Capítulo 14. La segunda prueba.

David salió de la enfermería a las pocas horas. La fractura de la muñeca fue soldada en unos segundos, pero la pomada que curaba las contusiones tardó un poco más en hacer efecto.

El metamorfomago había estado pensando detenidamente durante el tiempo de reposo como afrontar esta nueva realidad. La decisión de no decir nada había sido la más sencilla por dos razones. Primero: no quería darle la satisfacción ni a Malfoy ni a Adam de ver como recurría a los profesores; segundo: no quería preocupar a Jess. La curación había sido más que satisfactoria, así que no era necesario contar nada.

Después de tomar esta decisión, llamó a Érebo. Tenía que saber que era eso que tenía que aprender de Adam.

- Vale, Érebo. Ya estoy recuperado y centrado. ¿Qué era eso que tenías que enseñarme? -la oscura presencia de su interior hizo su aparición instantáneamente.

- Hola David. ¿Estás mejor?

- Gracias por la preocupación, pero vamos al grano.

- Por lo que puedo ver, no te han curado la mala leche.

- Es que tú me la provocas.

- Vale, vale. Será mejor que no sigamos por ahí, si queremos avanzar algo.

- Si, será mejor.

- A ver David, lo que quiero que aprendas de Adam es a controlar tus emociones respecto a la gente que odias. Fíjate en como actuó él. Te odia pero esperó mucho tiempo para vengarse de ti. Demostró una frialdad nada común. Eso quiero que aprendas. A mirar más allá, los planes a largo plazo...

- Eso ya se hacerlo... ¿o he de recordarte que gran plan tengo encima desde que supe que era un mago?

- Cierto es. -reconoció el Doppelganger.- Pero me refiero a los planes de venganza hacia Malfoy o gente así.

- ¿Qué quieres decir?

- Lo que quiero decir es que no reveles tus planes. Tienes la estúpida manía de amenazar a Malfoy cuando este te saca de tus casillas. Es absurdo que lo hagas, le alertas. Vigila más sus pasos y hace que sea más difícil que te vengues.

David tuvo que admitir que Érebo tenía toda la razón. Siempre se había enorgullecido de su mente analítica, pero actuaba de forma impulsiva cuando Malfoy se metía con la gente que quería. La palabra estupidez se quedaba corta; era un autentico idiota.

- Entendido. ¿Y qué quieres que haga?

- Lo que llevas haciendo desde que Hermione te cargó el muerto de cambiar la historia. Estar tranquilo, ser frio y no dar ninguna pista sobre lo que vas a hacer... hasta que actúes.


- ¡Dijiste que ya habías descifrado el enigma! -exclamó Hermione indignada.

- ¡Baja la voz! Sólo me falta... afinar un poco, ¿de acuerdo?

- Ya da igual, Harry. Hasta los elfos domésticos en las cocinas se han debido de enterar. -apuntó David, mientras repelía el cojín que acaba de convocar.

El metamorfomago había conseguido hacer correctamente el encantamiento repulsor a la primera. No por nada, lo había usado el año pasado para superar al hinkypunk del examen final de Defensa contra las Artes Oscuras.

- Hermione... eres la discreción en persona. -añadió Jess con mala leche. La morena se giró y le lanzó un cojín con el encantamiento repulsor que Jess desvió usando el mismo hechizo. Este aterrizo en la caja donde el profesor Flitwick había dicho que tenían que dirigirlos.


David caminaba junto a Dean en dirección a la sala común de Gryffindor mientras hablaban sobre como podría ser la segunda prueba. Dean estaba relatando una historia sobre un laberinto y que el huevo contenía el mapa del mismo, cuando un penetrante olor llego hasta ellos.

- Joder, ¿qué es eso? -preguntó David dando varios pasos hacia atrás, mientras se tapaba la nariz con la mano.

- Bombas fétidas. -aclaró Dean con tono experto.- Muchas bombas fétidas. El olor es muy fuerte.

- ¿Los gemelos? -preguntó David a Dean. El moreno, sorprendido, se giró hacia el metamorfomago.

- Podría ser... es su estilo. -admitió.

- Pues a ver como entramos a la sala común sin que se nos quede pegado el olor a la ropa. -reflexionó David.

- Ese no es el mayor problema. -apuntó Dean.

- ¿Ah no?

- No. -dijo Dean acercándose con cuidado al pasillo para oler el ambiente.- El problema es que con esta concentración de bombas fétidas va a ser imposible cruzar el pasillo sin marearnos.

- ¿Cómo sabes eso? -preguntó el metamorfomago alucinado.

- David... hasta las bromas tienen su ciencia y su preparación.

- ¿Y qué hacemos?

- O esperamos a que la contaminación se disperse o buscamos a algún profesor que elimine todo este pestazo.

- Menudo panorama.

- Mejor me voy a buscar a algún profesor. -dijo Dean alejándose del pasillo.- Avisa a la gente para que no pase, David. -le gritó antes de bajar por las escaleras.

- De acuerdo.

De repente, se escucharon unos pasos provenientes del pasillo contaminado. David entornó los ojos para intentar ver mejor a la persona que se acercaba. Era una de los alumnas de los cursos mayores. David la había visto varias veces por la sala común de Gryffindor pero nunca había hablado con ella. Su cabeza estaba envuelta en una especie de burbuja; parecía como si hubiera metido la cabeza en una pecera.

- ¿Quién ha tirado las bombas fétidas? -preguntó la chica al ver a David de pie, a la salida del pasillo.

- No tengo ni idea. -respondió David alzando los hombros.- Por cierto, ¿cómo es que has sobrevivido a ese pasillo apestoso?

- Con esto. -respondió señalándose a la extraña pecera de su cabeza.

- ¿Qué es eso?

- Se llama encantamiento casco-burbuja y hace que una persona pueda respirar aire puro en cualquier ambiente. -respondió la chica, halagada por el interés del metamorfomago.

- ¿En cualquier ambiente? ¿Qué quieres decir?

- Muchos de los magos que trabajan como bomberos en el mundo muggle usan este encantamiento cuando tienen que entrar en zonas con mucho humo o aquellos que trabajan con criaturas marinas para poder estar bajo el agua todo el tiempo que necesiten. -explicó la chica sonriendo.

- ¡Eso es lo que van a usar Diggory y Fleur en la segunda prueba! -gritó Hermione, taladrando la cabeza de David.

- Entendido Hermione. -dijo David sin impedir que, debido al grito mental de la mujer, una mueca apareciera en su rostro.

- ¿Qué te pasa? -preguntó la chica al ver la cara que acababa de poner el metamorfomago.

- Un escalofrio. -respondió David rápidamente, intentando aparentar normalidad.

A pesar de la incomodidad que le había provocado el grito mental de Hermione, David se dio cuenta de que el encantamiento casco-burbuja era, a parte de increíblemente práctico, lo que Harry necesitaba para la segunda prueba. ¡Tenía que aprenderlo!

- ¡Hola Tessa! -gritaron un par de voces que ambos conocían muy bien.

- ¿Por qué tenéis que gritarme siempre? -preguntó la chica cruzándose de brazos.

- Porque nos alegramos de verte. -respondió Fred.

- ¡Alguien se ha pasado con las bombas fétidas! -exclamó George en cuanto le llego el olor del pasillo.

- ¿Alguien? ¿No queríais decir vosotros? -apuntó Tessa.

- Esta vez no hemos sido nosotros. -aseguraron los dos con seriedad.

- Oye Tessa, ¿podría pedirte un favor? -preguntó David interrumpiendo los diferentes juramentos que los gemelos estaban diciéndole a la chica.

- ¿Cómo estás pequeño cambiante? -preguntó Fred apoyándose en el hombro izquierdo del metamorfomago.- Por cierto, ¿de que conoces tú a Tessa?

- Acabo de encontrarme con ella. -respondió David.- Estaba vigilando el pasillo para que nadie entrara mientras Dean iba a por un profesor, cuando la vi salir del mismo con una especie de burbuja en la cabeza.

- ¿Quién es él? -preguntó Tessa a George mientras David continuaba explicándole a Fred lo que ocurría.

- Es un compañero de batalla. Está en cuarto con mi hermano Ron y es metamorfomago.

- ¡Vaya! -exclamó Tessa con interés.

- ¿Qué favor quería pedirte?

- No lo se. Tu hermano le ha interrumpido.

- ¡Oye David! -gritó George.- ¿Qué le querías preguntar a Tessa?

- Que si me podía enseñar el encantamiento casco-burbuja. -respondió David.

- ¿Para qué lo quieres saber? -preguntó Fred.

- Para eso. -respondió el metamorfomago señalando al pasillo contaminado de su espalda.

- Depende de lo que me ofrezcas a cambio. -dijo Tessa.

David se quedó pensando en que le podría ofrecer a cambio de aprender el encantamiento. No se le ocurría nada que pudiera querer o necesitar. Estaba en un curso superior a ella, así que no podría hacer un intercambio de conocimientos mágicos.

- Ten cuidado, David. -le avisó Hermione.- No es imprescindible que aprendas ese hechizo; te recuerdo que, si no haces nada, Dobby le dará a Harry las branquialgas y todo seguirá su curso normal.

- Lo sé perfectamente. -recalcó David.- Pero también lo quiero para mí.

- Como quieras. -se resigno Hermione.

- No se me ocurre nada que puedas querer. -admitió el metamorfomago.

- Eres un metamorfomago, ¿verdad? -preguntó la chica.

- Si, ¿por?

- Este es el trato. Yo te enseño como hacer el casco-burbuja y tu, a cambio, prometes que me ayudarás cuando me hagas falta. -propuso Tessa.- ¿Estás de acuerdo?

- Depende de como sea esa ayuda. -dijo David receloso.

- Tranquilo. -dijo Tessa sonriendo.- No será nada ilegal. Eso te lo puedo asegurar.

- Entonces de acuerdo.

El hechizo fue más fácil de aprender de lo que David había supuesto. Sólo había que decir "bulla galeam" mientras hacías un movimiento circular con la varita alrededor de la nariz y la boca. Gracias a su natural habilidad para los encantamientos, David no necesitó más de tres o cuatro intentos para hacerlo correctamente. Ansioso por mostrarle este descubrimiento a Harry, David se despidió rápidamente de Tessa y los gemelos. Estos se habían quedado como guardianes del pasillo mientras seguían discutiendo con Tessa sobre quien o quienes podrían haber tirado tal cantidad de bombas fétidas.

Sintiéndose extrañamente activo, cruzó el pasillo intoxicado a buen paso. Dio la contraseña a una Señora Gorda muy disgustada por la situación, a pesar de que ella era incapaz de oler nada y entró en la sala común, esperando que las bromas que iba a soportar merecieran la pena. Sin embargo, no hubo ninguna broma; solo una asombrada Hermione Granger que se abalanzo sobre él.

- ¿Cómo has entrado? -preguntó Hermione con una mirada de acosadora que asustaría hasta a Voldemort.

- ¡Joder Hermione! ¡Cálmate! -dijo David soltándose del agarre de la morena. Levantándose la manga de la túnica, comprobó que la chica había conseguido arañarle a la altura del antebrazo.

- ¿Cómo lo has hecho? ¿Cómo has cruzado el pasillo intoxicado? -preguntó Hermione intentando coger de nuevo el brazo del metamorfomago.

- ¿Se puede saber qué la ocurre? -preguntó David a la Hermione que anidaba en su cabeza.

- Creo que esta así porque has conseguido superar algo que ella ha intentado pero no ha conseguido. -respondió Hermione intentando aguantarse la risa.

- A mi no me hace gracia. -replicó David, frotándose la zona dolorida.

Ron y Harry se miraban entre ellos, asombrados por el comportamiento de su amiga.

- Tranquilízate Hermione. -le pidió Ron, intentando calmarla.

- Si, Hermione. Seguro que David nos lo cuenta, ¿verdad? -preguntó Harry echándole una mirada casi de súplica al metamorfomago.

- Claro que si.

- ¿Ves Hermione? -le dijo Ron a Hermione.- Eres un poco ansiosa con ciertas cosas.

- Perdona David. -se disculpó Hermione con el rostro rojo de vergüenza.

- No pasa nada. -dijo el metamorfomago aceptando las disculpas.

- Bueno... ¿cómo lo has hecho? -insistió Hermione.

- ¡Hermione! -le recriminó Ron moviendo la cabeza en un claro de gesto de "esta chica es un caso perdido".- Por cierto, ¿qué llevas en la cabeza, David? -preguntó señalando a la burbuja que encerraba la cabeza del metamorfomago.

- Esto que rodea mi cabeza es la causa de que haya podido pasar por el pasillo apestoso de ahí fuera. -indicó David, señalando con el dedo la puerta de entrada a la sala común.

- ¿Qué es? -preguntó Harry

- Se llama encantamiento casco-burbuja y hace que seas capaz de respirar aire puro en cualquier ambiente.

- ¿A qué te refieres con "cualquier ambiente"? -preguntó Hermione.

- A que da igual lo que haya a tu alrededor. Es indiferente que estés rodeado de algún gas apestoso como el del pasillo, efluvios tóxicos de alguna poción o bajo el agua; el encantamiento casco-burbuja de permite respirar aire puro indefinidamente.

- ¡¿Has dicho bajo el agua?! -preguntó Harry sorprendido.

- ¡¿Indefinidamente?! -añadió Hermione emocionada.

- Si, eso he dicho. -respondió David haciéndose el desconcertado.- ¿Por?

- Porque nos acabas de salvar la vida. -se sinceró Harry.

- ¿Cómo? -preguntó el metamorfomago haciendo una actuación digna de recibir un premio.

Harry, Ron y Hermione se miraron entre ellos, con cierto gesto de arrepentirse de haber hablado tanto. Harry abrió la boca para intentar explicar la situación, pero no pudo emitir ninguna palabra.

- ¡Eh chicos! -exclamó David, rompiendo el incomodo silencio que se había generado.- No pasa nada. ¿Cuántas veces os he dicho que si no podéis contarme las cosas no me importa? -preguntó quitándole importancia a la situación.- Además, haciendo un poco de memoria de las últimas veces que no me habéis podido contar algo, es casi mejor que no sepa nada. No es que seáis los más firmes seguidores de la legalidad. -Ron no pudo evitar sonreír, al recordar a lo que se refería el metamorfomago.

- La verdad es que tiene razón. -dijo Harry en tono reflexivo. Ron, Hermione y David se echaron a reír al escuchar a Harry hablando de una forma tan profunda.- ¿Qué os hace tanta gracia? -preguntó Harry desconcertado por las carcajadas de los demás.

- Nada Harry. -respondió Hermione.

- Sólo es que suena tan raro oírte hablar de una forma tan seria y reflexiva. -añadió Ron.

- Vale, vale. Dejemos eso a un lado... –dijo Harry intentando cambiar de tema rápidamente.

- Pero esta vez no estamos haciendo nada ilegal. -apuntó Hermione sonriendo.

- En eso tengo razón. -dijo Hermione en la cabeza de David.

- Márchate ego, que llega Hermione. -respondió David.

- ¡Bah! -exclamó la mujer desapareciendo de la cabeza del metamorfomago.

- ¿Entonces se lo contamos? -preguntó Ron a Harry y Hermione. Ambos afirmaron con la cabeza.

- La segunda prueba del Torneo de los Tres Magos consiste en bucear hasta el fondo del lago para ir a rescatar algo que valoro mucho. -explicó Harry.

- Y el mayor problema que tenemos es como aguantar tanto tiempo debajo del agua. -continuó explicando Hermione.- Y es ahí, donde tu encantamiento casco-burbuja nos salva la vida.

- Vamos que quieres que te lo enseñe, ¿no Harry? -inquirió David.

- Efectivamente.

- Es sencillo de entender pero no se cuanto tardarás en realizarlo correctamente. Sólo tienes que decir ¡Bulla galeam! mientras haces un movimiento circular con la varita alrededor de tu nariz y tu boca. -le explicó el metamorfomago haciendo el giro de varita sin decir el hechizo.

David, sin poder dejar de reírse, tras ver como los primeros intentos de Harry provocaban que, de su varita solo salieran burbujas de jabón, dejó al trio dorado luchando con el encantamiento casco-burbuja.


La mayoría de los alumnos que estaban en las gradas esperando el comienzo de la segunda prueba, no estaban atentos a si venían los campeones; estaban alucinados de estar sentados en gradas encima del agua.

- Me encanta la magia. -dijo Jessica emocionada mientras sujetaba unos prismáticos.

- Es espectacular. -reconoció con cierto miedo Neville. Desde que se cayó de la escoba en primero, le tenía bastante respeto a las alturas pero nunca se echaba atrás a la hora de estar en las alturas. Siempre se esforzaba por superar ese muro.

- Y lo mejor de todo, es que esto no estaba montado ayer por la noche. Lo han debido construir hace menos de dos o tres horas. -añadió David mientras oteaba el horizonte con su lente mágica.

Había intentado todas las posibles combinaciones que se le ocurrían con las limitadas opciones que le ofrecía su lente. Ninguna le permitía ver más allá de unos pocos metros bajo el agua. Ligeramente frustrado, se extrajo la lente y la introdujo dentro del liquido limpiador.

- ¿Qué te pasa? -preguntó Jess viendo la forma tan poco delicada con la que David guardaba la caja de la lente en uno de los bolsillos de su túnica.

- Que esta lente no funciona. -respondió amargamente el metamorfomago.

Jess metió la mano en el bolsillo donde se encontraba la caja con la lente y, sin pedir permiso, la sacó de allí y se la puso en el ojo derecho.

- Aumenta. -pensó la chica. La lente respondió instantáneamente al pensamiento y acercó la superficie del lago al ojo de la chica como si estuviera a escasos centímetros por encima y no a más de 10 metros de altura.- Reduce. -el lago se alejó igual de rápido.

La chica se quitó la lente y se la devolvió a David que la guardó sin mirar lo que hacia. Por suerte, la costumbre hizo que la caja acabara en el bolsillo.

- ¿Qué te pasa? - preguntó Jess a David.

- Nada. -respondió David sin ganas.

- No me mientas. -replico Jess fríamente.

- No te miento. -insistió el metamorfomago.

- Segunda mentira de la tarde. -dijo Jess sin cambiar el tono de voz.- Espero no tener que escuchar un tercera. -David miró a Jess fijamente, sorprendido de que hubiera dicho eso. No era típico de ella.

- ¿Qué te pasa a ti? -contraatacó David.

- Que estoy preocupada por ti; te veo muy frustrado. -respondió la chica sin retirar la mirada.- Dímelo. ¿Qué te pasa David? ¿Por qué no quieres contármelo?

David miró a Jessica fijamente. ¿Qué podía decirla? Qué estaba frustrado y preocupado porque sabia que este año Voldemort iba a recuperar su cuerpo. Que a Cedric le quedaban dos días como ser vivo. Que temía que Sirius se fuera de la lengua y todo se fuera a la mierda.

No podía decírselo. Así que hizo lo que llevaba toda su vida haciendo. Mentirla y darse aún más asco por ello.

- No quiero preocuparte por una tontería. -respondió el metamorfomago.

- Cualquier cosa que te preocupe, me interesa y no es una tontería para mí. -replicó Jess.- ¿Recuerdas nuestra promesa? - David afirmó con la cabeza.- Entonces cuéntame.

- Estoy preocupado por Harry. -mintió descaradamente.- Tiene demasiadas cosas sobre él. El Torneo de los Tres Magos, los cotilleos de Skeeter, su continuas trifulcas con Snape... Temo que llegue un momento en el que estalle y no pueda recuperarse. -la verdadera preocupación por aquello que no podía decir, dio la impresión de que estaba realmente preocupado por lo que había dicho.

- Ya... -dijo Jess algo triste al darse cuenta de lo que estaba hablando David.- Por cierto, tu que has estado más cerca de él, ¿cómo lleva preparada la segunda prueba?

- Pues creo que bastante bien. -respondió David, aliviado de que otra ocasión de peligro hubiera pasado.- Con el encantamiento casco-burbuja, no debería de tener problemas para respirar todo el tiempo que necesite bajo el agua.

- ¡Eh, chicos! -dijo Neville acercándose a ellos y hablándoles en voz muy baja.- Harry tiene otro truco bajo la manga.

- ¿El qué? -preguntó Jess acercándose a Neville, clavándole los codos en los muslos a David en el proceso.

- Cuando David me contó de que iba la prueba, recordé que había leído algo que podía ayudarle. -confesó Neville.

- ¿Qué encontraste?

- Pues que hay una planta que se llama branquialga que te da ciertas características de los animales acuáticos. -explicó Neville dejando traslucir cierta satisfacción.

- ¿Qué características? -preguntó Jess, inclinándose más y clavándole más los codos a su novio.

- Si Harry las usa, obtendría branquias y sus manos y pies se transformarían en aletas como las de la ranas.

- ¡Vaya! -exclamó Jess sorprendida.- ¡Lo que hay por ahí!

- Si, hay cosas impresionantes. -admitió David, sufriendo fuertes dolores en los muslos.- Oye Neville, búscame si hay una planta regeneradora de piernas.- Jess miró a David, sorprendida por la petición que acababa de hacer.

- ¡Lo siento! ¡Lo siento! -dijo la chica, al darse cuenta de como estaba colocada.- ¿Te he hecho mucho daño?

- Cuando recupere la sensibilidad en las piernas, te lo digo. -respondió David, frotándose los muslos.

- Oye David, ¿dónde están los gemelos? -preguntó Neville mirando a la gente sentada a su alrededor en la grada de Gryffindor.

- Andan por el castillo buscando a Peeves para vengarse.

- ¿Vengarse? ¿Por? -preguntó Jess.

- ¿Os acordáis de lo de las bombas fétidas en el pasillo de entrada a la sala común? -los dos afirmaron con la cabeza.- Pues… parece ser que los profesores descubrieron que eran de ellos y les castigaron. Sin embargo, los gemelos juran que no las usaron.

- ¿Entonces? -preguntó Neville desconcertado.

- Según me ha dicho George, cuando salieron del castigo se encontraron con Peeves que empezó a reírse de ellos y les confesó que el había sido quien las había lanzado.

- Ahhh. -dijo Jess sonriendo.


- Bien, todos los campeones están listos para la segunda prueba, que comenzará cuando suene el silbato. Disponen exactamente de una hora para recuperar lo que se les ha quitado. Así́ que, cuando cuente tres: uno... dos... ¡tres! -exclamó emocionado Bagman dando inicio a la segunda prueba del Torneo de los Tres Magos.

El silbato sonó en el aire frío y calmado. Las tribunas se convirtieron en un hervidero de gritos y aplausos. Sin pararse a mirar lo que hacían los otros campeones, Harry se quitó zapatos y calcetines, sacó del bolsillo el puñado de branquialgas, se lo metió́ en la boca y entró en el lago.

- ¿Qué le pasa, Neville? -preguntó Jess al ver que Harry se llevaba la manos a la garganta, cambiando las risas y burlas de parte del público por un silencio preocupado y expectante.

- Las branquialgas están haciéndole efecto. -explicó Neville con calma.

- Pero está sufriendo. -replicó Jess con los prismáticos incrustados en los ojos.

- Tiene que echarse al agua. -apuntó Neville inclinándose hacia delante.- Ahora tiene agallas, sus pulmones no funcionan.

Cuando Harry se precipitó hacia el agua, Jess respiró más tranquila. Ahora sólo quedaba esperar a que se desarrollara la prueba.


- ¿Ves algo con la lente? -preguntó Neville a David.

- No la llevo puesta, Nev. -respondió David con indiferencia.- Además lo he estado probando antes y no conseguí ver nada.

Los minutos pasaban lentamente y no se veía ningún cambio en la superficie del lago. El publico se movía inquieto en sus asientos y no dejaba de mirar alternativamente al lago y a la mesa del tribunal. Aunque pareciera sorprendente, los miembros del tribunal estaban bastante tranquilos.

- ¿Cuánto crees que tardaran? -preguntó Jess.

- Pues tienen como límite una hora. -respondió David.- Echando un calculo rápido... lo que tienen que recuperar estará a un cuarto de hora de la superficie, tardarán otros cinco minutos en liberarlo y otros veinte o veinticinco en regresar por el peso extra.

- Te han sobrado quince minutos. -apuntó Neville tras un calculo rápido.

- Estaba haciendo los cálculos, si les sale todo perfecto. -dijo David.

- Cosa que no crees, ¿verdad? -intuyó Jess.

- Claro que no. No puede ser tan fácil. Habrá algún obstáculo.

Como si la frase de David se hubiera cristalizado, Fleur Delacour salió del lago gritando como una loca en francés. Por si el volumen de los gritos no era una pista lo suficientemente clara para saber lo que había pasado, la cara de enfado de la francesa lo decía todo.

- ¡Merde! ¡Grindylows! -exclamó furiosa.

- Ahí tienes un obstáculo. Grindylows. -dijo Jess, que al igual que todo el mundo había escuchado los gritos de Fleur.

- Bueno, es normal. Viven en el lago. -dijo Neville como si fuera lo más obvio del mundo.

- Pues Fleur lleva un cabreo encima por su culpa. -dijo David divertido.

- Ya no. -anuncio Jess, pasándole los prismáticos al metamorfomago. Este los rechazo con un gesto mientras sacaba la lente mágica de la caja.

- ¿Está llorando? -preguntó sorprendido David, al no creerse lo que estaba viendo.

- Esta decepcionada y muy preocupada por no haber podido rescatar a su hermana. -dijo Jess.

- ¿Hermana? -preguntaron al unísono ambos chicos.

- No deja de repetir "soeur", hermana en francés.

- No sabia que supieras francés, Jessica. -preguntó Neville mientras intentaba leerle los labios a la francesa.

- Eso es porque no se francés. Solo se algún color, el vocabulario de la familia y poco más. -reconoció Jess divertida.

Tras unos minutos de discusión y preocupación. Finalmente el alivio recorrió las gradas al comprobar que Fleur estaba bastante bien de salud, a pesar de los cortes en la cara y en los brazos. Un cañonazo sonó detrás de las gradas, indicando que acababa de terminar el plazo de una hora.

Unos segundos después de que el sonido del cañonazo dejara de reverberar a lo largo de todo el lago, las cabezas de Cedric Diggory y Cho Chang rompieron la superficie del agua y nadaron calmadamente hacia la orilla. La cara relajada y casi soñadora de Cho, contrastaba con el rostro extenuado del Hufflepuff que, debido al encantamiento casco-burbuja, producía en el publico más risa que orgullo por lo que acababa de conseguir.

Mientras todos observaban como Cedric recibía las cálidas felicitaciones de la profesora Sprout, la jefa de la casa Hufflepuff, y una, aún más cálida manta y vaso de poción pimentónica de manos de la señora Pomfrey; Viktor Krum y Hermione Granger surgieron de debajo del agua.

- ¿Qué hace ahí Hermione? -preguntó Neville.

- Es obvio que era lo que Krum tenía que rescatar. -dijo Jess sin dejar de seguir con los prismáticos a los recién llegados a la orilla del lago.

- Parece ser que ha usado una especie de transformación en tiburón. - comentó David mientras veía como los dientes volvían a su forma y posición original dentro de la boca del búlgaro.

El proceso fue exactamente el mismo que con Cedric. Una gruesa manta y un gran vaso de poción pimentónica, mientras comprobaban la buena salud de ambos. Parecía que Krum había soportado mejor la prueba que Cedric, ya que se había despojado de la manta casi inmediatamente y ahora estaba inclinado sobre Hermione ofreciéndola lo que le quedaba de poción pimentónica, preocupado por ella.

- ¿Qué pasa con Harry? -preguntó Jess mientras surcaba desesperadamente la superficie del lago con los prismáticos.

- Tranquila, seguro que esta bien. -le abrazó David, intentando calmarla. Jess se arrimó al metamorfomago que la apretó aun más fuerte contra su cuerpo.

El murmullo en las gradas iba incrementándose según pasaban los minutos y Harry seguía bajo el agua.

- Neville, ¿cuánto duran las branquialgas? -preguntó Jess muy nerviosa.

- Sus efectos varían según la persona y en que masa de agua se use.

- ¡Más o menos! -exclamó la chica casi desquiciada.

- Alrededor de una hora y unos pocos minutos. -dijo Neville con voz temblorosa, aun más nervioso debido a la presión de Jess.

Cuando David pensaba que el abrazo de Jess le iba a reventar las costillas, Harry, Ron y una niña de cabello rubio platino aparecieron. La ovación por la llegada de Harry se mezclaba con los suspiros de alivio que surgían de la grada de Gryffindor. Para sorpresa de aquellos que habían visto la transformación de Harry al principio de la prueba, en el rostro del más joven de los campeones se podía ver un estupendo encantamiento casco-burbuja.

- Parece ser que el efecto de las braquialgas se acabó antes de tiempo. -apuntó Jess, comprendiendo lo que significaba la burbuja alrededor de la cabeza.- Menos mal que le enseñaste el encantamiento.

- Yo no se lo enseñé. -replicó David, incómodo porque Jess le diera merito por ello.- Sencillamente le mostré que existía.

- ¡No seas tan humilde! -exclamó la chica, golpeando el hombro del metamorfomago.

- ¡No lo estoy siendo! -se defendió.

- ¡Bah! ¡Lo que tu digas! -concedió Jess de mala manera.


La voz mágicamente amplificada de Ludo Bagman retumbó y sobresaltó a todo el mundo haciendo que, en las gradas, la multitud se quedara de repente en silencio.

- Damas y caballeros, hemos tomado una decisión. Murcus, la jefa sirena, nos ha explicado qué ha ocurrido exactamente en el fondo del lago, y hemos puntuado en consecuencia. El total de nuestras puntuaciones, que se dan sobre un máximo de cincuenta puntos a cada uno de los campeones, es el siguiente.

- La señorita Delacour, aunque ha demostrado un uso excelente del encantamiento casco-burbuja, fue atacada por los grindylows cuando se acercaba a su meta, y no consiguió recuperar a su hermana. Le concedemos veinticinco puntos.

- Me «meguezco» un «cego». -dijo Fleur con voz ronca, agitando su magnífica cabellera.

- El señor Diggory, que también ha utilizado el encantamiento casco-burbuja, ha sido el primero en volver con su rehén, aunque lo hizo un minuto después de concluida la hora. -Se escucharon unos vítores atronadores procedentes de la zona de Hufflepuff. Harry vio que, entre la multitud, Cho le dirigía a Cedric una mirada entusiasmada.- Por tanto le concedemos cuarenta y siete puntos.

- El señor Viktor Krum ha utilizado una forma de transformación incompleta, que sin embargo dio buen resultado, y ha sido el segundo en volver con su rescatada. Le concedemos cuarenta puntos. -Karkarov aplaudió muy fuerte y de manera muy arrogante.

- El señor Harry Potter ha utilizado con mucho éxito una combinación entre las branquialgas y el encantamiento casco-burbuja. -prosiguió Bagman.- Volvió en último lugar, y mucho después de terminado el plazo de una hora. Pero la jefa sirena nos ha comunicado que el señor Potter fue el primero en llegar hasta los rehenes, y que el retraso en su vuelta se debió a su firme decisión de salvarlos a todos, no sólo al suyo. - La mayoría de los miembros del tribunal -y aquí Bagman le dirigió a Karkarov una mirada muy desagradable.- están de acuerdo en que esto demuestra una gran altura moral y que merece ser recompensado con la máxima puntuación. No obstante... la puntuación del señor Potter son cuarenta y cinco puntos.


Comentarios.

¡Hola a todos! Espero que aun haya alguien al otro lado que siga interesado en mis historias. :D

Bueno aquí esta el capitulo de la segunda prueba. Obviamente, poco se puede contar de ella desde fuera; solo la espera hasta que acabe. Y la tercera prueba va a seguir el mismo patrón por la misma razón.

En este capitulo, se ve como la relación entre Érebo y David se va desarrollando; digamos que empieza a ser parecida a la que tiene David con Hermione. La diferencia entre ellas es que la de Érebo es mas por supervivencia. Podéis pensar en Érebo como una especie de simbionte al estilo de Venom o Carnage de los comics de Spiderman.

Y ahora agradecimientos.

- A FujoChi por poner en favoritos "Magia involuntaria merodeadora".

Espero que os guste el nuevo capitulo. Un bratzo, xotug.