CAPITULO 13

Alec llegó a su casa y como ninguno de sus hermanos había llegado aún decidió encerrarse en su habitación y dejarse caer sobre la cama. Al día siguiente tendría clase de expresión y comunicación, y no sabía que iba a hacer. No quería ignorar a Magnus, pero tampoco sabía cómo debía tratarlo. Normalmente él se dejaba guiar por las decisiones de su corazón, pero en ese momento su corazón le pedía cosas que él no podía hacer, así que por primera vez se vio obligado a elegir según su mente. Y su mente le decía una y otra vez que debía luchar por esconder lo que sentía por el moreno, que debía enterrarlo en alguna parte, y debía tratar de seguir con su vida. Y no solo por él, por todos, para hacerle a Magnus las cosas más fáciles mientras éste buscaba la felicidad de Jace.

Pero de todos modos no podía ignorar lo que sentía, y pensó en que no había nada de malo recordar los buenos y malos momentos en la intimidad de su habitación. Sabiendo que le haría daño, pero justificándose en que lo necesitaba., sacó su celular y reprodujo la canción que le cantó a Magnus en su cita. Aquella en la que, irónicamente, Jace había participado con su talento en el piano.

Alec escuchó la letra. Todo era verdad, era lo que él sentía, y probablemente así sería por el resto de si vida. Pero debía ocultarlo.

Programó la canción para que esta se reprodujera automáticamente y cerró los ojos. No se dio cuenta en que momentos e había quedado dormido hasta que el ruido de la puerta principal lo despertó. Alguien había entrado.

-¿Izzy?- Preguntó mientras detenía la canción.

-No- Respondió la voz de Jace. Alec detuvo la canción, dejó su celular sobre la cama, y salió de la habitación para encontrarse a Jace en el corredor con una gran caja purpura en sus manos. Alec miró curioso el objeto.

-¿Qué es eso?- Preguntó. Jace bufó.

-Esta cosa se robó toda la atención- Dijo quejándose. Alec no entendía de qué hablaba por lo que el rubio decidió continuar- Magnus y yo salimos a dar una tranquila caminata por la ciudad- Contó. Alec asintió escuchándolo y se recargó en el marco de su puerta. No era muy bueno fingiendo, pero nunca había tenido que hacerlo en realidad por lo que probablemente Jace no lo notaría- Yo propuse ir a comer helados en un parque, algo tranquilo donde pudiéramos hablar-

-Buena idea- Comentó con una punzada en su pecho. Ya no habrían más lattes o mas espressos. Ahora serían helados.

- Pero entonces apareció esto- Jace levantó la caja y la miró frunciendo el ceño- Magnus quedó como hechizado, y ya no pude hacer nada- El rubio bajó la caja al suelo y quitó la tapa. Casi inmediatamente Alec dio un salto hacia atrás al ver a un pequeño gato salir de la caja.

- Una rata- Dijo Jace. Alec sonrió ante tan pequeña y tierna criatura.

-Es un gato-

-Parece rata- Replicó el rubio y le lanzó una fría mirada al animal- Acaparó la atención de toda la tarde. Jace se agachó y levantó un montón de tela de colores que había dentro de la caja, Alec miró con detenimiento de que se trataba y sonrió al distinguir pequeños chalecos, corbatines, y sobreritos brillantes- Magnus se emocionó y me obligó a recorrer todas las tiendas de mascotas. E incluso me dijo que él mismo le haría más- Alec estiró una mano y tomó un fedora plateado, idéntico al que Jace tenía en su habitación solo que este era más pequeño.

- Es hermoso- Comentó Alec. El pequeño gato miró curioso a su alrededor, y al ver al ojiazul se acercó y restregó su piel contra la pierna del chico. Alec levantó al pequeño animal, de todos modos era tan pequeño que cabía en una sola de sus manos, y le puso el fedora. Jace acercó su rostro al del gato.

-Los mimos que tú recibiste eran para mí- Le dijo. El gato lo miró y le mostró los dientes. Jace frunció el ceño- Eres una rata- Alec alejó al gato de Jace.

-Oye, más respeto. ¿Y cómo se llama?-

- Presidente Miau- Alec volvió a sonreír- El nombre se le ocurrió a él. Y también me lo dio como regalo- Hizo una gesto hacia la caja- Junto con todo eso- Alec miró al gato en su mano. Presidente sacudió su cabecita tratando de acostumbrarse al sombrero brillante, y una vez que lo hizo usó su nariz para hacerle cosquillas en la mano del ojiazul, seguramente alguna especie de agradecimiento por la prenda.

- ¿Puedo quedármelo?- Le preguntó a su hermano precavido, de todos modos era un regalo de Magnus y tal vez Jace pensara conservarlo.

- No puedo hacerte eso, Alec- Le dijo su hermano- Esa rata es peligrosa, casi me aruña en más de una ocasión- Alec levantó un dedo y lo pasó suavemente por el rostro del gatito, quien ronroneó gustoso. Jace bufó- Quédatelo-

-¿Enserio?-

-Estoy viendo que esa rata podría comerme, pero en cambio parece que le agradas- Jace se giró y se encaminó a su habitación- Tengo tarea que hacer, suerte con el pequeño demonio- Entró a su habitación y cerró la puerta. Alec sostuvo a Presidente con una mano mientras con la otra levantó la caja y entró a su habitación. Dejó la caja a un lado y puso al gatito sobre su cama, donde este corrió a su celular y empezó a jugar con él. Alec se arrodilló en el suelo y lo miró enternecido. Tal vez no tuviera a Magnus, pero ahora tenía a alguien que le ayudaría a recordarlo para no sentirse solo.


Isabelle estaba en la biblioteca de la universidad terminando los bocetos para un bolso de mano cuando llegó un mensaje a su celular. Era de Alec.

"Nuevo integrante de la familia"

Y abajo había una foto de un pequeño gato con un brillante sombrerito plateado en su cabeza. Isabelle se puso de pie de un salto y sonrió ante la foto.

"Tengo que ver a esa cosa hermosa con mis propios ojos"

Y lo envió. Entonces recogió sus cosas, las guardó, y se encaminó de vuelta a casa. Estaba pasando por una librería cuando miró hacia la vitrina buscando revistas de moda y se encontró con la saga de "Star Wars" exhibida. Nunca le habían interesado esas cosas de nerds, pero el día anterior estaba estudiando en una mesa en la universidad cuando un grupo de amigos cercanos empezaron a hablar del tema. Al principio había querido ignorarlos, pero poco a poco la historia llamó su atención y para cuando ellos terminaron de hablar ella tenía su silla lo más cerca posible. Ahora, frente a la vitrina, se preguntó qué tan extraño sería que una chica con su apariencia comprara esos libros. Se encogió de hombros, echó un mechón de su cabello hacia atrás, y muy digna entró a la librería.

-Disculpe- Le dijo a la chica que atendía- ¿Dónde puedo encontrar la saga de "Star wars"?- La chica la miró con la sorpresa marcada en el rostro.

- Por allá- Señaló uno de los pasillos- Frente a los video juegos- Ella asintió y se encaminó al lugar. Frente al estante donde se suponía que debía estar la saga había un chico con la mirada baja leyendo la sinopsis que había en la parte de atrás de una de las portadas. Entonces él levantó la mirada y ambos se vieron. Isabelle detuvo su paso y se congeló en el lugar. Él era atractivo, usaba lentes y vestía una sudadera, pero sus ojos eran marrones y brillantes, y su cabello también marrón caía sobre su frente.

De pronto ella sintió algo parecido a una caricia en la parte de atrás de su cuello, y el cosquilleo la hizo reírse. Él también rió. Isabelle estaba consiente que los viera se extrañaría al ver a dos chicos reírse sin causa alguna, pero en ese momento era lo que menos le importaba. Ese era Simón, lo había encontrado, e hizo una nota mental de leerse toda la saga completa de "Star wars" en agradecimiento.

-Simón- De pronto una chica se acercó a él, rompiendo el momento- Encontré estos dos ¿Cuál te gusta?- Simón dejó de mirar a Isabelle para concentrarse en la chica, quien sostenía dos libros.

- El que quieras Maia- Respondió él.

-Creo que este se ve más genial- Opinó la chica y volvió para regresar el otro a su estante.

Isabelle se giró sobe sus talones y salió dela librería decidiendo que compraría la saga en otro momento. Ese era Simón, su alma gemela; pero no era idiota y podía reconocer perfectamente a una pareja cuando la veía. Hubiera podido quedarse y reclamar algo que el destino había elegido para ella, pero siempre creyó que no estaba hecha para el drama romántico.


Magnus, una cuadra alejado, miró a Jace caminar hacia su caja con la caja de Presidente en brazos. Y cuando el rubio entró y cerró la puerta el moreno borró su sonrisa y se dirigió a su casa. No todo el tiempo había estado fingiendo, en realidad había sido una tarde muy divertida viendo a Jace y a Presidente lanzarse miradas asesinas mientras el rubio refunfuñaba cargando la nueva ropa del gato. Pero la magia se había acabado al verse a una cuadra de la casa del rubio, donde sabía que también vivía Alec. De ahí en adelante fingió que todo seguía igual, pero las cosas no lo estaban en absoluto.

Llegó a su casa, entró y observó a Catarina dar vueltas por la cocina con el celular pegado al oído.

-Ella te estaba mirando de más- Decía su amiga con un ligero tono enojado- ¡Y tú no hacías nada!- Magnus se sentó en la mesa del comedor y observó a su amiga- Se supone que… ¡No, eso no!- Magnus no entendía nada de su conversación, pero por la forma en la que ella parecía divertirse discutiendo podía jurar que hablaba con Ragnor- ¿Sabes qué? Después hablamos- Y colgó. Dejó el celular en la encimera de la cocina y se giró para sorprenderse de ver a Magnus sentado ahí.

-¿Hace cuánto llegaste?- Preguntó.

- No hace mucho- Respondió el moreno.

-¿Estabas con Jace?- Le preguntó y Magnus asintió. Su amiga lo miró un momento en silencio antes de acercarse, sentarse en la silla junto a él y tomarle fraternalmente la mano- ¿Estas bien?-

-No- Él apretó la mano de su amiga- No, no estoy bien- Catarina lo miró con entendimiento, se hacía una leve idea de lo que el moreno estaba pasando y no debía ser bonito.

- ¿Estabas con Jace y no dejabas de pensar en Alec?-

- No- Magnus negó con la cabeza- Al contrario, estuve con Jace y solo pensaba en él, fue increíble, pero entonces lo acompañé a su casa y todo se derrumbó. Fueron horas destruidas en un segundo-

-¿Alec te vio?- Preguntó ella.

- No- Volvió a decir él- Pero verlo no es el problema, el problema es que solo pensar en él me dolió- Magnus soltó la mano de su amiga y se acomodó la bufanda en su cuello- Puedo pasar momentos increíbles con Jace, puedo usarlo como una especie de droga, pero una vez que ya no estoy con él en mi cabeza solo está Alec- Magnus miró hacia un lado, donde un dibujo de unas pirámides decoraba la pared- Una vez leí que una persona tiende a anhelar aquello que le es prohibido ¿Crees que eso es lo que me pasa?-

-Posiblemente- Concordó su amiga- Pero ¿Qué harás para cambiarlo?- Magnus volvió a mirarla.

-Nada- Le respondió- Puede que anhele a Alec, pero estoy con Jace. Él parece feliz, y Alec quiere que yo esté aquí. Todo el mundo está feliz con eso-

-¿Y tú?- Presionó ella.

-Yo quiero verlos a ambos felices- Ella estuvo a punto de replicar ante eso, haciéndole ver que no lucía exactamente como alguien feliz, pero miró la hora en uno de los relojes de la cocina y se puso de pie.

-Tienes que aclarar tus ideas- Le dijo- Creo que es mejor que subas y te recuestes un rato- Una chispa se encendió en el moreno, haciéndolo sonreír hacia su amiga.

- ¿Viene Ragnor, cierto?- Ella sonrió.

-Así es, y si eres mi amigo no bajarás al primer piso por nada del mundo hasta que yo te diga que puedes hacerlo- Magnus se rió y se puso de pie.

- Diviértanse- Le dijo y subió las escaleras para encerrarse en su habitación.

Una vez solo, sacó su celular y llamó a sus dos padres, pero ninguno contestó. Enojado lanzó el celular sobre la cama, necesitaba un consejo, necesitaba que esos dos seres que lo habían depositado en el mundo y que conocían su vida y su secreto llegaran y lo escucharan. Hacía mucho que había dejado de ser un niño, tal vez incluso hacía más tiempo que la mayoría de los niños, pero en ese momento lo único que quería era acomodarse en los brazos de su padre mientras su madre le acariciaba el cabello y le decía que todo estaría bien, o que estaba actuando como un idiota, o que estaba haciendo lo correcto, ¡O lo que sea!

Decidiendo seguir el consejo de su amiga se dejó caer sobre la cama y se obligó a dormirse, esperando así que tal vez dejaría de pensar en el mundo.


En el sueño Magnus vio una imagen en colores cálidos, como si se tratara de una película antigua, en la que una mano dorada con arandelas en la muñeca y múltiples anillos descansaba sobre una reja negra muy hermosa. De pronto otra mano apareció, esta vez era una pálida, y delicadamente se dejó caer sobre la mano morena. Solo bastó ese toque para que ambas manos se despertaran y se entrelazaran entre sí.


Al día siguiente Magnus despertó aturdido, y cuando recordó que era un día de clase se dejó caer de nuevo y se cubrió la cara con la almohada. Quería huir y esconderse.

-Arriba- Esa era la voz de Catarina, como siempre actuando como una madre- Se te va a hacer tarde si sigues ahí-

-No quiero ir- Se quejó el, y la almohada amortiguó su voz.

-Tienes que ir-

- Tengo expresión y comunicación-

-¿Y?-

-Alec estará ahí-

-Ah- Magnus creyó que aquello había sido suficiente para convencer a su amiga, pero unos segundos después ella agarró la almohada y las cobijas, y las lanzó lejos.

- Arriba- Repitió más firme- Tu forjaste el presente que tienes ahora, y ahora debes enfrentarlo-

-No quiero verlo- Habló el moreno tratando de girarse y deseando poder enterrarse en medio del colchón. Catarina lanzó un suspiro exasperado y se sentó en la cama.

-Magnus…-

-No- Cortó él- No más palabras maternas, siempre funcionan y realmente no quiero ir- Ella usó su mano para acariciar el brazo de él, haciendo que dejara de removerse sobre la cama como si fuera un gato y le prestara atención.

- Eres una persona muy fuerte- Le dijo- Realmente considero lo que debes estar pasando, y creo que la vida fue muy injusta contigo. Porque si eliges estar con uno o con otro, el que sea, de todos modos ibas a terminar con un vacío en tu corazón. Piensa en eso, piensa en que si hubieras elegido a Alec de todos modos ambos estaríamos en esta posición, y teniendo eso en mente quiero que vayas y lo enfrentes. Si no lo haces por ti, entonces hazlo por mí, porque me duele lo que te pasa- Magnus se sentó lentamente y la miró.

-Los amo, pero no de la misma manera, y tengo miedo de que Alec me haga dudar. Jace no se lo merece-

- Existen muchos tipos de amor, y eso no significa que alguno de ellos sea más legítimo que el otro- Explicó Catarina y se puso de pie- Puedes amarlo y quererlos cerca, puede amarlo y quererlo lejos, amarlo y desearlo a tu lado, o amarlo y verlo feliz pero alejado de ti. Mírame a mí y a Ragnor, nunca dejamos de discutir, pero sé que lo amo-

-¿Y que con eso?-

- Que debes definir qué tipo de amor sientes por los dos- Explicó ella y caminó hacia el perchero en la habitación del moreno- Y si los amas como para querer tenerlos a tu lado… de todos modos ya tomaste una decisión, y esa es anteponer la salud de Jace por sobre todo lo demás. Incluso sobre Alec- Magnus abrió la boca para replicar ante eso, pero nada salió. Su amiga tomó una bufanda roja del perchero y se la lanzó- Nadie te está recriminando nada, ni siquiera el mismo Alec. El único que lo hace eres tú mismo-


Liam llegó temprano a la universidad y entró a la cafetería. Le apetecía comprar un jugo, después tal vez acostarse en alguna parte a ver a los estudiantes pasar o correr apresurados, y luego volver a casa y decirle a su hermana que no había tenido suerte encontrando a Magnus.

Se detuvo en la punta de la fila para comprar, pero sintió que alguien lo tomó de la chaqueta y lo giró bruscamente. Estuvo a punto de replicar cuando unos ojos dorados lo miraron firmemente. Entonces sonrió.

-¿Esto lo sabe tu novio?- Jace ignoró la pregunta.

-Quiero que me digas todo lo que sabes de ese otro chico-

-No mentiré diciendo que no tengo idea de lo que estás hablando- Se soltó del agarré del rubio- Porque si la tengo. Pero no diré nada- Jace entrecerró los ojos hacia él.

- Dime todo lo que sabes, o te juro que tu vida social en esta universidad termina aquí- Liam se abstuvo de soltar una carcajada. Él ni siquiera estudiaba ahí, solo iba a comer y dormir para escaparse de los regaños de su hermana, así que de todos modos no había una "Vida social" que arruinar. Aunque valoraba la creatividad de Jace.

- Puedes hacer lo que quieras- Dijo en su lugar- Pero no diré nada. Deberías preguntarle a Magnus, no es bueno guardar secretos entre parejas-

- Él no me va a contar nada- Respondió Jace y empezó a alejarse, sabiendo que Liam no le serviría para obtener información. El de ojos grises se encogió de hombros.

-Lástima, porque si él no lo dice yo no comentaré algo al respecto- Jace chasqueó la lengua y se giró para irse- Oye, por cierto ¿Sabes quién es Alexander Lightwood? Me dijeron que hablara con él.

- Comité de bienvenida- Dijo Jace y lo miró- Alec. Es mi hermano- Liam estaba seguro de que si no tuviera a Jace frente a él seguramente abriría desmesuradamente la boca. Jace terminó de girarse y se alejó del lugar.

-¿Qué vas a ordenar?- Preguntó la mujer de la caja. Liam la miró pero dio media vuelta y se alejó, ya no tenía ganas de comer.

Así que Magnus había salido con dos hermanos, pero ¿Por qué? ¿Tenía algo que ver con lo "especial" que se supone debía ser para que un demonio lo quisiera? Liam sacó su celular y se encontró con veinte llamadas perdidas de su hermana, hizo una mueca y volvió a guardar el aparato. Sus descubrimientos los mantendría para él, no creía que valiera la pena decírselos a su hermana o a su familia.


Magnus llegó a la puerta de su clase de expresión y comunicación, y se detuvo para suspirar y mirar adentro. Ahí estaba Alec, el chico mantenía la mirada baja mientras veía algo en su celular. El moreno no sabía si debía caminar hacia él o si debía sentarse en una silla alejada, entonces recordó las palabras de Catarina y decidió enfrentarlo todo de una vez por lo que entró a paso decidido al salón.

-Alec- Llamó una vez se llegó junto a él. Alec le dio una mirada rápida antes de señalar el asiento vacío a su lado.

-Para ti- Dijo, y volvió a concentrarse en su celular. Magnus se sentó y lo observó ¿Qué esperaba? Eso probablemente era todo lo que podía esperar del hermano de su novio. Volvió la mirada al frente y esperó pacientemente a que llegara la profesora. –Magnus- Llamó el chico. Él sonrió mentalmente y se giró para verlo. Alec había bajado el celular y ahora agarraba sus manos sobre la mesa- Quiero darte las gracias- Magnus no sabía la razón, pero no quería saberla.

-No tienes que…-

-Si tengo- Dijo él firmemente- Gracias por hacer feliz a mi hermano-

-Alec…-

-Gracias por pensar en su salud. Gracias por haber llegado al hospital y haberlo elegido, a pesar de lo que sé que sientes por mí. – Magnus dejó de mirarlo, esperado que le quedara claro el mensaje de que no quería saber más, pero el ojiazul continuó- Gracias por todos esos momentos que me regalaste, esa noche en la que me dejaste ver tus marcas… ha sido la mejor noche de toda mi vida, y la peor en cierta forma. Gracias por cada Latte que tomaste conmigo, cada mensaje que me enviabas, cada halago que me hacías, gracias por todo- Magnus cerró los ojos como si esas palabras le dolieran- Gracias por enseñarme lo que es el amor, y lo que se siente un corazón roto- Entonces lo miró. Se sentía incapaz de hablar, y de todos modos no quería terminar llorando en medio de la clase.

- Nunca dejaré de amarte- Dijo el chico- Y creo que puedo soportar verte con mi hermano, solo si ustedes dos están felices. Solo quería que supieras eso, necesitaba que entendieras que no debes preocuparte por mí por si lo estabas haciendo. Puedes dejarme atrás, cerrar la puerta entre tú y yo, y yo podré con eso- Magnus no pudo más. Se puso de pie y salió lo más rápido que pudo del salón, y no se detuvo hasta llegar a un baño y dejar salir las lágrimas. Alec decía que podía soportarlo, pero Magnus, al ver y escuchar al ojiazul, tuvo miedo de él no poder hacerlo.