Hola, por ahí dije que al menos subiría dos capítulos hoy, y no pienso quedar mal.
Este capítulo se inició a las 3:00 de la tarde del martes 16 de mayo de 2017, hora del centro de México.
Cap. 14 – Redención
Tan pronto escucho esas palabras, saltó de su cama. Lori y Luna se apartaron de esta para dejar pasar a Lynn, quien se apresuró a acercarse a Lincoln para preguntarle lo que sabía.
-¡Déjame ver! –Arrebatando el teléfono de Lincoln de sus manos, antes de que este pudiera darse cuenta-.
-Oye…
-Shh, voy a leer.
"Lincoln, amigo, ¿todo está bien con tu hermana? No me contesta los mensajes ni las llamadas. Estoy un poco preocupado. Creo que la cagué, no debí exigirle tanto. Responde en cuanto puedas, gracias amigo. Oh, y por cierto, te encargo la cámara, recuerda que tú la tienes."
Habiendo terminado de leer, Lynn no sabía cómo responder, no sabía cómo sentirse, ni cómo actuar ante el texto, pero de algo si estaba segura, su equipo no estaba enfadado con ella. ¿Qué hacer?" se preguntó la pequeña con cola de caballo, no tenía su teléfono con ella, y no quería usar el de sus hermanos por alguna razón.
-¿Qué vas a hacer? –Le preguntó Lincoln-.
-No lo sé.
-¿Por qué no lo llamas?
-Papá me quito mi teléfono y no me dejara usar la computadora.
-Pues usa el mío…
-O el mío… -O el mío –dijeron Lori y Luna uniéndose a la conversación, tratando de ayudar lo más posible-.
-Gracias hermanos, pero necesito que sea de mi teléfono, de otro modo, tal vez no quiera contestar o bloquee el número.
Pasaron unos segundos de silencio en lo que pensaban que podrían hacer para ayudar a Lynn, hasta que Lori decidió actuar…
-Muy bien, es todo, no se me ocurre otra solución.
-¿De que estas hablando? –Respondieron los tres Loud restantes al unísono.
-Iré a hablar con papá para que te de tu teléfono, es lo menos que puedo hacer.
-Voy contigo, hermana –dijo Luna-.
-Yo también –agrego Lincoln-. Lynn, ¿Qué dices?
-Gracias, a todos.
Tan pronto se decidieron, bajaron la escalera rumbo la habitación de sus padres, se apresuraron y justo antes de entrar, escucharon un melancólico llanto. Tan pronto lo hicieron, detuvieron su intención de entrar y solo pararon oído junto a la puerta.
-Ya querido, esto tenía que pasar.
-¿Pero por qué tan pronto? Solo es una niña, es mi niña.
-Ay, cariño. Esto pasará con todos eventualmente, mira a Lincoln, él es menor que Lynn y también ya tiene novia.
Lincoln se ruborizó mientras sus hermanas sonreían junto a él, pero siguieron escuchando.
-Lo sé, pero no quiero que la alejen tan pronto de mí.
-Lynn es perfectamente consciente de que solo tiene trece, no puede hacer mucho aún, ¿no crees?
-Supongo, pero, ¿qué pasará cuando tenga 15 o 17 o 20?
-Yo voy a seguir siendo tu hija –dijo Lynn al abrir la puerta, entrando a la habitación de sus padres-. Eso nada lo va a cambiar.
En eso corrió a dar un fuerte abrazo a su padre, quien no contuvo las lágrimas de felicidad que las palabras de su hija habían provocado en él.
-Hija, perdóname, lo que pasa es que no quiero que te empieces a alejar de tu familia, a alejar de tu madre y de mí.
-No te preocupes, papá, yo nunca los voy a abandonar –y se volvió a fundir en un abrazo con su padre, al cual se unieron su madre, y sus hermanos que ahí estaban-.
-Hija, te devuelvo tu teléfono, yo… uh… leí algunos mensajes que te llegaron, lo siento.
Rápidamente tomo el teléfono, sin siquiera importarle en lo más mínimo que su padre hubiese fisgoneado en su teléfono. Tras tomar su aparato, los chicos se dispusieron a salir de ahí, dejando solo a su padre quien era consolado por su madre, pues seguía llorando emotivamente.
Saliendo de la habitación de sus padres, procedieron a acomodarse en la sala, sospechando que casi no había actividad en la casa y un silencio muy anormal. Dando caso omiso al contexto…
-Rápido, Lynn, ¿qué dice? -La apresuró Lincoln, a quien Lori callo de un golpe en el brazo-.
-Auch –dijo mientras se sobaba-.
Entonces Lynn procedió a leer en voz alta:
"Lynn, ¿estás bien? Lamento que nos hayamos ido ayer así, pero la mayoría tuvo que irse, y yo tuve una emergencia familiar, nada grave. Espero que no estés molesta. Te quedaste con tu hermano, por eso me fui un poco tranquilo."
Sorprendidas, Lori y Luna se quedaron boquiabiertas, no esperaban que evadiera así el incidente de la noche anterior. Lynn continuaba:
"Lynn, amiga, parece que si estas un poco enfadada. Hablemos."
"Vamos Lynn, hasta te invito otra hamburguesa o dos, o las que quieras, solo vamos a hablar"
"Lynn, no contestas los mensajes, ahora tampoco las llamadas. Lamento haberte dejado, pero por favor, no seas así. Déjame compensarlo."
"Lynn, esto ya es ridículo, tú no eres así. Vamos, te necesitamos… yo te necesito, por favor, responde."
"Ya entendí. Ya no te molestare. Solo, por favor envía a tu hermano con la cámara mañana al lugar del entrenamiento. Gracias".
Esos dos últimos mensajes, el teléfono de Lynn los había recibido después de que mandaran el mensaje al teléfono de Lincoln. De pronto, detrás de ella se escucharon varios sollozos, se trataba de todas sus hermanas, quien todas y cada una lloraba a cuenta gotas por haber escuchado los mensajes de un chico desesperado por hablar con la chica que le gusta, y quien se había rendido. De todas, las que más lloraban eran Lori y Luna, pues el chico era todo lo contrario de lo que pensaron esa noche, pues ni hizo el intento por revelar lo que había pasado. Se daban cuenta de le casi le arrebataron a su hermana menor una posibilidad de estar con un chico con el que las chicas siempre sueñan.
-Lynn, ya sabes que el primer mensaje es una mentira –comenzó Lori a hablar-, y aprovechando que están todas aquí, voy a decir la verdad.
-Hermana…
-No, Luna, se lo debemos… yo se lo debo.
Lynn solo miraba con dudas a su hermana mayor, ya sabía lo que había ocurrido el día anterior… pero no lo sabía todo, nadie se lo había dicho.
-Lynn –y comenzó-, ese momento en el que estabas inconsciente, él muchacho, eh, Michael, trató de entrar a la enfermería y Luna y yo lo impedimos, estábamos furiosas con él y con los demás, pensamos que lo que te había pasado era culpa de él, pensamos que te había exigido mucho. Hace unas horas, Lincoln nos dijo la causa de tu desmayo.
-Nos sentíamos muy mal, hermana, por eso quisimos disculparnos.
-Sobre todo, porque hay algo que no sabes –tomo aire de un gran suspiro-, en ese momento, yo… yo… yo le di una bofetada.
Todas quedaron impactadas por la revelación, pues Lori no se distinguía por ser una chica violenta, y tras unos breves segundos de silencio, todas, menos Luna, le reprochaban e insultaban, palabras que solo aceptaba, condenándose ella misma.
Lynn, en cambio, no le decía nada, volvía a estar molesta con sus hermanas, pero sin decir una sola palabra, solo pensaba en ese último mensaje en que había mandado Michael, diciendo que ya no la molestaría, lo cual también le provocó mucha tristeza, pero en ese momento, no dijo nada, trataba de articular sus pensamientos antes de provocar…
-¿Hola?
-Hola, Michael, soy Lincoln…
Cesó el escándalo provocado por las niñas y llamo la atención de Lynn, el altavoz del teléfono de Lincoln estaba activado, por lo que pudieron oír perfectamente el momento en el que Michael contesto.
-Hola, hermano, ¿qué pasa? ¿Todo bien?
-Pues, no del todo viejo. ¿Podrías venir a mi casa más tarde? Hay algo de lo que quiero hablar.
-No lo sé, viejo. Después de lo de ayer no estoy muy seguro de asomar mi cara por esos lares. Si me lleve una bofetada con una hermana, quien sabe cómo pueda salir de esa casa con otras 9, ja, ja, ja –esto último lo dijo con un claro tono de alegría en su voz-. Por cierto, ¿ya lo sabe?
-No, aun no.
-Eso es bueno.
-Y bien, ¿qué dices?
-No estoy seguro, aparte ellas estarán ahí, se volverá muy incómodo.
-Ellas salerón de casa, y Lynn tampoco se encuentra, solo quedamos yo, y mis hermanas menores.
-Bueno, supongo que el viaje serviría para llevarme mi cámara de una vez, está bien. Llegaré en una hora más o menos.
-Estupendo, nos vemos.
Acabada la conversación, un nuevo silencio ocupo la casa, no podían creer lo que habían escuchado, aquel chico con el que Lori y Luna se habían portado de una manera tan horrenda estaba camino a su casa quien sabe para qué… bueno, Lincoln lo sabe.
-Bueno niñas -¡Lincoln! –Gritaron todas, quizás no lo había pensado muy bien-.
-¿Qué acabas de hacer? –Le pregunto Lynn, un poco molesta-.
-¡Es hora de que todo esto acabe! –Replicó-. Uno de los mensajes tiene razón, tú no eres así, y esto tiene que parar a como de lugar.
-Es una pésima idea –dijo Lola, burlándose-.
-Sí, ¿Qué puedes saber tú de esto, hermano mayor? –Complementó Lana-.
-Aparentemente más que ustedes, saben…
-Cierto –interrumpió Lori-, Lincoln también es un chico…
-Gracias por notarlo –dijo con molestia-.
-Es hora de que tenga la oportunidad que tanto ha solicitado.
-¿En serio? -¿En serio? –Preguntaron todos despistados, no lo podía creer, al fin lo dejaban opinar en este tema tan complicado, sobre todo para un niño de once años.
-Bien, gracias, bueno, lo que tengo en mente es…
-Tranquilo, lo sabemos, nos saldremos de la casa justo antes de que llegue.
-¿Qué? No, eso no es…
-Entonces, ¿por qué le dijiste eso, genio?
-¡Querrían dejarme hablar! –Ante ese grito, todas guardaron silencio y se dispusieron a oír el plan…
El timbre de la casa sonó 45 minutos después, para ese momento ya todas sabían lo que debían hacer.
-¡Ah, demonios! ¡Lo olvide otra vez!
Al escuchar el sonido de alguien siendo electrocutado por el timbre, Lincoln se dispuso a abrir la puerta.
-Michael, amigo, pasa hombre.
-Gracias, viejo –dijo el muchacho, recuperándose del choque que le había dado el timbre-. Bien, ¿de que querías hablar?
-Porque no nos sentamos.
-Lincoln, ve al grano, por favor.
-Ah –lanzó un suspiro liberador y comprometedor al mismo tiempo-, es sobre Lynn.
-Sí, me lo imagine –dijo, llevándose una mano a la cara, tratando de contener su preocupación-. Nos abandona ¿verdad?
-Bueno, ella…
-No te preocupes, amigo, así estaba escrito –dijo, con la voz todavía demostrando aflicción-…
-Oye, espera –se apresuró a interrumpirlo-, no es eso.
-¿A no?
-No, no es eso –y apareciéndose detrás de él, posando una mano sobre su hombro, le respondía Lynn, quien dibujaba una tenue sonrisa en su rostro-
-Oh, vaya, Lynn, pensé que no estabas –dijo, cabizbajo, aún con tristeza en su voz, lo cual hizo que Lynn, también borrara su sonrisa-.
-Hay alguien, que también quiere hablar contigo.
En ese momento llamó a Lori y a Luna, quienes salieron de la cocina, pasando por el comedor, hasta hacerse visibles por Michael. Él no levanto la mirada, aunque había visto de reojo de quienes se trataban, se mostró sobrio, sin querer hacer contacto visual, molesto, y cuando las chicas se acercaron mencionando su nombre este retrocedió un paso, adoptando una posición defensiva, una que mostraba una mezcla de karate, taekwondo, y boxeo, una pose más parecida a las peleas callejeras o a las artes marciales mixtas, como si estuviera preparado para recibir golpes, y era entendible, la última vez que tuvo contacto con las hermanas de Lynn recibió un golpe por parte de la mayor.
-Michael, por favor –le dijo Lynn, tomándolo de uno de sus brazos, intentando que rompiera esa pose-, escucha.
Michael escucho a la pequeña niña de pelo castaño y cola de caballo, y paso a relajar su cuerpo, pero sin hacer contacto visual.
-Michael –comenzó Lori-, te debemos una gran disculpa.
-Amigo –continuo Luna, acercándose para tomar de un hombro al chico-, de verdad sentimos lo que pasó. No teníamos, es decir, no debimos… ah, es eso, no debimos actuar como actuamos.
-Por favor, no te molestes con Lynn, nosotras tuvimos la culpa.
-¿Saben algo? –respondió Michael-, eso fue cruel, y la verdad no creo poder olvidar lo que pasó…
Ambas chicas voltearon al suelo en señal de derrota.
-… pero puedo intentar ignorarlo.
Ante estas palabras, ni Lynn ni las chicas, pudieron evitar tener una sensación de alivio en su alma, era como si aquella penosa escena nunca hubiera existido. Las chicas estaban conmovidas por la actitud del chico, tan sereno, tan sobro, sin una gota de rencor en su interior.
-Entonces, ¿todo bien todo? –Hablo Lincoln-.
-Por mi está bien –respondió Michael, haciendo que el ambiente de esa habitación se volviera menos pesado que el aire-, ¿qué tal ellas?
Las chicas, al oír esas palabras se arrojaron al chico, abrazándolo. Aquellas palabras eran las justas que querían escuchar.
-Gracias, Michael –dijo Lynn-, definitivamente eres un gran amigo.
-No voy a sacrificar una buena amistad solo por un estúpido malentendido.
-Nosotras nos vamos –agrego Lori-, vamos, tú también Lincoln.
Las chicas subieron a sus habitaciones y Lincoln a la suya, en menos de un minuto se habían quedado solos, pero sin dirigirse la palabra el uno al otro. Tal vez Lynn esperaba a que se cerraran las puertas de las habitaciones y asegurarse de que no serían espiados otra vez.
-Oye, entonces –comenzó Lynn a hablar-, con que las hamburguesas que quiera, ¿eh?
-Claro, ¿tienes mis 20 billetes? Ja, ja, ja -Lynn lo miró con los ojos entrecerrados, acusativos-…
-Con que si, ¿eh? ¡Dos por moverte! –A lo que Michael no se inmuto-. ¡Rayos! Tampoco funciona contigo.
-Estoy la mayor parte del día con chicos de nuestra edad, prácticamente soy inmune a ese juego.
Lynn se mostró molesta, pero no duró mucho hasta que Michael decidió hablar:
-Escucha, me encantaría participar en este concurso de miradas, pero debo irme, iré a cenar con mis padres.
-Oh, está bien, adiós, supongo.
-Adiós, te veré mañana en el entrenamiento.
-No me lo perdería.
Así, despidiéndose los chicos, terminaba el día más difícil para Lynn en años, pues ni siquiera recordaba haberse agotado tanto en algún momento de su vida. Puesto eso, se sentó en las escaleras de entrada, a contemplar el inminente atardecer, y a un lado de ella, apareciendo su hermano, sentándose junto a ella, suspiro y dijo:
-Sabía que funcionaria.
Lynn recostó su cabeza sobre el pecho de su hermano menor, rodeándola con su brazo, al fin, ese día había llegado a su fin y con él, los recuerdos del día anterior.
