Bueno, quiero darles de nuevo la bienvenida a mi capítulo número catorce de este fic.

Quiero disculparme por haberlos dejado tanto tiempo esperando. Pero debido a diversas complicaciones (resfríos, la universidad, y numerosos bloques a la hora de escribir) no pude publicar más seguido.

También quiero agradecerles a cada uno de ustedes, queridos lectores, por visitar este historia y dejar sus comentarios.

No soy dueño de ningún personaje, eso es trabajo de Rowling, Riordan y Clamp.


Capítulo 14: El diablo y el tiempo.

-Giro, giro, giro, giro, giro! –

-Giro, giro, giro, giro, giro! –

-Giro, giro, giro, gi...! –

-Ya cállate, maldita bola de pelos negra! Aún sigo sin entender cómo es posible que a ti no te afecte el alcohol!? –

-Ha, ha, ha, ha! Es porque esa es una de mis ciento ocho habilidades secretas de Mokona! –

-A veces me arrepiento tanto de haberte creado…-

-No, no lo haces! Tú me amas Harry! – de manera sonriente me proclamó la detestable bola de pelos.

-Tch! …ya cállate y dame algo para el dolor de cabeza que me está matando- dios, siento que se me parte en dos el cerebro.

-Aquí tienes Harry. Sigo diciendo que nunca me ganarás en competencias como estas-

-Silencio Mokona, hablas muy fuerte. Y prepárate, que pronto tendremos un cliente- gracias a todos los dioses que existen estos remedios para las resacas.

-Un cliente? Acaso es otro de esos niños que están siendo atacados? –

-No mi querido amigo. Este cliente es algo mucho más grande que esos "pequeños" héroes- y mucho más hábil y peligroso pensé.

-Crees que puede ser problemático el que se presente aquí? –

-Esos solo lo decidirán sus acciones. Ya es lo suficientemente mayor para hacerse cargo por lo que haga-

-Mmh…tan solo ten cuidado Harry, el hecho de que seas muy poderoso no significa que siempre salgas indemne. Quedó muy en claro cuando le cumpliste el deseo a esa mujer-

-Agh! Ya lárgate de aquí Mokona, y trae un poco de té. Tch! Mira que preocuparte como una vieja abuela! – enserio a veces me desespera esa bola de pelos negra.

-Ha, ha, ha, ha! Esa es otra de mis ciento ocho habilidades secretas de Mokona! –

-Geez…eres demasiado ruidoso, estoy debatiéndome si debo hechizarte con un Silencio para no oír tus chillidos por el resto del día-


Realmente debo de tener mucho cuidado con este cliente. Tch! … Será como tratar con Dumbledore de nuevo. Aunque quien soy yo para negarme a cumplir el deseo de alguien necesitado.

Siempre y cuando paguen el precio equivalente por ello.

Geez…creo que tendré que pedirle a Mokona que vaya preparando una tetera gigante de té y varios medicamentos para mi próximo dolor de cabeza.

Definitivamente tengo que tomarme unas vacaciones con las chicas en alguna playa perdida en el mar. Quizás sea buena idea el tener que fijarme más tarde en algunas de las tierras que heredé de Sirius.


-Harry...el cliente ha llegado. Necesitarás que me quede? –

-Gracias por avisarme. Y no será necesario que estés aquí. Puedes ir a descansar un rato Mokona, tan solo trata de incendiar la casa o algo por el estilo mientras trabajo- le respondo divertidamente, solo para verlo hacer una faneca y luego sacarme la lengua.

-Está bien, tan solo ten cuidado, sé que no me has dicho cuan peligroso es esta persona tan misteriosa- la bola negra me dijo mientras se alejaba hacia algún otro lado de la tienda.

-Así que el cliente ha llegado finalmente. Quizás deba de darle una bienvenida apropiada- dije mientras me ponía de yukata de color púrpura oscuro con dibujos de flores doradas en los bordes, y encendía mi kisuru dejando que el humo del tabaco llena la amplia habitación en donde me encontraba.

Me acerqué al pasillo y ahí lo vi.

Para alguien tan poderoso parece tan…mundano en este momento. Su pelo de color rubio ceniza y sus ojos marrones. Su cara un tanto angular con pómulos marcados. Su altura alrededor de los seis pies con dos pulgadas. Vestido con una sudadera de color azul oscuro y unos jeans negros. Y unas zapatillas blancas Vans.

Si, un look demasiado mundano para alguien como él.

-Buenas tardes joven- le digo jovialmente mientras exhalaba el humo de mi pipa, chocando contra su rostro, logrando que haga una mueca de disgusto.

-Buenas tardes señor. He escuchado que aquí venden cosas únicas a quienes logran entrar- me responde con una sonrisa y una mirada inocente, pero que con ojo crítico puedo decir que es una vil farsa.

-Así es, aquí en esta tienda se conceden deseos…pero solo a un precio justo- comento, mientras que con una simple seña de mi mano le indicaba que me siguiese a la habitación principal.

-A qué se refiere con un "precio justo"? Acaso tengo que darle dinero o joyas a modo de pago? – su rostro demostró un ligero shock, que inmediatamente eliminó…una lástima que pude verlo primero, he!

-Un cambio equivalente. Ni de más, ni de menos. Tiene que ser un trato que esté dominado por el equilibrio- expliqué mientras me recostaba plácidamente en mi sofá, dejando que se quede de pie.

Total, es su culpa que el hecho de que haya elegido un envaso tan joven, así que no se morirá por estar un rato parado.

-Mmh…eso tiene sentido- las adulaciones no te llevarán a ningún lado conmigo "muchacho".

-Gracias! Ahora, el simple hecho de que hayas entrado a mi tienda, implica que tienes un deseo. Así que…dime muchacho…qué es lo que tanto anhelas? – con una zorruna sonrisa le pregunté mientras lo veía incomodarse, como si tratase de averiguar si yo estaba jugando con él al gato y el ratón.

-Mi deseo es…tener poder…mucho poder a mi disposición- dijo con un tono maniático y sus ojos brillando fugazmente en una tonalidad dorada, solo para volver a sus marrones instantáneamente.

-Umh…poder. Quieres poder. Algo tan inestable e indomable que nadie es capaz de manipularlo de manera propicia. Es como pisar hormigas y controlar la fuerza para no aplastarlas…realmente difícil. Estás seguro que quieres algo así? –

-Qué!? Por qué cuestionas mi pedido!? Me dijeron que cumplirías cualquier deseo que te pidiese! Acaso tan solo eres puras palabras bonitas y no puedes cumplir nada!? –

Wow…debo admitir que el muchacho tiene una voz bastante aguda cuando grita enfadado. Definitivamente tendré que tomar algo fuerte para el dolor de cabeza una vez que termine con él.

Decido hacer caso omiso a su rabieta y mantengo una cara neutra. Tantos años frente al vejestorio devorador de caramelos de limón, me ha enseñado el beneficio de la paciencia y prudencia.

Y la persona frente a mí no es tan diferente al anciano. Entablar un dialogo con ellos es como estar enfrentándote en una partida de ajedrez, y cualquier imprudencia generaría un estado de peligro para mi Rey.

-Vuelvo a preguntarte…estás seguro de que quieres que cumpla tu deseo? Estás realmente consciente de las consecuencias? – le pregunto con una mirada seria, pero por dentro trataba de establecer mis próximas acciones a sus respuestas posibles.

-Sí! Ya deja de hacerme perder el tiempo y cumple mi maldito deseo! – ofuscadamente me recriminó.

-Está bien, Pero primero, debes pagarme con algo del mismo valor- le respondo con una sonrisa socarrona, disfrutando de cuan molesto se ponía por mis palabras.

-Quieres dinero? Puedo darte el que quieras. Millones si así lo deseas- dijo arrogantemente, como si hubiese descubierto la manera de complacerme.

-Dinero? No muchacho- de manera llana le replico.

-Entonces, quieres oro? Gemas? Diamantes? Te daré lo que quieras y en la cantidad que tu prefieras- su cara de arrogancia cambió a una de desesperación de un momento a otro para mi diversión.

-No…nada de eso. Por tu deseo quiero que me respondas a una pregunta nada más. Y para que veas que no soy tan malvado cómo crees en este momento, te daré tres oportunidades- le comento, levantando tres dedos de mi mano izquierda, poniendo énfasis a mis palabras.

-Tres oportunidades? Acaso piensas que soy un idiota y me equivocaré en responder a una simple pregunta? Está bien, es tu pérdida. Ahora, cuál es esa dichosa pregunta que me quieres hacer? – de nuevo su arrogancia había vuelvo a aparecer, lo cual me provocaba un poco de repugnancia, ya que era como tratar con Draco en los primeros años de Hogwarts.

Tomo mi kisuru con mi mano derecha y, lentamente lo llevo a mis labios, tomando una leve bocanada de humo, para luego soltarlo suavemente. Veo como la tenue silueta del humo gira de manera abstracta alrededor de mi invitado, perturbándolo.

Observo como sus manos, o más específicamente sus dedos, se movían en un cierto patrón de agarre, como si estuviese acostumbrado a llevar en todo momento un arma.

A pesar de que externamente mi cara sea digna de un jugador profesional de póker, por dentro estaba sonriendo lúdicamente. La altanería que el cliente llamaba confianza, tan solo lo llevaría a la desgracia.

Depositando en movimientos lentos el kisuru en el cenicero, procedo a acomodarme lo más cómodamente posible en mi asiento y realizo mi pregunta.

-Dime muchacho…qué es el mal? –

-El mal? Eso es todo? Bueno, para iluminarte en tu duda existencial, el mal es la ausencia de la luz diaria. La eterna oscuridad- me respondió altaneramente, como si estuviese saboreando su breve momento de "victoria".

-Entonces me dices que están destinadas a estar en una eterna pelea. Me has enseñado la fatalidad y la inevitabilidad. Lo siento, pero no es la respuesta que buscaba. Has perdido una chance- le respondo tranquilamente, mientras tomaba una bocanada de humo.

-Qué!? Maldito seas! Respondí a tu pregunta y no pienso seguir con tu jueguito! Si no quieres darme lo que pido…entonces lo tomaré a la fuerza! – el muchacho de manera iracundo se expresó, y con un movimiento de su mano hizo aparecer una guadaña.

Antes de que pudiese expulsar el humo de mi pecho, el joven se movió velozmente a mi posición y en un solo parpadeo, enterró la punta de su arma en mi pecho, sorprendiéndome por la velocidad y eficacia de su accionar.

-Eres una farsa, intentaste jugar conmigo y por eso ahora te mataré y tomaré tomo lo que haya en este lugar- se regodeó mientras hundía más y más su arma en mi pecho.


-Tranquilamente liberé el humo de tabaco de mi interior, haciendo que choque en su cara y dije.

-Te quedan dos oportunidades más. Qué es el mal? – le digo suavemente, haciendo que los ojos de mi invitado se abran.

Antes de que pudiese darse cuenta, estaba parado sin su arma donde originalmente se hallaba. Me miraba fijamente tratando de dilucidar que rayos acababa de suceder, pues ya no tenía ninguna herida en mi pecho.

-Co-co-cómo? – temerosamente intentaba preguntar.

-Respóndeme jovencito si quieres que cumpla tu deseo. Qué es el mal? – repetí nuevamente, disfrutando cada segundo de las reacciones que mostraban su cara.

-El-el-el mal es un cenagal de ignorancia que nos impide alcanzar la luz inmortal. Algo vil y repugnante que hay que rechazar- esta vez me contestó el adolescente.

-Es acaso tan bajo? Y tú tan alto que no hay ninguna posibilidad de respeto mutuo? Me has enseñado el desprecio. Y lamentablemente, esa no es la respuesta que esperaba. Te queda tan solo una oportunidad-

Apenas dije mis últimas palabras, el joven había hecho materializar su guadaña y de una fugaz oscilación, su filo me había cortado la garganta de lado a lado logrando que mi sangre salga a borbotones, regando la cara de pura locura que el atacante tenía.

Solo pude sonreír maniáticamente a lo sucedido, pues antes de que pudiese comenzar a disfrutar de su obra, abrí mi boca y de las vibraciones de mis desgarradas cuerdas vocales salió un sonido que lo perturbó genuinamente.

-Has perdido dos chances. Esta es la última. Qué es el mal? – solté para luego reírme lunáticamente.


Vi como quiso decir algo, pero nuevamente se dio cuenta que esta sin la posesión de su arma y parado en el mismo lugar que las dos primeras veces.

-Qu-qu-qué eres? – asustadizamente me cuestionaba, pero yo solo sonreía suavemente.

-Esta es la tercera y última oportunidad que tienes para responderme y lograr pagar el precio requerido a tu pedido. Así que…qué es el mal? – le pregunté nuevamente, tratando de ver si era capaz de hallar la respuesta a mi duda.

-Yo-yo-yo...- duda era lo que sus ojos reflejaban, una duda tan tangible que me ocasionaba gracia.

-Qué es el mal? – repetí.

-El mal existe para que otros teman la ruina de oponerse a la "gran voz" y cumplan su voluntad, temiendo su castigo- me respondió.

-Y qué hay de la eternidad que ha soportado, incapaz de comprender la "luz", sufriendo en silencio el dolor. Acaso no es capaz de exigir castigo? Con tu respuesta me has enseñado la venganza. Lo siento, pero has fallado en tus tres oportunidades- le digo mientras me preparo para su reacción.

Pude ver el odio en sus ojos.

La rabia y la desesperación se mezclaban rápidamente, llevándolo a un punto crítico de su locura.

Antes de que pudiese pestañear, el joven impertinente había liberado su guadaña por tercera vez en el día y de un simple pero violento movimiento, había separado mi cabeza de mi cuerpo.

Él me veía expectante, casi gozando de lo sucedido. Solo para demostrar una cara de puro miedo cuando empecé a reírme.

Risas que invadían cada centímetro de la sala. Risas que resonaban en cada hueso de mi cliente.


Antes de que pudiese retroceder por el temor, se encontró sentado en el sofá que yo anteriormente ocupaba. Viendo como yo estaba parado frente a él con su guadaña en mis manos, mientras una inocente sonrisa se posicionaba en mi cara.

Lo vi removerse en su lugar, pero debido a un hechizo Petrificus Totalus en silencio, no podía.

-Permíteme contarte algo antes de darte un pequeño regalo- le digo con voz sedosa, mientras caminaba sin provocar ruido alguno.

Nunca debió actuar tan arrogantemente contra mí, y mucho menos en mi tienda donde puedo dar una muestra máxima de mi poder.

-La maldad no existe, pero yo la he visto…y su respuesta me resulta…incomprensible. Cuando era niño me tomé el tiempo suficiente para ver algo. Los pulgones comen hojas, las arañas devoran a los pulgones, y estas son absorbidas por el suelo…alimentando el follaje. Dónde se halla la maldad? Mira el suelo. El suelo negro…putrefacto…del que surge vida…vida que…al final se corrompe…y regresa al negro humus…- declaro mientras mi mirada se cruza con la de mi invitado, debatiéndome que debo hacer ahora.

Me acerco hasta donde se halla paralizado y tomo suavemente mi kisuru para darle una pitada más.

Siento como a pesar de estar jugando constantemente con su mente con mi legerimancia desde el momento que me miró a los ojos, he logrado manipular el sentido de espacio y tiempo en su propio cerebro.

Hubiese deseado que cuando era joven tenía este nivel de manipulación. Me habría salvado de innumerables dolores de cabeza con Snape y Dumbledore.

Pero ahora no puedo llorar sobre leche derramada. El tiempo pasa y ellos ahora son solo polvo.

Los ojos de mi invitado cambian de un segundo a otro de marrón a dorado, intentando zafarse de mi hechizo. Algo en vano pero divertido para mis ojos.

-Ya, ya…no debes esforzarte tanto joven Castellan…o debería decir Kronos? – le digo socarronamente mientras que con un leve movimiento de mis dedos lo libero de mi hechizo.

-Maldito! Te mataré! – gritó furiosamente mientras corría a mi posición.

Justo cuando estaba por alcanzarme me aparecí silenciosamente a sus espaldas, sorprendiéndolo, sin darle tiempo a reaccionar saqué la daga de Bellatrix que tenía escondida en mi manga y lo apuñalé en medio de su pecho, sacándole un suspiro desgarrador.

-Viniste a mi tienda, me gritaste, me insultaste e intentaste matarme. Viniste con un objetivo fijo en tu mente, pero fallaste estrepitosamente. Ahora los pedidos han cambiado debido a las necesidades- comento a su oído izquierdo, sintiendo su cuerpo temblar de dolor.

-Tú no eres un mortal…qué carajos eres? –

-Esa es tu duda ahora? Ha ha ha ha! Qué soy? Quién sabe? Puedo ser el ser más bondadoso que haya pisado la tierra…o a lo mejor soy el Diablo, cumpliendo deseos a la gente a cambio de algo, algo que solo me beneficiará. A mí y a nadie más. Y te cuento un secreto? El Tiempo siempre va a ser un juguete del Diablo, algo tan manipulable que a pesar de ser tu dominio no eres capaz de entenderlo- le decía dulcemente, viendo como una gota de sudor caía de su frente.

-Déjame…juro por el Río Styx que nunca más volveré aquí…pero tan solo déjame ir- me rogaba ahora, mientras hacía fuerza para sacar la daga que tenía enterrada en su pecho.

-No te preocupes, te irás. Y estoy bastante seguro de que no volverás a aparecerte por aquí. Pera para salir de mi tienda tendrás que pagar un precio…y me temo que nunca recordarás que fue lo que tuviste que darme a cambio. Adiós Kronos, fue un placer hacer negocios contigo. Obliviate Maxima- digo tranquilamente, retirando la daga y viéndolo caer inconsciente al suelo.


Dejé el cuerpo del joven poseído en una plaza cercana. El pobre estúpido nunca recordará donde se halla mi tienda. Y para colmo, perdió su preciado símbolo de poder. Su guadaña ahora estaba a mi disposición, ese fue su precio para salir de mi local.

Ahora la guadaña se encontraba en medio de mi sala, me acerqué a ella y con un detallado encanto la envolví en unas vendas que estaban dibujadas con runas de seguridad. Kronos nunca podrá recuperarla. Solo cuando llegue el tiempo…solo cuando inevitablemente, llegue su nuevo dueño…la entregaré.

Dioses, el dolor de cabeza ha vuelto! Espero que Mokona ya haya preparado todo lo necesario para mi jaqueca.

-MOKONA! –


El capítulo terminó aquí. Espero que les hay gustado y disfrutado.

Les aseguro que el próximo capítulo (el cual llevo la mitad escrito ahora) comenzará El Mar de los Monstruos. Y trataré de publicarlo el próximo fin de semana.

Para cualquiera que desee hacer una versión en donde los olímpicos leen este fic, tiene todo mi apoyo para hacerlo. Si necesitan algo pueden enviarme un mensaje y ver si puedo enviarles los archivos Word para que trabajen en ello.

Por favor dejen sus comentarios y críticas, ya que con ellos yo puedo mejorar mi historia.

Nos vemos en la próxima entrega. Adiós!