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Disclaimer: Los personajes de Magic Knight Rayearth son propiedad de las geniales CLAMP. El resto de los personajes son de mi autoría (con todo y sus fanarts XD). Muchas gracias por leer. Fic hecho sin fines de lucro por fanas para fans.

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Guerreras Mágicas: La nueva historia.

Mi Pacifica vida…

Llovía, con más frecuencia en este mundo que en el suyo, sin embargo las veces que este fenómeno acontecía, no podía evitar detener sus actividades aunque fuera por un momento y admirar el extraño clima, después de tanto tiempo, aun no sabía si pensar que era bello o si podía traer alguna calamidad… el cielo oscurecía y se veía salvaje rugiendo en luz y estruendo, sin embargo, bello o temible, era un fenómeno innegablemente interesante.

Llovía, sí… miraba por una ventana de la sala de estar donde se encontraba. "Lluvia…" pensó, sólo lluvia, sin embargo esa lluvia traía siempre consigo un recuerdo que su corazón guardaba muy en el fondo y que su mente había olvidado, causándole una sensación de vacío que no podía explicar, y eso se repetía cada que el cielo derramaba su agua sagrada.

"¿Admirando la naturaleza de nuevo Latis?" – preguntó una mujer que entraba al cuarto de metal.

"…"- sólo miró a la mujer y cerró los ojos, ese signo sencillo en él significaba un asentimiento. Ella lo sabía bien.

Se acercó al serio caballero que permanecía aun junto a la ventana, y tomando suavemente con su mano su mejilla le sonrió y le dijo – "Vamos es hora de cenar"

El hombre simplemente le siguió, hacía tanto tiempo que estaba con ella, su pareja, su amiga, su mujer, su esposa, y sin embargo pese a que ella llenaba su vida, no entendía el porqué cada que la lluvia caía del cielo, se sentía incompleto, había dentro un vacio… Y él solo desearía saber el por qué de ese vacío, él no lo recordaba pero su corazón… no lo olvidaba.

La mujer le llevó a la mesa que ya estaba arreglada y los platos servidos, ambos se sentaron a cenar, ni una palabra en los primeros minutos, él escuchaba la lluvia caer, ella comía pensando en cosas vánales, él le miró de pronto, ella comía sin notar su mirada posada en ella, ahí estaba la mujer de su vida, su compañera, la que él había elegido, después de 54 años, ella seguía hermosa.

Siendo él de Céfiro, había aprendido a aparentar menor edad, lucia como un guapo muchacho de 27 años, ella, sabiendo esto y no queriendo deslucir con su hombre, había pedido a su hoy esposo que le enseñara el arte de parecer más joven, y a base de mucho esfuerzo y fuerza de voluntad lo había conseguido.

Ella seguía igual que cuando le había pedido matrimonio, una bella joven de 24 años, 24 verdaderos años tenía ella cuando se habían casado. Y lucia igual de hermosa.

De cabello color hueso, como su fallecido primo y hermano Agila, tez blanca, ojos grandes color miel, de mirada determinada, cabello corto a los hombros. Era tan distinta a ella… o eso creyó él cuando decidió pedirle que fuera su compañera de vida. Se parecía mucho más a Águila, mirada llena de determinación, un espíritu fuerte y al mismo tiempo un gran corazón, unos ojos bellos que le recordaban a los de su querido amigo, tan distinta a ella… o eso le hizo creer su subconsciente. Puesto que ¿quién más parecido a Lucy que Águila?...

FLASH BACK

Nuevo Céfiro había nacido, después de la reconstrucción se había logrado un planeta hermoso, como ninguno en ese sistema solar, la gente era feliz, como nunca antes lo había sido, todo era paz y armonía, como ni aun en los tiempos del pilar se vivió, todo gracias a las guerreras, esas chicas… él mismo, a pesar de ser tan frio y reservado, sabía perfectamente bien a quien agradecer, y no sólo tenía gratitud para ellas, tenia admiración y respeto, y ganarse ese tipo de respeto en Latis, no era cualquier cosa. Marina, Anaïs y Lucy habían hecho un formidable trabajo, sin que tuvieran obligación de hacerlo, vaya niñas más valientes y determinadas, en un principio no les creyó importantes, eran sólo unas niñas, que fueron obligadas a cumplir con una cruel misión, no sabía por qué habían vuelto, sin embargo la presencia de las Legendarias Guerreras Mágicas de nuevo en Céfiro no podía augurar nada bueno, o eso pensó en un principio cuando ellas volvieran la segunda vez. ´

Tenía que terminar con la leyenda… Tenía a las asesinas de su hermano en frente y aun así no sentía rencor hacia ellas, después de todo sólo habían sido víctimas, él era el único que en ese momento lo comprendía y veía todo más claramente que el resto de la gente de Céfiro. Cuando les vio por primera vez, se sorprendió, sin embargo no lo dejó notar, pero es que… ¡Eran tan jóvenes! ¡Unas niñas!… el sistema era injusto, y con ellas ahí lo reafirmaba a un más, usar a unas niñas… ¿por qué la magia de Céfiro había de convocar a 3 niñas inocentes para hacer el trabajo sucio? ¿Acaso era el precio a pagar? ¿Tres inocentes para matar a otra inocente? ¿Ese era el sentido de justicia del sistema del pilar?... cerró el puño fuertemente sin que los presentes notaran ese ademan y terminó por retirarse de la habitación donde estaban Ráfaga, Caldina y las guerreras, en esa primera vez que les vio.

A pesar que su presencia podía significar malos augurios (o así lo creía) no les prestó más atención, ni siquiera había intentado grabarse sus nombres a pesar de que ellas se los habían dicho, después de todo ¿que podían hacer unas niñas pequeñas que ya habían cumplido con una obligada misión?

Tiempo después se daría cuenta de en cuantos errores cayo con ellas, pues de quienes no esperaba nada importante, no sólo salvaron a su planeta entero, sino que le concedieron uno de sus más grandes deseos: Un Céfiro donde las flores florecían sin la necesidad de un pilar. Nunca imaginó que esas niñas podrían concederle tal cosa. Ahora siempre tendría muy presentes sus nombres, los cuales siempre recordaba con respeto; Anais, Marina… Lucy.

Mucho tiempo esperó un milagro, esperó su regreso, pero eso nunca ocurrió. No trató nunca de verla en otras mujeres, pues sabía que ella era única, no sólo en su interior, también en lo físico. Y aun si cuando en un principio decidió seguir adelante hubiera buscado una que se le pareciera en el aspecto físico, se toparía con pared, puesto que para comenzar, en Céfiro el color de cabello rojo, no era natural, mucho menos los ojos, sólo se habían visto ojos rojos en las criaturas malignas, las cuales en el viejo Céfiro siempre asociaban con una mirada roja, la misma Lucy había sufrido a causa de esta idea que tenían en Céfiro en sus inicios ahí, ya para comenzar, sus ropas extranjeras nunca vistas ahí ya les hacían sospechar si no sería una loca enviada de Zagato y al ver su mirada escarlata, pensaban que sin duda era algún tipo de demonio disfrazado en la apariencia de una niña. Gracias al cielo, en la actualidad una mirada roja no tenía esos efectos, llamaría la atención, más no sería blanco de temor.

Esos ojos jamás los encontraría en nadie, ni en color, ni en fuerza, esa mirada…

El cabello rojo era inexistente no sólo en Céfiro sino en los demás planetas, el único lugar en el que poseían un tono que se le acercaba un poco era Cizeta sin embargo, no era el mismo vivo color, las princesas de Cizeta y mucha gente de ese mundo tenían el cabello color terracota, no obstante, de ningún modo se le podía llamar rojo. El rojo era un color inconfundible e inigualable, profundo y brillante como el mismísimo fuego ardiente de "la montaña de fuego", como se le conocía al volcán donde habitaba el genio Rayearth.

Esos cabellos chispeantes… no podría confundirlos nunca con ningún otro color lánguido que intentara acercarse al escarlata vivo.

No buscó nunca mujeres con un tono de cabello acercado porque cuando decidió que debía seguir adelante supo que tenía que olvidarla, y comenzaría por buscar algo diferente, algo original, la mujer indicada llegaría….Ciertamente fue más centrado y más lógico que Paris.

Sin embargo a pesar de ahora disfrutar de un Céfiro con el que tanto había soñado, uno donde las flores crecían sin la necesidad de un pilar, comenzó a no sentirse cómodo en su propio planeta, todo era belleza y armonía, era un edén, entonces ¿por qué?... con los años se dio cuenta que su tristeza se desprendía porque todo en el Nuevo Céfiro le recordaba a las guerreras mágicas y en especial a ella… le causaba mucho dolor, así que una vez más después de sólo tres años, obligado por las circunstancias, abandonó su planeta por no poder resistir el residir ahí.

Viajó a Cizeta y a Farem y al final encontró un poco de paz en el planeta que por mucho tiempo considero su segundo hogar: Autosam.

Ahí fue recibido por Geo, su viejo amigo, y Zaz, el niño mecánico que ahora era todo un adolecente bastante enamoradizo quien todavía tenía el recuerdo aún vigente de su gran amor platónico: una bella pelirroja que lo había cautivado como ninguna otra chica.

Geo le ofreció su casa mientras encontraba donde habitar pues sabía de sobra que Latis era ermitaño y no soportaría mucho tiempo en una casa compartida, el único que había logrado pasar horas con él sin que este buscara un pretexto para dejar de socializar había sido Águila.

Sólo tardó un mes en encontrar vivienda, vaya que se movía rápido cuando de independizarse se trataba, además, a Latis le gustaba el orden y el solterón Geo en su casa, como buen apartamento de soltero, no conocía la palabra "orden", así que era fácil tropezarse con algún artículo del desde hacía ya tres años comandante de la legendaria NSX.

A pesar de lo callado de Latis había logrado tener medianas buenas conversaciones, si bien Geo no tenía la habilidad para lograr una amistad más confidente con Latis como había hecho Águila sí tenía el don de con pocas palabras ver en el interior del sombrío espadachín.

Latis hacía esfuerzos por olvidar a un amor, Geo, aunque no sabía bien de quién se trataba, sabía que algo era cierto; la tristeza de Latis tenía que ver con una mujer, no cabía duda, no por nada era el confidente preferido y doctor corazón de muchos de sus amigos, hay que admitirlo sabía escuchar y dar apoyo… además que le gustaba el chisme, en una forma muy varonil claro…

Geo como buen alcahuete…amigo, pensó que sólo una tuerca saca otra tuerca, así que tenía que presentarle a una chica a Latis, mas no sería tan sencillo como con sus otros amigos, a Latis simplemente no podía arreglarle una cita o llegar con la interesada así como así, además una chica de Autosam no se prestaría a ser ofrecida como mercancía, tenía que verse de lo más casual. Por eso siempre parecía llegar a un lugar donde "casualmente" una amiga soltera trabaja o se encontraba desayunando, la chica no tenía ni idea de los planes de Geo, Latis menos, pero nunca le resultaba, las chicas preferían alejarse de un hombre tan frio que evidentemente no quería socializar mucho y Latis ni siquiera notaba a la chica como potencial pareja, Geo lo hacía esporádicamente para no ser tan obvio, dos chicas por mes, pero después de un año se rindió, y justo el día que se rindo, la chica ideal llegó por sí sola.

Ese día le pidió a Latis que le acompañara a un asunto con el presidente de Autosam, pues el presidente deseaba verle a él también.

Desde su llegada a Autosam Latis ya tenía un buen puesto de trabajo asegurado, antes de dejar Autosdam la última vez para regresar a Céfiro, ya le habían ofrecido un puesto fijo en el ejercito, pero tuvo que rechazar puesto que debía regresar a un Céfiro decadente que no tenía mucho tiempo, con la firme intención de acabar con el sistema del pilar y la maldición que este representaba para el desafortunado elegido.

Cuando el presidente supo del regreso de Latis por Geo, no dudo en contactarlo y decirle que el puesto que había dejado hace años seguía esperando por él, puesto que el presidente tenía mucha fe en su integridad y carácter y sabía que hombres así era lo que necesitaban en el ejército de Autosam. Y esa decisión no fue influenciada por el gran cariño que el presidente había tomado a Latis, el mejor amigo de su querido y finado hijo Águila, puesto que a pesar de quererle, el presidente era un hombre objetivo y sabía bien a quien elegir independientemente de sus sentimientos por la persona.

Latis no tardó en ascender en el puesto y en un año había logrado un puesto de Coronel. Pero no cualquier Coronel, sino Coronel del Mando Supremo de la cámara presidencial. Autosam era un planeta casi totalmente militar, aunque había otros oficios, la gran mayoría pertenecía a la milicia, así que había coroneles, mayores y generales de sección, sin embargo todas las jerarquías de sección estaban bajo el Mando Supremo de la Cámara Presidencial. Vaya que Latis era un gran muchacho y un hombre ejemplar y muy disciplinado, sin embargo a pesar de que era capaz de una gran disciplina, fuera del trabajo y con sus amigos, era una persona, seria, pero amable, su interior no se había militarizado nunca.

Esa tarde Geo y el presidente tenían una cita extraoficial y había pedido ver a Latis también.

Llegaron al lugar y ya se disponían a entrar a la sala donde esperaba el presidente, justo cuando ellos se pararon frente a la puerta automática, esta se abrió y Geo fue arrollado por una joven que salía a toda prisa, Latis tan sereno como siempre, con un suave pero preciso movimiento tomó delicadamente a la chica por un brazo para que esta no se cayera… no hizo lo mismo por Geo quien azotó cual res en el suelo, cayéndole todo el papeleo de la joven en la cara… y ya que en Autosam no hay carpetas de papel, sino de metal macizo… ya imaginaran el sufrimiento facial del querido Geo.

"¿Estás bien?" – preguntó Latis a la chica.

"No" – contestó Geo aun con la carpeta en la cara.

Latis lo miró y sólo negó con la cabeza, la chica también miró a Geo sin decir nada, luego miró a Latis sabiendo bien que la pregunta había sido para ella.

"Sí, gracias" – Latis soltó su gentil agarre y por un momento ambos se miraron a los ojos, él con su siempre serena y seria mirada, ella, atónita porque no esperaba chocar con nadie y ser rescatada por ese enigmático caballero.

Reaccionó de pronto y miró a Geo quien ya se levantaba sin ayuda de NADIE. Había tendido la mano a Latis pidiendo ayuda pero lo hizo justo cuando la mirada de ambos jóvenes había chocado así que nadie tomó en cuenta al pobre Geo quien resignado se levantó solo.

"¡Pacifica! muchacha, mira cómo has dejado al pobre comandante ¿Estas bien Geo?" –preguntó el presidente de Autosam, quien fue el único que se preocupó por Geo.

"Lo siento mucho Geo, no esperaba que estuvieras ahí ¿estás bien?" – dijo a Geo por fin la chica.

"Estoy bien, sólo mi bello rostro… mis devotas van a estar muy decepcionadas porque no podre salir a lucirlo esta noche"- dijo el siempre bromista Geo.

"Vamos Geo actúas como galán pero todos sabemos que en la vida real eres un santo"

"Que quieres Dios me dio belleza prohibida"

Los tres rieron ante el comentario, menos Latis, quien sólo cerró los ojos y dibujo una muy leve sonrisa en la comisura de sus labios, Geo no cambiaba.

"Bien lamento el incidente, y gracias por evitar que me cayera señor…"

"Latis" – dijo este.

"Bien Latis gracias por ayudarme"

"Oh Latis aprovechando el incidente los presento… Mmm, nunca se habían visto ¿o sí?" –preguntó el presidente.

Ambos negaron con la cabeza.

"Bien entonces, Latis ella es Pacifica, la prima de Águila, siempre fue como la hermana menor que nunca quiso jajaja pensé que al menos e habría hablado de ella"

"Señor presidente…" – se quejó Pacifica fingiendo molestia.

"Jajaja es broma linda, sabes que Águila te quiso como a la hermanita que nunca le di"

"Mucho gusto Pacifica"- Latis hizo una pequeña reverencia como se acostumbraba en Céfiro cuando te presentaban a una dama.

Pacifica se sintió alagada por el gesto, ese chico era todo un caballero.

"El es el Coronel en Jefe Latis, él es de quien tanto te hablaba tu primo."

"¿Latis? ¿ese Latis? ¿De modo que tú eres el mejor amigo de mi querido primo?"

"Así es"

"Es un placer conocerte, Águila me hablaba maravillas de ti"

"Águila exageraba un poco las cosas" – dijo en tono modesto y amable.

"Oh vamos Latis no seas modesto. Es un gran chico Pacifica, y está soltero –dijo Geo en broma, esta vez en realidad no esperaba obtener nada, ya se había cansado de buscar que Latis se interesara en una mujer, creía firmemente que fuera quien fuera la culpable de esa falta de interés por otras féminas, se había robado el corazón de Latis para siempre.

"Ay Geo tu no cambias… bien Latis espero podamos encontrarnos otra vez y platicar un poco sobre mi primo... es… una forma de tener lo cerca" - dijo Pacifica con un dejo de tristeza en la mirada.

"Así lo espero" - dijo Latis asintiendo con la cabeza.

"Bien, me voy tengo prisa, no por nada te pase por encima Geo jajaja" - dijo para despedirse con la mano mientras corría de nuevo por los pasillos.

"No mates a nadie en el camino" – dijo el siempre bromista Geo.

"No lo haré nos vemos luego" – finalmente terminó por perderse en el pasillo.

"Bien jóvenes pasen por favor- indico el presidente, Geo entró primero y Latis antes de entrar, echó una última mirada al pasillo por donde había desaparecido Pacifica.

Una semana después Latis se dirigía a una de las salas de descanso de la cámara de senadores, y al abrirse la puerta descubrió que no estaba solo, ya había alguien más dentro.

"Oh disculpa no sabía que había alguien aquí" – dijo a punto dar media vuelta para retirarse.

"¡Oh no espera! No tienes por qué irte, no me molesta, además quedamos en que algún día nos sentaríamos a conversar" – finalizó con una sonrisa.

Latis le miró sin decidirse, pero al final resolvió por fin entrar y sentarse al lado de la chica.

"Y bien señorita Vission, ¿de qué quería hablar conmigo?"

"Vamos Latis déjate de formalidades por favor, Águila me habló tanto de ti que ya siento que te conozco, así que sólo llámame por mi nombre y háblame de tú que yo hare lo mismo."

"Está bien"

"Cuéntame un poco de ti"

"No hay mucho que contar"

"¿Con esos ojos? Yo diría que hay mucho que no quieres contar"- Pacifica podía decir por esa profunda mirada violeta que Latis guardaba muchos secretos y ella sentía curiosidad por conocerlos.

"Mejor háblame de ti. En estos días recordé que alguna vez Águila mencionó que tenía una prima a la cual quería mucho pero nunca me dijo tu nombre"

"Vaya… olvidó mencionar eso" – rio un poco.

Así comenzaron a tener platicas esporádicas, cada vez tomándose más confianza el uno al otro, y Latis se dio cuenta que cuando estaba con ella encontraba un poco de alivio a su dolido corazón, se dio cuenta que Pacifica se estaba convirtiendo en su mejor amiga.

Charlaban sobre cosas sencillas, pero después de un tiempo las conversaciones se tornaron más personales, charlaban sobre Águila, sobre su gran amistad con Latis y el enorme cariño que profesaba Águila por Pacifica. Latis se abrió un poco más y comenzó a contarle historias sobre las experiencias que había vivido con Águila, algunas graciosas por cierto. En este punto ya era oficial, Pacifica era la mejor amiga de Latis, había logrado la cercanía que sólo Águila había conseguido con el melancólico caballero de Céfiro, incluso un poco más…

Así, una tarde en un lugar de bebidas rápidas ambos conversaban y salió nuevamente Águila en la conversación, llevando a platicarle a Latis un poco la historia de su vida.

"Jajajaja - reía animadamente mientras que Latis sólo sonreía y eso en él es mucho decir, algo que sólo Pacifica lograba – En verdad, Águila era cosa seria, no podías encontrar militar más honorable y a la vez más despistado que él, como militar era intachable, pero yo que conviví desde pequeña con él sé que en su vida personal podía llegar a ser un desastre. Además que gustaba de saltarse las juntas importantes, mi tío tenía que amarrarlo de su brazo para asegurarse que no escaparía apenas mirara a otro lado.

Latis mantenía una sonrisa ante las experiencias que le contaba Pacifica- "¿Quieres mucho a tu tío verdad?"

"Así es, el fue casi como un padre para mí. Verás el presidente, mi tío, es hermano de mi madre, Águila y yo crecimos prácticamente juntos, vivimos un tiempo en la misma casa, cuando yo tenía apenas un año de edad mi padre murió a causa de un accidente cuando construían la NSX. El era un gran ingeniero, fue el jefe de mecánicos de la VectraX, la antecesora de la NSX la cual también mi padre ayudó a diseñar. Probaban tecnologías espaciales nuevas y un proyecto armamentista muy ambicioso. La NSX era la nave del futuro, la más moderna la más poderosa y la mejor equipada, una nave así requería armamento a su altura, estaría armada con el potente y ya famoso cañón Laguna, todo estaba aparentemente listo para su ensamblaje final, pero como ya dije, eran tecnologías nuevas, aun había cosas que probar y comprobar, y una de ella eran los generadores de poder del cañón. Parecía que todo estaba listo pero cuando se ordenó el primer disparo de prueba la computadora marcó una falla y no hubo disparo, lo intentaron de nuevo reiniciando el sistema pero el disparo fue menor de lo que se esperaba, y la computadora no dejaba de marcar una falla, mi padre fue al cuarto de maquinas a revisar personalmente, uno de los reactores estaba fallando, a pesar que el cañón había sido disparado, el reactor seguía cargando energía, una falla en su sistema principal lo había trabado desde el primer intento de disparo, no respondía a la orden automática de apagado y se estaba sobrecalentando. Mi padre intentó desconectar su sistema manualmente porque era muy peligroso que siguiera así, pero le faltaba una herramienta, corrió por ella a la sala de mecánicos y mientras lo hacía aviso a sus superiores del problema, el comandante le exigió salir del lugar pues no quería poner en riesgo su vida, sin embargo mi padre no obedeció, sabía que si el reactor explotaba la mitad de la nave podía volar en pedazos, sería una tremenda pérdida económica, además… mi padre le tenía mucho cariño a esa nave, más que cariño, puedo decir que se obsesionó con ella, no quería verla destruida, su obsesión lo segó, la nave podría reconstruirse, pero no su vida… volvió del cuarto de mecánicos con la herramienta para intentar apagar el reactor, y el comandante ya había desalojado a todos, el reactor no tenía salvación, pero mi padre no salió, llegó y abrió la placa del sistema central pero antes que pudiera tocar ningún cable el reactor estallo, llevándose con el a mi padre y la mitad de la nave….."

En ese momento Pacifica guardo silencio unos momentos y luego de un largo suspiro volvió a hablar.

"¿Sabes?... – la cara de Pacifica cambio de una melancólica sonrisa a ira contenida – llegué a odiarlo, a odiarlo mucho… nos... nos había dejado, a mi madre y a mí, le importó más una nave que su vida, que su propia familia… La NSX fue reconstruida y mucho mejor de lo que originalmente estaba destinada a ser, pero... Nadie reconstruyo mi vida. Mi madre volvió a su antiguo puesto en el ejército para mantenerme, mi tío quiso hacerse cargo de nosotras pero mi madre es una mujer con orgullo, decía que su hermano no tenía responsabilidad de mantenernos a ambas, que bastante trabajo tenía con criar a Águila y tenernos viviendo en su casa como para encima delegarle mi manutención. Por esa razón, no sólo me quede sin padre, tampoco disfrute a mi madre, ella siempre estaba en la cámara de senadores y llegaba tarde a casa, cansada, hacia esfuerzos por dedicarme tiempo pero… creo que nunca me fue suficiente… Mi tío siempre nos recibió con amor, mamá lo agradeció, pero decía que su hermano no tenía la obligación de cargar con otra familia, pues ya bastante tenía con ser un padre viudo y cargar con la recién adquirida presidencia del planeta. En cierto modo no nos falto ni madre ni padre, mi tío hacia las veces de papá y mi madre hacia las veces de madre de Águila. Eso teníamos en común… entre otras cosas. Águila nunca conoció a su madre ni yo conocí a mi padre"

"Es verdad, Águila me comentó una vez que su madre había muerto al darle a luz"

"Así es, él tenía 7 años cuando llegamos a su vida, supongo que le llené un poco el vacio de la enorme casa presidencial, tal vez por eso me comenzó a ver como la hermanita que nunca tuvo…. Jajaja lo siento Latis, no quiero aburrirte con la historia de mi vida…" –finalizó con algo de melancolía.

"Al contrario, gracias por la confianza" –le dijo con una cálida sonrisa.

"Y dime, si no te parece entrometido ¿cómo fue tu infancia?"

"Pues en cierto modo... creo que te entiendo. Yo sí tuve la dicha de vivir un tiempo con mis dos padres y mi hermano, pero el gusto no me duró mucho tiempo, un día los magos supremos llegaron a casa y le dijeron a mis padres que Zagato tenía el aura de un gran sacerdote, en ese tiempo era algo primordial para Céfiro, los niños o niñas privilegiados no podían negarse, y eran arrebatados de sus familias para llevarlos a los templos de la magia a ser entrenados. Zagato tenía 10 años cuando se lo llevaron, yo tenía sólo 5, poco tiempo después el Gran Gurú vio algo especial en mi y 5 años después la gran hechicera Vitara fue a casa de mis padres a hablar con ellos y los convenció de que tenían que dejarme ir a la escuela de magia. En un principio me pareció grandiosa la idea pues estaría de nuevo cerca de mi hermano, sin embargo después me di cuenta que tendría que renunciar a mis padres yo también. Zagato ya nunca más volvió a verlos, pues los elegidos a sacerdote eran consagrados a Céfiro en su totalidad, y sus familias desaparecían para ellos, no se les permitía verlos de nuevo para evitarles distracciones, debían poner su todo completamente en las enseñanzas que recibían para poder ayudar al pilar y pensar sólo en el bien estar de Cefiro… Al final Zagato se saltó esa regla – sonrió melancólico.

"Ese sistema tan injusto, ya una vez me hablaste del el, que bueno que lo abolieron, ¿y como lo hicieron?"

"No fuimos nosotros"

Pacifica abrió grande sus ojos – "¿Entonces quién?"

"Las gue… Las guerreras mágicas… – finalizo, había estado evitando el tema todo este tiempo pero curiosamente sintió que contarle la historia de las guerreras no le haría ningún daño, claro que omitiría ciertas cosas – ¿Quieres que te cuente?" – preguntó con sonrisa pícara, algo raro y encantador en él.

"¡Claro Latis soy toda oídos!"- dijo una muy feliz e interesada Pacifica.

Latis le contó toda la historia y ella quedo muy admirada de la gran hazaña de tres niñas pequeñas, después de eso, notaron que se había hecho tarde y Latis se ofreció a acompañar a Pacifica a su casa, después de dejarla ahí el fue a su propio hogar. Al recostarse en su cama estuvo un rato despierto pensando... Le había contado a Pacifica de la guerreras, un tema que no había querido tratar en años y… no se había sentido tan mal. Se dio cuenta que se sentía cada vez mas cómodo con Pacifica, y notó algo muy importante esa noche: en Pacifica había encontrado paz para su dolido corazón, al fin un poco de paz, sí paz, eso era lo que sentía cuando estaba con ella, sonrió y se quedó dormido con eso en la cabeza.

Así fue pasando el tiempo y Latis se sentía cada vez más y más en confianza con Pacifica, comenzó a contarle cosas más personales, hasta que un día pudo al fin hablar con ella sobre el gran amor que había sentido por una de las guerreras y como había sido ella la razón de abandonar Céfiro de nuevo.

A partir de ahí comenzaron una relación más cercana, se contaban cosas que a nadie más contaban, pasaban más tiempo juntos, y Latis comenzó a ver una nueva luz de esperanza en su corazón, al fin tuvo la fuerza para aceptar que Lucy nunca sería suya, pero la vida, le daba la oportunidad de amar de nuevo. Un sentimiento totalmente distinto al que había sentido todo este tiempo por Pacifica había nacido, era un sentimiento nuevo, fuerte y lleno de calidez, le hacía palpitar con fuerza el corazón y le arrancaba varias sonrisas involuntarias. Y ahí se dio cuenta… era tiempo de seguir y Pacifica sería la nave con la que emprendería ese nuevo viaje en su vida.

Ella también se dio cuenta que el amor la había hecho presa, y un día lluvioso Latis por fin se declaro, Pacifica había estado esperando ese momento.

A partir de ese día lluvioso, un dulce romance nació entre los dos, sereno como el viento del este, y la lluvia una vez más marcaba un momento especial, esta vez para Pacifica a quien la lluvia le recordaba el inicio de su felicidad. Poco tiempo después, Latis anunció a la nueva dueña de su corazón que era tiempo de que sus caminos se volvieran uno, y le entregó una gema que simbolizaba el compromiso que acababa de adquirir con ella, así era la costumbre en Céfiro. El presidente no cabía de gozo y Geo no cabía de asombro, aun el día de la boda seguía petrificado, al fin alguien había pescado al esquivo Latis. El presidente pensó que ahora podría estar más tranquilo, Pacifica quedaba en buenas manos.

Fin del Flashback

Latis sonrió viendo a su compañera y sin más le dijo…

"Gracias..."

"¿Hum?... ¿por qué?" – Pacifica no entendía bien el porqué del agradecimiento, ¿sería por la cena?

"Por hacer honor a tu nombre, y traerle a mi vida tanta paz y felicidad" – dijo emotivamente aclarando la duda de su esposa.

Esta se enterneció y dedicó una dulce sonrisa a su marido con ojos chispeantes de felicidad.

"Gracias a ti, por aceptarme en tu corazón, que amó mucho en el pasado, pero aun así le dio una oportunidad al mío y me permitió entrar en tu vida, gracias por cumplir mis sueños y por ser el hombre de mi vida. Incluso cumpliste los deseos de mi tío… ¿Sabes? Dejó este mundo tranquilo, sabiendo que su hija adoptiva quedaría en los brazos protectores de un buen hombre."

"Mi Pacifica…"

Ambos entrelazaron sus manos y se miraron con ternura.

Una noche más al lado de su esposa, otro día más terminaba en su compañía ¿Qué más podía pedirle a la vida? Pensó feliz.

Sí Latis, qué más podrías pedir, o es que acaso tu alma ¿se atrevería a pedir algo más?.