14 Delivery

Shippo se desplazaba experto entre los transeúntes. El peso de la mochila era mínimo pero le parecía que cargaba con una manada de elefantes.

Sonrió aliviado al pensar lo fácil que había sido robar la espada. Sí le había dado pena pinchar el tanque de combustible de ese magnífico Audi, pero sus trabajos no eran precisamente limpios y le habían prometido una interesante suma de dinero si se hacía con la infame Tokijin.

Le daba risa ver cómo los youkais más viejos reposaban sobre los laureles y obraban sin cuidarse, muy confiados. Ese lobo también había sido fácil de seguir.

Todo había sido magníficamente sencillo.

Paró en seco frente a las finas puertas de un edificio, presionó el botón del último piso y esperó.

—¿Quién? —cuestionó una voz con solemnidad.

—Delivery.

El sonido de la puerta que se abría para él y entró. El hall de entrada era amplio, pulcro, brillante. Había obras renacentistas colgando de las altas paredes, confiriendo un aire de distinción que Shippo no había visto en toda su vida. Jarrones con orquídeas frescas decoraban los flancos del mostrador y un hombre se asomó, observando al recién llegado. El joven le dispensó un respetuoso saludo y aguardó.

Piso veinte y allí estaba, frente a la única puerta disponible. Tocó el timbre y un hombre mayor lo recibió, lo hizo pasar y le pidió que lo siguiera.

Shippo atravesó el vestíbulo y una disposición severamente tradicional de los elementos lo recibió para quitarle el habla. Del Renacimiento a la época dorada de la pintura japonesa. Allí había mucho para entretenerse y en varias ocasiones Shippo se quedó atrás por admirar su entorno.

Atravesaron varios espacios hasta que un ancho pasillo los llevó hasta una habitación que el joven identificó como el estudio del propietario de aquella magnífica residencia.

—Señor.

—Hazlo pasar —dijo la voz del interior.

Una seña y Shippo, abrazando su patineta, ingresó al sitio en cuestión.

Si lo que había visto hasta ese momento le había parecido maravilloso, ese estudio lo superó. Su composición acataba los cánones del más antiguo minimalismo japonés y el resultado era una embriagadora sensación de paz y armonía.

—¿Tienes lo que te pedí?

El equilibrio se perdió con la voz del hombre frente a él y Shippo comprendió la búsqueda de un contrapeso.

—Sí, señor —y al tiempo extrajo la espada para dejarla en el suelo frente a él, estudiándolo detenidamente.

Aquellos ojos dorados no parecían mostrar nada y su mudo lenguaje corporal no daba cuenta del torbellino que rugía dentro suyo ante la presencia de esa espada.

—Myoga te dará el dinero —y se giró, mirando la vida de Tokio a través de los impresionantes ventanales que a su vez oficiaban de pared.

Shippo no esperó más y se marchó. En el vestíbulo estaba el tal Myoga y extendiéndole un pequeño bolso, lo acompañó hasta la salida.

Una vez fuera del edifico, Shippo se sacudió y feliz con un trabajo bien hecho, decidió que se premiaría con un helado gigante.

Veinte pisos más arriba, Inuyasha podía sentir el rugido de Tokijin hablarle, lo llamaba incesantemente, lo anhelaba y él, casi tentado, reprimió en más de una oportunidad el deseo de aproximarse.

Si no tuviera aquel sello, seguramente ya habría caído preso de ella. Pero tampoco era suficiente, sabía que en algunas semanas necesitaría de una sacerdotisa para reforzarlo. Hasta entonces...

El duelo de voluntades con la espada lo hizo pensar en sus razones. Ni siquiera para su ganancia personal.

Abandonando el estudio, caminó hasta su recámara para cambiar su kimono rojo por un traje más acorde a su siguiente tarea.


NA: Dos capítulos continuos porque me voy de vacaciones y desapareceré al menos un mes. Espero que guste y me encantaría saber qué opinan. Acepto todo tipo de críticas, quejas, comentarios :)

J.