Hola, no saben lo emocionada que me puse al recibir tantos comentarios, hasta el momento la mayoría se inclina por la segunda opción, Quiero agradecer a todas las que me han regalado unos minutos para leer mi historia y más aún a las que me han dejado comentarios que me inspiran y motivan a seguir en este camino. Por falta de tiempo me disculpo por no hacer agradecimientos personales, pero créanme que con sus reviews me han alegrado bastante. Sin más por el momento, espero que les guste el siguiente capítulo. Y disculpas por no actualizar fuertes problemas me alejaron de esto y muchas otras cosas, y entenderé se ya no siguen esta historia. Bueno sin más aquí les va el cap.
Capítulo 14: Bienvenida a casa.
Arthur Wilder estaba muy nervioso mientras que el doctor revisaba a las dos personas que más amaba en su vida, su esposa y su hija, tan grande era su preocupación que le cuestionó al hombre de bata si era o no prudente informarle a su esposa que acababa de confirmar el paradero de su hija. El doctor contesto afirmativamente, pero tomando ciertas medidas para no empeorar la situación.
-La salud de la chica no me preocupa, a leguas se ve que es una señorita muy sana, muy fuerte, claro aunque no está por más no confiarse. Pero con la que si debe de ser más prudente es con su esposa, su enfermera ha hecho un excelente cuidándola, pero no está por demás pedirle que tome las cosas con tranquilidad para evitar una recaída.
-Gracias doctor, yo me haré responsable del cuidado de las dos.
-Bien, no se moleste en acompañarme, yo me sé el camino – uno de los empleados acompañó al doctor hasta la puerta principal de la mansión Wilder.
Antes de irse, el doctor había aplicado un calmante tanto a la condesa como a Candy para que descansaran un poco antes de recibir la noticia de que eran madre e hija. Al Conde le fascinaba ver a su hija descansar tan tiernamente sobre su cama, cuanto hubiera dado por verla crecer y estar ahí, amarla como el padre que era, pero sobre todo protegerla de y hacer que nada la hiciera sufrir.
Los primeros en enterarse de que Candy era una Wilder, fueron los empleados. Lina, al enterarse que su pequeña niña volvía a estar en sus brazos le encantaba, en realidad, siempre sintió culpa por no haber hecho más cuando se la quitaron de los brazos, pero estaba segura de que todo eso cambiaría teniendo a la señorita Candance de nuevo en casa.
A su vez, les pidió que no comentaran la noticia, porque quería ser él mismo quien se la dijera a sus dos damitas.
-Señor – intervino Alfred – aún dentro de toda esta felicidad que compartimos con usted, noto que algo lo abruma.
-Sí Alfred, lo que sucede es que me preocupa la reacción de mi hija y de la familia que la adoptó. Por eso, creo que antes de hacer cualquier otra cosa, tengo que hablar con la familia con la que vivió todo este tiempo, sólo espero que el tranquilizante que el doctor les administró aún tenga efecto para que pueda yo hablar bien con su familia adoptiva antes de que despierten.
-No se preocupe señor, va a ver que todo va a salir bien.
-Eso espero, eso espero, lo único que te puedo asegurar es que pase lo que pase, voy a respetar la decisión que tome mi hija, su felicidad será la mía y la de mí esposa, aunque eso signifique que no viva a nuestro lado.
Dicho esto, el Conde se dirigió a las oficinas de Albert Andrew en Chicago. Gracias a la gran amistad que se había generado entre ellos, el rubio no tuvo ningún inconveniente de recibirlo de inmediato, aunque si le extrañó mucho la visita de Arthur sin avisar.
Albert se encontraba terminando de firmar uno papeles cuando el Conde entró a su despacho.
-Arthur, me sorprende mucho tu visita.
-Espero no ser inoportuno.
-Para nada. Me enteré por Candy que la Condesa se encuentra mucho mejor – dijo Albert invitándolo a tomar asiento.
-Sí, gracias, pero el asunto que me trae es serio.
-Tú dirás, ¿en qué te puedo ayudar?
-Sabes Albert, cuando tú eras muy pequeño…
Arthur contó a Albert todo lo que había sucedido con la pérdida de su hija, y este habló hasta que el mayor concluyó su relato.
-Arthur ¿hay alguna forma en la que pueda ayudarte a localizar a tu hija? – Albert sonaba preocupado.
-No, gracia a la confesión de mi prima Magnolia, pudimos localizar el lugar al que ella había llevado a mi hija, mi pequeña vivió en un lugar que se conoce como El Hogar de Pony, un Invierno, al lado de su muñeca.
-Yo conozco muy bien ese lugar, ¿si quieres…?
-Gracias Albert, agradezco tu interés por querer ayudarme, pero con gran alegría puedo decirte que mi pequeña se encuentra ahora en casa, la hemos podido recuperar.
-Bueno, me alegra mucho, pero me vas a disculpar que te pregunte ¿a qué se debe tú visita si ya se encuentra en tu casa? ¿En qué puedo ayudarte?
-A que mi hija – se quedó callado, era algo muy difícil de decir – mi hija es la joven a la que tú adoptaste Albert, mi hija en Candy.
Albert no sabía cómo reaccionar, sintió como un balde de agua fría caía sobre su cuerpo, su pequeña Candy era en realidad la hija del Conde y la Condesa Wilder, no podía creerlo.
-No puedo asimilarlo, no lo creo ¿estás seguro de lo que dices Arthur?
-Si – la cara de incredulidad de Albert se notaba mucho, pero Arthur hablaba con seguridad – lo comprobé cuando ella me contó su historia y con lo que la señorita Pony me dijo cuando fui al orfanato, además es muy notorio el parecido que tiene con mi esposa, y todo lo que despertaba en nosotros siempre que se encontraba a nuestro lado – la sonrisa del Conde demostraba la inmensa felicidad que sentía por haber encontrado a su hija.
-Para serte sincero, yo había notado ese parecido del que me hablas – dijo Albert ya más sereno- pero me pareció una casualidad. Ahora que me cuentas todo esto creo que tienes toda la razón. Así fue como Candy llegó al hogar de Pony, pero, ¿qué va a suceder con ella ahora? ¿Qué es lo que vamos a hacer? Debemos pensar en ella primero que nada.
-Sí, tienes razón – Arthur frotó con su mano derecha su barbilla – pero es mi hija y mi esposa y yo no podríamos pasar más tiempo sin ella después de haberla encontrado, después de tanto tiempo de estar sin ella. Además, mis empleados ya saben todo, y mi esposa lo sospecha, y cometí la indiscreción de decirle a Candy que ella era mi hija, que al fin la habíamos encontrado, lo que provocó que se desmayara y…
-¡Qué! ¿Candy se encuentra bien? – Albert estaba preocupado.
-Sí, sólo fue la impresión, el médico dice que se encuentra bien. Pero ahora no se como seguir con todo esto.
-No te preocupes, de hecho te tienes que alegrar porque tienes a la mejor hija del mundo, es una niña encantadora. Y a pesar de que me dará mucha tristeza de que mi pequeña dejará de ser una Andrew, me alegra mucho de que haya encontrado a su verdadera familia, - Albert miró con una sonrisa a Arthur – y me agrada de que ustedes sean sus padres, después de todo, nadie más se merece ser más feliz que Candy.
Ambos se dieron un fuerte abrazo en señal de que todo estaba aclarado.
-Albert, sólo hay algo más que me gustaría saber ¿qué es lo que hace que Candy no sea feliz? Lo he visto en sus ojos, aunque siempre sonríe, hay una sombra en ellos, algo que no puedo entender.
-Creo que es ella quien debe contárselos, no ha tenido una vida fácil, todo lo contrario, siempre se ha sacrificado por los demás, pero a su tiempo ella les contará todo.
-Mi pobre hija, no soporto saber que ha sufrido, daría mi vida porque no hubiera derramano ni un lágrima.
-Ánimo – Albert lo tocó en el hombro.
-Pero ahora todo será diferente, le daremos todo ese amor de padres que no hemos podido demostrarle.
-De eso estoy seguro. Arthur, me gustaría pedirte un favor, hoy hablaré con mi tía y mis sobrinos, me gustaría que mañana me permitieras hablar con Candy.
-Por supuesto, además, según el doctor no despertará sino hasta mañana por el sedante que le aplicó. Y creo que te tiene un gran cariño, será más fácil de esa manera – ambos sonrieron.
-Es gracioso, hace unos días tú me devolviste a mi sobrino y ahora es mi turno de devolverte el favor entregándote a tu hija, aunque me duela en el alma separarme de ella.
Albert acompañó a Arthur a su casa, tenían que explicar todo a la Condesa, ella ya había despertado cuando ellos llegaron, le dio mucho gusto saber que Candy era su hija, en el fondo lo sabía, pero cuando se lo confirmaron fue inmensamente feliz, fue algo que le regresó vida a su corazón.
-Desde que conocí a Candy sentí un cariño muy especial, algo que impedía que me separara de ella, era algo que no me explicaba, pero ahora se que todo se debía a que ella es mi hija, mi corazón no mentía – dijo la Condesa con lágrimas en los ojos, era tan grande su emoción que no podía dejar de llorar de alegría.
-Mi amor, ¿te encuentras bien? No quiero que te pongas mal… - pero no dejó que Arthur terminara de hablar.
-No, me encuentro excelente, estoy muy feliz, y nada me hace sentirme tan bien que el saber que pronto tendré a mi bebé en mis brazos.
La Condesa, el Conde y Albert se reunieron en el despacho de la mansión, ahí Albert les contó algunas de las travesuras que Candy había hecho cundo era pequeña, de cómo la había conocido, de como la adoptó y de todo lo que hasta el momento habían vivido juntos (claro omitiendo ciertas cosas que respectan a un apuesto castaño). Siguieron platicando, Lina les avisaría cuando Candy despertara.
-Señora, la señorita Candy ya ha despertado – dijo la empleada entrando al despacho, esta noticia provocó que la habitación quedara en silencio.
Todos subieron a la habitación de Candy, pero no entraron, la Condesa se encontraba muy nerviosa debido a que no sabía cual sería la reacción de su hija al enterarse de toda la verdad.
Ganas no les faltaban al Conde y a la condesa de entrar a la habitación y abrazar a su hija, pero Albert fue quien entró primero y quien la abrazó, seguido de sus padres. El rubio le contó toda su historia, de cómo fue separada de los Condes y como ellos siempre la habían estado buscando.
Candy escuchaba atenta y admirada al saber toda la verdad, ahora no sólo sabía que tenía unos padres que siempre la han amado, sino que era inglesa, al igual que él (refiriéndose al amor de su vida).
-Entonces, ¿mi nombre es Candance Allison Wilder? – dijo ella al final del relato.
-Así es pequeña – contestó su padre.
Todos la miraban, ella no hablaba, se sentía extraña, y tanto sus padres como Albert se habían percatado de ello.
-Candy, será mejor que te dejemos un momento a solas, para que puedas asimilar todo esto que te acabamos de contar, cuando te encuentras listas baja, te estaremos esperando en la sala para escuchar la decisión que tomaste, recuerda que todos te amamos y que cualquiera que sea la decisión que tomes no te dejaremos de querer – dijo Albert.
La chica sólo asintió con la cabeza y esperar a que todos salieran de la habitación. Se recostó y se puso a pensar sobre todo lo que había sucedido.
-Al fin tengo lo que siempre quise, una madre y un padre – (pero por qué no me siento del todo feliz si además de ellos tengo a Albert y a mis amigos, claro es porque no puedo olvidarlo, pensó la rubia) – me encanta la idea de que ellos sean mis padres, son unas maravillosas personas, pero qué va a pasar con Albert, y con la tía Elroy, que pasará con todos los Andrew, no sé que es lo que voy a hacer.
En la sala, reinaba el silencio, todo mundo esperaba con ansiedad a que Candy apareciera. Fue el sonido de pequeños golpes en la puerta lo que hizo que todo mundo girara la vista en esa dirección.
-Disculpen, ¿puedo entrar? – preguntó cortésmente la pecosa.
-Adelante.
-La verdad, esta noticia me ha dejado un poco… - no sabía cómo decir eso – no sé, se siente extraño, enterarme que tengo unos padres que no me abandonaron como yo creía y – los ojos de la Condesa se llenaron de lágrimas y Candy notó eso y la puso mal – me preocupa qué va a pasar contigo Albert y con la tía y con los demás, no quiero perderlos – con esas palabras Arthur pensó lo peor, su hija no quería estar con ellos – sin embargo, también quiero estar con mis padres – estas palabras levantaron el ánimo de los Condes – Albert, necesito hablar con la tía abuela, creo que se va a molestar porque he decidido renunciar al apellido Andrew, ahora que ya fui presentada ante sus amistades.
-Candy – Albert vio como a Candy comenzaba a llorar y secó sus lágrimas con sus pulgares.
-Lo lamento Albert, te voy a estar eternamente agradecida porque no sólo me diste tu apellido, sino todo tu cariño – la chica no pudo más y se lanzó a los brazos de se aún tutor – y si me lo permites, me gustaría seguir siendo tu hermanita porque yo así te quiero Albert, y nunca voy a dejar de quererte.
-Candy, mi pequeña – volviendo a abrazar a Candy – tú nunca dejarás d ser mi pequeña hermanita, y tienes mucha razón y derecho de pasar tiempo con tus padres y disfrutar de todo el cariño que ellos tienen para ti.
Albert desase el abrazo y ella se dirige hacia sus padres.
-Me alegra que si me quieran y que no me hayan abandonado, yo siempre quise tener a una mamá y a un papá, aunque no lo admitía ante los demás, y desde que los conocí, sentí algo muy especial por ustedes, - sus padres la abrazaron con cariño – mamá, papá, sólo quiero pedirles un favor – ellos la escuchaban atentamente – que me dejen tratar a los Andrew como familia, porque eso es lo que los considero, ellos también son parte importante de mi vida y no me gustaría que fuera de otra manera.
-Mi niña, no es necesario que lo pidas – aclaró la Condesa – de cierta forma ellos son familia, tu finado abuela era primo lejano de le señora Elroy, por lo tanto, los Andrew y nosotros somos familia.
-Claro que sí hija – Candy miró a su padre – lo que dice tu madre es cierto, además, nosotros no queremos separarte de las personas que te cuidaron mientras nosotros no estuvimos contigo, nosotros somos los que queremos entrar en tu vida y en tu corazón.
Los abrazos no se hicieron esperar.
Todos siguieron hablando un buen rato, hasta se conversó de lo que el Conde Wilder tendría que hacer para que Candy recuperara su nombre y apellido.
La primera noche de Candy como hija de los Wilder, fue una de las noches que siempre había soñado, con una madre y un padre que la arropaban antes de dormir demostrándole todo el amor que sentían por ella.
Bueno, al fin pude actualizar, en fin, ahora si espero poder actualizar cada semana, antes si no me dejan mucha tarea.
Ganó la opción dos, una Susana malcriada que a nadie la cae bien
Bueno, ya tengo casi todo el siguiente capítulo, sólo puedo adelantar algo:
Noticias de Broadway
Dos bodas
Una chica misteriosa y un viaje cuyo principal motivo es olvidar
