El amor es para siempre
"No importa que nos pueda separar, siempre encontraremos el camino de vuelta al otro".
No dejaba de pensar en aquella frase de la película "Votos de amor". Tom y yo habíamos ido a verla al cine. Ahora él iba a dejarme a casa en su auto. Mi gire un poco para poder apreciar el bello rostro de mi novio. Él mantenía su mirada fija en la carretera, me encantaba verlo tan concentrado. ¿Cómo podía verse tan guapo? ¿Cómo una chica como yo había tenido la suerte de encontrar a un chico como él? Aprecie su perfil en la oscuridad del auto, sus ojos azules resplandecían como dos luceros. No pude evitar la tentación de estirar mi mano para acariciar los risos cobrizos de mi amado Tom. Él me miró de reojo y siguió concentrado en el camino.
— ¿Qué pasa amor?
Su voz era tan dulce, que se sentía como una suave caricia en mi corazón.
—Solo estaba pensando.
Me encogí de hombros y tome su mano. Él entrelazó sus dedos con los míos y llevo mi mano a sus labios para dejar un suave en el dorso de esta.
— ¿En qué pensabas?
—En que…de alguno u otra manera siempre estaremos juntos. Aun después de la muerte.
—Sabes que te daría mi vida, amor.
Sus palabras me hicieron estremecer. Él se giró para verme, fueron menos de 10 segundos, pero esos escasos segundos nos iban a costar demasiado.
Unas luces nos cegaron la visión un poco, giramos nuestros rostros hacia enfrente y vimos que una camioneta venía directo hacia nosotros.
— ¡Cuidado!
Fue lo único que logré decir. Tom intentó maniobrar con el auto, pero fue demasiado tarde. La camioneta golpeo el auto. Tom perdió el control. El auto se volcó dando varias vueltas. Todo se volvió oscuridad.
El sonido de las sirenas se dejó escuchar. El olor a muerte inundo el aire. En el Hospital General dos jóvenes que habían tenido un terrible accidente de coche se debatían entre la vida y la muerte.
Desperté en un lugar desconocido. Aquel lugar era sumamente hermoso y me llenaba de paz. Estaba por dejarme arrastrar por esa paz, cuando recordé todo lo que pasó. El accidente. ¡Tom! Oh mi Dios. Tom. ¿Dónde está? ¿Qué pasó con él?
— ¡Tom! —grité su nombre con desesperación. ¿Dónde podrá estar? ¿Dónde estoy yo? — ¡Tom! —Él apareció frente a mí y lo abracé con fuerza— ¡Gracias a Dios! Tom.
Me aferré a él como si de eso dependiera mi vida, aspiré su aroma.
—Madison.
Él susurro mi nombre con dulzura, me hizo estremecer y sentí una calidez en mi corazón. Él estaba conmigo, todo iba a estar bien si estábamos juntos.
—Tom, ¿qué está pasando? ¿Dónde estamos?
—No lo sé. Lo último que recuerde es el accidente.
No entiendo que es lo que está pasando, no estábamos en el lugar del accidente o algún hospital. Era un prado demasiado hermoso, tenía ganas de ir a correr entre las flores, pero algo me hacía sentir que si soltaba a Tom lo iba a perder para siempre. Miré a Tom y vi cómo se desvanecía, pero volvió a aparecer.
— ¿Qué fue eso? —pregunte mientras fruncía el ceño.
Mi corazón se aceleró y tuve miedo de perder a Tom. No quiero quedarme sola en este lugar.
— ¿Qué fue qué?
—Desapareciste.
— ¿Qué?
Él miró sus manos y se dio cuenta de lo mismo. Él estaba apareciendo y desapareciendo.
— ¿Qué está pasando, Tom? —Iba a tomar su mano cuando él desapareció frente a mis ojos y no volvió— ¿Tom?
Algo me hizo sentir que él no iba a volver. Sentí que mi cuerpo comenzaba a temblar de frío, pero sentía el frío por dentro y no en mi piel. Me sentí vacía y aquel enorme vacío que dejó Tom me dolió demasiado y comencé a llorar.
El medico en guardia del Hospital Genera, luchaba para mantener con vida a la joven pareja que había entrado de emergencia aquella noche. El doctor Root, se negaba a dejar morir a dos personas tan jóvenes que aún les hacía falta por vivir demasiadas cosas.
—Lo tenemos, doctor.
Informo la enfermera Carey cuando vio que los signos vitales del chico se estabilizaban.
—Bien. —El doctor suturo la herida que tenía el joven y había puesto en riesgo su vida. Limpió y vendó aquella zona. Cuando estuvo listo se quitó los guantes para cambiarlos por unos limpios—Llévenlo a otra habitación. ¿Cómo está la chica?
Él enfermero Heber, se acercó con una tablilla, que tenía la información sobre el estado de salud de la chica.
—No muy bien, doctor.
Le entregó la tablilla al doctor y este palideció.
Me dolía cada maldito centímetro de mi cuerpo, no había sido consiente de todas las partes de mi cuerpo, de mis músculos y huesos, hasta aquel día. Hace un momento no sentía nada de dolor, ¿por qué ahora todo me duele? En ese momento lo recordé todo. Abrí los ojos de golpe y me senté.
— ¡Madison!
Grité su nombre esperando que ella me respondiera. Lo único que obtuve fue un terrible mareo. Cerré los ojos para intentar calmar el dolor punzante de mi cabeza.
—Tranquilo, amigo—dijo una voz desconocida, abrí los ojos y me encontré con un enfermero—. Acabas de salir de una cirugía.
— ¿Dónde estoy?
Me recosté en la cama, mientras cerraba los ojos de nuevo.
—Estas en el Hospital General. Tuviste un accidente de auto y fuiste metido de urgencia al quirófano.
Pude recordar todo. Las luces que me cegaron, la camioneta viniendo hacía nosotros, el estruendoso sonido de los autos al chocar, el cómo nuestro auto se volcó. También recordé a Madison.
— ¿Dónde está Madison? ¿Ella está bien? ¿La puedo ver?
Abrí los ojos al sentir que el dolor de la cabeza había disminuido un poco. Vi la expresión que tenía el enfermero y mi corazón se destrozó.
—No creo que lo logre.
— ¿Qué… que paso con ella?
—Un pedazo de cristal del auto se enterró en su pecho y la punta está en su corazón.
— ¿Y no pueden solo remplazar su corazón?
—El doctor ha estado buscando, pero… no hay donadores disponibles. Lo siento.
Mi mundo se derrumbó en pedazos. No. Ella no puede morir. Madison no merece terminar su vida así. Mi dulce Madison, tú no.
—En que…de alguno u otra manera siempre estaremos juntos. Aun después de la muerte.
—Sabes que te daría mi vida, amor.
Daría mi vida por ti, Madison. Eso es lo que voy a hacer. Te voy a dar mi vida.
— ¡Tom! —No pensaba darme por vencida, él no pudo haberse ido solo así— ¿Tom?
No podía creerlo. Tom apareció frente a mí. Corrí hacia sus brazos con desesperación. Lo abracé con todas mis fueras fundiéndome en el calor de su cuerpo y lo besé. Lo besé como todo mi amor y por un momento sentí que el tiempo se detenía solo para nosotros dos. Me deje fundir en sus brazos sintiendo como nuestros corazones se volvían uno solo. Él es el hombre perfecto para mí, de eso siempre había estado segura. Era mío y yo era suya. Me aleje un poco de él solo para abrazarlo con más fuerza.
—Madison, yo…
—Tom, estaba tan asustada. Creí que nunca te volvería ver.
—Madison—se alejó un poco de mí y tomo mi rostro entre sus manos—pronto de vas a ir.
— ¿Irme? ¿A dónde?
—De regreso al mundo real—suspiró pesadamente—. Un cristal del auto atravesó tu pecho y la punta está en tu corazón. Los médicos van a remplazar tu corazón con uno nuevo—tomo su mano entre las mías y las besó si apartar la mirada de mis ojos—. Con el mío. Volverás a la vida.
Lo que Tom me estaba diciendo era demasiado para procesarlo tan rápido en aquel momento.
—Contigo, ¿verdad?
—No. No hay donadores de corazón. Solo te iras tú.
— ¡No! —Me di cuenta de sus palabras y el horror me invadió, sentí que las lágrimas comenzaron a salir por raudales—No me voy a ir sin ti.
—Tienes que irte—negué con la cabeza, él volvió a tomar mi rostro entre sus manos y con sus pulgares limpió mis lágrimas—. Escúchame. Vas a salir de aquí y seguirás con tu vida normal y tendrás hijos y los miraras crecer. Morirás siendo una mujer adulta, pero no aquí, no ahora, no así. ¿Me entiendes?
Asentí con la cabeza, en realidad no lo entendía del todo, pero quería que él estuviera tranquilo. Yo quería que él viniera conmigo, pero él me estaba dando su vida. Yo hubiera hecho lo mismo por él.
—Así que…—sentí que mi voz tembló— ¿este es el adiós?
—Así es.
Me mordí el labio inferior para que me dejará de temblar e intente juntar todas mis fueras para decir aquellas palabras. Lo miré a los ojos e intente grabarme su imagen.
—Te amo, Tom.
—Te amo, Madison.
Guarde el sonido de su voz en lo más profundo de mi corazón. Todo se volvió oscuro.
El equipo del doctor Root, se preparaba para una nueva intervención quirúrgica. Una inesperada donación de corazón salvaría la vida de aquella joven.
La operación duró horas, hasta que finalmente los signos vitales de la chica volvieron a la normalidad. Un nuevo corazón estaba latiendo en el pecho de aquella joven mujer. Ella había recibido una segunda oportunidad de vida.
DOS MESES DESPUES.
La suave brisa veraniega acariciaba mis mejillas. Era la primera vez que salía de casa, solo porque mi madre me había obligado. Aun me dolía demasiado la perdida de Tom. No sentía ganas de hacer nada, la vida se había vuelto tan aburrida y gris sin él.
Escuche unos pasos acercarse a mí. De seguro era mi hermana, tal vez mamá la había mandado para ver si yo estaba bien. Giré mi rostro para ver quien se había detenido a mi lado. No era mi hermana, era mi mejor amiga, Sadie.
— ¿Estas bien?
Ella me miró con preocupación, para quitarle un poco de esa preocupación asentí con la cabeza.
—He estado mejor. Solo lo extraño demasiado.
—Todos lo extrañamos, Madison. Él siempre va a estar contigo, siempre tendrás su corazón—aquello me había hecho sonreír. Literalmente, siempre iba a tener su corazón—. Maddie, algún día estarán juntos otra vez, pero Tom quería que fueras feliz y vivieras tu vida. Odio verte así. Esta es la primera vez que te veo sonreír en estos meses.
Abracé a Sadie con fuerza.
—Gracias.
Extrañaba a Tom. Sabía que nadie, nunca, iba a poder ocupar su lugar, pero él no había entregado su vida por mí en vano. Por él iba seguir con mi vida e iba a ser feliz. Por ti, mi amor.
AÑOS DESPUES
Era mi cumpleaños número 97. Toda mi familia estaba reunida para celebrarlo, mis cuatro hijos: Keira, William, Scott y Olivia. Cada uno de ellos estaba con su respectiva pareja y mis siete nietos corrían y jugaban por toda la casa.
—Johnny—le hable al mayor de mis nietos.
— ¿Qué pasa abue?
—Pasame aquel álbum.
— ¿El café?
—Sí, ese.
Mi nieto puso sobre la mesa el álbum de fotos que le había pedido. Dejó un beso en mi mejilla y se fue a jugar con sus primos y hermanos. Abrí aquel viejo álbum y sonreí al ver las fotos que había, con lentitud pase por las paginas recordando los momentos que habían quedado en fotografías. Mi vida había sido buena y feliz. Todo gracias al sacrificio que Tom había hecho. Él me dio su vida, pero mi vida estaba por llegar a su fin. Aquella noche me fui a dormir en paz.
Desperté en un lugar conocido para mí. Tenía años que había visto este lugar, me estremecí al recordar la última vez que había estado aquí.
— ¿Madison?
Esa voz. ¿Será verdad? Me giré para ver al dueño de aquella voz y mi corazón saltó de alegría.
— ¡Tom! Cielos, eres tan joven y yo soy tan vieja.
Él me sonrió con ternura.
—No te preocupes, puedes elegir la edad que quieres tener para siempre.
— ¿Por qué elegiste esa edad?
—Por qué a esta edad me enamore.
Su mirada me hizo estremecer como cuando era joven. Entonces recordé que alguien más debía estar aquí y mi corazón tuvo un hondo pesar.
—Tom, hice lo que me pediste. Me casé y tuve una familia.
Vi el dolor en la mirada de Tom, pero a la vez estaba feliz de que no me hubiera quedado estancada en el dolor.
—Está bien. ¿Cómo está tu marido? ¿Fue bueno contigo?
—Fue un buen hombre—sonreí al recordar a Dylan y lo feliz que me había hecho mientras estuve viva—. Murió hace seis años.
—Lo siento.
—Está bien.
Había tenido una buena vida. Había aprovechado la vida que Tom me había regalado al máximo, me volví a enamorar y tuve hijos a los cuales amé y crie con amor. Pero este era el momento que había esperado. Quería estar con el amor de mi vida. Cerré los ojos y me enfoque en tener la edad de cuando me enamoré de él.
— ¿Qué haces? No podrás ir con tu esposo.
—Lo sé, pero tú eres mi gran amor.
— ¿Y tu esposo?
—Pase toda mi vida con él, ahora quiero pasar la eternidad contigo.
Ambos sonreímos, nos fundimos en un abrazo y nos besamos sellando así nuestro amor por la eternidad.
