D&D GENERATION

14.- Trenes
Elsa Arendalle

(Correspondencia 35)

Todo estaba completamente obscuro mientras su cuerpo flotaba, etéreo, por la tierra de los sueños, se sentía completamente ligera mientras aquella extraña visión tomaba lugar, en el sueño era una reina con mágicos poderes de hielo con los que había lastimado a su hermana pequeña cuando eran niñas y terminaba confinada por años en una habitación a parte, sin poder controlar sus poderes, el día de la coronación había tenido un altercado con Ana, quien deseaba casarse con Hans, un príncipe de algún otro reino muggle, Elsa estaba furiosa y había terminado congelando una parte de la entrada antes de salir huyendo a las montañas mientras la llamaban monstruo, en algún punto, cuando ya no se escuchaba a la gente de aquel pueblo en el que se suponía debía gobernar, había comenzado a cantar mientras jugaba con la nieve, deshaciéndose de su indumentaria en el proceso, había creado un muñeco de nieve, unas escalinatas, un enorme castillo, había cambiado su vestido obscuro por uno hecho de cristales de hielo y nieve con una abertura en una pierna justo después de lanzar su corona, se sentía ligera… pero sola, estaba sola en aquel inmenso y precioso castillo de hielo, o eso pensaba, un calor le hacía cosquillas en los hombros antes de que volteara, encontrándose con un joven pálido, de cabellos blancos y cristalinos ojos azules, este la veía de cabeza, flotando con las piernas apoyadas en un extraño bastón cubierto de escarcha.

-¿Quién eres tú?

-Jack Frost, un espíritu del invierno… espera, ¿puedes verme?

-Claro que puedo, ¿por qué no habría de poder?

Jack le había sonreído antes de dar una vuelta en un salto repentino, cayendo como si se tratara de un gato frente a ella, la sudadera azul que llevaba llena de escarcha, los pantalones caqui ajustados en las pantorrillas por algunos lazos… no llevaba zapatos, estaba completamente descalzo mientras se acercaba a ella con curiosidad.

-Te estuve observando mientras construías este castillo – Confesó el albino repentinamente – No pensé que habría otra persona en el mundo que fuera como yo.

-Soy un monstruo – Contestó Elsa sin creer que hubiera otra persona como ella – no deberías estar aquí, podría lastimarte.

-No, no lo harás – Sonrió él de lado mientras se enderezaba por completo y agitaba su bastón como si se tratara de una enorme varita, creando al instante varios copos de nieve – yo también puedo manejar la nieve y el hielo… aunque nunca he construido algo como esto.

Se notaba sinceramente admirado mientras observaba el lugar, Elsa sonrió sonrojada antes de darle la espalda a su visitante para ordenar a las puertas de la recamara al balcón que se abrireran y poder salir al hall de entrada, él la siguió, contemplando el lugar con una admiración de lo más sincera.

-¿Y no te sentirás muy sola aquí? – Preguntó el chico repentinamente.

-Eso no importa, siempre he estado sola… ¿Quién querría estar conmigo?

-Yo – Contestó el chico con un ligero sonrojo mientras se sentaba frente a ella en el barandal de hielo – eres la criatura más hermosa que he visto en mi vida, además, eres igual a mí, estás sola y puedes controlar el hielo.

Había algo en sus ojos que la capturó por completo, haciéndola sonrojar, impidiéndole mover cualquier músculo de su cuerpo, sin percatarse de que estaba cada vez más cerca, como si aquel tipo la hubiera hechizado para manipularla a su antojo, finalmente cerró sus ojos, sintiendo un beso cálido sobre sus labios, había mariposas revoloteando en su estómago y una ansiedad extrañamente familiar recorriéndole los dedos de las manos.

Calor, a pesar de estar rodeada por el frío invernal de su castillo de hielo, podía sentir perfectamente un calor envolviéndola, la caricia de unos finos labios recorriéndole uno de sus hombros mientras una mano helada comenzaba a recorrerle los brazos, deshaciendo las mangas de su hermoso vestido de nieve en el proceso.

-¿Qué me haces? – Suspiró la reina gozando realmente con su exilio.

-Deshago tu ropa – Contestó aquel travieso espíritu sin pudor alguno – yo también puedo manipular el hielo, ¿recuerdas?

Lo dejó recorrerle ambos brazos y los hombros desnudos con los labios, antes de darse cuenta de que el albino bajaba del barandal para levantarla entre sus brazos, interrumpiéndose en lo que hacía y comenzando a caminar, el extraño bastón de madera torcida hacía de barandal, arrinconando a Elsa en el pecho de su captor.

-¿A dónde vamos?

-A un lugar donde puedas estar más cómoda Majestad.

-¿Cómo sabes que yo…?

-Considérame tu fan… tu guardián particular… permíteme hacerte feliz esta noche, juro que no te arrepentirás.

Él la miraba con una cara de pervertido difícil de ignorar, ella había comenzado a sentir un calor en su bajo vientre y una humedad entre sus piernas, se sentía ligeramente incómoda, pero también estaba ansiosa… lo deseaba, deseaba a ese hombre, no importaba si era un espíritu o un humano tan maldito como ella misma… lo deseaba más y más conforme avanzaban por los pasillos hasta una puerta que se abrió ante las órdenes de su creadora, la habitación estaba vacía al principio, sin embargo, con cada paso que daba el chico Frost dentro, el hielo se iba moviendo según los caprichos de su dueña, pronto hubo un par de sillones de hielo y nieve, una cama lo bastante amplia para albergar unas cuatro personas en su interior, una araña más pequeña que la que había creado en la entrada, cuyos cristales helados capturaban la luz de la mañana, reflejándola en el resto de la habitación, por si fuera poco, el muro de hielo frente a la cama se había endurecido más, para luego pulirse hasta volverse un enorme espejo.

Elsa se miró reflejada, con la cara roja aun en brazos de aquel hombre que no dejaba de mirarla a consciencia, lo observó en el muro mientras la depositaba cuidadosamente en la cama, soltándola para poder deshacerse de la sudadera azul, debajo no había más que piel pálida y músculos ligeramente disimulados, la reina de Arendalle abandonó la visión que se reflejaba en el muro luego de darse cuenta de que su vestido carecía ahora de capa, mangas y parte del escote.

-Entonces – Murmuró Jack acercándose hasta dejar sus labios sobre una de las orejas de Elsa - ¿Dónde nos habíamos quedado, Majestad?

Una de las manos de aquel intruso pasó rozando por encima de los senos de Elsa, derritiendo el vestido a su paso, dejándola tan expuesta como lo estaba él justo antes de atrapar sus labios en un beso abrazador, ella se recostó en la cama, era demasiado cómoda para ser de hielo, no importaba, tenía a Jack sobre de ella, besándola con adoración y un fervor que le parecía conocido, lo sintió descender por su cuello sin dejar de besarla, lo sintió llegar a sus senos y comenzar a masajearlos mientras brincaba de uno a otro, probándolos con descaro, succionándolos, enviándole sensaciones increíbles y placenteras hasta el centro de su cuerpo, la humedad que había sentido entre sus piernas no solo había aumentado, sentía como palpitaba su entrada a la par que la temperatura aumentaba a su alrededor, había pasado de ser un témpano de hielo a convertirse en una flama que se negaba a extinguirse, amenazando con quemarlo todo.

Jack siguió bajando, dejando besos y marcas por su abdomen, le había corrido uno de sus dedos por entre sus clavículas hasta llegar a su ombligo, dejándole un ligero rastro de escarcha que no había hecho más que enloquecerla, observó entonces como aquel sujeto acariciaba sus piernas con ambas manos, derritiendo la falda azul glacial que había estado luciendo momentos antes, ahora estaba completamente desnuda y a su merced, mordiéndose el labio inferior ante la expectativa de lo que vendría.

Jack Frost, espíritu o no la estaba matando con sus besos, lambiendo y succionando de la manera precisa ahí donde sus piernas se juntaban, él estaba haciendo magia de verdad sobre su cuerpo, haciéndola elevarse con aquellas caricias desvergonzadas, robándole el aliento, obligándola a gemir, movilizando su corazón hasta volverlo loco.

-Oh Jack, te amo tanto – Suspiró ella mientras su amante abandonaba su posición para desabrocharse aquel pantalón caqui, quedando en las mismas condiciones que ella.

-También te amo, mi Reina de las Nieves – Murmuró el espíritu en sus oídos antes de comenzar a penetrarla, llenándola de placer con cada pequeña embestida.

El bombeo cesó unos segundos, obligándola a abrir los ojos, podía notar los rayos del sol de la mañana entrando por la ventana de madera, por un segundo se sintió desconcertada, se encontraba desnuda en una habitación con las paredes empapeladas en azul, la cama era mullida, con la cabecera y la piecera de hierro fundido, había un escritorio cerca de la ventana, con una silla, algunos libros, un tintero, una pluma y un pergamino, pudo notar también un poco de festón verde con esferas colgando sobre la ventana… y Jack aun desnudo, observándola con una sonrisa ladina mientras le sostenía una de las piernas para colocársela sobre un hombro, estaba dentro de ella, eso era claro.

-¡Feliz Cumpleaños Elsa! – Murmuró el ojiazul antes de besar la pierna que tenía apoyada contra el hombro.

-¿Jack? – Todavía tardó unos segundos más en darse cuenta de la situación, aquel sueño se había comenzado a sentir muy real cuando el otro Jack la había depositado en la cama… seguramente el verdadero había despertado en ese momento para besarla con cuidado de no despertarla, eso explicaría que su camisón ya no estuviera cubriéndole el cuerpo.

-No planeaba despertarte aun – Confesó el albino colocándose la pierna del otro lado sobre su otro hombro – tal vez estaba siendo muy brusco.

-Eres un idiota, Jack Frost – Murmuró ella con una sonrisa de complicidad.

-Y tú eres la cumpleañera más encantadora de todo el mundo – Contestó él antes de comenzar a embestirla, esta vez con fuerza, no había nada de cuidado en lo que estaba haciendo ahora.

El juego se prolongó todavía más, ambos estaban notoriamente excitados aquella mañana de Diciembre mientras jugaban en la cama, congelando una parte de esta y pintándose escarcha uno al otro hasta que ya no pudieron más, Elsa estaba terminando por segunda vez cuando Jack le dio alcance, jalándola para que se recostara sobre su pecho y poder abrazarla, en algún momento habían cambiado de lugar, Elsa había sido la que terminara arriba cuando todo el juego acabó.

Se besaron una vez más conforme normalizaban la respiración, Jack la tomó de una mano para poder besarle el dorso de la misma, el brillo de un anillo plateado captó la mirada de Elsa, quien tomó la mano de su amante para besarla también antes de observar los pequeños detalles de aquella alianza matrimonial.

-Tuve un sueño raro – Soltó entonces, aún hipnotizada por aquel anillo idéntico al que ella portaba en la otra mano.

-¿A si? – Susurró Jack observándola mientras le cepillaba el cabello con la mano con que la estaba abrazando.

-Soñé que era una reina y tú un espíritu invernal, todos me temían y yo escapaba, entonces me encontrabas y me hacías feliz.

-Yo siempre te haré feliz, sin importar nada Elsa.

Ambos sonrieron antes de abrazarse con fuerza, preparándose para levantarse, aquel día tendrían que salir, lo desearan o no.

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La casa de los Arendalle era un hervidero de pláticas, no era la gran fiesta, a decir verdad, solo los padres de Anna y Elsa, las dos hermanas con sus respectivos maridos, el señor Nicolai Frost y Rapunzel Crown.

Definitivamente Diciembre era el mes favorito de Elsa Arendalle, no solo era su cumpleaños o el de Jack, también estaban los festejos de Navidad y Año Nuevo además de las caras felices de todos los presentes, para su cumpleaños, como cada año, habían comido lo que había quedado de la cena de noche buena, tenían pavo, pastas, ensalada, ponche de huevo y por supuesto, un pastel de pan de chocolate relleno de chocolate de leche y cubierto de chocolate amargo con algunos copos de nieve hechos con azúcar.

-Anna, no comas tanto, ¡es tu tercer rebanada de pastel! – Decía la madre de ambas sonriendo antes de pasarle a su hija menor una taza de chocolate caliente.

-Pero mamá, estoy embarazada, mi pequeñito y yo necesitamos comer un poco más – Contestó la castaña mientras hacía algunos mimos a su vientre de cinco meses – además, nos encanta el chocolate, ¿qué se supone que haga si el bebé me pide más?

-Yo creo que no es el bebé quien está pidiendo más – Murmuró Kristoff notoriamente divertido al recibir un manotazo por parte de su esposa.

-¿Y qué hay de ustedes dos? – Preguntó Nicolai observando a su hijo y a su nuera – yo también quiero nietos.

-¿No serían lindos tío Nicolai? – Repuso Rapy ignorando completamente los rostros sonrojados de la cumpleañera y Jack – seguro sería un bebé pálido y con el cabello claro, jajajajaja, con unos increíbles ojos azules.

-Hey, ¡para tu tren Rapy! – Contestó Jack riendo un poco - ¿cómo se supone que me vaya en misiones con Elsa estando embarazada?, no, definitivamente no, aunque nos encantaría tener un bebé latoso, esperaremos.

-Jack, no te preocupes – Dijo el señor Arendalle desde su sitio – si mi pequeña decide tener un bebé y tú no estás por aquí, siempre puede volver con nosotros para que la cuidemos en tu ausencia.

Elsa sonrió, hacía casi un año de que se había casado y su padre aun se divertía molestando a Jack.

-Creo que esta vez apoyaré a Jack – Soltó la chica – estoy demasiado ocupada con todo el trabajo en el ministerio papá, tú lo sabes mejor que nadie, esperaremos, no hay prisa.

-¿Y quien jugará con mi pequeño entonces? – Soltó Anna – este pequeño necesitará un primo o prima para jugar cuando salga de aquí.

-Tendrá que esperar Anna, igual que sus tíos. – Contestó Elsa antes de dar otro bocado a su rebanada de pastel – Y definitivamente deja de servirte, es MI pastel, no nos dejarás nada para llevar a la casa.

-¡OYE! – Dijo la castaña haciendo un puchero mientras su hermana le alejaba el pastel para evitar que se sirviera una rebanada más.

-Anna, deberías cuidar lo que comes – Dijo Jack riendo un poco – cuando ese bebé nazca, no se llevará consigo todo lo que hayas subido de peso.

-¡Hey, eso no es justo!

Todo rieron ante la cara de tristeza que había puesto la mujer embarazada en la mesa antes de tomar su taza de chocolate para beberse el contenido, definitivamente, aquel había sido un gran cumpleaños.

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Año Nuevo estaba ya a la vuelta de la esquina, dos días más y tendría un par de días de descanso.

Elsa dejó de observar el calendario que colgaba de la pared de su cubículo en el Ministerio antes de soltar un suspiro y volver a revisar el tratado que estaba en sus manos, debía terminar de redactarlo y hacer las correcciones necesarias antes de llevarlo con su padre para que fuera firmado y enviado al contacto que se tenía con los muggles en la cámara de los Lores, sin embargo, en ese momento no tenía cabeza para ello, un vistazo más y el círculo en azul con que estaba encerrado el primero de enero volvió a asaltarla, Jack no estaría con ella para el cambio de año, se encontraba lejos de su alcance pescando a unos puristas que habían atacado la estación de trenes.

No pudo más, se levantó de su lugar, dejando el tratado dentro de un cajón antes de salir de su cubículo para acercarse al de su padre.

-No logro concentrarme, iré por un café, ¿quieres algo papá?

-No, gracias Elsa, solo no tardes demasiado.

La platina asintió antes de salir de su área para encaminarse a la cafetería un par de plantas abajo, sus pensamientos eran algo abrumadores, no dejaba de preguntarse en donde estaría Jack en ese momento, el departamento se sentía vacío sin él y la perspectiva de recibir el año nuevo en casa de sus padres para volver a un departamento vacío y frío era algo abrumador… el frío nunca antes le había molestado como hacía desde el día anterior, cuando despertó sola con una nota junto a su cama.

-Buenas tardes señorita Arendalle, ¿qué va a ordenar?

-Buenas tardes April, un expresso doble, por favor.

Estaba aun cavilando sobre la perspectiva de recostarse en aquella cama tan grande para ella sola cuando sintió un peso inesperado en el hombro, encontrándose con unos rizos rojos a su lado.

-Mérida, hola.

-¿Qué hay Elsa?... HEY APRIL, UN DESCAFEINADO Y UN EXPRESSO PARA MI.

Elsa volteó al área de mesas, Finley estaba deambulando entre ellas, buscando un lugar donde sentarse ante de voltear y levantar una mano a manera de saludo.

-Su café señorita Arendalle.

-Gracias April.

-Su pedido señorita Dumbrogh.

-Gracias April.

Ambas se fueron sin más a la mesa donde se encontraba Finley con una túnica negra y azul, ambas se sentaron mientras Finley se hacía con el descafeinado, sonriendo a ambas.

-Hola Elsa, ¿lista para fiesta?

-Finley… vaya pues… ¿qué harán ustedes?

-Haremos un gran fogata para recibir el año nuevo con los demás – Contestó la pelirroja luego de dar un sorbo a su café – después del brindis, los abrazos y un par de canciones, cada quien volverá a su casa.

-Quedarme en casa de mis padres – Dijo el rubio antes de dar un sorbo a su café.

-Vaya, que lindo, suena realmente divertido todo eso – contestó la platina sonriendo.

-¿Y cómo le está yendo a Jack? Escuché que volvió a solicitar entrar al cuerpo de guarda espaldas.

-El señor Potter volvió a negarse, dijo que no estaba capacitado para eso todavía… de hecho se lo llevó hace poco, está en misión.

-¿El problema de trenes? – Murmuró Finley

-Si, eso parece, dejó una nota diciendo que probablemente volvería para el primero de enero.

-¿Una nota? ¿no se supone que están casados?

-Parece que le llegó mensaje a media noche Mérida, nos acostamos a dormir juntos pero me levanté sola, con una nota debajo de su lámpara de noche.

Decidió tomar otro sorbo a su taza, recordando la confusión que había sentido al voltearse para abrazar a Jack y encontrar su lugar vacío en la cama, su voz murmurando el nombre de aquel peliblanco mientras se levantaba a buscarlo por el pequeño departamento, no estaba en el baño, ni en la cocina con el desayunador, obviamente no estaba sentado en el escritorio trabajando en algo, recordó volver a sentarse con un profundo sentido de desorientación cuando vio la nota con la letra inconfundible de Jack en ella, no era una nota muy larga, suponía que la había hecho con prisas mientras le explicaba con rapidez porque se iba y cuándo volvería.

Mérida y Finley se dedicaron entonces a preguntarle sobre Anna y su embarazo, como le había ido en Navidad y si había sido de su agrado el libro que Finley le había enviado como obsequio por su cumpleaños, los tres amigos acordaron almorzar al día siguiente, después de la junta a la que asistirían ambas chicas con sus padres, Finley comentó la posibilidad de ver a Tooth, después de todo, el problema con los trenes había afectado también a los muggles.

El día siguiente pasó en automático, revisar papeles, estudiar las leyes muggles de nuevo, corregir un par de papeles para la junta, tomar apuntes mientras se comentaba el problema de los trenes, tal vez lo único que realmente había llamado la atención de Elsa, había sido el reporte del trabajo de los aurores que había ido a dejar un sujeto bastante alto, musculoso, de piel cobriza, con el cabello gris oscuro peinado hacia atrás, una ligerísima barbita blanca decorándole el rostro y unos extraños tatuajes sobre la frente, el semblante duro, a juzgar por su acento debía ser australiano, era un tipo de pocas palabras que había ido directo al grano.

Los perpetradores del tren habían atacado otras dos estaciones europeas, todas comunicaban la parte muggle con la parte mágica, el trabajo de rastreo había comenzado a acelerar el ritmo mientras los perseguían, el equipo principal, dirigido por el señor Potter, se encontraba en Viena en aquel momento, los pocos heridos que había alcanzado el impacto de uno de los ataques ya habían sido transferidos a algún sanatorio mágico, en cuanto a los muggles afectados, ya habían recibido la visita de los desmemorizadores del ministerio con éxito absoluto, ahora solo necesitaban a una bruja o brujo que se presentara ante la prensa muggle para hacer una declaración satisfactoria, el auror dejó algunos papeles sobre la mesa de juntas antes de solicitar permiso para regresar al campo, saliendo casi de inmediato mientras Tooth saltaba en su asiento para ofrecerse voluntaria a hablar con la prensa muggle.

-Ese auror se parecía mucho a Seth, ¿no creen? – Decía Toothiana mientras se metía un rollo de sushi a la boca, estaban almorzando juntos.

-¿Seth? ¿el de Sytherine? – Preguntó Mérida mientras lo sopesaba un momento.

-Parecerse, aunque Seth hablar menos, Seth haberse limitado a saludar, entregar papeles y preguntar por dudas.

-¡Claro que no! – Rebatió Tooth – Seth habla bastante cuando es necesario… ¿qué? Conmigo hablaba bastante a decir verdad.

-¿Ustedes no eran novios? – Preguntó Elsa repentinamente, luego de hacer memoria – No recuerdo ver a Seth hablando con otro alumno a parte de ti, no más allá del saludo y la despedida.

-Deberías hablar con Jack – Se defendió Tooth – Estoy segura que le tocaron un par de regaños por parte de Seth.

-Bueno, en todo caso – Comenzó a decir la pelirroja antes de darle un sorbo al zumo de calabaza entre sus manos – no me pareció que se parecieran… salvo por el semblante huraño, "grrrrr, si me tocan los muerdo, grrrrrr".

Todos rieron un momento ante aquella payasada, Elsa especialmente al recordar la aterradora mirada de su compañero de prefectura cuando le preguntaban su opinión para tomar alguna medida en particular.

-Hablando de Seth, ¿no se supone que es un auror? – Dijo Elsa para retomar la conversación – habría sido interesante que lo mandaran a él a dar el reporte.

-Efectivamente es auror – Comentó Tooth mientras vertía un poco de soya sobre sus rollos – aunque no está en Europa, pidió su traslado a la oficina de aurores de Egipto el año pasado, lo transfirieron en Agosto si no mal recuerdo.

-¿Egipto? ¿qué hacer allá?

-Ahora que recuerdo, uno de sus padres era egipcio, ¿no?

-Sí, su padre lo es, al parecer ha habido algunos ataques de puristas allá, ataques espantosos, especialmente en el área cercana a las pirámides, los padres de Seth decidieron retirarse para allá el año pasado a fin de ser de apoyo, Seth solicitó su transferencia para poder ayudar también, creo que uno de sus abuelos había salido herido y por eso la urgencia de irse.

-Sabes Tooth – suspiró Mérida luego de un poco de silencio – para no ser su novia, tienes mucha información.

-Somos amigos, nada más, si fuéramos novios habría estado viviendo con el ¿no creen? Además, mantenemos contacto por correo, es obvio que esté al tanto de su situación.

Todos sonrieron, después de todo, la morena tenía razón, después de haber admitido que vivía con un compañero el año pasado, ¿qué le habría impedido asegurar que vivía con Seth?

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Año Nuevo llegó a casa de los Arendalle, estaban juntos luego de una semana, esta vez no había ni rastro de Nicolai, Rapy o Jack, los dos primeros se encontraban recibiendo el año en la casa Crown, Jack por otro lado estaba trabajando, Elsa se sentía un poco ansiosa ante dicho panorama, no le gustaba que el albino se expusiera al peligro, en su cuerpo había ya un par de cicatrices extra, ninguna tan letal como la que le había hecho el grifo cuando fue campeón de Howgarts, aun así, seguía sin ser de su agrado.

-Bueno familia, se acerca la hora del brindis, ¿todos tienen sus copas listas? – Preguntó el padre de Elsa sonriendo.

-Yo necesito más jugo de manzana – Contestó Anna, Kristoff no tardó en servirle de la jarra que tenía cerca – gracias.

-¡Oh, por Merlín, esto siempre es emocionante! – Decía la madre de Elsa mientras se suspendía la música en la radio.

Todos comenzaron a contar, 10, 9, 8, 7, un fuego artificial se había adelantado, dejándose escuchar desde fuera mientras brillantes luces de colores caían desde el cielo, viéndose por la ventana, 3, 2, 1, el grito de "¡Feliz Año Nuevo!" inundó el ambiente festivo de la casa a la par que el entrechocar de copas se escuchaba como música de fondo, todos bebieron aquel líquido burbujeante y dorado conforme sonaba una fanfarria en el radio mágico, seguido de una canción de año nuevo, Anna y Elsa voltearon a verse al notar que la única voz del coro pertenecía a Rapunzel, ambas rieron al imaginar a la castaña dando saltos de emoción en su propia casa, seguras de que también estaba escuchando la radio.

Abrazos, uvas, una última conversación y tanto su hermana como su mejor amigo se despidieron para volver al hogar, Anna estaba cansada y el bulto en su vientre había comenzado a moverse, incómodo por la hora que era con su madre levantada, Elsa también se despidió de sus padres, agradeciendo por la cena y la compañía.

-¿Segura que no deseas quedarte a dormir querida? – Preguntó la señora Arendalle

-Estoy bien mamá, gracias, Jack tendría que llegar a casa en la tarde, quiero estar ahí para recibirlo.

-No dudes en avisarnos si necesitas algo – Soltó su padre mientras la abrazaba con cariño.

-Lo haré papá, muchas gracias.

Elsa tomó algunos polvos flú antes de entrar a la chimenea para lanzarlos y dar la dirección de su apartamento, cuando entró se encontró con que no estaba en realidad tan oscuro en la cocina, había un camino hecho de velas flotantes a ambos lados, por lo demás, todo estaba tal y como lo había dejado antes de ir a casa de sus padres, un poco asustada, se quitó los zapatos para comenzar a seguir el camino despacio, sin hacer ruido, mientras el frío del piso le daba mordiscos en la planta de los pies.

El camino de velas pasaba por la puerta de la cocina al pasillo donde estaba el baño, la puerta estaba abierta, la cortina de la tina estaba cerrada, Elsa se acercó un poco más, usando su varita para abrir la cortina con cuidado de no hacer ruido, preparada para lanzar una maldición al intruso… no había nada más que agua humeante.

-¿Pero que…

No pudo continuar, las velas habían comenzado a moverse para acomodarse sobre la bañera, además había un aroma familiar flotando hacia ella desde su espalda, la platina no tardó en voltear para encontrar a Jack usando solamente unos pantalones negros, apoyado en el marco de la puerta con una sonrisa cansada.

-¡Feliz Año Nuevo Majestad!

-¡JACK! – Dijo ella saltándole encima antes de comenzar a besarlo con desesperación, aferrándolo con fuerza antes de hacerse para atrás y observarlo bien, buscando alguna cicatriz nueva o alguna herida - ¿estás bien? Pensé que llegarías por la tarde.

-Estoy bien, no te preocupes, llegué antes porque estaba desesperado por verte.

-Pero, ¿y tu trabajo? ¿qué hay con los perpetradores de trenes? ¿no te meterás en problema…

-Shhh, tranquila, los atrapamos hace un par de horas, habría llegado antes a casa de tus padres, pero teníamos que asegurarnos de dejar a esos locos bien encerrados, por suerte no me tocó hacer guardia.

Lo sintió tomándola de ambas manos, besándole los nudillos antes de atraerla de nuevo para besarla, tenía el cabello lleno de polvo y cenizas, no lo había notado al principio.

-¿Me estabas esperando? – Preguntó la chica ahora más tranquila.

-No estaba seguro de que vendrías a dormir, planeaba darme un baño antes de ir a recogerte.

-¿Qué hay con las velas?

-Había la posibilidad de que mi bellísima esposa prefiriera venir a dormir aquí y esperarme – Contestó el peliblanco antes de darle un pequeño beso en los labios – así que, mientras llega, me ayudarías a darme un baño.

Elsa sonrió antes de besarlo de nuevo, mirándolo de forma seductora.

-Por supuesto, no queremos que te vea en esas fachas.

Ambos sonrieron de nuevo antes de abrazarse para prepararse y entrar en la tina, quizás no habían podido brindar juntos, pero en definitiva, empezarían el año de la mejor forma posible.

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NOTAS DE LA AUTORA:

Como verán, andaba inspirada, jejejeje, no pude evitarlo, mis hijos decidieron ver Frozen antes de acostarse a dormir, así que se me quedó el gusanito de tener a Jack en la película, jejejeje, ¿se notó? En fin, espero les haya gustado, si, yo sé, solo ha pasado un cap entre este y el último que escribí de estos dos, pero no pude resistirme, si alguien tiene algún pedido sobre alguna de las parejas de la historia, la sugerencia será bien recibida, aunque no prometo actualizar tan rápido como este, haré lo posible de todas formas.

REVIEWS… solo hubo uno en el cap pasado, un placer atender a tu solicitud, espero que sigas disfrutando con la historia y por supuesto, el anterior no será el último cap dedicado a los vikingos ;)

SARABA