CAPÍTULO 13. La Orden de Bronce I

Templo de Tauro

Una pequeña sombra se arrastró lo más disimuladamente que pudo hasta la entrada del templo de Tauro. El aprendiz había empleado su teletransportación para aparecerse en la entrada de la casa de Aries, a la cual había ingresado inmediatamente para ocultarse. Minutos más tarde había recorrido las escalinatas de forma furtiva para finalmente llegar a la segunda casa que coronaba las montañas del Santuario.

- ¡Señor Aldebarán! ¡Señor Aldebarán! –Llamó intentando que su voz no sonara demasiado alto. La imponente figura del Caballero de Tauro no se hizo esperar.- Señor Aldebarán, el maestro Mu manda a decirle que ya se ha puesto en marcha el plan. Dice que intentará llegar al templo de Aries antes de las 10 de la noche.

El brasileño le hizo señas al pequeño para que entrara a su templo. Luego se agachó a su nivel y se expresó de la forma más clara que pudo.

- Kiki, necesito que te quedes oculto en mi templo. No salgas a menos que sientas el llamado de Mu o que nos veas llegar por las escalinatas. Si alguno de los otros caballeros dorados baja, hazlo saber de inmediato a tu maestro. No te dejes atrapar.

Dicho esto, el toro dorado se escabulló escalinatas abajo, hacia la casa de Aries.

Entrada Norte del Santuario

Elvana dio un respingo al sentir el cosmos de su compañero encenderse a lo lejos. Después de todo, él había tenido razón cuando le dijo que usaran su armadura en la guardia de esta noche. Agudizó sus sentidos y percibió que otros cosmos ajenos a los conocidos se acercaban al Santuario, provenientes del norte y del oeste. Era consciente de que no podría enfrentar sola aquella invasión.

- ¡Guardias! ¡Avisen de inmediato a la orden de Bronce que intrusos se acercan al Santuario!

Dos confundidos soldados corrieron a las órdenes de la muchacha hacia la zona sur, en la que se encontraban unas pequeñas cabañas donde los santos de bronce descansaban luego de sus entrenamientos diarios. La santo del Lince se quedó custodiando la zona norte, esperando que los refuerzos llegaran pronto. Al percibir a los intrusos más cerca, tras una colina, lanzó un potente rayo de cosmos que rompió las rocas e hizo caer escombros.

Shiryu a duras penas logró poner el escudo sobre su cabeza y la de su maestro para evitar que cayeran sobre ellos. "Aguarde aquí, maestro", fue lo último que le dijo al anciano antes de salir de entre las rocas. La mirada perspicaz de la muchacha lo alcanzó enseguida.

- ¡Garras del hielo! –Exclamó la amazona mientras lanzaba su técnica especial contra el caballero del Dragón. Cientos de agujas de hielo se desprendieron de su mano, dirigiéndose directamente al pecho de su oponente.

Alertado por el grito, Shiryu bloqueó el ataque con su escudo, aunque esta vez el impacto fue mucho más poderoso. Corrió hacia la santo alcanzándola en segundos.

- ¡Detente! ¡No hemos venido a pelear contra ti!

La muchacha retrocedió, aunque mantuvo la guardia.

- ¿Quiénes son y por qué están irrumpiendo en el Santuario? –Preguntó con recelo.

- Venimos a rescatar a la diosa Athena, que ha sido secuestrada por el Patriarca.

- No me hagas reír. –Contestó Elvana en tono sarcástico.- ¿Acaso ustedes son los que creen que la japonesa es la verdadera Athena? No es más que una impostora.

- Si no nos permites pasar, tendré que derrotarte. –Dijo Shiryu en tono amargo.

- Inténtalo. –Desafió la amazona.

Su máscara resonó ante la intensa emanación de cosmos que emitió para intentar intimidar al Dragón. El joven estaba seguro de que aquella fiera mujer no lo dejaría pasar tan fácilmente. Él también elevó su cosmos.

- ¡Dragón Naciente! –Exclamó sin pensárselo demasiado. No podía subestimar a la guerrera que estaba enfrentando. Una figura de dragón se elevó por detrás suyo y cuando estuvo a varios metros de altura, se arrojó en picada contra la muchacha.

La santo logró esquivar en parte el ataque, aunque fue despedida varios metros atrás por el impacto en uno de sus costados. Pese a esto, se mantuvo de pie. Shiryu tembló. Nunca nadie había resistido su ataque con tanta templanza.

- Eres una amazona muy fuerte. En verdad no deseo pelear contigo. –Dijo levantando la voz, pero fue en vano, la muchacha se lanzó contra él para alcanzarlo cuerpo a cuerpo. El descuido del pelinegro le costó recibir un duro golpe en el estómago, que lo hizo caer a tierra.

La muchacha emitía un cosmos frío e intenso, como los ojos de un felino –haciendo honor a la armadura que custodiaba-. Shiryu se puso de pie y retrocedió. No podía volver a distraerse, o acabaría por perder el combate. A su mente vino de inmediato la técnica que había buscado dominar desde hacía tanto tiempo: La cólera del Dragón. Era arriesgado, porque aún no la manejaba a la perfección, pero si no la usaba, era posible que esta chica le ganara el enfrentamiento. Era ahora, o nunca. Infló su cosmos de forma que la amazona retrocedió un par de pasos, intimidada por el incremento repentino, pero luego le imitó también.

- ¡No creas que tendré miedo de ti, Dragón!

Y Shiryu lo sabía. Al llegar al límite de su concentración lanzó el golpe fulminante. La mandíbula de un gigantesco dragón rugió abalanzándose contra la muchacha, quien lanzó de nuevo su técnica, arrojando cientos de agujas heladas. Ambas emisiones de cosmos chocaron violentamente, causando una onda que agrietó las rocas cercanas e hizo doblar algunos de los árboles. Segundos después la chica salió volando algunos metros atrás y cayó sobre su espalda, sintiendo que su armadura se resquebrajaba.

Entrada Sur

El ruso lanzó un golpe certero hacia la cara del Fénix, que escupió la sangre manaba de su labio. Ya habían intercambiado varios golpes a mano limpia, y ambos sentían el hervor del combate en la sangre.

- Eres persistente, fénix.

- Por supuesto que lo soy. ¿Quién te crees que soy?

- No tiene caso que sigas con esto. Tu causa está perdida. En cuanto el Patriarca sepa lo que están haciendo mandará ejecutar a su "Athena" y será su fin. Tú y tus compañeros de bronce jamás lograrán pasar por las doce casas.

- De bronce y de oro. –Corrigió Ikki con toda la intención de molestar al Cisne.- No olvides que Aries está de nuestro lado, y también el viejito de Libra.

Hyoga lo miró con recelo. ¿Acaso ese estúpido pollo no sabía cuándo callarse?

- Los rebeldes serán castigados. No hay forma de que ustedes logren su cometido.

- ¡Ohh, vamos Pato! Eres demasiado serio para mi gusto. De quién heredaste ese mal carácter, ¿de tu madre?

Hyoga crujió los dientes. Su ira se elevó volcánicamente y sus ojos destellaron de furor. "Bingo", pensó el Fénix para sus adentros. Había dado en el clavo y ahora lo tenía en sus manos.

- No te atrevas… a mencionar así… a mi madre. –Masculló el ruso entre dientes y luego lanzó un grito mientras su cosmos se encendía hasta el infinito.

"Finalmente tendremos un digno combate", pensó Ikki. Había tocado el punto más sensible de su oponente, y ahora le correspondía esperar su máximo ataque. Frunció el ceño y concentró su cosmos que recorrió cada centímetro de su cuerpo hasta intensificarse en sus manos.

- ¡Rayo de Aurora! –Exclamó Hyoga en un grito que le heló la sangre al japonés, distrayéndolo por un momento y retrasando su ataque.

- ¡Alas del Fénix! –Gritó mientras contrarrestaba el ataque de su oponente.

El rayo helado impactó directo con el cosmos del fénix, amenazando con romper la barrera protectora que había generado. Sin embargo, su poder era contrarrestado por su inestabilidad, y el peliazul supo que tenía una oportunidad. Arriesgándolo todo, dejó de emitir su cosmos para dejar abierto el espacio entre ambos y segundos antes de recibir el golpe logró lanzar su técnica especial.

- ¡Puño diabólico del Fénix! –Gritó mientras sentía como su armadura se congelaba y caía contra el suelo. El rubio se quedó estático.

Entrada Norte

La amazona del Lince lanzó un alarido de dolor, luego de caer al suelo. La Cólera del Dragón no había logrado quitarle la consciencia, pero si le había causado un daño indescriptible. Sentía como si todo su cuerpo se hubiese resentido, y las punzadas en su pecho eran intensas y dolorosas. Shiryu también había caído, producto del salvaje impacto. Aquella técnica era exhaustiva y al no dominarla del todo le había causado un resentimiento en el brazo derecho.

- ¡Elvana! –Exclamaron a lo lejos.

Al encuentro del combate corrían Presto de Can Menor y Saiph de Orión. Shiryu temió por su integridad. No estaba en condiciones de enfrentar a dos oponentes al mismo tiempo.

- ¡Maldito bastar…!

El grito de Saiph fue violentamente interrumpido por una onda explosiva que lanzó a ambos caballeros varios metros atrás.

- ¡Mu! –Se oyó la voz agradecida de Shiryu.

Coliseo del Santuario

Mientras su hermano y demás caballeros combatían, Shun había logrado escabullirse entre las sombras y había alcanzado el Coliseo del Santuario, donde se realizaban duelos interminables entre caballeros y aspirantes, todo para probar que eran dignos de una armadura. Hasta ahora había burlado a por lo menos 10 guardias y había alcanzado con éxito llegar sano y salvo hasta este lugar. Unos metros más al este se avistaban las escalinatas que conducían al primer templo. Se disponía a apresurar el encuentro con Aldebarán, cuando un fuerte latigazo lo hizo retroceder.

- Miren a quién tenemos aquí. –Dijo una familiar voz femenina.- Pero si es Shun de Andrómeda.

- June… -Murmuró el peliverde, tragando saliva.

- ¿Se puede saber por qué diablos estás entre los rebeldes que han invadido el Santuario? –Preguntó la amazona con un tinte de amargura.

- June, tienes que escucharme. El Patriarca… es un traidor.

Otro fuerte latigazo sonó y alcanzó la pierna del joven, haciéndolo caer hacia atrás. La muchacha se adelantó y posó uno de sus zapatos sobre la pechera de la armadura de Andrómeda.

- No puedo creer que te hayan lavado el cerebro de esa manera.

- June, te lo suplico. No quiero pelear contra ti.

La amazona se quedó un par de segundos en silencio. Parecía estar luchando consigo misma.

- Shun, quisiera creerte, pero todas las pruebas están en tu contra. Nosotros ya teníamos una Athena, y de repente tú estás defendiendo a una impostora.

- ¡No, June! La impostora ha estado con ustedes todo este tiempo en el Santuario.

- ¡Pruébalo! –Dijo la chica con voz adolorida. A ella tampoco le complacía pelear con el peliverde.

- No tengo pruebas, más que el hecho de haber percibido el cosmos divino en la Athena que yo defiendo.

La amazona aflojó la tensión en sus músculos, y quitó el pie de encima del caballero. Una parte de ella le pedía a gritos que confiara en él, pero su razón le decía que no era posible que el Patriarca les hubiese presentado una Athena falsa. Shun se incorporó y miró fijamente a los ojos de la máscara.

- June, déjame pasar. Por favor. –Rogó con la esperanza de que la joven hiciera a un lado su terquedad.

- No puedo. –Sentenció la rubia, con su voz manchada en tristeza.

Tras esto encendió su cosmos amenazante, y Shun no pudo más que resignarse. Debía pelear contra ella, si es que quería llegar a la casa de Aries.

- ¡Lárgate de aquí Shun! –Gritó la amazona, lanzando un potente golpe cósmico con su látigo y haciendo retroceder al japonés de un solo salto.

- ¡Nebulosa de Andrómeda!

Las cadenas chocaron con el látigo, creando una barrera de defensa. Los ojos de Shun expresaban el pesar de estar luchando contra la rubia, cuya voz sonaba igualmente quebrada.

- ¡Furia Cósmica! –Gritó la chica, haciendo que de su látigo emanaran escamas de energía.

- ¡Defensa giratoria! –Exclamó Shun, haciendo que su cadena girara repeliendo cada una de las escamas.

La ira de la chica iba en aumento. Detestaba cuando Shun evitaba atacarla. Detestaba que nunca fuera directo. Detestaba que no la tomara en serio.

- ¡Ataca, maldito cobarde!

- Sabes que no te haría daño jamás… -Respondió Shun, con los ojos vidriosos a punto de soltar lágrimas.

- ¡No te hagas el débil conmigo! ¿Por qué siempre me evitas?

El ojiverde empuñó sus cadenas con fuerza. Ella no se rendiría, a menos que él hiciera algo.

- ¡Cadena Nebular!

La cadena salió disparada, obedeciendo a la orden instantáneamente. La amazona recibió el golpe de lleno, haciendo que se fuera de bruces contra el suelo. Shun corrió de inmediato para auxiliarla. Se arrojó de rodillas al suelo para estrecharla entre sus brazos.

- ¡June! ¡June! Dime que estás bien, por favor… -Rogó con lágrimas en los ojos mientras acariciaba sus rubios cabellos.

- Shun… -Balbuceó la chica adolorida. Ella también se echó a llorar.