Disclaimer: Esta es una adaptación. La novela original le pertenece a Sarah Mayberry. Y los personajes a Hiro Mashima.
Capitulo 14
¿Viste Mujeres desesperadas anoche? No me puedo creer que ese cerdo haya tenido otra aventura. Su mujer debería echarlo de casa a patadas.
Lucy leyó el mensaje dos veces, preguntándose si Natsu le había enviado un correo escrito para otra persona. Pero entonces entendió lo que intentaba hacer: ser su amigo. Y tuvo que sonreír.
Lucy: No me gusta Mujeres Desesperadas. Demasiada… desesperación para mí.
Natsu: ¿Qué te gusta?
Lucy: Las viejas películas de Hollywood, las comedias sobre todo. Cualquier película en la que salga Laxus Dreyar. Y leo, leo mucho.
Natsu: Yo también. ¿Qué es lo último que has leído?
Lucy: No creo que lo conozcas. Es literatura femenina.
Natsu: De vez en cuando, también yo disfruto de algún buen relato para chicas. Soy muy flexible.
Lucy: No sabía que alguien con un pene conociera el género.
Natsu: Entonces es que sales con los penes equivocados.
Lucy: ¡Evidentemente! Bueno, este libro se llama "Uno de los chicos", de Kristan Higgins.
Natsu: ¿Divertido?
Lucy: Mucho. Y triste también. Se me encoge el corazón.
Natsu: Que se te encoja el corazón está muy bien… siempre que luego vuelva a su estado normal. Por cierto, deberías saber que la cafetería es toda tuya a partir de ahora.
Lucy: ¿Perdona?
Natsu: No pienso volver por allí hasta que tú me des el visto bueno. ¿Te parece?
Lucy: No quiero privarte de tu dosis diaria de cafeína.
Natsu: Y yo no quiero molestar.
Lucy: ¿No sería muy raro que nos sentáramos en mesas separadas?
Natsu: Supongo que eso depende de lo que tú entiendas por raro. A mí sólo me parecen raras las abducciones extraterrestres, así que sentarse en mesas separadas entra en el terreno de lo normal.
Lucy: Bueno, entonces de acuerdo.
Durante las siguientes dos semanas, la vida de Lucy adquirió un nuevo ritmo. Seguía levantándose temprano para darse el masaje y seguía duchándose y vistiéndose para ir a la cafetería. Pero ahora sentía la misma medida de expectación y ansiedad en el estómago mientras salía de la casa de sus padres y subía calle arriba.
Cada vez que entraba en la cafetería, lo primero que hacía era buscar a Natsu con la mirada. Él siempre estaba allí, con un café y un bollo de crema, el periódico abierto en la columna de Cartas a Mirajane. Nunca levantaba la mirada y Lucy se preguntaba si mantenía la cabeza baja a propósito porque entendía que eso le daba cierta libertad para mirarlo sin ser observada.
Tenía un bonito pelo rosa, alborotado y espeso. Sus dedos a menudo estaban manchados de tinta y a veces también tenía manchas de pintura en los antebrazos. Siempre llevaba camisetas de colores, zapatillas de deporte y pantalones vaqueros. Y ese aspecto tan juvenil le quedaba bien. Aunque no había nada juvenil en sus anchos hombros, o en la fuerte columna de su cuello o en el ángulo masculino de su nariz. Era un hombre guapo, pensó.
Si hubieran vuelto a verse dos años antes… ¿Pero para qué imaginar algo que no ocurriría nunca? Natsu no estaba interesado en ella como mujer y aunque así fuera no llevaría a ningún sitio porque ella no tenía nada que ofrecerle. Aun así, lo observó por el rabillo del ojo durante los veinte minutos, mientras leía la columna de Cartas a Mirajane.
Luego volvió a casa y empezó el intercambio de mensajes, que a veces duraba horas. Al principio hablaban de cosas impersonales: política, cotilleos de Hollywood, noticias económicas, pero a medida que empezó a confiar en él empezaron también a salir todas las verdades. Y le contó cosas que nunca había imaginado contarle a otro ser humano, incluyendo sus padres y su psicólogo. Le habló de lo emocionante que había sido su antigua vida como modelo, pero también de lo sola que se había sentido siempre a pesar de estar rodeada de atenciones y admiración. Le habló de su desesperación y su angustia después de ser agredida y le contó que había deseado morir. Compartió con él el resentimiento que seguía sintiendo hacia el hombre que la atacó, intentando explicar la constante batalla entre un odio comprensible y el deseo de no darle demasiado poder en su vida.
A cambió, él le habló de la batalla de su madre con un desorden bipolar, de la tensión que había en su casa cuando era niño y de cuánto lo entristecía la distancia que había entre sus hermanos y él ahora que eran adultos. Natsu la hacía reír y algunas veces derramar lágrimas de compasión. Pero sobre todo hacía que se sintiera comprendida.
Ella creía que su vida había terminado, que estaba condenada a vivir en las sombras para siempre, demasiado asustada como para pedir nada más. Pero Natsu estaba abriendo un mundo nuevo para ella. Y aunque la asustaba, también la hacía albergar esperanzas.
