El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a JK Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.

Capítulo 14

Enfrentando al público

Harry se enderezó y entró al Gran Comedor determinado a ignorar los susurros y las miradas que le lanzaban. Su papá le había preguntado si quería que lo acompañara al desayuno, pero él se había negado. Enfrentaría al público por su cuenta y no protegido por la sombra de un profesor. Caminó hacia donde estaban sus amigos y se sentó junto a Ron, el cual lo estaba viendo. Lo miró y con una cara alargada preguntó:

—¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?

—¿Por qué nunca me dijiste que puedes hablar Pársel? — Preguntó Ron con la voz herida.

—¿Para que pudieras huir?

Las orejas de Ron se tornaron rojas—. Nunca haría eso y deberías saberlo. Hemos sido mejores amigos desde hace tres años, ¡Creí que me conocías mejor que eso! — Gruñó.

Harry suspiró y señaló al resto del comedor—. Mira alrededor, Ron. ¿De verdad me culpas por no querer que esto pasara? Cuando tenía cinco años papá me dijo que tenía que guardar el secreto y lo hice. No le dije a nadie, ni siquiera a mi familia. Tía Andy, tío Ted y Tonks no lo saben. No sólo fuiste tú, Ron, no le conté a nadie— Dijo apoyando sus codos sobre la mesa y dejando caer su barbilla en sus manos.

Ron miró a su alrededor, fulminando a las personas que los veían—. Bien, no me importa— Dijo mirando de nuevo a Harry.

Harry sonrió y lanzó miradas nerviosas a Hermione y a Neville, que estaban sentados frente a él.

—A mí tampoco— Respondió Neville.

—Que las personas juzguen por algo que no pueden hacer, es estúpido— Dijo Hermione en un tono de «no tiene sentido».

Harry sonrió un poco más. Sintió como una carga se caía de sus hombros. Incluso si todos los demás creían que los mataría con la mirada, aún podía contar con sus amigos. Dirigió su mirada a la mesa de los profesores y vio que Remus lo miraba con duda. Asintió levemente; Remus sonrió y le dijo algo a Sirius, lo suficientemente fuerte como para que Severus escuchara sin levantar sospechas.


A Harry no le gustaba sonar pesimista, pero esto definitivamente no era algo bueno. Cuando la clase de Herbología había sido cancelada por la tormenta de nieve, pues la profesora Sprout necesitaba cubrir a las Mandrágoras, había decidido ir a buscar a Justin y explicarle que le había estado diciendo a la serpiente que no lo atacara. En su búsqueda, se topó a un grupo de Hufflepuff, quienes dirigidos por Ernie MacMillan, discutían por qué Harry era el heredero de Slytherin.

—Habla Pársel y es un Black por adopción. Todos saben que los Black tienen una larga historia con lo oscuro— Dijo Ernie y Harry bufó.

—Pero el profesor Black es tan amable— Lo contradijo Hannah Abbott.

—Sólo nos quiere llevar a un falso sentido de seguridad y apuesto a que entrenó a Harry— Respondió Ernie.

Harry aclaró su garganta y todos se sobresaltaron. Los recorrió con la mirada buscando a Justin. Dijeron que el chico estaba en la sala común de Hufflepuff, donde estaba más seguro. Harry dejó pasar la insinuación, pero cuando se iba dijo fríamente:

—Mi papá es un héroe de guerra y uno de los mejores Aurores que ha habido. El mismo Alastor Moody lo dice. Estuvo ahí para arrestar a los Lestrange con Moody, y una de ellos era su prima.

¡No dejaría que hablaran mal de Sirius! Se alejó furioso hacia los dormitorios de Hufflepuff para pedirle a alguien que le dijera a Justin que lo buscaba, y fue entonces cuando los encontró.

Sobre el corredor había una estatua rígida que era ni más ni menos que Justin Finch-Fletchley, y flotando sobre él, humeante y negro, completamente inmovible, Nick casi decapitado.

No tuvo tiempo de correr a buscar ayuda, pues los Hufflepuff, quienes al parecer lo habían seguido, comenzaron a gritar «¡ATAQUE!» y «¡ATRAPADO EN EL ACTO!». Harry no supo qué hacer.

Comenzó a respirar rápidamente y ni siquiera reaccionó cuando Ernie y Zacharias Smith lo taclearon al suelo y se pusieron sobre él.

—No irás a ningún lado— Dijo Ernie—. ¡Alguien llame a Dumbledore!

Rápidamente el pasillo se llenó de alumnos, y Peeves, quien había visto la conmoción, comenzó a cantar:

—¡Oh Potter, eres un zote, estás podrido, te cargas a los estudiantes, y te parece divertido!

—¿Qué está pasando aquí? — Se escuchó la severa voz de la subdirectora—. Smith, MacMillan, ¿Qué significa todo esto?

—¡Potter atacó a Justin! — Chilló Smith.

—¿Qué? ¡No, no lo hice! — Gritó Harry saliendo del estupor.

—Sí, él lo hizo— Dijo Ernie—. Vino buscando a Justin y se alejó enojado, entonces…

—¡Insultaste a mi papá…!

—… Lo seguimos y lo encontramos solo aquí, momentos después de que nos dejara para encontrar a Justin, así que lo detuvimos.

McGonagall apretó los labios y Harry se estremeció. Eso no terminaría bien.

—Suficiente, MacMillan. Suelta a Potter Black, y tú y Smith lleven a Finch-Fletchley y a Sir Nicholas a la enfermería. Potter Black, sígueme a la oficina del director.

—Pero yo no…

—Dije que vengas conmigo.

Smith y Ernie soltaron a Harry y ayudaron al profesor Flitwick, quien había llegado con McGonagall, a llevar a las víctimas. Harry se puso lentamente de pie y siguió a McGonagall cabizbajo. Incluso tía Minnie creía que él era el responsable, ¡Eso dolía! Ella lo conocía bien.

Caminaron en silencio y entraron a la oficina callados. McGonagall hizo un gesto indicándole que se sentara, y lo hizo.

—Iré por Albus— Dijo saliendo de la oficina.

Harry entrelazó sus manos sobre su regazo y esperó.

—¿Qué hiciste ahora? Realmente espero que no hayas deshonrado el noble apellido Black más de lo que tu desagradecido padre lo ha hecho— Dijo Phineas Nigellus Black desde su retrato en la pared. Harry no respondió, y Phineas bufó—. ¡Jóvenes! No tienen modales.

—Perdona por hacerte esperar, Harry. Estaba con Hagrid resolviendo un problema, sus gallos han estado siendo asesinados— Dijo Dumbledore mientras entraba a la oficina. Se sentó en su silla detrás del escritorio, colocó sus codos en el reposabrazos de la silla, y entrelazó sus dedos mirando a Harry, quien estaba observando sus propias manos.

—La profesora McGonagall me dijo lo que ocurrió— Comenzó Dumbledore.

Harry alzó la cabeza y chilló—. ¡Yo no hice nada!

—Lo sé.

—Los encontré… ¿Lo sabes…? Pero tía Minnie me miró como si pensara que lo hice.

Dumbledore suspiró—. Minerva tiene una forma de hacer que incluso el más inocente se sienta culpable. Eso no significa que ella piense que seas culpable de esto. Solamente quería que me contaras lo que viste, y alejarte de los demás alumnos, quienes, digamos, son algo irracionales.

—Oh…— Respondió Harry lentamente.

—Entonces, ¿Me dirás lo que pasó?

Y Harry le contó todo: Le contó a Dumbledore sobre cómo había ido a buscar a Justin, cómo se encontró con los otros Hufflepuff y de cómo encontró a Justin y a Sir Nick.

—¿Qué está pasando, abuelo? ¿Quién está haciendo esto?

—Tenemos un par de teorías, pero todas parecen tener huecos, Harry. Honestamente, lo no sé— Susurró Dumbledore.

Harry estaba sorprendido. Siempre había creído que Dumbledore tenía todas las respuestas del mundo. Para Harry, escuchar que su abuelo no sabía algo, significaba que era una situación desesperada.


Los cuchicheos solo empeoraron. Los Hufflepuff lanzaban miradas de odio a Harry y caminaban en grupo cada vez que lo veían. Incluso aquellos que habían sido sus amigos, como Cedric Diggory, lo veían con duda. Eso realmente lo hacía sentirse como basura. Creía que esas personas lo conocían, y ahora, lo trataban así sin pensarlo dos veces.

Al menos, Ron, Neville, Hermione, Ginny y los gemelos no creían que él hubiera hecho algo de eso, aunque Ginny siempre lucía como si estuviera a punto de llorar. Los gemelos hacían bromas y molestaban a los demás alumnos por sus estúpidas creencias.

—¡Abran paso al heredero de Slytherin, enserio, mago oscuro pasando! — Gritaban mientras caminaban frente a Harry como guardaespaldas, separando a la multitud.

Pero Harry no era el único que la pasaba mal. Historia de la Magia se había convertido en una clase silenciosa. Donde antes los alumnos preguntaban cosas tontas, o molestaban a su profesor, ahora eran cautelosos con él y pensaban que en cualquier momento los atacaría. Y justo como Harry, Sirius sólo esperaba ansioso un castillo silencioso en Navidad.

Dado que el año anterior habían ido a casa, esta vez era el turno de McGonagall para dejar el castillo, y como muchos estudiantes irían a casa, sólo esperaban poder liberarse de todo el estrés, especialmente dado que los únicos de Gryffindor que se quedarían eran Harry, Neville, Hermione y los Weasley, Sirius esperaba que fueran unas vacaciones calmadas y agradables. Por supuesto, antes de que McGonagall se fuera, había tenido que escuchar la lista completa de lo que podía y lo que no podía hacer mientras estaba al cargo. ¡Honestamente, casi era como si ella no confiara en él!


Una vez más, el gran perro negro tenía un plan. Trotó por los pasillos de Hogwarts hasta que llegó a la puerta que buscaba y la empujó con una pata. Amaba el hecho de que las contraseñas tontas le molestaban al hombre que vivía dentro, por lo cual debía encantar la puerta para indicar quién podía ingresar a sus cuarteles privados, por lo cual Canuto podía entrar. Personalmente, Sirius amaba las contraseñas. Sus favoritas para ese día eran «Sirius Black es el regalo del cielo en la tierra» y «Amo a Sirius Black». Sólo tendría que ser paciente y esperar hasta que Snape se cansara de tocar y tuviera que usar justo esas palabras para encontrarse con un sonriente Sirius Black.

Atravesó la sala de estar, que era justo como la de los cuarteles de los Merodeadores e ingresó a otra habitación donde había una figura durmiente. Saltó a la cama, dejó caer el paquete que llevaba en el hocico sobre el estómago del hombre, y lamió su cara. Antes de que pudiera ser asesinado, salió de la habitación y se apresuró a llegar a los cuarteles de los Merodeadores.

Dentro, un muy irritado y furioso Severus Snape regresó a su cama dando zancadas y leyó la nota del paquete:

«¡Feliz navidad, Sev! Te daré media hora antes de despertarlos. Apresúrate».

Gruñó al leer el «Sev», pero abrió el paquete y descubrió una brillante capa plateada. Sonrió. Podría despertar a Harry en la mañana de navidad.


Harry sintió un cosquilleo en su cara, lo alejó con su mano y rápidamente volvió a la tierra de los sueños. La molesta sensación volvió y de nuevo la alejó. Dio la vuelta sobre su cama, se acurrucó más con la manta y estaba a punto de volver a dormir, cuando el cosquilleo regresó. Con molestia abrió los ojos y observó el sonriente rostro de tío Sev, el cual sostenía una pluma.

—¡Feliz navidad, Harry! Creo que tu hiperactivo padre está despertando a Remus justo ahora. Deberíamos ir a la sala antes de que venga y nos arrastre hasta allá.

—¡Feliz navidad, tío Sev! — Harry sonrió con felicidad y abrazó a su tío. Era la primera vez que lo había despertado el día de navidad. En otros años, aunque había pasado la navidad en el castillo, Severus no podía permitirse ser visto entrando a los cuarteles de los Merodeadores. En otros días, podía excusarse al decir que tenía temas que tratar con sus colegas, para mantener las apariencias, pero si alguien lo veía en el día de navidad, sería muy sospechoso.

Harry saltó de la cama y fue a la sala de estar, donde su alegre padre estaba sentado junto al árbol de navidad, siendo fulminado por la mirada de Remus. Harry abrazó a su tío.

—¡Feliz navidad, tío Lunático!

—¡Feliz navidad, Harry! — Dijo Remus y sólo para molestar a Sirius, el cual comenzaba a hacer un puchero con sus labios, comenzó a intentar aplacar el cabello de Harry muy lentamente y a desarrugar su pijama.

—¡Hey! ¿Qué hay de mí? ¡Soy tu padre!

Harry intentó acercarse a Sirius, pero Remus se lo impidió.

—Suficiente de eso, Lupin— Dijo Severus golpeando la nuca de Remus—. ¡Black ya sufrió lo suficiente!

Harry corrió feliz hasta donde Sirius y lo abrazó. Sirius regresó el abrazo haciendo que ambos cayeran al suelo mientras chillaban «¡Feliz navidad!». Poco después, comenzaron a abrir los regalos y a hacer bromas amistosas. Fue con el sonido de risas en el aire que Dumbledore ingresó a los cuarteles de los Merodeadores para unirse a la celebración. Cuando vio a Severus reír de algo que Sirius había dicho, no pudo evitar pensar en cómo las cosas podían cambiar drásticamente, y como algunos de cambios eran muy bienvenidos.


Después del almuerzo, Harry fue a la sala común de Gryffindor para darle sus regalos a sus amigos. Ellos habían estado tristes de que Harry durmiera en su vieja habitación, pero entendían que era una tradición para él. Eso no significaba que no los vería.

Sus amigos lo recibieron con la noticia de que la poción Multijugos estaba lista, y que podrían convertirse en Crabbe, Goyle y Millicent Bulstrode, de la cual Hermione había tomado un cabello aquella noche. Neville permanecería afuera vigilando en caso de que los verdaderos Slytherin aparecieran. Aun cuando habían planeado cómo deshacerse de Crabbe y Goyle (con poción para dormir y esconderlos en un armario), y Bulstrode había ido a casa por las fiestas, era mejor prevenir que lamentar.


—Entonces…— Sirius caminó frente a los tres chicos sentados en el sofá de la sala común de Gryffindor—. Ustedes tres quieren convencerme de que no tienen idea de cómo fue que la cabeza de la señorita Granger se convirtió en una de gato.

Harry, Ron y Neville asintieron. Sirius suspiró y acarició su barbilla con un dedo.

—¿Por qué será que no creo eso?

—Porque estás siendo escéptico— Soltó Ron—. Está, señor— Agregó por su propio bien.

Sirius lo miró.

—La señora Pomfrey podrá arreglar el asunto más rápido si sabe qué es lo que ocurrió— Dijo en voz baja.

Los chicos tragaron saliva, pero no dijeron nada. El castigo de Sirius no sería nada comparado al de Hermione si ellos decían lo que habían estado tramando. No es como que hubiera servido de mucho, de todas formas: Malfoy no sabía nada que ellos no supieran ya; de hecho, sabía menos dado que Harry sabía quién había sido expulsado por el incidente de la Cámara cincuenta años antes. Al menos habían descubierto sobre la bóveda secreta del padre de Malfoy y Ron ya había enviado una lechuza a su padre con la información. Eso era algo, al menos.

—¿Nada que decir?

Silencio.

—¿Ninguna confesión que hacer?

Silencio.

Sirius gruñó—. Desafortunadamente no puedo castigarlos sin pruebas, aun cuando sé que hicieron algo. Pero estén seguros de que los estaré vigilando de cerca— Agregó agachándose para estar al mismo nivel que los tres chicos, quienes asintieron y tragaron saliva. Mantuvo la mirada para alargar el efecto y entonces dio media vuelta y se alejó. ¡Una estudiante semi-transformada en gato en su guardia! Minerva nunca se lo perdonaría.

Continuará...