Pasión Africana

Capítulo XIII

Inicio del flash back

- Siento como si mi cuerpo no estuviera aquí, a lo lejos escucho a los guardias reír de nuestra desgracia o no sé si ya no nos toman en cuenta. Annie, la delicada Annie ahora parece tan distante, lo de tímida era en parte para molestarla, pero ahora creo que es lo más certero que jamás he dicho.

Archie se ha vuelto fuerte con el pasar de los días, quién diría que el elegante es ahora un hombre nuevo, ha apoyado a su llorosa novia y a todos los demás, ha comido potaje de avena todos los días sin rechistar, ha tomado agua turbia sin cambiar el rostro, ha tomado una actitud que nunca le había visto en mi vida, en si ya no es Archie sino que ha madurado y su nombre también lo ha hecho y ahora es que se llama Archibald Cornwell.

Stear sigue animándonos hasta que el cansancio nos adormece, es el que menos se queja y el que más me la recuerda, si, el hermano mayor de los Cornwell me recuerda tanto a Candice que a veces quiero que ella esté aquí, para que ni Archie, Annie, Patty y Stear maduren de esta forma.

Patty, la gordita, se ha comportado extraña, solo llora en sueños y eso me rompe el corazón, solo se asusta cuando nos vienen a checar si aún estamos vivos; nuestros blancos uniformes están increíblemente sucios, parecen harapos, las condiciones no son las adecuadas, pero ya no nos quejamos.

Hemos oído que alguien cree que somos estudiantes, pero los demás no lo creen así, hace días que he oído un rumor, cuando todos están dormidos y yo aún dormito, dicen por aquí que el duque de Grandchester pagará nuestra liberación, me he asombrado de ello, de dónde ha salido tanta generosidad, mi padre pagando nuestra liberación por nada, lo veo por demás increíble. Por más que lo pienso, no me cabe en la cabeza las dobles intenciones de mi padre, por supuesto que debe haber segundas intenciones, pero cuáles, seremos todos o solo a mí, ¡no, no, esa idea, eso no puede ser verdad! Se atreverá a tanto, son solo adolescentes que han tenido una excelente vida y yo, yo ya he conocido lo peor de este mundo, he vivido sólo desde los cinco años, solo y repudiado como es la naturaleza de mi concepción, como un bastardo... sólo con el amor de una madre que no me defendió de él, conocí la desesperanza y el odio hacia los que querían amarme, todo fue caótico desde que llegué al Castillo Grandchester, mi madrastra solo buscó insultar a mi madre quién tampoco me quiso lo suficiente, quise ser siempre su afecto más importante y no su fantasma; pensé que con el tiempo olvidaría, pero no.

No lo hice, no pude focalizar mis energías en sobresalir, sino en destruirme, comencé a beber a temprana edad, aunado a las borracheras las mujeres abundaron y tocaron mi piel y conocieron mi cuerpo, pero ellas no eran precisamente lo que buscaba, quería y deseaba que me golpearan hasta que me dejaran inconsciente. Fue quizás un alivio lo que espere al ir a donde mi madre, pero para mi sorpresa no quería hacer muchas cosas, entre ellas decir que es mi madre y que me quería antes que a su carrera, una vez más fui rechazado, regresé al mismo frío barco que me había llevado a América, lo cual fue complicado, ese camarote me albergó durante un mes o lo hubiera sido hasta que la conocí a ella, radiante y hermosa en la niebla de fin de año. Primero pensé que esa tierna y pecosa rubia era otra princesita de porcelana, de la que debería cuidarme hasta que en el colegio me enteré de Clint, odié tanto a Anthony y me asombré con Albert, ella parecía infundir en sus amigas valentía y en los chicos una especie de enamoramiento y cómo no hacerlo, si desde que la conocí un sentimiento había nacido en mí, por primera vez mi corazón aceptaba que existía otra mujer diferente de mi madre, por primera vez aceptaba que me gustaba una chica y que por ello odiaba la complicidad de Archie y Stear, la devoción que le tenía a Anthony y la fraternidad de Albert. Recordaba cada momento que tenía libre de quejas, lágrimas, sollozos y más, todo lo que acontecía en cada uno de esos tiempos.

Todos mis recuerdos iban bien cuando recibí un fuerte golpe, dejándome inconsciente – Terry había sido golpeado duramente.

- ¿Qué es lo que estás viendo inútil? Vamos a cargarlo, esto debe ser rápido, si nos descubren seremos colgados y el dinero que me pagarán por este chico no me servirá de mucho – comentó un soldado.

- ¡Sí, sí, vamos, cárgalo de ahí! – respondió y le dio otras indicaciones, apresurandolo.

Fin del flash back

Sir Carnegie se quedó pasmado al observar la fotografía, quien no conocía a lady Borthwick, su propia madre había hecho gala de toda su porcelana convidándola en las tardes del té en la salita de su casa de campo en Escocia.

- Gracias...¡Beagen Borthwick! – exclamó un asombrado Abhainn Carnegie por el parecido de la señorita Andley con la dama mencionada. ¡No puede ser! – Sir Carnegie se dirigió a la ventana.

- Yo también pensé lo mismo... Solo nos falta preguntar lo que estamos pensando – aseguró Sir Campbell sonriente ante tal descubrimiento.

- En este momento lo sabremos – Sir Carnegie se encaminó a la puerta, abriéndola, hecho que llamó la atención de todos los presentes en la cámara.

- Causaremos pánico, es decir, recuerde que todos allá afuera quieren saber que sucedió con la señorita Andley, además hay algo que aún no sabemos, ¿cómo fue que nació en Illinois y no en Escocia? ¿Cómo se supone que resulta el parecido? – le informó cuando hubo cerrado la puerta, haciendo que una ola de murmullos estallara al otro lado y que aquel jovencito rezongara al instante en que se sintió jalado por Sir Campbell.

- Pero... – intentó comentar algo, siendo callado, ya que no estaba pensando correctamente.

- Debemos tener calma, sobretodo para no llamar la atención, Lady Borthwick debe ser visitada antes de irnos a Londres, pero sin causar tanto revuelo – aseguró Sir Campbell. Espere aquí. Stewart haga una cita con Lady Borthwick para esta misma semana, espere respuesta y sea discreto con Sir Borthwick – Sir Campbell salió de la oficina a la antesala y solicitó la presencia de lady Borthwick al secretario.

- Por supuesto, Sir Campbell – Stewart acató la orden.

- Bueno esperemos y usted descanse que mañana debe viajar – le ordenó a Sir Carnegie sonriendo, la insensatez de aquel le daría dolores de cabeza a Lemarque, de eso estaba seguro.

- ¡Claro...me tendrá informado de los que suceda con los Borthwick! – pidió el joven.

- Por supuesto hombre, camine Sir Carnegie, aún tengo asuntos que tratar con el tribunal y preparar papeles para la visita extraoficial con el Rey – aseguró e informó de más actividades.

- Gracias, Sir Campbell – con una venia se despidió de el y se encaminó a la puerta, que al cerrarla el barullo exterior se fue extinguiendo mientras pasaba entre los presentes.

- De nada y buen viaje – se despidió y tomando su chaqueta y sombrero salió de ahí.

Sir Carnegie salió de la oficina y se dirigió hacia la salida con el rostro compungido, pensativo y aún alucinado, debía haber una explicación acerca del inconfundible parecido de la señorita Andley con Lady Borthwick. El hombre se encontraba tan abstraído que no se dio cuenta de que tropezaba con Sir Borthwick.

- Cuidado Sir Campbell, puede causar un accidente – aseguró Sir Borthwick.

- Lo siento mucho Sir Borth...wick...perdone – se disculpó sin mirarlo al rostro.

- Basta, no ha pasado nada – aseguró Sir Borthwick.

- Permiso – se disculpó y salió apresurado.

- Adelante, Sir Campbell – le dijo.

A Sir Borthwick le pareció extraño el comportamiento de Sir Campbell, pero no le dio la importancia que en realidad tenía. Horas más tarde en Rouxbughshire, Stewart había llegado a la mansión de los Borthwick tan rápido como el caballo le hubo permitido. Desmontó de éste y tocando la verja de la entrada consiguió que los perros comenzarán a ladrar, por lo que Aiden, el hijo menor de Sir Borthwick saliera a su encuentro.

- Buenas tardes, ¿puedo servirle en algo? – cuestionó Aiden focal izando al gran hombre que a él le parecía.

- Deseo ver a lady Borthwick – enfatizó Stewart.

- ¿Mi madre? – cuestionó el pequeño abriendo la verja y haciéndole una indicación de que entrara al área de jardín. Pase y espere unos minutos, le aviso inmediatamente – dio nuevamente otra indicación al abrir las puertas de la mansión y detenerlo en el recibidor.

- Gracias jovencito – agradeció Stewart.

- De nada señor – respondió Aiden y se encaminó a la habitación de su madre, tocó y accedió con calma como se lo habían enseñado. Madre un señor viene a buscarte – refirió el chico.

- ¿Su nombre? – preguntó lady Borthwick.

- Se me olvidó preguntarle, pero parece ser que tiene prisa – aceptó y afirmó el jovencito.

- Veamos ¿quién es? Buenas tardes, mi hijo me dijo que me buscaba, ¿quién es usted? – cuestionó lady Borthwick después de saludar amablemente.

- Mi nombre es Stewart Abbidleen, soy secretario del tribunal de Lyon, lady Borthwick a sus pies – hizo una venia ante la dama presente.

- Mi esposo está en el tribunal en estos momentos, ¿no lo ha encontrado allá? – preguntó ella con sencillez.

- Por supuesto, pero Sir Campbell me ha enviado para saber ¿cuándo puede visitarle por un asunto en privado? – preguntó Stewart con cautela.

- Un asunto en privado con referencia ¿a qué? – preguntó ella, sin entender del todo.

- Sir Campbell no me dio esa información, lady Borthwick – aceptó el joven Stewart.

- Bueno, siendo así iré con usted – resolvió la dama.

- Pero... – intentó hacerla cambiar de opinión:

- Mi esposo no me verá, entraré por el pasaje que da a la oficina del tribunal, Sir Campbell me quiere ver por algún motivo en especial y si fuese lo contrario le hubiera pedido a mi esposo que me llevase mañana mismo, ¿es así? – cuestionó la dama viendo que solamente en esas condiciones se le pediría su presencia en el tribunal siendo que su esposo ya se encontraba ahí y no al contrario.

- Si lady Borthwick – aceptó el joven, bajando un poco el rostro.

- Bueno, déjeme ir por mi bolso, chal, sombrero y sombrilla, en un momento estaré con usted – le aseguró ella después de enumerarle las pertenencias a buscar.

- Por supuesto lady Borthwick, la espero – accedió Stewart, dejándola pasar a su lado y observando que subía por sus artículos personales.

- Permiso – solicitó la dama al ver como Stewart perdido en su mente obstaculizaba la puerta de entrada, así que al mismo tiempo le tomó el brazo. Vamos, señor Stewart – le dijo animándolo al caminar.

- Usted primero, lady Borthwick – le dijo Stewart.

Lady Borthwick y Stewart salieron rápidamente de la mansión aunque con lo que no contaba el joven Stewart era conque la dama no podría transportarse en caballo, así que ella sonriendo, le ordenó a su chofer traer el automóvil y partir a Edimburgo, si bien era sabido, lady Borthwick salía por las noches a su juego de canasta, por lo que no notarían su tardanza suponiendo que la hubiera.

Cuando llegaron al tribunal, Stewart se bajó rápidamente del automóvil y ayudó a lady Borthwick a seguirlo, la dama comenzó a caminar hacia la parte de atrás del tribunal y justo debajo de las escaleras se encontraba un pasaje, tal como lo recordaba, Stewart abrió la puerta haciéndola crujir para después comenzar a caminar. Sir Campbell estaba absorto en la chimenea cuando oyeron tres golpes en uno de los estantes de las librerías.

- ¡Eh! Lady Borthwick, ¿qué hace usted aquí? – preguntó Sir Campbell observando como la mano de la dama salía por la puerta y yendo hacia ella para ayudarla.

- Me han mandado a llamar, sin que mi esposo lo sepa, supongo que debe ser algo importante – explicó ella sin demora.

- ¡Sí! ¿Pero no la reprenderán? – preguntó Sir Campbell, despidiendo a Stewart con la mirada. El joven muchacho hizo un asentamiento de cabeza y se retiró en silencio.

- He vendido con mi chofer, él me servirá de testigo, usted dirá – respondió ella sin cuidado.

- Bueno, no la esperaba hoy, pero le contaré a grandes rasgos... hace unos meses un duque se encontró a una chica del clan Andley y la salvó por así decirlo de un secuestro perpetrado por alemanes, llevándola a otro continente donde la ha tenido vigilada por su hijo. Alguien en Londres los identificó como alumnos del Real Colegio San Pablo y avisó a la rectora. Por otro lado, mandaron fotografías a ambos parlamentos y de ahí es que hemos quedado algo confusos – Sir Campbell trato de esconder posibles pistas de lo acontecido, dado que el momento no era propicio debido a la magnitud del problema.

- ¿Por qué, Sir Campbell? – cuestionó la dama, sin entenderlo.

- Le mostraré una fotografía, tómela y dígame que lo que estoy pensando no es cierto – le dijo, yendo hacia su escritorio y sacando la fotografía de un sobre, antes de dársela, la acercó a su barbilla y decidido se la entregó.

- ¿Quién es? – ella antes de verla se detuvo a preguntar.

- Lady Candice White Andley, hija de Sir William Andley – respondió él con lentitud.

- Pero... ¿Qué clase de broma es ésta, Sir Campbell? – exclamó ella enojada. ¿Quién le ha dado mi fotografía? ¡Esta soy yo cuando era joven! – vociferó al ver la sonrisa de Sir Campbell.

- Ninguna, la chica que se encuentra allá es esa misma, la de la foto – le informó rápidamente.

- ¡William no puede tener hijas tan jóvenes! ¿Cuánto le llevará? Cinco o seis años – cuestionó lady Borthwick.

- Once de hecho , pero Candice no es hija de William – le informó Sir Campbell.

- ¿Entonces...? No comprendo... – se dio por vencida.

- William adoptó a Candice en un pueblo de Illinois en Norteamérica – decide soltar un poco más de información.

- ¿Norteamérica...? ¡Nunca he ido a Norteamérica! – exclamó subiendo la fotografía a la altura de su rostro.

- ¿Está segura? – la presionó.

- Por supuesto, ¡no he salido de Europa en mi vida! – afirmó la dama volviéndose a sentar.

- Pues debe haber una explicación a esto lady Borthwick, tuvo usted hermanas o parientes que hayan viajado mucho tiempo a Norteamérica – preguntó Sir Campbell dándose la vuelta.

- No...pero, no puede ser cierto, no creo que sea posible – susurró después de recordar algo, algo que casi había olvidado.

- ¿Qué cosa? – inquirió Sir Campbell.

- Yo...mi segundo hijo nació muerto – le informó ella, palideciendo.

- ¿Era varón? – cuestionó Sir Campbell intrigado.

- No, mujer, pero lo enterré yo misma, ¡no puede ser ella! – exclamó triste.

- ¿Quién le dijo que estaba muerta? ¿Sir Borthwick? ¿El médico? ¿La partera? ¿Quién lady Borthwick? – insistió él.

- ¡Mi esposo, mi esposo, él fue quién me dijo que había fallecido! – gritó ella, convulsionándose por el llanto que aparecía en su rostro y que sus manos ocultaban.

- ¡Lady Borthwick, tenemos que resolver esto pronto! – le dijo, yendo hacia ella y dandole un pañuelo para que se tranquilizara y secara sus lágrimas.

- ¿Qué edad tiene? – se oyó una pregunta queda.

- Quince... – respondió con acritud.

- ¿Quince? Creo que deberíamos hablar con Sir Borthwick – solicitó la dama.

- Lo haré pasar – asintiendo Sir Campbell salió de la oficina, paso por la antesala y observado por Stewart abrió la puerta que daba a la cámara para escuchar. Buenas noches, Sir Borthwick – lo llamó, siendo detenido por Sir Boyle.

- ¿Quién me llama? Sir Campbell, estaba a punto de retirarme – le informó yendo hasta él.

- Lo siento Sir Borthwick, puede pasar a la oficina un momento, queremos hacerle una preguntas – le soltó regresando a la oficina principal.

- Por supuesto Sir Campbell, adelante - accedió. ¡Rose! ¿Qué haces aquí? – cuestionó Sir Borthwick al ver a su esposa llorando desconsolada, a la cual se acercó para cobijarla, pero ella se levantó de pronto, alejándose de ahí.

- Queremos saber algunas cosas Sir Borthwick, tome asiento junto a su esposa – le solicitó a Sir Borthwick.

- ¿Qué pasa linda? – preguntó Sir Borthwick a su esposa, al ver cómo lo trataba.

- Eso mismo quiero saber, ¿quien es ella? – le cuestionó rudamente, aventándole la fotografía a sus pies.

- ¡Dios del cielo...Candice...!

Continuará...

Notas.

Hola chicas, espero que les esté gustando esta controvertida historia, para quién pregunta si soy holandesa, ¿por que lo dices? me has intrigado ¡cuéntame!