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Todos los personajes son de Stephenie Meyer. Todos humanos.
CODICIA MARCADA
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*Lauren*
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-¿Adán? - Pregunté. No era un nombre que me hiciera saltar pero ya que no aceptaba que nuestro bebé se llamase como él, debía buscar una alternativa.
-¿Y cuando llegue una niña la llamaremos Eva? No, no. - Negó con una pequeña sonrisa y me acarició la mejilla, después miró hacia un punto fijo, pensativo. - Yo prefiero algo así como Aaron, Andrew o Anthony. - Bufé y me senté en la cama cubriendo mi cuerpo desnudo con la sábana.
-¿Por qué tienes que prever que después tendremos una hija cuando no ha nacido ni el primero? Además no sé si te has fijado que todos los nombres empiezan por A… Se me hace aburrido. - Edward soltó una carcajada, besó mi mejilla y me rodeó con sus brazos, acercando mi cabeza a su pecho.
-Tranquila, encontraremos algún nombre para nuestro bebé. - Torcí el gesto entre sus brazos sin moverme.
-Aun hay tiempo.
-Por supuesto.
-Pero yo quería que se llamase Edward. - Una de sus manos se dedicó a acariciar mi brazo.
-Ya hemos hablado de eso Bella. No quiero que se llame como yo, me halaga que quieras ponerle mi nombre a nuestro primer hijo y no sabes cuánto, pero a mi precisamente no es que me guste mi nombre. - Alcé mi rostro con el ceño fruncido y clavé mi mirada en la suya.
-A mi me encanta tu nombre. - No pude reaccionar a su mirada pícara, pues solo duró un segundo y al siguiente me encontraba tumbada en el colchón, atrapada bajo el cuerpo de mi marido. Retiró un mechón de pelo que se había desviado hacia mis labios y alzó una ceja acercándose a mi rostro.
-¿Te encanta mi nombre… o soy yo el que te encanta? - Murmuró acariciando mi nariz con la punta de la suya. Reí con la respiración entrecortada y rodeé su cuello con mis brazos.
-Hmm… no sé.
-¿Necesitas más convicción?- Susurró, marcando un camino de húmedos besos desde mi cuello hacia mi escote.
-No, cr- creo que tengo-o la respuesta. - Mi respiración aumentó inmediatamente cuando sus manos apartaron el trozo de sábana que cubría mis pechos y su lengua acarició la punta de uno, poniéndome la piel de gallina y a la vez quemándome viva.
-¿Y cuál es? -Preguntó sensualmente exhalando su aliento en mi pecho. Jadeé y con mis manos a cada lado de su cara lo obligué a que sus ojos quedaran sobre los míos.
-No deberías dudarla. - Respondí mordiéndome el labio. Acaricié su cabello, el cual seguía húmedo a causa del ejercicio practicado anteriormente.
-Y tú no deberías hacer eso.
Sonreí pícaramente y respondí fervientemente a sus besos. No había nada en el mundo que me distrajera cuando estaba así con él. No quería ni imaginar cómo hubiese reaccionado si Mike hubiese conseguido forzarme, no quería pensar en cuáles habrían podido ser las consecuencias de sus posibles actuaciones. Por suerte lo tenía ahí conmigo, amándome como tanto me gustaba.
-Te quiero. - Gemí al sentir su mano en mi centro abriendo los ojos de par en par para cerrarlos de inmediato.
-No más que yo mi amor. - Su voz ronca provocó una vez más que me estremeciera.
Mis manos acariciaron todas y cada una de las partes de su espalda, mientras que una de las suyas seguía prestando atención a aquel lugar que siempre sería solo suyo y la otra se dedicaba al resto de mi cuerpo, a mi rostro.
Se quedó unos segundos observando mis ojos, con la satisfacción pintada en los suyos, mientras observaba en los míos como el orgasmo me llevaba a lo más maravilloso que alguna vez había conocido.
-Mía. - Susurró en mi oído para después besarme el cuello, presioné su cabeza contra mi cuerpo sintiendo su cabellera broncínea.
Con mi otra mano llegué hacia su punto más sensible y comencé a masajearlo, otorgándole aquel placer que bien se había merecido y que siempre merecería. Incliné mi cabeza hacia delante buscando su mirada cuando levantó la cabeza con las facciones contraídas por el placer.
Era tan sensual y erótico verlo y escucharlo que hubiese podido quedarme así siempre, ignorando el esfuerzo que ejercía y el dolor de mi abdominales para poder contemplarlo, lo que era imposible ignorar, era el enorme placer que cada vez me embargaba con más fuerza, en parte por la visión que contemplaba y en parte porque él nuevamente, acompañando a mi acción, me estaba devolviendo de nuevo el favor.
Me dejé caer sobre la almohada, casi sin fuerzas, entonces su mano se detuvo y dejó de acariciarme, por lo que yo también lo hice. Se acercó de nuevo a mi jadeante y me besó demasiado tierno y después de manera enfurecida, algo que me volvió loca. Llevé mis manos a su trasero y lo presioné provocando que de nuestros labios salieran gemidos.
-Edward… por favor.
-¿Qué quieres? - Preguntó con voz ronca sobre mis labios.
-Hazlo, t-te necesito. - Casi le supliqué que lo hiciera.
-¿Verdad… q-que siempre vas a-a ser mía? - Bufé con furia, ¿cómo se le ocurría preguntarme semejante cosa? ¿Otra vez comenzaba con lo mismo?
-Lo sabes… - Afirmé mirándole fijamente con el reproche bailando en mi expresión seguramente.
Al menos no me hizo esperar más y sin eliminar el contacto con mis ojos me penetró lento, haciendo que sintiera todos sus centímetros, milímetro a milímetro. Mi espalda se arqueó cuando lo sentí completo en mi interior, sus manos se aferraban a las mías y no pude evitar presionarlas a causa del placer que me embargaba.
Comenzó a moverse lentamente, pero su rostro, aunque dejaba ver el placer que sentía en aquellos instantes, también dejaba notar que no estaba tan completo en el acto como lo había estado anteriormente. No me podía creer que estuviese pensando en lo que había pasado con Mike, no se lo iba a permitir.
Solté sus manos y subí por su espalda empapada en sudor, presionando todos sus músculos hasta llegar cruzando su cuello a su rostro, lo acaricié observando, con gran esfuerzo por mantener los ojos abiertos, su expresión. Él abrió los ojos, intenté sonreírle entre jadeos, ya que no podía casi articular palabra, los gemidos pronto me ahogarían.
Se acercó a mi y me devolvió una sincera sonrisa antes de besarme en los labios. Sus labios eran el complemento perfecto cada vez que me sentía suya. Mordió mi labio inferior y se me escapó un gemido, seguido por uno suyo.
El placer se incrementó con el dolor y tuve que dejar de besarle, pero no desenredé mis brazos de su cuello, obligándole a que enterrara su rostro en el hueco de mi cuello. ¡Dios! Cuánto lo amaba.
Cerré los ojos con fuerza notando como mi arco iris esperado llegaba para dejar paso a un millón de colores y después dejar lugar a un blanco inmaculado. Sentí a Edward tensarse para relajarse después. Su respiración, tan errática como la mía, me hacía cosquillas en el cuello.
Pasé la mano por su brazo antes de que él se tumbase de espaldas en el colchón, intentando regularizar, al igual que yo, la respiración. Pero aun no se me había olvidado su expresión y aunque estaba casi segura de que todo aquello se debía a Mike, quería cerciorarme de ello.
-Estabas distraído… - Abrió los ojos, para apoyarse sobre un costado.
-No, amor. - Sonrió.
-Sí, lo estabas. - Sin dejar de sonreír, se acercó a mi y me besó en los labios.
-¿Por qué dices eso? ¿Es que… no… me he portado bien? - Elevé las cejas y reprimí la carcajada que amenazaba con salir de mi interior.
-Sería difícil no sentirme bien siempre que hacemos el amor… pero no sé… estabas… un poco ausente… - El corazón me brincó fuertemente por el pensamiento que cruzó por un instante mi mente, pero en seguida lo rechacé.
Edward nunca sería capaz de hacerme algo así y menos cuando llevábamos nada casados. Era una idea estúpida que no sabía como demonios había llegado a mi cabeza, sí, era estúpida, demasiado.
Él me quería… Y no sería capaz de engañarme. Seguramente su pequeño ausentismo tenía que ver con Mike.
-Son ideas tuyas, preciosa. Anda, ¿no tienes sueño? Mañana también tenemos que madrugar. - Suspiré derrotada y pasé mi brazo alrededor de su cintura.
Hubiese deseado ducharme pero tenía que admitir que no podría reunir fuerzas suficientes para mantenerme de pie, así que ya lo haría a la mañana siguiente, sería lo mejor.
-Hasta mañana.- Murmuré dándole un beso en los labios.
-Que descanses, cariño.
-Buenos días Eric. ¿Ha llegado el señor Peter? - Pregunté esperando que me dijera que no.
-No, Bella. - Suspiré agradecida, se me había hecho algo tarde y tenía una entrevista con uno de los candidatos para sustituir el puesto que llevaba Mike anteriormente.
-Gracias a Dios. ¿Algún recado?
-Sí, el señor Jacob Black ha llamado hace cinco minutos, decía que tenía que hablar contigo.
-Ahora lo llamaré, muchas gracias Eric.
Me metí en mi despacho, dejé mi bolso sobre la mesa y marqué el número del móvil de Jake desde el mio.
-Hombre… mira quien llama, veo que la luna de miel te ha reseteado las neuronas y ni siquiera te acuerdas de que tienes amigos.
Me sentí mal, no me esperaba una reacción así por su parte, lo peor era que sabía que tenía razón. Mi amigo debió percatarse pues en seguida rió, relajándome en el mismo instante.
-No te lo voy a tener muy en cuenta, desde que conoces a Edward me has dejado un poco tirado, pero no te voy a reprochar nada, al menos eres feliz.
-Lo siento Jake. Tienes razón, tenía que haberte llamado, pero he estado un poco liada.
-No te preocupes, pero espero que nos veamos pronto, supongo que tienes que contarme muchas cosas.
-Sí… algunas buenas y otras no tanto, pero sí.
-¿Ha pasado algo malo? - Suspiré.
-Podría haber sido peor, pero solo quedó en un susto.
-Bella, me estás acojonando. - Reí. - ¿Tu embarazo sigue bien?
-Sí, sí, todo está perfecto. ¿Sabes? Si quieres podemos quedar esta tarde, díselo a Leah, también me apetece verla.
-Sí, me parece bien. ¿Cómo quedamos?
-Podemos tomar algo en Fashion Rules, iré a buscar a Edward y nos vemos allí.
-¿Sobre las 6?
-Sí, un besito Jake.
-Otro para ti, Bella.
No podía creer como había podido estar tan en mi mundo que ni siquiera me había dado tiempo a llamar a Jake. Encendí el ordenador mientras revisaba algunos currículums enviados para ocupar el puesto de Mike. Había muy poco personal que se mereciera estar en el puesto y no es que fuera dura, pero tenía que admitir que especificaba demasiado los criterios que pensaba esenciales. Tocaron la puerta y me erguí.
-Adelante. - La puerta se abrió dejando paso a Peter, un joven de 28 años. La foto en su currículum dejaba mucho que desear, porque el tipo era realmente apuesto.
-¿Puedo?
-Claro, pasa. - Le animé levantándome de mi asiento. Estiré el brazo cuando estuvo frente a mi para estrechar su mano. - Encantada.
-Lo mismo digo. Pensaba que me perdería, esto es realmente grande, pero por suerte también tienes empleados muy amables.
-Sí, la verdad es que no me puedo quejar. - Sonreí de nuevo. - Puedes sentarte. - Le dije mientras yo hacia lo propio y removía algunos papeles. -¿Nervioso?
-¿Quién no está nervioso en una entrevista de trabajo? - Preguntó sonriendo al final.
-Tienes razón.- Coincidí mientras ojeaba su currículum. - Veamos… tienes muchos puntos para el cargo, estás realmente cualificado. Solo quiero saber una cosa, y piensa bien la respuesta porque solo vas a tener una oportunidad. - El joven tragó saliva y sus ojos del color de la miel se abrieron algo más. - ¿Por qué quieres trabajar aquí? - Pestañeó un par de veces y luego frunció el ceño respirando.
-Es una de las revistas más prestigiosas de Phoenix, conozco casi todos los proyectos que habéis llevado a cabo y también la línea que siguen todas las revistas. Me gustaría unirme y poner mi granito de arena para que esta revista siga subiendo como la espuma, conozco el proyecto que se llevó a cabo para…
-Vale, vale, vale. - Reí.- Tranquilo has pasado la prueba. - El silencio irrumpió mi despacho por unos cortos segundos.
-¿En serio? - La chispa de incertidumbre en su mirada había desaparecido por la de felicidad.
-Sí, creo que lo harás bien.
-Oh, gracias. - Sonrió ampliamente.- Necesitaba este trabajo.
-Bien, pues te necesito cuánto antes.
-Claro, cuando quieras.
-Puedes pasar el lunes a firmar el contrato y puedes empezar. - Abrió más los ojos.
-¿El lunes?
-¿Algún inconveniente?
-No, no, para nada. El lunes estaré aquí a la misma hora. - Se levantó de su lugar cuando yo lo hice.
-Entonces, hasta el lunes. - Lo despedí estrechando de nuevo su mano.
Los viernes parecían realmente interminables, lo único que deseaba era salir del despacho. Edward me había llamado para hablar conmigo, según él me echaba mucho de menos. A las cinco y media salí de la oficina para dirigirme a la de Edward, seguramente se llevaría una sorpresa al verme allí pues no le había dicho que nos reuniríamos allí con Jake y Leah.
Caminaba por los pasillos acariciándome el vientre, sonriendo al imaginar la reacción de Edward al verme cuando una voz rompió el hilo de mis pensamientos.
-Edward es guapísimo.
-Pero está casado.- Rió la que había dicho eso último. Me quedé a la espera escuchando al lado del ascensor pues las voces provenían del aseo que se encontraba allí.
-El que esté casado no implica que tenga que ser fiel… Me han dicho que su esposa es una estirada y que va por ahí matando a toda mujer con la mirada, yo sigo viva. - Enarqué una ceja y noté un calor en mi cuerpo a causa de la ira que comenzaba a sentir. La otra mujer rió.
-¿La has visto?- Hubo un silencio.- Lauren, está muy enamorado de ella, no tienes nada qué hacer. - Apreté tanto los dientes que me hice daño cuando escuché aquel nombre…
-Le caigo bien, tiempo al tiempo. Es que ese hombre me encanta.
-Cuando te digo que no hay nada que hacer, te lo digo en serio. Él era uno de esos hombres que iba con una y con otra… hasta yo caí rendida a sus encantos… - No sabía cuánto tiempo más podría quedarme ahí plantada escuchando todo aquello, pero no pensaba moverme. - Pero ahora no tienes nada que hacer con él.
-Eso… ya lo veremos. - El tono de voz seguro de Lauren me crispó por completo y si no hubiese pensado en aquel preciso momento en que Edward me amaba por encima de todo hubiese entrado en ese lavabo para decirle un par de cosas. ¿Qué se pensaba?
Apreté el botón del ascensor justo cuando ellas salían fuera del lavabo. Las dos reaccionaron de manera sorprendida al encontrarme allí parada, lo único que hice fue retirarles la mirada. Me metí en el ascensor y ellas me siguieron. Tuve que soportar algunas risitas y miradas entre ellas, Lauren era bastante alta y guapa y por eso mismo me sentía algo inferior, pero una vez más me volvía a repetir que Edward me quería a mi para no estirarle del pelo.
-Creo que deberían usar un poco de ambientador en este ascensor, apesta. ¿No cree señorita Swan?- Era verdad que el ascensor olía un poco raro, pero después de lo que había escuchado sabía que intentaba burlarse de mi en mi cara.
-Si no le importa, señora Cullen. Y sí, ahora que lo dice huele mal. - Sonreí malévolamente.- Creo que deberían despedir a unos cuantos parásitos en esta planta.- Me atreví a decir saliendo del ascensor, me paré y las miré. Las dos se habían quedado sin saber qué decir ante mi comentario.- ¿No piensan salir? Se les va a cerrar la puerta- Pregunté esperándolas, algo muy divertido se me había pasado por la cabeza.
La chica que iba al lado de Lauren fue la primera en reaccionar, seguida por la misma Lauren quien eliminó su ceño fruncido, aparentemente le había molestado lo que había dicho. Dejé pasar a la primera, para con un inocente movimiento de pierna hacer que Lauren tropezara y cayera de bruces al suelo. Mi interior se retorcía por el placer y la diversión de verla allí tirada.
-Uy, ¿estás bien? - Pregunté inocentemente, tendiéndole mi mano. Clavó su mirada en la mía con tanta furia que casi me eché a reír, pero tenía que seguir firme. No me contestó ni aceptó mi ayuda. - Será mejor que vaya a ver a mi marido. Hasta luego.
Sonreí en cuanto les di la espalda aguantándome la risa por la travesura que acababa de cometer. No solía cometer aquellas acciones infantiles, pero la conversación que habían mantenido en el baño realmente me había encendido. Saludé a Jane y le dije que no avisara a Edward, simplemente entré.
Con cuidado traté de no hacer ruido y cerré la puerta. Se encontraba de espaldas, sentado en un sofá mirando hacia la ventana, parecía concentrado, me quedé unos segundos mirándolo y mordiéndome el labio caminé de puntillas intentando que el tacón no hiciese ruido hasta llegar donde él estaba. Tapé con mis manos sus ojos y me incliné para besar su cuello, pasé mi lengua por el mismo sintiendo como se estremecía.
-Deberías dejar de hacer eso. - Pidió con voz divertida.
Me quitó las manos de sus ojos y me hizo rodear el sofá para sentarme sobre sus piernas. Me besó y entonces comprendí una vez más que no importaba lo que Lauren y sus amigas comentasen, él era mío. Reí sobre sus labios acabando el beso y apoyando mi frente en la suya.
-Qué sorpresa, ¿Vienes a estrenar mi despacho…? - Reí más ante su tono insinuante y me levanté de su regazo.
-No… Solo venía a darte una sorpresa. He quedado con Jake en vernos aquí. Me ha llamado esta mañana reprochándome que no le dijera nada cuando llegamos de nuestra luna de miel. - Edward suspiró y se levantó caminando hacia su mesa.
-¿A qué hora hemos quedado?
-A las 6, le dije que podíamos tomar algo aquí mismo, espero que no te moleste.
-Claro que no, amor. En realidad Jake tiene razón. - Volvió a suspirar ordenando todas las hojas que forraban la superficie de su escritorio.
-¿Quieres que te ayude a recogerlo?
-No, no, siéntate, en seguida acabo. Y cuéntame, ¿cómo ha ido la entrevista?
-La verdad es que bien, creo que dará la talla. - Comenté cogiendo asiento.
-Espero que no se trate de otro Mike Newton.
-No creo.
-Lo mismo decías de Mike. - Respiré hondo.
-¿Podríamos dejar de hablar de él? Si yo quisiera Mike no sería solo el único protagonista de esta conversación. - Edward se detuvo en lo que estaba haciendo y me miró confundido.
-¿De qué hablas? - Negué con la cabeza.
-De nada… Tonterías. - Edward recogió el último montón de papeles para meterlos en un archivador.
-Por algo lo has dicho. - Volví a negar.
-No es nada, de verdad.- Sonreí. - Ven.- Pedí estirando mi mano, la cual rodeó con la suya y se sentó en la silla que estaba a mi lado. Volví a sonreír y me acerqué para besarle.
-No intentes cambiar de tema. - Dijo entre besos. Acaricié sus mejillas con la punta de mis dedos y miré el reloj, eran casi las 6.
-Olvida lo que he dicho, no tiene importancia y vamos a bajar, van a dar las 6. - Lo besé una vez más y me levanté colgándome el bolso. - Edward suspiró y me dio una palmadita en el trasero.
-Anda, vamos. - Pasó su brazo por mis hombros y yo el mío por su cintura.
Salimos del despacho y Edward informó a Jane que ya había acabado su jornada por ese día. Caminamos hasta el ascensor y retiró su brazo solo para besarme aprovechando que estábamos solos.
-Cada día estás más hermosa. - Murmuró llevando sus manos a mi trasero. Mi centro palpitó, pero no era el momento adecuado y menos el lugar, así que llevé mis manos hacia las suyas y las retiré.
-Pórtate bien.
-Puedo parar el ascensor .- Besó mi cuello y en ese momento el timbre del ascensor nos informó que habíamos llegado.
-Creo que no… - Reí.- En otra ocasión. - Él sonrió y volvió a rodear mis hombros con su brazo, caminando hacia la cafetería.
En ese momento estaba plenamente feliz, pero lo fui más al notar como Lauren nos observaba desde una mesa de la cafetería, ¿esa chica no trabajaba? Noté como Edward la saludaba con un asentimiento y ella le respondió con la mano y una sonrisa.
-Ya van dos veces que la veo fuera de su puesto el día de hoy. - Comenté mientras me senté. Él hizo lo mismo.
-¿A Lauren?- Preguntó extrañado.
-Sí, a Lauren.
-Bueno… mientras siga igual con su trabajo… - Asentí molesta. Escuché su risa y su mano acarició mi mejilla acercándose más a mi. - ¿No estarás celosa, verdad?
-Por supuesto que no. - Afirmé. Él asintió divertido y se acercó para besarme.
Una vez más dejó de importarme todo y además aquel beso me vino bien, pues lo alargué y lo profundicé a conciencia, sabiendo que Lauren estaría mirando. Él era mío.
-Vaya… parece que va a ser verdad que no se puede quedar con vosotros dos. - La voz de mi amigo me hizo retirarme de inmediato de los labios de Edward con una enorme sonrisa y me levanté para abrazarle.
-¡Ey! ¿Cómo estás?
-Creo que mejor que tú no… - Cogió una de mis manos y me dio la vuelta. - Estás guapísima. Mírate, estás radiant…
-Cuidado con esas palabras Black. - Jake rió y estrechó su mano con la de Edward amistosamente.
-Hola, Leah.- La saludé con un abrazo y un beso. - ¿Cómo estás?
-Bien, muy bien.
-Sentémonos.
-Bueno… ya veo que aun seguís de luna de miel. - Se burló mi amigo. Edward entrelazó nuestras manos.
-Estaba tratando de tranquilizar un poco a Bella, - Fruncí el ceño sin entender a qué se refería.- no sé si será el embarazo pero últimamente la noto más celosa. - Jake soltó una carcajada.
-No estaba celosa.- Me defendí.
-Oh, claro que lo estabas cariño. - Puse los ojos en blanco.
-¿Qué queréis? - Pregunté.
-Leah supongo que tomará un café solo con hielo, como yo. - Leah solo asintió.
-¿Tú quieres un descafeinado? - Me preguntó Edward.
-Sí. - Edward levantó la mano llamando la atención del chico que se encontraba detrás de la barra.
-Dos café con hielo, uno solo y un descafeinado.
-Podrías haber esperado a que viniera. - Edward negó con la cabeza.
-Bueno ¿Y tienes cosas que contarme?- Preguntó Jake.
-Sí. - Sonreí. Llevé mi mano libre a mi vientre. - Va a ser un muchachito. - Sonreí de oreja a oreja.
-¿De verdad? - Preguntó Jake sonriente.- Va a ser genial, ¿ya se lo has dicho a tus padres? Deben estar muy contentos.
-Sí, lo están.
-Y mi hermana ya ha empezado a diseñar un montón de ropa para el bebé. - Comentó Edward.
-¿Y vosotros cuando pensáis casaros? - Pregunté.
-Estoy esperando a que mi padre acepte a Jake. - Suspiré y luego reí.
-Creo haber vivido esa historia. ¿Pero como no va a aceptar al adorable Jake? ¡Si es el yerno perfecto! - Edward carraspeó, fingiendo estar algo molesto. Reí. - Supongo que para los padres es difícil eso de dejar marchar a sus hijas. A mi al menos siempre me ha tenido muy protegida. No te preocupes, terminará cediendo, no le queda otra ¿no?
-No. Lo nuestro es definitivo. - Dijo Leah correspondiendo a la mirada de mi amigo. Sonreí y apoyé mi cabeza en el hombro de Edward contemplando aquella imagen cómplice entre los dos.
Entonces de repente un movimiento brusco me asustó y noté un calor abrasante en mi vientre. Miré hacia abajo y vi mi blusa manchada de café. Enseguida me levanté seguida de Edward quien me acompañó hasta el lavabo.
-¡Dios! - Me quejé por el dolor, entré al baño y me desabotoné la camisa.- Edward no puedes estar aquí.
-¿Estás bien?- Preguntó preocupado, mirando mi vientre enrojecido. - Espera. - En seguida volvió con un rollo de papel, cogiendo un poco para mojarlo y ponerlo en aquel lugar, sustituyendo mi mano.
-¿¡Pero qué ha pasado!
-No sé, creo que Lauren se ha tropezado y…
-¡Ja! - Me enfurecí al instante, esto solo se trataba de una venganza.- ¿Y qué hace ella trayendo el café si tiene otros quehaceres? - Noté a mi bebé moverse y puse una mano a un lateral de mi vientre.
-Se ha movido. - Dijo Edward en tono de adoración. No pude evitar sonreír.
-Perdona bebé.- Susurré. Escuché como Edward suspiraba.
-¿Te duele? ¿Estás bien? - Mi pequeño volvió a moverse. Edward retiró el papel mojado y observó la quemadura.
-Sí, estoy bien, pero quema.
-Pff… Espérame, voy por unos cuantos cubitos.
-No, no, prefiero ir a casa, además tu no puedes estar aquí.
-Puede venir Leah.
-Quiero ir a casa.
No estaba de humor para quedarme más tiempo allí, necesitaba ir a casa. Lauren se había pasado bastante. Salimos del baño en cuanto me abroché la camisa y caminamos hacia la mesa, en seguida Lauren se acercó.
-Vaya, ¿está bien? Lo siento muchísimo. - Se disculpó fingiendo muy bien el papel.
-No pasa nada Lauren, le podría pasar a cualquiera.- Dijo Edward. ¡Ag!
-¿Nos vamos por favor? - Pedí. - Lo siento Jake, pero quiero ir a casa, si quieres podéis venir mañana a cenar, tenemos que hablar aun de muchas cosas.
-Claro no te preocupes, Bella. - Se levantó para besarme en la mejilla.- Ponte bien, ¿eh? - Asentí desganada y salí de la misma manera del lugar.
-Podemos ir al médico, me quedaré más tranquilo, el bebé tampoco para de moverse.- Dijo tocando mi vientre mientras salíamos fuera. Negué con la cabeza.
-El bebé está bien.
-Estaré más tranquilo por él y por ti. Vente en mi coche, ya nos encargaremos el lunes del tuyo.- Suspiré.
Lo que menos deseaba en aquellos momentos era ir al médico, solo había sido una quemadura, que todavía sentía arder pero nada más. Sentí una vez más removerse a mi bebé, quizás se estaba moviendo tanto por el nerviosismo que estaba sintiendo en ese preciso momento, por la ira que sentía por Lauren, porque ya después de aquel día sí que no podría verla más.
Buenoo! Pues ya he regresado, hace dos días que llegué!... :) Aqui vengo con otro capitulo más, espero que os gustee!
ALLY MASEN CULLEN, lokaxtv, vickycn, bbelli,supattinsondecullen, bellaliz, Jos Weasley C, Maggice, V, tools, Vigo, lady blue vampire, Marylouu, Paaameeelaaa, yolabertay, Jbpattinson, Ale89, Fran Cullen Masen, Ely Cullen M, Lauri R, Jessica, sabi07, Jag400, Laliita, stephaniemaria, chels, Danika20, Carmen Cullen-.i love fic, lu, joli cullen, Joss Alvarado, Lynn, GRACIAS! :)
Crystal Butterfly 92, jajaja la voz de Edward si contiene un tono de adoracion, ahí me colé en la escritura, lo siento, ya lo corregiré :)
saraes, ya ves que no me olvido, en cuanto he regresado me he puesto en marcha :) ojú, que calor en tu tierra, chiquilla! Al menos me he puesto morenita... jajaja
Chapis Cullen, pues no no falta mucho para que acabe... :)
Bueno pues hasta el próximo capitulo chicaas! UN BESOTE! :)
