de Dumbledore apuntaron en direc ción a los gemelos Weasley.

Los dos mencionados intentaron esconderse de la mirada acusadora de su madre.

- Nunca hemos llegado a entrar en el bosque - dijo Fred – por lo menos no en la parte más profunda - añadió más bajo para que su madre no lo oyera.

- Si y muchas veces íbamos con Hagrid o con la clase de cuidado de criaturas mágicas – dijo George.

Los merodeadores sonreían recordando alguno de sus viajes al bosque prohibido, el trio dorado se estremeció al recordar algunas de sus aventuras en el bosque y sobre todo al pensar en cómo reaccionarían sus padres al descubrirlo.

El señor Filch, el celador, me ha pedido que os recuer de que no debéis hacer magia en los recreos ni en los pasillos.

»Las pruebas de quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la se ñora Hooch.

»Y por último, quiero deciros que este año el pasillo del tercer piso, del lado derecho, está fuera de los límites permi tidos para todos los que no deseen una muerte muy dolorosa.

- Vaya esa regla es nueva – dijo Remus – y un poco extraña.

- Debe de haber una buena razón para eso – dijo Dumbledore curioso por lo que podría haber allí e imaginándose que tiene algo que ver con la piedra filosofal.

Harry rió, pero fue uno de los pocos que lo hizo.

¿Lo decía en serio? —murmuró a Percy.

Eso creo —dijo Percy, mirando ceñudo a Dumbledo re—. Es raro, porque habitualmente nos dice el motivo por el que no podemos ir a algún lugar. Por ejemplo, el bosque está lleno de animales peligrosos, todos lo saben. Creo que, al me nos, debió avisarnos a nosotros, los prefectos.

¡Y ahora, antes de que vayamos a acostarnos, cante mos la canción del colegio! —exclamó Dumbledore. Harry notó que las sonrisas de los otros profesores se habían vuelto algo forzadas.

- Vamos Minerva alegre esa cara – le dijo Dumbledore alegremente, ella alzó una ceja ante la manía del director de cantar la cancioncita cada inicio de curso, al parecer eso no iba a cambiar nunca.

Dumbledore agitó su varita, como si tratara de atrapar una mosca, y una larga tira dorada apareció, se elevó sobre las mesas, se agitó como una serpiente y se transformó en palabras.

¡Que cada uno elija su melodía favorita! —dijo Dum bledor—. ¡Y allá vamos!

En la sala la mayoría se preparaba también para cantar y Orión y Sirius se pusieron de pie encima de la mesa para dirigirles, a los dos se les unió Godric.

Cada uno terminó la canción en tiempos diferentes. Al fi nal, sólo los gemelos Weasley seguían cantando, con la melo día de una lenta marcha fúnebre. Dumbledore los dirigió hasta las últimas palabras, con su varita y, cuando termina ron, fue uno de los que aplaudió con más entusiasmo.

En la sala todos aplaudían igualmente.

¡Ah, la música! —dijo, enjugándose los ojos—. ¡Una magia más allá de todo lo que hacemos aquí! Y ahora, es hora de ir a la cama. ¡Salid al trote!

- Es verdad – dijo Orión – y gracias a los nuevos merodeadores ahora se enseña música en Hogwarts. Pero ya os lo contaremos luego, fue una broma genial.

Los de primer año de Gryffindor siguieron a Percy a tra vés de grupos bulliciosos, salieron del Gran Comedor y subie ron por la escalera de mármol. Las piernas de Harry otra vez parecían de plomo, pero sólo por el exceso de cansancio y co mida. Estaba tan dormido que ni se sorprendió al ver que la gente de los retratos, a lo largo de los pasillos, susurraba y los señalaba al pasar; o cuando Percy en dos oportunidades los hizo pasar por puertas ocultas detrás de paneles corredi zos y tapices que colgaban de las paredes. Subieron más es caleras, bostezando y arrastrando los pies y, cuando Harry comenzaba a preguntarse cuánto tiempo más deberían se guir, se detuvieron súbitamente.

Unos bastones flotaban en el aire, por encima de ellos, y cuando Percy se acercó comenzaron a caer contra él.

Peeves —susurró Percy a los de primer año—. Es un duende, lo que en las películas llaman poltergeist. —Levantó la voz—: Peeves, aparece.

La respuesta fue un ruido fuerte y grosero, como si se de sinflara un globo.

¿Quieres que vaya a buscar al Barón Sanguinario?

Se produjo un chasquido y un hombrecito, con ojos oscu ros y perversos y una boca ancha, apareció, flotando en el aire con las piernas cruzadas y empuñando los bastones.

¡Oooooh! —dijo, con un maligno cacareo—. ¡Los horri bles novatos! ¡Qué divertido!

De pronto se abalanzó sobre ellos. Todos se agacharon.

Vete, Peeves, o el Barón se enterará de esto. ¡Lo digo en serio! —gritó enfadado Percy

Peeves hizo sonar su lengua y desapareció, dejando caer los bastones sobre la cabeza de Neville. Lo oyeron alejarse con un zumbido, haciendo resonar las armaduras al pasar.

- Te dije que teníamos que haberlo echado – le dijo Helga a Godric.

- Pero es tan gracioso… - contestó Godric.

Tenéis que tener cuidado con Peeves —dijo Percy, mientras seguían avanzando—. El Barón Sanguinario es el único que puede controlarlo, ni siquiera nos escucha a los prefectos. Ya llegamos.

Al final del pasillo colgaba un retrato de una mujer muy gorda, con un vestido de seda rosa.

¿Santo y seña? —preguntó.

Caput draconis —dijo Percy, y el retrato se balanceó hacia delante y dejó ver un agujero redondo en la pared. Todos se amontonaron para pasar (Neville necesitó ayuda) y se encontraron en la sala común de Gryffindor; una habitación redonda y acogedora, llena de cómodos sillones.

Percy condujo a las niñas a través de una puerta, hacia sus dormitorios, y a los niños por otra puerta. Al final de una escalera de caracol (era evidente que estaban en una de las torres) encontraron, por fin, sus camas, cinco camas con cua tro postes cada una y cortinas de terciopelo rojo oscuro. Sus baúles ya estaban allí. Demasiado cansados para conversar, se pusieron sus pijamas y se metieron en la cama.

Una comida increíble, ¿no? —murmuró Ron a Harry, a través de las cortinas—. ¡Fuera, Scabbers! Te estás comiendo mis sábanas.

Harry estaba a punto de preguntar a Ron si le quedaba alguna tarta de melaza, pero se quedó dormido de inmediato.

Tal vez Harry había comido demasiado, porque tuvo un sueño muy extraño. Tenía puesto el turbante del profesor Quirrell, que le hablaba y le decía que debía pasarse a Slytherin de inmediato, porque ése era su destino. Harry contestó al turbante que no quería estar en Slytherin y el turbante se volvio cada vez más pesado. Harry intentó quitárselo, pero le apretaba dolorosamente, y entonces apareció Malfoy, que se burló de él mientras luchaba para quitarse el turbante. Luego Malfoy se convirtió en el profesor de nariz ganchuda, Snape, cuya risa se volvía cada vez más fuerte y fría... Se produjo un estallido de luz verde y Harry se desper tó, temblando y empapado en sudor.

Se dio la vuelta y se volvió a dormir. Al día siguiente, cuando se despertó, no recordaba nada de aquel sueño.

- Un sueño bastante extraño ¿no? – dijo Remus.

- Seguramente fue porque comió demasiado – dijo Molly.

- Ya se terminó el capitulo – anunció Lily.