Disclaimer: Pues eso

Hola a todos. Aquí viene el capítulo catorce y bla bla. Espero que os guste, no me quiero enrollar.

At the beginning

14. Champagne

James veía las horas pasar sin entusiasmo. Estaba solo en casa, y ni siquiera la televisión conseguía aliviar su aburrimiento. Había pensado varias veces en visitar a Remus, pero él le había insistido en que prefería pasar las vacaciones de navidad con su familia.

No, tampoco iría a la cena en casa de sus padres.

Se sentía impotente, perdiendo el tiempo sin poder hacer nada por ayudarle.

Y Sirius... Sirius podría colaborar en vez de ir a esa maldita fiesta. Pero no, claro. Tenía que ir a la academia de aurores a hacer el paripé rodeado de turrón y champagne. Como si no pasase nada.

¡Como si no pasase nada!

-¿James?

El chico dio un respingo. La rabia le hacía respirar tan fuerte que ni siquiera la había escuchado aparecer.

-Michelle... –se levantó-. ¿Qué haces aquí?

-Bob trabaja.

-¿En noche buena?

Ella se encogió de hombros.

-Bob es... bueno, le da mucha importancia a la tienda, ya sabes. Aspira a que... cuando... –agitó su cabeza-. Bueno, eso da igual ahora. No pensaba encontrarte en casa, James. ¿Qué estabas haciendo?

-La verdad... –titubeó un segundo-. Nada. No estaba haciendo nada.

Su amiga alzó las cejas.

-Ya veo...

El chico se rascó la nuca con sus manos, mirando a sus lados buscando algo que ofrecerle. ¿Quedarían cervezas?

-¿Y a qué se debe tu falta de marcha, Potter? –preguntó dejándose caer en el sofá.

-A que no tengo un plan mejor.

-¿Y Sirius?

-Ah... bueno. Está en una fiesta de navidad que se ha organizado en la academia de aurores. Ya sabes, una especie de coctail, una pijada...

-Vaya, James. Pensarás que estoy loca pero creo que eso es un plan.

El chico se llevó las manos a la cara.

-Tú también no...

-¿Qué?

-Sirius. Lleva prácticamente todo el día intentando convencerme de que le acompañe.

-¿Y por qué no vas?

-Porque no me apetece.

-Es decir, porque va Lily Evans.

Un cojín impactó de lleno en su cara, y el chico se recolocó las gafas de mala gana.

-Eso no tiene nada que ver.

-¿Y si pasamos la fase en la que intentas convencerme de que no te importa en absoluto a la que reconoces que efectivamente es por eso?

-Eres insufrible. ¿Lo sabías?

-Eso es irse del tema –carraspeó-. Recuerda que ahora tienes que explicarme por qué de repente huyes de todo tipo de contacto con la pelirroja de tus sueños.

El chico la miró con cierto recelo, y le devolvió el cojinazo en venganza, antes de sentarse junto a ella.

-No es que huya, joder. Es sólo que... no me apetece ver... bueno, ya sabes, a Sirius y a ella y eso.

-Ah –se acarició la barbilla unos segundos-. Pues tenemos un problema, Potter.

-Eso ya lo veo.

-Me refiero a que no tengo planes para noche buena, y no quiero aburrirme. Y tú en cambio tienes un plan perfecto para mí. Adoro las fiestas.

-La respuesta es no, Michelle.

-Oh, vamos, James... –suplicó, estirándole la manga de la camisa-. ¿Qué te cuesta? Después de todo, vas conmigo. No tenemos ni por qué juntarnos con ellos si no queremos. ¿Eh?

-Les veremos de todas formas, lo sabes.

-¿Y qué? Tú y yo a nuestra bola. Nos emborrachamos de champagne como los niños ricos, hacemos un poco el tonto y luego volvemos cada uno a su casita.

-Pero es que... –resopló él.

-Venga, James. Hazme feliz, que es navidad.

Él la miró unos segundos a los ojos. ¿Cómo poder decirle que no?

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-¿Es que lo más fuerte que tienen aquí es champagne? –masculló Sirius con cierto disgusto.

-Eso parece –le acompañó Kait, buscando con la mirada alguna botella mientras Lily se limitaba a picar canapés.

-La verdad es que para esto nos podríamos haber quedado en casa bebiendo cerveza.

La pelirroja de vez en cuando sonreía, pero no parecía interactuar. Sirius y Kait llevaban la conversación, y ella les observaba ausente, como si esperaba que algo, o alguien, llegase de pronto a la fiesta.

-Pues sí. Así al menos no me sentiría tan apegada.

-No estás apegada.

-¿Me ves cara de auror?

-No, te veo cara de vegetariana pacifista. Pero vienes a acompañarnos a nosotros. ¿Verdad, Lils?

-Hmm.

Sirius abrió la boca, con la intención de sacar algún tema que la hiciera hablar, pero para suerte de Lily, dieron de lleno con dos compañeros de la academia, que saludaron a Sirius con entusiasmo. Observó, con alivio, que se enfrascaban en una larga conversación.

La pelirroja se apartó un poco. Kaitleen le imitó y enarcó las cejas.

-¿Se puede saber qué te pasa?

-¿Eh?

-Pareces un muerto.

Ella suspiró.

-Estoy cansada, eso es todo.

-Ya... –apretó los labios-. Pero Lily, es noche buena. ¡Tienes que animarte!

-Estoy animada –fingió una sonrisa-. ¿No lo ves?

-Engaña a otra. ¿Quieres? Yo llevo demasiados años aguantándote como para creerlo.

Lily no contestó; se limitó a tomar aire mirando a su alrededor. Expectante.

-Llegará, Lily.

-¿Qué?

-Potter –dijo, discretamente y sin perder de vista a Sirius, que seguía entusiasmado con sus amigos-. Le estás esperando. ¿No?

-Claro que no.

Kaitleen no quiso insistir, pero le lanzó una mirada elocuente que la obligó a confesar.

-Es que... me extraña que no venga, eso es todo.

-Bueno, Lily. Es normal que no quiera ver esto. ¿No?

-¿Ver qué?

Parecía desconcertada. Kaitleen rió.

-Realmente no te das cuenta de nada. ¿Verdad? –su amiga le observaba sin pestañear-. Sirius y tú. No tiene que ser muy agradable.

-¿Qué? Eso es... es estúpido. ¿Qué más le dará? Después de todo dejó muy claro que...

-No hay más ciego que el que no quiere ver.

-¿Qué?

-Que da igual, Lily –resopló, frustrada-. Oh, mira, ahí le tienes.

La pelirroja se giró hacia la puerta. Efectivamente, ahí estaba. Pero no iba solo.

-¿Ella no es...?

-Michelle –dijo Kaitleen, muy bajito.

La rubia en seguida dio con ellos, y se precipitó a saludarles.

-¡Kait! Dios mío, cuánto tiempo.

-Ssi... la verdad es que... si.

James había acompañado a Michelle y observaba en silencio como el color de las mejillas de Kaitleen iba en aumento. Casi al instante reparó también en Lily, y un saludo que pretendía ser efusivo quedó atascado en su garganta.

-Hola, James –dijo ella.

-¿Qué tal?

-Bien, bueno... ya sabes, acompañando a... –se mordió el labio-. La fiesta, y eso.

-Sí, a mí tampoco me apetece mucho.

-Ya.

-Sí.

Michelle y Kaitleen se habían quedado calladas, observándoles con media sonrisa.

-¿Bebemos algo? –propuso Michelle.

-Sólo hay champagne. Y... agua –le informó Kaity, rozando la desesperación.

-El champagne está bien. ¿Te traigo una copa, James?

-Bien.

Probablemente si le hubiera propuesto beber ácido sulfúrico habría asentido igualmente. Lily estaba tan... tan...

-Preciosa –murmuró tan bajito que ni él mismo pudo oírse.

-¿Eh?

-Decía que... te sienta bien el vestido –se apresuró a explicarse, alterado-. Es... bueno, el... verde, tus ojos... y eso –carraspeó, mirando al suelo.

Lily sonrió, y cuando él se atrevió a alzar la mirada y vio su sonrisa, respiró con alivio de que no pensase que era un idiota.

-¡Prongs! Te has dignado a venir, hermano.

Sirius. Claro. Por unos segundos casi lo había olvidado.

-¿Qué tal, Sirius?

-Bebiendo champagne como un desgraciado, tío.

-Sí, he visto que solo... que solo hay champagne. Y creo que Michelle había ido a buscarme una copa, así que será mejor que la busque. Nos vemos luego, chicos.

A Sirius no le dio tiempo a preguntarle por qué Michelle estaba en la fiesta, porque tan pronto como pudo abrir la boca, el chico desapareció entre la gente.

Lily se mordió el labio.

-¿Todo bien? –preguntó Sirius.

Ella asintió con la cabeza. Mentir en voz alta jamás se le había dado bien.

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Cuando James consiguió encontrar a Michelle, estaba tan metida en su conversación con Kaitleen que había olvidado por completo su copa. No le fue difícil hacerse con otra, sin embargo, porque las bandejas sobrevolaban la habitación sin darle tiempo a echarlas de menos.

Cogió un par, bebiéndoselas tan rápido como pudo.

-Es difícil emborracharse de champagne, Potter.

Se dio la vuelta al escuchar su apellido.

-Susie...

Becket. La chica que no llevó a las Vegas.

-Por suerte para ti yo he traído algo más fuerte –sonrió con picardía, enseñando una botellita de algo que realmente parecía tener bastantes más grados que un poco de cava-. ¿Quieres?

Lo pensó unos instantes, sopesando la situación. Sabía perfectamente que empezarían con unas copas y terminarían en la cama. Podía ser un consuelo perfecto para una noche como esa, en la que se sentía una de las personas más miserables de la fiesta.

Miró un momento a Lily Evans, que hablaba con Sirius sin mucho entusiasmo.

-Mejor no, Susie.

La chica alzó las cejas, probablemente poco acostumbrada a ser rechazada.

-¿Seguro?

Él asintió, rezando en sus adentros para que lo dejara estar.

-Tú mismo. Me encontrarás por aquí. Si te aburres mucho...

-Gracias, Susie –dijo dando por zanjada la conversación.

Rodó los ojos en cuanto ella desapareció de su vista.

0o0o0

-Me habría gustado que vinieras a mi boda.

Era la frase clave. Probablemente Kait lo sabía, y se encontró a sí misma sin respuesta.

-Ya, a mí también me habría gustado ir, pero... no me encontraba muy bien.

-Me lo dijeron.

-Ya sabes, suelo ser muy propensa a la gripe y... me pilló muy débil. No quería ahogaros la fiesta, así que pensé que sería mejor que me quedara en Londres.

-Vaya. A mí me dijeron que tenías neumonía.

La morena entreabrió los labios.

-Bueno... neumonía, gripe... la verdad es que nunca he sabido cuál es la diferencia.

Michelle enarcó las cejas con escepticismo, pero terminó riendo. Y, aliviada, Kaitleen la acompañó en la risa.

La noche prometía ser larga.

0o0o0

Pasaban los minutos. Quizás las horas. Y Lily estaba más que cansada de estar con Sirius mientras él se encontraba con toda la academia, chicos y chicas a partes iguales, que tenían tantas cosas que contarle.

Se limitaba a sonreír cuando él la presentaba como "su novia", y todos le felicitaban su suerte. Sí, tendría que sentirse orgullosa. Pero todo cuanto quería era que la fiesta acabase ya.

Hacía calor.

Se estaba ahogando.

-¡Muérdago! –se oyó gritar a una chica eufórica que señalaba a una parejita cerca de ellos. Por supuesto, tuvieron que besarse, y toda la sala irrumpió en un aplauso. Lily respiró profundamente, y dejó escapar el aire en un hondo suspiro.

No estaba de humor para ver ese tipo de espectáculos.

-Sirius –le llamó con discreción.

-¿Sí?

-Voy a buscar los baños. ¿Vale? Necesito un poco de agua.

-¿Estás bien? Pareces...

-Sólo estoy un poco mareada. En seguida vuelvo.

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Susie había asegurado que era imposible emborracharse de champagne, pero Kaity y Michelle estaban demostrando que esa teoría flaqueaba. Se encontraban en ese punto entre la consciencia y la embriaguez, en el que reían sin saber por qué y hablaban por el mero hecho de hablar.

-Bob es... es... muy...

-¿Muy qué? –preguntó Kait, con una risa tonta.

-Bestia.

-¿Ah, sí?

-Le doy un beso y ya lo tengo entre mis piernas. ¿Me explico?

Kaitleen soltó una carcajada, algo escandalizada por la forma de hablar de la chica, hasta entonces desconocida para ella.

-Pfff... pero... la mayoría son así.

-¿James también?

-¿Te gusta James?

-¡Claro que no! –exclamó como si fuese una locura-. Pero hablé con Lily y decía que él... era distinto.

-¿Se ha acostado con él?

-¡Claro que no! Pero se han besado. Y dijo que él era...

-Es diferente. Es... sí, es diferente –rió feliz-. Es una... pasada.

Kaitleen no dejaba de mirarla, sintiendo por un momento una enorme envidia por James Potter.

-Evans tiene suerte –sentenció Michelle, apurando su copa de champagne.

-¿Crees que... acabarán juntos?

-¡Claro!

-Pues James le mandó a la mierda.

-Bueno, pero es que James es gilipollas.

Kaitleen rió, mirando a sus lados asegurándose de que no había nadie.

-¿Le gusta Lily?

-Está colgaaaaaaado de Lily.

Kaitleen sonrió enseñando todos sus dientes. Se moría de ganas por contárselo a Lily de una buena vez, pero Michelle la sorprendió con una pregunta que hizo que se le olvidara todo.

-¿Y tú qué? Cuéntame. ¿Cómo han sido tus chicos en la cama?

-¿Qué?

-Ya sabes. ¿Experiencias desastrosas como Bob o dioses del sexo?

A la morena casi se le cae la copa.

-Yo soy virgen.

-¿Ah, sí? Por Merlín, quedan pocas como tú.

Se sintió ofendida.

-¿A qué se debe tu castidad?

-A que soy lesbiana.

Lo dijo tal cual, tranquila y de forma natural como cualquiera que habla del tiempo. Bebió todo lo que quedaba de champagne. Michelle abrió mucho los ojos.

-De acuerdo, sí. Eso lo explica todo.

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Lily no encontró los baños. Encontró en su lugar a un chico que bebía solo.

Quiso darse la vuelta y seguir buscando, pero hacía calor, había mucha gente, y la terrorífica música de fondo repleta de villancicos hizo que comprendiera por completo a aquel chico que, ahogándose en champagne, parecía tantas ganas de salir de la fiesta como ella.

Se acercó sin estar muy segura de sus pasos.

-¿Hola?

James se dio la vuelta. La vio y se quedó estático unos segundos, sin reaccionar. ¿Venía sola?

-Hola.

-¿Estás...?

-Bien. Sí.

-Bien.

Lily tomó aire. Aquello era estúpido.

-James, escucha... sé que últimamente discutimos mucho y...

-Ya.

-Si tengo la culpa de algo...

El chico la miró sin comprender. ¿Ella la culpa de qué?

-Siento lo del otro día, con el examen. Sé que ya te pedí perdón, pero de todas formas creo que... creo que no deberíamos estar como en Hogwarts porque... porque es estúpido...

James la observó sin pestañear y tragó saliva.

-Yo tampoco quiero que estemos como en Hogwarts. Lo del examen fue una tontería, Lily, ya te lo dije.

-Ya lo sé, pero aún así... No eres el mismo, James. Y siento que yo tengo la culpa en algo, aunque... aunque no entienda por qué.

El chico suspiró. Claro que tenía la culpa. ¿Pero cómo explicárselo? "Sí, Lily, tienes la culpa de que piense en ti 25 horas al día cuando lo que debería hacer es desearte suerte con mi mejor amigo, pero no quiero porque verte con él es horrible y me dan ganas de odiaros a los dos". Por supuesto. Un bonito regalo de navidad.

-No es nada. No tienes la culpa. Sé que muchas veces me porto como un idiota.

Lily sonrió y soltó una pequeña risita.

-Bueno, eso siempre se te ha dado bien –bromeó.

Él rió también.

-Te preocupaste por hacérmelo saber durante siete años, me sé de memoria mis cualidades.

-¿Tan insistente fui?

-Bueno. La verdad es que debía de sacarte mucho de quicio.

Lily soltó una carcajada y le dio la razón, mientras estiraba el brazo para coger una copa de champagne.

-Feliz navidad, James –dijo entonces, queriendo firmar una tregua.

El chico sonrió y chocó su copa ya casi vacía con la de Lily. Ambos dieron un trago, y conforme el champagne recorría su garganta se prometió a sí mismo que, no importaba lo qué pasara, haría lo que fuera por tener al menos su amistad. No la perdería de esa forma.

La pelirroja dejó su copa en una de las bandejas flotantes.

-Este champagne es horrible.

-¿Verdad? –rió él.

Lily entreabrió los labios con la intención de decir algo más cuando una vocecilla histérica difuminó sus palabras.

-¡Muérdago!

Ambos miraron a sus lados, y se encontraron con que todo el mundo les miraba expectantes, entre silbidos y vítores.

Miraron arriba, y vieron como encima de sus cabezas flotaba una caprichosa ramita de muérdago, que había decidido poner fin a la paz de la noche. Lily dejó de respirar por un instante, incapaz de creer su mala suerte.

James, frente a ella, la miraba sin saber qué hacer.

Y toda la fiesta les estaba mirando.

Chan chaaaaaaaannnn... xD lo dejo mal, lo sé, pero el siguiente es un capítulo que ya tengo escrito, y que puedo publicar muy muy pronto si sois buenos con los reviews. En verano estamos todos muy vagos xDD.

¡besitos!

Dream-kat