Esto que diré tiene un lugar alto en mi lista de descuidos porque pude haber publicado este capítulo hace mucho pero no lo hice porque me olvidé que lo terminé al mismo tiempo que el anterior, que fue hace casi dos meses… Bueno, al menos tengo algo que poner considerando que no tengo mucho tiempo (tampoco) este mes para escribir sobre esta historia en particular (porque implica primero leerla, le perdí el ritmo)


Cuatro jinetes del apocalipsis

Estaban esperando, el tiempo en que recuperarían sus nombres había llegado y su papel en el gran plan volvía a tomar relevancia. Desde que aparecieron ocho años atrás desde los laboratorios de la iglesia Hyakuya bajo el disfraz de quimeras habían logrado en poco tiempo conquistar el mundo usando a los vampiros como distracción. Su digna figura sufrió por esa decisión pero la satisfacción de la misión cumplida les bastó para continuar.

La única característica que compartían con la imagen que fue inmortalizada de ellos miles de años atrás, durante la primera llegada, era su color blanco. Ni siquiera el nombre de Conquista que compartieron durante esa batalla permaneció y en su lugar solamente su condición como jinetes del apocalipsis era reconocida.

Uno a uno se dirigieron al punto donde las trompetas sonarían por segunda vez partiendo en diferentes intervalos de tiempo para llegar simultáneamente desde todos los rincones del país. Ignoraron a los humanos que anteriormente les sirvieron de alimento y manteniendo sus cuerpos pegados al suelo rodearon la ciudad de Nagoya sin ser percibidos. Era la primera vez desde hace ocho años que se veían en necesidad de usar la mente colectica.

Tres de ellos ya estaban dentro del terreno elegido escoltando a uno de los serafines cuyo cuerpo había sufrido a manos del ejército del maligno y los necesitaba para que pudiera cumplir su papel abriendo la puerta del abismo.

Pronto la tierra volvería a ser purificada.


Las piezas se estaban moviendo en orden haciendo que Mahiru sonriera. Sentada en el espacio vacío al cual estaba confinada desde que se convirtió en un demonio se puso a jugar con el cabello del durmiente Guren en su regazo mientras repasaba su plan. Le causaba gracia como Saitou ingenuamente creía que estaba ayudándolo aunque le molestaba un poco lo fácil que fue engañar a su hermanita.

"Fue para lo mejor"

Pensó indignada por lo fácil que fue descubrir su línea de comunicación con Shinya e interceptarla haciéndolo creer a ambos que seguían enviándose mensajes mutuamente cuando era ella quien lo hacía. Estaba segura de que había preparado a Shinoa mejor para descubrir ese tipo de engaños y tuvo suerte que la descubrió antes de Kureto o de lo contrario estaría avanzando a ciegas.

"Quiero que presencie el mundo que estoy tratando de crear y que quiero que forme conmigo y Guren... ¿debería dejar de invite a un amigo suyo?"

Una duda asaltó su mente a lo cual elevó su vista al cielo de colores cálidos antes de cerrar los ojos y tomar posesión sobre el cuerpo de Guren. Necesitaba asegurarse de que Krul cumpliera su parte del trato y llevara a los vampiros que debían sacrificar para poder hacer que las trompetas del apocalipsis se tocaran en el orden correcto.

– Este mundo desaparecerá y será remplazado por el mundo perfecto que siempre he soñado.

Murmuró antes de abrir los ojos mirando los estantes a su alrededor. Tomando como una buena señal que durante el tiempo que permaneció ausente nadie hubiera descubierto su ubicación en ese supermercado tomó una linterna cercana antes de salir para continuar con su misión.

Era tiempo de dejarle un mensaje a su socia.


Con las piernas cruzadas y dando golpes con su dedo sobre su trono Krul trataba de ocultar su ansiedad. Pronto llegarían a Nagoya donde debería negociar con los nobles locales usando parte de su ganado e intentar lograr la unión necesaria para derribar al ejército humano. Sin embargo por más que tratara de enfocarse en ello no podía acallar la voz detrás de su cabeza que le murmuraba que era el momento de que actuara conforme al trato que hace ocho años realizó con Mahiru Hiragi.

"Alimentar a los serafines"

Pensó mirado al grupo de vampiros que la acompañaban en el avión y visualizando los tantos otros bajo su mando. Si sus cálculos eran correctos serían más que suficientes para garantizar que tras la batalla pudiera recuperar a Asura pero descartó la idea, a menos que volviera a ser contactada no sabría a donde movilizarlos o tendrías garantías de que cumplirían lo prometido.

Una vez que se dio cuenta de la mirada burlona de Ferid cerró los ojos ignorándolo hasta que el avión aterrizó en lo que anteriormente debió haber sido un parque. Subiéndose a un automóvil se preparó para dar sus órdenes cuando vio una sombra la distancia haciéndole señas con una linterna.

"Aeropuerto" Leyó el mensaje escrito en clave morse que solamente ella alcanzó a ver debido a su posición haciéndola fruncir el ceño un momento confundiéndose ante las siguientes palabras. "Serafines, Mahiru"

Sin esperar respuesta de su parte la sombra desapareció captado la atención de algunos de sus súbditos que fueron detrás de él. Por su parte Krul desconfiaba de la identidad del mensajero sin estar segura si creer o no de que en verdad iba por parte de Mahiru.

"Si es una trampa de los humanos servirá para disminuir sus fuerzas, si no lo es estaré más cerca de mi objetivo"

Con ese pensamiento en mente extendió su mano izquierda para ganar la atención de los presentes y comenzar a avanzar rumbo al aeropuerto.

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El tiempo estaba cerca y manteniendo sus sentidos agudizados siguió la trayectoria del quinto serafín escoltado por Conquista. Junto con Guerra habían hecho un buen trabajo preparando al mundo para que los serafines toquen sus trompetas dando inicio a la batalla definitiva. Hambruna, aunque desconocedora de su papel, también estaba trabajado según lo previsto y confiaba que en esta última fase seguiría con su labor.

"Solamente falto yo"

Pensó Shikamadoji desviando su energía para fijarse en la humana en cuyo cuerpo residía y quien pronto debería usar a plenitud para asegurarse de que todo encaje, y la muerte que representaba tomara su papel en el renacer profetizado.


A modo de resumen: Hay cuatro jinetes del apocalipsis los cuales son Conquista (los jinetes del apocalipsis que la serie nos presentó), Guerra (que aquí es Mahiru), Hambruna (que representé con Krul) y Muerte ( Shikama doji o mejor conocido como Shi- chan, el demonio de Shinoa)