Frenó la bicicleta suavemente, observando de nuevo aquella acogedora y lujosa casa. A pesar de ser la segunda vez que observaba el hogar de Kate, sentía como si hubiese estado más veces allí. Se giró para mirar las demás casas del barrio y sacudió la cabeza. Serían imaginaciones suyas. O mejor dicho, demasiados sueños subidos de tono.

Esta vez prefirió resguardar mejor su bicicleta para evitar un robo inesperado, así que abrió la verja del patio y entró a pie, arrastrando su bici hasta quedar en el costado de la casa y dejó su preciado medio de transporte apoyado en la rugosa pared. Observó y colocó la bicicleta un par de veces, con cuidado de no rayar ni dañar parte de la infraestructura. Cuando se aseguró, le dio por mirar a través de la ventana, divisando una amplia cocina que le resultó familiar. Pensativo, se acarició la barbilla, la cual estaba ausente, sin los pelos que siempre le ayudaban a concentrarse mejor hasta que escuchó un par de carcajadas provenientes de niños pequeños. Sonrió para sus adentros y anduvo hasta encontrarse con los protagonistas de las alborotadas risas.

Cuando Kate le invitó a su casa aquella tarde de sábado no dudó ni un segundo en aceptar. Aunque tal vez se viniera un poco abajo cuando ella le explicó que le tocaba cuidar a los hijos de su vecina. Aun así, él se ofreció a cuidarlos con ella, con tal de pasar tiempo a su lado.

Rápidamente, se pasó la mano por el flequillo y se alisó la sudadera que se había puesto con tal de estar más presentable para Kate. Lo cierto era que esa mañana había tenido partido de lacrosse y cuando llegó a su casa, nada más comer y ducharse se durmió y después le tocó salir corriendo para llegar puntual.

-¡Eso es trampa, Jason! ¡No vale!

Rick se quedó parado, observando y recordando a la pequeña de cabellos largos dorados, quejándose. Caminó un poco más hasta llegar por fin a la parte trasera de la casa y poder divisar a los tres. Sin embargo, ellos aún no se habían dado cuenta de su presencia.

-¡No es trampa! – protestó su hermano, cogiendo el balón y rehuyendo de su hermana para evitar que se lo quitara.

-¡Kaaaaaate! – la niña corrió hacia la joven, que estaba tumbada en el césped bocabajo, ajena de todo el mundo con el móvil.

Richard observó el circuito de conos, aros y bolos de plástico que estaba desperdigado por el suelo. Su vista se centró en una pequeña canasta clavada en la pared y sonrió, haciendo memoria que Kate jugaba a baloncesto antes de llegar de nuevo a Nueva York.

-¡Jason no le ha dado a ningún cono y se ha puesto 10 puntos! – replicó la niña.

-¡Alice, eres una chivata!

Rick cayó en el "marcador" que estaba pegado en la pared con celo. Era un folio con los nombres de los niños escritos con la letra de Kate y varios números como puntuación.

-Chicos, ya está bien – suspiró, cansada de que siempre estuvieran igual, discutiendo sin parar.

Kate se giró y se quedó sentada, pillando en ese momento a Rick, mirándola divertido con la ceja alzada.

-Vaya, parece que necesitas algo de ayuda, Katie – comentó, cruzándose de brazos.

Kate frunció los labios al escucharle y se levantó picada.

-¿No serás tú un experto? – con facilidad, se hizo un moño algo deshecho y se detuvo a escasos centímetros de él.

-Un experto no. Pero mejor que tú seguro – sonrió pillo, observando que hoy vestía con unos pantalones deportivos bastante holgados y una sudadera amplia que dejaba al descubierto su hombro. A pesar de estar vistiendo ropa que le quedaba grande, no le quitaba para nada su atractivo. Le dieron ganas de hacer un camino de besos desde sus finos labios hasta su hombro bronceado y clavar sus dientes en él. La miró de nuevo y al ver cómo ella entreabría sus labios se inclinó para poder atraparlos. Pero Kate llevaba otros planes. En un rápido movimiento, le cogió de la oreja y se la estiró. - ¡Ay, ay! – exclamó, retorciéndose del dolor y siguiendo la dirección que Kate hacía para tratar de reducir el dolor: - ¡Era broma, era broma!

-Yo creo que la otra vez te dije algo… - comentó, despreocupada y retorciéndole más la oreja.

-¡S-sí! No más Katie, lo juro. ¡Kate, por favor! ¡Era broma! – lloriqueó y ella le soltó, triunfadora le dio un par de toquecitos en el pecho para que se calmara.

-Te dije que te encontrarías suplicando – sonrió divertida al ver la velocidad que se frotaba la oreja.

-Yo quería suplicarte en otras condiciones y otro contexto… - susurró dolorido. Kate se rio y para compensar, le dio un beso en la mejilla y le guiñó un ojo.

-¡Chicos, mirad quien ha venido! – se giró para dirigirse a ellos. Los niños habían parado de pelearse para observarles en silencio, totalmente curiosos. La pequeña Alice se ruborizó cuando Rick la miró, recordándolo enseguida. Sin embargo, Jason lo miraba extrañado. – Es mi amigo Rick y ha venido a jugar con nosotros.

-Mamá dice que no hay que hablar ni jugar con extraños – repuso el pequeño de cabellos también rubios.

-Pero no es un extraño, es mi amigo Rick – le contestó Kate, agachándose a su altura.

El pequeño entrecerró los ojos cuando Richard la siguió y se agachó a su lado. Rick pudo observar que era bastante parecido a su melliza. Los dos niños eran rubios con los ojos verdes. Aunque la pequeña tenía el cabello liso y el pequeño lo tenía más rizado. Además, en cuanto a estatura, Alice era unos pocos centímetros más alta que Jason.

-Así es. Me llamo Rick y soy amigo de Kate. También de tu hermana, ¿verdad Alice?

El niño se giró para ver la afirmación de su hermana.

-¡Sí! – sonrió abiertamente la niña. - ¡Rick también es mi amigo! – y acto seguido se abalanzó hacia él para abrazarlo. Rick la abrazó contrariado y Kate empezó a reírse, viendo el enamoramiento que tenía la hija de su vecina con Richard.

-Ricky ha venido a jugar a baloncesto con nosotros, Jay. ¿Te apetece? – Rick le miró interrogativo. – Teníamos un partido pendiente – dijo, dirigiéndose a Rick.

-Cierto – asintió él recordándolo- ¿Y bien? ¿Quieres ser mi amigo y jugar conmigo? – alzó su mano, esperando a que el pequeño se la chocara.

-Está bieeeen… - Jason le chocó la mano fugazmente. - ¡Pero yo voy con Kate! – se lanzó a sus brazos, copiando la acción de su hermana y los mayores rieron.

-Muy bien – empezó a decir Kate – Voy a por la pelota y empezamos a jugar – le revolvió el pelo a Jason para que se separara de ella y se perdió de la vista de todos a grandes zancadas, metiéndose en su casa.

Rick se vio solo con los niños, que enseguida se quedaron mirándole. Les sonrió, algo incómodo cuando Jason se cruzó de brazos y se le encaró.

-¿Eres el novio de Kate? – le preguntó, con el ceño fruncido y en un tono bastante celoso.

-No, no lo soy… - rio nervioso, temiendo tener de nuevo una conversación como la que tuvo con la hermana del niño.

Sin embargo, la niña le interrumpió gritando a pleno pulmón:

-¡Pero sí que hacen cosas de mayores juntos! – exclamó, con un tono bastante sabiondo. El pequeño de cabellos rizados se tapó la boca con las manos, demostrando sorpresa.

-¿Pero eso se puede hacer? – preguntó, mirándole y después a su hermana, la cual asintió con la cabeza. Rick se masajeó la frente, sin saber cómo manejar la situación.

-Alice, no hacemos cosas de mayores – optó por decir. – Además, todavía sois muy pequeños para saber estas cosas…

-¿Entonces no tienes novia, Rick? – le interrumpió, posando sus manitas pequeñas en el pecho de él, encarándolo. Richard, que hasta entonces estaba agachado, cayó de culo, nervioso.

-No…

-¡Sí! – exclamó la niña, feliz: - ¡Entonces podemos ser novios! – sin darle tiempo a reaccionar, dejó que la niña se subiera a su regazo y se enganchara a su cuello para estrujarle en un abrazo.

-Va…vale… Alice… Me… est…ás… ahogan…

-¡Bola vaaa! – Kate apareció para salvar a Rick lanzando el balón.

En seguida la pequeña se soltó de Richard y fue a quitarle el balón a su hermano, pues fue el afortunado en cogerlo. Mientras los niños se peleaban por ver quien se quedaba la pelota, Kate se acercó a Rick tratando de ocultar una sonrisa.

-Debería denunciarte por pederasta – bromeó, ayudándolo a levantarse. – Te van las jóvenes, ¿eh Ricky? – no pudo aguantarse más y estalló en risas. Más aun cuando Rick aún estaba totalmente pálido.

-Esa niña… - tragó saliva, tratando de recomponerse. – Está obsesionada conmigo…

-¿Al igual que tú lo estás conmigo? – rio, alzando una ceja y haciendo que Rick negara efusivamente. – Era una broma – se acercó a él y le dio una palmadita en el trasero.- Como me encanta – le susurró al oído, en tono coqueto. - ¡Jason, pásame el balón! – corrió, dejándolo pasmado para recibir la pelota y encestar.


Última jugada. Richard le robó el balón al pequeño Jason. Retrocedió botando el balón a pesar de las quejas del niño y de su presión. Alzó la cabeza. Kate estaba protegiendo a su pequeña acompañante.

-No te atreves a tirar desde ahí – le empezó a decir Kate, adivinando sus intenciones.

-¿Qué no? Si la meto es un triple clarísimo.

Dentro del poco espacio que tenían, se había separado bastante. Se tomó su tiempo para mirar la canasta y poder medir bien el tiro. Realmente no le molestaba que Jason le intentase robar el balón, puesto que le llegaba por la cintura y en pocos botes y regates se lo quitaba de en medio.

Se movió hacia la derecha para poder coger órbita de tiro y botó dos veces antes de disponerse a tirar a canasta. No obstante, Kate rápidamente corrió hacia él y le hizo un placaje para quitarle el balón.

-¡Eh! – protestó mientras caía de culo al suelo y ella se agarraba a su cuerpo.

-¡Corre Jay! – le pasó el balón y el pequeño corrió, siendo perseguido por su hermana, hasta aproximarse a la canasta y tirar para encestar.

-¡Síii! –gritó el niño eufórico por haber ganado.

-¡Eso no vale! ¡Era falta! – se quejó Richard, mientras Kate se acomodaba mejor encima de él.

-¿Qué falta? – Kate se restregó contra él disimuladamente y se inclinó hacia él. Rick jadeó - ¿Y tú juegas a lacrosse, tipo duro? – le despeinó aún más el cabello y se levantó, dejándolo excitado y tratando de recomponerse.

-¡Kateee, hemos ganadooo! – el niño se lanzó a sus brazos y ella lo cogió en volandas y dio vueltas sobre sí misma, celebrando la victoria, provocando la risa del pequeño. Ella también rio al verlo tan feliz.

-No vale… - Alice se quedó cabizbaja, representando la tristeza que siempre invadía a los niños que perdían en los juegos. Rick chasqueó la lengua al verla tan afectada y se levantó para acariciarle el pelo.

-No pasa nada, pequeña – trató de consolarla. – No saben ganar si no hacen trampas… - dejó caer, haciendo que Kate dejase de girar con Jason.

-Tendrás cara, si ni con esa jugada ganabais – dejó a Jason en el suelo y se aproximó a ellos.

-Ja… bueno. De todas formas me he dejado ganar – se cruzó de brazos, orgulloso y Kate puso los ojos en blanco.

-Alice, cariño – se agachó para acariciarle la cara y evitar que llorase – Es un juego, no pasa nada… - le dio un beso en la mejilla y la abrazó. La niña se dejó mimar por Beckett, satisfecha por recibir atención. Hasta su hermano se acercó y le dio un par de palmaditas en la espalda para consolarla. Kate rio y rodeó con sus brazos a los dos para abrazarlos. Richard, al descubrir la faceta cariñosa de Kate con los niños, no pudo evitar sonreír – Además, ¿sabes qué? – la niña negó con la cabeza. – Es la hora de merendar… ¡y tengo napolitanas de chocolate!

-¡Napolitanaaaaas! – exclamaron ambos niños y la pequeña Al olvidándose por completo de haber perdido.

-Así que entrad a casa, os laváis la cara y las manos con agua y jabón y me esperáis en la cocina – les apremió, cogiendo el balón. No tuvo que repetirlo dos veces, los niños entraron corriendo en el hogar - ¡Con cuidado! – rio al ver lo emocionados que se pusieron.

-Te gusta ponerme en situaciones comprometidas – dijo Richard, una vez se quedaron solos en el jardín.

Kate botó distraídamente el balón.

-No sé de qué hablas – avanzó y se colgó de la canasta, haciendo mate.

Rodgers se puso debajo de ella y le cogió las piernas. Kate chilló de la sorpresa cuando él tiró de ella con fuerza para que terminase abrazándolo por la cintura con sus largas piernas.

-Oh sí, - murmuró mirando sus labios mientras la agarraba del culo para mantenerla - yo creo que sí – atacó sus labios con ganas, sorprendiéndola.

Adoraba cuando Richard pasaba de ser el chico tímido a ser el que tomaba la iniciativa.

Adoraba ese cambio en él, sin ser consciente de que ella era la causante de que cambiara.

-Mmmm – Kate enterró sus manos en el cuero cabelludo de Rick, como tanto le gustaba hacer y profundizó el beso, creando un dulce y apasionante baile con sus lenguas. – Rick… - suspiró, después de separarse para tomar aire. Rodgers la bajó al suelo pero sin soltarla, se inclinó para empezar a besar su cuello. – Ah… - a pesar de que su cerebro le ordenaba separarse, inclinó la cabeza dejándole más acceso. Cuando notó los dientes de Richard, mordiéndola, subió sus manos hasta el cabello de él y tiró levemente. – Los niños… - susurró ronca, totalmente por la excitación. Rodgers asintió y se separó de ella. Pero Kate le agarró de la sudadera y tiró para acercarlo a ella – Después – le besó dulcemente y Richard volvió a asentir con una sonrisa.


-¡Creo que voy a explotar! – exclamó Alice, echándose las manos al estómago una vez se sentaba en el sofá.

-¡Y yo! – su hermano mellizo la imitó, sentándose a su lado.

-¡Qué exagerados! Si no habéis comido nada… - Rick se agachó para poner en el DVD la película que habían elegido después de realizar un pequeño sorteo porque los hermanos no se ponían de acuerdo. Al final de todo, la película resultante fue Brave. A Rick le hizo gracia que Kate, esa chica que daba imagen de tipa dura tuviera una gran variedad de películas de niños en DVD. Y bien orgullosa que se mostraba sobre ello – Porque no había, que sino yo me comía veinte… - siguió diciendo una vez la dio a play y en la pantalla empezaron a aparecer los créditos iniciales de la película.

Los niños se rieron, al imaginarse a su nuevo amigo comiéndose 20 napolitanas sin parar ni descansar.

-¿Tú comes mucho? – le preguntó Jason, ya cogiendo más confianza con Rick.

-Muchísimo. Casi siempre estoy con hambre.

-Claro, porque es muy alto y muy grande – explicó Alice. Richard rio cuando vio que Jason asentía, viendo correcto el razonamiento de la pequeña.

Kate los observaba apoyada en el marco de la puerta, también sonriendo, sin poder evitarlo al ver cómo Rick se manejaba con los niños.

-Cuando sea mayor quiero ser como Rick – anunció el niño, haciendo que Richard inflara el pecho con orgullo sonriendo – Igual de alto y de grande. Quiero tener todo grande – exclamó, alzando las manos.

-Rick, ¿tú lo tienes todo grande? – preguntó la niña, bastante curiosa.

Richard se desinfló al escuchar eso y Kate se aguantó las carcajadas que amenazaron en salir.

-Eh… - tragó saliva, poniéndose rojo.

¿Cómo era posible que unos críos de seis años pudieran ponerlo en una situación incómoda tan fácil?

Incómoda para él, puesto que ellos con su inocencia no entendían por qué se ponía rojo y Kate se lo estaba pasando en grande, riéndose sonoramente.

-Sí – interrumpió Kate, contestando por él. Avanzó hasta ellos y le cogió de la mano. – Lo tiene todo grande – le miró y le guiñó un ojo. Richard sonrió nervioso. – Venga chicos, estad atentos a la historia de Mérida, que es una de mis favoritas – tiró de Richard para abandonar el salón.

-Quédate con nosotros para verla, Kate – le pidió Jason, cogiéndola de la mano cuando pasó por su lado. Alice ya no hacía caso de nada, estaba enfrascada en la película con los paisajes y la música escocesa.

Kate sonrió y le revolvió el pelo.

-Ahora volvemos, ¿vale? – el niño asintió y bostezó ligeramente, uniéndose a su hermana para ver la película.

Kate tiró de Rick y lo llevó a la cocina.

-Dices de mí, pero ese niño sí que está obsesionado contigo – se apoyó en una de las lujosas encimeras de la cocina y la miró, mientras ella llenaba dos vasos de batido de chocolate.

-Es solo un niño – frunció el ceño cuando le dio uno de los vasos y bebió, echando a lo lejos un vistazo para vigilar a los niños.

-Un niño que está celoso porque estoy aquí contigo y te quiere ya a su lado. Te está esperando impaciente… - dijo, dando un sorbo largo a la bebida.

-Está a punto de dormirse y su hermana estará igual – Rick la miró interrogativo. – Con todo lo que han corrido… una vez merendados y en ese sofá tan cómodo caerán rendidos en cero coma – explicó, bebiéndose el resto de batido que le quedaba. Sonrió y le miró, enarcando una ceja - ¿Es que acaso estás celoso, Castle?

-¿Celoso yo? – respondió enseguida, sin reaccionar aun al nuevo mote al que ella se estaba aficionando y al que él ya comenzaba a acostumbrarse. – Ja… tonterías… - bebió de golpe el batido, también acabándoselo, tratando de evitar con la mirada a Kate.

Sin embargo, ella le seguía mirando y cuando observó el bigote de chocolate que se hizo, no dudo en acercarse y limpiárselo con su lengua para después atrapar su labio de arriba. Rick se inclinó para acomodarse mejor pero no le dio tiempo porque Kate se separó rápido, pícara. Alzó las cejas y se fue al salón dejándolo de nuevo excitado y con ganas de más. Suspiró y la siguió.

No obstante, cuando entraron, ella alzó una mano para clavársela en el pecho, obligando a que se detuviera.

-No hagas ruido – le susurró y avanzó sigilosa.

Rick la imitó hasta quedarse enfrente del sofá con los niños. Allí estaban ellos, apoyando las cabezas uno encima del otro, haciendo caso omiso a la película porque estaban completamente dormidos. Kate sonrió al verlos tan monos y se apresuró para apagar la tele y evitar que se despertaran.

-Ayúdame a tumbarlos – susurró, acercándose a ellos.

-¿Dónde? – le imitó en el tono de voz.

-Aquí mismo, en el sofá – le indicó, mientras tumbaba a Alice y Richard le ayudaba con Jason. Se quedaron quietos cuando ambos se removieron, pero no se despertaron. Se abrazaron mutuamente para seguir durmiendo tranquilamente.

-Aquí se pueden caer.

Kate frunció el ceño y cogió los cojines para atraparlos y evitar que se cayeran. También puso unos cuantos en el suelo. No se quería arriesgar a transportarlos a alguna cama y que se despertasen. La señora Mayer le advirtió que se despertaban con el mínimo movimiento.

Rick divisó una pequeña y fina manta y la echó encima de los pequeños cuerpos. Aunque aún no hacía mucho frío, era cierto que ya no podían ir en manga corta. Además, quería prevenir que se constiparan después de lo que habían sudado. Se agachó y los arropó mejor.

Kate se quedó maravillada al verlo tan atento. Un tirón en su bajo vientre y una presión en el pecho le hicieron alertarse de lo que estaba sintiendo en ese mismo instante. Negó con la cabeza, intentando despejarse de la ráfaga de sentimientos que la estaba invadiendo al verlo tan pendiente de los niños.

Rápida, se alejó del salón para meterse de nuevo en la cocina. Se apoyó en el mármol reluciente de una de las encimeras y respiró profundamente para después soltar todo el aire que estaba reteniendo en sus pulmones.

Esto no podía estar pasándole. No ahora. No con él.

-¿Sabes? Esta cocina me suena muchísimo – Richard entró sin ser consciente de que Kate había dado un respingo del susto. – Como si hubiese estado antes – explicó, posicionándose a su lado, dejándose caer en el mármol.

Desde que había pisado pie en esa estancia no paraba de darle vueltas.

Kate le miró confusa.

-¿No estuviste aquí la última vez?

-No – negó con la cabeza-, sólo estuve en la entrada, en el piso de arriba y tu cuarto. Pero es que tengo la sensación de haber estado aquí en tu casa antes. Incluso en tu barrio – Kate se cruzó de brazos y frunció el ceño, intentando comprenderle. – Es que me pasó algo gracioso… - Richard rio haciendo aspavientos con la mano- Una vez, en una entrevista de trabajo mi madre me hizo venir para cocinar. Haciéndome pasar por ella.

-¿En serio?

-Te lo juro. Y la mujer por pocas me pilla. Me tuve que esconder detrás de una encimera como si fuera un ninja.

Kate rio, imaginándose la escena. Richard tirándose al suelo rápidamente para evitar ser descubierto y su madre actuando teatralmente para disimular y salir airosa de la situación.

-De hecho es que la cocina tenía esta misma distribución. Me tuve que esconder así.

Richard empezó a recrear la escena a la perfección. Kate, que hasta ese momento se estaba riendo, se quedó pálida cuando cayó en lo que estaba sucediendo. Richard le estaba contando lo que hizo su madre en la entrevista de trabajo para su casa. Por eso decía que le sonaba tanto su casa. Él había estado antes.

Mierda.

Tenía que distraerlo para evitar que llegara a lo mismo que ella y descubrir que su madre trabajaba para ellos.

Así que en mitad de su representación, le cogió de la mano y tiró de él.

-Ven, te quiero enseñar algo.

-Oh… -Rick se paró de golpe. Tragando saliva.

-No es lo que piensas – Kate rio negando con la cabeza.

-Ah… ¿cómo…?

-Te has puesto tenso – volvió a tirar de su mano para reanudar la marcha.

Richard obedeció como un niño pequeño y se dejó guiar por Kate. Para qué mentir, le encantaba que ella le cogiera de la mano. Encajaban tan bien… Le encantaba poder tener su diminuta y fina mano entrelazada a la suya.

Salieron al pasillo y Kate abrió una puerta. Encendió la luz y dejó que pasase primero. Rick parpadeó varias veces hasta acostumbrarse a la fuerte luz que iluminaba esa habitación gigante que olía un poco a humedad.

-Es mi pequeño bebé.

Beckett se movió libremente por la sala hasta llegar a un gran bulto debajo de una gran manta. Richard la siguió tras haber echado un vistazo y adivinar que esa sala era el garaje de los Beckett.

-Me ha costado mucho sudor y esfuerzo – siguió diciendo Beckett – Pero a no hay nada que se me escape ni se me resista… - se inclinó y destapó el gran bulto. Richard exclamó sorprendido.

-Wow – se llevó las manos a la boca, maravillado ante tal preciosidad. - Eso es una…

-Harley Softail… - empezó a decirle pero Rick se le unió.

-1994 – dijeron a la vez. Kate sonrió y acarició el manillar.

-¡Qué pasada! – se acercó para también acariciarla. - ¿Puedo? – le pidió permiso, señalando el asiento. Ella asintió, sonriendo al verlo tan feliz, como un niño pequeño en el día de Navidad a punto de recibir los regalos. – Oh, Dios mío. Qué puta pasada – exclamó mientras se sentaba y agarraba el manillar.

-Mis padres se pusieron histéricos cuando la vieron – rodó los ojos cuando recordó la charla o más bien amenaza de que ya podía tener cuidado con la moto, llevar siempre el casco y conducir responsablemente para evitar accidentes. Ni que ella fuera una niña pequeña.

-Es preciosa… - continuó, acariciando todo el tapiz negro que recubría la motocicleta. – Te ha debido de costar una fortuna.

-Llevo desde los 15 años trabajando y ahorrando. Esta ha sido mi recompensa.

-Uah… ¿me dejarás conducirla? – preguntó, con un brillo en los ojos.

-¿Conducirla?

Kate rio y decidió subirse en su regazo. Rick la recibió gustoso. Beckett entrelazó sus manos detrás del cuello del joven, que poco a poco cambiaba su mirada al tenerla tan cerca.

-¿Qué pasa? – susurró, totalmente enfrascado en la mirada verdosa de ella.

-No sabes conducir un coche, te voy a dejar conducir mi moto – le contestó en el mismo tono sin darse cuenta, mientras le acariciaba la nuca.

-Estoy seguro de que te puedo hacer cambiar de opinión – manifestó, seguro.

Kate esbozó una sonrisa y apoyó su frente contra la suya.

-Sorpréndeme.

Richard sonrió y se relamió los labios.

Minuciosamente, empezó a besarle los pómulos. Era tan guapa. A pesar de no llevar a penas maquillaje siempre le resultaba preciosa. Su piel era tan suave. Era tan adicto a ella y a tocarla. Dibujó un camino con sus besos hasta bajar a su cuello. Profundizó los besos hasta llegar a donde latía más su pulso. Beckett echó la cabeza hacia atrás para dejarle más acceso. Jadeó con fuerza cuando notó como Richard le succionaba la piel y le mordía con picardía.

Richard le miró travieso y voló sus manos hasta depositarlas en el trasero de Kate para estrujarlo con fuerza y arrimarla a su paquete, el cual comenzaba a crecer debido a la excitación. Kate gimió cuando lo notó duró.

Fijó su mirado en los labios entreabiertos de ella y no dudó en asaltarlos para comenzar un nuevo baile con sus lenguas. Beckett enterró sus manos en el cabello de él y le dio pequeños tirones a la vez que ella tomaba el control de la situación y era quien mandaba en el beso. Él, sumiso totalmente a ella, siguió el ritmo que le marcaba. Jadeó cuando ella, con fuerza, le mordió el labio inferior.

-Vamos a mi habitación – le susurró, totalmente cachonda y le succionó el labio para darle un casto beso. Le agarró su creciente erección y Rick se puso de pie como un resorte, con ella enganchada a su cintura.

-Tus deseos son órdenes para mi.


Llegaron a trompicones y cerraron como pudieron la puerta. Richard sentía que estaba en el mismo Paraíso de Dante. Había recreado la escena que soñaba una y otra vez. Subir a la habitación de Kate con ella enganchada a su cuerpo.

Ambos cachondos.

Dispuestos a todo.

La dejó con delicadeza sobre la cama y se irguió hacia ella, siguiendo sus labios puesto que ella le había atrapado el labio inferior.

Rio cuando notó la desesperación de Beckett, colando sus manos por debajo de su sudadera y camiseta para poder sentir su piel. En un abrir y cerrar de ojos, había conseguido agarrar el filo de las prendas y se las había quitado.

Richard adoró la mirada de lujuria que ella le dedicó cuando volvió a pasar sus manos, esta vez por su torso totalmente desnudo. Acariciando sus pectorales y siguiendo con sus dedos la forma definida de sus abdominales. Su piel se erizó, deseosa de recibir más atención. Atención que demandaba a gritos su enorme erección. Kate abrió las piernas para abrazarlo por la cintura, dejando que los sexos de ambos encajaran a la perfección de no ser por la tela que los separaba. Rodgers se rozó adrede contra ella, pillándola por sorpresa.

-Ah… - gimió cuando lo notó tan duro contra su sexo. Si él supiera lo húmeda que ya estaba…

Volvió a atrapar su cuerpo cuando se inclinó para besar sus finos labios, que estaban hinchados por la excitación de los besos y mordiscos que se habían dedicado mutuamente. Viajó de nuevo para parar sobre su cuello y volver a succionar su piel. Seguro que le dejaría marca y cuando se enterase volvería a tirar de su oreja como hizo hoy. Pero no le importaba. La tenía entre sus brazos, debajo de su cuerpo. Toda para él.

Kate clavó sus uñas en la amplia espalda de Rick y volvió a gemir sonoramente. Richard rio y le besó para acallar sus gemidos.

-Sshh… Vamos a despertar a los niños – susurró contra sus labios.

Kate sonrió y en un rápido movimiento dejó a Rick debajo y a ella arriba. Se quitó la sudadera hábilmente, quedándose en sujetador. Rodgers la paró cuando ella iba a desabrochárselo.

-Quiero hacerlo yo – le pidió, comiéndosela con la mirada. Kate asintió, dándole permiso.

Con un poco de torpeza, Richard consiguió desabrochárselo y sonrió embobado cuando los pechos de Kate le saludaron con los pezones erectos por la excitación. Sus pechos eran perfectos.

-No muerden, Rodgers – rio ella, sacándolo de su ensoñación.

Rodgers la agarró de la cintura para tumbarla debajo de su enorme cuerpo y atrapó uno de sus pezones con fuerza con la boca. Lo relamió y lo mordió, arrancándole varios gemidos fuertes a Kate. Justo como había soñado muchas veces en sus sueños con ella.

Beckett, nerviosa y desesperada por hacer más, arañó toda la amplia espalda del joven hasta llegar a su culo y estrujárselo con fuerza a la vez que él dedicaba toda su atención a sus pechos.

-Hey… - rio subiendo hasta llegar a sus labios y depositar unos suaves besos. – Te noto algo ansiosa…

-¿Y tú? – Kate bajó su mano hasta llegar a su erección y la cogió para estrujarla. Rick se removió incómodo.

-Dios mío, Kate… - la besó desesperado a la vez que alzó sus caderas para restregarse de nuevo contra ella. Atrapó un pecho con su mano, haciéndola gemir de nuevo – Me vuelves loco – le confesó, mirándola fijamente a los ojos.

Kate se quedó callada y quieta. Disfrutó de la mirada que le estaba dedicando Richard. En sus ojos oscuros por el placer pudo contemplar el gran cariño que le tenía a través de un leve brillo. En su interior volvió a surgir ese revuelo de sentimientos. Se contrajo, sintiéndose abrumada. Sólo pudo sonreír con sinceridad. Carraspeó para despejar su mente y decidió alcanzar el botón del vaquero de Richard. Lo desabrochó con eficacia mientras recibía gustosa la lengua de Rick en su boca.

Richard no cabía en su felicidad.

Iba a suceder. Y con ella.

Rodgers le acarició la mejilla sonrojada por la excitación y besó la punta de su nariz cuando notó una vibración fuerte en su pene. Contrariado, miró hacia abajo. Kate se empezó a reír a carcajada limpia al verle la cara.

-¿Pero qué…? – Richard se echó a un lado, aun notando la vibración en sus partes.

-Es… - Kate carraspeó, aun riéndose de Rick. – Mi móvil… joder – maldijo el dichoso aparato por haber roto el momento, así que metió la mano en su bolsillo y se lo enseñó. La estaban llamando y por eso vibraba. – Qué poco te gusta la vibración, Ricky – intentó ponérselo en el culo pero Rick protestó.

-¡Eh! – se quitó de encima suya, quedándose a su lado para esquivar el móvil ante las risas de Kate.

-Qué aburrido – se mofó.

-¿Pero quién demonios te llama ahora? – protestó, en parte bastante ansioso de continuar. - Cuelga – le alegó, pero Kate miró la pantalla e hizo una mueca.

-Mierda, no puedo. Es… es la señora Mayers.

Empujó a Rick, que había intentado retomar su sitio y se levantó como un resorte para vestirse.

-No me jodas – Rick palideció, sabiendo lo que no ocurriría a continuación.

-No puedo colgarle. Seguro que quiere hablar con los niños – informó, mientras se abrochaba el sujetador hábilmente y se ponía como podía la sudadera.

-Kate… - lloriqueó, tumbado en la cama, señalándose la erección que lo estaba matando por dentro poco a poco.

-Lo siento… yo… yo también estoy bastante cachonda… Joder… - bufó resignada y tras dedicarle una última mirada decidió descolgar la llamada. -Señora Mayers, sí…- empezó a hablar mientras abandonaba la habitación, dejándolo con una dolorosa erección.


Volvió a mojarse la cara. Había perdido la cuenta de cuántas veces lo había hecho. No. No era un jodido sueño. Parecería paradoja pero ahora mismo estaba deseando que fuera uno. Y joder, que no. No se le bajaba.

-Vamos… - se acarició por encima del bóxer. – Joder, pequeño Ricky. No quiero acabar pajeándome en el baño de Kate… -musitó, hablándole a su pene, siendo lo más normal del mundo.

Decidió volver a mojarse el pecho y la nuca. Si no fuera porque estaba en casa ajena se metería en la ducha y se ahogaría en una buena lluvia de agua fría. Sin embargo, ahí estaba, casi desnudo de no ser por seguir en boxers. Echándose agua fría para que se le pasara de una vez por todas el calentón, mientras Kate estaba abajo con los niños.

Pero su mente recreaba una y otra vez los pechos de Kate. Su piel suave, sus pezones. Después los jadeos y los gemidos de ella. Sus besos, sus labios, su lengua. Sus ojos con esa mirada traviesa y llena de lujuria. Y eso no bajaba. Sus pensamientos no le ayudaban para nada.

Decidió llenar el lavabo de agua y ponerle el tapón, para así meter la cabeza y aguantar la respiración. Si dejaba de pensar, podría recuperarse. Y así lo hizo. A la primera no surgió efecto pero al repetirlo ya comenzaba a bajarse. Tomó bocanadas de aire y volvió a lavarse la cara. Sonrió, consiguiendo su objetivo.

-Muy bien, a la próxima te prometo que esto no acabará así.

Cogió la toalla y se secó el torso y la cara. Se removió el pelo y salió a fuera al pasillo cuando escuchó la puerta principal abrirse y los niños gritando "mamá". Dio un brinco y fue corriendo a encerrarse en la habitación de Kate. Lo que le faltaba ahora era que la vecina cotilla de Kate entrase en su casa y lo viera en paños interiores. Se vistió a prisa y corriendo. Al menos no eran los padres.

Justo cuando acabó de ponerse la sudadera y se había abrochado los pantalones, agudizó el oído para poder escuchar cómo Kate se despedía de todos y cerraba, soltando después un gran suspiro sonoro. Él, inconscientemente, cuando escuchó la puerta cerrarse también había soltado un gran suspiro de alivio. Su móvil sonó, avisándole que tenía un mensaje y sonrió respondiendo.

Así lo encontró Kate, que estaba de espaldas a ella.

-Por fin solos – susurró ella, provocativa. Se había enganchado a su cuerpo, abrazándolo por detrás y dejando sus manos en los pectorales dotados de Richard.

Empezó a besarle la nuca hasta que le rodeó y le robó un beso.

-Diablos Rick, ¿qué pasa? – protestó, ofuscada porque Richard no le prestaba atención. Seguía enfrascado en escribir. Miró el móvil y lo entendió todo. Se mordió los labios, sintiendo un fuerte pinchazo. – Oh… es… Meredith – se apartó de él y se echó el flequillo hacia atrás, tratando de disimular ese ataque de celos que estaba sufriendo tan fugaz.

-Es que quería que hoy fuese a su casa para ayudarle con filosofía pero como había quedado contigo le he dicho que mejor mañana. Ya las horas que son… – se guardó el móvil en el bolsillo y dio una palmada, haciendo ver que ya estaba listo. Pero esta vez, cuando fue a besarla, ella se apartó. - ¿Qué pasa? – preguntó, extrañado.

-A mi no me tienes que dar ninguna explicación – salió de su habitación y comenzó a bajar las escaleras, dejándolo ahí plantado. Richard fue detrás de ella.

-¿Kate? ¿Pero qué…? – no entendía nada. De repente había cambiado de actitud y huía de él. -¿Qué pasa? ¿Te ha molestado? ¡Eh! – salió detrás de ella, siguiéndola y le cogió del brazo justo en los últimos escalones. - ¡Ah…! – exclamó cuando ella se giró y lo miró furiosa. Ella creía que disimulaba bien, pero Richard, que le encantaba escrutar su mirada para saber el su estado de ánimo. La caló enseguida. - Ya sé lo que te pasa… ¡Tú estás celosa! – sonrió triunfal y adorando esa pequeña muestra de celos.

Si estaba celosa es porque sentía algo por él.

-¿Qué…? Mira, Rodgers – endureció el tono – tú y yo no somos nada. No estamos atados. No somos exclusivos. No me tienes que dar ninguna explicación. Cada uno puede estar con quien quiera– y no hay por qué tener celos… pensó. Había dicho todo eso para escucharse en voz alta e interiorizarlo mejor, dejando a Richard totalmente desconcertado.

-Kate… - frunció el ceño, la siguió bajando por fin las escaleras e intentó de nuevo cogerle el brazo, pero ella se apartó de su lado.

No lo entendía. Era como todo lo que había conseguido y habían hecho juntos ahora no servía para nada. Como si no hubiera pasado nada. Kate estaba reacia a su contacto.

Justo cuando iba a empezar a pedir explicaciones, la puerta se abrió, dejándole ver cómo una mujer bastante parecida a Kate entraba en la estancia cargada con un maletín.

-Oh… - la mujer parpadeó al ver a Richard y sonrió. – Kate… no sabía que habías invitado a tu amigo – la mujer cerró la puerta y se aproximó a ellos.

-Mamá… - dejó que su madre le besara la mejilla y que después se la acariciara. Rodó los ojos, algo avergonzada por la muestra de afecto delante de Rodgers.

-Siempre tan orgullosa… - negó con la cabeza y observó detenidamente al joven apuesto que tenía delante, convertido totalmente en un manojo de nervios. Su cara le era extrañamente familiar. Volvió a negar con la cabeza y miró a su hija. - ¿Y bien? ¿No me lo vas a presentar?

Kate suspiró.

-Este es Richard, Richard Rodgers. – soltó sin caer en que había dicho su apellido. Su madre, astuta, sonrió estableciendo relaciones. - Rick, esta es mi madre, Johanna Beckett.

-En… encantado, señora Beckett – Rick alzó su mano para estrechársela pero la mujer se lanzó a darle dos besos. Rick enrojeció violentamente.

La madre de Beckett era Kate pero en mayor. No era que pensaba que le ponía pero realmente era guapísima y su hija era clavada a ella. Era como ver dos gotas de agua. Las dos eran de la misma estatura y tenían el mismo color y look de cabello. Solo que Johanna algo más corto que Kate.

-Oh, por favor. Llámame Johanna, Rick.

-De... de acuerdo – sonrió avergonzado cuando Johanna le acarició el brazo.

-Tú eres el chico que le ayuda a estudiar… – afirmó achicando los ojos. Rick asintió y miró de reojo a Kate, que se mordía una uña. - ¿Quieres quedarte a cenar? –le ofreció, sin ser consciente de la tensión que existía ese momento entre los dos jóvenes.

-Oh, no…

-Mamá, Rick se iba ya – interrumpió Kate, seria. Richard la miró y alzó las cejas, preocupado por ella y por su cambio repentino de actitud a partir del mensaje de Meredith.

-Ah, entonces te acercamos a casa. – Kate se acarició la frente para disimular la vena enfurecida. Su madre no estaba jugando a su favor. Desde que lo había visto sonreír por el mensaje de Meredith estaba atacada de celos, le gustara admitirlo o no. Quería perderlo de vista rápidamente - ¿Dónde vives?

-En Brooklyn pero… no hace falta en serio. He venido en bici.

-No nos cuesta nada acercarte, Richard. ¿Qué menos por ayudar a mi hija? Además, así podemos conocernos mejor.

-Bueno… - Richard finalmente accedió a pesar del gran suspiro de Kate.


-Aquí es. Ha sido todo un detalle que me acercaras, Johanna.

-Ah, no pasa nada Rick. Este viaje ha servido para compartir recetas – ambos rieron menos Kate. Que estaba de brazos cruzados. Odiando en esos momentos a su madre.

Había sido testigo de lo bien que Richard le había caído a su madre. Johanna se había dedicado a bombardearle a preguntas hasta que dieron con el tema de conversación de la comida. Fue entonces cuando Richard entró en confianza y le confesó que sabía cocinar y su madre se entusiasmó. Tanto que no pararon de compartir recetas.

Richard salió del coche para sacar su bicicleta y Johanna miró a Kate.

-No sé qué os pasa, pero baja y ayúdale.

-Mamá…

-Katie, acompáñale hasta su casa, venga, no seas tonta.

Resopló y salió del coche. Lo rodeó hasta dar con la parte trasera y ayudó a Richard en sacar la bicicleta.

-Qué maja tu madre – comentó mientras empezaron a caminar hasta su casa.

-Sí, te la has camelado con el tema de cocina – respondió secamente y se pararon cuando llegaron al portal de Richard.

-Kate…

-Buenas noches, Rodgers.

Fue a darse la vuelta pero Richard la paró. Le cogió de la mano y tiró de ella para poder acercarse y depositar un pequeño beso cerca de la comisura de su boca. Un pequeño beso que le sirvió a olvidar un poco su tonto enfado. Sobre todo con esa mirada llena de cariño que le dedicó y la cálida caricia que sentía en su mano. Carraspeó al sentir cómo crecía el calor en su interior y estoicamente, volvió al coche con su madre.

-¿Cuándo le vas a decir a tu novio que su madre trabaja para nosotros? – le asaltó su madre nada más entrar.

-Mamá – Kate se quedó bocabierta. – No es mi novio.

-Pero te gusta.

-Mamá…

-No era una pregunta – alzó los brazos y arrancó el coche. Kate se quedó mirando como Rick entraba la bicicleta y después se quedaba mirándola con cara de apenado. - ¿Sabe que nos vamos?

Kate frunció el ceño y le miró con enfado.

-No, porque yo no me voy a ir.

-Katie… Ya hemos hablado de eso…

-Mamá – le cortó antes de que empezara a explicarle por décima vez el tema. -Volvamos a casa.


¿Qué estará pasando con Kate?

Muchas gracias por seguir leyendo y dejándome reviews ;)