Ya estoooooy aquiiiiiií… Cerrad las puertas y ventanas, esconded a los niños. ¡La loca de Cloe ha vuelto!
Después de varios años he vuelto, a ver que me deparará la suerte. Quizás estaba más guapa calladita en mi casa, quien sabe.
Ya sabéis a quien pertenece todo esto bla bla bla, J.K bla bla bla.
¡ATENCION!
LEER ANTES DE EMPEZAR EL FIC
Debido a algunos acontecimientos que no voy a nombrar XD me veo en la tesitura de aclarar ciertos puntos. Dichas aclaraciones serán universales para todas mis historias. ¿Y por qué? Pensaréis… Pues por una sencilla razón, porque si tengo que avisar antes de cada historia sus posibles advertencias estoy contando un spoiler. Véase, antes de un posible lemmon hay que avisar. ¿Y si mis lectores no cuentan con ello y quiero que sea una sorpresa? Pues se fastidia la cosa porque antes de cada capítulo hay que avisar de las posibles advertencias por si alguien no quiere leerlas.
Y a mí, enterarme por adelantado de lo que va a pasar (más allá del summary por supuesto) no me gusta.
Así que he decido poner una advertencia estándar en todos mis capítulos/fics. Para evitar posibles auto-spoilers.
¡AQUÍ VA!
(Como en los productos alimentarios)
Todos mis fics pueden contener trazas de:
-Personajes OoC. (Con personalidades distintas al libro o fuera de carácter)
-Historias fuera de contexto.
-Faltas de ortografía, gramática y léxico. (Obviamente no a propósito XD)
-Universos alternos.
-Exceso de azúcar en algunas escenas.
-Historias sin sentido y poco creíbles. (a veces queriendo y otras sin querer)
-Y Contenido para adultos:
-Insultos o vocabulario malsonante o soez.
-Violencia (lo dudo XD pero aviso por si acaso)
- Lemmon de cualquier tipo.
Además me atribuyo el derecho a revivir y matar a cualquier personaje que quiera y cuando quiera. Y cambiar las partes de los libros que mas me convengan. (Que para eso soy la Autora) XD
Bueno…
Esas son las advertencias.
Si no tienes problemas y decides seguir leyendo bienvenidos a mi mundo.
Pero si después de leer las advertencias hay alguna de esas cosas (sobre todo el contenido para adultos) que no te gusta o te puedan llegar a molestar o incomodar, por favor no sigas. Y si aun así decides seguir, tú mismo con tu mecanismo. Pero luego no quiero quejas sobre eso porque entonces… Solo entonces, es posible que me lo tome mal. XD.
FIN ACLARACIONES
Para los que se acuerden de mi (si es que todavía queda algun ) Bienvenidos de nuevo, ya sabéis cómo funciona la cosa.
Para el resto… Sed bienvenidos a mi mundo.
Trifle
Los recién llegados fueron bien acogidos, rápidamente se integraron en la bulliciosa casa. Snape entrecerró los ojos molesto, eso era más gente a la que soportar, sobre todo al lobo pulgoso.
-Aquí hay noticias frescas, contadme.- Exigió Tonks mirando al grupo de mujeres que observaban divertidas hacia la cocina.
-¿Qué hace Severus aquí?- Preguntó Lupin con una gran sonrisa mientras acercaba a su mujer y la abrazada. Todos se miraron, Hermione desvió la vista hacía alguna telaraña del techo.
- ¿Habéis leído el Profeta hoy?- Les preguntó Charlie uniéndose al grupo. La pareja negó con la cabeza. Molly les ofreció dos vasos de ponche de huevo que ambos recibieron con agrado.
-Por vuestras caras imagino que saldrá algo interesante.- Dijo Nymphadora mientras daba un largo sorbo.- Para una vez que no lo miro.- Se lamentó.
-Una boda.- Indicó George divertido.
-¿Que boda?- Quiso saber Remus mientras imitaba a su mujer probando la deliciosa bebida navideña que reposaba en su mano.
-La de Snape.- Contestó Ginny divertida. El hombre lobo se atragantó con el ponche.
-¿Qué? ¿Con quién?- Preguntó entre asombrado y divertido. Un ligero silencio invadió el lugar. Varias sonrisas divertidas aparecieron en la cara de los presentes.
-Conmigo.- Susurró la bruja entre avergonzaba, divertida y orgullosa, levantó la mano enseñando el anillo que brillaba con sobriedad y discreción en su dedo anular. Lupin sonrió sorprendido.
-Esto no me lo esperaba.- Confesó divertido Remus.- Felicidades.
-¿En serio? –Dijo Tonks tratando de no reírse, su pelo cambió de un color castaño claro a un lila brillante.- Tienes mucho que contar.- Ordenó mientras la abrazaba. Lupin sonrió con aquella sonrisa cálida que solo él sabía poner.- ¿Y cómo fue la cosa?- Quiso saber guiñándole un ojo.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-¿Qué puedo hacer?- Chilló entusiasmado el señor Weasley. Snape gruñó molesto, se arrepentía enormemente de tener a ese hombre pululando como una adolescente alrededor suyo. Prefería mil veces beber una poción realizada por Longbottom, que tener que aguantar a ese entusiasta Weasley.
-Necesitamos algo de proteína.- Espetó el jefe de Slytherin a desgana.- Pescado, carne… cualquier cosa.
-¿Y cómo consigo eso?- Preguntó Arthur.
Snape trató de ocultar la cara de fastidio, pero solo consiguió que su cara se convirtiera en una extraña mueca. El señor Weasley empuñó su varita y luego cogió un cuchillo que resultó ser para la mantequilla.
-Conseguiré algo.- Afirmó seguro.-Saldré a cazar.
-¿Con eso?- Snape alzó una ceja. Arthur miró el cuchillo.- ¿Y qué pretende hacer? ¿Crear un pollo de mantequilla?
-Quizás yo pueda ayudar.- Habló Remus con su habitual sonrisa en la cara. Ambos se miraron. No era ni mucho menos una mirada de odio o rencor, pero tampoco era una mirada amable.
-Como no…- Siseó con un tono que quería parecer burla, pero en realidad se quedó en un silbido bastante neutro.
-¿Qué necesitas?- Preguntó tranquilamente. Snape lo volvió a mirar, iba a recordar ese condenado día el resto de su vida. Menuda tortura; tenía ganas de mandarlos a todos a algún sitio que no fuera agradable. Notó una mirada inquisitiva entre todos aquellos pares de ojos, sonrió interiormente, no hacía falta mirar, sabía perfectamente de quien era. Solo alguien era capaz de mirarlo así.
Su mujer.
Aun así, le devolvió la mirada, era Severus Snape, a esas alturas de su vida no se iba a dejar intimidar, no lo había hecho nunca en realidad, no lo iba a hacer ahora. No solo le mantuvo la mirada sino que además le obsequió con uno de aquellos gestos tan suyos diseñados para atemorizar. Pero Granger se dedicó a sonreírle.
Y como había ocurrido en las últimas semanas, se limitó a suavizar su mirada, no sabía como lo hacía, pero el caso es que conseguía lo que quería. Aunque para el resto del mundo su cara de frialdad no hubiera cambiado ni un ápice en realidad si lo había hecho.
-Cualquier cosa que pueda servir.- Comentó Severus sin más, quería soltar alguna amarga diatriba hacia el chucho ese. Pero la firme mirada de su ex alumna lo persuadió de su intento. Remus asintió, olisqueó un poco el aire y sonrió. Después salió por la puerta.
-Dentro de tres días es luna llena.- Afirmó Tonks con una sonrisa de lado a lado.- Te puedo asegurar que ahora mismo es capaz de cazar hasta a un dragón.
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-¿Quiere tratar esos faisanes con mas delicadeza Potter? Ya están muertos.-Masculló con sorna. El joven se asustó un poco. ¿Porque tenía que hacerle caso?
-¿Por qué yo?- Se quejó mas para sí mismo que otra cosa, pero Snape lo oyó. Se le acercó discretamente y se aseguró que nadie estuviera escuchando.
-Ganará puntos por esto.- Dijo sin más.
-¿Y porque iba a querer ganar puntos?- Preguntó a la defensiva mientras cortaba a la mitad uno de los faisanes, quizás con más fuerza de la que hubiera querido.
-No lleva un anillo de matrimonio en el bolsillo por nada, ¿verdad Potter?
-Como… ¿Como lo sabe?- Quiso saber un poco agobiado. Snape alzó la comisura del labio con autosuficiencia.
-Casi se le cae el anillo del bolsillo un par de veces.- Espetó sin poder evitar una sonrisa algo inquietante. Harry tragó saliva y se puso tan nervioso que el cuchillo se le resbaló de las manos. La pieza metálica resonó contra el suelo llamando la atención de algunos, pero rápidamente lo ignoraron.
-¡Me cago en Merlín!- Maldijo por lo bajo.
-Esa boca Potter.- Le recriminó.- Y bien… ¿Cómo lo va a hacer?- Preguntó con una ceja alzada.
-¿Le interesa?- Quiso saber el muchacho con la mirada un poco más seria.
-No me interesa por usted, si es eso lo que quiere saber.- Susurró lo más bajo posible mientras picaba un poco de apio.- Tengo otros intereses detrás.- Snape miró de soslayo a su mujer, que se encontraba en una esquina riendo divertida. Harry por primera vez en su vida le hizo caso a su novia, y miró más allá de sus narices.
Merlín…
Ginny tenía razón. ¿Snape estaba enamorada de Hermione? Todo encajaba ¿qué otros intereses iba a tener si no era para hacerlo por ella? Ayudarle a él y a Ginny en el fondo era porque sabía lo importante que eran sus amigos para ella. No si… Al final iba a resultar que Snape además de estar enamorado de su amiga, también era un romántico.
-Pero mis otros intereses no son de su incumbencia.- Le cortó.- Replanteo la pregunta Potter, ¿qué tiene planeado?
-¿Por qué? ¿Quiere ayudarme?
-Llámelo como quiera.
-No necesito ayuda, lo tengo todo bajo control.- Farfulló mientras sus manos temblaban incontroladamente.
-Lleva todo el día intentando buscar un momento para pedirle matrimonio. Yo diría que no lo tiene bajo control.- Espetó cruzándose de brazos. Harry bufó nervioso.- Y bien…
-No lo había planeado mucho.
-Eso es obvio Potter. Ahora piense.- Ordenó.
-No se me ocurre nada.- Se quejó.
-No me lo creo.- Espetó aun de brazos cruzados.
-¡Oiga! No me meta presión. – Se le encaró.- Además, usted nunca le ha pedido matrimonio a nadie.
-Estoy casado por algo Potter.- Masculló.
-Pero no le pidió matrimonio como tal.- Explicó.- Lo dijo antes.
-Eso no significa que no tenga más idea que usted. La experiencia es un grado.
-Y la valentía otro.- Argumentó el moreno.- Soy Gryffindor.
-Entones estará de acuerdo conmigo que ahora aparte de valentía, necesita astucia y estrategia y eso es cosa de un Slytherin.- Ambos se quedaron en el sitio.
-Touché.- Se rindió.- Muy bien profesor…- Snape lo fulminó con la mirada.
-Snape, Potter. No soy su profesor.- Siseó molesto. Harry asintió con la cabeza.
-Muy bien, estoy abierto a sugerencias.
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Aunque trataran de ocultarlo intentando que pareciera que seguían todos conversaciones, en realidad estaban todos pendientes de lo que ocurría en la cocina. Era imposible no estar pendiente de que hacía Severus Snape en la madriguera, con camisa blanca, y cocinando como si fuera un auténtico chef. Era una imagen chocante. Sobre todo porque tenía como sous chef a Harry Potter. Eso creaba expectación, se mirara por donde se mirara.
Arthur daba vueltas entusiasmado como un niño. Snape lo miraba y bufaba exasperado, tanto entusiasmo le daban ganas de vomitar, pero al menos era mejor que tenerlo ahí como una ameba, como Potter. ¿Y pensaba pedirle matrimonio a la señorita Weasley? Como siguiera así, dudaba que fuera capaz siquiera de encontrar el anillo entre sus ropas.
Snape había empezado a abrir armarios, coger cosas, sacaba cazos y sartenes y encendía el horno. Amasaba y estiraba. Incluso había saqueado la estantería con todas las conservas que tenía la señora Weasley.
-¿Qué va ha hacer?- Le preguntó Ginny a su madre por lo bajo para que no lo oyera su antiguo profesor de pociones.
-No lo sé.- Dijo riéndose pero sorprendida.- Pero estoy deseando verlo.
-Huele bien.- Reconoció la joven.
-Lo sé.- Confirmó Molly sorprendida. Fleur al verlas cuchichear se les acercó junto con Tonks.
-¿Alguien sabe qué hace?- Preguntó curiosa la francesa.
-No.- Dijo Ginny negando con la cabeza. Hermione apareció por detrás de la pelirroja por sorpresa.
-¿Qué hacéis?
-Tratando de averiguar que hace.- Contestó Nymphadora.
-Obvio… cocinar.- Respondió Hermione con voz seria, aunque no pudo evitar la sonrisa divertida que apareció detrás.
-Tanto tiempo con Snape se te ha pegado su carácter.- Le contestó divertida Ginny.
-Y más cosas que se me han pegado de él.- Susurró con picardía guiñándoles un ojo. Todas se miraron eufóricas.
De repente Snape agarró un cuchillo dando un fuerte golpe contra la tabla de cortar.
-¿No tienen nada mejor que hacer?- Preguntó molestó a todos lo presentes, que desde hacía un rato habían dejado sus conversaciones falsas para observarlo atentamente. Los susodichos pillados in fraganti se removieron incómodos. Algunos trataron de disimular, otros simplemente había agachado la cabeza avergonzados.- ¿Y bien?- Inquirió alzando la mirada mientras les obsequiaba a todos con una ceja alzada que hubiera provocado un inquietante escalofrió en sus cuerpos si no fuera por el hecho de tener un trapo de cocina en el hombro y remover con cuidado una salsa espesa y blanquecina le quitaba fiereza al asunto.
El grupo de mujeres empezó a reírse con cierto deje de nerviosismo.
-¿Hermione sabes lo que dice de hombres de nariz grande?- Preguntó Tonks con un guiño.- Gran…
-Yo mejor me voy, que hay cosas que una madre no debería saber.- Se despidió Molly mientras se disponía a agrandar la mesa del comedor para colocar todos los platos de más.
-¿Sabías que cocinaba?- Preguntó Tonks.
-¿Cocina bien?- Preguntó Fleur. Hermione les asintió a las dos con una sonrisa pícara.
-Cocina mejor que bien.
-¿Qué mas hace bien?- Preguntó Ginny mirándolo de reojo.- Porque con ese cuerpo…- Susurró con algo de lujuria. Snape no pudo evitar escuchar la conversación, tampoco era tan complicado en realidad, estaba a 3 metros, y aquel grupo de brujas lujuriosas y cotillas no se molestaban en bajar la voz. Aquellas mujeres se dieron la vuelta, escondiéndose en un rincón para cuchichear a gusto.
-Hago bien muchas cosas señorita Weasley.-Ginny dio un respingo cuando notó aquella sedosa voz en sus espaldas. El corazón le dio un vuelco, se giró de golpe y ahí estaba él, pegado a su espalda. Al momento Snape se acercó hasta su mujer, la agarró por la cintura sutilmente y le susurró algo lentamente al oído, después se separó de ella tan despacio como se había acercado. Y con un asentamiento de cabeza se alejó del grupo. Hermione se puso roja, y tuvo que sentarse, sus piernas temblaron incontroladamente, su corazón empezó a latir con fuerza, la bruja miró hacia su pecho temiendo que se viera como su corazón latía. Su estómago no estaba mejor, un hormigueo se había instalado en él y se negaba a desaparecer. Snape sonrió por la bajo, era tan fácil hacerla poner nerviosa. Se lo habían puesto en bandeja, y él no iba desaprovechar la oportunidad, con lo mucho que le gustaba poner a su mujer en esas circunstancias. Era divertido. Tan inocente para algunas cosas…
La bruja se sentó en las escaleras, cuando alzó la vista se dio cuenta de que Snape no le quitaba la vista de encima. Ambos tenían una sonrisa pícara y una mirada que era de todo menos inocente.
-A mi no me engañas Hermione, dices que te has casado por una promesa, pero no me engañas.- Repitió riéndose por lo bajo Ginny.- Ese hombre te vuelve loca.
-Exageras.- Respondió a la defensiva.- No somos nada.- Aclaró.
-No me lo crego, pues no tenéis nada pogque tu no quiegues. Pogque con ese hombgre cegca es un despegdicio.-Comentó Fleur, mientras Ginny y Tonks asentían enérgicamente.
-Vas a ser la envidia de todas.
-Pero que dices Ginny, repito, eres una exagerada.
-¿Exagerada?- Preguntó la pequeña del grupo sonriendo.- ¿Tú en qué mundo vivías en la escuela?- Quiso saber.- Claro, no salías de la biblioteca. Pues que sepas que todas las chicas de Hogwarts estaban locas por él.- Hermione abrió los ojos sorprendida.
-Eso no es verdad.- Contraatacó.
- Que ingenua eres a veces Hermione. Snape era el tipo de hombre misterioso que volvía loca a las chicas.- Explicó.- A mí siempre me pareció muy atractivo. Con un carácter de mierda, si. Pero eso no quitaba que no fuera atractivo.
-Cuando yo estuve en Hogwagts todas mis compañegas estaban enamogadas de él.
-¿En serio?-Hermione no se lo podía creer.
-Es lo que llaman un madurito interesante.
Hermione se atragantó con su propia saliva y enrojeció hasta las orejas. A ver; a ella le gustaba, le parecía sexy y atractivo. Pero de ahí a que a todo el mundo se lo pareciera…
-Venga, a sentarse ya todos.- Ordenó la matriarca.
-Mamá tenemos un problema.- Avisó el hijo mayor de la familia.
-¿Qué problema es ese?
-No entramos todos.- Aseguró.
-Claro que si, ¿cómo no vamos a entrar todos?
-Somos catorce.
-¿Cuál es el problema?- Preguntó la mujer tranquila.
-Hay sitio para doce.- Le recordó Charlie volviendo a contar.
-Bueno, nos apretamos un poco, como siempre hemos hecho.- Afirmó la bruja sonriendo.
De repente la puerta de la cocina se abrió. Todos se giraron.
-Perdonad la tardanza. ¿Llegamos muy tarde?- Preguntó Neville Longbottom entrando por la puerta seguidos de su novia Luna y Angelina. Fred se acercó rápido a su mujer dándole un beso en la mejilla. Entre los adultos surgió un niño pequeño de unos 4 años, con el pelo rojizo, de ojos oscuros y tez morena, corrió hasta Teddy.
-Ahora sí que no entramos.- Afirmó Molly con una gran sonrisa en la cara. Fred se agachó para recoger al niño. -¿No saludas a tu abuela?- Preguntó la mujer. El niño enrojeció hasta las orejas y se acercó a ella. Snape bufó molesto, los pelirrojos, en todas sus variantes brotaban en aquella casa como champiñones, y ahora no solo tenía que aguantar al regimiento de los Weasley, sino que además se unía a su eterna agonía, el lobo con Tonks y el mocoso ese que tenían como hijo, el inútil de Longbottom, la descerebrada de Lovegood, y aquellos dos más, no se acordaba del nombre de ella, pero no es que le importara, y otro crío más pelirrojo, podía afirmar sin lugar a duda que aquel mocoso era hijo de Fred Weasley y… Ya se acordaba, la señorita Johnson.
-¿Qué vamos a hacer?- Preguntó Hermione sonriendo mientras saludaba a los recién llegados con una gran abrazo.
-No hay nada que un par de hechizos no hagan. ¿Verdad?- Dijo Remus con entusiasmo. Snape bufó hastiado, tanto entusiasmo y felicidad navideña le daban nauseas.
-¿Qué tienes en mente?- Preguntó su mujer. Lupin le dio un beso en la mejilla y sonrió.
-¿Quién me echa una mano?
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
-Por Merlín santo, mirar qué hora es ya.- Gritó la matriarca de los Weasley a las seis de la tarde. Los desafortunados acontecimientos de esa misma mañana habían desbaratado todo, pero al final se había recuperado el ambiente festivo, familiar y hogareño que caracterizaba a aquella casa. –No hagamos esperar por la comida que ha preparado Snape.- El susodicho la miró con una ceja alzada. Pero no dijo nada más.- ¡Vamos!
El grupo de veinte personas salió de la casa, fuera, detrás de esta, habían reutilizado la vieja carpa que habían usado en la boda de Bill y Fleur para albergar a la gran familia Weasley. Sólo que la tela parecía transparente, y a través de ella se veía nevar. Con la ayuda de varios hechizos y encantamientos habían hecho el perfecto comedor. Habían transformado la mesa de los Weasley en una mucho más grande con un bonito mantel y los platos puestos, dos largos bancos descansaban a ambos lados, la carpa estaba decorada con bonitas guirnaldas y un precioso árbol navideño al fondo de ella. También había una mesa auxiliar en una de los laterales, como una especie de barra de bar.
El suelo no estaba cubierto de nieve, si no de césped verde y brillante, como recién cortado como si fuera primavera. Decenas de velas flotaban suavemente sobre sus cabezas. El ambiente era cálido, agradable. No hacía nada de frío, a pesar de que fuera estaba nevando.
El profesor de pociones hizo una mueca de desagrado, no podía evitarlo, tanto espíritu navideño se le atragantaba un poco. Vio a su mujer sonreír al otro lado de la carpa mientras hablaba feliz con Lovegood y Johnson. Su gesto se suavizó inmediatamente, no sabía porque, pero verla con esa sonrisa le había cambiado instantáneamente el gesto, y no podía entender por qué.
-¡Que comience la fiesta!- Ordenó la matriarca dando unas palmadas bien fuertes para que la escucharan.
-Al que se le ocurra soltar un discurso de agradecimiento le deslizo veneno en su plato.- Advirtió Snape serio, aunque eso no persuadió la sonrisa de agradecimiento de algunos de ellos. El silencio se rompió suavemente, la gente comenzó a hablar alegremente. Snape notó como algo tiraba de él, sacándolo de la tienda.
-A que viene…- Inquirió enfadado. Pero los ojos melados de su mujer lo miraron con una sonrisa de oreja a oreja, y Snape se limitó a bufar, se rendía con aquella mujer. Le cogió la mano y lo metió en la casa que estaba vacía. El hombre la miró con una ceja alzada mientras trataba de lanzarle su peor mirada de molestia. Hermione se acercó a él. Tiró de la levita hacia abajo. Snape se quedó perplejo, no sabía a que venían esas libertades por parte de su mujer. ¿Cómo se atrevía a semejante cosa allí mismo?
En el fondo le importaba todo una soberana mierda de gusamoco. La cogió por la cintura con el mismo entusiasmo. Gruñó cuando notó como su estómago daba un vuelco. Eso no le gustaba… aun no la había besado, pero la idea de hacerlo le provocaba; en su opinión, una desagradable sensación en el estómago. Aunque en realidad de desagradable no tuviera nada.
Hermione notó una suave respiración, Severus pareció haberlo notado también, ambos bajaron la vista al lado suyo.
-Teddy…- Susurró la joven bruja con sorpresa, pero con calma. Miró a su marido, estaba inquieto e incómodo. Y sabía perfectamente porque… Privacidad, había pocas cosas que ese hombre apreciase más que la privacidad.
-Mocoso…- Advirtió el pocionista. El niño puso cara de susto y su pelo se volvió blanco.
-Tienes el tacto de una lija. Déjame a mí.- Aconsejó su mujer.
- Ven Teddy, ¿quieres jugar a un juego muy divertido?- El hijo de los Lupin se encogió de hombros.- Se llama guardemos un secreto. ¿Quieres jugar?- Lupin junior negó con la cabeza y echó a correr hacía la carpa.
-Déjame a mi dijo.- Soltó el pocionista con burla.- Ya veo lo efectivo que ha sido.
Los dos salieron detrás de él para tratar de alcanzarlo, pero cuando llegaron a la carpa todos los miraban con cara de diversión, algunos más que otros, pero en general todos parecían divertidos ante la escena.
-No solo cocinas, sino que además eres todo un romántico.- Soltó el hombre lobo a modo de burla. Potter le siguió la gracia soltando una carcajada que casi lo dobla.
-Si lo que tienes es envidia haberlo dicho antes Lupin, también puedo ser romántico contigo.- Espetó Snape con sorna, con aquella cara de eterna indiferencia, lo que acentuó mas aquel falso dramatismo de telenovela.
-No, me lo digas dos veces… Me gustan mimosos.- Le contestó guiñándole y siguiéndole el juego. El Slytherin lo fulminó con la mirada. Pero no sirvió de mucho, el "daño" ya estaba hecho. ¿Por qué tenía que haberle contestado eso? No tenía que haberlo hecho. ¿Quien le mandaba meterse en esos berenjenales? Cogió aire disimuladamente y sonrió de medio lado, ya que se había metido en aquel follón, lo llevaría como un Slytherin. Con acidez e ironía.
-¿Sabe tu mujer que estás enamorado de mi en secreto?- Preguntó con burla. Varias risas se oyeron de fondo. Luna dio unos saltitos de entusiasmo, ¡era tan divertido! Hermione observaba la escena apenas un par de pasos por detrás de su marido, miraba a ambos sin saber qué cara poner. De Remus a Severus, de Severus a Remus, parecía que estaba siguiendo un partido de tenis.
-¿Quién dice que sea un secreto?- Susurró el licántropo con un cierto deje seductor.
Aquello se les estaba yendo de las manos. ¡Había niños delante! Por Merlín.
-¿Podemos comer ya?- Preguntó Mark, el pequeño se acercó a sus padres- ¡Tengo hambre!- Gritó, a él no le importaba que estaban hablando lo adultos, el solo quería comer.
Las palabras del niño parecieron tener efecto.
-Claro que si cariño.- Le aseguró Angelina cogiéndolo en brazos.
Harry miró a Snape, este masculló algo y varias bandejas con copas llenas de diferentes bebidas y otras con canapés comenzaron a flotar entre los comensales. Las bandejas tenían decenas de aperitivos diferentes, había huevos de codorniz, tostadas de pan con una especie de coctel de mariscos por encima. Galantinas de verduras, cuencos pequeños con diferentes cremas o sopas. El número era desorbitado.
-¿Pero de donde ha sacado tantas cosas?- Preguntó Molly agradablemente sorprendida.
-De tú cocina.- Le respondió Arthur.
-Pero si en mi cocina no había nada de eso. ¿Cómo lo ha hecho?
- No sé como lo ha hecho.- Confesó Arthur.
-Pero sí tú estabas con él.
-Lo sé… pero no sé como lo ha hecho.- Repitió.- Sabes que no soy muy diestro en la cocina.
Comieron alegremente durante varios minutos hasta que los canapés se hubieron acabado casi todos y la ponchera se hubo vaciado considerablemente. Se sentaron en la mesa lentamente.
Snape alzó el brazo disimuladamente, y con un ligero movimiento de varita, la mesa se llenó con bandejas de comida, la barra del lateral se había llenado con poncheras y bebidas, además de varias fuentes con postres, parecía el banquete de bienvenida de Hogwarts. Todos se quedaron de piedra en su sitio. Algunos boquearon sin saber si decir, o no decir algo. Ya lo de los canapés había sido espectacular, pero lo de ahora…
Había pasteles de caza, es decir pasteles de carne rellenos de faisán, conejo y verduras. Había bandejas con zanahorias asadas y espárragos silvestres, puré de patatas y chirivías, cuencos con guisantes a la menta, y varias salseras con diferentes salsas, desde el tradicional gravy, hasta salsa de arándanos en conserva, gentileza de Molly o la suculenta salsa de champán. Además había pudines de Yorkshire, huevos a la escocesa, ensaladeras llenas hojas coloridas. Aquello era todo un espectáculo.
-Muchas gracias Snape ha sido un detalle…- Susurró la matriarca.
-Una palabra de agradecimiento mas y te tragas el plato.- Siseó arrastrando las palabras lentamente haciéndolas sonar amenazador. Pero Molly le mandó una suave sonrisa de todas formas.
-¡A comer todos, que aproveche!- Gritó.
.-.-.-.-.-.-.
-Lleva un buen rato callado.- Le susurró la castaña mientras ambos trataban de parecer que estaban pendientes de las anécdotas que le contaba Harry al señor Weasley sobre la utilidad de lo que el moreno llamaba, palos selfie.
-Soy un hombre callado.
-Es un hombre serio, no callado.- Confesó la bruja con voz suave.
-¿Serio?- Alzó una ceja.- Bonito eufemismo, lo puede llamar borde Granger.- El silencio se hizo entre ellos durante un rato, el hombre le dio un lento trago a su copa y cortó algo. Notó como la bruja se removía incómoda en su sitio, se mordió el labio inquieta.
-Es por el beso. ¿Cierto?- Preguntó la bruja.
-Besos.
-No importa.
-¿Era necesario sacar el tema?- Espetó Snape
-Sí.
-¿Por qué?
-Porque le conozco, y sé que es capaz de esconderse de nuevo tras esa dichosa mascara de frialdad.- Contestó con calma aunque no podía evitar cierta mirada de reproche.
-Pues de momento tendrá que conformarse con lo que hay.- Escupió con veneno.- Pero para su información, no. No fue por el beso o lo besos mas bien, porque fueron dos si no recuerdo mal.- Hermione pareció quedarse más tranquila. Aunque seguía dándole vueltas a todo en su cabeza. Snape dio por zanjada la conversación. Su preocupación no venía dado porque aquellos, besos, o deslices, o como quiera que se quisieran llamar, si no mas bien, venía por el pánico que había sentido al ver a su mujer en peligro. ¿Si le pasaba algo? Una punzada de dolor le atravesó el pecho.
-Creo que es la hora de los postres.- Confirmó la señora Weasley moviendo la varita y despejando toda la mesa. Una copa apareció delante de cada comensal.
-¡Trifle!- Gritó Luna entusiasmada observando las diferentes capas de bizcocho, crema y frutas que componían el postre. Hermione miró de reojo a su marido.
-Como se nota que lo ha hecho usted.
-¿Por qué?
-Lleva crema.- Susurró la bruja.- Le encanta la crema. ¿Puedo?- Preguntó con una ligera sonrisa de medio lado.
-¿Si puede que?- Siseó.
-Comerme el postre, como lleva crema, ya sabe… Quizás me muerda.- Hermione soltó una suave risa.
-No necesito una escusa para morderla.-Comentó bajando la voz y arrastrando las palabras hasta convertirlas casi en un canción.-Pero por si acaso, no toque mi copa.- Susurró alzando la comisura del labio. Otra vez parecía que estaban coqueteando. Resultaba todo un poco raro, para ellos dos, por supuesto. Porque para el resto de la gente, estaba claro porque se habían casado aquellos dos, y no era por una simple promesa.
Snape miró a Potter una vez más, posó su mirada en él apenas unas milésimas de segundo. Nadie más había notado aquello, ni siquiera Hermione. La mesa comenzó a llenarse de muérdago y pequeñas flores lilas, delante de Ginny apareció una pequeña caja dorada. Toda la mesa se quedó en silencio. Harry se puso en pie y cogió la caja abriéndola, un perfecto anillo dorado con piedras preciosas descansaba en su interior.
-Siempre he sabido que eras tú.- Susurró Harry poniéndose de rodillas. Snape entornó los ojos con molestia, esa escena se le hacía demasiado vomitiva para su gusto.- Siempre has estado a mi lado, y ahora quiero compensarte estando yo al tuyo lo que me queda de vida...- Titubeó nervioso. Las chicas no paraban de suspirar embelesas y dar pequeños gritos de emoción.- ¿Me harías el inmenso honor de ser mi esposa?-Preguntó con cuidado. Ginny abrió los ojos sorprendida, pero con una gran sonrisa en su cara, sus ojos se llenaron de lagrimas.
-Nunca he deseado tanto algo.- Contestó feliz la pelirroja.
-¿Eso es un sí?
-¡Merlín Potter!-Escupió molesto.- ¡Es un sí! Póngale el anillo y bésela de una vez.- Ordenó. Harry tropezó consigo mismo, pero al final acató sus órdenes sin quejarse.
.-.-.-.-.-.-
-Cambiando de tema.- La bruja hizo una pausa.- Ayudó a Harry.
-No sé de qué me habla.
-No se haga el tonto conmigo, que no cuela. ¿La pedida de mano?
-Yo no ayudé a nadie.
-Si lo hizo, además…-Espero unos segundos y sonrió.- Es usted un romántico.
-No diga tonterías.
-¿Por qué le cuesta reconocer que lo ayudó?- Preguntó suavemente.- ¿O que en el fondo es un romántico?
-A mi no me cuesta reconocer nada.
-Reconozca que en el fondo es un romántico.- Insistió.
-Cierre el pico.- Ordenó muy, muy lentamente.
-¿Lo ayudó, verdad?- Susurró Hermione con una ligera sonrisa de satisfacción. Snape que se había mantenido serio durante toda la conversación se limitó a sonreír discretamente.
-Nunca lo sabrá.- Susurró. De repente la bruja notó la mirada de unos ojos esmeralda, su mejor amigo asintió suavemente mientras susurraba un discreto gracias de agradecimiento.
-¡Lo sabía!- Gritó Hermione triunfal por lo bajo para que nadie más pudiera oírlo.- Sabía que tenía razón.
-Potter no sabe estarse callado.- Espetó molesto.- ¿No se cansa de ser una insufrible sabelotodo?
-En realidad no.- Respondió alzando una comisura del labio como si fuera Snape.- ¿No se cansa de tener siempre esa actitud de indiferencia y frialdad?
-No, resulta de gran utilidad.- Informó, aprovechó que la gente se había empezado a levantar de la mesa para hacerlo él también y alejarse hasta una esquina. Hermione lo siguió tranquilamente.- Así se cuando alguien realmente merece mi atención.
-¿Su atención?
-No conozco muchas personas en este mundo que hayan sido capaces de saber lo que tramo.
-¿Soy una de esas personas?
-No sé, dígamelo usted.- Ordenó arrastrando las palabras. ¿A qué extraño juego estaban jugando?
- ¿Va a ser así de reservado y misterioso siempre?- Preguntó la joven con calma mientras le daba un sorbo a su copa de champán.
-¿No sabe aun esa respuesta?
- ¿Va a responderme alguna vez de forma directa?
-¿No habíamos quedado en no tener este tipo de conversaciones?
-¿Se refiere a preguntas?
-¿Las preguntas no son una conversación?- Snape alzó una ceja.
-¿Para quién?- Preguntó la bruja sonriendo.
-Depende.
-¿Depende que?
-Depende es la respuesta a sus preguntas.- Siseó cortante aunque sin poder evitar ese cierto deje de diversión, o quizás, coqueteo. Puede que estuviera confundiendo ambos términos. Últimamente se le hacían bastante confusos.- ¿Le vale?
- Depende.- Contestó la bruja retándolo con la mirada, aunque en su cara hacía un buen rato que no se iba aquella sonrisa de satisfacción de medio lado.
-Creo que se le está pegando el carácter Slytherin.- Sentenció Snape.
-Y a usted algo de Gryffindor.
-Menuda tragedia.- Espetó alzando una ceja. Hermione no desaprovechó el momento, se acercó al hombre y le susurró algo al oído.- Que…
-No es el único que sabe jugar.- Confesó la bruja con aire divertido.
-¿A que ha venido eso?
-Es mi venganza por lo de antes en la cocina ¿recuerda?
-Hermione Granger siendo rencorosa y vengativa. Eso si es una cualidad Slytherin, tenga cuidado, o acabará pareciéndose a mí.
- ¿Quien dice que no acabará usted como yo? Primero ayuda a Molly a cocinar cuando no tenía porque, y luego ayuda a Harry con la pedida de mano cuando no tampoco tenía por qué. Cuidado, quizás dentro de poco tenga la valentía de un Gryffindor y sea capaz de darme un beso sin tener ninguna excusa.- Susurró con calma mientras daba media vuelta y se acercaba a Ginny a darle la enhorabuena. Dejando a Snape allí en el sitio con cara de eterna molestia pero con una sonrisa en el rostro.
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.-.-.-.-.- Fin del capítulo.-.-.-.-
Otro más…
¿No me digáis que no ha sido divertido? Al menos esa era mi intención. Muchas gracias a todos por los comentarios.
Y recordaros que por favor… No os cuesta nada dejar un pequeño review… pequeñito. Nada grande, solo un detalle. A vosotros no os cuesta ni dos minutos y a mí me alegráis el día entero.
Me gusta saber que no escribo a la nada, y que hay feedback. Venga sed buenos.
Saludos de Cloe.
PSD: Los que me habéis pedido conocer más a Lumi, vuestras peticiones no caen en saco roto. Tened paciencia… Seguro que el próximo capítulo os gustará.
