Campanas
Las campanas sonaron a los lejos, llamando su atención. ¿Dónde estaba? ¿Qué hacía ahí? ¿Por qué la nieve no le causaba nada de frio? ¿De dónde venían esas campanadas? No estaba segura, pero tampoco le importaba. Ikeda Chizuru se acomodó las gafas y se dio cuenta que estaba en un amplio y nevado campo, vestida solo con su uniforme escolar y el sonido del repicar de unas campanas a lo lejos. Palpó la nieve a su alrededor, sintiendo ese tacto suave y húmedo pero carente de frio; podía sentarse sobre el manto níveo y no sentir el mínimo escalofrío. Aquello era muy extraño, pero le agradaba la paz que le rodeaba.
Motivada por la curiosidad de saber en dónde se encontraba, caminó entre el campo nevado. No veía ni una sola casa o árbol, no había huellas de civilización alguna ni tampoco de animales salvajes, solo el vasto plano blanco sobre el que caminaba y el constante sonido de las campanas. ¿De dónde venía si no había nada a su alrededor? Comenzaban a molestarle las insistentes campanadas, mismas que le producían un dolor de cabeza con cada repique. No lo entendía, pero le recordaban a una persona que no le agrada para nada.
¿Qué había pasado y por qué estaba en ese lugar? No lo sabía. Las campanas se detuvieron de la nada y aprovechó el silencio para poner orden en su cabeza. Se detuvo un momento a pensar en lo que hacía antes de despertar en aquel prado. Estaba segura que unos minutos antes ayudaba a sus compañeras con las decoraciones del gimnasio escolar. El festival estaba a un par de días de iniciar y las estudiantes de Nanamori trabajaban lo más rápido posible para tener todo listo a tiempo, después de todo, era para ellas y debían esforzarse al máximo para pasar un día agradable. Recordó como su hermana apoyaba a la vicepresidenta del Consejo que dirigía al resto de las estudiantes, se quitó las gafas al verlas tan cerca y comenzó a fantasear con ellas. Las campanas repicaron con más fuerza al recordar eso. ¡Sí! Escuchó una campanada muy cerca y apareció en ese campo cubierto de nieve.
—Chizuru —escuchó una irritante voz a sus espaldas.
—¿Quién está ahí? —preguntó desafiante. Su cabeza empezó a doler con más intensidad y las campanadas aumentaban su sonido—. ¿Quién eres?
Ante su incrédula mirada se formó una sombra sonriente que extendió sus brazos hacia ella. Chizuru sintió una completa repulsión por aquel ser que no dejaba de cantar su nombre e intentaba atraparla. Quiso pelear con aquella sombra, pero las campanadas repicaban tan fuerte que no podía hacer nada más que encorvarse de dolor, tanto en sus oídos como su cabeza, quedando a total merced de su misterioso atacante. Los brazos completamente negros la envolvieron y ella solo podía retorcerse en un arrebato de ansiedad.
—¡Sueltame! —gritó la joven.
—¡Resiste Chizuru! ¡No dejare que nada malo te pase! —gritó Kyoko mientras corría con la joven Ikeda en sus brazos. Estaba completamente inconsciente, aunque de vez en vez dejaba escapar un leve quejido. Se dirigían del gimnasio a la enfermería después de un pequeño accidente.
—Pero fuiste tú quien le tiró las campanas en la cabeza —le recriminó Yui que las seguía de cerca, casi dirigiendo a Chitose que estaba a punto de romper en llanto por la preocupación.
—No ha dejado de quejarse desde que Toshino-san la cargó. ¿Estará bien? —alcanzó a decir Chitose.
—Seguro. Debe tratarse de una pesadilla —respondió Yui tratando de calmarla—. Una pesadilla llamada Kyoko.
Hola! Ya faltan solo 11 días y el festival navideño está mas cerca de lo que parece. ¿Será un exito o explotará por culpa de Nishigaki-sensei?
Con dos semanas seguidas de actividad, debo admitir que escribir "tanto" ha sido un reto para mi. En Word, el archivo ya acumula 32 paginas a espacio sencillo. Claro, tambien son capitulos cortos y muchas de esas paginas apenas tienen unas lineas escritas, pero no deja de ser mucho cuando apenas escribia una o dos paginas en un mes (mi fic "Mi vida con VOCALOID: Balada rosa turquesa" por ejemplo. Debo retomarlo a todo esto).
Bla, bla.
Nos leemos luego!
