Nota de Autora: Por fin, por fin, POR FIN está aquí. Tengo que darle gracias súper especiales a MissMomo11 cuyo review sinceramente encendió el interruptor de mi cerebro y de repente supe que escribir. Era la bota en el trasero que necesitaba así que gracias. Esta cosa había sido plagada por un gran bloqueo de autor desde noviembre pero tal vez pueda empezar a trabajar en esto más regularmente. Aunque no prometo nada ya que probablemente dije algo parecido hace unos meses. En fin, hora de agradecerle a todos los que dejaron un comentario - MissMomo11, CrusadeX4, soubifan700, ashley, graceymarei22, AkaiKurai, The Giant Daifuku - ¡todas sus palabras amables me han empujado a seguir! Pero ya fue suficiente de mis lloriqueos ¡Aquí va el capítulo 14!
Esther no sabía qué hacer consigo misma mientras dejaban el barco y hacían su camino por el continente. Tenía la sensación de que la información recientemente adquirida era como un haz de luz que Caterina iba a ver instantáneamente. Sin importar cuánto tratara de empujar la información en un rincón oscuro en su mente, siempre volvía a resurgir. El ir a pie tan despacio tampoco ayudaba; le daba demasiado tiempo para pensar.
Sus deliberaciones en el barco no habían dado frutos; lo mucho que se le había ocurrido era que temía contarle a Tres los procesos internos de su mente, especialmente ahora que su comportamiento había vuelto revertirse al de antes. Si hubiese sido más... no lo sabía, ¿abierto?, tal vez hubiese considerado decir lo que pensaba. Pero él era...
Negó con la cabeza y mantuvo los ojos en el camino que se encontraba delante suyo. Tres iba enfrente, asegurándose de que no hubiesen problemas adelante. El silencio le estaba comenzando a molestar ya que le estaba brindando demasiado tiempo para preocuparse.
Pasó media hora cuando algo se le cruzó por la cabeza y de repente trotó para alcanzar a su acompañante. Le brindó una mirada breve para luego volver la mirada al frente.
—Tres... ¿no le vas a contar al vaticano los hallazgos que hicimos? —Esther le preguntó mientras lo examinaba cuidadosamente.
—Es información innecesaria que podría interferir con mis deberes si llegara a salir a la luz.
—Ya veo, que bien. —Musitó y volvió a quedar unos pasos atrás. A Esther desde el principio le había inquietado la conducta robótica de Tres pero ahora que había visto su otro ser, se sentía como una puñalada el oírlo hablar así.
Todo dentro suyo se sentía mal. Las palabras de Dietrich y el cuerpo de Tres seguían haciéndose presente. Estúpido Dietrich y desgarradoras palabras indiferentes de Tres.
Y lo peor de todo era Lady Caterina estando parada ominosamente frente a ella, juzgando las acciones de ambos. Caterina también era un misterio ¿Sabía que Dietrich iba a estar ahí? ¿Por qué le había enviado con Tres, si este había remarcado la poca experiencia que ella poseía?
Esther miró a sus alrededores con cansancio. El paisaje no era interesante. No, eso no es cierto, pensó. Es que su mente estaba en otra parte. Antes de haber sido puesta bajo aquellas posiciones estresantes, habría estado cautivada por el campo, los deslumbrantes bosques, las arroyos tranquilos. Ahora solo el vaticano, Dietrich y Tres monopolizaban su mente. Ni siquiera la puesta de sol que teñía el cielo de colores podía distraerla.
La noche cayó justo cuando llegaron a un pueblo bien iluminado. Esther estaba agradecida de finalmente ver personas, sentir el ajetreo de las vidas de otros. Mirar era reconfortante, llevándola al borde un poco.
Luego, una melena oscura le llamó la atención y la dejó boquiabierta. No podría ser...
—¿¡L... León!? —Gritó Esther, corriendo hasta él. León se dio la vuelta y sonrió de oreja a oreja, recibiéndola con los brazos abiertos cuando la monja se arrojó a estos. Parecía como si nunca hubiese visto una cara sonriente en años. Estaba cálido y almizclado y pudo sentir las vibraciones de su risa a través de su pecho. Se sintió bien.
—¡Esther! Aw, ¡te he extrañado tanto! —León retumbó, apretándola con fuerza a su cuerpo.
—¡Yo también te extrañé! —Contestó una vez que logró alejarse y evitar ser asfixiada— ¿Dónde has estado?
León se rascó la nuca con timidez.
—Ah, ya sabes, aquí y allá. Sabes que a AX le gusta mantener ocupados a sus agentes. Es bueno que piensen que me puedo cuidar por sí solo pero no los mataría agruparme con alguien de vez en cuando, ¿eh?
Esther asintió con acuerdo.
—Parece que tengo que ir con otros ya que soy bastante nueva ¿Realmente te gustaría ser emparejado incluso si te ordenan todo el tiempo?
León la ojeó, notando su leve tono de frustración pero aparentemente no sintió ganas de mencionarlo, por lo que se encogió de hombros.
—Bueno, es mejor que no tener a nadie más que matusalenes para charlar. En fin, ¡los puedo llevar hasta el vaticano! Yo también estoy regresando.
Se vio un poco inquieto y Esther entrecerró los ojos con sospecha. León sonrió mostrando los dientes.
—Aw, ¡no me mires así! De acuerdo, tal vez la jefa me dijo que viera cómo estaban y que les diera una mano. Vamos, ¡les mostraré!
Les hizo un ademán para que lo siguieran, rodeando una posada local para llegar a la parte trasera. Esther arqueó una ceja al ver la motocicleta de León. León señaló su vehículo, viéndose un poco irritado por el sidecar que estaba aferrado a la moto.
—Vez, ¡la tengo toda preparada para ustedes! Tú puedes andar conmigo y el hombre de metal se queda con el sidecar. Solo la gente adorable puede sentarse en la moto. —León dijo con una sonrisa bien grande y Esther suspiró. No había cambiado para nada. Hizo que su corazón se aliviara un poco de las penas.
—¿Tres? —Ella vociferó y miró al susodicho. Tres se acercó al sidecar y lo examinó.
—Parece seguro. —Dijo eventualmente lo que hizo que León le golpeara el brazo y luego se masajeara la mano adolorida.
—¡Por supuesto que es seguro, pedazo de metal! ¡Como si fuera a dejar que Esther se subiera si no lo fuera!
Tres no dijo nada en respuesta y en vez se dirigió a la posada. León dejó escapar un suspiro y lo siguió, tomando la mano de Esther con calidez. Esther pudo sentirse relajándose con aquél pequeño gesto de consuelo. León se volteó para mirarla con una sonrisa en la cara.
—¿Así que, cómo has estado? —Preguntó y Esther pudo sentir como el labio le comenzó a temblar, provocando que León abriera los ojos ampliamente.
—Esther...
Ella solamente negó con la cabeza en silencio y León la rodeó con los brazos. La joven enterró la cabeza en su pecho, estaba determinada a no llorar.
—¿Tan mal, eh, niña? Está bien, no me tienes que contar ahora. Aunque no significa que no preguntaré después. Pero por ahora vayamos adentro, comamos algo y luego a dormir, ¿sí?
La chica asintió y lo soltó, respirando hondo. Había logrado contener las lágrimas.
Por suerte, cada una uno tenía su propio cuarto. Las palabras de León casi hicieron que se quebrara en llanto. Lo último que necesitaba era derrumbarse en frente de todos. Estaba determinada a permanecer fuerte, a no ser percibida como el eslabón débil de AX.
Tomó un baño, permitiendo que todo el estrés dejara su cuerpo. El dejar caer las lágrimas donde nadie podía verla era un alivio, una oportunidad de recobrar la compostura para darse el empujón final y así llegar al vaticano. Ahí es cuando tal vez podría esconderse por un rato o peticionar que la agruparan con León o Abel, tal vez incluso conseguir una misión para ella sola.
Esther suspiró, inhaló el vapor del baño y se relajó un poco.
León sería una buena barrera entre Tres y ella; Tres la estaba estresando más que nada. Pero se rehusaba a seguir pensando en ello, solo hacía que se preocupara más.
Eventualmente salió de la bañadera, se secó y se vistió con su camisón. La cama era pequeña pero a la vez cómoda y después todo ese torbellino emocional, le fue fácil quedar dormida.
Una discusión un poco subida de tono entre Tres y León la despertó.
—¿Qué estás haciendo parado afuera del cuarto de Esther? —Escuchó a León sisear para luego pestañar somnolienta y sentarse en la cama.
—Iba a despertar a Esther. Deberíamos continuar con nuestro viaje de regreso al vaticano. —Tres respondió con la voz monótona de siempre. Esther salió de la cama con cautela y fue a hurtadillas hasta la puerta.
—Ja, lo que sea. Sé que has hecho algo para que se ponga tan mal, hombre de metal, y eso no lo permitiré ¡Estaba a punto de llorar anoche! —León rugió y Esther hizo una mueca ¿Se había visto tan mal?
—Nuestra misión fue un fracaso. Esther debe de temer las consecuencias.
Esther sonrió con amargura. No estaba segura qué era lo que le molestaba tanto pero el hecho de no estar mencionando ninguna de sus actividades clandestinas la reconfortaba.
León interrumpió sus pensamientos cuando bufó.
—Sí, de seguro que fue así. No te hagas el estúpido, sé que hiciste algo. No hay manera de que una misión mediocre la agite tanto. Sal de aquí, ya le has causado a Esther bastante dolor. Yo la despertaré.
La joven se mordió el labio cuando escuchó los familiares pasos de Tres desvanecerse. El golpe en la puerta hizo que se sobresaltara.
—¡Oye, Esther! ¿¡Estás despierta, cariño!? —León gritó y Esther tuvo que contener una risa.
Retrocedió hasta quedar frente a su cama antes de contestar.
—¡Espera un momento! —Volvió a la puerta y la destrabó.
León se apoyó contra el marco cuando la abrió, tenía una sonrisa tonta en el rostro.
—Te ves tan bien como siempre, Esther. —Dijo para que Esther se pusiera colorada y volviera a cerrar la puerta.
—¡L... León! ¡Saldré en diez minutos!
León soltó una risa y luego lo oyó irse ¿Cómo podía haberse olvidado que todavía estaba con el camisón puesto? Negó con la cabeza para luego asearse y vestirse, se aseguró de que sus cosas estuviesen empacadas antes de marcharse hasta donde servían el desayuno. Varias mesas estaban preparadas. Tres y León estaban en una esquina esperándola con pan tostado y té.
—¡Ven a sentarte conmigo! —Dijo León, dándole palmaditas al asiento que estaba junto al suyo. Esther no pudo evitar esbozar una sonrisa y se les unió. Tres estaba sentado completamente quieto y su mirada parecía estar perdida en la distancia.
—Buenos días. —Esther les saludó y en respuesta Tres inclinó la cabeza hacia delante en cuanto León prácticamente la apretujó hasta dejarla sin aire.
—¡Que alegría que me hayan asignado contigo! —El júbilo en su voz hizo que la monjita se preocupara un poco ¿Qué tipo de misiones le asignaban normalmente? Aunque no le preguntó por temor que inquiriera sobre lo que habían estado haciendo Tres y ella. Así que comió el desayuno, escuchando el relato de cómo León los había rastreado.
Una vez que terminaron de almorzar, León se fue afuera a trote y se dirigió hacia su motocicleta, haciéndole un ademán a Tres.
—Vámonos.
Tres se sentó en el sidecar mientras que León tomó el bolso de Esther y se lo arrojó en el regazo a su compañero para después subirse en la moto y ofrecerle una mano a la joven. Ella no vaciló, sosteniendo su mano firmemente y dejando que la ayudara a subir. León prendió el motor y sonrió con satisfacción al oír el rugido.
Esther lo rodeó con los brazos desde atrás en silencio, volteando su cabeza hacia la izquierda para no tener que mirar a Tres. Pasó una hora para cuando León finalmente dejó escapar un suspiro y le brindó una mirada breve.
—Esther, cariño, aún pareces estar afligida. Sabes que conmigo puedes hablar de lo que quieras, ¿cierto?
Él la sintió asentir contra su espala y la oyó reír por lo bajo.
—Por supuesto, León ¡Eres como el hermano mayor que siempre quise tener!
—¿¡Qué!? ¡N... no! No quiero ser tu... —Aunque el fuego pareció apagarse, por lo que optó suspirar para finalmente reír por lo bajo— Supongo que es mejor que nada ¿Qué sucede, Esther? No pareces estar tan animada como de costumbre.
Esther enmudeció. No sabía qué decir, especialmente con Tres justo al lado en el sidecar. Brevemente le dirigió una mirada a Tres para encontrarlo mirando delante a la distancia como si no escuchara nada de lo que estaban diciendo. Sabía que los podía escuchar perfectamente bien, así que ¿los estaba ignorando o estaba prestando atención? Esther no se sentía cómoda revelando cada problema que había tenido desde la última vez que había visto a León. Abel apareció en su mente como un rayo. Iba a tener que hablarle cuando llegara al Vaticano, si es que se encontraba allí.
—I... intenté descubrir algunas cosas que tendría que haber dejado solas y causé algunos problemas. A...Abel me estuvo evitando por un tiempo porque quería saber más de él y... supongo que no elegí los métodos apropiados. —Explicó en voz baja y sintió a León tensarse.
—¡Ese maldito cabeza de chorlito! ¡Lo mataré por ti! Hacerte preocupar de esa manera... ¡es imperdonable! ¡Nadie hiere a mi Esther y se sale con las suya! —Vociferó, provocando que Esther se riera. Siempre se las arreglaba para animarla.
—Gracias, León, pero quiero volver a hablarle. No tuve una oportunidad de explicar las cosas.
León se calmó y suspiró audiblemente.
—¡AX es una familia de locos, eso es seguro! No lo mataré pero me aseguraré de darle un buen puñetazo en la mandíbula por ti. Y por mí. Su cara de niño bonito me molesta. —Esther pudo imaginarse su sonrisa y se acomodó, mirando a Tres, quién no se había movido ni un centímetro, por un segundo.
Se detuvieron para pasar la noche en una aldea pequeña, tan diminuta que ni siquiera tenía una posada. Pero por suerte un granjero local les ofreció un granero vacío y una cena, con lo que los tres no tuvieron queja.
El granjero y su esposa les parecían desconfiar un poco pero Esther permaneció tan locuaz y cálida como le fue posible, estaba contenta de poder hablar con gente normal sobre la vida cotidiana. Se dio cuenta con dolor que extrañaba el poder ayudar en una iglesia. Tragó saliva y sonrió para continuar hablando.
Una vez que se retiraron al granero, Esther se desplomó sobre una pila de heno y usó su bolso como almohada. Tres marchó hasta la esquina y se mantuvo de pie, mientras que León se sacó la parte de arriba de sus ropas, dejando a Esther boquiabierta.
—Se va a poner frío, Esther. —Dijo León, acercándose con una sonrisa de suficiencia por lo que Esther se levantó y se puso las manos en la cadera.
—Con todo este heno estaré bien. —Le contestó e instintivamente se movió hacia la pila de heno que estaba más cerca de Tres. León se rió por lo bajo y se recostó no muy lejos de la chica. Estaba agradecida que un travesaño los separaba un poco, si hubiese estado un centímetro más cerca la hubiese hecho sentir incómoda.
—¿Entonces les puedo preguntar qué misión estaban haciendo? —Inquirió León y Esther cerró los ojos. Ni siquiera quería pensar en ello.
—Esa es información clasificada, como miembro de AX debería saberlo muy bien. —Tres entonó.
—Sí, pero casi todos igual hablan de ello. —León replicó y Esther dejó escapar un suspiro.
—Tres no es todos. —Intervino monótonamente.
—Ni que lo digas. Es solo que me preocupas, Esther.
—Lo sé. Pero no quiero hablar sobre ello. Aún no. León... ¿estamos lejos del vaticano?
León suspiró, entrelazando las manos sobre nuca.
—En motocicleta quizás unas cuatro o cinco horas. Tengo la impresión de que no te entusiasma mucho regresar.
Esther se puso en posición fetal, casi enterrando el rostro en el heno.
—No lo sé. Lo último que necesito es sacar el lado malo de Lady Caterina. —Dijo, deseando que escapar fuese más sencillo. Sabía que desertar solo empeoraría las cosas pero eso no impidió que brevemente se entretuviera con la idea. Tres nunca estaría de acuerdo.
—Ah, no es tan malo. No es divertido, pero tampoco terrible. Le gusta saber que todos sus peones todavía siguen bajo su control. Solo deja que personas como yo deambulen por ahí sin tener que verla personalmente porque sabe que no me fugaría.
Esther dirigió la mirada en su dirección, espiándolo desde su capullo de heno.
—¿Confía en ti?
León se rió a carcajadas, agarrándose el estómago.
—Ah, ajaja... —finalmente tomó aire—. Ni habar. No confía en mí más de lo que puede arrojarme, aunque no me atrevería a subestimar su fuerza (1). Es solo que sabe que nuestro acuerdo significa que ni soñaría en escapar, eso es todo.
Esther no pudo resistir la curiosidad a pesar de saber que siempre la metía en problemas una y otra vez.
—¿Por qué? —Interrogó y León la miró con una sonrisa.
—Todos tenemos nuestros secretos. No vale la pena oírlo, Esther, lo prometo. No para tus delicadas orejitas.
Esther dedujo que lo que sea que lo estaba atando a AX era malo. Después de todo el daño que causó al husmear en los pasados de Tres de Abel, decidió dejar intacto el de León.
—Está bien. Pero prométeme que algún día me lo dirás, incluso si pasan muchos años. —Susurró y León extendió una mano. Esther la observó por un breve momento para luego tomarla con una de las suyas.
—Claro, Esther, lo prometo. Solo espero que no pienses mal de mí cuando lo haga.
El rostro de Esther se vio abrumado por la preocupación pero luego algo surgió en su estómago y esbozó una sonrisa.
—León, nunca pensaría mal de ti. Eres un buen amigo.
León negó con la cabeza.
—No deberías confiar en los demás tan fácilmente, pero gracias. Solo me has visto un par de veces.
—No importa; solo sé que tienes un buen alma. Buenas noches, León, Tres.
—Hasta mañana, Esther. —León dijo en voz baja.
—Buenas noches. —Contestó Tres y la mirada de Esther se desvió hacia donde Tres estaba parado. Solo podía ver sus pies.
Fue una vista extrañamente reconfortante aunque afligía su corazón.
Nota de Autora: ¡Espero que todos lo hayan disfrutado! Amo a León (aunque prácticamente amo a todos los personajes de Trinity Blood). Es una lástima que no pudo aparecer más seguido ¡Ahora ya casi están en el vaticano! En fin, ¡también me alivia haber terminado esto! Otra vez, muchas gracias, ¡los amo a todos!
Nota de Traductora:
(1) Aclaración: León dice "Not as far as she can throw me." lo que viene de "I trust him as far as I can throw him." Esto significa que Caterina no confía en él para nada porque no confía en él más allá de lo que ella puede levantarlo con sus propias manos y arrojarlo, lo que una persona normal no podría levantar a otra persona demasiado y menos arrojarlos.
