Digimon Tamers es propiedad de Chiaki J. Konaka y de los Estudios Toei Animation. Esta historia no persigue ningún tipo de lucro. Únicamente pretende ser un homenaje no canónico, fidedigno sin embargo, a la serie.


Capítulo 14

Pronto este desastre natural se convirtió en noticia. En muy en breve el mundo supo lo ocurrido en la zona metropolitana y en sus alrededores.

Según los primeros reportes de la Agencia Meteorológica de Japón enviados a las cadenas de noticias CNN International y BBC World News, el sismo se registró a las 23 horas con 50 minutos tiempo de la capital, localizándose el epicentro frente a las costas de la misma, con una intensidad de 5.1 grados en la escala de Magnitud de momento y una duración de escasos dos minutos. Junto con estos reportes, se informó sobre las fallas generalizadas en todos los servicios de comunicaciones y alumbrado público y doméstico.

Con el transcurso de las horas se hizo evidente la ausencia de la esperada réplica de mayor o menor intensidad. Las agencias de monitoreo vigilaban el Monte Fuji y el Océano Pacífico para dar las primeras alertas en caso de registrarse una erupción o tsunami.

Al amanecer de ese domingo, la energía eléctrica y demás servicios continuaban suspendidos. Sólo mediante enviados especiales y corresponsales de las diversas cadenas de noticias se daba información de forma por demás lenta como consecuencia de las dificultades técnicas. Apenas cesado el fenómeno se movilizaron las ambulancias y los hospitales registraban llenos totales. Pronto los organismos gubernamentales de vigilancia social iniciaron los procedimientos para conseguir cifras de daños y pérdidas humanas y materiales. Según los últimos reportes, no se registraban aún decesos pero sí cuantiosas pérdidas por miles de millones de euros. Todos los habitantes de los 23 distritos de Tokio, por iniciativa propia o bajo la supervisión de cuerpos de ayuda, desalojaron los edificios departamentales.

Con este panorama se encontró Takato a las primeras horas cuando se dispuso a salir de la casa de la familia Katou:

-¡Takato, espera, por favor!

-¡No puedo, Juri! ¡Necesito saber cómo están mis padres!

-Muchacho, tranquilízate, te llevaré en la camioneta –dijo el padre de su novia-

-Juri ven aquí, tengo que curarte esas heridas.

-Estoy bien, mamá, no son nada –su negativa fue inútil, su solícita madrastra le curó de cualquier manera y revisó minuciosamente-

-¡Tengo las llaves, vayámonos! Ustedes quédense aquí. Masashiko, vigila hasta que yo regrese.

-¡Sí, papá!

Takato entró al vehículo sin más, desesperado porque el señor Katou encendiera y arrancara, olvidando que debían ser extremadamente cautelosos en el trayecto. Él mismo y Juri lo experimentaron en carne propia.

Gracias a su personalidad pragmática, el jefe de la familia mantuvo el temple a pesar de la ansiedad del chico, entendiéndolo en su preocupación. Todos lo estaban. No hubo manera de comunicarse debido a la falla masiva ocurrida minutos antes de la medianoche.

Debieron dar muchos giros y tomar diferentes rutas, alargando el trayecto debido a los cortes parciales de circulación y a retenes de la policía y servicios de salvamento. No vieron víctimas mortales ni edificios colapsados, pero eso no significaba que nos los hubiera.

-Despreocúpate, Takato –le dijo colocando una mano en su hombro- Estoy seguro que tus padres están bien.

No respondió, sólo suspiró. Tenía raspones en la cara y los brazos, de la rodilla izquierda brotaba sangre, pero el pantalón le sirvió como cubierta. Le dolía el cuerpo por la caída a consecuencia de proteger a su novia.

A distancia vio correr una figura conocida en ropa deportiva.

-Por favor, deténgase. ¡Ryo!

-¡Ey, Takato! ¿Estás bien?

-Sí, estoy bien.

-Bien golpeado, machín. Señor, buenos días.

-Buenos días, ¿te llevamos?

-Gracias, pero ya estoy cerca. Voy a ver cómo se encuentran Rika y su familia.

-Yo voy a casa de mis padres. ¡Cuidado!

-¡Tú también! –Siguió su rumbo girando hacia la izquierda-

Volvieron a tomar una calle diferente, acortando en esta ocasión la llegada. Sus vecinos permanecían fuera de sus hogares. Un policía de tránsito les detuvo a la distancia impidiendo el acceso de la camioneta señalando las ambulancias. Esto incrementó los miedos del chico.

-¡Takato, espera!

-¡Papá! ¡Mamá!

Fácilmente burló a los agentes de seguridad. Corrió como si la vida se le fuera en ello hasta topar con su calle, acelerando al ver a su madre junto a una ambulancia estacionada frente a su casa.

-¡Mamá! ¡Mamá!

-¡Takato!

Ella no esperó y corrió hasta el chico, deteniéndolo en el acto, abrazándolo con ansiedad.

-¿Dónde estabas? ¿Qué te pasó? –Descubrió con temor los golpes y heridas en su hijo-

-Estoy bien, ¿y papá?

-En la ambulancia…

-¡¿Qué? ¡Papá!

-¡Takato, espera!

La ignoró para ingresar a la unidad y descubrir a su progenitor ser atendido por un médico y monitoreado por los asistentes. Tenía una venda ajustada en la cabeza y ceñido el torso desnudo con un duro cabestrillo.

-¡Papá! –lo abrazó-

-Takato ¡Aghh!

-¡Lo siento! ¡Perdón!

El médico le explicó al asustado muchacho que su padre fue inmovilizado del torso para dar soporte a su lesionado diafragma a consecuencia de la caída de pesadas cajas, mismas que provocaron que golpeara la cabeza contra el pavimento.

-Tengo cráneo fuerte, ya sabes que soy "cabeza dura". Tu madre me ayudó a levantarme y me cuidó hasta que las ambulancias llegaron. ¿A ti qué te pasó?

-Nada.

-¿Cómo que nada? Que te atiendan.

Tuvo que obedecer y dejarse al cuidado de un paramédico que de inmediato le hizo los procedimientos de curación.

Minutos después llegó Tadashi Katou al lugar y ayudó a Mie a bajar a Takehiro de la ambulancia y sentarlo.

-Recibiste una paliza.

-Vaya que sí. Gracias por cuidar a nuestro muchacho.

-Fue muy valiente. Protegió a mi hija durante el terremoto.

-¿Los sorprendió en plena calle?

-Sí, mamá. A escasas calles de la casa de Juri nos caímos y golpeamos varias veces. Juri sólo tuvo algunos raspones, a mí me tocó la peor parte.

-Y ni siquiera así te pudimos detener, Takato.

-Fue tan inesperado. Lo último que supimos fue que continúan monitoreando la bahía y el Monte Fuji –dijo Mie-

-Que no ocurra nada más –expresó con temor Tadashi- Me voy, no estaré seguro hasta que no regrese con mi familia. Takato, cuida a los tuyos.

-Lo haré, señor. Muchas gracias.

-Descuida.


Corrió sin detenerse, exhalando dolorosamente. No durmió en toda la noche. El terremoto lo sorprendió en el gimnasio y debió permanecer en las instalaciones hasta tempranas horas. No se detuvo hasta llegar a la casa y entrar gritando:

-¡Rika! ¡Rika! ¡¿Hay alguien aquí?

-Aquí, en la sala. No hagas escándalo.

No le sorprendió tal calma. Rika podría estar en medio de una guerra y permanecer impávida.

-Rika… ¿Estás… estás bien?

-Sí, no fue más que una sacudida. ¿Tú?

-Ahh, lo estoy. Ahhh.

-¿Para qué viniste? ¡Pudiste salir herido, estúpido!

-Rika, sé amable con Ryo. Vino corriendo preocupado a saber si estabas bien ¿y tú lo insultas? Eres una novia mala.

-Mamá, cállate y no te metas –dijo entre dientes-

-Señora Rumiko, hola.

-Hola, Ryo. Y no me digas señora, por favor.

-¿Se encuentran bien las tres?

-Sí, Ryo. Gracias por preocuparte –respondió la matriarca de la familia- Este terremoto no fue tan fuerte, he estado en medio de otros peores.

-¡Pero sí que nos asustamos! ¡Ya había olvidado lo que se siente! ¡Nos pusimos a gritar como locas en medio de…!

-Habla por ti, mamá. Yo no grité ni actué como una demente. Tampoco mi abuela.

-Pero sí te asustaste. Corriste para que te abrazara.

-¡Mamá! –Reclamó con un fuerte sonrojo-

-Toma con nosotras el té, Ryo.

-Gracias, señora Seiko.

Había alrededor varios libros, cuadros, cristales de ventanas y vasijas elegantes caídas y hechas pedazos.

-Estábamos a punto de recoger cuando llegaste –dijo Rika-

-Lamento haber sido tan inoportuno.

-¡Tonterías, Ryo! Fue lo único que nos pasó, nada de cuidado.

-De camino vi varias casas derrumbadas. Hay muchas ambulancias y policías. De camino me encontró Takato.

-¿Está bien?

-Eso parece. Le vi algunos moretones y un raspón en la cara. Lo llevaba el papá de Juri en su camioneta.

-¿Ella está bien? Por más que insisto con el teléfono…

-Hay una falla generalizada de comunicación y redes de Internet, Rika. Esto podría llevar días o semanas en restablecerse –aclaró su madre- Más tarde vamos a su casa.

-No. Si su padre está bien, ella también.

Seiko dio un sorbo a su té e instó a su hija para que la acompañara a la cocina por postres.

-Rika…

No pudo decir más porque la impetuosa pelirroja le sujetó el rostro con sus suaves manos y le besó.

-¿Rika?

-¡Me preocupé por ti, gran tonto! Pensé que estabas herido, o muerto –se dejó abrazar-

-Tonterías. Esto fue una sacudidita comparado con lo que viví en el Digimundo. Aquellos sí eran terremotos.

-¡Idiota!

-Lo sé. Me alegra que estés bien. ¿Quieres decirme qué te pasa?

-Nada.

-No me parece que así sea. Pareces preocupada. ¿Ocurrió algo?

-Desde ayer Juri me ignora. Fue algo que dije, una estupidez.

-¿Qué dijiste?

-Que no podemos confiar en nadie más que en uno mismo. Tus seres queridos pueden herirte o engañarte.

-¿Y por qué le dijiste eso?

-¡No lo dije para ella! ¡No confío en Alice y me molesta que Juri no sospeche!

-¿La misma chica que les ayudó hace años y que es tu compañera de clase?

-Sí. No confío en ella, Ryo. Sé que parece una locura, pero tengo sospechas que sólo nos está utilizando, y me molesta que Juri sea tan ingenua para confiar en desconocidos.

-No se lo dijiste así, sino "a tu manera".

-¡Lo sé, demonios! ¡Pero no fue mi intención! ¡Se lo tomó muy personal!

-¡Porque así se lo diste a entender! No le aclaraste y ella se sintió mal. ¿Cómo esperas que no actúe así?

-No debería, ella sabe que somos amigas.

-Eso no basta. Dices que no puedes confiar en tus seres amados porque te pueden fallar…

Ella no quiso seguir la conversación en la estancia y salieron al jardín. Inútil porque ambas mujeres les escucharon desde la cocina.

-¿Fallamos? ¡Claro que fallamos! ¡No somos perfectos! Bueno, yo tal vez, jeje. No, ni yo.

-Lo admites. Pueden fallarte incluso aquellos que más quieres.

-Eso no lo podemos evitar. Sólo confiar y aceptar. Pero sólo puedes hacerlo cuando no te vuelves una pretenciosa egoísta.

-¡Me estás diciendo…!

-Sólo digo cómo estás actuando. Rika, lo que dijiste duele. Me duele.

-Si no soportas al máximo no eres fuerte. Esta vida no es fácil, así que hay que atacarla. Cuando te das cuenta y descubres que estás solo, debes cuidarte las espaldas y no dejar que nadie te utilice.

-¿Tampoco confías en mí? ¿Crees que juego contigo?

La chica enmudeció cuando sintió todo el peso de la penetrante mirada azul, envolviéndola una vulnerabilidad que detestaba.

-Eso me basta –respondió con decepción y molestia-

-Ryo, espera…

-Ya me quedó todo claro, Rika Makino. No tenemos nada qué discutir.

Sin más, sin despedirse, la dejó en medio del jardín. Rika reprimió sus verdaderos sentimientos y emociones, evitando con mucho esfuerzo que las lágrimas la delataran cuando cruzó la sala en dirección a su habitación. Ambas mujeres escucharon cuando azotó la puerta.

-Rika, ¿puedo pasar?

-¡Déjame en paz, maldita sea!

-Sólo quiero…

-¡Lárgate, mamá!

Rumiko, frustrada en su noble intención, fue a sentarse junto a su madre:

-No intervengas. Esto no te obliga…

-¿Cómo no hacerlo, mamá? Quiero darle ánimos, consolarla…

-¿Y eso le ayudará a enfrentar su situación? –Se hizo un silencio prolongado- No le impidas esto. Tiene que aprender y madurar.

-Lo sé, pero es tan duro verla sufrir y no me quiera cerca.

-No es contra ti. Sé que quieres consolarla, pero no puedes evitarle el sentir. Si no lo vive, no se dará cuenta y no aprenderá.


De repente comenzó a llover torrencialmente. Los densos nubarrones metaforizaban muy bien la oscuridad que se cernía sobre su mundo, amenazándolo con engullirlo.

Aquella tormenta sirvió para disimular los trabajos de excavación de la red oculta de túneles, cisternas y catacumbas que hacía la división de Drimogemon bajo la supervisión de WereGarurumon, mientras que Garudamon ultimó detalles con el General Angemon del Este, cuando MetalGreymon terminó de organizar a todas las familias.

-Muchas gracias por llegar tan rápido, General.

-Excelente estrategia la tormenta eléctrica creada, Capitán –guiñó un ojo en complicidad-

-Los Kabuterimon son grandes expertos.

-General –se acercó uno de sus subalternos, un Pidmon- estamos listos para partir.

-Gracias, Coronel. Capitán Garudamon, no me queda más que decirle y a sus iguales que pueden confiar en nosotros. Llevaremos a los suyos a lugares seguros y los protegeremos con nuestras propias vidas.

-Gracias a ustedes, y a Lord HolyAngemon por su compasión.

-Su Beatitud les envía esto –depositó en la palma del caudillo un microscópico dispositivo electrónico- Ábrala al día de nuestra partida. Adiós. ¡Soldados, formación! ¡Firmes! ¡En marcha!

Aquél gran grupo parecía un oscuro ciempiés bajo la lluvia cuando lo vio marchar camino a la ciudad de Sión.

Garudamon corrió hacia el interior de la cueva principal.

-Ya partieron. Lycan, da las órdenes.

-¡Ya escucharon! ¡Sigan la ruta señalada y no se detengan hasta topar con la salida!

Y los Digimon de muchas especies y de todas las edades se internaron en el túnel señalado por el capitán hombre lobo. Aunque pronto los perdió de vista, su fino sentido del oído le permitió le servía como un localizador.

-Espero que esto funcione, pajarraco.

-Lo hará, Reptil. Sólo espera y verás.


Mediante el satélite y localizadores GPS podían observar y seguir con detenimiento los movimientos de su General.

-Insisto, Su Beatitud. Fue muy arriesgado enviar al General del Este a encabezar esta misión.

-Por esa razón lo hice, General del Sur.

-¿Señor?

-Ninguno de nosotros ignora que el General Angemon del Este es muy atrevido y temerario, no teme decir lo que piensa y lo que dice lo hace, aunque hiera susceptibilidades. Pero sus tropas lo quieren y en Sión lo respeta la juventud. Y es muy devoto y obediente. Lo que algunos consideran defectos, yo lo veo como potenciales de crecimiento. Confío en él como en cualquiera de ustedes.

-Quisiera tener su confianza ciega, Señor.

-No es así, General del Norte. Eso sería fácil, y nada tendríamos que aprender. Nada como la experiencia y la virtud para merecer la gracia de la confianza que conserva la libertad.

-Por ese motivo lo elegimos como Patriarca. No sé qué habría de nuestra patria con él al poder.

El rostro de Lord HolyAngemon se ensombreció y agachó la mirada, esforzándose por olvidar lo que lo hacía sentirse decaído.

El General del Oeste monitoreaba cuando pidió ser escuchado:

-El segundo destacamento se ha movilizado. Todo ocurre hasta ahora sin novedades.

-Gracias.

-Un momento. El primer destacamento se detuvo abruptamente. ¡Detectamos una presencia enemiga! ¡Enfrentamiento inminente!

El patriarca murmuró para sí "Están en tus manos" al posar su vista en la pantalla de plasma.


Llovía copiosamente. El lodo se pegó a las piernas y a las ropas. Llevaban recorrido un largo tramo y estaban a escasos kilómetros de la abrupta cordillera del Hebrón que protegía la ciudad santa. Aceptaron la sugerencia de Garudamon de disfrazarse de peregrinos para pasar desapercibidos a las tropas enemigas que rondaban las cercanías, las mismas que les impedían el paso.

Ninguno de los Cuatro Grandes Generales del Inframundo estaba presente, observó el disfrazado Angemon del Este. Pudo sentir y oler a distancia la inmunda pestilencia de la presencia de aquella tropa de Devimon liderada por un NeoDevimon, un demonio enmascarado exageradamente fuerte, y sus rabiosos perros de caza, Devidramon, que azuzaban a los detenidos con sus amenazantes rugidos y ladridos, lanzando dentelladas tan cerca de los rostros de los pasivos detenidos.

Los soldados oscuros también estaban siendo observados por una presencia demasiado rápida para ser detectada. Vio cómo los demonios provocaban contra los peregrinos a sus diabólicas mascotas sedientas de sangre, pero no hizo un solo movimiento.

De pronto, uno de los bebés comenzó a llorar sonoramente, y le siguieron los demás infantes que buscaron el consuelo de sus madres y protectores. Un Devimon lo arrebató y lo sacudió violentamente:

-¡CÁLLATE, PEDAZO DE MIERDA! ¡COMÁMOSLOS!

Las carcajadas estallaron ante la tácita aprobación del líder. El bebé envuelto en harapos miró dolorosamente al demonio que le picó el ojo con una de sus garras. El bebé lanzó un grito y de un rápido movimiento amputó aquella garra.

-¡AHORA!

El grito del General fue la señal. El bebé no era tal, sino un experimentado soldado. Pequeño, pero temible en fuerza y destreza. Su nombre, Ninjamon. Los demás, sus clones de sombra.

-¡KOYOSETSU!

Una tormenta de cristales de diamante fue invocada por la Digimon espía, desconcertando e hiriendo a los Devimon y aniquilando a los perros de ataque. A una velocidad sorprendente, los encapotados se descubrieron como soldados ángeles armados con ballestas y espadas.

Angemon del Este hizo surgir su lanza y atacó al NeoDevimon, dando así tiempo a sus subordinados para eliminar a los confundidos demonios. Tensó los músculos y se dispuso a empalar al engendro, pero un golpe directo a su cara por este le derribó. Escupió sangre, apretó las mandíbulas, desenfundó sus espadas cortas y voló a toda velocidad para asestar tremendos golpes al fuerte demonio que le apuñaló con sus garras.

-¡JEFEEEE!

Ninjamon destazó a su oponente y con presteza lanzó una afilada Shuriken a la cara enmascarada de quien se atrevió a herir a su superior. Sangrante y humillado, NeoDevimon bramó al arrancarse el arma y voló alejándose rápidamente en dirección desconocida.

-¡Bien hecho, muchachos! –fue lo último que dijo el aporreado General antes de perder el conocimiento-

-¡Apresurémonos! ¡Está perdiendo mucha sangre! –Ninjamon rápidamente se hizo del mando de la operación- ¡Renamon!

-¡Descuida! –Y desapareció en un abrir y cerrar de ojos-

Y en el Castillo de Sant'Angelo.

-¡La tropa enemiga fue aniquilada! –Informó con satisfacción el General del Oeste- ¡Uno de los nuestros está entrando en la ciudad! ¡Es ella!

Lord HolyAngemon no pudo esperar más y bajo la torrencial lluvia salió a recibir a Renamon.

-¡Señor, Angemon del Este está gravemente herido!

-¡General del Norte, vaya con Lord Jijimon a Ciudad Hospital y que se prepare para operar! ¡General del Oeste, permanezca aquí mientras vamos por su compañero!

-¡Sí, Beatitud!

-¡¿Y las familias, Renamon?

-A salvo, las traigo enseguida –se desvaneció en el aire húmedo-

La angustia y dolor por uno de sus mejores hombres se mezcló con la tranquilidad de la promesa cumplida, pero no alivió su pesar.


Después de mediodía pudieron regresar los inquilinos a sus departamentos. Hicieron todo con precaución, aunque el edificio había sido diseñado y construido siguiendo las últimas tecnologías antisísmicas.

Según los últimos reportes, habían contabilizado cien muertos en la zona capitalina. Los daños materiales ascendían por miles de millones de euros y yenes.

Pisando con cuidado y viendo todo en desorden, la familia Wong ingresó a su departamento. Tao inmediatamente fue a su despacho, y respiró aliviado al verlo prácticamente intacto. Regresó a la estancia a ayudar a su familia cuando escucharon una voz muy conocida llamándolo desde la planta baja:

-¡Tao-sempai!

- ¡Curly! ¡Qué bueno que estás bien! ¿Dónde están los demás?

-En el Hospital Metropolitano. Yamaki sufrió un accidente y está inconsciente.

-¿Y ustedes?

-Sólo algunos moretones. No hemos logrado comunicarnos con Shibumi-sempai y usted es el único que puede asumir el mando.

-Entiendo. Vamos para allá

-Lo espero en el auto.

Llamó a su familia:

-Esta es la situación. Yamaki está en el Hospital Metropolitano y tengo que acudir. Ustedes se quedan aquí, nadie sale a menos que sea por causa de fuerza mayor. Henry, quedas a cargo hasta que regrese.

-Sí, papá.

-No vayas, papá. Tengo miedo que algo te pase.

-Tranquila, Suzie. Estaré de regreso muy pronto –le besó en su frente- Mayumi, hijos, cuídense.

Besó a su esposa y abrazó a sus hijos antes de salir y bajar con su compañero.

La primera en verlos llegar fue Reika.

-¡Tao-sempai, gracias por venir tan pronto!

-¿Qué le sucedió a Yamaki?

-Estábamos en medio de la reunión cuando sobrevino el apagón. Luego ocurrió una anomalía con el sistema Shaggai y en ese momento tembló. Todo fue confusión, miedo y caos –explicó- ¡No sé por qué lo hizo!

-¿Qué?

-¡Corrió hacia el tablero central para intentar reparar el sistema cuando recibió una potente descarga!

-No puede ser –se frotó el rostro con ansiedad- ¿Qué dicen los doctores?

-Sufrió quemaduras de tercer grado en la totalidad de las manos y parte de los brazos. Tiene quemaduras internas y…

Entró en crisis. Megumi y Daisy la llevaron a sentarse y le hicieron compañía.

-Gracias por traerme, Curly. Lamento que nos veamos de nuevo en una situación como esta.

-Yo también. No imaginé que mi regreso a Japón fuera tan… traumático.

-Curly, dime qué fue lo que ocurrió. Yamaki me dijo que el sistema fue burlado.

-Usando sus mismos términos, Tao-sempai. Daisy descubrió esta anormalidad. En resumen, se han registrado accesos ilegales y evasiones a los firewalls del sistema.

-¿Es lo que creo que es?

-Sí.

Una nueva y desconcertante noticia en un solo día. Meneó la cabeza tratando de encontrar una explicación alternativa, pero su inteligencia parecía aletargada por todo lo ocurrido.

De la habitación salieron la enfermera de guardia y un médico. Éste no autorizó visitas e informó sobre el estado del paciente, realmente grave. Permanecería en observación durante 24 horas, pero fue franco al afirmar que sus esperanzas de sobrevivencia eran inciertas y muy probablemente perdería ambas extremidades.

Reika estalló otra vez en llanto y fue llevada por sus compañeras a la sala de espera. Tao sintió compasión por ella y su bebé. Lamentó la desgracia de su socio.

-Él es fuerte, Tao-sempai. ¡Tiene que sobrevivir! ¡Tiene que sobrevivir!

-Todos deseamos lo mismo –dijo posando su mano en el hombro de su colega- Vámonos, no podemos quedarnos aquí.


El carruaje patriarcal sirvió como ambulancia para trasladar al malherido General. Ninjamon practicó los primeros auxilios e hizo todo lo que pudo para contener las hemorragias y expulsar el veneno. Todo su blanco cuerpo estaba sucio de lodo y sangre, las mismas que ensuciaron sus empapadas vestimentas sacerdotales, pero no le importó.

Con rapidez y urgencia, contando cada minuto como si fuese el último, el personal médico de Hospital Town, Starmon enfermeros, prepararon el quirófano y ayudaron a Lord Jijimon con la cirugía. De aquello transcurría treinta minutos más dos horas.

Los Generales del Norte y del Sur dijeron a su líder que ellos permanecerían a la espera, pero se negó. Dijo que estaría allí hasta que pasara lo que tuviese que ocurrir. Sólo entonces regresaría a Sión, donde el General del Oeste y Renamon, en su nombre, recibían a todas las familias rescatadas.

El patriarca oró por su General y todos le acompañaron en ansiedad y expectación. Minutos después fueron abiertas las puertas del quirófano. Los Starmon llevaron en camilla a un vendado, anestesiado y entubado Angemon al Área de Cuidados Intensivos. Segundos después salió el médico:

-Llegaron justo a tiempo –carraspeó- Ordené una transfusión de sangre para detener la anemia.

-¿Vivirá?

-Claro, ningún paciente se me ha muerto en la mesa de operaciones. Tengo mucha experiencia como canas, Angemon.

-Gracias, Lord Jijimon. Siempre podemos contar con usted.

Los presentes suspiraron aliviados por las alentadoras noticias.

-¿Se recuperará pronto, Doctor? –Soltó el General del Norte-

-Es fuerte.

-¡Déjese de rodeos, viejo decrépito, y díganos de una vez!

-¡¿A quién le dices anciano senil? –Empuñó su bastón y golpeó al irrespetuoso Ninjamon, que se frotó la cabeza con un tremendo chichón- ¡Vaya juventud tan irrespetuosa! ¡Enséñale modales, Angemon!

-Te lo tienes merecido, Ninjamon.

-¡Pero, Señor!

-No seas lloricón. Contrólate.

-Carraspeó una vez más- Se recuperará, pero pasará un tiempo antes de que vuelva a combatir.

-Me aseguraré que cumpla su convalecencia aunque tenga que atarlo a la cama –aseguró el Digimon shinobi-

Risas suaves fueron la respuesta.

-Hermanos, necesito hablar en privado con Lord Jijimon.

-¡Sí, fuera! No quiero mirones. A los pasillos.

-Estén listos para partir en cuanto salga –apoyó con una sonrisa de complicidad-

Obedecieron.

-Necesitas cambiarte de ropa.

-No importa eso ahora. Seré breve, sé que estás cansado.

-Tampoco eso importa. Dime, anda, muchacho. El tiempo es valioso.

-Me conoces bien, Abuelo. Decidí convocar a sesión extraordinaria al Consejo Supremo del Mundo Digital.

-Una decisión que sorprende, Angemon. Hace milenios desde la última vez que se convocó, y ahora tú nos llamas en tiempo de guerra.

-Lo sé, pero es precisamente en estos tiempos oscuros cuando debemos estar unidos. Sé que muchos de los líderes han sido asesinados –expresó con dolor, con dificultad para hablar-, pero eso no puede detenernos. No dejaré que el miedo ni la desesperanza mellen nuestros espíritus.

-¿Has comunicado esto a alguien más?

-A ti, tú a la Abuela, y al Capitán Garudamon de la Resistencia.

-A ellos muchas veces hemos auxiliado. ¿Y a quiénes más informarás?

-A Lord Andromon, Lady Rosemon, Lord Pharaohmon, Lord Mistymon…

-¡Necesitarás una camisa de fuerza para sujetarlo! ¡Está loco!

-Rió la broma- Y también… a Lord Omegamon.

Jijimon se detuvo al escuchar el último nombre.

-¿A los Caballeros Reales? ¿Hablas en serio?

-Siempre.

-Es inaudito lo que pretendes.

-No eres el primero que me ha dicho lo insólito de mi proceder.

-Soy honesto al decir que respeto tu decisión, pero no la acepto. Y estoy seguro que los demás líderes pensarán lo mismo. Pero en fin, has lo que tú consideres mejor. Cuenta conmigo y tu abuela. No nos envíes documento, estaremos al día siguiente de la convocatoria.

-Gracias, Abuelo.

-¿Llegaron sanas y salvas las familias?

-Sí. Doy gracias a Él que así fue.

-Enviaré personal médico inmediatamente. ¿Ella cumplió con su cometido?

-Excelentemente. Fue una sugerencia muy acertada. Ella y sus amigos son… especiales.

-Y mucho, Angemon. Y también sus compañeros, a quienes tuve el grato placer de conocer.

-He escuchado su historia una y mil veces y no dejo de admirarme ante la determinación de esos niños. Deseo conocerlos.

-Asunto relacionado. ¿Qué noticias tienes de lo ocurrido en el mundo humano?

-Tenemos sospechas para dudar de la naturalidad del suceso, Abuelo.

-No hace falta ser sabio ni viejo ni santo para darse cuenta de lo obvio. Todo ocurre según lo que sabemos hasta ahora.

-Lo que procede es convocar a los líderes. Debo ir al campamento de los refugiados.

-Para cuando llegues estará mi personal trabajando. Anda, vete sin cuidado. Cuidaremos de tu amigo.

-Muchas gracias, Lord Jijimon –dijo con reverencia-

¡Bah, deja eso! Ya vete. Y por favor, considéralo.

Meneó la cabeza, dando a entender que nada tenía que considerar.


Mie barría el piso superior mientras que Takato hacía lo mismo en la planta baja.

Los escuchó reír. Su esposo era un buen bromista. La mujer sólo meneó la cabeza con una sonrisa y siguió su labor en la habitación de su hijo.

Al entrar, vio esparcidos en fragmentos los cristales de la puerta corrediza a los pies de la misma. Los recogió con cuidado. El cuarto había recibido más la fuerza de las sacudidas, pero no vio daños estructurales. Recogió los papeles y cuadernos de Takato, uno de estos muy voluminoso y además, abierto. Mie no resistió la curiosidad de ver los dibujos de su artista, surgiéndole ideas para una futura decoración. Siguió hojeando sin preocuparse, asombrada por su talento, cuando topó con una serie de dibujos muy recientes, viendo por el polvo de grafito aún flojo. Su admiración se transformó en duda, después en confusión y finalmente en miedo al ver a su hijo plasmado en escenas desconcertantes. No supo qué explicarse. Se apresuró a dejar aquello en su lugar y bajar.

-¿Todo listo, chicos?

-Sí, mamá. ¿Queda trabajo arriba?

-Ninguno, me encargué de todo. Vamos a la panadería para darle orden y prepararnos para la venta de la tarde.

-¿Regresando comemos?

-Yo me encargo de prepararla.

-¿Estás loco? Los doctores dijeron reposo absoluto.

-Querida, estaré bien. El mareo ya desapareció. Bien puedo encargarme.

-Si te cansas…

-Yo me cuido solo. Vayan ustedes.

-Si quieres me quedo y te…

-No, Takato. No necesito que estén sobre mí. Despreocúpense. Regresen pronto.

Mie pareció ver en su esposo una versión en adulto de su hijo. La misma terquedad, y actitud. Desarmada, urgió a Takato a moverse y terminar cuanto antes para aprovechar la claridad.

-Takato, ¿qué es lo que más dibujas?

-De todo. Algunos escriben en diarios, yo dibujo. ¿Por qué preguntas?

-Curiosidad, nada más, hijo. Pero tiene que ver algo en particular que más dibujes. ¿Qué se yo? Recuerdos, deseos, sueños…

-Ahhh… todo lo que me guste, o impacte, mamá, lo dibujo para permanecerlo. He dibujado prácticamente toda mi vida, nada que no conozcan tú y papá.

La mujer quedó insatisfecha con las respuestas, pero se cuidó de manifestarla junto con su inquietud por los perturbadores dibujos.

Takato se sintió mal consigo mismo. Detestaba no decir todo con el puente de la confianza tendido en medio, pero la orden dada pesó mucho más que el afecto.


Caminaba mirando al frente, pero la mirada perdida hacia dentro, en el vuelco de los recuerdos recientes.

Después de su salida intempestiva de la residencia Makino, fue a su departamento y descubrió que el edificio había colapsado. Vio asistido por un consejero a su desesperado padre, corrió, y aquél lo abrazó gritando su nombre con tanta fuerza que aún resentía la sujeción. Los servicios de rescate, al ver que una posible víctima no fue tal, estallaron en aplausos. Ryo deseó que lo mismo pasara cuando encontraran más sobrevivientes.

Su padre no podía creerlo todavía. Hacía horas de su llegada y recibió lo que creyó fue verdad innegable al ver la escena. Preguntó al muchacho si esto no era un sueño o una alucinación producto de la desesperación. Un suave pero firme golpe en el hombro le disipó los temores. Estalló en llanto de alivio en brazos de su hijo.

-¡¿Pero dónde estabas, muchacho?

-Caminando, sólo eso. Lamento haberte preocupado. Debí acudir contigo primero.

-Ya no importa, Ryo. Estás bien, estás vivo. Lo demás no importa, pero no vuelvas a darme semejante susto.

-Sí.

Reservado de su fuero íntimo, Ryo únicamente se limitó a exponerle cuando el terremoto lo sorprendió en el gimnasio, y su ida a casa de Rika sin entrar en más detalles.

-¿Eso te tranquiliza?

-Bastante. Oh Dios. Pienso que fue un milagro, Ryo.

-Tal vez, papá. Uno qué sabe. Al menos creo que fui afortunado.

Comió con su aliviado padre, sólo después y así salió, con la promesa de regresar en cuanto anocheciera. Viviría de nuevo con él por una temporada.

Pensó en la ropa y demás cosas, ahora tenidas en nada. Nada, comparada con la pérdida, o mejor dicho, alejamiento de Rika. Maldijo aquél exceso de confianza en ella misma y desconfianza. Entendió que así debió sentirse Juri. Se sintió defraudado. Sintió una ola de enojo recorrer por su torrente sanguíneo y una imperiosa necesidad de desahogarse, de acallar las ahora emergentes dudas y temores de su participación en aquél complejo. Golpeó una pared con el puño y gritó de ira.

Se vendó la mano y caminó sin ver el rumbo. Se escuchó las voces de los vecinos que regresaban a ocupar sus departamentos. Alguien le llamó y se detuvo.

-¡Ryo!

-Ey, Kenta.

-¿Qué haces por aquí? ¿Qué te pasó en la mano? ¿Estás bien?

-Estoy bien. Esto no es nada, ya se me pasará. ¿Tu familia?

-Estamos bien, pero nos asustamos… -exhaló a duras penas-

Pronto tomó su inhalador para controlar su ataque de asma. Se normalizó.

-Desde el viernes estoy así. Esto nos sorprendió ya dormidos, pero desde antes noté que la velocidad de la red disminuyó hasta su pérdida total. Y aún no se restablecen los sistemas de comunicación.

-Eso escuché en todo el camino, desde la medianoche. Esto va para largo, Kenta.

-¡Sí, eso me molesta! ¡Quisiera repararlo yo mismo!

-Te exiges demasiado. Relájate.

-No me digas que me relaje porque… -jadeó otra vez con dificultad, y tomó otra vez su medicamento-

-¿Otra vez con tus ataques, Kenta? ¿Sigues con la misma?

Hirokazu apareció tras doblar la esquina.

-A ti quién te preguntó.

-Me preguntaba qué fue de ti, Hirokazu.

-Gracias, Ryo. Yo también. ¿Qué haces aquí con el chico inhalador?

-Con Kenta, platico. Y tú, ¿qué haces aquí? ¿Qué le pasó a tu ropa?

-Fui a la guerra. No, me revolcó el terremoto. Ya sabes, tocaba mi guitarra y estaba en bóxers. Apenas me puse algo y así salí. No me he cambiado, así me siento cómodo.

Kenta miró de pies a cabeza la descuidada apariencia del chico con desdén.

-¡¿Qué tanto me ves? ¿Te gusto, o qué?

-Idiota. Pareces un… vago.

-¿Te pregunté, cuatrojos, chico asma con cara de trasero?

-Hirokazu, mídete.

-Por lo menos yo me hago responsable…

¿Aquello a qué vino al caso? Se preguntó el Tamer legendario.

-…Y no parezco un vago apestoso.

-Oh, eso dolió –dijo el travieso con sarcasmo- Vamos, Kenta. En insultos y en todo TE GANO.

-¡No es cierto! Si así fuera cierto, no serías el último en el cuadro de honor, retrasado.

Eso le hizo entornar los ojos y mirarlo fijamente.

-Ya sacaste boleto. Te voy a decir lo que tenía preparado para el lunes. Me das vergüenza, Kenta. Actuaste como el mismo niño chiflado del kínder que le quitaban sus lentes y no pudo recuperarlos. Te faltó llorar, como siempre. Pensé que el llorón era Takato…

Ryo sólo se frotó la cara y le tiró el cabello, impotente ante la patética escena.

-… pero estoy seguro que en tu cuarto te arrancaste a llorar "¡Buahh! ¡Mi revista, mi revista!" Y llamaste a tu mami porque no puedes hacer nada por ti mismo, tienes miedo.

-¡No es cierto! ¡Mentiroso irresponsable! ¡Tú tienes miedo de enfrentar las consecuencias! ¡Tú eres el … el –tartamudeó-

-¿Qu? ¿Qué? ¿Ehh? ¿EEEel qué? –Replicó en burla del complejo- Tartamudo como siempre.

-¡No soy tartamudo! ¡No soy un miedoso patético como tú!

-Das lástima, Kenta.

-¡Ya basta los dos! –Sus palabras, como una piedra que choca contra una pared, resultaron de esta manera-

Tú das lástima! ¡Eres un estúpido que no vale nada!

-¡Retira lo dicho!

-No.

-¡Que lo retires!

-¡No!

Hirokazu le cruzó la cara a Kenta con un puñetazo, tumbándolo. Ryo decidió tomar el asunto en sus manos y su respuesta como un mal necesario. Se puso frente a Hirokazu y le dio un fuerte golpe en el estómago, doblándolo y dejándolo sin aire. Fue con Kenta para levantarlo. Se irguió con un hilo de sangre escurriéndole por la nariz y jadeando. Hirokazu, debilitado, se limitó a señalarlos e irse mirándolos con rencor.

Ryo le devolvió el tirado inhalador al chico de las gafas, quien con desesperación respiró el contenido.

-Estúpido… estúpido… estúpido.

-No llores, Kenta. Mira cómo quedaste, le hubieras dado una patada en los bajos siquiera, machín.

-No podría. ¡¿No me ves? No tengo fuerza, me ahogo con facilidad y… ¡Mierda! Soy tan débil y estúpido.

-No digas eso. No le hagas caso, está ardido. Lo humillaste, eso duele más que un golpe –dijo intentando animarlo-

-¡No me basta! ¡Maldita sea! ¡Sabe dónde darme! ¡Sabe dónde más me duele! ¡Yo lo dejé! ¡Yo, como siempre! ¡Sí, me puse a llorar! ¡¿Y qué? ¡¿Qué con llorar?

-Kenta, ya, tranquilízate. Te dará otro ataque…

-¡Qué importa! ¡Me muero y ya!

-¡Estás diciendo estupideces!

-¡NO SOY ESTÚPIDO! ¡Deja de decirme que soy estúpido! ¡Sé mucho más que él, que tú y!… y… ¡TODOS!

-Kenta, regresa. Kenta.

Pero el chico no le prestó la más mínima atención. Ryo suspiró y apretó las mandíbulas de puro enojo. Deseó que esto no hubiese pasado. Dejó aquél vecindario a toda la rapidez que dieron sus piernas. Esto fue la gota que derramó el vaso.


La noche cayó con su oscuridad más pronto sobre la capital nipona. Sólo las linternas de las patrullas y de los helicópteros iluminaban pequeños perímetros. Todo era silencio.

En el Hospital Metropolitano se suspendieron los turnos y todo el personal debió doblar tiempo, excepto los del turno de las primeras horas del día. Habían llegado más heridos y rescatados por los cuerpos de salvamento.

Una enfermera terminó de atender a Yamaki. Hizo curaciones a las extremidades quemadas, agradeciendo que el paciente no sintiera por el estado de coma. No le sorprendió la magnitud del daño, había visto mucho peores. Presintió que el pobre tipo perdería ambas manos, y tras ver la tablilla de diagnóstico, meneó la cabeza con un gesto de lástima. Revisó que los monitores de ritmo cardiaco y el equipo de respiración artificial funcionaran con normalidad y entonces salió, perdiéndose del primer movimiento de dedos izquierdos carbonizados, y la sonrisa maligna en el rostro del hombre.


Saludos a todos aquellos que siguen esta historia. Aprovechando la presencia de mi caprichosa e ingrata amante hago entrega de este nuevo capítulo, donde ato y también creo nuevos cabos. Me propuse publicar este fin de semana y he aquí los resultados, pero no garantizo una siguiente entrega dentro de una semana.

Pensé que tal vez exigí demasiado en cuanto a la calidad de los reviews, y que tal vez debo medir mi rigor… pero no. No me importa la cantidad de comentarios escritos, sólo los comentarios en sí que reúnan los requisitos anteriormente expuestos que valen para todos los capítulos hasta su conclusión. Aquí en el foro seguro muchos piensan como yo y lo han expresado hasta el cansancio y el hartazgo que nada es más frustrante que recibir un review de mísera extensión.

Sólo me queda agradecer a quienes leen esta historia y que comentan de forma nutricia. Espero que hayan disfrutado de este nuevo capítulo y nos leeremos posteriormente.