Capítulo 13: Represalias.

"Los hombres prefieren devolver un agravio a devolver un favor, porque la gratitud es una carga y la venganza un placer." (Tácito)

Luego de la visita al departamento de su amigo, Harry se encerró en su despacho tan pronto llegó a su casa. Ahora, nervioso y desesperado caminaba sobre aquella habitación, no pudiendo evitar revolver sus cabellos constantemente ¿Qué demonios estaba pasando? Se preguntó frustrado y confundido por no entender aquello.

—¿Por qué la tiene? —Susurró con los ojos cerrados, pasándose una vez más una mano por su alborotado cabello. —¡¿Por qué está marcada?! —Se preguntó entre dientes furioso, tratando de controlarse y no golpear con sus puños su escritorio. —¡Esto no debería de estar pasando! —Se dijo intranquilo buscando aclarar sus pensamientos ¿Qué tenía que hacer ahora? No sabía por dónde comenzar. —Necesito respuestas. —Murmuraba yendo y viniendo entre su despacho.

La pregunta clave era ¿Cómo? ¿de dónde sacaría respuestas? No podía ir simplemente con Hermione y preguntarle qué le había pasado y por qué, casualmente, ambos tenían la misma cicatriz en diferentes partes del cuerpo, era absurdo. Ella le había pedido respuestas y él se las negó, desde luego que Hermione tendría todo el derecho de mandarlo al diablo. No podía pedirle que confiara en él si él no confiaba en ella ¿Cómo no dar un paso en falso? ¿Cómo saber qué fue lo que en realidad pasó? Necesitaba buscar en el pasado, necesitaba hechos, respuestas a sus preguntas o al menos algo que lo guiara a entender un poco todo aquello, pero de nueva cuenta esa pregunta taladraba su cabeza ¡¿Cómo?! ¡Maldición, estaba perdiendo la cabeza! Desesperado, caminó hacia el minibar y se sirvió una copa de whisky, el cual no dudó en tomar de un solo trago. —¿Qué debo hacer? —Se decía cansado, dejándose caer en aquel sofá frente a la chimenea, contemplando el fuego y el crepitar de la madera. Se pasó una mano por el rostro, agotado, ¿Dónde podría encontrar respuestas? Por mucho que no le gustara la idea, él era un ciego en aquel camino y al parecer, Hermione era la única que podía ver con claridad. —¡Maldición! —Profirió al tiempo que tomaba el diario del profeta que se encontraba en la mesa de centro y lo arrojaba al fuego, dejando que aquellas llamas lo consumieran. Gruñó molesto, tomando su copa para servirse otro trago, sin embargo, ver aquel diario convertirse en cenizas lo hizo considerar una idea. Un diario que durante gran parte de su estancia en Hogwarts se dedicó a hablar de él y el cual, todos los días reportaba noticias nuevas.

—Todos los días. —Murmuró al tiempo que miraba concentrado el fuego. Una adrenalina corrió por su cuerpo ¡Sabía qué hacer! Sin pensarlo dos veces, se dirigió a su escritorio y buscó entre los cajones una pequeña botella, tomó su varita y desapareció de aquel lugar.

̶ │ ̶

Mientras, en otro punto de la ciudad, Hermione y las chicas arribaban la casa de sus padres preparando todo para los invitados, los cuales llegarían a partir del mediodía.

—El jardín esta perfecto. —Le informaba Hugh apenas ingresaron a la casa.

—Tu padre apodó el jardín ayer, las mesas ya están, sólo hace falta acomodarlas. —Decía ahora su madre desde la cocina, pues estaba segura de que ni su hija ni las chicas habían tomado el desayuno esa mañana.

—El asador aún no está listo, pero descuida, lo colocaré tan pronto acomodemos las mesas. —Le aseguró el señor Granger, sin embargo, apenas terminó el timbre se escuchó. Hermione y sus padres fruncieron el ceño, pues no recordaban que hubieran invitado a alguien tan temprano, empero, su sorpresa se vio reflejada en su rostro al ver tras la puerta a Ron y Malfoy.

—¿Necesitan manos extras? —Preguntó divertido desde el umbral; Hermione sonrió y los dejó pasar.

—No pensé que vendrías tan temprano y menos con… —Reconoció no pudiendo evitar dirigirle una mirada a Draco.

—Me obligó a venir, si te digo la verdad. —Contestó el Slytherin mientras echaba un vistazo a la casa de los Granger.

—Pues han llegado en el momento indicado, muchachos. —Dijo el señor Granger mientras le tendía una mano a Ron y Malfoy. —Hay un asador que debo preparar y tu muchacho… —Señaló al pelirrojo. —Serás quien me ayude. —Añadió sonriendo mientras lo invitaba a seguirlo. Draco observó al par de hombres alejarse al igual que la castaña, dejándolo solo en la estancia.

—¡Mueve tu trasero, hurón! —Le gritó Ginny desde el marco que conectaba al comedor y la cocina. Malfoy frunció el ceño molesto y caminó detrás de ella hasta llegar al jardín trasero.

—Creí que venía como invitado, no como mula de carga. —Espetó de brazos cruzados al verla mover un par de mesas.

—Es mejor que ser una serpiente arrastrada ¿no crees? —Le devolvió divertida, apartando un poco de sudor que se había acumulado en su frente; Draco la miró de forma ácida.

—Muy graciosa. —Murmuró entre dientes con disgusto mientras tomaba una mesa de mala gana y la acomodaba en el jardín. Después de la quinta mesa, miró las otras que faltaban y no pudo evitar soltar un bufido —¿No sería más fácil si usamos magia? —Preguntó molesto por estar perdiendo el tiempo.

—Lo sería, pero es un vecindario muggle. —Le recordó, señalando a un vecino de los Granger que apodaba el jardín; Draco rodó los ojos y resignado, continuó. Un par de minutos después, Ron y el señor Granger regresaban al jardín con aquel grande asador, tomado por cada uno de cada extremo.

—¡Listo! —Soltó al fin Hugh agitado al dejarlo en el lugar correcto. —Es un buen lugar ¿no? —Señaló al dejarlo en el pequeño patio cerca de la entrada trasera; Ron asintió.

—Sería buena idea colocar una mesa por acá para los ingredientes. —Sugirió viendo al padre de la castaña asentir, sin embargo, una segunda voz los interrumpió.

—Hermione ¿has visto el helio…? —Terminó en voz baja Luna al salir, pues no espero encontrarse con la presencia del pelirrojo.

—Buenos días, Luna. —Saludó serio Ron mientras se sacudía sus manos de aquel polvo.

—Hola. —Contestó un poco incómoda y es que no podía evitar recordar la noche anterior. —Hermione no nos comentó que vendrías a ayudarnos. —Dijo tratando de sonar casual.

—¡A mí tampoco! —Gritó el rubio a lo lejos con el rostro sudado y rojo tomando otra mesa, malhumorado.

—Sólo llevas cinco mesas ¿De qué te quejas? —Le atacó Ginny por su falta de condición. Luna se mostró confundida al ver al Slytherin ahí.

—Ella no lo sabía, yo vine por mi propia cuenta. —Explicó el pecoso mientras tomaba un trapo que le pasaba el señor Granger.

—¡Yo no! —Se volvió a escuchar la voz de Malfoy; la pecosa rodó los ojos fastidiada.

—Por cierto… —Recordó Hugh. —Hermione salió al supermercado con su madre, creo que faltaban un par de cosas. —Le comentó el hombre mientras abría el asador. —Si buscas helio, yo lo moví al sótano. —Le informó.

—¿Usted preparará las hamburguesas, señor? —Preguntó Ginny al acercarse a ellos.

—Supongo que sí, aunque… —Vaciló un poco. —Digamos que no es lo mío. —Dijo con una sonrisa apenado.

—En ese caso ¿Por qué no las preparas tú, Ron? —Sugirió su hermana.

—¿Tú cocinas? —Soltaron Malfoy y Luna; los hermanos Weasley fruncieron el ceño y asintieron.

—¿Y por qué jamás nos has hecho algo de cenar cuando vamos a tu departamento? —Quiso saber el rubio de brazos cruzados, sin creerles.

—Que sea flojo no quiere decir que sea idiota. —Se defendió el pecoso. —Además, nuestro trabajo es demasiado pesado como para encima cocinarles. —Le recordó, viendo al chico asentir.

—Entonces ¿Qué dices muchacho? —Quiso saber el señor Granger; él asintió.

—¿La comadreja cocinando? —Se burló Draco. —Eso quiero verlo. —Dijo divertido.

—Ya somos dos. —Habló esta vez Luna.

—Y será después de que tu termines de inflar los globos. —Señaló Ginny a su amiga. —Y tú termines de colocar las mesas. —Esta vez dirigiéndose al rubio. Draco y Luna le lanzaron una mueca y regresaron a sus labores. —¿Prepararás las que te enseñó aquel amigo tuyo de Estados Unidos? —Preguntó curiosa la menor de los Weasley una vez los chicos se retiraron; Ron sonrió y asintió al ver la mirada de súplica de su hermana, y no la culpaba, pues en uno de sus largos regresos de sus misiones él fue el que preparó la comida en el cumpleaños de su padre, dejando a todos encantados por su gran sazón.

̶ │ ̶

Alrededor de las once de la mañana, un deportivo plateado arribaba el hotel Hilton en Londres. Del auto, una despampanante mujer con rasgos orientales bajó y se dirigió a recepción, luciendo un precioso vestido entallado al cuerpo que dejaba ver sus excelentes curvas y que a más de un hombre que pasaba le robaba la mirada.

—Me agendaron una cita para hoy. —Dijo tan pronto llegó, siendo atendida por una mujer rubia.

—Claro ¿Cuál es su nombre? —Escuchó que le preguntaba mientras ella admiraba el lugar.

—Sharon Klein. —Contestó regresando su mirada a la mujer.

—Sí. —Asintió sin despegar su mirada de la pantalla del computador. —El señor informó que vendría. —Sonrió amable.

—¿Y bien? ¿cuál es su habitación? —Preguntó de mala gana, no tenía tiempo para lidiar con cortesías hipócritas; la trabajadora borró su sonrisa, incómoda.

—La habitación es la suite y se encuentra en el último piso. —Le explicó y Sharon no esperó una palabra más, dirigiéndose ahí sin molestarse siquiera en dar las gracias. Caminó hasta el elevador y marcó el último piso. No iba de buen humor desde luego, su visita solo venía a confirmar lo que ya sabía. Él no pondría un pie en Londres a menos de que Granger regresara y hacía casi un mes que lo había hecho. Klein apretó los dientes molesta, más le valía a ese estúpido tener una buena excusa, no iba a tolerar un error más suyo, pensó mientras veía como las puertas del elevador se abrían. Al entrar, notó enseguida que la habitación tenía más el aspecto de un departamento.

—Además de sus estupideces también tengo que lidiar con sus gustos excesivos. —Murmuró molesta al ver que el lugar contaba con una cocina, sala de estar, minibar, vista a la ciudad y probablemente una habitación con cama extragrande y un lujoso baño. Caminó hacia la pequeña barra del minibar y dejó su bolso sobre una silla de ahí, para enseguida servirse una copa de whisky. —¿Dónde diablos esta ese idiota? —Se preguntó malhumorada antes de darle un trago a su copa. Decidida a encontrarlo pronto, tomó su celular y buscó su número, pero apenas lo encontró las puertas del elevador se abrieron. De ellas entraba un hombre alto y castaño, portando un short azul como traje de baño y una toalla enrollada sobre sus hombros, con el cabello visiblemente húmedo, señal de que venía de la piscina.

—Vaya, que agradable sorpresa. —Dijo apenas la vio, dejando aquella toalla sobre una de las sillas. La mujer por otro lado, se limitó a observarlo seria, no era una visita agradable.

—Lástima no poder decir lo mismo. —Espetó de mala gana ésta, dándole un pequeño sorbo a su trago de whisky. El hombre frunció el ceño divertido mientras se acercaba a ella y la tomaba de la cintura.

—¿Qué sucede? —Preguntó tomándola esta vez de la barbilla y dándole un escaso beso en los labios, al cual ella no correspondió. —¿No me extrañaste? —Susurró de forma sensual, bajando sus labios a su cuello, sin embargo, Sharon hizo una mueca y se apartó asqueada de él, no tenía tiempo para sus estupideces. —¿Cuál es tu problema? —Soltó serio al sentir su rechazo; Klein caminó hasta la barra.

—¿Cuándo pensabas decirme que Granger regresó a Londres? —Lanzó molesta mientras dejaba su copa con brusquedad sobre aquella barra. El hombre relajó la mirada y sonrió mientras se dirigía al minibar y se servía una copa también.

—Descuida. —Bebió tranquilo. —Lo tengo todo bajo control. —Le aseguró despreocupado, sin embargo, para su mala suerte, ella no se mostró igual.

—¿Bajo control? —Repitió sarcástica. —Si sabes que ella y Potter trabajan juntos ¿no? —Le preguntó seria, viendo como la sonrisa de éste se esfumaba. —¿Qué pasa? ¿ella no te lo comentó? —Preguntó burlesca, marcando aún su molestia; él se tensó de inmediato y negó.

—No es verdad. —Contestó sonriendo de forma nerviosa; Sharon lo miró con seriedad y añadió:

—¿Por qué esta aquí? —Quiso saber de una buena vez, quería saber a qué estupidez de él se estaba enfrentando. Él bebió toda su copa de un solo trago, esto debería ser una maldita broma, pensó airado mientras se pasaba una mano por su cabello luego de dejar la copa de lado, ¿Cómo fue que se enteró?

—Vino… vino de intercambio. —Explicó un poco nervioso.

—¿sin ti? —Inquirió curiosa, quería saber hasta dónde llevaría su mentira.

—Ella prometió ir a visitarme y… —Mintió.

—¡No me quieras ver la cara de estúpida! —Soltó furiosa al tiempo que lanzaba su copa al suelo y sacaba su varita, apuntándola al cuello del hombre. —¡Quiero la verdad! —Le advirtió hundiendo más la varita en su piel.

—Ella… ella terminó conmigo. —Confesó tragando fuerte, sin mover un solo músculo. —Pero por eso estoy aquí. —Le aclaró de inmediato al ver sus ojos brillar con peligrosidad, sintiendo la punta caliente de la varita. —Yo… yo la veré hoy y… con suerte venga a visitarme. —Trató de calmarla, pero ella solo atinó a negar mientras soltaba una risa sarcástica, apartándose de él.

—Y dime ¿Cómo le vas a explicar el que hayas podido pagar este lugar? —Preguntó mordaz, refiriéndose a la calidad del hotel.

—Diré que fue un viaje de trabajo y…

—¡Deja de decir estupideces! —Le cortó airada. —¿Cómo diablos vas a pagar este lugar si solo eres un contador de medio tiempo? —Le cuestionó. —¡Usa la maldita cabeza! —Gritó irritada por su insensatez. —Ella no es tonta, que tú te creas tus mentiras no quiere decir que Granger sí. —Le recordó enojada.

—¿Y qué demonios debo de hacer? —Preguntó molesto por su recibimiento. —¿Dejar este lugar e irme a una pocilga? —Le contestó mordaz.

—No veo de que otra forma puedas arreglar este desastre. Así que antes de que lo empeores, sí. —Respondió, acercándose a una de las ventanas que mostraba una preciosa vista a la ciudad. —Creí que a estas alturas ya te habrías casado con ella, eres patético. —Le dijo lanzándole una mirada ácida; él no era la burla de nadie, pensó al tiempo que apretaba sus puños.

—Siendo así, ¿Qué tal va tu matrimonio con ese mestizo? —Preguntó sarcástico, logrando que la mujer lo regresara a ver. —¡Oh, claro! No te has casado. —Recordó fingiendo sorpresa. —¿Atrasó la boda por tercera ocasión? —Preguntó burlesco, viendo la mirada fulminante que le dirigía la mujer.

—En unos meses. —Se limitó a decir ésta.

—Y me llamas patético. —Se mofó mientras se servía otro trago.

—Al menos él tiene la idea de que se ha acostado conmigo, sin embargo, dudo que Granger te haya permitido alguna vez meter una mano bajo su blusa. —Le devolvió ahora ella, borrando la sonrisa del hombre.

—No es algo que yo quisiera, nuestro rechazo es mutuo. —Le recordó, desde luego que no deseaba a esa sangre sucia y el apenas tocarla le resultaba repulsivo.

—Es por eso por lo que te daré otra tarea más fácil, dada tu incompetencia. —Le dijo mientras tomaba su bolso; él frunció el ceño y la miró desconcertado.

—¿Ah sí? ¿y qué es? —Inquirió mientras la seguía hasta el elevador.

—Deshazte de ella. —Ordenó mientras aplastaba un botón.

—¿Cómo? —La miró sin entender aún.

—Como tú quieras, viva o muerta la quiero lejos. —Añadió con seriedad antes de salir y dejarlo solo. El castaño miró desconcertado como se perdía tras el elevador ¿había escuchado bien? Se preguntó.

—¿Muerta? —Repitió al tiempo que una sonrisa se formaba en sus labios, ese camino lo conocía muy bien y era un trabajo, definitivamente, mucho más fácil que fingir querer a esa sangre sucia. Por otro lado, el darle gusto a Sharon también podría traerle un doble beneficio a él y, solo quizás, la mujer podría considerarlo para algo más y dejar esa estúpida idea de comprometerse con aquel mestizo de Potter. Era una carta que no dudaría en jugar. Caminó hasta su habitación decidido y buscó su celular, yendo directo al directorio. Seleccionó el número y enseguida se comenzó a escuchar como entraba la llamada.

Casa de la familia Granger. —Se escuchó del otro lado de la línea. En ese momento una sonrisa maliciosa se formó en sus labios, ya lo tenía.

̶ │ ̶

La mañana del domingo, Harry era despertado por una Ellen que mostraba un buen humor.

—¡Arriba muchacho! —Decía mientras tocaba su puerta con la fuerza suficiente para despertar a Harry.

—¿Pero qué…? —Intentó decir adormilado, miró costosamente el reloj que se encontraba sobre su buró, eran las nueve de la mañana y hacia apenas unas cuatro horas que se había dormido ¿Cuál era la urgencia de Ellen de que despertara? —Al diablo. —Dijo volviendo a cerrar los ojos, sin embargo, un segundo toque se escuchó.

—Ya es muy tarde, Harry ¡Arriba! —Lo apuró nuevamente, no quería llegar tarde a la fiesta que organizó junto a Hermione. El moreno, resignado a que no tendría una mañana tranquila, decidió levantarse para verificar él mismo qué demonios sucedía.

—¿Por qué tengo que bañarme? —Renegó el menor mientras se quitaba la parte superior del pijama, viendo como la mujer le preparaba la bañera.

—Iremos a un lugar especial. —Le comentó alegre, tocando el agua para verificar que estuviera perfecta para el niño.

—¿Y qué lugar es ese? —Escuchó la voz gruesa y adormilada de Harry detrás de ella.

—Les contaré en el camino. —Aseguró. —Ahora tu… —Dijo señalando al menor. —Terminarás de darte un baño para después tomar el desayuno ¿De acuerdo? —Henry asintió mientras ingresaba en la bañera. —Y tú... —Se dirigió a Harry. —Te arreglarás ese cabello y te quitarás de una buena vez esa barba. —Le ordenó de forma severa. —Sé que hay un joven guapo detrás de toda esa manta desordenada de cabello. —Fue lo último que dijo antes de sacarlo del baño y cerrar la puerta. Harry frunció el ceño sin comprender, ¿Por qué la insistencia de salir? Se preguntó extrañado, sin embargo, optó por hacerle caso, creía que después de todo merecía un momento familiar, aunque sea un día, pensó mientras se dirigía a su habitación aún con el sueño encima. La noche anterior apenas y había podido dormir, pero esta vez no fue por temor a que lo atormentaran aquellos sueños. Luego de aquella idea que brilló en su cabeza, se dirigió al ministerio tomando la forma de Thomas Schlemmer, esto con el fin de encontrar respuestas a aquella marca que había visto en la mano de Hermione. Por lo que una vez estuvo ahí, solicitó una copia de todos los diarios que se imprimieron en los primeros dos años que él desapareció con fines de investigación, llevándose una gran sorpresa al encontrar que en la mayoría de las portadas se mencionaba su nombre, portando títulos como:

"Harry Potter ¿desaparecido?", "la desaparición del niño que vivió", "Salvador del mundo mágico desaparece" y en donde descubrió que varios de sus amigos, incluyendo Hermione había estado buscándolo durante casi dos años, sin embargo, después de un año el diario y el jefe de aurores, lo dieron por desaparecido. Leyó cuidadosamente cada nota, llamándole la atención una específicamente donde hacían mención de dos altercados esa noche de su desaparición, preguntándose ¿Quién fue la otra persona que atacaron? ¿Quién más había sido víctima esa noche además de él? Pensó en Ron, pero negó de inmediato, su amigo se lo habría dicho, entonces la única que quedaba de ahí era Hermione. No estaba seguro aún, pero definitivamente era algo que no debía descartar. Mas ahora considerando que fue la última que se dio por vencida en aquella búsqueda, llevándolo a cuestionarse ¿Por qué? ¿Por qué Hermione estaba marcada? ¿Por qué Hermione lo buscó por tanto tiempo? ¿y por qué diablos lo engañó esa maldita noche? Eran dos versiones de Hermione en donde sólo una coincidía con la que conoció por tanto tiempo ¡Maldita sea! ¿es que se había equivocado con respecto a ella todos estos años? Pensó con frustración ¿Qué pasaría ahora si sus suposiciones eran ciertas? ¿Cómo iba a verla a la cara ahora? ¿Es que acaso sus estúpidos celos lo habían cegado tanto al grado de calificar a la que una vez fue el amor de su vida y su mejor amiga como una mala persona? ¿de qué manera podría saber con certeza todo aquello sin tener que preguntarle directamente? ¿Cómo podía confiar en ella de nuevo? ¿permitiendo que se acercara a él de otra vez? "Un paso a la vez, Harry" se dijo buscando tranquilizarse. Tendría que pensar bien en una buena forma de descubrir aquello, pensó finalmente, decidido a dejar ese tema de lado.

Tan pronto ingresó a su baño se dirigió al espejo, notando como gran parte de su rostro era cubierto por una larga y espesa barba negra, tan larga como la de un viejo anciano; chasqueó los dientes ¿Tan mal se miraba? Frunció el ceño, pasando ahora su mirada verde por su cabello, el cual lucía corto desde la noche del incidente y del que, debía reconocer, Hermione no lo había hecho tan mal, pensaba mientras ladeaba la cabeza ligeramente, viéndose con ojo crítico.

—Quizás Ellen tenga razón. —Se dijo mientras se pasaba una mano por su larga barba, considerando seriamente en remover una buena cantidad, pues ahora con el cabello corto incluso se veía ridículo con esa cantidad de vello en el rostro, recordando como el día anterior que Henry lo vio, le aseguró que ya no se parecía a aquel hombre que recogía la basura por las mañanas. Decidido, tomó su varita y arregló aquel corte de cabello, dejándolo un poco más corto de los lados; después, tomó su máquina para afeitar y se dispuso a remover una gran parte de su larga barba, luego buscó una navaja y removió el exceso en la orilla, dando como resultado una barba más cuidada, aún era un poco espesa, pero definitivamente había terminado con aquella apariencia de viejo, dando una imagen mucho más limpia y joven; posteriormente, se dio un baño y tan pronto terminó, se cambió y bajó a desayunar, deseando que lo que sea que Ellen hubiera planeado, lo distrajera del cumpleaños de Hermione. No, desde luego que no lo había olvidado, lo tenía más presente luego de haber leído esos viejos diarios del profeta, pese a que no la miraría no podía evitar sentirse nervioso y un poco inquieto esa mañana.

—¿A dónde iremos primero? —Preguntaba un curioso Henry mientras tomaba un pedazo de tocino y se lo llevaba a la boca.

—A una florería. —Contestó sonriendo la mujer mientras servía dos platos más.

—¿A una florería? —Soltó desconcertado apenas entró, visiblemente alarmado, pues el hecho de que Ellen se llevara bien con la castaña, sumándole su cumpleaños, el entusiasmo de quererlos hacer lucir bien y ahora la ida a una florería, no eran una buena señal. La mujer y el pequeño se quedaron un poco sorprendidos al verlo, pues definitivamente lucía muy diferente a hacía una hora.

—Vaya... —Dijo sorprendida. —Si que te hacía falta un cambio muchacho. —Agregó esta vez regalándole una sonrisa. Y no mentía, el chico lucía una bonita camisa blanca y pantalones de gabardina beige, combinados con unos zapatos y cinturón cafés que, a los ojos de cualquiera, lo hacia ver muy atractivo.

—¿Por qué iremos a una florería? —Repitió mientras tomaba asiento junto al menor, ignorando su comentario.

—Compraremos un arreglo. —Contestó alegre mientras le pasaba su plato con el desayuno servido.

—¿Para quién? —El niño le había ganado la pregunta al moreno.

—Una amiga. —Respondió, evitando dar una respuesta directa. Harry la escudriñó con su mirada.

—¿Será algo aburrido? —Quiso saber el castaño con cierto fastidio, pues imaginaba alguna anciana con la cual su abuela quisiera pasar la tarde del domingo tomando té y charlando.

—Por el contrario, será muy divertido. —Le aseguró sonriendo.

—¿Cómo se llama "tu amiga"? —Inquirió con sarcasmo el moreno, podía engañar a Henry, pero a él no. Ellen tragó su comida y dejó los cubiertos a un lado, limpiando con cuidado con una servilleta la comisura de sus labios.

—Hermione. —Contestó sin vacilar, enfrentando la dura mirada del oji-verde.

—¡¿Iremos con Hermione?! —Lanzó con ilusión el menor, mostrándose de acuerdo de inmediato.

—Sí, hoy es su cumpleaños y nos invitó. —Le aclaró, viendo con una sonrisa como el menor la miraba con sorpresa, mientras que Harry no le quitaba la mirada seria de encima.

—No recuerdo haber recibido ninguna invitación. —Escupió molesto sin tocar su desayuno.

—Me pidió que no te comentara nada, pues sabía que te negarías. —Le explicó, Henry tan pronto escuchó eso giró de inmediato hacia el moreno.

—¿No iremos? —Preguntó preocupado. —¡Yo quiero ir al cumpleaños de Hermione! —Suplicó el niño, Harry lo regresó a ver dejando de lado su mirada molesta, mostrándose ahora preocupado ¿Qué se supone que haría? Ellen lo había acorralado usando al niño como su arma, pues sabía que no le negaría nada a él.

—Iremos. —Se obligó a decir con disgusto, no pudiendo evitar lanzarle una mirada molesta a la mujer.

Partieron de la casa rumbo a la florería a las once en punto tan pronto terminaron con el desayuno. Ellen escogió una que justamente quedaba de pasada antes de llegar a la casa de los Granger. El local era muy sencillo, a decir verdad, pues lo único que lo hacía resaltar era su color azul cielo y únicamente un arreglo sencillo por fuera en exhibición.

—Puedes estacionarte aquí. —Le indicó, mientras tomaba su bolso.

—¿Puedo acompañarte, abuela? —Preguntó emocionado Henry desde el asiento trasero.

—Desde luego, cariño. —Sonrió. —Ambos me acompañarán. —Agregó lanzándole una mirada al moreno en donde claramente entendió que no estaba en discusión; Harry rodó los ojos y bajó con ellos al local.

—¡Guau! —Soltó con asombro el menor tan pronto entró al lugar, pues había una cantidad enorme de flores preciosas por todos lados.

—¿Verdad que son preciosas? —Dijo Ellen viendo como el niño asentía recorriendo el lugar interesado.

—¿Cuáles compraremos? —Quiso saber inspeccionando unas rosas rojas. La mujer se llevó dos dedos a la barbilla, mirando con cuidado las flores junto al niño.

—No lo sé. —Dijo dudosa. —¿Qué flores le gustarán a Hermione? —Se preguntó en voz alta, lanzándole una sutil indirecta al moreno para que interviniera.

—¿Las rosas? —Escuchó de pronto preguntar a una mujer cerca de ellos, quienes supieron reconocer como una de las trabajadoras. Harry pensó que esas flores no iban con Hermione, es decir, era su cumpleaños no una cita ¿por qué rosas? se preguntó al tiempo que fruncía el ceño.

—Son bonitas. —Dijo Henry, pero enseguida hizo una mueca de inconformidad.

—¿Qué te parecen las margaritas? —Sugirió ahora la trabajadora, solo que esta vez inclinándose hacia el pequeño. Henry hizo un mohín y negó, haciendo sonreír a ambas mujeres. —Eres de gustos exigentes, pequeño. —Comentó divertida, haciendo que el menor se ruborizara y se ocultara detrás de las piernas de Harry.

—Digamos que es para alguien especial. —Añadió Ellen, levantando levemente las cejas en una sutil señal hacia el moreno, quien se encontraba distraído con Henry. La mujer captó de inmediato la indirecta y sonrió.

—Bien, en ese caso necesitaremos a alguien que conozca bien a esa chica ¿qué me dice usted? —Preguntó esta vez al moreno, quien la regresó a ver desconcertado.

—¿Perdón? —La miró incrédulo.

—¿Conoce a la chica? —Harry negó.

—¡Si la conoces! —Corrigió de inmediato Henry al verlo negar. —Dijiste que Hermione fue tu amiga. —Le recordó.

—Si, pero eso fue hace mucho tiempo y... —Trató de justificarse para librarse de aquello.

—Vamos, inténtelo. —Le animó la empleada con una sonrisa, éste la miró dudoso.

—¡Por favor! —Suplicó el menor abrazando sus piernas; el moreno lo miró y soltó un suspiro, resignado ¿tenía otra alternativa? la respuesta fue un no.

—Está bien. —Aceptó, viendo como el menor saltaba alegre. —Pero tú me ayudarás ¿de acuerdo? —Le indicó esta vez de forma cariñosa; el niño asintió gustoso.

—Perfecto, ¿qué les parece si ustedes escogen las flores mientras yo veo el invernadero que tienen acá atrás? —Quiso saber, viendo a ambos hombres aceptar.

—Cuando haya elegido las flores, puede llamarme. —Le ofreció la trabajadora antes de salir detrás de Ellen.

—¿Qué tienes pensado? —Preguntó un curioso Henry mientras caminaba con él por el lugar, observando las flores que tenían de muestra.

—No lo sé. —Reconoció preocupado. —¿Tú tienes alguna idea? —Henry meditó su respuesta y contestó:

—Tiene que ser especial. —Dijo sin más, haciendo sonreír a Harry.

—¿Cómo especial? —Insistió, tratando de que el menor diera una mejor respuesta.

—Hermione es linda. —Agregó, viendo a Harry asentir de acuerdo. Debía reconocerlo, pese a los años, nunca consideró fea a Hermione frente a sus ojos, su belleza era natural, capaz de cautivar a cualquier hombre.

—Y sencilla. —Exacto, linda y sencilla, dos palabras que definían perfectamente a la castaña.

—Pero falta algo más. —Dijo no muy seguro el niño.

—¿Fuerte? —Henry asintió. —Bien, entonces habrá que buscar que flores nos recuerda a eso. —Le explicó mientras observaban mientras caminaban. Pasaron por unos girasoles y ambos negaron en desacuerdo, posteriormente, por aquellas rosas rojas y la respuesta fue la misma, sin embargo, aquellas rosas de un tono rosado pálido llamaron su atención.

—Me gustan estas. —Reconoció. —Son lindas, como ella.

—A mí también ¿qué me dices de estas? —Le preguntó, señalando unas hortensias blancas, por alguna extraña razón a Harry le parecieron adecuadas, le recordaba la manera tan transparente en que solía ser la castaña.

—Son bonitas. —Sonrió. —Pero aún nos falta una. —Le recordó preocupado, Harry observó con cuidado las demás, llamándole la atención un par de tulipanes de un rosa pálido, un poco más fuerte que las anteriores. —¡Sí! —Exclamó gustoso por la elección. Al final, se acercaron nuevamente a la chica, indicándole los tres tipos de flores que llevarían, asimismo, añadiendo que no quería nada ostentoso, sino algo sencillo pero lindo. La chica asintió y quince minutos después regresó con un arreglo mediano, donde sobresalían aquellos tulipanes rosas, mientras que un par de hortensias blancas se posicionaban debajo de estas al lado izquierdo y finalmente, las rosas del lado derecho, puestas en un precioso florero pequeño verde que tenía una forma redonda.

—¿Crees que le gusten a Hermione, abuela? —Preguntó entusiasmado el menor al ver el arreglo terminado.

—Oh, le encantarán, cariño. —Le aseguró con una sonrisa, misma que le dirigió enseguida a Harry, orgullosa de su elección. Harry se rascó la nariz incómodo, ante la mirada de Ellen y la empleada, logrando hacerlas sonreír más. Finalmente, el moreno pagó las flores, dirigiéndose ahora a la casa de los Granger.

Hermione caminaba de un lado a otro por la casa de sus padres, cuidando que todo estuviera perfecto, varios invitados ya habían llegado, a quienes ubicó en el jardín trasero en varias mesas que junto a las chicas habían colocado. Tomó la decisión de levantarse temprano esa mañana para cuidar que nada faltara, además de que tenía un detalle muy importante que explicar: los Weasley. Y no, con ellos no se refería únicamente a Ginny y Ron, sino a Arthur y Molly, además de los gemelos, Bill y Percy, quienes no estaban enterados de absolutamente nada del pasado de Harry. No entró en detalles profundos, pues no solo eran asuntos delicados, también eran temas que el moreno no les había confiado, sabía que los Weasley eran seguros, pero el lazo de confianza que esperaba formar con Harry no debía romperlo, por lo que simplemente, con ayuda de sus amigos, suplicaron no pedir explicaciones de su ausencia, únicamente recibirlo con los brazos abiertos, asimismo, alegres de tenerlo de vuelta. No olvidando también el detalle del pequeño y por el cual se había organizado todo aquello, cuando mencionó a Henry la familia quedó atónita ante la noticia, no esperando que el oji-verde fuera padre ya, aunque el menor no fuera su hijo biológico. Todos aceptaron las indicaciones de Hermione, querían a Harry cerca, tenían que demostrar que estarían con el pese a todo, sin pedir nada, solo querían tenerlo cerca de nuevo como hace siete años. Lamentablemente el único que no estuvo de acuerdo con aquello fue el padre de la castaña.

—Entiendo lo del niño, pero ¿por qué espera que reciba a Harry con los brazos abiertos? Nuestra hija sufrió mucho por su culpa. —Le recordó el señor Granger a su esposa, cuidando que nadie más los escuchara.

—No seas tan duro, de ser como tú lo dices Hermione no estaría haciendo esto. —Contestó mientras llevaba las verduras para las hamburguesas que pronto estarían. Hugh sólo se limitó a bufar con disgusto, pasara lo que pasara, el chico tendría que convencerlo a él de que estaba equivocado, pensó seguro.

—¿Está todo listo? —Preguntó Luna a la castaña al verla bajar con una pequeña bolsa de regalo de super héroe.

—Sí, solo falta uno de los festejados ¿crees que la señora Robert logre convencer a Harry de venir? —No pudo evitar poner una expresión preocupada.

—Oh, desde luego que sí ¡Han llegado! —Anunció Ginny desde la ventana, logrando que los nervios se apoderaran de la castaña.

—¿Todo está listo? ¡Los invitados...! —Decía alarmada.

—Tranquilízate, todo saldrá bien, Herms. —Le aseguró la rubia con una sonrisa; Hermione asintió nerviosa pasándose las manos por su cabello.

Tan pronto se estacionó, Harry reconoció el auto del pelirrojo, extrañándose un poco ante la visita de su amigo, es decir, no dudaba que Hermione lo hubiera invitado, eran amigos después de todo, la cuestión era ¿Ron sabía que lo habían invitado a él? De ser así, quería pensar que se lo hubiera dicho, sin embargo, dado los últimos días, ya no sabía de que lado estaba el pecoso.

—¿Aquí vive Hermione? —Preguntó un curioso Henry al bajar del auto, observando el precioso jardín de los Granger. Harry tuvo un golpe de nostalgia al ver la casa de los padres de la castaña, recordando las veces que fue a visitarla cuando fueron novios. Pero tan pronto caminaron hacia la puerta, el moreno sintió que las manos comenzaban a transpirarle y que en cualquier momento el arreglo resbalaría de sus manos. Ellen tocó el timbre y Harry aguardó nervioso a que abrieran la puerta, solo bastaron un par de segundos para que alguien abriera, siendo recibidos, extrañamente por Ginny.

—Adelante. —Dijo tratando de ocultar su entusiasmo, abriendo más la puerta para que pasaran. Tan pronto cruzaron aquel marco, el silencio golpeó aquella casa y un sorprendido Harry miraba a las personas que se encontraban presentes ¡eran los Weasley! Todos formados mirándolos con una sonrisa, desde los gemelos, hasta Bill y Fleur con su pequeña Victoria, Percy, la señora Weasley, Ron y Ginny, faltando únicamente Charlie dentro de aquella familia de pelirrojos.

—¿Te comieron la lengua los ratones, Harry? —Preguntó Fred con una sonrisa divertida mientras se acercaba a él y le daba un abrazo, a quien el azabache correspondió de forma torpe. Los demás sonrieron y comenzaron a acercarse, saludando y abrazando al moreno como si no hubieran pasado los años, como si aún fuera aquel chico de dieciocho años que miraron por última vez.

—¡Pero mira que apuesto estás, hijo! —Decía una alegre Molly mientras lo tomaba del rostro y lo miraba con cariño. —Que gusto verte de nuevo. —Decía mientras lo abrazaba. Debía reconocer que muy en el fondo le daba gusto volver a ver a toda esa familia, sintiéndose de nuevo como si estuviera en casa. Y por primera vez desde que llegó, buscó la mirada miel de la persona que estaba seguro, estuvo detrás de todo esto. Y la encontró, alejada un poco de ellos, muy cerca de las escaleras, de donde lo miraba tratando de ocultar su sonrisa y emoción. Por un momento, sintió el impulso de ir y agradecerle con un abrazo, pero se contuvo.

—¿Quiénes son ellos? —Escuchó preguntar unos minutos después entre aquel alboroto de risas, llamando la atención de los presentes; Harry sonrió y tomó a Henry en sus brazos.

—Son amigos míos. —Le explicó, viendo como el niño miraba de forma tímida a los presentes. La rubia fue la primera en acercarse al pequeño.

—Mi nombre es Luna, tú debes ser Henry ¿cierto? —Sonrió al ver al niño asentir, aún en los brazos del moreno. —Hermione me ha contado mucho de ti, soy amiga de Harry.

—¡Y futura esposa del tío Ron! —Dijo a lo alto el pelirrojo, logrando hacer reír a los presentes; Luna y Molly estrecharon sus ojos hacia el pecoso, molestas por su comentario.

—¿También eres amiga de Hermione? —Preguntó, viéndola asentir.

—Yo también soy amiga de Harry y Hermione. —Habló ahora Ginny presentándose al menor, ambas chicas estaban encantadas con el niño, comprendiendo ahora porque se había ganado el corazón de inmediato de la castaña.

—Ginny es hermana del tío Ron. —Le explicó Harry. —Y todos ellos son la familia de él también. —Señaló.

—¡¿Todos ellos?! —Soltó muy sorprendido abriendo sus ojos, pues jamás había conocido a una familia tan numerosa; los Weasley sonrieron divertidos ante la expresión del menor. —¿También son amigos del tío Draco? —Quiso saber, esta vez dirigiéndose a Harry quien sonrió con vacilación; los presentes guardaron silencio, mirándose incómodos sin saber que contestar.

—Conocidos. —Optó por decir el Slytherin, rompiendo con aquel silencio.

—¿Por qué le dice tío al hurón? —Inquirió a lo bajo Ginny a Luna, ofendida porque Malfoy llevara un título tan importante y ellas no. Hermione observaba complacida como todos recibían alegre al moreno y al niño.

—Me alegra que los hayas traído. —Comentó por lo bajo Ellen a la castaña, pues desde que conoció a Harry, Ron y ella no habían podido hacer que el moreno visitara de nuevo a sus viejos amigos y familia, sin embargo, Hermione supo poner una buena trampa para él, descartando cualquier molestia por parte del moreno al ver como reía con sus amigos. —Por cierto, linda, feliz cumpleaños. —Recordó, dándole un cálido abrazo a la chica, mismo que llamó la atención del pequeño y por ende de Harry.

—¡Hermione! —Soltó el niño, bajando de prisa de los brazos del moreno y corriendo al encuentro con la oji-miel en un abrazo efusivo que solo hizo sonreír a la castaña. —La abuela nos dijo que hoy es tu cumpleaños. —Dijo alegre. —¡Te hemos comprado un regalo! —Anunció emocionado, capturando la atención de los demás.

—¿De verdad? —Preguntó con fingida sorpresa, pero sin dejar de sonreír; el pequeño asintió y se dirigió a su padre.

—Dáselo Harry. —Pidió, el moreno tomó aquel arreglo que había dejado sobre una pequeña mesa de madera luego del recibimiento de los Weasley y se acercó a la castaña. Harry carraspeó incómodo y le entregó las flores...

—Feliz cumpleaños. —Dijo muy formal, tratando de no aparentar ninguna emoción. No hubo abrazos por parte de ninguno, pero sus amigos sabían que el gesto definitivamente valía mucho dadas las circunstancias en las que ambos se encontraban.

—Gracias. —Se limitó a decir en tono bajo y con un leve tono rosado en sus mejillas.

—Harry las escogió para ti. —Agregó de pronto el niño, desconcertando a la pareja. Ellen rio por lo bajo divertida, adoraba a ese niño por seguirle el juego en todo, una simple instrucción y él fielmente lo hacía.

—Esto... yo... —Trató de decir, sintiéndose de pronto nervioso ¿por qué el niño había dicho eso? se preguntó, rogando porque su rostro no estuviera del color de un tomate y no delatara lo vergonzoso que le resultaba aquello.

—Descuida. —Le interrumpió ahora en tono divertido la oji-miel; Harry asintió con torpeza, deseando que la tierra se lo tragara en ese mismo instante. —Son preciosas, Henry. —Dijo esta vez dirigiéndose al pequeño. —Pero yo también tengo un regalo para ti. —Le hizo saber, ganándose la mirada de desconcierto de Harry y el niño. Ron fue el primero en acercarse tan pronto la castaña lo dijo, pero esta vez llevando una pequeña bolsa de regalo con un super héroe dibujado en ella.

—Espero que te guste, enano. —Le dijo el pecoso al tiempo que le entregaba el regalo a la castaña y le revolvía el cabello al menor.

—Alguien me dijo que cumplías años mañana. —Le explicó, extendiéndole la bolsa. El niño miró boquiabierto el regalo, luego regresó a ver a Harry, quien los observaba de brazos cruzados, curioso por saber que contendría aquella bolsa, pero sobre todo quien le había comentado del cumpleaños del niño. El moreno asintió, dándole a entender con ese simple gesto que podía abrirlo. Emocionado y sin poder ocultar su sonrisa, Henry observó lo que había dentro, abriendo la boca aún más al saber lo que era...

—¡Guau! —Soltó emocionado y con los ojos desorbitados al tiempo que sacaba un pequeño traje de su super héroe favorito. —Mira Harry ¡Es del hombre araña! —Decía emocionado. —¡Y trae su máscara! —Hermione sonrió feliz al saber que le había gustado. —¿Puedo ponérmelo? —Le preguntó a Harry sin borrar su sonrisa del rostro; el moreno soltó un suspiro y asintió. Diez minutos después el niño bajaba extasiado de una de las habitaciones de los Granger acompañado por Hermione. —¡Puedo tirar telaraña! —Exclamó corriendo hacia el moreno, quien se colocó a su altura.

—¿En serio? ¿cómo funciona? —Quiso saber fingiendo interés, viendo al niño vestido con su traje de super héroe. Henry le mostró dos pequeños botes de spray que el traje contenía y donde se colocaba en la muñeca y que con un simple botón permitía lanzar una larga tira de espuma, simulando la telaraña. —¿Ya le disté las gracias a Hermione? —Preguntó serio, el menor asintió y le sonrió a la oji-miel. Sin embargo, cierto alboroto en el jardín trasero llamó la atención de Harry, mirando a Hermione con desconcierto, quien solo se limitó a sonreír con vacilación.

—Y hay algo más... —Anunció nerviosa mientras se dirigía a la puerta que conectaba al jardín trasero de sus padres. El moreno se incorporó y caminó detrás del niño hacia la puerta.

—¿Pero que...? —Apenas logró decir al ver una brincolina y varias mesas con globos, adornada con la temática del hombre araña, conocía a la mayoría de los invitados, eran los padres de los compañeros de escuela de Henry.

—¡Miren, ahí está Henry! —Gritó un niño, acercándose de inmediato al menor. —¡Nos faltabas tú, corre! —Pidió, animándolo a seguirlo hacia la brincolina con sus amigos, dejando atrás a un atónito Harry.

—Quita esa cara hermano. —Decía el pecoso, mientras le daba unas palmadas en la espalda al tiempo que salía con un plato que contenía carne cruda para las hamburguesas, listas para lanzarlas al asador.

—Te ha quedado precioso. —Reconoció Ellen al lado del moreno, mirando feliz como Henry corría detrás de sus amigos. Harry la observó dirigirse a la madre de la castaña y presentarse ¿qué diablos había sido todo eso? se preguntó confundido, se supone que la fiesta era de Hermione, no de Henry ¿quién le pidió armar todo aquello?

—¿Estás molesto? —Preguntó temerosa al verlo con expresión seria.

—Hablaremos más tarde. —Le advirtió con mesura, dirigiéndose hacia Malfoy. Hermione suspiró con cansancio, no todo podía salir perfecto después de todo ¿no? solo rogaba que no durara mucho tiempo, pensó mientras se acercaba a Ron.

—¿Se molestó? —Preguntó tan pronto la vio acercarse con expresión preocupada.

—No lo sé, parece que sí. —Contestó nerviosa. Ron tomó un par de piezas de carne y las colocó en la parrilla, luego se giró a la castaña.

—Dale tiempo de asimilar todo esto, él no se molestará por nada que haga feliz a Henry. —Le aseguró, reconfortando un poco a su amiga.

—Eso espero. —Murmuró preocupada, viéndolo de lejos convivir con Malfoy, apartados de todos. Tomándose el tiempo para observarlo con cuidado, habían sido pocas las veces que lo había visto con ropa casual, lejos de aquel traje de oficina con el que solía vestir en el trabajo. Debía reconocer que lucía más fresco que la última vez que se vieron, incluso más pulcro ahora que había removido gran parte de su larga barba y con el cabello igual de desordenado, solo que ligeramente más corto. Suspiró, cuanto había cambiado a la última vez que se habían visto, no quedaba rastro de aquel niño que conoció en el expreso de Hogwarts, ahora era un hombre que, a sus ojos, y estaba segura de que no era la única que lo pensaba, era guapísimo. Nunca fue lo suficientemente alto, pero si más que ella, aun así, su personalidad imponía con aquella mirada esmeralda que podía hipnotizar a cualquiera. Nuevamente lamentaba que las cosas hayan terminado así entre ellos, pensó con tristeza.

Por otro lado, Harry caminaba con expresión seria hacia el rubio, con la esperanza de poder descargar su disgusto de esto con alguien con quien no tuviera que fingir o sonreír forzadamente.

—Una sonrisa no te caería mal, Potter. —Le comentó divertido el Slytherin, pasándole un pequeño vaso con ponche, Harry lo bebió todo de un solo trago, deseando que fuera un whisky o algo más fuerte.

—No es divertido. —Masculló molesto, dejando el vaso de lado y mirando de brazos cruzados a los invitados convivir armoniosamente.

—¿Qué es lo que te molesta tanto? —Preguntó, pues ciertamente no veía nada de malo en todo aquello.

—¡Esto! —Escupió irritado. —Quiero decir ¿Por qué lo hace? Nadie se lo pidió y…

—¿Quieres decir que te molesta que Granger sea amable contigo? —Inquirió incrédulo, viendo como el moreno apretaba sus labios, molesto.

—¿Desde cuándo te cae bien? —Lanzó enojado porque ahora se pusiera de su parte, pues había recurrido con él para poder desahogarse, no para que le dieran otro sermón.

—Un momento… —Lo detuvo. —Que no quiera a Granger involucrada en los asuntos del ministerio es una cosa. —Le aclaró serio. —Esto por otro lado es diferente, nada tiene que ver. Además, a Henry le ha gustado. —Le indicó, señalando a lo lejos al niño, quien jugaba alegre con sus compañeros y amiguitos de la escuela. Harry observó al niño jugar, podía escuchar sus risas y la alegría con que corría de un lado a otro ¿valía la pena molestarse por eso? Se preguntó preocupado. Desde luego que no, ¿entonces por qué le molestaba? Hermione solo estaba intentando ser amable ¿tan difícil era aceptarlo y disfrutarlo? ¿Tanta era su desconfianza que no podía siquiera recibir un trato amable de los demás? Se decía abatido. No había planeado nada para el cumpleaños del menor, lo reconocía, lo único que se le ocurrió es hacer un viaje a una cabaña que le había prometido hace años, esperando que ese regalo le gustara el niño, pero lamentablemente no había podido encontrar una fecha que le permitiera viajar, pues su trabajo lo estaba absorbiendo peor que otras veces. En el fondo, agradecía aquel gesto para con el menor de parte de la oji-miel, pero por ningún motivo dejaría que ella corriera con todos los gastos, le pagaría hasta el último centavo. Se pasó una mano por su espesa barba negra, tratando de calmarse y buscar el lado positivo a todo aquello, sin darse cuenta de que Malfoy lo había dejado solo hacía unos minutos, viendo únicamente a lo lejos a Hermione acercarse a él con paso dudoso. Él la esperó, después de todo, tendrían que hablar tarde o temprano y que mejor que ahora que se encontraba solo y un poco alejado de los demás, pensó serio al verla caminar. Automáticamente un suspiro escapó de sus labios al observarla con detenimiento, no se había equivocado con las flores después de todo, pensó al verla con aquella blusa de rayas blancas y azules, la cual no tenía mangas, mostrando la piel blanca de sus brazos; en la parte inferior, un precioso encaje azul con forma de flores adornaba la blusa, la cual era acompañado por un ajustado pantalón de mezclilla blanca resaltando aún más sus bellas curvas, mientras que sus pies lucían unas zapatillas de plataforma color beige y una parte de sus rizos castaños eran tomados por un delicado broche, permitiendo ver aquel rostro con mayor detalle, el cual no lucía un maquillaje exagerado, haciéndola ver natural y fresca.

—¿Tienes un minuto? —Pidió dudosa al llegar y verlo observarla con seriedad con las manos en los bolsillos de su pantalón; él asintió y regresó su vista hacia donde Henry jugaba.

—¿Por qué no me lo dijiste? —Preguntó en tono neutral, pero manteniendo su rostro serio.

—¿Habrías aceptado de habértelo dicho? —Le cuestionó, viéndolo tomar una bocanada de aire y negar. —Escucha… —Agregó al ver que la interrumpiría. —Si hice esto fue porque sé lo que Henry significa para ti. —Le aclaró. —También que ambos trabajos te tienen saturados. —Harry bajó el rostro levemente, dándole la razón a la castaña. Ambos vieron a Henry acercarse a ellos, pidiendo un poco de ponche, agitado de tanto correr con sus amigos. El pequeño bebió todo rápidamente, se colocó su máscara nuevamente y se fue con un grupo de niños. El moreno y la castaña guardaron silencio, limitándose únicamente a mirar al menor un par de minutos.

—Gracias. —Habló al fin sin apartar su mirada verde de Henry, Hermione sonrió de medio lado. —Lamento lo del otro día. —Agregó, sorprendiendo a la castaña por lo que acababa de decir. —No quise reaccionar así, es solo que… —Se pasó una mano por su cabello alborotado, buscando las palabras adecuadas.

—¿Me contarás qué fue lo que sucedió? —Se atrevió a preguntar, viéndolo negar.

—No, aún no. No estoy listo. —Declaró serio y Hermione asintió, comprendiendo.

Mientras tanto el grupo de amigos observaba a lo lejos a la pareja, rogando porque todo saliera bien en aquella charla.

—Se ve tranquilo. —Comentó Luna tomando un vaso de ponche de forma distraída.

—Estuvo molesto. —Les hizo saber el rubio mientras terminaba de preparar una hamburguesa; Ron, Luna y Ginny lo voltearon a ver interesados. —Le dije obviamente que estaba exagerando las cosas. —Los tranquilizó.

—Solo es una fiesta ¿Qué de malo tiene eso? —Les cuestionó Ginny extendiéndole el plato a su hermano para que le colocara un trozo de carne con queso en su pan.

—¿Por qué están hablando en grupito? —Escucharon preguntar detrás de ellos a uno de los gemelos.

—Nosotros también queremos saber. —Dijo Fred, logrando que todos voltearan hacia ellos. Draco mordió su comida, evadiendo dar una respuesta con esa excusa. Luna bebió de su ponche, mientras que Ginny corrió hacia la mesa de postres, dejando a Ron solo con aquella pregunta flotando en el aire.

—¿Tienen hambre? —Preguntó, tratando de silbar y esquivar a sus hermanos; Fred y George estrecharon sus ojos hacia él, sabían que algo les ocultaban.

—Te estaremos vigilando, hermanito. —Le advirtió George al tiempo que recibía un trozo de carne de un nervioso Ron.

—Eso estuvo cerca. —Declaró la Ravenclaw aliviada al ver a los gemelos alegarse.

—Saben que algo les ocultamos. —Le hizo saber mientras le ofrecía un plato con una hamburguesa.

—¿Desde cuando eres parrillero? —Preguntó con gracia al recibir el plato; Ron frunció el ceño al tiempo que cruzaba los brazos.

—Y no has visto nada. —Le aseguró engreído. —Aunque esta vez hubiera preferido comprar la carne yo mismo. —Le aclaró con lamento. —Si gustas puedes venir un día a… —Pero se vio interrumpido por el móvil de Luna, viéndola sonreír tan pronto vio la pantalla de su celular. —¿Sucede algo? —Preguntó serio, ya había visto esa sonrisa anteriormente.

—Vuelvo en un minuto. —Dijo mientras se dirigía adentro de la casa. El pelirrojo regresó su mirada de nuevo a la parrilla y volteó las últimas piezas de carne, mirando de vez en cuando la entrada trasera de la casa, esperando que Luna regresara. Y lo hizo, aunque lamentablemente no como él esperaba, pues regresó tomada de la mano de un chico alto, delgado y castaño que sonreía mientras parecía contarle algo. Caminaron juntos hasta una de las mesas más alejadas en donde casi no se oía el bullicio de los niños, Ron observaba la escena, serio; apretó la espátula que sostenía en ese momento ¿era él? ¿ese sujeto era su novio? Se preguntó molesto, ignorando que sus nudillos comenzaban a dolerle por la fuerza que ejercía en ellos. Mientras tanto, Ginny charlaba alegre con su madre, relajándose un poco al ver a Harry y Hermione hablar con normalidad sin armar ningún alboroto, sin embargo, su sonrisa se borró tan pronto vio a Luna pasar con Frank tomada de la mano, justo al lado de su hermano y quien por supuesto, había presenciado todo aquello. No necesitó pensarlo dos veces y se incorporó de la silla, buscó a los gemelos por todos lados, pero no los encontró, viendo únicamente a Malfoy cerca, suplicando porque él fuera suficiente para calmar al grandulón de Ronald.

—¡Ven conmigo! —Apenas logró entender cuando la pecosa lo tomó del brazo con dirección a Ron.

—¿Pero…?

—A Luna se le ocurrió traer a Frank a la fiesta. —Decía mientras esquivaban a una señora y un par de niños.

—¿Y a mí qué diablos me importa a quien haya traído Lovegood? —Le hizo saber molesto, pero sin dejar de caminar; Ginny se detuvo y lo regresó a ver.

—Es su novio. —Draco levantó las cejas con sorpresa, viendo como la pareja se daba un beso cariñoso en los labios, dirigiendo su mirada rápidamente a la única cabellera pelirroja que se encontraba cerca de la parrilla.

—Apresúrate. —Dijo enseguida al saber lo que se aproximaba. Ron miró con los ojos desorbitados aquella escena ¿había visto bien? ¿la había besado?

—¿Me dará mi hamburguesa? —Preguntó un niño, quien tenía minutos esperando que Ron se la diera, pero éste no había movido ni un solo músculo. El pecoso ignoró la pregunta del pequeño y comenzó a quitarse el delantal blanco que usaba con brusquedad ¡Le iba a partir la cara a ese imbécil! Pensó dejando aquel pedazo de tela a un lado.

—¡Ni siquiera lo intentes! —Le advirtió su hermana interponiéndose entre su hermano.

—¡Tú lo sabías! —Lanzó indignado. —¿Qué pretende Luna con esto? —Preguntó enojado esquivándola, siendo detenido de inmediato por Malfoy, quien lo obligó a regresar hacia ellos.

—Disculpe ¿usted puede darme una hamburguesa? —Volvió a preguntar el menor de nuevo, pero esta vez dirigiéndose a Ginny. La pecosa asintió y se la entregó rápidamente para que se alejara de ahí.

—Tienes que tranquilizarte, Ron. —Le pidió seria.

—¡De ninguna manera voy a…! —Pero el Slytherin lo ingresó a la casa irritado de un empujón con la menor de los Weasley detrás de él.

—Deja de comportarte como un adolescente, Weasley. —Lo reprendió el rubio molesto, sellando la puerta y silenciándola para poder hablar con más comodidad aprovechando que no había nadie.

—¿Por qué diablos lo invitó? —Se cuestionó caminando de un lado para otro como león enjaulado.

—¡Merlín, compórtate! —Soltó irritada su hermana. —Ni siquiera has tratado a Frank y…

—Con que así se llama ese idiota. —Dijo haciendo una mueca.

—Oye, nos costó mucho trabajo hacer todo esto como para que tú lo arruines con tus estúpidos celos. —Le recordó con mesura Ginny mirándolo con desaprobación.

—Debí suponer que Luna haría una estupidez como esta ¿cree que yo no puedo jugar sucio? —Decía pasándose una mano por sus cabellos rojos.

—Escucha ¿o te comportas o Malfoy se encargará de sacarte de aquí así sea arrastrando? —Le advirtió airada, Ron miró al rubio.

—Yo no tengo ningún problema. —Le aseguró con tranquilidad. —Ya comí y estoy satisfecho. —Mencionó mientras tomaba una silla del comedor de los Granger y se sentaba con despreocupación. —Aunque me hubiera gustado haber probado el pastel y un par de dulces. —Agregó con simpleza, haciendo al pecoso tomar en serio el comentario de su hermana.

—¿Podrás tranquilizarte? —Quiso saber la chica; Ron tomó una gran bocanada de aire y asintió, pese a que estaba en desacuerdo.

—Lo intentaré.

—Estaré con mi madre y tú te asegurarás de que no haga ninguna estupidez allá afuera ¿entendiste? —Dijo esta vez Ginny dirigiéndose al rubio; quien frunció el ceño, molesto.

—¿Desde cuándo soy la niñera de tu hermano? —Espetó en desacuerdo Draco.

—¡Yo no necesito ninguna niñera! —Protestó ofendido su hermano.

—¡No está en discusión! —Exclamó lanzándole una mirada de advertencia a cada uno. —Ahora… —Respiró hondo, buscando la compostura de hacía unos minutos. —Fuera. —Señaló mientras abría la puerta. Ambos hombres rodaron los ojos y salieron de nuevo al jardín trasero de los Granger.

Ellen había perdido la cuenta de cuantas veces había removido las papas fritas que quedaron de la hamburguesa que la ofrecieron, moviéndose incómoda en aquella silla, pues casi desde que llegó al jardín, Molly Weasley no dejaba de verla con ojo crítico, temiendo que la mujer la conociera, pues su mirada no indicaba otra cosa más que sospecha ¿sabría la señora Weasley quien era ella en verdad? se preguntó con temor, fingiendo sonreír a una de las madres de los pequeños que pasó junto a su mesa y la saludó. Para su fortuna Harry caminaba a su mesa con paso tranquilo luego de haber terminado la charla con la castaña.

—Jamás lo había visto sonreír tanto. —Le comentó la mujer tan pronto tomó asiento junto a ella, observando a Henry jugar con sus amigos; el moreno asintió.

—Tu planeaste esto con Hermione ¿cierto? —Preguntó, sin embargo, no notó rastros de molestia en su voz.

—Y salió maravilloso. —Respondió sonriendo, confirmando las sospechas del moreno.

—Debiste comentármelo. —Agregó serio, viendo como Ellen negaba tranquila.

—Aunque hubieras querido, no hubieras tenido tiempo de involucrarte en esto. —Le recordó, viéndolo asentir con cansancio. —¿Hablaste con ella? —Inquirió, señalando con la mirada a la oji-miel.

—Sí. —Contestó. —Y descuida, le di las gracias. —Agregó al verla objetar; Ellen sonrió gustosa.

—¿A dónde fuiste? —Preguntó su madre tan pronto Ginny regresó a la mesa con sus padres y hermanos.

—Tenía que resolver un pequeño problema. —Se limitó a decir, echándole un vistazo a Ron. —¿Estás cómoda? —Molly asintió.

—Aunque me hubiera gustado que Harry estuviera con nosotros. —Le hizo saber, mirando de nuevo a aquella mujer con quien se encontraba el chico.

—Dale tiempo, mamá. —Dijo observándolo también.

—¿Quién es la mujer que está con él? —Preguntó curiosa, tenía rato que quería hacerle esa pregunta.

—Es la señora Robert. No sé mucho de ella, a decir verdad. —Reconoció. —Solo sé que es como una especie de abuela o madre para Harry. —Le explicó. —Hermione dice que es buena persona y que jamás estuvo de acuerdo con él cuándo decidió alejarse de todos nosotros. —Añadió, la señora Weasley escudriñó con la mirada a Ellen.

—¿Es bruja? —Ginny negó. —¿Estás segura? —Su hija la miró desconcertada ¿por qué su madre tenía esa sospecha? se preguntó, regresando a ver a la mujer con expresión seria.

—¿La conoces? —Le cuestionó con sorpresa. La señora Weasley estaba segura de que la había visto antes, pero ¿en dónde? su nombre le sonó familiar, pero su cerebro no lograba conectar nada. Regresó su mirada a su hija y le regaló una sonrisa despreocupada.

—No me hagas caso, cariño. —Dijo fingiendo no darle importancia. —Seguro estoy confundida. —Ginny asintió, no creyendo del todo que eso fuera cierto.

Hermione regresó al interior de su casa por más ponche para los padres de familia de los pequeños, jamás imaginó que una fiesta de cumpleaños para un niño resultara tan ajetreada, pensó mientras se dirigía a la cocina, encontrándose con su padre ahí.

—¿Cansada? —Se burló el señor Granger al verla cargar con la ponchera vacía.

—Un poco. —Reconoció, dejando aquella pieza de vidrio sobre la encimera.

—Déjame ayudarte. —Se ofreció el hombre, buscando aquella jarra que contenía más ponche en la nevera.

—¿Por qué estás adentro? —Preguntó curiosa, pues tenía rato que no lo miraba afuera; su padre sonrió.

—Estoy esperando tu sorpresa, también es tu cumpleaños ¿lo olvidaste? —Le recordó burlesco, consiguiendo que su hija frunciera el ceño extrañada.

—¿De qué sorpresa hablas? —Preguntó divertida, sonriendo, pero curiosa por saber que traía entre manos su padre. De pronto, el timbre de la casa se hizo escuchar...

—Y creo que ya está aquí. —Dijo emocionado viendo su reloj de mano. El señor Granger se dirigió a la entrada con Hermione siguiéndolo ¿a quién había invitado? se preguntó desconcertada.

—¡Feliz cumpleaños! —Soltó su padre alegre al abrir la puerta, dejando a la vista a un hombre alto y castaño con un enorme ramo de rosas, quien tenía dibujada una sonrisa coqueta en los labios, era Ben. Hermione sintió como la sangre abandonaba su cuerpo, dejándola de una pieza y con el rostro pálido ¿qué hacía Ben ahí? se preguntó alarmada. —Marcó esta mañana buscándote y le di nuestra dirección para que viniera a la fiesta. —Le explicó su padre un poco extrañado al ver que su hija no reaccionaba.

—¿Cu-cuándo llegaste? —Logró preguntar nerviosa.

—Ayer por la noche. —Contestó acercándose a ella con las flores. —Te ves preciosa. —Alagó, acercando su rostro al de ella para besarla, pero Hermione lo esquivó, logrando que sus labios tocaran su mejilla; la castaña carraspeó incómoda.

—Gracias. —Dijo de forma rápida, tomando el ramo para dejarlo sobre la mesa, buscando una excusa para alejarse de él. La sonrisa de Ben se volvió amarga tan pronto la vio alejarse, así que optó por dirigirse al padre de la oji-miel.

—Siento no presentarme. —Recordó. —Ben. —Sonrió falsamente estirando la mano hacia el hombre, quien la recibió con gusto.

—Por fin tengo el gusto de conocerte, muchacho. —Sonrió apretando su mano. Hermione no podía creer lo que estaba viendo ¿por qué justo ahora? se preguntó preocupada. Hacia un par de semanas que ella había dado por terminada aquella relación con Ben, más nunca se lo hizo saber a su padre, ahora tenía a Harry, la persona que amaba y a quien le estaba costando trabajo ganarse su confianza, en la misma casa con Ben ¿cuándo las cosas se habían complicado tanto? justo cuando creyó haber dado un paso importante con el moreno, el castaño se aparecía de nuevo.

—Papá. —Llamó de pronto su hija con los brazos cruzados. —¿Podemos hablar un momento? —Pidió seria señalando el segundo piso con una de sus manos; el hombre borró su sonrisa y la miró preocupado, asintiendo. —Danos un minuto. —Agregó ahora dirigiéndose a Ben, quien aceptó sin tomarle importancia.

—¿Qué sucede? creí que te daría gusto ver a tu novio. —Dijo su padre confundido al verla tan seria y hasta preocupada.

—¡¿Qué sucede?! —Repitió alterada, cuidando no alzar su voz demasiado. —¡Has traído a Ben, papá! —Enfatizó alarmada.

—¿Y qué hay de malo en eso? es tu novio...

—¡No! —Le cortó molesta. —¡No somos novios! —Le aclaró, su padre la miró con sorpresa. —Y por si fuera poco lo has traído cuando Harry está aquí... —El señor Granger frunció el ceño molesto.

—¿Ese es el problema? —La interrumpió serio. —¿Te preocupa que pensará Harry? —Le cuestionó, viendo como su hija fruncía su frente preocupada. —¡Él se fue, te dejó! —Le recodó enojado. —¿Ya olvidaste todo el sufrimiento que te causó? —Hermione negó.

—Es diferente, papá... —Trató de explicarle al ver que su padre tomaba un rumbo que consideraba privado.

—Me importa poco que piensa ese muchacho, aquí hace tiempo que perdió su lugar. —Declaró con mesura. —Acepté todo esto por ti, incluso me pareció lindo tu gesto hacia el pequeño, pero no esperes que reciba a Harry como si nada hubiera pasado. —Le aclaró enojado, el moreno había perdido todo el respeto que antes le tuvo, pues nada, absolutamente nada, pagaría todas las noches de llanto que le causó a su hija años pasados luego de su partida.

—No lo entiendes, papá... —Dijo cansada, la historia era larga y no podía explicársela a su padre, preocupándole el hecho de que tomara represalias contra el moreno, consolándole el hecho de que su madre no pensara así. Su padre tomó una gran bocanada de aire y exhaló con brusquedad, sin darse cuenta de que aquel chico que dejaron en la estancia decidía salir al jardín trasero y echar un vistazo.

—¿Qué es toda esta porquería? —Se preguntó en tono bajo al salir y encontrar una fiesta al estilo muggle con una temática infantil ¿A quién le estaban festejando? Quiso saber serio al tiempo que se acercaba al asador para comer algo. Ron, ajeno al sujeto que estaba detrás de él, mantenía la vista fija en aquella pareja que se encontraba a unos metros, de ninguna manera permitiría que Luna se fuera de ahí sin hablar con él.

—¡Oye tú! —Escuchó una voz tras él hablarle de manera poco delicada; el pecoso frunció el ceño y giró hacia el hombre. —Dame un poco de lo que sea que estés cocinando. —Le ordenó con tono despectivo. Ron hizo una mueca de disgusto y le pasó una hamburguesa. —¿Qué es esta porquería? —Soltó tan pronto se la dieron, quitando la pieza de pan de arriba para observarla.

—Se llaman hamburguesas. —Le aclaró irritado el pelirrojo. Ben hizo una mueca de asco, sin embargo, tan pronto divisó una cabellera rubia familiar, una sonrisa divertida se formó en sus labios ¡Al fin algo de diversión! Pensó mientras caminaba a la mesa de Luna, ignorando lo que sea que le haya dicho el pecoso.

—De acuerdo, debo reconocerlo. —Decía un sonriente Draco al llegar junto a Ron. —Te has lucido comadreja. —Reconoció mientras dejaba su plato en la mesa que se encontraba más cerca, sin embargo, Ron no lo escuchó por estar observando hacía que mesa se dirigía aquel castaño.

—¡Maldita sea! —Masculló enojado al ver que se sentaba junto a Luna.

—¿Que sucede? —Preguntó curioso el rubio, imaginándose que número sería el beso que Luna se dio con su novio.

—¿Quién diablos es este idiota? —Soltó enojado señalando la mesa de la rubia; el Slytherin frunció el ceño al ver a un hombre sonreírle a Luna.

—No lo sé, pero al parecer a Lovegood no parece agradarle. —Contestó viendo como la sonrisa de la chica desaparecía.

—Da igual lo que haya dicho Ginny, iré a sacar a Luna de ahí. —Se dijo con decisión quitándose de nuevo el delantal.

—¿Podrías tratar de controlar tus celos absurdos? —Pidió fastidiado Malfoy. —En lugar de hacer una escenita, pregúntale a tu hermana quien es. —Sugirió al verla acercarse.

—¿Y ahora qué demonios sucede? —Preguntó ésta al llegar con expresión molesta. —Mamá me está preguntando qué sucede contigo. —Le hizo saber al recordar como desde su mesa, Molly lo observó discutir.

—Con gusto. —Respondió mordaz, dejando su espátula de lado. —Quieres explicarme ¿Quién demonios es ese sujeto? —Le exigió de brazos cruzados su hermano; Ginny giró hacia la mesa de su amiga confundida.

—Esto no puede estar pasando... —Logró decir perpleja al ver a Ben ahí. Draco y Ron la miraron sin entender.

—¿A qué te refieres con...?

—¿En qué diablos estaba pensando Hermione cuando decidió invitar a su estúpido novio estando Harry aquí? —Soltó irritada, perdiéndose la cara de asombro de ambos chicos.

Por otro lado, a unos metros de ellos, Luna mantenía una charla con su novio, luego de no verlo casi en un mes.

—¿Por qué la fiesta de Hermione tiene temática del hombre araña? —Preguntó curioso Frank, viendo los detalles de la fiesta.

—En realidad estamos festejando dos cumpleaños. —Le aclaró. —¿Ves a ese niño que esta allá? —Señaló al pequeño que únicamente vestía con el traje del personaje; Frank asintió. —Se llama Henry. Dado que él cumple años mañana, Hermione pensó que sería buena idea festejarse juntos hoy. —Le explicó, viendo como el menor corría con sus amiguitos.

—Es un lindo gesto de Hermione. —Reconoció. —Pero dejemos de hablar de eso. —Pidió sonriendo, girándose de nuevo hacia ella. —¿Qué tal te trata Londres? —Quiso saber entusiasmado, escuchándola; Luna sonrió esta vez.

—¡Genial! Nuestro departamento, pese a que es más pequeño que el anterior, es estupendo. —Decía mientras tomaba su mano a través de la mesa; ignorando por completo a un pelirrojo molesto que se encontraba cerca de ellos. —Tuve un trabajo, pero decidí dejarlo… —Vaciló un poco al recordar por qué.

—¿Y cuál fue la razón porque lo dejaste? —La miró confundido.

—Pagaban muy mal. —Mintió. —Pero ¿Qué me dices de ti? ¿Todo bien en tu trabajo? —El joven sonrió nuevamente e inspiró hondo, emocionado.

—De hecho, hay algo que quiero decirte. —Contestó un poco nervioso; la rubia lo miró curiosa.

—¿Son buenas noticias? —Se atrevió a preguntar al ver como éste intentaba mantenerse sereno.

—Habrá un pequeño cambio en mi trabajo. —Comenzó cuidadosamente; su novia lo miró sin entender.

—¿A qué te refieres? ¿Te despidieron? —Soltó preocupada, viéndolo negar.

—No, no, nada de eso. —La tranquilizó. —Acaban de promoverme. —Añadió, viendo a Luna mirarlo sorprendida.

—¡Eso es estupendo! ¿A dónde te promovieron? —El chico tomó sus manos con fuerza y la miró a los ojos.

—¡África! —Soltó eufórico. La sonrisa de la rubia se congeló.

—¿África? —Repitió tratando de mantener aún su entusiasmo.

—¿No es genial? Pero espera, esa no es la mejor parte… —Decía emocionado. —¡Me ofrecí como voluntario en un santuario! —El joven esperó la reacción alegre de su novia, pero ésta solo atinó a sonreír forzadamente.

—Eso… es estupendo. —Trató de decir alegre.

—¡Lo sé! Estaré un par de meses en el zoológico y después doce semanas en el santuario ¡Cielos, aún no lo creo! —Le decía sin poder ocultar su felicidad.

—Vaya… eso es… bastante tiempo. —Reflexionó.

—Estaré en contacto con varios animales silvestres, desde jirafas, elefantes, cebras ¡Leones! —Hablaba contento el joven.

—Suena genial. —Murmuró un poco abatida.

—Mira nada más que tenemos aquí. —Escuchó de pronto una voz conocida detrás de ella; Luna, obligándose a dejar de lado aquella conversación con su novio, giró. —La insufrible y loca Lovegood. —Se burló aquel hombre tomando una silla y sentándose junto a ella sin molestarse en preguntar si estaba ocupado, ignorando la cara de sorpresa de la rubia.

—¿Qué tal Rusell? —Saludó un poco formal Frank, a lo cual Ben lo ignoró.

—¿Qué diablos haces aquí? —Preguntó con brusquedad la oji-azul, cambiando su expresión.

—Festejar el cumpleaños de mi novia ¿no es obvio? —Contestó con una sonrisa burlesca mientras tomaba una papa frita del plato que se encontraba más cerca de la rubia. —Digo, si a eso se le puede llamar fiesta. —Añadió con fastidio, dándole una rápida mirada a la fiesta.

—Ella no te invitó. —Le hizo saber enojada, no iba a ser amable y desde luego que estaba segura de que su amiga no lo había incluido en esa fiesta ¿Cómo demonios dio con la dirección de sus padres?

—Reconócelo, fui una buena sorpresa para Hermione ¿no? —Decía orgulloso para después llevarse las papas a la boca, la cual solo masticó un par de segundos antes de escupirla de nuevo en el plato. —¡Dios ¿Quién diablos cocinó esta mierda?! —Se quejó, dejando el plato de lado; Luna y Frank lo miraron con disgusto.

—¿Podrías tener la decencia de comportarte? Hay invitados presentes, idiota. —Le recordó molesta, viéndolo de mala gana.

—¿Llamas invitados a esos chiquillos revoltosos? —Le cuestionó con tono fastidiado al tiempo que señalaba a los pequeños; Luna lo miró de forma ácida. —Esta es la fiesta de Hermione ¿Por qué hay niños jugando? —Quiso saber irritado. —Parece más la fiesta de un mocoso. —Declaró disgustado.

—¡Porque eso es, imbécil! —Lanzó colérica la chica ¡Merlín ¿Cómo diablos le hacía para sacarla así de sus casillas? Pensó airada. Ben sonrió con mofa al verla furiosa, fastidiar a esa loca siempre había sido divertido, pensó mientras tomaba un vaso de lo que al parecer era ponche y se lo llevaba a la boca.

—Será mejor que me vaya antes de que te salga humo de los oídos. —Le comentó con burla mientras se incorporaba luego de darle un trago, dirigiéndose ahora a aquella brincolina donde varios niños jugaban, tal vez podría convencer a alguno de que le prendiera fuego a alguna mesa de los invitados.

—Iré a atender a los invitados. —Fue lo último que dijo el señor Granger antes de bajar y salir, dejando a su hija sola en aquella habitación. La castaña colocó sus brazos en jarra y miró el techo, cerrando los ojos e inspirando aire de forma honda ¿Cómo iba a resolver esto ahora? Se preguntó consternada. Decidida, bajó a atender a Ben y pensar una forma rápida de sacarlo de ahí, pero cual fue su sorpresa al encontrar la estancia vacía ¡Merlín ¿A dónde había ido?! Se preguntó alarmada al no encontrarlo. Asustada, salió de inmediato al jardín trasero encontrándose enseguida con Draco, Ginny y Ron.

—¿Has dicho novio? —Repitió el pecoso sin poder creer lo que acababa de escuchar.

—¿Ahora qué haremos? —Se preguntó molesta, viendo como Luna mostraba rechazo de inmediato hacia el hombre.

—Chicos… —Soltó preocupada, llegando de forma atropellada.

—Que bueno que estás aquí. —Dijo enseguida la pecosa de forma molesta. —¿Por qué has invitado a Ben, Hermione? ¿No te das cuenta de que Harry…? —Intentó amonestarla su amiga, pero la castaña negó de inmediato.

—¡Yo no lo invité! —Se defendió, enojada. —Como sea… —Negó restándole importancia. —Tienes que ayudarme a sacarlo de aquí antes de que Harry y él se topen y…

—Demasiado tarde, amiga. —Oyeron decir a Luna detrás de ellos, pues sin darse cuenta habían formado un pequeño círculo. —Ese idiota se dirige a Harry. —Les comentó seria, señalándoles dónde; Hermione tragó nerviosa ¿Qué iba a hacer ahora?

—Merlín… —Susurró preocupada llevándose una mano a la frente.

—¿Ese prepotente es tu novio? —Preguntó al fin Ron con el ceño fruncido. —Es un idiota. —Le hizo saber con honestidad, pues le extrañaba que su amiga anduviera con alguien así.

—Créeme, aún no has visto nada. —Le hizo saber Luna, viendo de mala gana al sujeto.

—¿Quieren olvidarse de eso y ayudarme por un momento? —Lanzó irritada la oji-miel al ver que solo discutían de cosas absurdas.

—¿Qué sugieres? —Le cuestionó el rubio al ser el único que no conocía bien a Ben.

Después de la breve charla con Ellen, Harry optó por acercarse a los niños y observar a Henry jugar, permitiéndole un momento para pensar en todo aquello que estaba sucediendo; sonrió al ver al pequeño saludarlo desde la brincolina y lo saludó de vuelta, sin darse cuenta de que un hombre detrás de él se acercaba.

—¿Es tu hijo? —Escuchó preguntar a alguien detrás suyo; Harry frunció el ceño y giró un poco, observando al hombre. —¡Oh, lo siento! —Dijo de inmediato al ver la expresión del moreno. —Siento no presentarme. —Agregó extendiéndole la mano. —Mi nombre es Ben. —Se presentó. Harry dudó si presentarse o no con su nombre real, así que optó por utilizar el de su padre.

—James. —Contestó serio correspondiendo el saludo.

—Un gusto, James. —Sonrió, esperando recibir la misma sonrisa de regreso, consiguiendo apenas una mueca del moreno. —¡Cielos, cuantos niños! —Soltó fingiendo asombro al ver a los pequeños correr y brincar de un lado a otro. Harry no contestó y continuó observando a Henry de brazos cruzados. La sonrisa de Ben se apagó al ser ignorado por el oji-verde. —¿Tienes hijos? —Volvió a preguntar intentando mantener una conversación con él, Harry frunció nuevamente el ceño y lo miró por el rabillo del ojo.

—El pequeño de allá. —Se limitó a decir, señalando a Henry.

—Vaya ¿es a él a quien le festejan? —Quiso saber curioso, sonriendo de manera forzada. Harry rodó los ojos fastidiado ¿Quién diablos era ese sujeto y por qué insistía en mantener una conversación con él? —Espero que con esto Hermione ya decida tener un hijo conmigo. —Le comentó con fingida emoción regresando su vista hacia los niños; el moreno lo regresó a ver de inmediato, no pudiendo evitar mostrar sorpresa ante su declaración ¿Hermione?, ¿hijos?

—Tú y ella… —Lo miró confundido.

—¡Hey, Harry! —Gritó a lo lejos un hombre; ambos giraron encontrándose al padre de la castaña acercarse. —Veo que ya conociste al novio de mi hija. —Dijo sonriendo mientras le daba unas palmadas en la espalda orgulloso de Ben.

—Sí, justo estaba por comentarme eso. —Respondió un serio Harry.

—¿Harry? —Inquirió Ben desconcertado. —Creí que te llamabas James. —El señor Granger lo miró confundido.

—Es mi segundo nombre. —Explicó al verse delatado por el padre de Hermione.

—¿Qué tal te la estás pasando muchacho? —Preguntó de repente Hugh, ignorando por completo lo que había dicho Harry.

—Bien, de hecho, justo le comentaba a Harry que espero que con esto su hija ya considere formar una familia conmigo. —Decía sonriendo divertido al descubrir la incomodidad del moreno.

—¡Eso sería grandioso! ¿escuchaste Harry? —Soltó feliz el señor. —Cuando quieras, hijo. —Le animó. —Ten por seguro que tienen nuestra aprobación. —Le aseguró. —Y no quiero solo un nieto ¿eh? —Le advirtió fingiendo seriedad; Ben sonrió y asintió.

—Le aseguro que será más de uno, suegro. —El moreno frunció más el ceño al tiempo que apretaba sus labios en una delgada línea que se perdía entre su barba ¿suegro? ¿le había dicho suegro? ¿y era imaginación suya o el padre de la castaña intentaba molestarlo? Se preguntó sintiéndose molesto de repente con ambos por sus comentarios.

—Bien, en ese caso vayamos buscando padrinos ¿Qué me dices tu Harry? Eres el mejor amigo de mi hija. —Le recordó sonriendo, sin embargo, el padre de la castaña se sintió incómodo al sentir la mirada fría del moreno sobre él; tragó nervioso. Él no estaba dispuesto a seguirle el juego a lo que sea que estaba intentando el señor Granger.

—Si, ya se presentó. —Decía Luna confirmando el temor de la castaña.

—Al menos Harry no intenta mantener una conversación con él. —Trató de tranquilizarla Ginny.

—Tengo que sacarlo de ahí, con suerte no le ha dicho que fuimos novios… —Sin embargo, cortó su oración al ver a su padre acercarse a él. —Ay no… —Murmuró asustada, por alguna extraña razón no tenía un buen presentimiento de aquello. —Lo siento chicos, tengo que irme. —Agregó rápidamente yendo enseguida hacia aquellos tres hombres. Mientras caminaba, la castaña suplicaba porque su progenitor no lo presentara como su novio, conocía ahora el rechazo que mostraba por Harry y el hecho de que mostrara esa alegría hacia él junto a Ben no era una buena señal, pensó con cierto temor al llegar y sentir cierta tensión en el ambiente.

—Ben, aquí estás. —Fue lo único que se le ocurrió decir, fingiendo sonreír, notando de inmediato la mirada desafiante que se lanzaban Harry y su padre. Merlín, ¿qué le había dicho? Se preguntó al sentir aquellos pozos verdes posarse en ella de manera fría.

—¿Qué sucede cariño? —Preguntó Ben pasando un brazo por sus hombros, marcando territorio. Hermione tragó nerviosa y se alejó de él con cuidado, sin apartar la mirada de Harry quien no perdía detalle de la pareja.

—Yo… necesito hablar contigo. —Pidió un poco ansiosa. —¿Puedes acompañarme adentro? —Agregó tratando de mostrarse amable y ocultar su nerviosismo ante la mirada del moreno. Ben se vio obligado a sonreír al ver que ninguno de los dos se dejaba de ver.

—Por supuesto. —Contestó forzadamente, viendo como la castaña intentaba apartar sus ojos del moreno, caminando de regreso hacia el interior de la casa de los Granger.

—Hacen una linda pareja ¿no crees? —Le preguntó el padre de Hermione, viéndolos a lo lejos ingresar a la casa. El chico lo regresó a ver molesto.

—¿Qué pretende? —Escupió al fin el oji-verde molesto. —¿Cree que no me doy cuenta de lo que intenta hacer? —Le cuestionó, viendo como el hombre ponía expresión seria.

—Te mereces eso y más. Tu lastimaste a mi hija. —Respondió en seguida a la defensiva Hugh.

—No sé de qué diablos me habla y no me importa. Pero le advierto una cosa… —Agregó furioso tomándolo con brusquedad de su camisa —¡No se meta conmigo! —Le advirtió entre dientes airado, antes de soltarlo de mala gana y caminar de regreso hacia su mesa, ¿así que eso pretendía? Provocarlo y restregarle en la cara al novio de su hija, lastimarlo. Era obvio que no eran bien recibidos ahí, por lo tanto, no pensaba pasar un minuto más en esa casa, pensó decidido mientras se dirigía a su mesa con expresión molesta.

—¿Vieron eso? —Dijo una asombrada Ginny al ver como el señor Granger era tomado con brusquedad por Harry, ignorando por completo a la castaña ingresar a la casa nuevamente con Ben detrás de ella.

—Harry está furioso. —Aseguró Ron serio al ver la cara de su amigo, pocas veces lo llegó a ver así, conocía perfectamente esa expresión.

—¿Qué fue lo que pasó? —Se preguntó seria Luna, viendo preocupada a su amigo.

—No quiero entrometerme, pero esto me da una mala espina. —Declaró al fin Draco, quien se había guardado sus comentarios.

—Malfoy tiene razón ¿Qué hacemos? —Dijo Ginny dirigiéndose a sus amigos.

—Harry parece decidido a irse. —Les hizo saber Ron, logrando presionar más a su hermana.

—Tenemos que distraer a Harry. —Insistió Luna.

—Tengo una idea. —Sugirió de pronto Malfoy al ver una charola con varios vasos de ponche. Ginny entendió de inmediato y asintió.

—Yo lo haré. —Se ofreció enseguida. —Esto mantendrá a Harry ocupado unos minutos. —Explicaba mientras la tomaba. —Ron, Luna… —Se dirigió a ambos. —Necesitaré que mantengan ocupado al señor Granger. —Ordenó, viéndolos asentir. —Y Malfoy…

—Yo te tumbaré. —Afirmó para después dirigirse a Harry y pararse a unos metros de él.

Tan pronto estuvieron adentro, Hermione aseguró su casa con un hechizo para que nadie escuchara en caso de haber alguien fisgoneando por ahí.

—Bien, ya estamos aquí ¿de qué quieres hablar? —Preguntó Ben, tratando de ocultar su molestia por lo de hace un momento.

—¿Qué le has dicho a mi padre? —Preguntó sin rodeos, viendo como su ex fruncía el ceño.

—Nada, le dije que quería darte una sorpresa de cumpleaños y él me comentó de tu fiesta, me dio la dirección y aquí estoy. —Resumió sonriendo al tiempo que se acercaba a ella e intentaba darle un beso a la mejilla, el cual nuevamente Hermione evadió. —¿Pasa algo? —Inquirió al verla evadirlo por segunda vez.

—Mi padre creyó que tú y yo… Bueno, ya sabes, que seguíamos juntos. —Dijo tratando de no sonar muy dura, pero Ben sonrió relajado.

—Cariño, sé que la última vez que nos vimos terminamos mal, pero no hablábamos en serio. —Explicaba tranquilo, viendo ahora él la expresión confusa de la oji-miel.

—Te equivocas, yo hablaba muy en serio. —Manifestó con mesura.

Harry caminaba molesto a su mesa, decidido a sacar a Ellen y Henry de ahí cuanto antes, no quería toparse de nuevo con el padre de la castaña, pues temía que las cosas se salieran de control. Sin embargo, tan concentrado iba en su molestia que justo a unos cuantos metros antes de llegar a su mesa, Ginny "tropezaba" con él, quien traía en sus manos una pequeña charola con ponche, derramando el líquido en su camisa blanca.

—¡Oh, cuanto lo siento Harry! —Exclamó la pecosa con fingida sorpresa. —Yo… no vi cuando venías. —Intentada decir apenada.

—Descuida, estoy bien. —Le hizo saber mientras se sacudía ligeramente la camisa para que el ponche no manchara sus pantalones, olvidando así por un momento su molestia.

—Lamento esto de verdad, mira como he dejado tu camisa blanca. —Seguía diciendo Ginny mientras recibía un pequeño trapo por parte de la señora Granger.

—No hay problema, no es nada. —Trataba de tranquilizarla éste.

—¿Por qué no vas adentro, Harry? Estoy segura de que podemos arreglarlo. —Sugirió la madre de la castaña, Ginny reaccionó de inmediato e intentó intervenir. No podía permitir que Harry entrara, no aún.

—No creo que sirva de mucho, hay muggles presentes. —Le recordó Ginny de inmediato en tono bajo, suplicando porque eso funcionara; la madre de la castaña asintió de acuerdo, había olvidado ese detalle.

—No hace falta. —Les aseguró un poco más tranquilo. —Solo, si no es molestia, me gustaría entrar al baño. —Solicitó tratando de sonar amable y que su molestia no lo delatara.

—No tienes que pedirlo, adelante Harry. —Éste asintió y enseguida se dirigió a la casa; Ginny miraba preocupada como el moreno se alejaba ¡que Merlín si apiadara de ella! Pensó angustiada al verlo entrar finalmente.

—¿Disculpa? —Le cuestionó no creyendo haber escuchado bien.

—Lo que oíste, esto se acabó. —Repitió con seriedad, esperando que esta vez él si la tomara en serio.

—¿Por qué? —Dijo cambiando su expresión a una más dura, comenzaba a molestarse.

—Ben, por favor... —Suplicó cansada de tener que explicar lo obvio. —Lo nuestro jamás funcionó. —Trató de hacerle ver, sonando lo más suave posible.

—Tienes razón. —Reconoció, desconcertando a la castaña. —Jamás funcionó por tu culpa. —Agregó esta vez de forma acusatoria.

—¿Qué? ¡Yo lo intenté y...!

—¡No! —Le cortó. —Yo fui el único imbécil que tuvo que soportarte. —Le escupió molesto; ella lo miró incrédula ¿de verdad se lo estaba reprochando?

—¿Y qué me dices de ti? —Atacó ahora ella, comenzando a enojarse también. —¿Crees que es fácil lidiar contigo? —Espetó indignada.

—Tú no eres más que una mojigata. Llevó tres malditos años tratando de darte gusto en todo ¡y ni siquiera me dejas follarte! —Soltó colérico solo para segundos después recibir una fuerte bofetada por parte de Hermione.

—¡Eres grosero, engreído, presumido y prepotente! —Lanzó exaltada, respirando agitada, tratando de calmar su enojo y sintiendo su mano temblorosa ¿Quién se creía que era para hablarle así? Pensó furiosa. —Lárgate. —Demandó entre dientes, pero Ben la ignoró al igual que el ardor en su mejilla.

—Él te folló primero ¿Cierto? —Dijo para después soltar una risita sarcástica. —Has armado todo este circo solo para que ese tal Harry te lleve a la cama de nuevo. No soy estúpido, Hermione. —Declaró serio. —Vi como lo veías. —La castaña tragó saliva sin apartar su mirada airada de él, ¿Cómo diablos pudo mantener una relación con Ben tanto tiempo? Se preguntó sintiendo asco de solo verlo.

—Quiero que te vayas...

—¡Oh, no, no, no! —La interrumpió divertido. —Ahora tú me vas a escuchar a mí. —Aseguró con mofa. —No intentes hacerte la ofendida. Ese imbécil era el sujeto del que tanto hablaban tus estúpidas amigas ¿verdad? —Le retó cabreado, él no sería el estúpido de nadie y menos de esa asquerosa…

—Esto no es asunto tuyo. —Le advirtió con seriedad. Ben crispó sus puños, furioso; sin embargo, el sonido de la puerta trasera que conectaba al jardín llamó la atención de ambos. Hermione, asustada, vio como un Harry distraído ingresaba a la cocina buscando el fregadero para tratar de limpiar un poco aquella camisa blanca, ignorando que del otro lado de la casa estaban ellos discutiendo.

—Tienes razón, entonces veamos que respuestas me tiene él. —Dijo yendo decidido hacia el moreno.

—¡Ben, espera! —Intentó decir alarmada al ver que se dirigía al moreno.

—¡Oye, imbécil! —Gritó desde la otra puerta que conectaba al comedor. Harry, desconcertado ante aquello, se giró no esperando que un hombre lo tomara del cuello de su camisa y lo arrinconara contra la encimera.

—¡Ben, detente! —Profirió la castaña asustada al ver que tenía al moreno, quien al verla la miró confundido.

—¡¿Qué mierda?! —Rugió el azabache tratando de zafarse de su agarre, no entendiendo nada de aquello.

—Dime una cosa ¿Qué se siente haberse tirado a Hermione Granger eh? —Le preguntó burlesco, soltando una risita. —¿Cómo le hiciste para que esa mustia se acostara contigo? —Decía fingiendo curiosidad, ignorando el brillo de ira que se asomaba en los ojos de Harry.

—¡Es suficiente! —Seguía diciendo Hermione, tratando inútilmente de que alejara las manos de él. El moreno gruñó furioso y lo apartó con brusquedad, no sabía qué diablos estaba pasando, pero todo el enojo que había acumulado hacia unos minutos con el padre de la castaña, ahora estaban concentrados en aquel sujeto.

—¡Uy, tranquilo! —Se burló al ver que el moreno comenzaba a molestarse.

—¡¿Es que te has vuelto loco?! —Chilló furiosa una vez verificó que Harry estaba bien.

—¡Qué diablos te pasa! —Profirió enojado el oji-verde.

—¿Qué? ¿Te ofendió lo que dije de ella? —Lo atacó nuevamente Ben sin dar tregua, el moreno apretó sus puños, un comentario mas y juraba por Merlín que le partiría la cara. —¡Ella es mía y…! —Pero esta vez Harry no esperó a que terminara y le lanzó un derechazo en el rostro, mandándolo al suelo de inmediato. Ben, no dispuesto a quedarse con los brazos cruzados, rápidamente se incorporó para irse contra el chico, rodando juntos entre aquellos golpes hasta el comedor.

—¡Hijo de perra! —Decía al tiempo que le lanzaba un rodillazo al oji-verde en el costado.

—¡Miserable! —Y esta vez Harry fue mas rápido, esquivando un golpe, propinándole ahora él un puñetazo en el rostro seguido de otro en el abdomen.

—¡Deténganse! —Gritaba una exaltada castaña, viendo como el oji-verde le daba otro golpe justo en el ojo, llevándolo a tumbar varias sillas de la mesa. Hermione, desesperada trataba de pensar con claridad como separarlos, temiendo que alguien pudiera entrar en cualquier momento.

Ginny caminaba de un lado a otro, cerca del asador y la puerta trasera ¿Qué estaba pasando? Se preguntó ansiosa al ver que Harry no regresaba.

—Me mareas, Weasley. —Le hizo saber un irritado Draco al verla dar más de cinco vueltas ya.

—¿Por qué tarda tanto? —Le preguntó nerviosa.

—Solo fue a limpiar un poco el desastre que hiciste con su camisa. Que pésima actriz eres, por cierto. —Le recordó burlesco de brazos cruzados, recargado en la mesa donde se encontraban algunas botanas.

—Esto es serio, Malfoy. —Contestó seria obligado al rubio a borrar su sonrisa.

—Entonces entremos, te aseguro que no está pasando nada. —Decía fastidiado ¿Qué tanto alboroto se podía armar? Pensaba mientras se dirigían al interior de la casa, sin embargo, su pregunta fue contestada apenas vio a Harry y Ben en el suelo golpeándose y a una alterada Hermione intentando separarlos.

—¡Merlín! —Soltó Ginny asombrada, llevándose las manos a la boca al ver como Ben le propinaba una patada en el abdomen a Harry. Draco, sin esperar se dirigió rápidamente a los dos e intentó separarlos.

—¡BASTA! —Decía tomando a Harry de los hombros para alejarlo de Ben.

—¡SUELTAME! —Bramó el moreno colérico.

—¡Tranquilízate, Potter! —Gritó empujándolo lejos de aquel sujeto.

—¡Maldito bastardo! —Soltó Ben escupiendo un poco de la sangre que corría por su boca.

—¡¿Qué diablos te pasa?! —Le reclamó Ginny al oji-verde, pensando que él había empezado la pelea.

—¡Mas bien qué le pasa a este imbécil! —Señaló enojado Harry limpiando la sangre de su mejilla; Draco y Ginny regresaron a ver a Ben de inmediato.

—¡Quiero que te largues! —Le exigió la castaña airada, señalando la puerta con su dedo índice.

—¿Para qué? Para que te revuelques con él, maldita zorra. —Contestó, lanzándole una mirada repulsiva y eso fue suficiente para que Harry se le fuera encima de nuevo.

—¡Imbécil! —Escupió el moreno furioso una vez más, lanzándole un último golpe justo en la nariz.

—¡Te vas a arrepentir! —Le gritó desde el suelo con una mano en la nariz, intentando incorporarse al mismo tiempo que trataba de detener la hemorragia que Harry le causó con ese último puñetazo. Decidido a terminar con aquel alboroto, Draco lo tomó con brusquedad de su camisa y lo llevó casi a rastras hacia la salida de la casa.

—¿Qué fue lo que pasó? —Quiso saber preocupada Ginny, ayudando a Hermione a sentar a un magullado Harry en una de las sillas del comedor de sus padres.

—Estábamos hablando, Ben se alteró y… —Decía nerviosa Hermione llevándose una mano a su frente. —Vio a Harry y lo golpeó. —Resumió lo mejor que pudo, pues en esos momentos solo podía pensar en que el moreno estuviera bien.

—Ni siquiera lo vi venir. —Añadió adolorido Harry con una de sus manos en su costado izquierdo.

—Necesito revisarte. —Dijo preocupada la castaña, tomando su rostro para examinarlo.

—Hermione tiene razón. —Reconoció Ginny, viéndolo también preocupada. —¿Por qué no lo llevas a tu habitación mientras yo arreglo este lugar antes de que alguien más entre y se dé cuenta? —Sugirió la pecosa, viendo a Harry y Hermione asentir de acuerdo. Con ayuda de la castaña, Harry logró incorporarse y con cuidado, juntos se dirigieron a la habitación de ésta. Tan pronto llegaron, él se sentó sobre la cama y ella se dirigió al baño buscando el pequeño botiquín que tenía en casa de sus padres con varias pociones. En cuanto regresó, Hermione se dispuso a buscar todo lo necesario para curar las heridas del moreno, sin embargo, era tanto su nerviosismo que le temblaban sus manos.

—¿Estás bien? —Preguntó serio Harry al verla acomodar su cabello tras la oreja por quinta vez en ese minuto.

—Sí, sólo que… no encuentro el díctamo. —Contestó de forma atropellada, Harry notó de inmediato que su nerviosismo se debía a que aún estaba asustada.

—Oye… —Intentó llamarla, pero Hermione seguía rebuscando entre las pequeñas botellas desesperada. —Escúchame. —Pidió esta vez tomándola de una de sus muñecas, obligándola a que lo mirara. —Esto no fue tu culpa. —Le aseguró en un tono tranquilizador; la castaña lo miró angustiada.

—Yo… yo… —Titubeó insegura; Harry la observó atento, sin embargo, el efusivo abrazo de Hermione lo sorprendió. —¡Lo siento! —Susurró con lamento en aquel abrazo, pero el quejido del moreno la obligó a separarse rápidamente.

—¡Estoy bien, estoy bien! —Dijo al ver que nuevamente se disculparía. —Sólo… —Gruñó ante el dolor. —Es el costado. —Le explicó haciendo una mueca.

—Déjame ver. —Pidió seria, viendo como Harry desabotonaba su camisa y se la abría lo suficiente para que Hermione observara si había algún hematoma; tocó el área con cuidado consiguiendo que únicamente él se estremeciera. —No parece ser una costilla rota. —Mencionó luego de examinarlo un par de minutos usando su varita. —Con un poco de bálsamo te sentirás mejor. —Añadió mientras buscaba un poco entre las botellas. Una vez suministrada y teniendo a un Harry más relajado, se concentró en las del rostro en donde solo distinguió una herida en una de sus cejas y otra en su mejilla, sobre su barba. Afortunadamente los daños en el rostro no fueron tantos y bien podrían pasar desapercibidos.

—¿Por qué se fue contra mí? —Preguntó de repente, viéndola de reojo mientras él mantenía la cabeza un poco ladeada, debido a que Hermione colocaba un poco de díctamo sobre su mejilla y le barba la dificultaba un poco verla bien. La castaña lo miró dudosa unos segundos…

—Porque le recordé que ya no estábamos juntos. —Decidido decir en tono suave, si iba a explicar las cosas, aclararía primero ese punto.

—Eso no fue lo que dijo tu padre. —Recordó de pronto un poco extrañado, sobre todo porque Ben tampoco lo había negado; Hermione lo regresó a ver de inmediato.

—¿Mi padre? —Frunció el ceño, seria. —¿Qué fue lo que te dijo? —Quiso saber, por el bien de su progenitor, más le valía no haber dicho lo que ella creía, pensó molesta.

—Además de que son pareja… —Comenzó un poco serio. —Me sugirió ser el padrino de sus hijos. —Añadió no pudiendo evitar hacer una mueca de disgusto, no le había hecho ninguna gracia el comentario del señor Granger; la oji-miel abrió la boca sorprendida ¿su padre le había dicho eso? ¡¿Cómo se atrevía?! Se dijo sintiendo el rostro caliente, tragándose su indignación. Esto no se quedaría así, pensó con determinación. —Y tengo la sospecha de que tu padre me odia. —Continuó con expresión seria. —¿Tú sabes a que se debe? —Le preguntó dudoso una vez Hermione terminó con la última herida.

—Él cree que estuviste demasiado tiempo lejos. —Mintió tratando de evitar sus ojos al tiempo que ordenaba todo de nuevo. Harry la escudriñó con la mirada, ¿Por qué sentía que los papeles se estaban invirtiendo?, ¿Qué le estaba escondiendo, Hermione? —¿Qué le pasó a tu camisa? —Quiso saber la chica al ver una extraña mancha en ella de color roja.

—Ginny derramó ponche sobre mí. —Contestó, viendo su ropa. —Por eso me dirigí al fregadero cuando entré, aunque no creo que haya algo que pueda hacer por mejorarla. —Se dijo resignado mientras se incorporaba.

—¿Intentaste usar magia? —Harry negó.

—Hay muggles presente, les parecerá demasiado extraño. —Le recordó, viéndola asentir de acuerdo. —Y creo que está rota. —Agregó al ver como se había desgarrado una de las mangas, seguramente mientras peleó con Ben.

—Puedo darte otra. —Sugirió al recordar que tenía un viejo regalo guardado desde hace siete años que tal vez podría servir; Harry frunció el ceño.

—¿Estás segura? —La chica asintió, viéndolo considerar su sugerencia, pensativo. —De acuerdo. —Aceptó al fin para en seguida comenzar a quitarse la camisa blanca. Mientras Hermione se dirigía al baño a guardar todas las pociones, Harry decidió echar un vistazo a su habitación. Aún conservaba el mismo color con el que la recordaba, morado, un pequeño escritorio, sus estantes de libros, su muro junto a la cama lleno de fotografías. Regresó su mirada a aquel lecho que conocía perfectamente, pues en más de una ocasión llegó a tener intimidad con la castaña en ella cuando sus padres no estaban o cuando solía meterse mientras estaban dormidos; caminó hasta la cabecera y curioso miró aquel raspón en la pared que se había hecho por la madera de la cama.

Una vez dejó todo en orden en el baño, Hermione regresó a la habitación.

—No tardaré en encon… —Iba a decir, pero tan pronto abrió la puerta, se quedó de piedra al ver a Harry de espalda observando demasiado cerca la cabecera de la cama. No, más bien justamente aquel raspón; su rostro inmediatamente adquirió un tono rojo. Al notar su presencia, él la regresó a ver, notando sus mejillas rosadas, parecía que no era el único que recordaba aquello, pensó al ver su nerviosismo, después de todo ambos fueron los causantes. Hermione tragó fuerte aún sin dejar de mirarlo, sabía que él lo recordaba, las noches de pasión en su adolescencia habían dejado una prueba en su habitación ¡Y diablos! Que estuviera sin camisa, mostrando su marcado torso ¡no ayudaba en nada! pensó irritada apartando su mirada de inmediato. Al ver su incomodidad optó por observar otra parte de la habitación, así que se dirigió al pequeño estante de libros con toda la calma que intentó aparentar, pues lo quisiera o no, ella no había sido la única que se sintió nerviosa. Miró los libros, tratando de encontrar algo nuevo en ellos, sabía que serían los mismos y no por el hecho de que ella ya no mostrara interés en la lectura, sino porque no cabía ningún otro. Al ver que Harry tomó uno de sus libros y comenzaba a hojearlo curioso, sacudió levemente la cabeza, pues ver a las dos cosas que más le gustaban combinadas con un toque de erotismo no eran buenas para su salud mental, pensó mientras se dirigía a su closet, dispuesta a encontrar aquella caja de regalo.

Pese a fingir leer un poco la Historia de Hogwarts, el moreno no perdió detalle de la castaña ¿Por qué se ponía tan nerviosa? Después de todo ya lo conocía perfectamente, físicamente hablando, claro. Por eso no le importó esta vez pasearse sin camisa en aquel cuarto, pues ya había visto lo que tanto intentó ocultarle, sus cicatrices; cerró el libro y lo colocó nuevamente en su estante para luego mirar a la castaña arrodillada junto a su closet, buscando algo. Finalmente, después de remover un par de cajas, la chica encontró la indicada, la cual era color verde.

—Aquí estás. —Murmuró al tiempo que la tomaba.

—¿Necesitas ayuda? —Escuchó preguntar una voz gruesa cerca de su oído, haciéndola sobresaltarse y soltar la caja con brusquedad.

—¡Merlín! —Soltó llevándose una mano al pecho ¿es que no se podía quedar quieto en un solo lugar? Pensó cansada, pues trataba de huir de su sensualidad inconsciente y él no le estaba ayudando y ¿desde cuándo se portaba amable? Quiso saber irritada, pues ahora cuando más necesitaba de su rechazo, no lo usaba. —No hace falta. —Decía mientras se incorporaba. —Ya lo encontré. —Señaló, mostrándole la caja para después caminar hacia su cama y abrirlo, sin embargo, esta vez Harry no la siguió, pues se quedó observando algo dentro del closet, el cual había dejado abierto.

—¿Qué es esto? —Escuchó murmurarlo mientras apartaba una manta que cubría un par de baúles dentro de su closet. Tan pronto reconoció su viejo baúl, él no dudo en sacarlo y abrirlo enseguida; la castaña se acercó con cuidado temiendo por alguna razón molestarlo con su cercanía. El moreno, hincado, miró con nostalgia sus pertenencias, todas perfectamente acomodadas y sin que faltara ninguna, sintiendo enseguida el golpe duro de su pasado dentro de aquel baúl. Todo estaba ahí, desde el álbum de sus padres, sus últimos libros, túnicas, la capa de su padre, algunas viejas cartas y… —¿Por qué tú tienes esto? —Murmuró serio, tomando una vieja fotografía de ellos dos juntos, la primera siendo novios.

—Después de que te fuiste, decidí que lo mejor sería que se quedaran conmigo. —Respondió en tono delicado mientras se arrodillaba junto a él. —Todos estuvieron de acuerdo, dado que… bueno, tú sabes. —Murmuró, refiriéndose al hecho de que ellos dos eran pareja en aquel entonces. El azabache pasó su mirada verde por aquella fotografía con cuidado, admirando con calma y nostalgia lo que ellos fueron hace siete años ¿Cómo es que terminaron tomando caminos tan distintos? Se preguntó por primera vez sintiendo una leve opresión en su pecho. La joven, por otro lado, observaba con cuidado como el moreno repasaba aquella imagen de ambos con detenimiento ¿Qué estaría pensando? se cuestionó al verlo tan concentrado en ella, suplicando en el fondo que él recordara todos los que estuvieron en el pasado, todo lo que fueron, sin embargo, el interés de aquella foto enmarcada fue sustituida rápidamente por una pequeña caja guinda de piel, la cual tenía adentro una pequeña pelota dorada a la cual Harry admiró con adoración. Una sonrisa de medio lado se formó en los labios del chico, mientras tomaba la snitch con sus manos, ignorando por completo a Hermione y las demás pertenencias. —Puedes llevártelo todo si quieres… —Intentó decir al verlo tan concentrado en aquella pieza de quidditch, no pudiendo evitar sentirse dolida al ver la poca importancia que le dio al recuerdo formado juntos.

—No. —Contestó de inmediato, regresándola a ver. —Sólo me llevaré esto y la capa de mi padre. —Decía mientras cerraba la caja y echaba al bolsillo de sus pantalones la snitch dorada. —No quiero lo demás. —Manifestó cerrando el baúl e incorporándose.

—¿Estás seguro? —Insistió extrañada levantándose también. —Son tus cosas y…

—Quédatelas si quieres. —Le hizo saber, no mostrando dureza en sus palabras, al contrario, se veía bastante fresco y con un extraño buen humor.

—Está bien. —Se limitó a decir un poco abatida. —Aquí está tu camisa. —Recordó al ver la caja en la cama; Harry la tomó y sacó de ella una bonita camisa con rayas blancas y azules gruesas.

—Luce como nueva. —Le comentó mientras se la colocaba, ajustó algunos botones y luego se fajó. —No era de tu padre ¿cierto? —Quiso saber dudoso, después de la breve discusión que tuvo con él, no quería tener que traer algo de su pertenencia; Hermione negó.

—Digamos que era un viejo regalo de cumpleaños. —Le explicó, sintiendo su nerviosismo de nuevo. —La compré para tu cumpleaños, pero no tuve la oportunidad de entregártela. —Contó un poco afligida; Harry, quien en ese momento doblaba un poco sus mangas, la regresó a ver serio, observándola en silencio.

Luego de distraer unos minutos al señor Granger, Ron y Luna observaron que ninguno de los dos salía de la casa, lo que les preocupó; así que tan pronto terminaron con aquella farsa, se dirigieron de inmediato al interior de la casa, extrañándose al ver a Draco levantar un par de sillas y a Ginny acomodando el espejo que se encontraba en la pared; el Slytherin y la pecosa los miraron aliviados al ver que eran ellos.

—¿Por qué han tardado tanto? —Quiso saber confundido Ron. —¿Y dónde están Hermione y su novio? —Agregó mirando la estancia vacía; Luna por otro lado, sabía perfectamente que algo estaba sucediendo.

—Conozco esa cara, hablen. —Pidió de forma seria la chica. —¿Qué ha hecho ese estúpido? —Refiriéndose a Ben.

—Golpeó a Harry. —Habló por fin Ginny; Ron la miró con sorpresa.

—¡Sabía que solo traería problemas! —Soltó molesta la rubia.

—¿Por qué lo hizo? —Preguntó desconcertado y serio a la vez el pelirrojo.

—Bueno, Granger estaba teniendo una discusión con él… —Comenzó Draco.

—Al parecer Hermione ya había terminado con Ben. —Añadió Ginny seria de brazos cruzados.

—Vaya, al menos una buena noticia salió de todo esto. —Dijo mordaz la oji-azul.

—¿Y dónde están ahora?

—En la habitación de Hermione. —Señaló su hermana, viendo enseguida como ambos se dirigían ahí.

—Yo… —Intentó decir Harry incómodo sin dejar de mirarla, siendo interrumpido al instante por una pareja que entraba a la habitación.

—¿Qué diablos fue lo que…? —Estuvo a punto de decir la Ravenclaw cuando entró, sin embargo, se vio obligada a no terminar su pregunta al ver que estaba interrumpiendo algo. Harry apartó de inmediato su mirada de Hermione y se llevó una mano a la nuca, nervioso.

—Nosotros… —Decía Ron un poco avergonzado al ver que los había interrumpido. —No sabíamos que estaban… —Trató de decir, pero ambos negaron rápidamente.

—Descuida, ya habíamos terminado. —Respondió la castaña un poco abatida. Ron y Luna se voltearon a ver incómodos.

—Supimos lo que pasó ¿están bien? —Dijo al fin, tratando de romper con aquella tensión.

—Las cosas se salieron un poco de control, pero descuida, estamos bien. —Le aseguró su amiga, viendo a Harry asentir.

—Será mejor que vayamos abajo antes de que alguien note nuestra ausencia. —Sugirió el moreno antes de que aquel silencio incómodo volviera de nuevo. Todos asintieron para después salir de la habitación y dirigirse al jardín.

—¿Tú les creíste? —Susurró a lo bajo el pecoso, cuidando que solo Luna lo escuchara mientras bajaban las escaleras del segundo piso.

—Ni una sola palabra. —Contestó de acuerdo ésta, al parecer aquello tampoco había pasado desapercibido por Ron. Al llegar al jardín Harry se dirigió a Ellen de nuevo y tomó asiento.

—¿Dónde habías estado? —preguntó sonriendo la mujer al tenerlo junto a ella. —Henry no deja de preguntar a qué horas abrirá los regalos. —Le comentó, haciéndolo sonreír al imaginarse al pequeño preguntar con insistencia.

—Estaba intentando limpiar mi camisa. —Contestó mientras tomaba un vaso con ponche; la mujer observó con cuidado aquella nueva de rayas blancas y azules. —Hermione me la prestó. —Le explicó al ver su desconcierto.

—¿De verdad? —Le cuestionó curiosa. —Porque no parece una talla que el señor Granger use. —Agregó con una sonrisa burlesca, viendo como las mejillas del moreno se teñían de rojo.

—Me queda un poco grande. —Mintió con nerviosismo éste.

—Yo veo que te queda muy bien. —Le aseguró con ojo crítico, disfrutando verlo nervioso por la castaña. El moreno decidido ignorar su comentario pese a su incomodidad, tratando de concentrarse en otra cosa. Luego de la provocación del padre de la chica, había decidido retirarse de aquel lugar, pero tan pronto vio la cara de emoción del pequeño, desistió de esa decisión. No quería que el niño recordara su primera fiesta de cumpleaños como un recuerdo amargo, después de todo, las cosas se habían podido aclarar y eso de alguna manera lo dejaba un poco más tranquilo, la única duda que tenía ahora era ¿Por qué el señor Granger le tenía tanto coraje? ¿a qué se refería cuando le dijo que él había lastimado a Hermione? Pensó serio viéndolo a lo lejos charlar amigablemente con el señor Weasley.

—¿Todo bien? —Inquirió Frank al ver que su novia regresaba y tomaba asiento junto a él.

—Un par de problemas, nada importante. —Le aseguró restándole importancia. —Así que… —Comenzó de nuevo al recordar su viaje. —¿Cuándo te irás? —Preguntó esforzándose por sonar alegre.

—El martes por la mañana. —Contestó, esta vez Luna no pudo evitar hacer una expresión afligida.

—Vaya… no creí que fuera tan pronto. —Logró decir un poco decepcionada.

—Lo sé, apenas y me dará tiempo de hacer maletas llegando a Francia. —Declaró sonriente, era evidente que el chico estaba más que emocionado por aquel viaje.

—Bueno, pero estaremos en contacto ¿no? —Agregó con esperanza, tratando de darse ánimos; la sonrisa del chico se apagó apenas lo mencionó.

—Esto… bueno, verás… —Trató de decir, rascando su cabeza, evidentemente incómodo.

—¿Qué sucede? —Lo miró seria.

—Dado que estaremos en una zona alejada, la comunicación es muy difícil… —Comenzó como no queriendo.

—¿Eso qué quiere decir? —Insistió ésta.

—Que solo podremos hablar si acaso unas dos veces al mes, como mucho. —Terminó apenado. —¡Pero descuida! —Añadió rápidamente al ver que iba a protestar. —Tienen una oficina de correo, así que podre estarte mandando cartas de vez en cuando. —Dijo tratando de volver a sonreír, logrando conseguir solo una mueca al ver el rostro molesto de su novia.

—¿Me disculpas un momento? —Pidió seria mientras se incorporaba. —Necesito ir al baño. —Anunció para después dirigirse con paso apresurado al interior de la casa. Ron, quien había estado observando todo desde el asador, supo de inmediato que la pareja había tenido una riña, pues muy pocas veces había visto aquel rostro de decepción en la rubia. Al ver que entró a la casa, rápidamente dejó aquellas pinzas de cocina y se quitó el mantel para ir detrás de ella, tal vez en esta ocasión podrían hablar en privado. Luna, ignorando que el pecoso venía detrás de ella, ingresó al baño del primer piso, olvidando ponerle seguro a la puerta.

Cuidando que ninguna persona estuviera cerca, el pelirrojo sacó su varita y entró rápidamente al baño unos segundos después de Luna, colocando un hechizo para asegurar la puerta y silenciarla.

—¿Qué…? —Apenas logró decir la chica sorprendida al verlo entrar con brusquedad al baño, sellando la puerta. —¡Ahora qué diablos quieres! —Soltó molesta, no estaba para sus estúpidas charlas.

—Quiero que me expliques ¿a qué estas jugando? —Exigió serio. —¿Te parece divertido traer a tu novio aquí cuando sabes perfectamente mis sentimientos por ti? —Soltó al fin sin poder ocultar su enojo; Luna frunció el ceño con seriedad, era imaginación suya ¿o Ron le estaba armando una escena de celos?

—No veo porque no invitarlo cuando tú también traerías a alguien. —Le contestó de forma retadora al tiempo que se cruzaba de brazos; Ron la miró desconcertado.

—¿Ha sido por eso? —Le cuestionó incrédulo. —¡Diablos, Luna estaba hablando de Malfoy! —Profirió con frustración al ver que la chica había pensado que llevaría a una pareja.

—¡¿Cómo iba a saberlo?! —Se defendió indignada.

—¡Merlín, te he dicho que te amo ¿y qué es lo que recibo?! —Lanzó airado. —¡Tener que soportar como te besuqueas frente a mí con ese idiota! —Escupió colérico.

—¿Podrías bajar la voz? Alguien podría escucharnos. —Le dijo irritada. —Además ¿Qué esperabas? ¡Es mi novio! —Le recordó al ver que se estaba exaltando por nada.

—¡Un novio al que no amas! —Exclamó —¿Crees que soy estúpido?

—¡Creí que ya te había quedado claro que no volveré contigo! —Dijo molesta.

—¿Y pensabas que me quedaría con los brazos cruzados? —Decía para después soltar una risita sarcástica al tiempo que negaba. —Yo también puedo jugar sucio, Luna. —Agregó esta vez de forma seria con los brazos en jarra.

—¿Y qué harás? —Se burló mientras se cruzaba de brazos. —¿Ir y revolcarte con tus amantes? ¡Oh, perdón, novias! —Se corrigió de inmediato en tono mordaz.

—No. —Contestó con un extraño brillo en los ojos al tiempo que se acercaba a ella. Luna retrocedió, sospechando sus intenciones.

—Ni siquiera lo intentes. —Le advirtió, tratando de alejarse de él, pero lamentablemente se vio acorralada por el inodoro y el lavabo, impidiéndole escapar por alguno de los dos lados.

—¿El qué? —Sonrió de forma burlesca, acercándose más; Luna comenzaba a ponerse nerviosa.

—Besarme. —Contestó tragando fuerte; Ron la tomó del mentón con una mano y le levantó levemente el rostro, acercándolo al de él.

—Esta vez no seré yo quien lo haga. —Le susurró con voz gruesa, posando sus ojos en sus labios entreabiertos. La chica estaba tan concentrada en lo que decía el pecoso, que ni siquiera se percató cuando éste comenzó a bajar el cierre que se encontraba enfrente de su vestido.

—¿De… de qué… de qué estás hablando? —Logró preguntar pegando sus manos a la pared, buscando equilibrio pues comenzaba a sentir que le temblaban las piernas ¡Merlín, ¿Por qué siempre le pasaba esto?! Sin embargo, una mano tibia rodear su abdomen, la hizo estremecerse ¿Cuándo había abierto su vestido? Se pregunto alarmada, aquello era un juego peligroso que no debía permitir. —¿Qué? ¿Ron qué…? —Decía agitada, embelesada por su cercanía y sus leves caricias que poco a poco iban ascendiendo hasta tocar el borde de su sostén negro.

—Después de nuestra charla de anoche… —Comenzó mientras paseaba su dedo índice por su cuello de forma suave, bajando muy lentamente al inicio de sus senos. —Pensé que lo mejor era dejar de insistir… —Decía sin apartar sus ojos azules de ella, Luna pudo jurar ver como sus pupilas se dilataban, delatando su deseo. —Así que… —Se acercó a su oído, rosando en el camino con sus labios su mejilla. Luna sentía los fuertes latidos de su corazón contra su pecho y no sabía por cuanto tiempo más sus piernas resistirían. —Tu dime… —Murmuró en su oído con aquella voz gruesa y seductora.

—Ron… —Susurró con los ojos cerrados, sintiendo la boca seca. El sonido del broche del sostén se escuchó y un jadeo escapó de sus labios. Y eso fue todo, Luna tomó el rostro del pelirrojo y junto sus labios en un beso desesperado, deseando dejar escapar toda esa tensión sexual acumulada. El pecoso no se resistió, correspondiendo el beso con energía, aprisionándola más en aquella pared. Deseoso de tocar más de aquella piel, dirigió su mano a uno de sus pechos; la rubia gimió en su boca, enredando sus dedos en su cabello rojo, anhelando más de aquel toque. Y como si Ron supiera, dirigió su boca a su cuello, trazando un camino de besos hasta llegar a sus senos. La Ravenclaw, entregada a sus caricias, se arqueó contra él, dándole más facilidades de llegar a sus pechos en donde el pecoso no dudó en probar; lambió y succionó uno de sus pezones con deleite, escuchándola gemir y murmurar su nombre al tiempo que tiraba de su cabello. Cuando estuvo satisfecho de su sabor, regresó de nuevo a sus labios, besándola con fervor al tiempo que tomaba una de sus piernas, la cual ella no dudó en enredar en su cadera.

—Quiero que recuerdes lo que era estar juntos… —Jadeó en su boca, Luna pudo sentir la dureza de su miembro tocar su pelvis, aun por encima de sus pantalones.

—Comienzo a recordar. —Contestó agitada. —Pero necesito más detalles. —Agregó al tiempo que llevaba sus manos a la camisa de botón del pecoso; Ron sonrió.

—Será un placer. —Le dijo con una sonrisa, ayudándola a quitarse la camisa, dejando expuesto sus bien formados brazos y su duro pecho, a los cuales no dudó en recorrer con sus manos, estremeciendo ahora al pelirrojo. Con lentitud recorrió su pecho, bajando por su abdomen en donde jugó un momento con su ombligo, el cual era rodeado por apenas unos visibles vellos rojos hasta llegar al botón de sus pantalones; tomó la orilla de estos y le dirigió una sonrisa seductora. Ron no perdía detalle de sus movimientos, embelesado ante su sensualidad; tragó fuerte, tratando de controlarse y no arrancarle las bragas para embestirla como un animal. —Luna… —Siseó entre dientes con dificultad, cerrando los ojos. La chica sonrió gustosa al verlo tratando de controlarse.

—Alguien podría escucharnos. —Le recordó en un susurro besando su duro pecho de forma cariñosa; Ron negó de inmediato.

—La he sellado completamente. —Le aseguró, solo para un segundo después escuchar el cierre de su pantalón; el pelirrojo soltó un gruñido antes de besarla otra vez. Desesperados, uno a uno se fue ayudando a desprenderse de sus ropas, deseando pasar a la siguiente fase. Tan pronto ambos tuvieron su ropa interior abajo, él la tomó de ambas piernas y la alzó, recargándola en la pared al mismo tiempo que ella enredaba sus piernas en su cadera, sintiendo su miembro rosar la parte interior de sus muslos. —Te amo. —Murmuró contra su boca antes de penetrarla con suavidad, capturando sus gemidos con sus labios. Sabían que no les quedaba mucho tiempo, así que Ron comenzó a embestirla más rápido, disfrutando de la calidez y humedad que lo rodeaba. Alrededor de un par de minutos, la tensión comenzó a acumularse en sus pelvis, dejando de lado ya su autocontrol, dando rienda suelta a sus gemidos y gruñidos, solo para unos segundos después estremecerse, dándole la bienvenida al orgasmo.

Una hora después, Ginny ayudaba a Hermione a organizar una de las mesas para partir el pastel y Harry, al ver que iban y venían del interior de la casa con varias cosas, decidió incorporarse de su mesa e ir a ayudar, después de todo era lo mínimo que podía hacer. La chica estaba tan concentrada, pensando que no faltara nada que no se dio cuenta que el moreno venía.

—Ejem, Hermione… —Señaló la pecosa con la mirada al ver que su viejo amigo se acercaba a ellas.

—¿Necesitan ayuda? —Preguntó con algo de nerviosismo cuando llegó a ellas, logrando que Hermione volteara de inmediato apenas escuchó su voz.

—No, bueno… —Titubeó. —Necesitamos mover una de las mesas. —Confesó apenada.

—Se lo iba a pedir a Ron, pero no sé dónde diablos se metió. —Dijo Ginny molesta esta vez, mirando hacia los invitados, esperando verlo.

—¿Y Malfoy? —Preguntó Harry al no verlo tampoco.

—Lo mandé a traer más ponche. —Contestó la pecosa de forma distraída mientras quitaba las cosas de la mesa que moverían; Harry y Hermione se voltearon a ver desconcertados al escucharla ¿Ella había mandado a Malfoy? ¿y él no se negó? Se preguntaron en silencio, extrañados. —Por cierto ¿en dónde está Luna? —Recordó de malhumor. —Mi madre ha estado preguntando por ella. —Dijo al tampoco encontrarla ahí, pero como si la hubiera invocado, la rubia salió del interior de la casa de los Granger, viéndola acercarse a ellos.

—Hola. —Saludó, tratando de sonar normal, pero sin dejar de pasar sus manos de forma nerviosa por su cabello, como si quisiera peinarlo.

—¿Dónde has estado? —Quiso saber su amiga.

—Oh, yo… fui al baño. —Sonrió un poco nerviosa, suplicando que les creyeran aquella mentira a medias. —Creo que la comida me cayó pesada. —Decía fingiendo una mueca mientras se llevaba una mano al estómago; los tres chicos la miraron extrañados. —Cuando salí vi a Crookshanks y me quedé un rato haciéndole cariños. —Añadió, tratando de desviar su mentira hacia otro lado.

—¿Dónde la quieren? —Preguntó al fin Harry al ver que la mesa estaba desocupada.

—Allá. —Señaló la castaña el lado izquierdo del jardín; Harry asintió y tomó la mesa sin ningún esfuerzo, llevándola al lugar indicado por la oji-miel. Luego de trasladar todo lo necesario para el pastel, Harry se ofreció ayudar nuevamente a la castaña, así que ambos ingresaron a la casa, pues la tarta estaba guardada en la nevera.

Un Draco disgustado bajaba las cosas del auto del pecoso, pues Ginny lo había mandado al supermercado más cercano ¿de qué le había visto cara esa mujer? ¿De elfo domestico? Se preguntó molesto mientras ingresaba a la casa con las bolsas, topándose en el camino al hermano de ésta salir del baño un tanto misterioso.

—A buena hora apareces, Weasley. —Le reclamó por la espalda el Slytherin, haciendo que éste se sobresaltara.

—¡Maldición, Malfoy! —Se quejó, llevándose una mano al pecho.

—¿Dónde diablos has estado? —Quiso saber con el ceño fruncido mientras dejaba las bolsas sobre la mesa.

—Estaba en el baño. —Contestó un poco más calmado.

—¿Tu comida te provocó una indigestión? —Le preguntó curioso el rubio al verlo pasar constantemente sus manos por su camisa; Ron le lanzó una mirada fulminante.

—Comí demasiado. —Se justificó malhumorado. —¿De dónde vienes? —Inquirió al ver las bolsas con las que llegó.

—Bueno, mientras tu perdías el tiempo, tu hermana no ha dejado de molestarme. —Espetó enojado, mientras se cruzaba de brazos. —Me ordenó ir al super por más cosas para el ponche. —Le explicó irritado. —Le dejaré tarea extra en clase por esto. —Se quejó antes de ver a Harry y Hermione entrar a la cocina.

—Vaya, aquí están… —Dijo Hermione al verlos, dirigiéndose a la puerta de la nevera. —Ginny te ha estado buscando, Ron. —Le informó mientras abría el refrigerador para el moreno.

—Ha estado en el ba…

—¡En el supermercado! —Interrumpió rápidamente el pecoso al ver que el rubio lo delataría. —Malfoy me pidió que lo acompañara. —Mintió, dirigiéndole una mirada de advertencia al rubio para que cerrara la boca. Draco alzó una ceja extrañado ¿Por qué estaba mintiendo?

—¿Ese es? —No pudo evitar decir con asombro Harry, logrando que la castaña olvidara el asunto de Ron.

—¿Crees que le guste? —Se atrevió a preguntar, nerviosa y emocionada al mismo tiempo, viendo como el moreno tomaba el pastel con cuidado. Ron soltó el aire aliviado al ver que lo habían ignorado, sin embargo, el rubio no podía evitar escudriñarlo con la mirada.

—Le encantará, te lo aseguro. —Respondió sonriendo distraído, sin poder dejar de admirar los detalles del pastel.

Cuando se acercó la hora de partir el pastel, todos los niños se acercaron a la mesa principal, admirando aquella tarta que la castaña había sacado y que, un Henry miraba emocionado con los ojos iluminados. Harry no sabía ya cuántas veces el niño había sonreído extasiado ese día; el moreno tomó al niño y lo colocó sobre una de las sillas para que pudiera ver mejor, quien no pudo evitar mover sus pequeñas manos ansioso, logrando hacer sonreír a Harry y Hermione.

—¿Te gustó? —Preguntó una emocionada castaña, tratando de ocultar su sonrisa al ver al niño asentir, tal parece que no era la única que estaba disfrutando aquella fiesta, pensó Harry. Con cuidado, el oji-verde encendió aquella vela con forma de cinco que se encontraba en el pastel, para enseguida comenzar a corear las mañanitas. Ver la expresión del niño mientras todos cantaban no podía compararlo con nada, su rostro se iluminaba, no sabiendo a donde mirar y dar las gracias por aquella fiesta, su emoción se desbordaba por todos lados, pensaba Harry no pudiendo evitar sonreír con él. Sin darse cuenta de que la madre de la castaña capturaba ese momento a través de una cámara digital. Un minuto después, la canción había terminado y todos esperaban a que el niño soplara la vela. —Ahora… —Decía la castaña con cuidado cerca de su oído mientras ambos veían la vela encendida en el pastel. —Pide un deseo. —Le animó, el pequeño cerró los ojos unos segundos concentrado, logrando hacer sonreír a los presentes y después sopló, los aplausos sonaron de inmediato.

—¡Dale una mordida, hijo! —Se escuchó la voz de Ellen entre los invitados, quienes lo animaron también enseguida. El niño asintió gustoso y se acercó a la tarta, cuidando también que su padre no lo empujara. Unos minutos después Harry limpiaba los restos de pastel del rostro de Henry, quien no dejaba de relamerse los labios, mientras Hermione y Ginny repartían los pedazos de tarta a los invitados.

—¿Cuál fue tu deseo? —Le preguntó curioso el azabache, mientras miraba con cuidado que los restos de pastel no se hubieran introducido en su nariz; Henry sonrió y se acercó a su oído para asegurarse que solo lo escuchara Harry.

Que Hermione sea mi mamá. —Susurró antes de irse a jugar con sus amigos nuevamente, dejando a un moreno con la sonrisa congelada en su rostro. Hermione, quien había presenciado eso último, lo miró desconcertada al verlo perplejo; Harry la miró inseguro y tragó saliva ¿su mamá? Pensó preocupado y sorprendido, llevándose una mano a su cabello al tiempo que dejaba salir un suspiro.

Ron por otro lado, miraba a lo lejos como la rubia despedía a su novio, no se veía muy contenta con él, pensó al verla esquivar el beso en sus labios, agradeciendo en el fondo que lo haya hecho, ya que después de lo de hoy, dudaba mucho que se pudiera contener. Al verla acercarse a su mesa, tomó otra pieza de pastel y caminó hacia ella.

—Toma, te traje esto. —Le ofreció una rebanada mientras tomaba asiento a un lado de la rubia; Luna frunció el ceño llevando a Ron a sonreír. —Te dará hambre, come un poco. —Le insistió al tiempo que él se llevaba un trozo a su boca.

—No tengo hambre… —Le aclaró de forma seria mientras veía a los niños correr de un lado a otro.

—Pero te dará… —Ella lo regresó a ver sin comprender. —Siempre te da hambre después de… Bueno, tú sabes. —Le recordó haciendo un movimiento con sus cejas.

—No es verdad. —Dijo de inmediato con las mejillas rosadas y de brazos cruzados, sin embargo, el gruñido de su estómago le recordó que tenía razón. Un minuto después la rubia rodaba los ojos frustrada y se llevaba un trozo de tarta a la boca, haciendo sonreír de forma triunfal al pelirrojo.

La fiesta transcurrió con normalidad a partir de las siguientes horas, los niños jugaron alegres y comieron sus dulces sin ningún problema mientras eran supervisados por sus padres, quienes también convivían con los demás invitados de forma armoniosa. Harry después de la confesión del niño permaneció un poco alejado de Hermione, asegurándose de que Ellen estuviera cómoda; quien le insistía ir a convivir un poco con los Weasley, pero éste se negó. Después de siete años los vio de nuevo, compartieron un par de saludos entre otras cosas y nada más, era demasiado pronto para retomar esa confianza con ellos y no porque a él no le gustara, sino porque después de todo tenía vergüenza y reconoció el haberse equivocado al estar tanto tiempo lejos de ellos. Creía que también merecían su espacio para procesar todo esto, después de todo ¿Quién se hubiera imaginado que sería padre soltero? En el fondo, agradeció que lo comprendieran, eran cuestiones que ni siquiera le había confesado a Hermione y esperaba que ellos también supieran esperar, pensó mientras veía al niño jugar. Mas tarde, Harry se acercó a la castaña para ver si no necesitaba ayuda al ver que varios invitados comenzaban a retirarse…

—No hace falta, descuida. —Le aseguró, viendo como un par de padres se acercaban a ellos con su pequeño.

—Nosotros pasamos a retirarnos. —Le informó el señor mientras le extendía la mano a Harry, gustoso.

—Fue un placer conocerla señora Evans. —Decía la madre del pequeño mientras soltaba la mano de la castaña de aquel saludo; Harry y Hermione fruncieron el ceño ante aquella referencia ¿señora Evans? —Espero poder verla en el próximo evento de los niños. —Sonrió. Harry, al comprender aquella situación trató de intervenir.

—Nosotros no… —Se señaló incómodo; Hermione sonrió nerviosa.

—Lo que trata de decir es que, él y yo… —Buscaba las palabras adecuadas, sintiendo el rostro caliente.

—No se preocupe, el trabajo puede ser muy demandante a veces. —La justificó de inmediato la mujer. —Mi esposo Harold también tiene que tomar en ocasiones mi rutina. —Decía sonriendo con despreocupación; el moreno y la castaña se miraron de reojo sin saber que decir. Afortunadamente su hijo menor logró capturar la atención de aquellos padres.

—Mami, tengo sueño. —Les hizo saber el pequeño.

—Será mejor que nos vayamos. —Sonrió el hombre, viendo asentir y sonreír forzadamente a la pareja antes de retirarse.

—Eso… —Decía la castaña tragando fuerte, aún nerviosa.

—Lo sé. —Asintió el oji-verde con el ceño fruncido, comprendiendo a que se refería, pues había resultado demasiado extraño para los dos. —Yo… será mejor que acomode algunas mesas. —Habló incómodo, tratando de huir de aquella tensión que vibraba entre los dos.

—Si, em… veré si mamá necesita ayuda. —Añadió ahora ésta, queriendo escapar de aquello también. Tan pronto bajó el sol y los invitados se fueron, fue mucho más fácil para todos poder usar magia debido a la oscuridad de la noche, no tomándoles tanto tiempo para ordenar el jardín de los Granger, quienes con ayuda de Jean lograron distraer a Ellen y Henry para que no notara nada.

—Vaya, han terminado muy rápido. —Dijo la anciana apenas vio entrar a los seis chicos a la casa.

—Es más fácil que acomodar. —Contestó el pecoso mientras recibía un poco de agua de la madre de la castaña.

—¿Y Henry? —Preguntó curioso el moreno al no verlo revoloteando por ahí.

—Parece que alguien terminó derrotado. —Se escuchó la voz de Ginny desde el living al ver a un Henry dormido en el sillón de los Granger.

—Jugó demasiado. —Aseguró Ellen mientras lo miraba con ternura dormir plácidamente.

—Fue un día pesado para él. —Declaró Harry, sintiendo también el cansancio caer sobre él. —Tan pronto suba los regalos al auto nos iremos. —Le avisó, el día había sido muy ajetreado para los tres, sin embargo, Ellen era la mayor de ahí y por lo tanto necesitaba cuidados especiales.

—Descuida cariño, estoy bien. —Afirmó mientras tomaba asiento en una de las sillas del comedor. —Además, Jean y yo ya nos encargamos de eso. —Le indicó de forma despreocupada.

—Será mejor que vayan a descansar. —Sugirió Hermione al ver el cansancio reflejado en sus rostros.

—Sí, creo que es lo mejor. —Asintió el moreno, tomándole la palabra a la chica. —Si gustan puedo llevarlas a casa. —Se ofreció al recordar que ninguna tenía auto.

—No te preocupes, hermano. Yo me encargo. —Intervino el pecoso, viendo a su amigo asentir. Con cuidado de no despertarlo, Harry se acercó al pequeño. —Hora de irnos a casa, campeón. —Dijo mientras lo tomaba en brazos, el niño de inmediato se abrazó a su cuello y apoyó su rostro en su hombro, buscando comodidad para seguir durmiendo.

—Déjame ayudarte. —Se ofreció de inmediato Hermione al ver que se dirigía a la puerta principal para salir y subir al niño al auto. Con ayuda de la castaña, acomodó al niño en su pequeña silla que se encontraba en el asiento trasero, asegurándolo con su cinturón para el transcurso a casa.

—Normalmente no digo esto, Hermione… —Decía serio mientras cerraba la puerta trasera con cuidado, viendo al mismo tiempo a Ellen despedirse de los Granger. —Pero gracias nuevamente. —Expresó con sinceridad, regresándola a ver. Hermione sonrió de medio lado y asintió. —Estoy seguro de que recordara este cumpleaños siempre. —Le hizo saber para enseguida dirigirse a la puerta del copiloto y abrirla para Ellen. Una vez la mujer se subió, Harry se despidió de sus amigos con un movimiento de mano, en donde el único que no correspondió fue el padre de la castaña. El transcurso a casa fue silencioso, después de todo había sido un día muy ajetreado para la pequeña familia, no estaban acostumbrados a lidiar con todo aquello, sobre todo el niño, quien fue el primero que cayó rendido aquel día. Al llegar, Harry ayudó a Ellen a bajar los regalos y llevó a un Henry dormido a su habitación; le colocó su pijama y lo dejó descansar. Una vez ordenó todo, se dirigió a su despacho.

Por otro lado, el camino al departamento de las chicas fue silencioso. El pecoso miró por el retrovisor interior a las tres chicas que iban calladas y con expresión cansada.

—Ha salido bien ¿no creen? —Comentó de repente el pelirrojo, llamando la atención de todos en el auto.

—A excepción del novio de Granger, por supuesto. —Respondió mordaz el rubio, recargando su rostro en su puño, fastidiado.

—Ex. —Lo corrigió de inmediato la castaña con tono ácido.

—Aun así, estoy de acuerdo con Ron. —Intervino Ginny. —Creo que Harry reaccionó mucho mejor de lo que todos esperábamos. —Los cuatro asintieron de acuerdo.

—Lo que me hace recordar… —Habló ahora Luna. —¿Quién invitó a ese idiota? —Preguntó dirigiéndose a la castaña en tono molesto.

—Mi padre. —Recordó irritada. —Tal parece que quería darme "una sorpresa". —Expresó entre comillas haciendo una mueca de disgusto.

—Y vaya que nos la dio. —Declaró mordaz la rubia. —Sin embargo, me parece ilógico que tu padre lo haya invitado estando Harry ahí. Creo que incluso Ron que es el más despistado de los tres lo entendería. —Decía la rubia no encontrándole sentido a las acciones del señor Granger; el pelirrojo le dirigió una mirada de recelo por el retrovisor.

—He ahí el problema… —Recordó seria Hermione, llevando a todos a arquear su ceja. —Mi padre le guarda rencor a Harry.

—¿Por qué? —Se atrevió a preguntar Ron, ganándose una mirada de desaprobación por parte de Ginny y Luna.

—Supongo que porque se alejó de todos nosotros. —Mintió, esperando que Ron y Draco le creyeran, pues eran los únicos que no sabían nada de aquella situación; sus amigas le dirigieron una mirada comprensiva, sabían a qué se refería Hermione. Los próximos diez minutos todos guardaron silencio, solo entonces hasta que llegaron al departamento de Malfoy.

—Te veo el martes. —Dijo el rubio antes de bajar del auto e ingresar al edificio.

—Y yo que pensé que Malfoy vivía en una cueva. —Escucharon comentar a la pecosa, mirando curiosa los edificios que se encontraban ahí. El departamento del rubio se encontraba sobre la calle Strand en Londres, cerca del puente Millennium Bridge y en donde residían aquellas personas con gustos más selectivos y modernos.

—Debo reconocer que me sorprende la facilidad con la que se integró con los muggles. —Reconoció Hermione una vez dejaron atrás aquel edificio, dirigiéndose ahora al departamento de las chicas.

—Mas viniendo de una familia tan… especial. —Optó por decir Luna por no poner una palabra más despectiva.

—Pese a su buen gusto, pudo vivir de una forma más modesta del que fue acostumbrado. —Les recordó Ron mientras manejaba, viéndolas asentir.

—Nunca nos comentaste cómo se hicieron amigos. —Agregó de pronto Ginny.

—Bueno… —Comenzó un poco dudoso. —Fue algo parecido a lo que pasó con Hermione. —Las chicas lo miraron extrañadas. —El ministro Kingsley ya tenía tiempo en contacto con él.

—¿El ministro? —Cuestionó Hermione.

—¿Por qué Kingsley confiaría en Malfoy? —Soltó enseguida su hermana.

—Kingsley sabía exactamente qué estábamos haciendo, fue él quien nos consiguió quien nos proporcionara la poción multijugos para Harry.

—Malfoy. —Dijo la castaña al entender; Ron asintió.

—Fue ahí donde nos vimos obligados a confiar en él. —Declaró serio. —Al principio fue difícil, pero hasta ahora no hemos tenido ningún problema. —Confesó tranquilo. —Incluso puedo decir que somos buenos amigos. —Aseguró. Las chicas meditaron todo lo dicho por su amigo, no desconfiaban de Malfoy tampoco, es decir, ya no sentían aquel mal presentimiento cuando estaban cerca de él, sin embargo, si les dio curiosidad saber porque de pronto el ministro confió en él y porque de alguna manera, si eran situaciones similares, los tres aún no confiaban en ellas. Minutos más tardes, el auto del pecoso se estacionó frente a su departamento…

—Gracias, Ron. —Se despidió primero Hermione con un beso en la mejilla una vez bajaron del auto.

—Prométeme que después de esto irás a visitar a mamá. —Le pidió después Ginny entre aquel abrazo, despidiéndose; su hermano sonrió.

—Lo prometo. —Le aseguró, viendo de reojo como Luna intentaba entrar al edificio mientras sus amigas se despedían para no tener que hacerlo ella también.

—¡Oye, Luna! —Alzó la voz el pelirrojo justo antes de que entrara; las tres chicas voltearon al mismo tiempo. —Creo que olvidaste algo. —Dijo mientras alzaba su mano y mostraba un móvil. La rubia frunció el ceño y se revisó los bolsillos de su vestido, confirmando que su celular no estaba ahí.

—Te esperamos arriba. —Anunciaron las chicas, viendo a su amiga asentir.

—En un minuto estoy arriba. —Decía mientras caminaba de regreso al coche del pecoso. El chico tan pronto vio que su hermana y su amiga ingresaron al edificio se acercó a la rubia. —Debió salirse cuando me senté… —Iba a decir, pero fue sorprendida por un efusivo beso en los labios por parte del pelirrojo.

—Después de lo de hoy ¿aún piensas seguir huyendo de mí? —Le preguntó sonriente mientras la tomaba de la cintura una vez terminó con el beso.

—No estuvo bien. —Contestó mientras le limpiaba un poco de labial que había dejado sobre su labio inferior; Ron frunció el ceño al ver su expresión de culpa.

—¿Qué sucede? —Le preguntó preocupado mientras la tomaba de la barbilla, haciendo que lo viera a los ojos. Sabía que algo le ocurría, pues había estado evadiéndolo constantemente después de su encuentro en el baño de la casa de los Granger, y en el camino no había hablado mucho.

—No es nada. —Negó mientras intentaba sonreír.

—¿Es por lo que pasó hoy? —Quiso saber al tiempo que su frente se arrugaba ligeramente con preocupación.

—No… bueno, sí. En parte. —Aceptó un poco avergonzada.

—No entiendo.

—Digamos que… antes de que tu llegaras al baño conmigo e hiciéramos… —Intentó decir sin ruborizarse. —Discutí con Frank… mi novio. —Agregó esto último en un tono muy bajo, esperando la reacción del pecoso y tal y como lo pensó, éste no pudo evitar hacer una mueca de disgusto.

—¿Qué fue lo que te hizo? —Preguntó molesto, ganándose una mirada desconcertada por parte de la rubia, pues esperó una rabieta de celos y no que él se molestara porque Frank la haya hecho sentir mal.

—Se irá a África por seis meses. —Declaró un poco incómoda mientras se cruzaba de brazos y se apoyaba ligeramente en el auto del pecoso. El chico inspiró hondo y buscó sus manos, tomándola con suavidad.

—¿Tu lo quieres? —Le cuestionó tratando de que su voz no temblara por el miedo a una respuesta afirmativa. Le preocupaba que lo de hoy haya sido únicamente sexo para Luna, mientras que para él había sido todo lo contrario.

—Yo… —Mordió su mejilla interna, insegura. —No lo sé. —Confesó cabizbaja. Ron sonrió con ternura y la tomó del mentón.

—¿Qué necesitas? —Preguntó. —¿Tiempo? Te lo daré, pero déjame estar cerca de ti, aunque sea como amigos. —Suplicó. Luna meditó un momento sus palabras ¿sería buena idea? Pensó dudosa, sin embargo, después de aquel arrebato que tuvieron ese día, sería absurdo que negara que no sentía nada por él.

—Está bien. —Aceptó, Ron sonrió. —Pero… —Añadió colocando un dedo sobres sus labios al ver que intentaría besarla de nuevo. —Nada de besos sorpresivos. —Le advirtió, sonriendo al ver la mueca de resignación del chico.

—¿Puedo abrazarte? —Le pidió mientras la rodeaba de la cintura.

—Como amigos. —Le recordó. —Y los amigos no se abrazan así. —Volvió a decir mientras apartaba su mano; el pecoso soltó un bufido con disgusto.

—¿Entonces cómo se supone que te trate? —Espetó de brazos cruzados, malhumorado.

—Un abrazo. —Contestó rodeando su cuello con sus manos. —Y un beso en la mejilla bastarán. —Agregó, plantándole uno sobre esta, sintiendo su barba creciente rosar sus labios.

—¿Al menos podré invitarte a almorzar? —Luna asintió sonriendo. —¿No te negarás? —Quiso estar seguro y ella negó mirándolo divertida.

—Bien, será mejor que me vaya antes de que Ginny y Hermione se den cuenta. —Dijo mientras se subía a la acera de nuevo.

—Que descanses, Luna. —Le deseó Ron antes de besar su mejilla izquierda de forma cariñosa, sonriendo al ver el rubor en su rostro.

—También tú. —Contestó en tono bajo, antes de caminar de regreso al departamento. Una vez entró el pecoso dejó salir un hondo suspiro, complacido. Las cosas habían terminado mejor de lo que se hubiera esperado, hacia apenas un día que ella le había negado cualquier tipo de entrada a su vida y ahora, había dejado la puerta abierta ¿las cosas podían ir mejor? Pensó sonriendo mientras se subía a su auto y lo ponía en marcha.

̶ │ ̶

El crepitar de las llamas era lo único que se escuchaba en aquel despacho esa noche. Harry, sentado junto a la chimenea, admiraba aquella pequeña pelota redonda dorada en sus manos, mientras que en la otra sostenía una copa de whisky. Bebió un poco y luego dejó el trago sobre la pequeña mesa de vidrio que se encontraba en el centro. Regresó su vista a la snitch, sentía sus manos temblorosas ¿aún estaría ahí? Se preguntó mientras la giraba en sus dedos lentamente, después de hacer un par de modificaciones cuando iba en Hogwarts, había logrado ajustar la pequeña pieza a su gusto. Con cuidado, la acercó a sus labios y cerró los ojos…

Hermione. —Susurró en esta y de inmediato el caparazón de mental se abrió. El moreno abrió los ojos y sonrió con nostalgia al ver el interior, tomó la pieza con cuidado y un suspiro escapó de sus labios. Los recuerdos no se hicieron esperar…

Flash Back

¿Puedes creer que Ron haya dicho que quiere tener tres hijos? Aún no supero la cara de Luna. —Decía divertida la castaña mientras caminaba junto a Harry hacia aquel sofá que se encontraba en la sala común, tomando asiento frente a la chimenea.

Creo que tres es un número muy pequeño. —Declaró mientras sentía a Hermione acurrucarse cerca de él.

¿Tú crees? —Preguntó curiosa mientras giraba un poco su cabeza para verlo.

Claro, Ron creció en una familia numerosa, debe ser divertido tener muchos hermanos ¿no? —La castaña meditó un momento sus palabras y luego asintió, después de todo ninguno de los dos tuvo hermanos y no sabían lo que se sentía tener un cómplice en la familia para las travesuras o regaños.

Tu jamás me has dicho cuántos hijos quieres tener. —Recordó de pronto mientras acariciaba el antebrazo del chico que rodeaba su cintura, entrelazando sus dedos con él.

Unos cuantos. —Se limitó a decir, besando cariñosamente su mejilla para después regresar su vista a la chimenea, llevando a Hermione a fruncir el ceño.

Unos cuantos no es un número. —Le recordó, obligándolo a que regresara a verla.

¿Cuántos quieres tener tu? —Se desvió.

Yo pregunté primero. —Dijo divertida porque Harry intentara evadir la pregunta. Él continuó mirando la chimenea, mostrando una calma que en ese momento no sentía ¿Por qué tenían que hablar de esto? Se preguntó ¡Estúpido Ron! —¿No quieres tener? —Escuchó preguntar de repente, sintiendo en su voz cierta desilusión y negó de inmediato.

¡Claro que quiero! —Le aclaró rápidamente.

¿Entonces? —Le cuestionó confundida. Harry se obligó a respirar hondo…

Nada, es solo que… no quiero agobiarte con esas cosas aún. —Confesó, viendo a su novia fruncir el ceño. Hermione guardó silencio unos minutos, analizando lo que le había dicho su novio, mientras que Harry agradecía que haya dejado ese tema por la paz. Con cuidado, apartó un poco de sus rizos castaños de su cuello y se acercó depositando un beso tierno sobre el, aspirando su delicioso aroma mientras era embriagado por la suavidad de su piel en sus labios.

Son más de tres ¿verdad? —Soltó de repente la castaña, dejando paralizado al chico, rompiendo con la magia del momento. Él no dijo nada y solo se limitó a tragar fuerte.

No… —Intentó decir antes de que Hermione lo regresara a ver de nuevo.

¿Cuatro? —Volvió a decir al tiempo que lo estudiaba con la mirada; el tragó nervioso al sentir sus ojos miel como rayos equis. —¿Cinco? —Apostó por otra cantidad la chica, viendo esta vez como los colores se le subían al rostro al moreno y entonces sonrió. —¡Son cinco! —Dijo triunfal, fue entonces en que reparó en la cantidad y abrió los ojos con asombro. —¡¿CINCO?! —Profirió con la boca abierta, la cara de sorpresa de Luna se quedaba corta a comparación de la de Hermione, pensó un apenado Harry.

Fin del Flash Back

Una sonrisa divertida se formó en sus labios al recordar aquel día, después de eso tuvo que negociar con Hermione que la cantidad era muy buena por dos razones. La primera fue que ambos eran unas personas responsables, dinero no faltaba y esperarían un par de años por cada uno, además de que ajustarían sus horarios para pasar tiempo de calidad con sus hijos; la segunda era porque ninguno tuvo la oportunidad de tener hermanos y sería fantástico que su familia se llevara igual de genial que los Weasley, claro que con un número menor considerable. Fue un deseo que vio lejano después de todos esos años, sin embargo, luego de la confesión del pequeño, tal vez existiera una posibilidad muy pequeña de volver a tomar esa propuesta en consideración, pensó mientras sostenía aquel precioso anillo de compromiso en su mano.

̶ │ ̶

Sentado en aquella silla, admiraba con toda la calma del mundo las llamas consumir la madera, esperando a que aquella daga estuviera lista…

—Déjame ir ¡Te lo suplico! —Pidió aquella chica, quien se encontraba colgada de cabeza en aquel cuarto oscuro. Él la regresó a ver y tomó una pequeña botella que se encontraba en una pequeña mesa para enseguida incorporarse.

—Bébelo. —Ordenó mientras la abría.

—¿Qué es eso? —Preguntó con temor de que fuera veneno. El hombre soltó un gruñido de disgusto y tomó su rostro con brusquedad, abriéndole la boca a la fuerza para que tragara el líquido. La mujer empezó a toser, tratando de recuperar el aire. Posteriormente, él caminó hacia aquellas llamas y extrajo de ellas una preciosa daga que brillaba caliente y comenzó a caminar hacia ella.

—Espera ¿Qué piensas hacer con eso? —Quiso saber asustada.

—Shh… —Colocó un dedo en sus labios para después mostrar una sonrisa escalofriante. La chica, asustada, intentaba forcejar contra las sogas que la sostenían. —¡No te muevas! —Gruñó, agarrando con brusquedad su cabello para después llevar la daga a su rostro y dibujar dos líneas verticales en él. El grito desgarrador de la chica fue como música para sus oídos y sonrió complacido al verla suplicar, viendo como las lágrimas se perdían por aquel camino de sangre que bajaba de su rostro. —Esto es su culpa. —Escupió con repulsión mientras se alejaba, admirando la herida que acababa de formar. —Él me humilló. —Murmuró y apuntó con su varita hacia el cuerpo. —Por eso le recordaré quien soy yo. —Se dijo con odio. Un segundo después, aquella persona dejó de forcejar, acompañada por la ausencia de su respiración.

̶ │ ̶

¡Hola!

Tiempo sin pasarme por aquí ¡Feliz inicio de año! Y pues ya de paso feliz san Valentín ¿no? Jajajajaja

Y bueno, como ya es costumbre, vengo a explicarles mi largaaaaa ausencia, oficialmente soy egresada, titulada aún no, pero egresada si jajajaja. Lamento la tardanza, sé que prometí actualizar antes, pero de verdad, les juro que es muy difícil escribir en invierno ¡Las manos se le congelan a uno! Donde yo vivo, lo que es diciembre y enero hace un frío horrible, súmenle que mi casa parece la misma Antártida jajajaja. Los demás meses fueron por razones de la escuela y prácticas profesionales, así que esa excusa ya se la saben, disfrútenla que será la última vez en un largo tiempo que la involucre jajajajaja. Debo aclarar, que el capítulo ya estaba terminado desde hace casi un mes *sonríe apenada* pero oficialmente soy Godina :c jajaja Sí, ya tengo trabajo y la verdad, sin mentir, me pesaba mucho ponerme a editar el capítulo, ya saben, últimas correcciones y esos detalles. Me prometí que el siguiente capítulo lo revisaría tres veces para estar segura que no hubiera ningún error, pero ya vieron cuan largo fue que digan que de perdida lo revise una vez jajajajaja ¡24,416 palabras! He rompido mi récord nuevamente jajajaja. Ya saben como funciono, ausencia larga, capítulo largo ¡Pero nunca relleno!

Ahora, retomando un poquito el tema del fic ¿Qué les pareció? ¡No se pueden quejar eh! Les he regalado buenas escenas en este cap, tanto harmonys como de Ron y Luna, y si, con eso me refiero al lemon que añadí. Lo que me hace recordar, que dado que estaremos mirando temas un poco mas delicados y subidas de tono (violencia y sexo) decidí cambiar la clasificación como contenido adulto, lo siento por aquellas personas que leen sin cuenta, la verdad desconozco como funcione fanfiction y wattpad con estas cosas, lo que sí sé es que en potterfics no puedes leerlos a menos de que tengas cuenta. Por otro lado, los que me siguen en wattpad, recordarán que mencioné en algunos comentarios que trabajaba en otro fic y que lo subiría como regalo de navidad. Si, ya se ¿y dónde está que no lo leen? No lo subí ¿La razón? La idea empezó como un one-shot y terminó en un long fic y pues, trabajo en algunos ratos en el, ya llevo dos capítulos por el momento, obviamente no serán super largos como los de este fic eh, aclaro. Lo que si tengo pensado es subir mi primer fic a wattpad y en las demás plataformas que ya está, subirlo, pero corregido porque le URGE.

Retomando el tema del capítulo, ¿Qué vieron? ¿Qué cosas lograron conectar? Les juro que me muero por decirles, pero capaz y alguno no entendió la referencia que le dejé y para qué arruinarle el capítulo con un grandísimo spoiler jajajaja, está bien, solo diré dos nombres: Sharon y Ben. No diré más.

Pero ¿Qué tal Ron y Luna? Jajajajajajaja chicos, es la primera vez que me animo a publicar un lemon, no quise hacerlo tan largo ni meterle tanto romance, quería que fuera breve y claro, o sea a lo que iban como pudieron notar jajajaja. Me preocupaba mucho como iba a quedar, pero bueno, hice lo mejor que pude y al final, solo la práctica hace al maestro, así que deseo de corazón que haya sido de su agrado. Tengo otro escrito por ahí de otra pareja que espero muy pronto mostrárselo mientras pulo esta nueva habilidad para darle un toque mas padre, así que ténganme paciencia. La verdad, fue una escena que no me había planteado, pero una cosa llevó a la otra y dije ¿Por qué no? O sea, al final la idea se planteo en mi cabeza y no la pude sacar hasta que la tuve escrita, espero que esto no los haga perder seriedad a la pareja. Y finalmente, como último detalle, pero no menos importante: La snitch. Si, ya sé que esta se abría y mostraba la piedra, lo sé. Pero quise darle un toque más romántico y personal, así que decidí hacerle esta pequeña modificación, espero no les haya molestado. Y bueno, un anillo de matrimonio ¿a que no se lo esperaban? Una promesa que estuvo guardada siete años junto a Hermione, la pregunta es ¿la cumplirá? Y como decimos los psicólogos: todo depende jajajaja…

De verdad, espero que el capítulo les haya gustado, me esforcé por mostrarle diferentes escenas, algunas nuevas, algunas mas largas, etc., Confieso, que este capítulo, así tal cual como termina, estaba destinado para ser el capítulo 11, se suponía que el capítulo 11 debería de haber terminado aquí, pero a como escribía me di cuenta de que se estaba haciendo demasiado largo que fue prácticamente imposible ponerlo en un solo capítulo. Y de ahí nació el capítulo 12 y 13, jamás pensé que se alargaría tanto y de verdad, no saben como deseaba ya terminar con este cumpleaños para poder pasarme a otras escenas mas importantes, última vez que intento improvisar con algo así se los juro.

Y finalmente, estaré contestando los comentarios de todas las plataformas (debo investigar como se hace en fanfiction, porque la verdad no se) para si tienen alguna duda, aclarárselas sin dar spoiler, obviamente. Espero poder leerlos pronto.

¡Saludos!

-Laura.

PD: Errores de dedo, ya se la saben jajajaja apenas lo note, yo corrijo.