Disclaimer: Rowan y Arah son personajes nacidos para el universo de los Juegos del Hambre y nos pertenecen a Cora y a mí. Adler es producto de la imaginación de mi querida Freyja.
¡Capítulo especial! Regalo de cumpleaños para Freyja #MyWife
Capítulo 14
Adler
El caballo se encabrita un poco cuando una figura, pequeña y menuda, emerge del castillo sosteniendo un violín.
La chica se detiene justo enfrente de Kuri, que alza las patas delanteras en el aire. Ella, aparentemente acostumbrada a los caballos briosos, extiende las manos, una de ellas aun sujetando el violín y el arco, y murmura palabras tranquilizadoras con voz suave y femenina. Sujeto con más fuerza las riendas, obligándolo a retroceder. Cuando consigo controlarlo, volteo a ver a la chica. Una noble, sin lugar a dudas, a juzgar por su ropa y la expresión de superioridad que marcan sus rasgos finos, parcialmente ocultos por la capucha de su abrigo.
―Su caballo está mal entrenado.
Parpadeo y decido no responderle. Es evidente que es solo otra de esas niñas malcriadas que abundan por esta zona.
―Déjeme adivinar― continúa, utilizando ese marcado acento que parecen tener todos por esta zona―, lo ha entrenado usted mismo y se siente orgulloso de ello a pesar de que es una criatura temperamental que no deja que nadie, excepto usted, lo monte.
La chica, más joven de lo que pensaba, aparta la capucha, dejando a la vista una larga melena castaña y unos brillantes ojos azules que me resultan vagamente familiares.
―Lady Greyfox, supongo― digo con sequedad.
Ella no parece impresionada porque yo conozca su nombre, una sola mirada basta para que resulte evidente que está acostumbrada a que la gente la conozca y la adore… o la envidie.
―Y usted está en mi propiedad, Lord…
―No soy ningún lord― replico.
Ella mira, con una ceja levantada, la fina montura que trae Kuri y luego continúa con su escrutinio revisando mis ropas, evidentemente finas.
―¿Es un ladrón, acaso? ―el violín cambia sutilmente de posición cuando ella lo sujeta con más fuerza del mango, las cuerdas hundiéndose en el cuero de sus guantes―. ¿Ha decidido asaltar a alguien por los caminos y continuar hacia acá?
Puedo notar la sutil ansiedad que recorre su cuerpo, aun así, no retrocede ni un centímetro.
―¿Planea responderme hoy? ―continúa, utilizando el mismo tono imperioso.
―No soy un ladrón― le digo, con calma―. Tengo esto― digo mientras registro el interior de mi chaqueta, hasta sacar el sobre rígido. Estampado sobre cera de color azul oscuro, se encuentra el sello del duque.
Ella estira la mano y yo dejo el sobre, sin siquiera rozarla, sobre su palma abierta. El sello se ha roto hace semanas, así que ella no tiene dificultad en sacar el rectángulo con la invitación.
Conforme lee, sus cejas se levantan, con asombro, antes de volver a controlarse, en un gesto que la hace parecerse notablemente a su hermano.
―Es usted un invitado de Rowan.
―Lo soy.
―¿Por qué?
―¿Por qué?
―Su nombre no me suena de nada, señor Rademacher, y créame, he recibido una educación sin parangón, lo que hace que conozca el nombre de todos quienes importan en este país y en otros. Así que le pregunto de nuevo ¿por qué alguien como mi hermano invitaría a alguien como usted al lugar que considera su hogar?
―Eso tendrá que preguntárselo usted misma a él, Lady Greyfox.
―Y lo haría, si él estuviera aquí. Pero no está. Así que se lo pregunto a usted.
―Poco puedo decirle en ese caso, tiene usted tanta información como yo sobre cuáles son los motivos que han solicitado mi presencia en su humilde hogar. Ahora, si me disculpa, mi mal entrenado caballo ha recorrido una larga distancia y necesita descansar. Estoy seguro de que en esta enorme propiedad deben tener unas caballerizas que se encuentren a la altura.
Ella abre la boca para replicar cuando los portones vuelven a abrirse, esta vez para dejar pasar a una calesa con dos magníficos caballos bayos. En su interior, se encuentran una chica pequeña y delgada, con el rostro cubierto de pecas y cabello rubio platino y el duque.
Él baja de un salto, sin esperar a que el cochero se encargue de colocar el banquillo, y luego se gira para sujetar a la chica de la cintura, cuyo rostro se pone rojo, para bajarla de la calesa. Solo cuando sus pies han tocado el suelo, se voltea hacia mí.
―¿Adler? No te esperaba hasta pasado mañana. ¿Hay algún motivo por el cual hayas decidido obviar el hecho de que dije que mi cochero te recogería esta noche?
―Me apetecía cabalgar― replico con un encogimiento de hombros―. Los carruajes son para las mujeres y los viejos.
Él sonríe, ya acostumbrado a mi forma de expresarme.
―Bueno, veo que ya has conocido a Jessabeth. Confío en que no te haya dado demasiados problemas.
"Jessabeth" infla las mejillas y está a punto de responderle a su hermano cuando la otra chica se aclara la garganta.
El duque sonríe y le dedica una mirada que, hasta ahora, no había visto nunca en él, estirando la mano, ofreciéndosela a ella. Con ligera reticencia, ella la acepta y avanza un par de pasos.
―Arah Ranghild― empieza el duque―, este es el Mayor Adler Rademacher. Esta es Arah, mi futura esposa.
―Contra mi voluntad― masculla ella, haciendo que, de inmediato, me caiga bien.
―Por ahora― replica el duque, muy tranquilo.
―Si me permite el atrevimiento, parece usted demasiado joven para ser un Mayor, señor Rademacher― continúa la joven, haciendo caso omiso a la declaración del duque.
―Adler está bien, Lady Ranghild. Y no lo sería de no ser porque el duque tiene una visión un poco extremista sobre el pago de sus deudas. Hasta hace unos meses, no era más que un soldado raso.
Lady Arah nos observa alternativamente a mí y al duque, que parece divertido.
―Un trabajo parece, difícilmente, un pago desproporcionado, aunque seguramente tú tendrás tus propias opiniones al respecto, Arah, como con todo lo demás. De todas formas, quiero estar ahí para cuando el Mayor decida contarte la historia desde su punto de vista.
―¿He de asumir que entonces el Mayor se quedará con nosotros por una larga temporada?
El duque voltea a ver a su hermana con una de esas miradas que consigue que un grupo de soldados, mucho mayores que él, se sientan intimidados, más allá de su título. Ella, en cambio, le sostiene la mirada con la barbilla alzada y la mano que no sostiene el violín apretada en un puño.
―Tanto como sea posible. Será uno de nuestros invitados de honor para el baile, Jessabeth.
―¿Y no crees que habría sido pertinente decírmelo a mí mientras organizaba todo? La lista de los asientos en las mesas se convertirá en un desastre, Ro…― ante una nueva mirada, ella cierra la boca en mitad de la frase.
―Jess ha estado trabajando mucho en esa fiesta, lord Greyfox― interviene Lady Arah, adelantándose de tal manera que, con su menudo cuerpo, bloquea a Jessabeth del campo de visión del duque―. Tiene razón, habría sido oportuno que le dijera lo que planeaba.
―Difícilmente tengo que rendirle cuentas a Jess, Arah― replica él con frialdad―. En caso de que no puedas solucionarlo, te agradecería que le pasaras la tarea a maman, Jessabeth, seguro que ella se encarga.
―No necesito ayuda― replica ella, luciendo más joven que nunca.
―Entonces, siendo tú, buscaría la manera de solucionarlo cuanto antes. La cena de esta noche será en honor del Mayor Rademacher, procura ser puntual― dice, antes de dedicar una última mirada airada a su hermana menor―. Ahora, si nos disculpan, Adler y yo tenemos mucho de qué hablar.
Arah Ranghild parece tentada a decir algo, pero, luego de abrir y cerrar la boca un par de veces, me lanza una mirada dubitativa y termina encajando la mandíbula con fuerza. Sé que al duque no se le escapa porque, cuando se voltea para despedirse de ella, besándola en la mano y susurrándole algo tan bajo que no alcanzo a oírlo, mientras que ella pone mala cara, él sonríe.
…
―Confío en que Evaki te haya dado unos aposentos a la altura de las circunstancias.
―El mejor baño que me he dado en la vida― replico mientras, al entrar en la biblioteca, me detengo y me doblo ligeramente por la cintura, en una reverencia a.
―No es necesario que hagas eso― dice el duque sin levantarse de su lugar, inspeccionando lo que parece ser un libro de contabilidad―. Habrías llegado menos cansado y apestoso si hubieses aceptado mi ofrecimiento.
―Bueno, ya estoy aquí ¿no? ¿Hay algún motivo particular por el que deseara mi presencia?
―He hecho los arreglos para concederte las tierras que te prometí. Y le he escrito al rey para hacer los arreglos para tu título. Lo más probable es que te declaren caballero antes del próximo verano, pero ya veremos.
―Me sigue pareciendo un esfuerzo innecesario, Lord Greyfox.
―En serio no es necesario que me llames de esa manera, al menos no en el círculo privado.
―Su hermana no parece particularmente complacida por la sorpresa de mi llegada― replico mientras enarco una ceja.
―Lo controlador nos viene de familia. A Jess no le gustan, como a mí, las cosas que se salen de sus manos.
―Y supongo que es una forma de tortura especial lo que ha hecho trayéndome a su casa.
Él sonríe, pero la sonrisa no le llega a los ojos.
―Necesito un favor― dice con gravedad.
Permanezco estático en mi lugar, a la espera de que continúe.
―Me he estado devanando los sesos, tratando de decidir a quién le podía confiar algo como esto. Y no me malentiendas, no es precisamente agradable el admitir que no soy…
―¿Omnipotente?
―Simpático― replica con una mueca, mientras se pone de pie, ayudándose con un bastón―. Sin duda te llevarás bien con Arah.
―No planeo quedarme demasiado tiempo― replico mientras me acerco hacia la ventana, los débiles rayos de la luna se filtran a través del amplio cristal.
―En realidad, contaba con hacerte cambiar de opinión― responde mientras abre un cajón, cerrado con llave, y extrae un montón de papeles―. Como te decía, necesito un favor.
Lo observo acercarse. Se ha fortalecido lo suficiente como para que el bastón apenas sea necesario. Me tiende los papeles sin mediar palabra y espera, pacientemente, a que los lea.
El duque parecía sinceramente sorprendido por el hecho de que, a pesar de mis orígenes, hubiese aprendido a leer. Vuk se encargó de ello, pero eso no evita que me sienta incómodo mientras me observa atentamente cuando mis ojos empiezan a deslizarse rápidamente por las líneas, escritas en tinta oscura.
Termino de leer la primera y paso a la siguiente y luego a la siguiente. Todas son, básicamente, lo mismo. La única que cambia es la sexta y última, con fecha de hace cuatro días, cuando me escribió para hacerme venir.
―Primero su hermana y ahora su prometida― señalo mientras le devuelvo las cartas―. ¿Hay algún motivo por el cual le resulte particularmente inquietante?
El duque se encoge de hombros.
―No es la primera vez que amenazan a mi familia― replica con ira contenida―. Padre se encargó de advertírmelo mientras me educaba para, eventualmente, asumir mi rol en mi familia. Y no son, ni de lejos, las únicas amenazas que he recibido contra ellas.
―¿Y contra usted?
―No tengo problema en cuidarme solo― replica con altivez―. Ni en cuidar a mi familia. Pero esto es diferente.
―¿Por qué?
―Porque todas las amenazas han aparecido directamente en mi escritorio― replica con sequedad.
―Un trabajo interno, entonces.
―Tres cuartas partes de las personas que trabajan en esta casa se han encargado de criarme. Les confiaría mi vida a muchos de ellos.
―Pero supongo que, con la cantidad de criados, esa confianza tampoco se encarga de hacer que la lista de sospechosos sea corta.
―Maman siempre se ha encargado del servicio. Nunca me ha interesado demasiado ese tipo de labores administrativas. Y mientras Arah y Jess se mantengan a la vista, no creo que nadie sea lo suficientemente estúpido como para hacerles daño. Pero…
―Usted no puede vigilarlas todo el tiempo― completo―. ¿Quiere que sea una niñera, entonces?
―No tendrás que hacerlo solo― responde―. Pero, efectivamente, me sentiría más tranquilo si supiera que vas a echarles un ojo.
―Cuando dice que no tendré que hacerlo solo, ¿en quién más está pensando?
―Arah y Jess gozan de bastante libertad en este momento. Maman siempre permanece acompañada, sus amigas o sus criadas siempre están alrededor. El verdadero problema es, particularmente, Arah, se ha empecinado en aislarse, excluyendo tal vez a Jess y a su sirvienta personal. Pero eso se acaba ahora.
―Ha recibido cinco amenazas contra su hermana y una contra su prometida. Y no ha estallado hasta ahora ¿es su prometida más importante que su hermana? ―no es mi intención decirlo de esa manera, pero termina saliendo así de todas formas.
El duque no duda en responder, pero cuando lo hace, juguetea con sus dedos, pasándolos encima de la cabeza del zorro tallado en el bastón.
―Jess siempre ha sido responsabilidad de mi familia. Crecí cuidando de ella. Siempre ha sido mi obligación. Siempre lo he visto de esa manera.
―¿Y con lady Arah?
―Arah es solo mía― responde, esta vez viéndome a los ojos ―. Es algo que yo elegí.
―Pensé que había sido un compromiso por obligación.
El duque aprieta la mandíbula.
―Ella aún lo ve de esa manera― es todo lo que dice.
―Pero usted no― completo.
Ahora, parece airado:
―¿Vas a ayudarme o no?
No soy asiduo a las sonrisas, así que no sonrío cuando le respondo:
―Por supuesto que lo haré.
…
La cama es tan increíblemente cómoda que me cuesta trabajo salir de ella cuando amanece, pero lo hago de todas formas, acostumbrado a atender a Kuri por las mañanas.
Tiene un carácter tan complicado y tanta energía, que es peligroso dejar que el día avance sin que haya corrido, al menos, unos cuantos kilómetros.
Cuando salgo, el cielo está teñido de rosa. Me tropiezo con algunos de los sirvientes de la casa, ahora familiares gracias a la cena de anoche. Pero, sin duda, no espero toparme con Lady Arah en los establos. De repente, la necesidad del duque de tener más ojos sobre ella se vuelve lógica.
Me aclaro la garganta para anunciar mi presencia.
Ella parece sorprendida, pero me agrada el hecho de que no chille ni se muestre nerviosa.
―Lady Arah― digo a modo de saludo.
―Mayor― replica ella, inclinando la cabeza―. Es usted madrugador.
―El que debería estar sorprendido soy yo ¿no le parece?
―Me gusta bajar a los establos cuando tengo problemas para dormir.
―¿Suele hacerlo en medio de la noche?
Ella se sonroja.
―No― es todo lo que dice, pero hay algo en su incomodidad que llama mi atención y me hace preguntarme qué clase de secretos guardan sus noches.
―¿Hay algo que le quite el sueño?
―Usted, en realidad. Ayer no hubo mucho tiempo para conocer el misterio detrás de su visita.
―¿De mi visita o de mi persona?
―Ambas, en realidad― responde.
Kuri suelta un resoplido, evidentemente molesto por seguir encerrado en su cubículo.
―¿Monta usted, señorita Ranghild?
―¿A su caballo? Difícilmente. Es evidente que tiene temperamento.
Le coloco a Kuri el arnés y luego, con cuidado, la pesada montura, otro de los exagerados regalos del duque.
―Es un ejemplar bonito, ¿verdad? ―comenta ella, como tratando de rellenar el silencio antes de que se vuelva incómodo.
―¿Kuri? Tiene que serlo, debió costar una fortuna.
―Déjeme adivinar: fue un regalo no solicitado de Lord Greyfox.
Me giro, genuinamente sorprendido por la forma en que lo ha dicho.
―Pues sí― replico.
Ella tira de la falta de su vestido y se arrebuja un poco en su capa.
―Debo admitir― dice― que siento muchísima curiosidad― murmura mientras se aparta, para dejarme salir con el caballo.
―Tengo que darle una vuelta, sino, pasará de mal humor todo el día.
Ella pasa su peso de un pie al otro, incómoda.
―Oh… claro. Nos veremos luego, supongo.
―¿No quiere venir?
―No tengo un caballo.
―Estoy seguro de que tiene de donde elegir― digo mientras señalo la caballeriza, llena con ejemplares que van desde el blanco perla hasta el negro carbón.
Ella agita la cabeza.
―Ninguno es mío. Y no me gusta tomar las cosas del duque sin permiso. Y en términos generales, tampoco me gusta tener que pedirle permiso a lord Greyfox para nada. Así que…
Enarco una ceja, comprendiendo, de repente, el motivo por el cual el duque la encuentra irresistible.
―Cabalgaré durante media hora y volveré― le digo―. Entonces le contaré la historia que desea escuchar.
Ella me mira, con sus ojos verdes muy abiertos.
―Quédese por aquí.
Me observa, como si estuviera tratando de decidir si debe o no confiar en mí.
―De acuerdo ―acepta finalmente.
…
―Así que… ¿conoce usted a Lord Greyfox desde hace mucho?
Con Kuri de vuelta en las caballerizas, nos encontramos paseando por el amplio jardín, cubierto por la nieve. El camino se encuentra lo suficientemente libre de hielo como para que no se peligroso caminar por él, pero de todas maneras le ofrezco el brazo a lady Arah. Dudo mucho que el duque se tome a bien que ella se rompa el cuello en el primer día bajo mi cuidado.
―No― replico.
―Es usted un hombre de pocas palabras, ¿no?
Le doy una débil sonrisa.
―No he tenido en mi vida muchas personas con las cuales hablar.
―¿Y pretende que no desee preguntarle al respecto?
―¿Quiere que le cuente la historia de mi vida menos de un día después de conocerle?
―Puedo empezar yo con la mía, si eso le infunde confianza― replica, muy seria―. Es una historia corta. Y algo aburrida, inclusive.
―Póngame a prueba, lady Arah.
Ella compone una media sonrisa y acomoda la capucha de su abrigo, intentando esconder un poco su expresión avergonzada.
―Hija única― empieza diciendo―. Mi padre tenía una fortuna considerable hasta que emprendió un mal negocio, yo creo que, en realidad, el mal negocio fue haberse casado con mi madre― no agrega nada más y yo decido no preguntarle nada al respecto―. También tiene un par de títulos, ninguno de los cuales pudiera ser heredado por mí. No sabía nada del compromiso con el duque hasta unos cuantos días antes de venir acá. Intenté deshacer el compromiso desde el primer día, pero el duque…
―Tenía otros planes.
―Es inclusive más obstinado que yo― dice con un suspiro―. Está convencido de que se casará conmigo y que, inclusive, terminaré deseándolo.
―¿A él o al matrimonio?
Ella se sonroja.
―No necesito que me responda― replico, mirando hacia el frente.
―A ambos, supongo ―dice meneando la cabeza―. Cree conocerme mejor de lo que me conozco a mí misma.
―¿Y es eso posible?
Ella me ve con el ceño fruncido.
―Por supuesto que no. Pero ahora es su turno.
Mantengo el rostro imperturbable mientras sigo avanzando, intentando alejarnos de los montículos de nieve que parecen prontos a derretirse.
―Hijo único. O tal vez no― empiezo yo―. Nunca conocí a mis padres y si lo hice, no logro recordarlos con claridad. Lo primero que recuerdo es a Vuk.
Resulta interesante y reconfortante el hecho de que ella no me interrumpa en ningún momento.
―Vuk me encontró en un callejón, a un par de calles del lugar en que vivía. Tenía cinco años, o al menos eso es lo que dice él― digo con un encogimiento de hombros―. Podrían haber sido más o tal vez menos. Decidió que tenía cinco en ese momento y así lo he creído toda mi vida. Celebré mi primer cumpleaños a los 12, usando como fecha el día de… supongo que mi adopción, en casa de un amigo, su madre era la directora en mi escuela. Ella echó un ojo en mi expediente y de ahí sacó la información. Supongo que Vuk decidió ponerse creativo con el formulario de inscripción. En fin, antes de eso no había tenido nada parecido a un cumpleaños y solo he tenido otras dos celebraciones desde entonces. En cuanto a mi educación, estuve a punto de abandonar la escuela varias veces, pero Vuk me lo prohibió. Ahí fue en donde aprendí a leer, escribir, sumar, multiplicar y dividir. El resto de cosas, como la historia, no pudieron importarme menos.
―¿A qué se dedica Vuk?
―Era inventor.
―Era…― repite ella, con un suspiro triste.
―Tisis― le digo a modo de explicación―. Murió cuando yo tenía dieciocho. Me encargué de su negocio por cuatro o cinco años. Y luego fue cuando estalló la guerra y decidí enlistarme. Conocí al duque justo el invierno después de eso.
Ella parece genuinamente interesada en la historia, pero en cuanto menciono al duque, detiene su andar y me mira con las cejas enarcadas.
―Y hemos llegado justo a la parte de la historia que realmente le interesa, ¿no es así, lady Arah?
Hice trampa y decidí regalarle a Frey una extensión de este fic. Originalmente, mi idea no era darle un papel relevante a Adler, peeeeeero, como pasa a menudo, los personajes tienen sus propias ideas y aquí me tienen, con un Adler que congenió muy bien con Arah.
Frey, espero que esta primera pincelada de tu chico haya sido de tu agrado. Decidí hacerlo en primera persona porque Adler es un personaje bastante reservado y hay ciertas cosas que piensa pero que no dice.
Un abrazo y feliz cumpleaños muy atrasado.
Con cariño, E.
