Capítulo 14

Baile de máscaras –PARTE 1-


Los días pasaron rápidamente en la mansión Watanabe gracias a los preparativos del gran baile de máscaras que organizó el Rey en su honor. Las princesas se habían quedado en el castillo atendiendo a sus sesiones intensivas de spa.

Las guardias pensaron que podrían investigar más a profundidad el castillo, pero solamente pudieron recorrer la mitad del mismo. Estaban seguras de que mantenían oculto al padre de Sayaka en algún rincón del Castillo pero dar con él había supuesto una gran pérdida de tiempo, pues aparte tenían que lidiar con un asunto de vital importancia: el baile.

La llegada de guardias nuevos, sin experiencia, comenzó a llamar más y más la atención de Jurina. El Rey Watanabe tramaba algo, estaba casi segura pero no era el momento de pensar en eso. Debía apegarse a las palabras de Shinoda y según Sayaka, el monarca no era más que un idiota queriendo poder. "Tener un idiota al poder es mucho más peligroso que tener a alguien sabio" pensó mientras se colocaba el saco negro con detalles en rojo. Se miró al espejo grande de la habitación y lanzó algunos golpes con patadas. El traje era cómodo y la tela era de la mejor calidad. Nunca había vestido algo tan caro así que no pudo evitar recorrer la tela con los dedos.

-Te ves muy bien.- La voz de la princesa Mayu la hizo dar un pequeño salto en su lugar. Se aclaró la garganta girándose para no seguir dándole la espalda.

-No debería estar aquí, majestad. –Intentó no mirarla por mucho tiempo, pero era algo casi imposible de hacer. La princesa se veía muy hermosa. Más que la primera vez que vistió el vestido en la tienda de Maeda, seguramente debía ser por el maquillaje un poco más cargado que de costumbre. Cargado pero elegante y se podría decir que hasta sensual.

-Es mi Castillo; puedo estar donde quiera, cuando quiera y con quien lo desee.- Declaró con desgano, observando aquel lugar con los brazos cruzados. No sabía por qué pero había imaginado el cuarto más desordenado, con ropa tirada en el suelo y las camas revueltas. Era todo lo contrario. Todo parecía estar en su lugar. De hecho, no parecía haber objetos personales de las guardias por ningún lado. Antes que pudiera hacer alguna pregunta, sus ojos se engrandecieron y tuvo que dar un paso atrás cuando su mirada se topó con los ojos de Jurina, quien estaba a sólo unos centímetros de ella.

-Lo siento, tiene razón. Sin embargo, me quiero atrever a preguntar… ¿qué hace aquí? ¿Necesita algo? –Jurina la acosaba con la mirada, como si intentara hacer que olvidara a que iba exactamente. Mayu se giró dándole la espalda, dirigiéndose a la puerta.

-Claro que te necesito, ¿para qué otra cosa vendría a buscarte de no ser así?... deja de verte al espejo y acompáñame. –Abrió la puerta para salir de ahí, confiada en que la joven la siguiera…y así lo hizo la chica de cabello más corto.

Después de caminar unos metros en completo silencio como siempre, Mayu se detuvo girándose de nuevo. Miró hacia todos lados antes de centrar la mirada en los ojos de la más alta.

-Quiero que te encargues de alguien hoy.- sentenció la princesa de hielo.

-Entendido.- respondió la guardia sin inmutarse por tales palabras. Mayu parpadeó unas cuantas veces antes de poder hablar nuevamente.

-¿Si entendiste bien el pedido? Necesito que asesines a alguien.

-Entendí bien a la primera, majestad. Usted nada más debe señalarme a quien y lo haré.- Jurina le mantenía la mirada. A Mayu se le fue un momento el aire; el vacío que tenían esos ojos le dio un poco de miedo.

-¿No preguntarás la razón?

-Tengo dos reglas que su padre me ordenó seguir sin importar qué. La primera, protegerla a toda costa incluso si tengo que dar mi vida a cambio. La segunda, hacer todo lo que usted ordene.

-Incluso asesinar.- La princesa estaba asombrada. Jurina parecía seguir esas reglas sólo cuando le convenía.

-Todo. Aunque me suponga un dolor en el trasero.

Mayu frunció el ceño pero antes que pudiera reclamarle, Jurina le sonrió dedicándole un guiño. Odiaba cuando hacia eso. Lo odiaba y Jurina parecía saberlo pues lo hacía en los momentos menos apropiados. Siempre.

La princesa le dio un manotazo en uno de los hombros recriminándole con la mirada, incluso haciendo un pequeño berrinche con los labios. Podía jurar que en esos momentos, vio a Jurina sonreír de manera diferente. Había sonreído antes pero no como en aquel momento. Fue una sonrisa sincera extendiendo al máximo la comisura de sus labios mientras arrugaba un poco la nariz y los ojos casi le desaparecían al convertirse en medias lunas. Una sonrisita de gato.

Unos pasos retumbaron en el pasillo haciendo que ambas dieran un pequeño brinco.

-Es momento de ir al baile. –Dijo Jurina ofreciéndole el brazo a la princesa de hielo. Mayu observó el brazo de su guardia y negó con la cabeza.

-Puedo caminar sin ayuda, aparte, caminas muy lento y me desespera.- Le comenzó a arreglar el chaleco, alisando algunos pliegues antes de sonreírle y girarse para comenzar a caminar. Mayu escuchó suspirar a su guardia, causando que se le formara una sonrisa en el rostro. Desde la llegada de Jurina, sentía que podía sonreír mucho más, tanto que las encargadas de la limpieza ya no huían de ella cada que caminaba por los pasillos. Aunque no estaba muy segura si era porque ya no tenía una mirada asesina o si las chicas de servicio se quedaban por su guardia, quien la perseguía como perrito a todos lados.


Mientras tanto, la princesa Miyuki se asomaba por la cortina del salón principal para observar a la gente que ya abarrotaba tal espacio vistiendo ropas elegantes y máscaras con piedras preciosas incrustadas en ellas.

-La duquesa Claudette se ve realmente hermosa, Maeda sama le hizo un vestido muy bonito este año. Debemos tener cuidado o va a terminar llevándose los mejores vestidos…-dijo metiendo la cabeza nuevamente al salón de espera que había sido acondicionado sólo para las princesas y sus guardias.

-Maeda sama nos adora, así que siempre dejará los mejores vestidos para nosotras…-Yuki parecía estar muy tranquila mientras tomaba una taza de té. Miró de reojo a Sae quien estaba concentrada teniendo una partida de ajedrez con Sayaka. Llevaba como 10 minutos atorada en una jugada pero claro, no iba a permitir que la enana de enfrente se burlara de ella. Por su parte, Sayaka observaba el tablero con las manos en forma de oración, apoyando la barbilla en las mismas.

-Espero tengas razón… -Miyuki enredó sus brazos en el cuello de Sayaka y apoyó la cabeza en la contraria, aprovechando que la joven estaba perdida en sus pensamientos. – Aunque ahora tendrá que hacer doble trabajo porque siempre querré que mi guardia esté coordinada conmigo. -Yuki sonrió asentando la taza en la mesita.

-Te preocupas por pequeñeces Miyuki –se levantó para estirar las piernas y caminar hacia el tablero. Colocó suavemente la mano en el hombro de Sae, logrando que la ikemen se "desconcentrara" momentáneamente- Lo mejor es no preocuparse y seguir tus instintos… ¿puedo? –Le preguntó a la Sae mientras señalaba el tablero. La chica asintió, de todos modos, ella no tenía ningún movimiento seguro en su cabeza. Cuando Yuki iba a mover el caballo, las puertas de la habitación se abrieron. Mayu entró con su típico rostro de hielo seguida de la mirada casi punzocortante que tenía Jurina.

-Ya va a comenzar lo bueno, llegó el alma de la fiesta.- Sae susurró sin poder contener el comentario, como siempre. Yuki se rió apretando ligeramente el hombro de la ikemen, recriminando así el comentario a su pequeña hermana.

-Matsui san no se queda atrás… -la siguió Yuki causando que la mayor se riera un poco más escandalosa.

Mayu y Jurina les dedicaron una mirada que las hizo callar de inmediato, se miraron con los ojos abiertos y continuaron riendo. Miyuki se había entretenido haciéndole una pequeña trenza al cabello de Sayaka quien seguía perdida en sus pensamientos.

-Ya, démosles su regalo. –soltó Mayu impaciente.

-¿No se lo has dado? –Preguntó Yuki ladeando la cabeza.- Pensé que a eso habías ido a hacer…

Jurina levantó una ceja tratando de buscar la mirada de la joven pero Mayu hizo hasta lo imposible por esquivarla.

-Escuché claramente que se lo daríamos las tres juntas… y fui a buscarla por otra cosa. Que no les incumbe. Como sea, toma tu regalo. –Le estiró la caja negra que había estado cargando todo el tiempo y a la cual Jurina no le había prestado demasiada importancia pensando que podría tratarse de su cartera o algo así.

-¿Qué es?-tomó la cajita para observarla.

-Cuando lo abras, lo sabrás. Miyuki los compró- La princesa de hielo desvió la mirada un poco fastidiada.

Jurina abrió la caja y se encontró con una máscara negra con piedras rojas y blancas decorándolo. Por lo visto, era artesanal y caro.

-Esto es demasiado…suficiente con el traje.

-¿Heee? ¿Vas a despreciar un regalo mío? Tardé mucho tiempo eligiendo el tuyo porque a Mayu no le agradaron los anteriores…-Miyuki hizo un pucherito. Al escuchar su nombre, la princesa de hielo decidió huir de aquella situación y aferrarse a su hermana más alta, obligándola a que dejara a Sae sola y concentrara toda su atención en ella.

La princesa Fisher había logrado su objetivo…Jurina no dijo nada más y se colocó la máscara.

-¡Que guapa te ves!- Miyuki soltó a Sayaka para acercarse a la joven.- ¡Sugoi! Tenía razón, tus facciones se remarcan más con este tipo de máscara. Te hace ver más misteriosa y hasta cierto punto, aterradora. ¡Muy linda!

-Ten cuidado Saya…Yamamoto, o te van a cambiar por Matsui…-bromeó Sae lanzándole un peón directo a la cara. La chica lo esquivó ladeando la cabeza.

-¿Mande? –Sayaka parpadeó unas cuantas veces para humedecer sus ojo.

-Nada, sigue cazando moscas.

Mayu había observado la escena con la mirada fija a la más bajita de las guardias mientras abrazaba a su hermana. Sayaka sintió la mirada, así que cuando buscó a la culpable, sus ojos toparon con los ojos negros de la princesa, quien no retiró la vista de ella. Mayu entrecerró los ojos. Estaba segura que aquella chica se le hacía conocida pero no lograba descifrar de donde le venía el parecido.

Sayaka por su parte, se quedó paralizada, había sido congelada por "la princesa de hielo" tal y como contaban los demás guardias del castillo con los que había hablado.

-No cambiaría a mi pequeño gatito por nadie, ¿verdad Sayakanyan? –La princesa Miyuki se había acercado para rodearla otra vez del cuello, esta vez rascándole la barbilla con un dedo. Sayaka sonrió al sentir los cariñitos, pero cuando fue consiente de las miradas de las demás se comenzó a sacudir para quitársela de encima.

-¡Yamamoto! Dime Yamamoto…o Sayaka…

-¿Por qué? Yo creo que Sayakanyan le queda excelente, su majestad. –se mofó Sae mientras se colocaba su máscara haciendo que las demás jóvenes, con excepción de Mayu, se rieran.

-Vamos, Madre nos espera…ya va a ser hora de que Papá haga el brindis inaugural…-dijo Mayu tomando del brazo a Jurina.- Primero entrarán ellas por ser las mayores. Quédate conmigo todo el tiempo, mejor si logras hacer que nadie hable conmigo hoy. No estoy de humor.

-Nunca está de humor, majestad.- Jurina sonrió irguiéndose para esperar el turno.

-¿Recuerdas la regla que puse sobre "el hablar sólo cuando yo te lo diga"?

-Es una fiesta, diviértase un poco. –Ignoró por completo las palabras de su protegida. No se miraban pero Mayu sabía que Jurina estaba sonriendo, así que no pudo evitar sonreír de la misma forma. La cortina se abrió para dar paso a las princesas y sus guardias. La fiesta iba a comenzar.