Gracias por seguir leyendo. Ya mero... ya mero...
Capítulo 14
El Encuentro Inevitable
Albert se enteró un detalle sobre la negociación con James Inc. Stear no sería quien haría la negociación. A falta de saber con certeza la participación de Victoria, no había otra opción más que ella para hacerlo. Haber optado por ir personalmente fue la mejor decisión. Esta vez, ella tendría que enfrentarse a la verdad. Muchas dudas surgieron. Tenía que balancear la verdad con su matrimonio. Comenzó a dudar sobre otra decisión que tomó cuando se enteró sobre los ahora jóvenes. No le contó nada a Candy. Esto le preocupaba ahora. ¿Qué pasaría si no comprende la situación? ¿Cómo explicarle que sabía de esto desde hace años? Buscó el consejo de su siempre leal amigo y empleado, lo más cercano a padre que tiene.
George…
Dime Albert. – Subió la vista de unos documentos que estaba leyendo.
¿Qué hago ahora? Si voy a enfrentar a Victoria sobre mis hijos, ¿cómo enfrento la situación con Candy?
No lo sé. Eso es complicado. - Invitó a Albert a sentarse. – Mira, William. Eso es difícil. Llevas años de conocer esta noticia y no se la has comunicado.
Cada día que pasa se ha vuelto más difícil.
Exacto. Me encantaría decirte algo, pero no puedo.
Si le digo, ¿cómo reaccionará?
No lo sé.
¿Será posible que me deje?
No lo sé.
Se enojará muchísimo y con razón.
Lo más probable.
¿Qué hago?
No lo sé.
¡Deja de decir eso!
¡Es que no se qué decirte! No puedo ayudarte esta vez.
Lo sé… esto me está carcomiendo…
Lo que sea que vas a hacer, hazlo rápido porque tienes que viajar dentro de dos días.
Albert se quedó pensando en esto. ¿Cómo le iba a decir a Candy que tenía dos hijos con Victoria, que lo sabía desde hace mucho y que tendría que negociar con ella? La noticia segura es el viaje a Nueva York. Durante el trayecto de la oficina a la casa, meditaba sobre lo que haría. Antes de entrar por la puerta decidió.
El viaje en barco iba muy bien. Cada uno de los miembros de la familia se dedicaba a llevar a cabo las actividades que les gustan, pero siempre desayunan y cenan juntos. La segunda tarde fue tortuosa para Harry. Su novia se enojó con él. Esto hizo que el joven fuera a buscar a su Tío Terry para un consejo. No lo encontró. Encontró a su mamá sentada en el balcón vigilando el juego de los pequeñines.
¿Qué tienes, Harry?
Mi novia se enojó conmigo.
¿Por qué?
Me dijo que era muy posesivo; que no le dejo tiempo para ella. Además, que no la escucho y solo me interesa resolverle todos sus problemas.
¿Crees que haces eso?
Un poco, creo que lo hago. – Baja la mirada.
Hijo, todas las mujeres necesitamos nuestro espacio. Nos gusta estar con nuestras parejas, pero hay momentos en que preferimos estar solas y resolver nuestros problemas. Así lo hice yo.
Exactamente, yo no quiero ser como ese hombre.
¿Te refieres a tu padre?
¡No le digas así! Arthur era mi padre.
El te crió, es cierto; pero no sabemos lado de la historia de…
No hables de él… No te atrevas a defenderlo.
No lo hago, pero entiendo lo que sucede.
¿Qué hago mamá?
¿Me pides un consejo?
Sí, lo hago.
Dale tiempo para que se calme. Lo que tienes que tomar en cuenta algo muy importante. Tú no eres él. Tú eres tú. Tienes que encontrarte a ti mismo. ¿A caso has llevado tu vida de la misma manera?
No.
¿Has hecho lo mismo?
No.
¿Eres él?
No.
¿Ves? Tú eres tú. Lleva tu relación en base a cómo eres tú. Permítele ser ella misma y que resuelva sus problemas. Ella es una joven inteligente y capaz. Tú mismo me lo dijiste cuando comenzaste a salir con ella.
Sí. Cierto…
¿Me dejarías hablar con ella?
Claro.
Quédate con los niños. Iré a buscarla. – Se levanta de su silla en busca de la puerta. Se voltea antes de cerrar. – Dile a Terry que ahora vuelvo.
Se fue en busca de la novia. Toca a la puerta de su camarote.
¡No quiero hablar contigo! – Gritó desde adentro.
Perdóname. Te buscaré mañana. – Dispuesta a irse.
No… no… no… - Abre pronto y la deja entrar. – Pase adelante, siéntese.
Vengo a hablar contigo como mujeres que somos.
Harry le contó.
No me dio detalles. Solo sé que mi hijo es una persona muy especial.
Sí. Es muy especial. Pero no me deja resolver mis problemas. Siempre quiere resolverlos. A veces solo quiero desahogarme e inmediatamente me quiere resolver todo, se involucra y me dice qué hará…
Lo sé. Es mi hijo, ¿quién mejor que yo para conocerle sus cosas?
No entiendo por qué es eso.
Para eso, tendré que contarte una historia que empieza antes que naciera él. Esto es algo sumamente personal. Te pido discreción con lo que te voy a contar. Si decidí contártelo es porque serás de la familia dentro de poco. ¿Me escucharías?
La escucho.
Victoria le contó su historia con algunos detalles. Omitió algunos nombres. Eso explicaba la actitud de Harry. Tomaron un aperitivo al tiempo de tener una conversación sincera sobre la familia y cada uno de sus miembros.
Yo hablé con él. Le hice ver por qué actúa así. Lo pensó y analizó. Él sabe que no es así. Como esposa, a uno le toca ayudar a nuestros esposos a buscarse a sí mismos y ser mejores. Nos toca tener mucha paciencia.
¿Solo yo haré el trabajo?
Ahora me vas a decir que tú no tienes algún defecto por ahí.
Sí los tengo.
Bueno… con eso te puede ayudar él. Es muy importante la comunicación abierta y de confianza. Sin ello, todo será muy difícil.
¿Puedo preguntarle otra cosa?
Por supuesto.
A él le gusta expresar sus sentimientos… - Se sonrojaba y se trababa en decirlo. - … usted sabe… físicamente… en… enfrente de ustedes.
De eso tenemos la culpa Terry y yo. Nosotros nos besamos y abrazamos frente a ellos. Ya te conté; nos costó mucho encontrar la felicidad que nos da la estabilidad familiar. Eso es lo único que hacemos frente a nuestra familia. ¿Ha intentado algo más al estar a solas contigo?
¡No! ¡Por supuesto que no! Siempre ha sido un caballero. Dice que no hará nada para perjudicarme.
¿Le has comentado que te incomodan esos abrazos?
No.
Bueno, ahí hay un lugar para empezar. Sin embargo, por nosotros no te preocupes. Sabes las dificultades para lograr formar una familia amorosa; por eso lo hacemos. Aprovechamos cada segundo para decirnos lo que sentimos.
Eso me gusta. El cariño y respeto con el que ustedes se tratan.
¿Ves? No somos tan malos. No quiere decir que no tengamos nuestros defectos. Jajajajaja…
jajajajaja… Una última cosa…
Dime.
¿Nunca se pelea con Tío Terry?
Lo hacemos. Se pueden poner las cosas muy feas. Pero nos damos nuestro espacio, analizamos las cosas y hablamos. Todo se va resolviendo. A veces es más difícil que otras. En esas ocasiones pienso en la vez que le conté esta historia a él y cómo reaccionó. ¿Qué más puedo decirte?
Es muy sincera. Es sorprendente darme cuenta lo parecido que es Harry con usted. En algunas cosas. – Ambas se rieron ante el último comentario hecho por la novia del joven.
Me voy. Harry ha de estar muy nervioso ya. Habla con él. Veras que las cosas se componen.
Gracias, Victoria. Gracias por contarme todo esto y, sobretodo, pensar en mí como un miembro más de la familia.
Si vas a entrar a convivir con nosotros, tenías que saberlo. – Se levantó de la silla y se fue.
A miles de kilómetros, se encontraba un rubio hablando con su rubia esposa. Sentados a la par del escritorio donde guardaba las cartas de Victoria con tanta aprehensión.
Candy, tengo que viajar a Nueva York. Hay un negocio con James Inc. que tengo que atender.
¿No lo puede hacer Archie?
No. Este negocio lo hice yo hace años y nos toca renegociar. Tengo que ir yo. Me iré en un par de días. Esto es algo que no puedo evitar.
Está bien. Te extrañaré. – Lo abraza.
No te quiero hablar solo de eso. Tengo algo que contarte y no sé como reaccionarás.
Me das miedo, Albert. ¿Qué sucede?
Siéntate y escúchame de principio a fin. Te pido no me interrumpas. Al final, discutiremos todo lo necesario.
Me asustas.
No es de asustarse, pero es delicado. - Diciendo eso, sacó las cartas. Se las dio a Candy. – Antes de que las leas, te contaré algo.
Son tuyas, no tengo por qué leerlas.
Son mías y yo decidí mostrártelas. Ahora, escúchame.
Bien. Soy toda oídos.
Tú sabes que después de que terminé de estudiar me dediqué a buscarme a mí mismo y me convertí en Albert. Para ti siempre fui Albert; pero para otras personas soy William Andley, heredero y cabeza de la familia. Esto incluye a mis compañeros de colegio.
Sí…
Por favor, esto es difícil. – Se hincó a la par de ella viéndola a los ojos. – Después del colegio huí de todo lo que tuviera que ver con la familia y la posición que me tocaba asumir. Esto quiero que lo tomes en cuenta cuando leas estas cartas. Léelas.
Candy sacó las cartas una a una. Las leyó despacio. A cada nueva carta, la expresión cambiaba mostrando los sentimientos y pensamientos que surgían. Al finalizar de leerlas, bajó la cara y el brazo con las cartas. Estaba descubriendo el pasado de su esposo y aquella mujer con quien perdió la virginidad. Se dio cuenta que esa relación fue importante y que tuvo consecuencias que no quiso afrontar en su momento por escapar de su destino. Derramó unas lágrimas. Se levantó y se fue. Iba a poner un pie afuera cuando Albert la llamó.
¡Candy!
… - Se detuvo sin voltearse.
¡Candy, por favor! Quédate. Hablemos. – Rogó sin que fuera escuchado.
Candy se retiró a su habitación. No sabía que pensar ni sentir. A pesar de haber sucedido en el pasado de Albert, no pudo sino sentirse traicionada. Lágrimas no cesaban. Necesitaba tiempo para organizar sus ideas y sentimientos lejos de Albert. Después de horas de meditar, se durmió. No salió de su habitación durante dos días. No recibió a nadie. Cuando su esposo tocó a la puerta, no recibió respuesta; le dio vuelta al picaporte, estaba cerrado con llave. Se preocupó por la falta de repuesta por parte de ella. El momento de partir se acercaba. Antes de la hora de irse a la estación, se acercó a la puerta.
¡Candy! Por favor. Abre la puerta. Quiero despedirme. Te amo.
No recibió respuesta. Bajó el graderío principal, caminó por el salón de entrada, salió y se subió al automóvil que lo llevaría. Antes de subir, volteó a ver. Candy estaba parada en la baranda del segundo piso. Se vieron durante un buen rato hasta que George llamó la atención de Albert porque se hacía tarde. Ella no podía soportar la idea de que fuera padre de dos hijos con Victoria, que lo sabía hacía tiempo, que se lo había ocultado y que salía de viaje en vez de quedarse con ella. Por un lado quería que se quedara; por otro lado, no quería hablarle.
En el tren hacia Nueva York, dos empresarios hablaban sobre lo sucedido.
Te debiste quedar con ella.
No podía. Sabes que este negocio nos conviene.
Tanto como para poner en peligro tu matrimonio.
Se tenía que enterar en algún momento. Cualquiera que hubiera sido, siempre peligraba mi matrimonio.
¿Ella sabe que el negocio es con la Señora James?
Lo sabe.
¿Qué crees que sucederá?
No lo sé. Lo que sé es que no puedo dejar pasar la oportunidad de hablar con ella y hablar de mis hijos.
¡Eres necio!
Como digas. Tengo que hablar con ella. Tenemos que aclarar muchas cosas…
Tú la abandonaste en un momento crucial…
No lo hice…
Así lo ve ella. Además, cuando los visitaste en Londres, no dijiste nada.
¡No vi nada! ¿Cómo me lo iba a imaginar?
La viste cuando firmaron el negocio y tampoco dijiste nada.
¡No sabía!
Puede ser, pero no es como ella lo ve.
¿Cómo puedes estar tan seguro de eso?
Por la resignación con la que escribió su última carta y cómo te trató en las dos ocasiones que viste a los niños. Ella no quiere hablar contigo. Tú me has contado que Stear, Archie y Terry la protegen.
La alcahuetean dirás.
¿Ellos sabrán algo?
Creo que Terry sí. Es su esposo, es muy seguro que lo sepa. Qué tanto saben mis sobrinos, no sé.
Bueno… bueno… hablemos del negocio. Enfoquémonos en ello.
Dos días más tarde, Candy se subía a otro tren con destino a Nueva York. Estaba convencida de hablar con Albert antes de la sesión en James Inc.
Albert estaba sentado en la oficina de Archie finalizando los detalles; quería estar preparado. En otra dirección de la ciudad, Victoria se acomodaba en su casa con su esposo y cuatro hijos. Ella había resuelto terminar con esa transacción con el objetivo de que Edward no negociara con Albert.
Amaneció temprano. Todos los involucrados iban al hotel donde se llevará a cabo la sesión. Albert iba con George y Archie y Victoria iba con Stear. Lo que ninguno sabía es que Edward y Harry también estaban en camino. Una gran mesa redonda los esperaba.
En el lobby, del lado norte, se encontraban Victoria y Stear. Vieron entrar a los dos jóvenes.
¿Qué hacen aquí? – Preguntó la madre.
Venimos al negocio con Andley. – Dijo Harry.
¿Para qué? Yo me encargaré de esto.
No mamá. Conocemos tu plan. No lo harás. Hablaremos los tres y Stear. – Dijo Edward. – Este negocio nos conviene mantenerlo. No te preocupes por nada, todo está bajo control. ¿Verdad, Stear?
¿Stear? – Se voltea a verlo muy sorprendida.
Ellos tienen razón. El negocio nos conviene.
¿Les contaste todo?
Ellos preguntaron. Me dijiste que les hablara con confianza y tranquilidad.
Sí, mamá. Él nos habló de la misma manera que tú lo haces. – Edward intervino. – Aunque hubiese preferido que nos lo dijeras tú.
Lo sé. Lo hubiera hecho. Sólo quiero protegerlos de cualquier cosa que pueda suceder.
No tienes que protegernos, mamá. Somos grandes y podemos defendernos. – Harry calmó a su mamá.
Déjenme un momento con Stear por favor.
Claro. Vamos, Harry.
Stear. – Ya solos. – Tengo algo que contarte.
No creo que sea ahora, hablemos después. Llegó la hora. ¡Harry! ¡Edward! Entremos.
Entraron todos al mismo tiempo. Victoria lo hizo por el lado norte y Albert por el lado sur. Se sentaron alrededor de la mesa. Albert estaba entre George y Archie y Victoria entre sus dos hijos; a la par de Harry, Stear. No se quitaban la mirada. George comenzó la negociación. Hablaron claramente, calmadamente sobre las nuevas estipulaciones y especificaciones del nuevo contrato. Después de dos horas, todo estaba resuelto. Los abogados entraron a finiquitar el documento; firmaron todos y salieron.
La tensión era percibida por los hermanos Cornwell, no sabían bien lo que acontecía. Lo percibido por ellos fue la similitud física de esos jóvenes con Albert. Las sospechas eran una posibilidad muy acertada. Ninguno se atrevió a hablar. Albert miraba a sus hijos con desconcierto y a Victoria con curiosidad mezclada con enojo. Lo mismo hacían los jóvenes al ver a Albert. Es increíble el parecido entre ellos. En el instante en que Albert iba a dirigirse a Victoria, entró el almuerzo. Comieron en silencio.
La comida era muy sencilla y elegante. El vino era blanco, muy frío. Stear y Archie tomaron las decisiones concernientes a esta sesión. El haber terminado el proceso rápidamente les permitió comer tranquilamente. Inmediatamente a continuación del postre, Victoria se levantaba para retirarse. Escuchó una voz varonil, madura llamándola.
¡Victoria! Tenemos que hablar. – Albert le dijo desesperado. Ella se detuvo y se volteó.
Dime, Willy.
¿Cómo pudiste?
No sé de qué me hablas.
Lo sabes. Dime, ¿cómo pudiste?
Tendrás que ser claro. – Decidió enfrentar lo inevitable. Lo iba a hacer frente a los demás, especialmente, frente a sus hijos. - ¿De qué hablas?
Sobre ellos. – Señala a los miembros más jóvenes de la mesa. - ¿Saben ellos de mí? ¿Saben?
Lo sabemos. – Contestó Edward sin permitirle a su madre contestar. Se levantó y paró casi frente a ella en señal de protección.
Estoy hablando con Victoria.
Y yo estoy hablando contigo, infeliz. – Dijo Harry parándose del otro lado de su madre. – No te dirijas a ella.
¿Qué les has dicho de mí?
Todo. – Edward intervino nuevamente. – Sabemos quien eres tú.
Les hablaste mal de mí, ¿cierto?
¡No lo hice! – Se defendió Victoria quien derramaba lágrimas por sus mejillas.
Ella nos contó su lado de la historia. Nos contó que la dejaste antes de irte…
…¿no estabas seguro de quererla? ¡Eres caradura! La dejas…
…años más tarde, ¿le reclamas?
Ella te escribió varias cartas… nunca recibió respuesta…
¿Te puedes imaginar la desesperación de una quinceañera embarazada y el padre no aparece?
Entiendo que estén enojados, pero esta conversación es entre su madre y yo.
Ya no lo es…
…es nuestra.
Victoria, entiendo que no me quieras, inclusive que me odies…
¿Odiarte? Mi madre no te odia. Hasta hace unos días, ella te defendió ante mi resentimiento hacia ti. Como verás, mi mamá no te odia.
Ella nunca nos ha dicho nada negativo tuyo. Nos ha dicho la verdad y con mucha calma y amor.
Pregunta si nosotros te odiamos. ¡Pregúntanos, infeliz!
…- Albert solo miraba a Victoria llorar y detenerse de los brazos de sus hijos.
Nosotros no te odiamos tampoco. Mi madre es una mujer muy noble y buena, a pesar de la maldad de tus acciones.
Mi madre nos contó la historia de amor con tanta ternura…
…dulzura…
…respeto…
…dignidad…
…paciencia…
… a pesar de lo que hiciste. Ella nunca dijo una palabra de reproche de ti.
Ella es la razón por la que no te odiamos. Te tenemos rencor, pero no odio.
Ella nunca te reclamó.
Pero yo te preguntaré esto ¿te puedes imaginar la angustia que vivió durante todo este tiempo? Ella quedó embarazada, sola, sin apoyo.
¿Conoces el alcance de la bondad de nuestro papá, Arthur James? El la tomó así, la respetó así, la quiso así… la amó… no la abandonó.
¿Te imaginas cómo se sintió cuando quedó sola al morir mi papá? Se quedó con nosotros pequeños. Sin conocer bien los negocios. ¡Cualquier persona se pudo haber aprovechado de ella!
Ella es mucha mujer para cualquiera. No permitió que nadie lo hiciera. Solo tú lo hiciste una vez. Nunca más se han aprovechado de ella.
No mis amores. – Victoria les habló con voz suave. – Willy no se aprovechó de mí. Lo saben.
Ella te amó, desgraciado. ¿Cómo le pagaste?
La plática se dio entre ellos cuatro. Nadie se atrevió ni a levantarse de sus asientos. Se limitaron a verse entre ellos.
Galaxylam84: Me alegra que te guste la historia. Lo que quise hacer es jugar un poquito con los personajes y contar un cuento. Lee esta historia "La nueva adquisición de Albert". Puede que te guste. Espero tus comentarios.
themis78, monapecosa: Gracias por sus comentarios y su apoyo.
