Tengo tantos derechos sobre estos personajes, como tengo derechos sobre Darren Criss. Sí, la tragedia se cuenta sola xD. Como siempre, esto es solo parte de mi imaginación ;)
Capítulo 14. Au revoir…
Los dos caminaban en silencio. Sebastian trataba inútilmente de lograr que las palabras fluyeran entre los dos con facilidad como casi siempre sucedía pero Blaine no estaba bien, eso era más que obvio. La espectacular y dramática despedida de Kurt había dejado entre los dos esa clase de estática que presagia una tormenta, esa clase de energía atrapada que sería suficiente para conjurar un huracán que podía destruir el mundo.
El mundo y también algunas ilusiones y promesas… el muchacho sacudió la cabeza de forma negativa tratando de alejar esos pensamientos lejos de él porque la verdad era que Sebastian estaba asustado. Habían sido tantos días felices, tantas risas, tantos besos, tantas caricia, que la sola idea de volver a un mundo en donde Blaine pudiera estar de ese modo, frío, ausente, sin ganas de reír y sin querer sostener su mano, era de verdad inaudito. Porque Blaine estaba preocupado. Era más que obvio que seguía torturándose por todas las cosas que Kurt Hummel había dicho y hecho antes de arruinar la fiesta de despedida con toda aquella palabrería y aquella canción que hubiera sido mejor callarse para siempre.
La verdad es que Sebastian pensaba que si Kurt había querido echar a perder el viaje que Blaine, su madre y él estaban a punto de hacer no lo hubiera podido haber hecho mejor. Aquel chico jamás le había gustado a Sebastian, siempre había sospechado que de un modo u otro su presencia traería la desgracia a su vida, pero lo cierto era que no había querido creer que toda aquella estupidez de amar a Blaine se saliera de control de ese modo nada lindo en el que lo había hecho. Ni siquiera estaba seguro de que fuera cierto. Él sólo sabía que su prometido no estaba ahí con él ahora. Que la mente de su prometido se había ido detrás de Kurt como al parecer, Blaine había querido hacer. Y aquello dolía.
Porque para el amante siempre es difícil la idea de saber que no puede ser el único en la vida del otro. Sebastian sabía que aquel era un sentimiento estúpido pero no podía evitar sentir que su corazón ardía en llamas, llamas de celos que lo abrasaban por dentro. La llama dolorosa de entender que dentro del corazón de Blaine había lugar para otra persona porque si no fuera así ¿por qué el joven de los ojos color avellana estaría tan preocupado? Sebastian no quería dudar del amor de Blaine pero no podía evitar sentir el miedo remolineando en sus entrañas, haciéndolo sentirse pequeño, indefenso, insignificante y tan lejos de Blaine a pesar de que sus dedos estaban, por fin, entrelazados a los suyos, aunque el joven Anderson parecía ser apenas consciente del tacto de la mano de su prometido.
Las luces de la calle iluminaban los pasos de los dos jóvenes mientras el departamento del joven Smythe se hacía visible también. Seguramente Stephanie estaría ya ahí, pensó Sebastian y esperaba que la aparición de su madre pudiera cambiar en algo ese estado de ánimo nada alegre en el que Blaine parecía estar sumergido. Porque Sebastian odiaba ver triste a su prometido, porque las lágrimas en esos ojos color avellana habían dejado de existir ¿no es cierto? La tristeza había abandonado a Blaine desde que su amor los había llenado a los dos de dicha y de fuerza, por eso Sebastian odiaba ver al joven de los ojos color avellana en un estado de total desolación como el que la actuación de Kurt le había provocado. Maldito Kurt Hummel, mil veces maldito. Él era el único responsable de que la belleza de aquellos ojos, los ojos del hombre que él amaba, volvieran a estar tristes otra vez.
-Lo siento, Seb…- dijo Blaine cuando los dos llegaron a la puerta del apartamento donde habían decidido vivir juntos hasta que el momento de ir a París llegara.
Sebastian miró los ojos de su prometido y lo abrazó a él sin poder evitarlo, haciendo que el chico de los ojos color avellana sonriera un poco.
-¿Por qué lo sientes?- dijo el joven Smythe besando la suave sonrisa de Blaine sin pensarlo.
-Estás preocupado…- dijo Blaine suspirando sobre los labios de su amado- sé muy bien que estoy preocupándote. No sé qué cosas estés pensando, pero esto no tiene nada qué ver contigo. Es sólo que… odio herir a las personas, Seb, odio no poder hacer algo mejor por ellas… odio esto.
-¿Y no odias Kurt?- dijo el ojiverde haciendo que la expresión de Blaine se endureciera un poco- es decir…
-No, no lo odio- dijo el joven Anderson un poco confundido por las palabras de su prometido- Seb… él debe estar sufriendo mucho ahora.
-¿Por qué te importa tanto?- dijo el joven Smythe arrepintiéndose en seguida de haber soltado esa pregunta pero tenía que saber, tenía que escuchar esa respuesta.
-Antes de conocerte, antes de encontrarte…- dijo Blaine haciendo caso omiso del reclamo que había en la pregunta de Sebastian- él me encontró. Me dio un lugar en su banda cuando Sam y yo no éramos más que un par de aficionados. Después, cuando las cosas se pusieron difíciles, cuando mis sentimientos por ti eran tan confusos… él me ayudó, sé que te cuesta creerlo pero todo aquel disparatado plan de Elliot también me ayudó. Él es mi amigo Seb, es parte de mi vida y sé que no te gusta pero… ¿Puedes entenderme?
El joven Anderson había dicho aquellas palabras en el tono de quien hace una súplica. Él sabía que el tema Kurt era muy difícil para Sebastian por los roces que siempre habían tenido los dos muchachos a causa de… de su amor por él. Blaine sintió un poco de nausea al pensar aquello pero era la verdad. Desde el inicio de todo había tenido dos corazones en sus manos, pero había hecho una elección muy clara: estar con Sebastian, sostener el corazón y la vida de aquel hombre que ahora lo miraba con un claro gesto de incredulidad.
El corazón del pelinegro dolió un poco al notar que el chico Smythe volvía a poner en duda el amor que él le tenía por los celos que Kurt Hummel podía causarle. Pero vamos, iban a casarse ¿qué otra prueba quería Sebastian? Lo que Blaine no sabía es que aquella preocupación por Kurt lastimaba al joven Smythe, lo hería profundamente. La razón no era clara, pero Blaine era lo más importante para Sebastian y la sola idea de que se alejara de él, por la razón que fuera, más si aquella razón se llamaba Kurt Hummel, dolía, dolía más que mil cuchillos lacerando su piel.
-Debes entender que no es sencillo para mí…- dijo el castaño con voz apagada- intento entenderlo, Blaine, pero creo que tu "amigo" se pasó de la raya esta vez. Él no tenía ningún derecho de hacer lo que hizo, él sabe que estás conmigo, él sabe lo de nuestro compromiso. Blaine… ¿Cómo te hubieras sentido si en vez de Kurt hubiera sido Hunter quien cantara algo así para mí?
Blaine hizo una mueca sin poder evitarlo. La sola imagen de Hunter cantando algo para Sebastian era horrible, hiriente. Entendía lo que Sebastian quería darle a entender con eso, pero también pensaba que el joven Smythe estaba siendo injusto con él porque Sebastian y Hunter habían tenido una historia antes de que él llegara a la vida del joven de los ojos verdes y en cambio Kurt y él… Kurt y él no habían compartido más que un par de besos tontos, todos ellos de mentira, todos ellos sin recibir una respuesta de parte de los labios de Blaine.
-Seb, no quiero pelear por esto…- dijo el pelinegro tratando de hablar calmadamente- estamos a punto de ir a París, Sebastian, estoy a punto de casarme contigo…
-Lo sé, lo sé mon amour…- dijo el joven Smythe haciendo un esfuerzo por concentrarse en eso y no en los celos malditos que la idea de Hummel seguía causándole- es sólo que…
-Nadie podrá ocupar tu lugar, ¿entiendes?- dijo Blaine aferrándose a las manos del joven que en ese instante estuvo a punto de olvidarse de aquel fastidioso tema de una vez por todas- nunca habrá nadie como tú en mi vida. Sí, Kurt me preocupa pero la única persona a la que amo, la única persona a la que podré amar, Sebastian, ese eres tú… ¿Por qué no puedes creerme?
-Sí te creo….- dijo el joven Smythe estrechando al otro joven entre sus brazos- te creo Blaine, te amo, te amo tanto.
Los dos jóvenes compartieron un beso desesperado, preguntándose, los dos, por qué de pronto aquel beso parecía más ansioso que todos los que habían compartido hasta ese momento. Parecía como si los dos temieran que de pronto el mundo intentara separarlos, como si los corazones de los dos presintieran que no les quedaban tantas horas como ellos creían para poder disfrutar de la humedad de la boca del otro. Aquel era un beso intranquilo, un beso que presentía que sería el último, un beso que presagiaba la amargura de un adiós.
Pero a pesar del desasosiego de aquel momento los dos jóvenes no se separaron. Siguieron besándose, tratando de que la angustia de sus corazones disminuyera, tratando de que las sombras de la noche se desvanecieran con el calor que emanaba de sus bocas. Era aquel beso tan intenso que por un momento glorioso los dos se alejaron un poco de aquel viento que seguía trayendo a ellos la idea de una tormenta a punto de estallar. Y aquella sensación de bienestar pareció convertirse en algo eterno: los brazos de uno aferrados en la espalda del otro, la respiración entrecortada de sus cuerpos, el amor de los dos brotando de cada poro haciendo que como casi siempre el mundo se desvaneciera alrededor de ellos, como si aquel mundo en el que los dos andaban no fuera digno de contener un amor tan grande… Fue por eso que por un momento el joven Smythe pensó que aquel sería el final de la absurda preocupación que Kurt Hummel había hecho aparecer en su pecho, aquellos largos minutos en la boca de Blaine podían borrar cualquier duda, cualquier asomo de celos porque sabía que en la boca de Blaine él era el único, su único amor, su única elección… su único sueño.
Un sueño…
Como la bruma de un sueño, la magia de aquel momento se desvaneció cuando el teléfono de Blaine empezó a sonar con insistencia. El joven Smythe no pudo hacer más que gruñir con molestia cuando los labios de su amado se separaron de los suyos. Blaine sacó el teléfono del bolsillo izquierdo de su pantalón y cuando vio el nombre de Elliot en la pantalla, sus ojos color avellana se llenaron de un terror atroz que congeló en un segundo el corazón de Sebastian. Sin esperar ni un segundo más, el joven Anderson llevó el teléfono a su oído y se quedó impasible, escuchando las cosas terribles que el joven Gilbert le comunicaba con voz preocupada y temblorosa.
-¿Cómo?- dijo el joven Anderson, medio minuto después de haberse llevado el teléfono a su oído- ¿Estás seguro? Elliot, sabes que las bromas tienen un límite ¿verdad?
-Blaine, no estoy bromeando- dijo el joven Gilbert al otro lado de la línea- no bromearía con esto. Está muy mal, parece que alguien lo golpeó antes de dejarlo abandonado en medio de la calle.
-¿Quién fue, Elliot?- dijo Blaine temiendo con todo el corazón escuchar la respuesta- ¿sabes quién le hizo eso?
-Blaine, cálmate- dijo Elliot, sabiendo que sus palabras estaban totalmente fuera de lugar- eso no importa ahora. Es sólo que…
-¿Qué?- dijo Blaine sintiendo que un frío temblor recorría su espalda.
-No deja de decir que quiere verte- dijo Elliot- los doctores dicen que es mejor que vengas, es posible que pierda la conciencia en poco tiempo, puede ser que caiga en coma y… Blaine, si esto no fuera grave no te estaría pidiendo nada de eso. Sé que tienes que volar a París muy temprano mañana, pero… Blaine… ¿Puedes venir a verlo? Él te necesita, es una estupidez, pero él te necesita…
-¿En qué hospital estás?- dijo el pelinegro con voz queda, provocando que el mismo corazón de Sebastian comenzara a latir con fuerza- sí, sé dónde está. Llegaré ahí en veinte minutos, sí…Y, Elliot…
-¿Qué sucede Blaine?- dijo el joven Gilbert un poco más aliviado.
-No dejes que se vaya…
Las últimas palabras de Blaine sonaron más bien como una súplica. Por favor, por favor Kurt, no te vayas por mi culpa. Las frases pronunciadas por Maximillian Smythe seguían dando vueltas en su cabeza. La amenaza de dañar a Kurt parecía haberse cumplido ya, y la culpa pareció invadir cada una de las células de Blaine. No… era culpa de Max, pero aquella certeza tampoco servía de mucho. Max le había dicho a Blaine que él era parte ya de la familia Smythe, por lo tanto, la familia de Blaine había dañado a aquel chico. Blaine le había hecho mucho daño a Kurt…
-¿Qué pasó?- dijo Sebastian contemplando con ansiedad la forma en la que su prometido se quedaba contemplando la oscuridad de la calle.
-Alguien golpeó a Kurt, está muy mal- dijo Blaine tratando de reprimir la rabia de su voz- Sebastian…
-No, mi padre no fue el responsable de eso, seguramente es un ardid de ese…de ese…- dijo el joven Smythe leyendo en los ojos de su amado la muda acusación- Blaine ¿por qué estás culpando a mi padre?
-No estoy culpando a nadie- dijo el joven Anderson tratando de que su corazón se tranquilizara- no es momento de culpar a nadie. Seb, tengo que ir al hospital, tengo que verlo, yo…
-¡Tenemos que volar a París en unas horas!- dijo el castaño sin poder evitar gritar- ¿estás loco? Tenemos que llegar a Francia mañana, de otro modo, no tendremos tiempo de…
-Seb, por favor… falta una semana para la fiesta de compromiso. – dijo el pelinegro sintiendo un poco de desesperación- Tenemos tiempo. Por favor Seb, por favor… tengo que ir, él…
-¿Él te necesita?- dijo el joven Smythe sabiendo que aquella frase burlona no era algo necesario pero pronunciándola de todos modos porque había vuelto a sentir a la fiera de los celos rasguñando sus entrañas- ¿Tú también lo necesitas, Blaine?
-Seb, por favor…- dijo el joven Anderson sintiéndose herido por las palabras de Sebastian, sin lograr entender por qué su amado estaba actuando de esa manera tan cruel.
-Vete…- dijo el joven Smythe con una voz gélida que heló el corazón de Blaine- ¿sabes algo? Dices que odias lastimar a las personas pero… yo soy el único al que jamás te importa herir ¿verdad? Ve con tu amigo, toma su mano… si él es más importante que yo, no hay nada que decir.
-¡Sebastian!- gritó Blaine al borde de la desesperación- ¡Eso es injusto! Tú sanes que nadie es más importante para mí que tú, tú… ¡Yo te amo!
-No, Blaine, lo injusto es que siempre pongas a ese imbécil por encima de nosotros.- dijo Sebastian sin poder ver la sinceridad que había en las palabras y en los ojos del joven Anderson- Estoy seguro de que está fingiendo, estoy seguro que sólo quiere llevarte lejos de mí y lo está logrando ¿sabes? Mi familia no tiene nada que ver con ese chico y es hora de que tú lo entiendas.
-Tú familia tiene que ver todo con esto- dijo Blaine apretando los dientes para no llorar de rabia- tu padre le dijo que se cobraría caro lo de esa canción. Tú debes conocer bien a Max, has vivido con él toda tu vida. Tú sabes que él sería capaz de todo, tú lo sabes…
-¡Deja de acusar a mi padre!- dijo Sebastian mortalmente herido- ¡él no hizo nada! Mi familia…
-¿Mi familia? ¡También es mi familia! - dijo Blaine fríamente- y como miembro de esta familia debo de ir a dar la cara. Volveré a tiempo para tomar el vuelo. Si es que aún quieres que vaya contigo, claro porque ¿Quién querría casarse con alguien que sólo puede herirlo?
Blaine dio la media vuelta y empezó a correr rápidamente. El hospital en el que Kurt estaba, no quedaba nada lejos de la casa de Sebastian. El joven Anderson empezó a sentir que lagrimas cálidas rodaban por sus mejillas pero no se detuvo a limpiarlas. Nunca antes había discutido así con Sebastian y todo aquello, aunado a la preocupación que sentía por Kurt no hacían más que aplastarlo.
Por otro lado, el joven Smythe entró a su departamento sin saber cómo sentirse. Las últimas palabras de Blaine se habían clavado en él como un dardo envenenado que amenazaba con matarlo y pudrirlo por dentro. Pero es que no podía evitarlo. Blaine había hecho una elección y esa elección no lo incluía a él. El joven abrió la puerta de la casa sin muchas ganas y un par de voces femeninas lo sobresaltaron. Claro, había olvidado que su madre y Santana ya estarían ahí y se sintió aún más sorprendido de ver a su padre sentado tranquilamente en uno de los sillones de la sala.
La visión de Sebastian de pronto se cubrió de rojo. La rabia, subiendo por su garganta como una intensa llamarada lo cegó y la sonrisa que su padre, Maximillian, le dedicó, nunca le había parecido más despreciable. Lo odiaba. Odiaba a su padre. Todo era su culpa porque si él no se hubiera metido con el estúpido Hummel aquel, Blaine estaría todavía a su lado y no preocupado por el estúpido chico aquel que no hacía más que alejar al hombre que él amaba de su lado.
-Sebastian, me alegra que hayas llegado hijo…- comenzó a decir Stephanie, pero Sebastian la apartó de su camino sin importarle su brusquedad y el gesto sorprendido de su madre y de toda su familia, quienes en ese momento supieron que algo no andaba bien con el castaño.
Y es que el muchacho había actuado de ese modo con su madre porque quería llega al lugar donde su padre estaba, quería enfrentarlo y sacar toda esa rabia que estaba consumiéndolo con alguien. Quería hacerlo responsable, quería que todos sintieran el dolor que él estaba sintiendo.
-¿Qué hiciste, Max?- dijo el joven Smythe sintiéndose enfebrecido- ¿Por qué siempre tienes que arruinarlo todo?
El silencio cayó en la habitación como una lluvia helada que los cubrió a todos. Stephanie miraba a su hijo y a su esposo alternativamente sin poder entender nada, al igual que Santana quien había puesto sus manos en la espalda de su madre, tratando de reconfortarla.
-No sé de qué me hablas, hijo- dijo el señor Smythe realmente confundido- ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Blaine?
-¡Tienes el descaro de preguntarme algo así!- dijo el joven Smythe gritando justo frente al rostro de su padre quien se había levantado ya del sillón sin entender nada acerca de la actitud de su heredero- ¡Tú sabes muy bien lo que hiciste! ¡Tú los enviaste! ¡Tú querías desaparecer a Kurt Hummel del planeta! ¡Felicidades, padre! Casi lo logras, pero ¿adivina qué? ¡También has logrado que mi prometido corra al lado de ese imbécil! ¡Lo has jodido todo Max, todo!
Las dos mujeres en la habitación observaron la cara desencajada de Sebastian y el rostro sereno aunque bastante sorprendo de Maximillian quien de verdad no lograba entender nada de lo que su hijo estaba diciéndole ¿Desaparecer a Kurt Hummel? Ciertamente no le habían faltado ganas de hacerlo pero, por respeto a Blaine y a la relación que tenía con su hijo se había abstenido de realizar la clase de estupidez por la que Sebastian estaba culpándolo ahora.
-Seb, trata de calmarte- dijo Santana haciendo un esfuerzo por calmar los ánimos en la habitación- ¿Qué está pasando? ¿Dónde está el dulce príncipe?
-Con Kurt Hummel- contestó Sebastian con una risa despectiva- papá casi lo mata. Blaine fue con él. Pero eso ya lo sabes, ¿No? – agregó el joven acercándose amenazadoramente a su padre, lo cual resultaba realmente nuevo para el joven castaño quien nunca en la vida se había atrevido a llevarle la contraria a ese hombre- ¡ACABAS DE JODERLO TODO Y NO TE IMPORTA!
El joven Smythe lanzó un puñetazo en la cara de su padre, quien, saliendo del estupor hipnótico que tenían los reclamos de su hijo, contuvo los puños Sebastian, quien se preparaba ya para seguir golpeando el rostro de su padre que en ese entonces representaba para él todo lo oscuro y malo del universo. Quería desaparecerlo del planeta, quería que con él desapareciera también esa razón por la que Blaine ahora no estaba a su lado.
-¡Cálmate, Sebastian!- dijo Max con autoridad- no sé de qué estás hablando, yo no le hice nada a ese chico ¿entiendes?
-¿Y si no fuiste tú, quién?- dijo el ojiverde sin importarle la cara de susto que tenían su madre y su hermana en ese momento- Blaine te escuchó, yo mismo temía que hicieras algo en contra de ese imbécil pero jamás pensé que fueras tan estúpido.
-No me hables así, Sebastian- dijo Max sin perder la paciencia- yo no sé qué le ha pasado a ese muchacho. Sí, quería asustarlo un poco pero yo no hice nada ¿entiendes? Tú sabes cómo soy, si de verdad lo hubiera hecho ¿de qué me serviría negarlo? ¡Yo no sé nada! Fui al aeropuerto a recoger a tu madre y después me encontré con Santana. No tuve tiempo de pensar en otra cosa que no fuera mi familia ¿Entiendes? Así que no me culpes de esto, jovencito. Además… ¿Mandar golpear a ese estúpido? ¿Matarlo? Él no vale tanto Sebastian ¿me oyes? No vale la pena, de verdad no lo vale…
Sebastian se quedó quieto, contemplando a su padre sin poder dar crédito a lo que éste le estaba diciendo. Las palabras tenían sentido pero él no podía entenderlas, no quería. Porque culpar a su padre se sentía bien, porque saber que era él el culpable lo liberaba. Pero también lo hacía sentirse más triste. Blaine nunca iba a creerle, Blaine estaba convencido de que Max era capaz de todo y Sebastian sabía que su padre sí que era como Blaine lo había descrito, pero un brillo de sinceridad en los ojos de su padre le decía que esta vez el hombre mayor estaba diciendo la verdad.
El joven heredero se soltó de su padre y se alejó de él. No sabía que más hacer. Stephanie y Santana llegaron a su lado en seguida pero algo en los ojos del muchacho les impidió a las dos mujeres acercarse a él como era su deseo. La verdad es que Sebastian no quería ser reconfortado. Sólo quería que todos desaparecieran, quería correr al lado de Blaine y explicarle, rogarle que le creyera, pedirle que por una vez entendiera que su padre no había sido el malo del cuento. Pero aquello era imposible. El propio Blaine había sido dañado por su familia, Blaine ya sabía la clase de personas que los Smythe podían llegar a ser… Blaine… la mente de Sebastian trabajaba a toda velocidad. No sabía que estaba haciendo ahí sentado en vez de poner su trasero en movimiento para poder encontrar a Blaine, no sabía qué era lo que estaba deteniéndolo.
"Él no confía en mí, ni en mi familia."
La sentencia se repitió en su cabeza una y mil veces. Las palabras eran como un pesado fardo que seguía hundiéndose en su alma. Blaine no creía en él, Blaine pensaba que él y su familia eran algo así como una mafia de asesinos que iban por la vida eliminando a los estorbos innecesarios con medidas drásticas como golpes, peleas, muertes, accidentes… Blaine creía que los Smythe eran una sucursal del infierno en la Tierra.
-Deja de pensar estupideces- dijo Santana sabiendo que su hermano estaba pensando una sarta de cosas sin sentido en ese mismo instante- ve por él, explícale. En definitiva creo que el enano torpe está asustado. Papá hizo mal en poner una amenaza en el aire de ese modo, pero tú puedes aclararlo. Seb, estuve con papá todo el tiempo, él no hizo nada. No sé en qué lio se metió el estúpido de Hummel pero te seguro que papá, ni mamá, ni yo tenemos nada que ver. Explícale eso a Blaine, él va a entenderte y deja de pensar que no confía en ti, Sebastian… tal parece que eres tú quien no confía en el amor que Blaine siente, y sé que es absurdo que lo defienda, pero Seb, ese enano te ama a ti. Haga lo que haga, te ama a ti….
-¿Y por qué está con Kurt entonces?- dijo el castaño sin poder creer del todo las palabras de su hermana, pero aferrándose a ellas de todos modos- ¿Por qué el viaje de mañana no le importa?
-Cariño…- dijo Stephanie separándose un poco de su esposo al que había estado reconfortando mientras Santana trataba de hacer entrar en razón a Sebastian- estoy segura de que le importa, pero Blaine debe estar preocupado. Él es así, su madre también era así: sienten que todo el mundo depende de lo que ellos hagan. Seb… Blaine te ama, va a casarse contigo… ¿Qué más da si el viaje se retrasa unos días? Deja que todo se calme…
-Pero él le va a creer a Kurt- dijo Sebastian fulminando con la mirada a su padre- él no va a creer que papá…
-Él va a creerte, Sebastian- dijo Max sintiéndose un poco culpable por la amenaza que había proferido sin siquiera llegar a realizarla- ve con él y explícale…
-Ve con él, cariño- dijo Stephanie poniendo una mano en el hombro izquierdo de su hijo- no pierdas tiempo, explícales a él y a ese muchacho Kurt que nuestra familia no tuvo nada que ver con el desafortunado accidente que él sufrió.
-Lárgate de una vez, Sebastian- dijo Santana con un resoplido exasperado que buscaba quitarle un poco de drama a la situación aunque ella misma se sentía bastante intranquila- si sigo viendo tu rostro torturado creo que voy a vomitar. Largo, vete.
Sebastian volvió a mirar a su padre y sus pupilas verdes, esas pupilas que eran idénticas a las suyas le decían que todo estaría bien, que todos estaban libres de culpa, pero algo en el pecho de Sebastian no terminaba por estar bien. Y mientras salía del departamento sintiendo que dejaba a su familia realmente preocupada, supo de qué se trataba esa cosa que no terminaba por encajar: Blaine no estaba, tenía que recuperar a Blaine.
Saliendo del apartamento, sabiendo que ni siquiera le había peguntado al pelinegro la ubicación del lugar donde el joven Hummel estaba siendo atendido, el joven Smythe comenzó a correr de nuevo en medio de la noche con el único objetivo de volver a hablar con Blaine. Sin detenerse, sabiendo que cada segundo era precioso, el joven Smythe marcó el número de Elliot Gilbert y obtuvo de él la información que necesitaba. Así que sintiendo el aire tibio de la próxima primavera acariciando sus mejillas, Sebastian echó a correr a toda velocidad por la ciudad rogándoles a todos los dioses que quisieran escucharlo porque Blaine pudiera entenderlos a él y a su padre, rogando que el pelinegro pudiera de verdad creer en la inocencia de su familia.
El silencio en el cuarto de Kurt era absoluto. Las primeras luces de la mañana empezaban a despuntar en el horizonte trayendo un poco más de claridad a la estancia donde Blaine estaba sentado. Los pensamientos tristes no dejaban de acosarlo. Ver el cuerpo tendido de Kurt, las cicatrices que había en su rostro y escuchar los gemidos de dolor que el joven profería de vez en cuando eran una tortura. Pero no podía separarse de su lado, él lo necesitaba y encima de todo, si aquel joven se encontraba en aquella situación había sido su culpa totalmente. Su culpa. La culpa de su familia, la familia Smythe, Sebastian…
Sebastian…
Las últimas palabras que había intercambiado con su prometido le habían dejado el corazón hecho trizas. Era increíble que Sebastian hubiera insinuado que Kurt era más importante que su futuro matrimonio, claro que no lo era. Se trataba de lealtad, se trataba de amistad, se trataba de genuina preocupación. Porque Blaine no era el tipo de persona que podía ir por ahí pretendiendo que nada más que su felicidad importaba. De verdad no podía. Si estaba en sus manos lograr que su amigo mejorara, el joven Anderson iba a hacerlo. Porque para él las cosas estaban claras: su felicidad podía ponerse en pausa, su felicidad sería eterna al lado de Sebastian pero en ese momento lo único que quería era que Kurt se levantara de esa cama y le dijera que todo estaba bien, que nada de aquello había sido culpa del padre de Sebastian.
Y es que Blaine no estaba muy seguro de qué hacer en el caso contrario. Blaine sabía perfectamente que Sebastian y su padre eran dos personas totalmente distintas y que su prometido no tenía la culpa de nada pero… Max… Max no podía seguir resolviendo las cosas con dinero y a la fuerza, de verdad no podía. Blaine no sabía si podía ser parte de todo eso, parte de la forma en la que la familia de su prometido se hacía cargo de las cosas sin importarles más que su propio bienestar.
Pero de nuevo, Blaine estaba convencido de que Sebastian jamás hubiera aprobado una cosa así. Y todo lo que importaba a pesar de la discusión que habían tenido era que Sebastian lo amaba, que los dos se amaban más allá de todo. Tan grande era ese amor que justo ahora Blaine sentía dolor en el pecho al darse cuenta que aquella noche no dormiría al amparo de los brazos de su amado, que Sebastian no se dormiría junto a él besando sus parpados y pronunciando su nombre en sueños. Blaine lo extrañaba. Quería disculparse por todo lo que había dicho, de verdad quería olvidarlo todo.
Porque los doctores le habían dicho que Kurt estaría bien, que después de algunas semanas de reposo aquella golpiza fenomenal que había recibido no tendría ninguna consecuencia más que la molestia de la recuperación y el joven Anderson estaba realmente feliz por eso. Una vez que Kurt despertara, él podía regresar al lado de Sebastian sabiendo que su amigo estaría bien y que, aunque su corazón siguiera estando dañado porque Blaine no podía aceptar sus sentimientos románticos, Kurt también iniciaría una vida lejos de él donde sus heridas se sanarían y a lo mejor, una persona genial pudiera amarlo del modo en el que él quería ser amado.
Blaine suspiró. Las cosas parecían menos terribles en ese momento. En el drama de las primeras horas había llegado a pensar que en serio Sebastian se iría de su lado, que el castaño seguiría desconfiando de su amor. Pero era más que evidente que un amor como el de los dos no podía romperse por algo tan idiota como una discusión. Pronto todo estaría bien y Blaine se estaría preparando para celebrar su próxima fiesta de compromiso en París la semana próxima. Porque tanto él como Kurt habían elegido un camino y era lo justo que los dos caminaran por él. Blaine se sentía triste al pensar que el joven de los ojos azules y él jamás tendrían una verdadera relación de amistad pero… uno no siempre puede tener todo lo que quiere y con Sebastian, Blaine sentía que ya tenía más de lo que alguna vez se hubiera atrevido a desear. Todo era sí de simple… Todo estaría bien, ¿verdad que sí?
-Blaine…
El sonido torturado de su nombre siendo pronunciado por los labios de Kurt Hummel lo sacó de sus cavilaciones que en ese justo momento se permitían ser un poco más esperanzadoras de lo que lo habían sido en las últimas horas. Blaine se acercó al joven ojiazul quien en ese entonces había abierto los ojos, hinchados los dos por los golpes que había recibido. El corazón de Blaine se partió por completo al observar al joven, de verdad estaba muy golpeado y no podía imaginarse quién en su sano juicio le había podido hacer ese tipo de daño.
-Shhh, no te esfuerces- dijo Blaine tratando de sonreír tranquilamente- el doctor dijo que sería mejor que no hicieras esfuerzos innecesarios…
-Pero quiero hablar contigo- dijo Kurt con una voz lastimada que dolía incluso en el pecho de Blaine- Blaine… pensé que no vendrías.
El joven de los ojos color avellana sonrió con tristeza. Las palabras de Kurt le sonaron como un reclamo pero no dijo nada. Quería decirle que le hubiera sido imposible no ir pero ya no quería alimentar las esperanzas de aquel muchacho y de hecho, en aquel instante se preguntó si no estaría haciendo precisamente eso al estar ahí. Y es que, las razones que Blaine había tenido al acudir al llamado de Kurt eran muy distintas a las que el joven Hummel esperaba que el otro joven tuviera.
-Aquí estoy- dijo Blaine colocando su mano en la cama del otro chico, notando que los dedos pálidos de Kurt se esforzaban en llegar a los suyos. Blaine trató de evitar el contacto, pero algo en los ojos tristes de Kurt le hizo reconsiderar sus actos y se encontró a él mismo, sosteniendo la mano del otro joven quien sonrió debajo de los moretones y de su cara hinchada.
-Aquí estás…- dijo Kurt sin poder creer que el loco plan que había surgido en su mente después de varias copas de vino, de verdad estuviera dando resultado- no te vayas, por favor…
-No me iré- dijo el pelinegro sintiéndose un poco mal de estar así con Kurt- al menos por hoy, no me iré…
Kurt soltó un quejido lleno de dolor después de que Blaine pronunciara aquellas palabras. Sólo por hoy. Blaine no ser iría sólo por hoy. Los ojos de Kurt se cerraron, aquellas palabras le dolían. Eso era lo que él había temido, que su plan tuviera sólo aquel destino: alargar la despedida, una despedida que de todos modos iba a suceder porque era más que obvio que el lugar de Blaine estaba al lado de una persona que no era él, que nunca sería él. Kurt sentía dolor en todo su cuerpo pero nada se comparaba con aquella horrible sensación de saber que después de todo Blaine se iría. No, no podía permitirlo, tenía que jugar bien sus cartas hasta el último minuto.
-Me duele…- dijo Kurt con un tono de voz que le daba a entender a Blaine que el chico no sólo se refería al dolor de su cuerpo- me duele Blaine…
El pelinegro se acercó un poco más al cuerpo del otro joven y sin saber muy bien qué hacer, el joven Anderson se encontró acariciando el cabello del ojiazul. De verdad quería que dejara de dolerle. De verdad esperaba que aquel dolor se desvaneciera como las sombras de la noche que estaban dándole paso a la mañana de un nuevo día. Blaine se sentía ahora responsable de todos los dolores de aquel joven. Tenía que quedarse con él, quizá, más tiempo del que tenía planeado quedarse.
-Ya lo sé, sé que duele…- dijo el joven Anderson sin dejar de tocar a Kurt- quizá debas dormir otro rato Kurt, no te hace nada bien gastar tanta energía. Yo estaré, aquí, te lo prometo.
-¿No vas a irte?- dijo Kurt sintiendo como algo bendito el calor de las manos de Blaine recorriendo su cabello castaño y su frente adolorida- Blaine, quédate conmigo…
-No me iré, trata de dormir…- dijo el joven Anderson cuidándose de no hacer promesas que no podría cumplir- estoy aquí Kurt, no debes preocuparte, todo saldrá bien…
-Todo estará bien porque estás conmigo, Blaine- dijo Kurt suspirando un poco- no quería que nada de esto pasara, sé que debes ir a París, no quiero ser un estorbo…
-No lo eres- dijo Blaine- Sebastian está molesto, pero entenderá…
-Su padre no debió hacerme esto- dijo Kurt pronunciando las palabras exactas que el joven Anderson no quería escuchar- sé que tú sabes quién me hizo esto, Blaine…
El joven Anderson no contestó y Kurt supo que su jugada más importante había dado en el blanco. La verdad ni siquiera se sentía culpable por estar usando artimañas como esa para tener cerca al joven de los ojos color avellana. Nada le importaba. En ese momento lo único que quería era que Blaine siguiera ahí con él, sosteniendo su mano, acariciándolo, haciéndole sentir al menos un reflejo del amor que jamás podría sentir como suyo.
Blaine se quedó observando el cuerpo inmóvil del joven, golpeado aún por la veracidad que las palabras de Kurt dejaban traslucir. Él no estaba listo para escuchar aquellas palabras. No quería que fuera verdad porque entendía que ese suceso abriría una brecha en la confianza que Blaine tendría en su futura familia. Era difícil, aquella situación enfrentaba a Blaine con un montón de preguntas incomodas a las que no quería enfrentarse.
-Sé que quieres irte con él, Blaine…- dijo Kurt después de un rato- pero, ¿de verdad quieres estar con una persona que es capaz de hacer algo como esto? ¿Cómo puedes saber que no te lo hará a ti también alguna vez? ¿Tu amor alcanza para soportarlo todo?
Blaine no contestó de inmediato. Las cosas que había dicho Kurt lo aguijoneaban como un montón de abejas furiosas que no lo dejaban en paz, que taladraban su mente impidiéndole dar una respuesta sincera porque la verdad era que no estaba seguro de nada. No ahora.
-No sé sí podría- dijo Blaine con voz queda, respondiéndose a él mismo antes que estar respondiéndole a Kurt- la verdad es que no sé nada ahora, Kurt…
Los labios lastimados del joven Hummel esbozaron una sonrisa sin poder evitarlo. Por el momento la duda que había en Blaine era más que suficiente para él. Era la duda la que terminaba por destruir la confianza y sin confianza no podía haber amor. Los ojos apesumbrados de Blaine le dejaban saber a Kurt que por el momento, la duda estaba ahí, al acecho, tratando de derrumbar en un segundo todas las cosas hermosas que el joven Anderson y Sebastian habían construido, y aquello estaba bien, sumamente bien.
-No quiero que estés triste, Blaine- dijo el joven Hummel atrayendo hacia él los ojos de su compañero- pero sólo estoy diciendo la verdad. Ahora… creo que dormiré un poco. No te vayas, no me sueltes, por favor Blaine, por favor…. Quédate conmigo, quédate conmigo para siempre…
-Me quedaré contigo- dijo el joven Anderson sin darle mucha importancia a las dos últimas palabras que el joven Hummel había pronunciado- estoy contigo ahora, Kurt…
Los ojos azules del joven se cerraron lentamente. La mano de Blaine continuaba en la suya y aunque el pelinegro estaba intranquilo por la reciente charla con el joven Hummel, Kurt pensaba que todo iba saliendo de maravilla. Blaine estaba dudando. Blaine no estaba ya tan seguro de querer estar al al lado de Sebastian Smythe y eso era lo que él había querido desde el principio, porque mientras la duda estuviera ahí, él seguía teniendo una oportunidad, aunque minúscula, de poder prolongar la estadía de Blaine al lado suyo.
Así que pensando en el prometedor futuro que estaba labrándose a expensas de los demás el joven se quedó dormido sin saber, que del otro lado de la puerta, el corazón del joven Smythe se quebraba en mil pedazos con las palabras que había escuchado.
"Me quedaré contigo Kurt, estoy contigo ahora…"
Las palabras de Blaine seguían dando vueltas en la cabeza del joven heredero. Sebastian no había escuchado más que aquella parte de la conversación. La parte en la que Kurt le pedía a Blaine que se quedara con él para siempre, y la respuesta de su prometido que le heló la piel, que detuvo su corazón e hizo que el joven se derrumbara, dejando que su espalda resbalara por la pared blanca y fría del exterior de la habitación donde el maldito Kurt Hummel dormía.
Sebastian se quedó ahí un buen rato. Había estado esperando el momento propicio para hablar con Blaine pero era más que evidente que aquello ya no pasaría. El joven Anderson iba a quedarse con Kurt para siempre, Kurt Hummel había conseguido que Blaine se separara de él. Todo estaba perdido. Sebastian conservaba en su rostro el gesto estoico de quien lo ha perdido todo, menos la dignidad de saberse en pie a pesar de sentir que un rayo lo había partido por la mitad. Blaine había elegido. Blaine había elegido a una persona que no era él.
Su corazón pareció volver a romperse aunque parecía imposible. La voz de Blaine seguía resonando en sus oídos y la constancia de haber perdido a lo mejor de su vida, o de creer que lo había perdido, no lo dejaba pensar con claridad. Él sólo sabía que todo había terminado. Que seguramente Blaine lo llamaría en unas horas para decirle que las coas habían sucedido muy rápido, que él ya no quería casarse, que había descubierto que estar al lado de Kurt Hummel era lo que debí hacer. Y Sebastian no quería escucharlo, de verdad no quería, no quería ver los ojos apenados de Blaine diciéndole que todo había terminado. No quería ver la sonrisa de triunfo de Kurt Hummel y la mirada llena de lástima que le dedicarían sus amigos y sus familiares. Quería irse lejos, lejos de aquel dolor, lejos de todo lo que ya no sería porque su más hermoso sueño acababa de ser destruido por la intervención de un estúpido cualquiera que le había arrebatado de forma tan sencilla todo el amor que había estado buscando y que terminaba y empezaba en el cuerpo de Blaine Anderson.
El silencio se apoderó entonces del cuerpo de Sebastian Smythe quien se sentía menos que un girón de sí mismo. Estaba derrotado. Herido de muerte. Quería huir de ahí y era mejor que huyera rápido. Como si de una sentencia de muerte se tratara, él tenía que evitarla. No quería ver a Blaine. No quería que él pusiera en palabras definitivas e inapelables que todo entre los dos había terminado.
-¿Sebastian, qué pasa?- dijo la voz de Elliot a unos cuantos pasos de él- Sam viene para acá, estoy seguro de que Blaine podrá irse contigo una vez que Evans llegue pero… ¿Sebastian?
El joven de los ojos verdes no contestó. Nada de lo que Elliot dijera tenía sentido. El joven Gilbert se acercó a su jefe, dándose cuenta de inmediato de que algo realmente malo había pasado pero que esa tragedia no tenía nada que ver con Kurt. O a lo mejor tenía todo que ver con Kurt pero no por su estado, sino por otra cosa, algo peor. Porque sólo algo devastador podía poner en ese estado al poderoso y siempre fuerte Sebastian Stefan Smythe.
-Tengo que irme… - dijo el castaño ignorando olímpicamente el gesto preocupado de Elliot- tengo que irme, no le digas a nadie que me viste. No le digas a nadie que estuve aquí.
-Pero… Sebastian ¿Qué se supone que deba decirle a Blaine de…- dijo Elliot realmente confundido.
-A Blaine ya no le importo- dijo el joven Smythe sintiendo un dolor amargo en sus entrañas al poner en voz alta esas palabras- no soy nada para Blaine, nada…
-Estás bromeando, ¿verdad?- dijo el joven Gilbert realmente anonadado- deja de jugar, a Blainey se le va a partir el corazón en mil pedazos si tú… ¿Piensas irte? ¿Piensas abandonarlo?
-Es él quien ha hecho la elección, Gilbert- dijo Sebastian mortalmente herido- yo sólo estoy dejándole el camino libre…
Sin más dilación, el joven Smythe salió del pasillo dejando a Elliot con la sensación de que el Apocalipsis zombi se había desatado por fin en la tierra. No era posible, nada de lo que Sebastian había hecho y dicho tenía sentido y entonces, Elliot pensó que todo aquello tenía que ver con Kurt El joven puso los ojos en blanco al darse cuenta de pronto de que su mejor amigo había planeado algo realmente estúpido y la intranquilidad lo invadió de pronto al ver cómo Sebastian se alejaba sin que le importara de verdad en lo más mínimo el dolor que Blaine sentiría cuando se enterara de todo, porque el pelinegro iba a enterarse y ¿qué tendría que decirle Elliot?
El joven Smythe, por otra parte, siguió corriendo como si de su carrera dependiera el mundo y su vida y en realidad él creía que era así. No quería volver a su casa porque estaba seguro que toda su familia intentaría convencerlo de que estaba siendo un maldito impulsivo, bruto, cabeza dura y no estaba de humor para recibir regaños o consuelo. La situación era muy clara para él. Blaine había elegido. Blaine había hecho la elección acerca de cuál sería la persona correcta para pasar una eternidad al lado de él y Sebastian no era ese alguien.
Aquella verdad seguía lastimándolo en lo más profundo. Huir. Quería huir, iba a huir.
El joven recordó de pronto aquel lugar en Francia. Sí. Iría allá. Tenía que esconderse en ese sitio, quizá recuperar fuerzas, la fuerza que necesitaba para, una semana después, anunciarle a todo el mundo que su compromiso con Blaine Anderson se había cancelado. Él asumiría las consecuencias que ese anuncio desataría. Él enfrentaría valientemente el hecho de que fuera otro de los socios de su padre y no él, quien dirigiera la empresa. Él podía soportarlo, podía con todo eso. Lo que ya no podía tolerar era el dolor en su pecho. Tenía que irse antes de que alguien lo encontrara o antes de que la pasión del momento lo abandonara dejándolo sin energía. Tenía que irse.
Recordando que todos sus documentos de viaje estaban en Smythe Records, el ojiverde se dirigió hacia allá, tenía dinero de sobra para comprar el boleto a Francia. Se quedaría allá toda la vida. Jamás volvería a América, se iría lejos de Blaine y lejos de todos.
Minutos después el joven entró a su oficina sin importarle que todo el mundo estuviera mirándolo pues los empleados estaban enterados de que a esas horas debía estar tomando un avión con rumbo a Francia al lado de su prometido y de su familia. Nadie preguntó nada, nadie dijo adiós de nuevo y el dueño de todo aquel emporio salió de aquel lugar solamente con su pasaporte, las tarjetas y la firme convicción de irse para no volver jamás.
Sebastian abordó un taxi en la siguiente esquina y le indicó al soñoliento taxista que lo llevara al aeropuerto. Iba a irse, se estaba yendo. Los ojos del joven Smythe se cerraron de pronto y apoyó la frente contra la ventanilla del auto. No sabía si estaba haciendo lo correcto pero todas las encuestas en su interior le gritaban que estaba cometiendo un error pero no se sentía capaz de hacer otra cosa. Solo podía imaginarse desvaneciéndose, perdiéndose, alejándose de Blaine y de una realidad que nunca hubiera querido enfrentar: la realidad donde el joven Anderson no fuera más parte de su vida.
El muchacho de los ojos verdes llegó al aeropuerto media hora después sintiendo que todo el dolor del mundo seguía concentrado en su corazón. Bajó del taxi corriendo y atrayendo las miradas de la gente, pero nada podía detenerlo. Se acercó a comprar su boleto y soltó una maldición al comprobar que el único vuelo disponible a Francia saldría dentro de tres horas. Él no quería esperar más pero tampoco quería usar el jet privado de la familia. No quería que nadie supiera a dónde iba. A partir de ese momento y por unos días estaría solo sin más preocupación que sobrevivir al intenso dolor que seguía carcomiéndolo por dentro. El dolor de no tener a Blaine. El dolor de haber perdido al único amor que había tenido y que seguramente tendría.
Después de comprar el boleto, el joven se sentó en la silla desvencijada de una de las cafeterías del aeropuerto y sin poder evitarlo, marcó el número de Blaine quien, evidentemente estaba aún en el hospital sin poder contestarle. El joven Smythe dejó que el timbre de llamada sonara una y otra, y otra vez sabiendo que al final la voz de Blaine le diría que en aquel momento no podía atenderlo, que por favor le dejara un mensaje. Sin entender del todo el motivo de sus actos, Sebastian se encontró dejando unas cuantas palabras en el buzón de Blaine:
"Au revoir, mon amour… me iré de ti, me voy sin ti… Vive por siempre con la persona que elegiste, no lo sabes, pero hubiera dado mi vida entera por poder ser esa persona. Adiós Blaine, adiós…"
Las últimas palabras brotaron de sus labios con un temblor intenso. El joven dio un sorbo al café instantáneo que una mesera había llevado para él y aquel líquido parduzco le supo insoportablemente amargo, como una señal de que a partir de aquel momento toda su vida estaría teñida de amargura sin importar nada de lo que él hiciera.
Suspirando y tratando de dejar su mente en blanco, intentando en vano que los minutos que lo separaban de Francia volaran como su amor había escapado también, el joven Smythe apoyó su cabeza en la mesa, quedándose dormido a ratos, soñando con la brumosa sonrisa de Blaine sin poder evitarlo. En sus sueños deseaba que Blaine lo detuviera, deseaba que Blaine fuera por él, que le pidiera que no le dijera adiós jamás como siempre lo había hecho.
Aquellos recuerdos dolorosos, los recuerdos felices, todos ellos terminaron de despertar al joven quien, mirando su reloj, se dio cuenta de que había llegado la hora de abordar el avión. En unos pocos minutos su dolor se perdería en el cielo y al llegar a Francia, él también se perdería. Tenía que hacerlo.
El joven caminó rápidamente, no tenía ningún equipaje por consignar, así que se enfiló directamente hasta la fila de los pasajeros que estaban siendo revisados para abordar el avión. Había llegado el momento, el momento de decir adiós.
Y en ese momento, cuando los policías de la aerolínea estaban por revisarlo, en ese momento en el que el adiós parecía más real que ninguna otra cosa en el universo, la voz de Blaine sonando por todos los altavoces del aeropuerto hizo que su cuerpo temblara, ocasionando que el policía le dedicara una mirada sospechosa, pero no. No podía ser cierto. Blaine no podía estar ahí, no podía…
-Seb, Sebastian, por favor…- decía la voz suplicante de su amado haciendo latir su corazón a mil por hora- por favor Sebastian, no te vayas, por favor, mi amor, Sebastian, nada es como tú piensas, no te vayas, Sebastian… ¡Sebastian!
Su nombre seguía resonando por todo el lugar. Muchas de las personas a su alrededor habían empezado a conjeturara acerca del paradero de aquel Sebastian que podía causar tanto alboroto. El joven Smythe, por su parte, no podía o no quería creer que aquello fuera real, no podía creer que Blaine hubiera ido tras él, no podía creer que él le pidiera que se quedara. "Mi amor…" esas palabras las había dicho Blaine, entonces… ¿Qué significaba todo eso?
-Seb….- volvió a decir la voz de Blaine- no te vayas sin antes escucharme, si después de escucharme quieres dejarme, está bien, pero no así. Sebastian… Sebastian escúchame, por favor escúchame…
El sonido triste de una guitarra comenzó a escucharse sobre las cabezas de los pasajeros que jamás habían experimentado algo tan interesante y romántico jamás, y cuando la voz de Blaine se unió a las notas, el joven Smythe estuvo a punto de dar la media vuelta y correr al lado de la persona que estaba cantándole aquella triste canción que también le pedía que se quedara:
No digas que lo sientes, para mí este no es el final de nuestro amor.
Si te vas sí ¿Qué hare yo?
Sólo te amo a ti, sin ti no podré volver a amar.
No puedo decirte las palabras que quiero que escuches.
Algo me dice que nuestro amor está escapándose.
Todo mundo disfrutaba la canción de Blaine tratando de adivinar quién sería el afortunado depositario de todo aquel amor. Porque amor y el miedo de perderlo eran los sentimientos que aquella melodía estaba expresando. El corazón de Sebastian latía confuso. Blaine le decía que no se fuera pero las otras palabras, las palabras que Blaine había pronunciado para Kurt Hummel eran más fuertes, más ruidosas que la hermosa canción del joven Anderson quien seguía poniendo todo el corazón en aquella última esperanza vuelta canción:
No me digas que estás agradecido, todavía quiero entregarte todo mi amor.
Si te vas y nos convertimos en extraños ¿Qué hare yo?
Sólo te amo a ti, sin ti no podré volver a amar.
No puedo decirte las palabras que quiero que escuches.
Algo me dice que nuestro amor está escapándose.
Te amo, no hay otra razón para amarte
¿Qué puedo hacer?
Está bien, incluso si es doloroso porque eres el único que jamás olvidaré.
No importa si el destino es doloroso, no puedo dejarte ir.
Porque eres el único a quien yo amo.
Porque para mí eres el único…
"El único, la persona a la que yo amo…"
Sebastian quería creer aquellas palabras con todo su corazón. Quería ahora sí, arrepentirse del viaje y de todo lo que había pensado acerca de huir. Blaine lo amaba, Blaine lo quería a él… Blaine…
-Sebastian… - dijo el pelinegro haciendo que el ojiverde estuviera a punto de volver a él- tenemos que hablar de Kurt, tenemos que hablar de todo. No te vayas así Seb, por favor… déjame explicarte. Te esperaré en la entrada principal del aeropuerto. Si no llegas en media hora, asumiré que lo nuestro está terminado pero… no me dejes así Sebastian, no me dejes…
El corazón del joven Smythe se detuvo de pronto. No había escuchado las demás palabras de Blaine porque después de que el mencionara a Kurt, la amargura y el dolor lo habían vuelto a invadir de forma completa. No. No podía quedarse. No podía soportar hablar de Kurt ni un minuto más. Se rehusaba a eso. Así que, sin importar el jaleo que la gente había armado por la presentación que Blaine había hecho, el joven se enfiló con aire decidido hacia la azafata que estaba encargada de revisar su boleto y entró al avión sabiendo que él y su dolor estaban ahora de camino a la ciudad donde había pasado su vida entera…
CANCIÓN: Because it´s you- Tiffany
NDA: No me maten¡ Esto del drama no dura mucho... Nos leemos pronto¡ Abrazos de oso :)
