DISCLAIMER: El mundo de Harry Potter y todos sus personajes le pertenecen a J.K. Rowling. Este es un fic basado en «Orgullo y Prejuicio» de la inigualable Jane Austen.
Capítulo XIV.
«¿No es la descortesía con todos los demás, la esencia misma del amor?»
(Orgullo y prejuicio)
.
.
.
Durante la primavera de aquel año en particular, las cosas en Hogwarts fueron muy diferentes a las de otros tiempos en los que Hermione había podido observar el ir y venir de los equipos de quidditch de cada casa, entrenando para sus juegos, pues ahora mismo era la tercera prueba la que acaparaba la atención de todo el mundo, y en especial la de Draco Malfoy con quien había hablado muy poco desde su visita a Wiltshire, algo que inevitablemente la hacía sentir confusa.
Hermione le había contado a Luna un poco de lo que había sucedido en aquel entonces y la manera tan agradable como Draco los había tratado a ella y a sus padres, además del hecho que le había presentado a su prima, una persona sumamente agradable, pero su amiga parecía querer obtener más detalles que hicieron que Hermione empezara a pensar en las implicaciones del asunto, sobre todo por el tono con el que Luna había hablado acerca el tema y principalmente por la reacción producida en sus emociones.
—Así que, ¿estuviste en la casa de Draco? —dijo Luna, guiñándole un ojo.
Luego de sonrojarse y de sentir que el corazón se le aceleraba un poco, Hermione asintió.
—¿Y? —Luna insistió en que le dijera algo más.
—¿Y qué? —respondió Hermione—. Comprobé que tenías razón y que Draco Malfoy no es la encarnación del mal como creía. Yo, sin embargo, soy una pésima persona que juzga a la gente a partir de la primera impresión, equivocándome vilmente en el camino.
—Oh, vamos, Hermione. No puedes castigarte por algo que podría haberle pasado a cualquiera, además, que Draco se haya comportado así después de todo lo que ha sucedido dice que no está enfadado contigo y que eso quedó en el pasado.
—Supongo que sí, pero eso no me exime de culpa. Me siento como una tonta.
Luna negó con la cabeza. —No fue lo que quise decir, Hermione, me refiero a que la razón por la que Draco restó importancia a lo que sucedió antes entre ustedes es porque evidentemente aún está enamorado de ti.
—Lo dudo.
Hermione no quería admitir que esperaba que los sentimientos de Draco no hubieran cambiado, pero era totalmente consciente de que de haber sido así no podía echarle la culpa; después de todas las cosas horribles que le había dicho era lo más lógico y aunque esa ocasión en su casa hubiera sido maravillosa, no creía que fuera suficiente para borrar todo lo sucedido en el pasado.
Ahora que lo pensaba con detenimiento, sus sentimientos hacia él habían cambiado bastante. Estaba empezando realmente a sentir algo por Draco Malfoy y reconocer lo que era se convertía en algo capaz de emocionarla y asustarla en partes iguales.
—A las nueve en punto deben ir al campo de quidditch —dijo McGonagall a los tres campeones, a quienes había reunido en su despacho—. El señor Bagman quiere hablarles de la tercera prueba.
Draco había estado preguntándose acerca de lo que tendría que hacer al finalizar el torneo, pero todavía más, había estado pensando en la impresión que se había llevado Hermione de él y de su prima luego de haber estado en su casa. Una cosa no tenía que ver con la otra, pero había sido inevitable priorizarlas poniendo a la segunda como algo más importante. Era cierto que no habían hablado de eso desde entonces, pero no era porque le hubieran faltado ganas sino porque no quería presionarla y deseaba que las cosas surgieran de manera natural, no como todo lo de antes.
—Eso es todo —dijo la profesora, instándolos a abandonar la sala, pues ya casi era la hora—. Les sugiero que se den prisa para que no lleguen tarde.
Los chicos salieron del lugar de inmediato, no sin antes expresar sus teorías al respecto a Draco, quien se limitó a responder vagamente a estas.
—¿Qué crees que sea la prueba? —le preguntó Cedric, mientras bajaban la escalinata de piedra para salir a la oscuridad de una noche encapotada.
—Yo pienso que puede seg un túnel donde tenemos que encontguag un tesoguo —sugirió Fleur.
—Supongo que puede ser —contestó Draco, sin prestar demasiada atención.
Los tres campeones llegaron al estadio de quidditch, y entrando a través de una abertura en las gradas, salieron al terreno de juego.
—¿Qué es esto? —preguntó Cedric, indignado, parándose de repente.
El campo de quidditch lucía totalmente diferente de siempre; era como si alguien lo hubiera cercado con muros largos y bajos que serpenteaban y se entrecruzaban en diferentes sentidos.
—¡Son setos! —exclamó Fleur, entre sorprendida y preocupada.
—¿Y para qué los han puesto de esta manera? —insistió Cedric antes de que una voz cantarina los saludara.
—¡Campeones! —dijo Ludo Bagman, ubicándose de inmediato entre ellos—. Los estaba esperando, y díganme, ¿qué les parece? —dijo, señalando los setos—. Estoy convencido de que igual que yo, están emocionados con lo que viene.
—Muy emocionados —dijo Fleur con desgana.
—Yo sé que sí. Esta preciosidad habrá alcanzado los seis metros en un mes y entonces podremos realizar la prueba que supongo ya adivinaron en qué consiste.
—Un laberinto —contestó Draco, luego de un minuto de silencio total.
—¡Exactamente! —corroboró Bagman—. La tercera prueba consiste en encontrar la copa de los Tres Magos que ha sido puesta en el centro del laberinto. El primero en llegar a ella es quien recibirá más puntos.
—Entonces, ¿solo debemos guecogueg el labeguinto? —preguntó Fleur, enarcando una ceja.
—En teoría sí, pero no crean que será una tarea sencilla, pues habrá obstáculos —dijo Bagman con más entusiasmo del debido—. Tendrán que romper algunos encantamientos, además de enfrentar a algunas criaturas que Hagrid está preparando especialmente para esto, pero nada fuera de lo normal.
—¿Nada fuera de lo normal? —preguntó Cedric, con escepticismo. Quién podía saber qué estaba dentro de los límites de la normalidad para aquel hombre.
—Nada de qué preocuparse —contestó Bagman restando importancia a la pregunta del chico—. Bueno, es evidente que el campeón que va delante en puntuación saldrá primero —dirigió una sonrisa Draco—, seguido del señor Diggory y la señorita Delacour. ¿Alguna duda? Suena divertido, ¿no lo creen?
Todos asintieron más por cortesía que por creer que aquello pudiera ser divertido en absoluto.
—Bien, si no hay preguntas, podemos volver al castillo, ya está empezando a helar.
Durante los días siguientes, Hermione pasó todo su tiempo libre o bien en la biblioteca, con Luna y Ginny, o bien al pendiente de alguien a quien pensó no volver a dirigirle la palabra en la vida, principalmente porque luego no volver a verlo en compañía de Lavender, dejándole tan solo una bufanda como recuerdo (que ella sabía que le había pertenecido porque la usaba seguido), su actitud pareció más sospechosa que nunca.
Tal vez eran imaginaciones suyas, pero haberlo pescado por casualidad en un aula vacía hablando con alguien, a quien no identificó, sobre «el asunto», lo que sea que eso fuere, encendió las alarmas en ella que ya estaba bastante nerviosa conforme se acercaba el veinticuatro de junio, aunque no fuera ella quien tendría que presentar la última prueba del torneo que de seguro sería más peligrosa que las anteriores.
Por lo que le había dicho Draco, Viktor era capaz de cualquier cosa para conseguir sus objetivos y eso, sumado al hecho de haberlo descubierto enviándole miradas envenenadas en varias ocasiones, aumentó en ella la sensación de que algo estaba tramando.
Y fue por eso que convino empezar a seguirlo cuando creía que este no se daba cuenta, viéndolo en varias ocasiones rondar por los alrededores del bosque prohibido, e incluso, en el campo de quidditch en el que crecían setos que pronto alcanzarían una altura bastante considerable.
¿Qué podía estar haciendo Viktor en ese lugar?
Hermione estaba convencida de que nada bueno, y aunque pensó en alertar a los campeones sobre el asunto, y en especial a Draco, decidió que debía reunir más información antes de decirles algo por lo que podrían considerar que estaba loca, a pesar de que no tenía idea de que eso pasaría más pronto de lo que pensaba porque él mismo, sin pensarlo, le había dado una oportunidad de oro.
La mañana de la tercera prueba, el Gran Comedor se había transformado en un barullo de opiniones y emociones que surgían de la interacción de los alumnos de las diferentes escuelas que participaban del torneo. La mesa de Hufflepuff se mantenía en movimiento constante mientras varios de sus integrantes vitoreaban a Cedric Diggory quien, según ellos, sería el vencedor del torneo, igual que los estudiantes de Beauxbatons y Durmstrang, que con miradas insolentes, demostraban su total desacuerdo.
Las lechuzas empezaron a repartir el correo y con ello Hermione recibió su acostumbrado ejemplar de «El Profeta», el cual desplegó de inmediato encontrando en la primera página un artículo que hizo que su expresión cambiara de inmediato.
—¿Qué sucede? —preguntó Ginny, que se había sentado cerca de ella.
—Nada importante —se apresuró a decir ella, intentando retirar el periódico de la vista, sin embargo, Ginny no le creyó y lo tomó en sus manos, reconociendo de inmediato la razón del malestar de Hermione.
—¿Pero qué mierda? —exclamó, enfadada—. ¿Quién demonios le da información a esa mujer?
—¿Qué pasa? —preguntó Luna, que acababa de llegar a la mesa de las Gryffindor, al ver que parecía que algo estaba pasando.
—Rita Skeeter escribió nuevamente sobre Hermione y sus supuestos romances.
—¿Ahora qué dijo? —preguntó Luna, en tono preocupado.
—Léelo tú misma —le dijo Ginny tendiéndole el ejemplar que Luna empezó a ojear de inmediato.
Ya habíamos dicho que la señorita Hermione Granger parecía más que interesada en Draco Malfoy, el afamado jugador de quidditch y campeón de Durmstrang en el torneo de los Tres Magos, pero lo que no se había conocido todavía era el hecho de que justo cuando salía con él, también lo hacía con Viktor Krum, compañero de Malfoy y quien en el pasado era su mejor amigo.
La poco agraciada —debo insistir— muchacha de Gryffindor podría haber sido la causante de la ruptura de la amistad de ambos jóvenes quienes llegaron el pasado octubre al castillo para encontrarse con esta devora-hombres que parece tener una debilidad por los chicos de la escuela búlgara, que además de todo, son magos de sangre pura, algo de lo que ella carece.
¿Qué piensan los implicados al respecto? ¿Qué piensa la opinión pública al respecto?
La señorita Granger, con todo y su cara de inocencia, es mucho más ambiciosa y peligrosa de lo que aparenta.
—Es una maldita peste —dijo Ginny, enfadada—. Deberían prohibirle la entrada al castillo.
—Lo sé, es tan horrible que esté todo el tiempo hablando de ti —agregó Luna, comprensiva, mirando a Hermione.
—No se preocupen, después de todo parece que esa mujer me tiene un cariño especial, pues le importa todo lo que hago o dejo de hacer, para el caso —dijo ella tratando de no darle más importancia y doblando el periódico.
—¿Y qué harás al respecto? —indagó Ginny, mientras a Hermione se le iluminaba el cerebro. Tal vez aquel estúpido artículo sirviera de algo después de todo.
—Creo que tengo una ligera idea de cómo aprovechar esta ventaja.
Las familias de los campeones estaban invitadas a la última prueba, por lo que los padres de Draco debían presentarse en el castillo, haciéndole pensar que por fin tendría la oportunidad de presentarles a Hermione y que se dieran cuenta de que era una chica especial.
Ya le había platicado a su madre sobre ella y esperaba sinceramente que su buen juicio —que en muchas ocasiones era mejor que el de él a primera vista— le permitiera ver en ella lo que ahora veía él cada vez que la miraba. Estaba determinado y muy seguro de que ellos (Lucius y Narcissa) tarde o temprano la amarían igual que lo había hecho Tonks al conocerla, pues después de todo, sus padres eran las personas más sabias y justas que conocía.
Draco terminó de desayunar en el Gran Comedor que se iba vaciando rápidamente, mientras vio como Fleur Delacour se levantaba de la mesa de Ravenclaw y se juntaba con Cedric para entrar en la sala contigua.
—¿Vienes, Malfoy? —preguntó Fleur, volviéndose a él que también levantó y los siguió en silencio.
Dentro de la sala aguardaban los padres de Cedric que lo saludaron efusivamente una vez lo vieron entrar, ubicándose cerca de la puerta, mientras al otro lado de la sala Fleur conversaba con su madre en francés, al tiempo que Gabrielle, la hermana pequeña de Fleur, le daba la mano a su madre.
—Hijo —saludó Narcissa, vestida con un elegante abrigo negro, mientras Draco caminaba hacia ella y hacia su padre que sonreía con modestia—. Parece que han pasado meses desde que nos vimos por última vez —se inclinó para darle un beso en la mejilla.
—Técnicamente sí, madre —saludó Draco, abrazándola, antes de dirigirse a su padre y estrecharle la mano—. Padre.
Lucius le dio un suave apretón antes de asentir. —Hijo.
—Gracias por venir.
—No tienes que agradecer, cariño, por nada del mundo nos habríamos perdido este momento —contestó Narcissa, acariciando su rostro como si aún fuera un niño.
—Estamos orgullosos de ti, Draco —dijo Lucius mirando a su hijo con expresión selemne—. Sabemos que vas en primer lugar y estamos convencidos de que serás el vencedor del torneo.
—Gracias por la confianza.
—¿Y bien, donde está tu chica? —dijo Narcissa, guiñándole un ojo y cambiando de tema.
—¿Qué chica? —preguntó Lucius con curiosidad.
—La futura novia de Draco —agregó Tonks, llegando sin previo aviso a la sala donde estaban los campeones y sus familias.
Draco la había echado en falta porque siempre estaba pegada de sus padres en las ocasiones que ella misma llamaba especiales, aunque ahora que había aparecido tenía ganas de hacer que cerrara el pico.
—¿Novia? —Lucius arqueó una ceja, mientras Draco riñó a Tonks por lo bajo por su imprudencia.
—Sí, Lucius, estoy segura de que cuando tú y tía Narcissa conozcan a su futura nuera, quedarán encantados con ella —contestó Tonks, ignorando deliberadamente las miradas de advertencia que le enviaba su primo para que se callara.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Draco, hoscamente.
—Jamás me perdería el momento en que tus padres conozcan a Hermione, y bueno, también la última prueba del torneo —contestó ella, con una amplia sonrisa.
—¿Y dónde dijiste que estaba? —preguntó Narcissa nuevamente.
—No lo dije todavía. Supongo que debo ir a buscarla, entonces —dijo Draco, tratando de disimular su euforia.
Pero a pesar del deseo de toda la familia Malfoy por conocer a la afamada Hermione Granger, ella no apareció en casi todo el día.
Hermione pasó gran parte de la mañana ideando la manera de hacerse con la bufanda de Viktor que permanecía en el baúl de Lavender Brown, para lo que contó con el apoyo de Ginny y también de Luna, aunque esta última no hubiera podido ingresar al dormitorio de Gryffindor. Había estado pensando en un plan para lo que necesitaba la prenda con urgencia y la distracción que crearon sus amigas fue perfecta para poder encontrarla echa una bola dentro de la desordenada ropa del baúl de la rubia.
Una vez en su poder, se dirigió al baño de Myrtle la llorona donde había estado preparando con antelación una poción capaz de reconocer la esencia de las personas, la cual, junto con un hechizo de rastreo podían hallar a alguien donde quiera que esta persona estuviera en el momento, mostrándole todo lo que había hecho y estaba haciendo, además de los lugares a donde había ido durante el tiempo que necesitara.
Hermione era consciente de que con esto infringía más de la mitad de las normas del colegio, e incluso que podían expulsarla por ello (con todo y lo que eso le preocupaba), pero algo en su interior le decía que tenía que hacerlo y pronto porque estaba segura de que «el asunto» del que Krum había estado hablando en secreto tenía que ver con Draco y posiblemente con la tercera prueba.
Sabía que había debido pedir ayuda a Dumbledore o quizás a McGonagall, pero no había encontrado un argumento creíble que los maestros consideraran de peso como para que la tercera prueba o alguno de los campeones estuviera en peligro, por lo que había decidido contar parcialmente el plan a sus amigas, quienes se había ofrecido para ayudarle en lo que pudieran.
Ni siquiera había permitido a Luna decirle a Theo sobre sus sospechas para que él a su vez, evitara platicarle a Draco sobre eso, haciendo que se sintiera intranquilo por algo que tal vez era solo una sospecha, pues en esos momentos debía estar nervioso porque faltaban pocas horas para el último evento del torneo. Y ella solo deseaba que las cosas salieran bien para él porque lo merecía. Más que ninguna otra persona en el mundo.
Cuando el techo encantado comenzó a pasar de azul a morado oscuro, Dumbledore, en la mesa de los profesores, se puso en pie y todos los presentes hicieron silencio.
—Damas y caballeros, en unos cinco minutos voy a pedirles que nos dirijamos al campo de quidditch para presenciar la tercera y última prueba del torneo de los Tres Magos —dijo, con vehemencia—. Y en cuanto a los campeones, les pido que sigan al señor Bagman hasta el estadio.
Draco se levantó de inmediato, no sin antes echar un último vistazo a la mesa de Gryffindor con la esperanza de ver a Hermione, ignorando en el camino a los estudiantes de Durmstrang que, aplaudiendo, le desearon buena suerte. No obstante, al no verla en el Gran Comedor, y habiendo llegado la hora de irse, decidió salir de allí en compañía de Cedric, Fleur y un sentimiento de intranquilidad que se le había instalado en el pecho.
¿Dónde se había metido?
—¿Cómo te sientes, Draco? —le preguntó Bagman, mientras bajaban la escalinata de piedra por la que se salía del castillo—. Me imagino que muy seguro de tus habilidades.
—Estoy bien —se limitó a contestar Draco, cortando el tema ahí. La verdad, aquello no era cierto del todo, pero no le apetecía hablarlo con aquel hombre porque, aunque no podía decirse que estuviera nervioso por la prueba, pues conocía los maleficios y encantamientos que creía necesarios para enfrentar lo que vendría, no haber podido ver a Hermione y tampoco hablar con ella antes de irse, con todo lo que había pasado entre ellos últimamente, había conseguido alterarlo más de lo que deseaba reconocer.
Pero ya era hora de concentrarse y sin volver sus ojos atrás, continuó caminando hasta el lugar donde sabía que un peligroso libertino lo esperaba.
La bufanda marrón de Viktor despedía un aroma particular a colonia masculina que Hermione había aprendido a distinguir como suyo durante el tiempo en que habían sido amigos, aroma que ahora se combinaba levemente con un perfume un poco más dulce que al parecer le pertenecía a Lavender, pues de seguro usaba la prenda muy seguido para mostrar que había estado saliendo con el búlgaro.
Como si aquello fuera un gran logro.
Hermione roció la poción —que había estado lista muy pronto— sobre la prenda, antes de levantar la varita y conjurar el hechizo de rastreo. Ahora no le importaba nada más que saber por fin cuales eran los planes de Viktor Krum, porque estaba convencida de que los tenía.
—¡Sequitur venefici! —pronunció y de inmediato, una sombra que lucía igual que Viktor emergió de la prenda, alejándose a toda máquina del baño donde estaba Hermione, haciendo que tuviera que correr para alcanzarla. Por suerte para ella, el castillo estaba casi vacío, pues a esa hora todos estaban en el Gran Comedor despidiendo a los campeones, algo que la entristeció dado que no podría desearle suerte a Draco. Aunque tal vez pudiera hacer algo más por él, o eso era lo que esperaba.
La sombra de Viktor dejó de alejarse a toda prisa recorriendo varios lugares a los que Hermione tuvo que llegar escondiéndose detrás de las paredes —y esperando pacientemente cuando ingresó a la habitación en donde estaba quedándose porque no podía entrar allí sin ser descubierta—, hasta que salió del lugar y se dirigió a las afueras del castillo llegando al bosque prohibido en donde una figura encapuchada le entregó lo que parecía ser una varita con la cual conjuró antes un hechizo que cayó sobre Viktor como rocío sobre las flores en la mañana.
Una vez cruzaron palabras en susurros, el encapuchado se adentró en la bruma oscura del lugar, dejándolos a ella y a la sombra de Viktor solos nuevamente, antes de que este decidiera dirigirse al campo de quidditch que lucía diferente de antaño, pues el seto ya medía unos seis metros de alto, y en su interior se alzaban las paredes de lo que parecía ser un lugar con varias entradas, lo que le permitió a Hermione deducir que podía ser una especie de laberinto.
«¡La tercera prueba es un laberinto!», pensó Hermione antes de observar como la sombra de Viktor Krum penetró en él, asegurándose de no ser visto por nadie, aunque sin percatarse de que había sido seguido por ella, que justo cuando el cielo empezó a lucir de un tono morado oscuro, salpicado por estrellas cada vez más refulgentes, se adentró también en la oscuridad del peligro.
Al llegar al campo de quidditch, que estaba irreconocible, las tribunas empezaron a llenarse de voces excitadas y pisadas de cientos de alumnos que se acomodaban en sus sitios. El cielo todavía era azul intenso, pero ya empezaban a aparecer las primeras estrellas cuando Hagrid, la profesora McGonagall, el profesor Flitwick y el profesor Moody llegaron al estadio y se aproximaron a Bagman y a los campeones para dar las indicaciones pertinentes antes de empezar.
—Vamos a permanecer en los alrededores del laberinto por si tienen alguna dificultad durante la prueba —pronunció la profesora McGonagall con seriedad—. Si eso llegara a suceder solo tienen echar chispas rojas con su varita y uno de nosotros irá a rescatarlos, ¿de acuerdo?
Todos asintieron con la cabeza.
—Bueno, creo que eso es todo —dijo Ludo Bagman a los profesores—. Es hora de empezar.
—Buena suerte a todos —les deseó McGonagall, y los campeones se fueron en diferentes direcciones para situarse frente a las entradas del laberinto.
Ludo Bagman tomó su varita para amplificar su voz con un «sonorus».
—¡Damas y caballeros, sean bienvenidos a la tercera y última prueba del Torneo de los Tres Magos! Teniendo en cuenta que el señor Malfoy, el señor Diggory y la señorita Delacour van en primero, segundo y tercer lugar respectivamente, ese será el orden en el que podrán empezar la prueba. —Los aplausos retumbaron en las tribunas, donde el barullo y la euforia hacían que pareciera que estaban nuevamente en el campeonato mundial de quidditch.
Draco echó un vistazo, tratando de hallar a Hermione en las tribunas, pudiendo distinguir a duras penas a Luna Lovegood acompañada de Theodore y Ginny Weasley, que a su vez tenía a su lado a Harry Potter, quienes lo saludaron con la mano, igual que a Pansy, que todavía lo miraba con resentimiento.
—Entonces, una vez suene el silbato, el señor Malfoy entrará y después de él, sonaré el silbato para cada uno de los campeones restantes —dijo Bagman entusiasmado—. ¿Listos? —Luego de contar hasta tres, el pitido del silbato del hombre hizo que Draco entrara rápidamente en el laberinto.
Y ahí empezó la prueba.
Los altísimos setos arrojaban sombras negras en el camino que Draco recorría y, ya fuera a causa de su altura, su espesor, o porque estaban encantados, el ruido de la multitud se apagó en cuanto traspasó la entrada. Draco convocó un «Lumos» con su varita, encontrándose de frente con una bifurcación que le llevó a tomar su primera decisión.
Sin pensarlo demasiado, avanzó hacia el lado derecho que parecía desierto, mientras a lo lejos se escuchó por tercera vez, el silbato de Ludo Bagman indicando que Fleur estaba entrando al laberinto. Ya estaba hecho: los tres campeones estaban enfrentándose a la tercera prueba por fin.
Draco continuó caminando, mirando atrás a cada rato porque tenía la sensación de que alguien lo vigilaba. El laberinto se volvía más oscuro a cada minuto, conforme el cielo también oscurecía, al tiempo que el frío empezaba a colarse por algún lugar entre el enorme seto que lucía peligrosamente quieto, y mientras trataba de encontrar algo que lo ayudara a orientarse, halló frente a él una segunda bifurcación.
Necesitaba encontrar el norte y para eso, valiéndose de aquello que su padre le había enseñado de niño, buscó en el cielo a «Polaris», la estrella más brillante de la Osa Menor que le permitió deducir que debía girar a la derecha, y teniendo en cuenta que el centro del laberinto estaría al noroeste, según sus cálculos, eligió continuar por la calle de la izquierda para luego girar a la derecha cuando el camino se lo permitiera.
Pero todo seguía demasiado tranquilo y la ausencia de problemas lo desconcertó enormemente. ¿Dónde estaban los obstáculos que había mencionado Ludo Bagman? Parecía que el laberinto, o alguien, le estuviera tendiendo una trampa para que se sintiera seguro y confiado, con el fin de tomarlo desprevenido en el peor de los momentos.
Y justo cuando estaba pensando que todo estaba muy quieto, oyó moverse algo detrás él. Levantó la varita, listo para atacar, pero el haz de luz que salía de ella solo mostró más de lo mismo: nada. Sin embargo, algo le decía que no estaba solo, y que no eran precisamente sus otros dos contendientes los que lo acompañaban.
Empezó a avanzar nuevamente, esta vez con más rapidez y casi sin pensar en la dirección que llevaba aunque lo alejara cada vez más de su destino; la sensación de ser vigilado creció y se agudizó cuando el silencio fue roto por un grito agudo que no era de otra persona que de Fleur Delacour.
Draco se detuvo de inmediato, tratando de ubicar el lugar de donde provenía el sonido cuando una niebla dorada empezó a llenar el lugar en el que se encontraba. No era como nada que hubiera visto antes, lo que le hizo pensar que se trataba de algún tipo de encantamiento y de inmediato conjuró un finite incantatem que lamentablemente para él no causó ningún cambio.
—¡Fleur! —gritó, tratando de hallar a la chica francesa que de seguro estaba en problemas.
Nadie contestó.
¿Qué le había sucedido a ella? ¿Qué era lo que había encontrado? Draco se batía entre buscarla o continuar caminando para hallar la copa. Ser el campeón del torneo era algo que le había importado en un principio, pero ahora, lo único que deseaba era salir de aquel oscuro lugar, mucho más en el momento en que fue atrapado por una enredadera que surgió del seto y lo puso de cabeza.
Ahí estaban los primeros problemas; ahora colgaba de cabeza, con el pelo levantado, a punto de caer de bruces al suelo duro y con la mano en la que empuñaba la varita atrapada por una enredadera que una a una cubría sus demás extremidades y ahora amenazaba con ahorcarlo también.
Por suerte para él, varita no había caído al suelo.
¿Qué podía hacer?
La enredadera de lucía igual que el lazo del diablo que Draco había aprendido a diferenciar en el invernadero de su madre, lo que le hizo tratar de recordar las cualidades de la planta, que como temía, podía llegar a matarlo.
Era una planta de la oscuridad que entre más resistencia apusiera la víctima, más apretaba hasta dejar sin aliento. La sangre se le estaba subiendo a la cabeza y Draco sabía que tenía que actuar rápido si no quería que la prueba terminara ahí para él; sin embargo, la mano apresada no se movía y le suponía un esfuerzo sobrehumano intentar que la varita apuntara a la planta.
Pero tenía que arriesgarse si quería liberarse por lo que trató de reunir toda la fuerza que pudo para mover su mano, antes de que la enredadera le apretara más el cuello casi hasta ahogarlo, haciendo que la voz le saliera en un susurro.
—¡Lumos solem! —pronunció con dificultad, pero el halo de luz que despidió la varita fue suficiente para que la infernal planta lo liberara, haciéndolo caer estruendosamente al suelo donde se tomó unos segundos para recuperar el aliento.
Draco se puso de rodillas quedando momentáneamente sin fuerzas, pero no se dio más tiempo para descansar, pues se levantó y se alejó a grandes zancadas del lugar donde ya no había rastro de la planta.
Pasaron otros diez minutos antes de que encontrara un indicio de que iba por el camino correcto, pues solo había hallado callejones sin salida hasta que dio con una ruta distinta por la que empezó a avanzar con sigilo. La varita todavía estaba empuñada en su mano, lista para el ataque de algo como lo que acababa de encontrarse, o incluso mucho peor, cuando una imagen impensada lo hizo detenerse en seco.
—¿Pensaste que las cosas iban a quedarrse así? ¿Qué todo estarría a tu favorr siemprre? —El rostro de Viktor lucía confiado. Sus pobladas cejas formadas en una sola línea y su boca en una sonrisa de triunfo—. No tienes idea de con quién te metiste, Drraco Malfoy.
—¿Qué haces aquí? —atinó a decir Malfoy, tan sorprendido como estaba.
Viktor no se movió de su lugar, pero levantó la varita aprovechando haber tomado desprevenido a su enemigo.
—Acabarr con lo que inicié antes. ¡Crrucio!
N/A: La verdad no recuerdo cuánto ha pasado desde la última vez que actualicé este fic, pero sí que la llegada de este capítulo me hacía ilusión y espero que a ustedes también. Que sea esta una oportunidad, como siempre, para agradecerles el apoyo y acogida de esta historia que es una combinación de mi libro favorito en todo el mundo con mi libro favorito en la saga de Harry Potter.
¡Gracias por estos 299 follows, 214 favoritos y 301 reviews!
Saludos especiales a: artemisa313, ale24mc, joss-12, LeslieeMariia, Annykzhenn, redeginori, 00Monty00, sagiie, toka, Athenea-Eris, Chica Cuervo, Ranita Azul, Bella Malfoy Mellark, Marycielo Felton, RusyNail, Luna Caeli, Candice Saint-Just, alerejon, elegv, PeaceLilith, LoveRosie17, AriadnaMoon, ANNA MALFOY, QueenSlytherin, NenaMalDaR, MrsDarfoy, RoseDewitt, Guest (1,2 Y 3) y aBrenda Nott Hgo. Gracias por apoyo y sus maravillosos comentarios.
¡Muak!
Gizz/Lyra.
