Debería estar escribiendo la memoria. Pero acá estoy, actualizando esto. Llorando metafóricamente porque tengo la inspiración para escribir cualquier cosa... que no sea mi tesis de grado. Y dios, es super estresante. Pero no se puede evitar.

Para tí, que si tienes los cojones para meterte a ver que diablos escribo y llegas a leer esto... wow, tienes mi respeto. Aunque ya te lo vas ganando a pasos gigantes.


Cuando quieres registrar a tu hijo en el registro mágico y…

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...

Días después, las cartas llegaron con mucha menos afluencia.

La fila comenzaba a molestarle más de lo que podía admitir. Pero se obligó a permanecer en ella, a sabiendas que de otra forma deberá volver otro día. Y los lunes y los viernes solían ser mucho más caóticos, sin mencionar que el que no habían muchas probabilidades de que Ed esté de tan buen humor como hoy. Pero comenzaba a aburrirse y sus pies se acalambraban. Con razón la gente solía salir tan enfadada de estos departamentos. No le sorprendía en lo más mínimo que los servicios administrativos del Wizengamot tuvieran el mayor porcentaje de quejas.

¿Quieres ir a sentarte? –Ofreció Teddy, a su lado. James se volteó hacia él, encogiéndose de hombros. Después de aquella conversación en el parque, a James le había costado el no mirar con frustración y pena a Teddy. Pena con Teddy por ser y actuar como un idiota, por haber aguantado tanto, frustración con sí mismo por ser tan débil ante él. Pero después de aquella pelea y la discusión por culpa de Victoire, después de haberle visto llorar y sufrir por ella, la semana había terminado completamente normal. Con Teddy levantándose antes que él y llegando justo después de que su turno terminara. James se preguntó si aquello tenía todo que ver con el hecho de que lo había descubierto con Victoire o porque quería realmente superarlo todo. Era otra de las cosas que no se había atrevido a preguntar. A decir verdad, habían postergado el tema completamente después de eso.

No tiene importancia –Respondió, estirando los pies. Teddy le dio una pequeña sonrisa, empujando el carrito donde traían a Ed para seguir avanzando. Se había hecho un tiempo al medio día para poder acompañarle. Pidiendo la hora él incluso. James, sin motivos para negar su compañía se había encogido de hombros cuando le había avisado, durante la mañana. Los niños a su alrededor no parecían tan tranquilos como Ed, pero a su hijo parecía no importarle demasiado. Miraba hacia todos lados e intentaba alzar la cabeza. Era la primera vez que veía otros niños que no fuesen Cissy, por lo que comprendía el que sintiera curiosidad. Aunque la mayoría se trataba de familias heterosexuales y una que otra familia gay. Y estaban ellos dos, claro.

Te duelen los pies ¿no? Deberías sentarte –Insistió él, pasándole un brazo por los hombros. Esa era otra cosa que no había cambiado; lo piel que solía ser Teddy para con él y lo incómodo que resultaba aquello en público. Sobre todo porque la gente les miraba bastante extrañados. James levantó el brazo para deshacerse del gesto, negando con la cabeza.

Estoy bien, Teddy. No es como si hubiese parido yo a Ed –Replicó. Lamentablemente, ya habían captado la atención de una parte de las personas que se encontraban en el salón, quienes habían comenzado a cuchichear a sus espaldas. Teddy soltó un bufido al escucharle, posiblemente acostumbrado a sus gestos. Desde siempre, James había evadido sus muestras de afecto. Ahora mucho más que antes, en realidad.

Pero Jamie, moverte desde casa con un niño no es algo fácil –Replicó Teddy. Bueno, Teddy tenía un punto. Pero para aquellas madres que habían cargado con un niño durante nueve meses para ahora tener que trasladarse al maldito ministerio hacían el doble de trabajo que él. La fila comenzó a avanzar y ellos con ella. Estaban a tres puestos de hacer el maldito trámite de inscripción y por fin salir de ahí. James comenzaba a incomodarle la gente, sobre todo al ser un foco de atención. Teddy parecía bastante indiferente al respecto, ahora que le miraba con atención.

¿Irás a almorzar después? –Preguntó Teddy de pronto. James asintió, sin pensarlo demasiado. La verdad era que tenía hambre. Y no creía que Ed hiciera un problema si se decidía a comer en un restaurante. –Te acompañaré

–¿No tienes que trabajar?

Remington me dio tiempo libre hoy. Le comenté que te acompañaría –James alzó una ceja. ¿Qué podría haberle dicho para que le diera libre? Teddy no había asistido a ninguna misión desde que había arribado a su casa, sabía él. Sólo cosas de rutina. O el ministerio debía estar lo suficientemente tranquilo como para dejar a uno de sus aurores por libre, o Teddy se las había arreglado para manipular a sus superiores bastante bien. Apostaba lo segundo.

¿Le has prometido papeleo infinito? –Preguntó él, profundamente curioso. Nadie conseguía un permiso tan fácilmente. A él le había costado bastante el poder pedir sus vacaciones, tanto que había sido su padre quien había intervenido. Estaba claro que aún no podían negarle algo a Harry Potter. Sobre todo cuando se trataba de una causa justa. Teddy no respondió inmediatamente, avanzando junto con el carrito cuando salió del despacho la última pareja y la fila avanzó. Le dirigió una sonrisa malévola que se dirigió directamente a su entrepierna y que le hizo enrojecer. Trató de disimularlo lo mejor que pudo, desviando la mirada hacia la pareja que tenían delante. Quienes intentaban lidiar con un bebé y un niño de dos años quien parecía haber tenido la gran idea de pintarse la cara con crayón. Agradeció de que él tuviera sólo a Ed. No tenía idea lo que hubiese hecho si se tratasen de dos.

Le he prometido que realizarás papeleo infinito –Respondió. James abrió la boca de la sorpresa.

¿QUÉ?

Teddy se echó a reír, una de las primeras risas reales que había hecho desde que había llegado a su casa. James se cruzó de brazos, no muy dispuesto a ser blanco de risas. Sobre todo al saber que tendría que hacer papeleo por su culpa. Ningún auror que se respetara le gustaba el papeleo. Teddy le atrajo del cuello a su brazo, soltando el carrito de Ed un momento sólo para revolver su cabello con la otra mano. James gruñó automáticamente, llevando las manos hacia su cabeza e intentando alejar las de Teddy.

¡Oye! –Se quejó. El hombre siguió riendo, pero le soltó. James se aplastó el ahora desordenado cabello. Le miró con rencor, recibiendo una cara burlesca. Algo nada Adulto, si le preguntaban –Me niego ¿Oíste? Devuélvete al cuartel y dile a Remington por donde se pueden meter sus informes. Porque no haré ninguno –Avisó, arrugando el entrecejo. Por supuesto que fue ignorada su amenaza.

Teddy le sacó la lengua, en cambio.

La última pareja entró finalmente, colocándoles a ambos en el inicio de la fila. James consultó la hora, comprobando que efectivamente llevaban cerca de una hora y algo haciendo fila. Por Merlín. Más de una hora. Ni quería imaginarse la cantidad de tiempo que su abuela debió haber gastado sólo para poder registrar a su madre y sus tíos. Se prometió a si mismo que aquella sería la última vez que vendría. Y si se volvía loco y decidía tener otro hijo, definitivamente no pasaría de uno.

¿Está bien para ti si vamos al callejón Diagon? –Preguntó Teddy de pronto. James se encogió de hombros.

¿Porqué no la cafetería que se encuentra cerca del ministerio?

Preferiría un poco más de intimidad, si no te molesta

¿Intimidad?

No realmente –Respondió, un poco inseguro de sus intenciones. Teddy parecía normal, sin embargo. No se encontraba tenso como la última vez. Tampoco parecía triste. James no creía que una semana bastaba como para olvidarlo todo, pero Teddy no había hecho algún amago de volver a los brazos de ella.

Y eso… bueno. Si era muy honesto consigo mismo, eso definitivamente le gustaba. Aunque tampoco podía cantar victoria en una sola semana.

Seguramente el trabajo había ayudado bastante para aplacar esos deseos. O Victoire se había asustado y simplemente no le había llamado más y Teddy se había resignado. Quiso seguir pensando en ello, sin embargo la puerta frente a ellos se abrió y la pareja anterior salió. Era su turno. Haciéndole un gesto a Teddy, James y él entraron al despacho.

La oficina parecía salida de una de esas películas muggles antiguas que a su padre le gustaba ver en la TV. Aquella habitación parecía la antesala de una habitación mucho más grande, detrás de todo, donde James pudo vislumbrar repisas completas de pergaminos. Un registro mágico de nacimientos, seguramente. El escritorio donde el hombre se encontraba –Mucho más viejo que sus abuelos y con una expresión mucho menos amigable– parecía ser de la misma madera que aquellas repisas y las que ostentaba la habitación, llenas de una mezcla entre pergamino y artefactos mágicos que bien habían tenido mejores días. El viejo hombre carraspeó, llamando la atención de James quien se había detenido en la entrada, urgiéndole a entrar y cerrar la puerta.

Sebastian Brown, leyó en la placa puesta sobre el escritorio. Un poco gastada. Probablemente aquel hombre vio nacer a sus padres y sus tíos. Teddy había dejado el carrito de Ed junto al asiento de donde le estaba mirando. James se apresuró en llegar al escritorio y sentarse en la única otra silla de la habitación que se encontraba vacía.

Buenas Tardes, vengo…

¿Quién solicitó la hora? – Le interrumpió el hombre, levantando la mano hacia él sin embargo. James se apresuró a estrechársela.

Yo –Intervino Teddy. James iba a comenzar a hablar, pero el hombre se le adelantó.

Nombre –dijo, levantando la mano hacia Teddy. Teddy le dirigió una mirada confundida, pero se la estrechó.

James Potter –Dijo él. El hombre negó con la cabeza.

No tú. Él –Murmuró, apuntando con un dedo hacia Teddy. Ambos le miraron con sorpresa.

¿Yo? Pero yo…

Nombre –Insistió. Teddy tragó saliva.

Edward Remus Lupin –Sebastián Brown alzó la varita hacia la otra habitación nuevamente. James le miró con curiosidad. ¿Por qué necesitaría el registro de Teddy de todas formas? No necesitó ver a Teddy para saber que se estaba haciendo la misma pregunta.

El hombre les escudriñó con la mirada antes de bajarla hacia el libro que tenía abierto, sobre el escritorio. Agitó la varita hacia la habitación llena de pergaminos. Intercambió una mirada de pura curiosidad con Teddy, sin saber si hablar o no hasta que un pergamino llegó levitando hacia Brown. Agradeció el que Ed se encontrara bastante tranquilo, o quien sabe que hubiese hecho ese hombre. Era cosa de ver su rostro para saber que la respuesta no le gustaría. Recién en ese momento levantó la cara hacia ellos.

Nombre –Repitió. James alzó una ceja.

Potter. James Sirius Potter

Potter –Replicó él, levantando la mirada hacia él. James se preguntó si había buscado algo de su padre en él. Se parecían, si. Pero James era pelirojo, pecoso y de ojos azules. El hombre volvió a agitar la varita. James se preguntó si sería tan necesario un testigo de fe. Después de todo, Ed tenía un parecido bastante notorio con él.

Disculpe, señor Brown… –Masculló en voz alta. El hombre ni siquiera alzó la mirada del libro que tenía en la mesa. El pergamino que había levitado lo había dejado junto a éste. James ni siquiera intentó ver que estaba haciendo. –Me preguntaba si…

Nombre del infante –Le interrumpió nuevamente, algo que no le cayó nada bien. James comenzaba a hartarse de su maldita personalidad.

Edward Potter –Respondió, apretando los dientes e intentando no soltarle un par de palabrotas bien merecidas. Por supuesto que el hombre ni siquiera se percató del gesto. Pero Teddy si, quien alzó la mano hacia él y tomó su codo. James reparó en su mirada de advertencia pero decidió ignorarla.

Nombre completo –James abrió la boca, cerrándola al percatarse que no había pensado en eso. Sólo el primer nombre le había parecido… bueno, correcto. Pero no el segundo. Y pensar en algo rápido para salir del paso no parecía buena idea. Porque aquel segundo nombre acompañaría a Ed durante toda su vida. ¿Estaría bien usar a alguno de sus padres como segundo nombre? Aunque estaba más que seguro que Lily usaría el nombre de Draco para alguno de sus hijos –Si alguna vez los tenía– y el de Harry como segundo nombre, le hubiese gustado usar algo de alguno de ellos. Quizás debería llamarle Edward James, pero no le sonaba del todo bien –Además de que su padre era Harry James y él era James Sirius. Y no podía olvidar a su abuelo, James Charlus. ¿Cuántos James más tenían que tener?– Y sabía que Draco odiaba a su padre, como para usar su segundo nombre. ¿Qué debería hacer, entonces?

Nombre completo –Repitió Sebastián Brown.

Denos un par de minutos, por favor. James no ha pensado en ello –Admitió Teddy. James le dirigió una mirada suplicante. Teddy le respondió con una confundida. Él no podía ayudarle, sabía James bien. Porque Teddy no era familiar directo de Ed y no era pareja de James.

James suspiró.

Entonces dígalo usted, señor Lupin –Replicó el hombre. Levantando la mirada por primera vez, en concordancia con el segundo pergamino.

Yo no… yo no puedo –Respondió Teddy. Sebastián Brown rodó los ojos.

Por supuesto que puede– ¿Edward Arthur, como su abuelo? Él sería feliz con eso –Cuando le contasen que tenía otro bisnieto–, pero tampoco le pareció correcto. James, pendiente de sus propios pensamientos, ignoró las palabras del mago. Por lo mismo, no pudo ver la expresión cada vez más confundida en la cara de Teddy. Ni entenderla, cuando por fin decidió prestar atención y levantar la mirada hacia él.

No, esto es un malentendido, yo no…

Nombre completo –Insistió el hombre. James hizo una mueca. ¿Qué podía decir, de todas formas? ¿Edward James? ¿Aceptar que la familia Potter estará lleno de James por los siglos de los siglos? Los tres hombres intercambiaron miradas de sorpresa –por parte de él y Teddy– y fastidio –Por parte de Sebastián Brown–. Fue Teddy el que decidió romper el silencio. James no creía soportar escuchar otro "Nombre Completo" otra vez.

John –Dijo, después de un minuto realmente tenso. James y el otro hombre miraron a Teddy. –Edward John Potter. Hm… ¿Está bien? –Preguntó a James. Él, sin realmente estar en desacuerdo dado que tampoco había llegado a un consenso consigo mismo, se limitó a encogerse de hombros. Por eso era más fácil el nombrar a alguien en pareja, supuso. Sus padres tenían el uno al otro cuando pensaron en nombres para Cissy.

Supongo –Verbalizó finalmente. No se escuchaba mal, de todas formas. Tampoco era un segundo nombre venido de constelación, algo que habría hecho Draco y que sonaría muy, pero muy raro. Brown asintió, un poco más desinteresado, sacando un nuevo pergamino y escribiendo lo que parecía ser el nombre del niño. James sacó del bolso el certificado que San Mungo había emitido, alzándolo hacia el hombre. Brown agitó la varita, haciendo que el pergamino flotara hacia él y con una floritura que James no había visto nunca, se expandiera. Lo miró un momento, agitó la varita y apareció una copia exacta, que hizo flotar hacia James, para seguir escribiendo.

Señor Brown ¿Porqué solicitó mi certificado de nacimiento, si yo no…?

Está listo. El registro se hará oficial en una semana. Cualquier problema, una lechuza a la secretaria de asuntos administrativos –Respondió Brown, interrumpiendo a Teddy, moviendo la varita para hacer otra copia del pergamino que se encontraba escribiendo. Pergamino que extendió hacia ellos y que James le arrebató con rapidez para guardarlo en la mochila.

Pero señ… –Insistió Teddy.

Que tengan una buena tarde. ¡Siguiente! –Le interrumpió, moviendo la varita para abrir la puerta. Teddy le dirigió una mirada confundida, mirada que James ignoró, por estar pendiente de Ed y de moverlo hacia afuera. Teddy, después de un segundo de vacilación, se acercó al hombre y le arrebató suavemente el carrito, saliendo de la habitación. Ambos soltaron un suspiro cuando salieron de aquel cuadro con olor a pergamino viejo.

¿Qué pasó ahí? –Preguntó Teddy, finalmente. James se encogió de hombros. El tipo ni siquiera les había dejado hablar.

No tengo idea. Pero… ¿Porqué John? –Preguntó, comenzando a caminar, pensando que unos minutos más en aquel lugar realmente se deprimiría. Y el berrinche de los niños en el vestíbulo comenzó a afectar a Ed, quien frunció su entrecejo, con los ojos muy abiertos. No tardaría en llorar si seguían ahí. Teddy empujó el carrito y se apresuró a seguirle.

Después te lo explico, pero… James, deberíamos pasar donde la secretaria antes de irnos –Respondió él. James le dirigió una mirada confundida.

¿Por qué?

¿Siquiera miraste el pergamino? –Insistió él. James negó con la cabeza ¿Porqué miraría? Lo único que le importaba era salir de ahí y que ese hombre dejara de decir "Nombre Completo" antes de que le apareciera una úlcera. O peor, le hechizara. Teddy rodó los ojos. –Míralo

James alzó una ceja, reparando en la secretaria del vestíbulo que se encontraba con una fila no menor de la que habían salido. Realmente no quería tener que estar un rato más en aquel deprimente lugar. –Bien, pero no pasaré por ahí. Me niego a hacer la fila otra vez

Míralo –Insistió Teddy. James gruñó, sacándose la mochila para sacar el famoso pergamino. Ambos se detuvieron en la entrada del Wizengamot, a pocos pasos del ascensor. En cuanto sacó el pergamino lo abrió, no encontrando ningún problema a una simple mirada.

No veo lo raro, dice Edward John Potter y la fecha de nacimiento y… –James leyó, deteniéndose justo debajo de la fecha de nacimiento del niño –Cosa que primera vez que leía– y su número de identificación, comenzando a leer en voz baja. La cara de James se fue transformando de una expresión desinteresada al completo horror a medida que iba avanzando en la lectura.

Puta madre.

Puta madre… –Maldijo en voz alta, horrorizado. Teddy soltó un suspiro al escucharle.

¿Seguro que no quieres hacer la fila?