LO MÁS CERCA POSIBLE

Bella volvía a comenzar su jornada laboral con incertidumbre. Ya no era sólo que le fuera a sorprender su jefe con gestos bruscos y otros cercanos, sino que la propia relación que tenía con él le era un misterio.

Preparó la mesa y le escuchó salir de la habitación con su seguido saludo de buenos días. Ella se lo devolvió y ambos se sentaron. Se relajó enseguida porque fue un desayuno claramente cordial, con charla distendida y amigable. Como solían estar. Leonardo le preguntó qué había hecho en su día libre, sin que el recuerdo a el por qué se había dado les trajera incomodidad, y ella le contó la visita a sus hermanas, ahorrándose la parte en la que tenía que ver con él.

Cuando llegó para el almuerzo, no se encontró con su jefe con el mismo humor. No es que fuera una diferencia muy notable, se contenía, pero estaba más tenso. Y él sabía que ella lo notaba. "Los demás te ven como a una bestia, e incluso tú mismo te sientes como tal" Esas habían sido las palabras de su madrina. Lo primero le había quedado rápida y obviamente claro, gracias a los sentidos desarrollados que venían en el lote de la conversión por su madrina en un completo animal. Desde entonces, podía olfatear el miedo en cualquiera, y era mucho el que solía provocar en la gente. Pero nunca le había importado. Hasta ahora, que lo olía en Bella. Y seguramente eso fue lo que consiguió hacerle comprender lo segundo. Sí se sentía como una bestia. Desde hace años que lo hacía, varios antes de que la hechicera se lo advirtiera. Pero ahora le importaba. No era sólo por lo que obtenía de ella cuando la chica parecía eludir verle así, como la noche anterior, en la que le había dado el mejor beso de su vida. Sino porque Bella se sintiera así. No quería causarle ese tipo de perturbaciones. Sabía que tenía que aprender a ahogar sus salvajes impulsos, pero no sabía cómo podría hacerlo…

-¿Vuelves a tener otra reunión como la del otro día?

Oyó que le preguntaba, sacándole de sus tormentosas meditaciones.

-¿Por qué lo dices?

-Porque pareces tan entusiasmado como cuando fuiste a tener aquella.

-Sí… es algo así. No sé si peor. Tengo que tratar con la prensa. Muchos están interesados en parte de la exclusiva de la fiesta, eso me debería dar el privilegio de exigirles las restricciones de lo que pueden contar. El problema, es que saben lo bien que me viene la publicidad, así que me echan el pulsito. Es un tira y afloja.

Bella siempre se asombraba gratamente cuando Leonardo le hablaba sin problemas sobre su trabajo. Su padre no la había hecho cuando tenían la tienda. Nunca quería, y ella se sentía como si no valorara su opinión. La trataba como a sus otras dos hermanas, aunque no compartiera con ellas sus desintereses en poder ser de provecho. Su jefe estaba ofuscado, pero a ella la tenía siempre en cuenta. La escuchaba. Incluso había mostrado admirar sus aportaciones con lo del video.

...

Era ya entrada la noche cuando Leonardo hacía largos en su piscina. No sabía cuanto rato llevaba metido en ella, sin dejar de impulsarse por el agua a vigorosas brazadas. Necesitaba liberar muchas tensiones distintas de aquél día. Las de las preparaciones con la prensa, y la falta de cercanía con Bella a la que ya se había acostumbrado a poder tener aunque fuera un poco a diario. Pero es que no había podido osar tenerla. No con la furia que por dentro le bullía, y no con el nuevo… recelo que percibía en la joven. Era normal, después de haberse dejado dominar por sus impulsos como un auténtico idiota y haberse mostrado así con ella, en su habitación especial, contra el piano… Cierto que al día siguiente le había besado, y ahí él había sabido cuánto ella se sentía atraída por lo bueno que creía se escondía en él, pero también había crecido su miedo. Debía concentrar su fuerza, propia de una bestia, para aguardar aún más su furia. Así dejaría de asustarla y aprovecharía cada ocasión que de eso se diera para tomar lo que le permitiera. Así hasta que viera un humano en él.

Tras ducharse, ponerse el pijama, y se acostara, decidió que aquél era el plan a seguir.

...

Después de haber experimentado lo sucedido al encontrarse con Bella después de salir de una tensa reunión, Rey aprendió la lección, así que en el desayuno le dijo a su camarera personal que no almorzarían juntos, y se excusó con que debía compartir con ellos el café y los aperitivos. Como si eso hubiera sido suficiente razón para omitir el almuerzo con ella. Pero prefería que mentirle en eso, y le dijo que saldrían a comer al lago de nuevo. Para entonces, habría contenido en su interior toda la rabia que le provocaran los de la prensa.

...

Ya eran casi las tres de la tarde, la hora a la que había quedado con Bella para ir al lago, y no se sentía en absoluto con el pleno control sobre sí mismo. Había sido una reunión dura. Todos exigían que él estuviera presente y además, fotografiarle. Eso era algo inconcebible, no podía acceder a eso. Lo había reiterado y esos persistentes cabeza cuadrada seguían manteniendo la condición. Así que no había quedado nada zanjado, él iba a esperar a que le llamaran para acudir a la fiesta los que estuvieran dispuestos a ceder y ellos esperaban lo mismo de él. Pero no lo pagaría con Bella. Se vistió con sus pantalones y chaqueta vaqueros, las botas de cuero, la camiseta entallada y negra. Arregló su melena lo mejor que pudo para que, aunque siguiera salvaje, estuviera lo más sedosa posible. Y se perfumó.

Como la vez anterior, la morena le esperaba con el cesto preparado por la señorita Cotillard. Aunque ya llevara el casco puesto, supo que no estaba de tan buen humor como pretendía al saludarla. Y así le siguió notando cuando atravesaron el parking hasta su plaza personal. Y más que lo notó en el viaje en moto, por su forma de llevarla. Los giros eran más bruscos, así como las frenadas, las aceleraciones… Llegaron de nuevo al lago y él detuvo la moto haciendo un derrape que dejó la marca en la tierra. Desmontó y sin dirigirse a su acompañante para nada, fue a la cartera de cuero que ataba a la moto para sacar la cesta. Ella bajó del asiento mientras se quitaba el casco, y observó cómo su jefe montaba en el suelo él solo el mantel, desplegando lo con un saque como el que usaban cuando lo quitaban los que sabían hacerlo sin que se cayera nada sobre él.

-¿Vas a quitarte el casco para comer?

Le preguntó al llegar cerca de él. Y fue lo primero que le dijo porque sabía por qué no lo hacía. No quería que viera lo enfadado que estaba, pero a ella no le hacía falta. Él pareció dudar un poco, pero lo hizo.

-Otra reunión dura, ¿verdad?

Siguió ella después. Rey resopló, y siguió poniendo todo lo que hacía falta sobre el mantel.

-No quiero amargar la comida hablando de ello o recordándolo.

-¿Sabes que ahora mismo estás haciendo lo que es mi trabajo?

Sin que la chica se esperara que parara en seco, su jefe se puso en pie irguiendo la espalda sacando pecho, y al fin le dirigió a mirada.

-Sí, tu trabajo es servirme la mesa y permanecer a mi lado por lo que pudiera necesitar, hasta que termine para que lo recojas todo y te lo lleves. Pero como soy yo quien manda, en tanto estés presente a las horas de las comidas, todo el tiempo que yo desee que duren y en el lugar que a mí se me antoje, que es lo primordial, si me da la gana puedo hacer cualquier función que debieras desempeñar durante la jornada.

Bella no dijo nada, se le quedó mirando mostrando por el fruncimiento de su rostro cómo crecía su crispación en su interior. Hasta que tras unos segundos, estalló proyectando su enojo en el tono de su voz.

-Pues si así es como quieres que sea, así es como será, señor Rey.

Y con paso firme, se acercó donde estaba extendido el mantel para tomar asiento en tierra, pero él, tras pasarse las grandes manos por el pelo tan fuerte y rápido que seguro que había creado electricidad estática, la detuvo al hablar.

-Va a ser siempre así de todas formas, ¿no?

-¿Qué…?

Preguntó ella, con honesta ignorancia.

-Al modo en el que me sigues mirando haga lo que haga. Llevo dos días comportándome, conteniéndome, manteniendo a raya mi brutalidad.

-¿En serio crees que la mantienes a raya? Si piensas que esa es la forma de estar calmado y sereno, estás muy equivocado. Contener algo no es enfrentarlo para eliminarlo

-¿Entonces qué quieres? ¿Que me ponga a romper cosas, como el otro día?

-No. Está bien que no quieras estar furioso, pero la solución no es guardar esa ira dentro de ti, así la sigues teniendo, y la exudas por todos tus poros.

Leonardo se percató entonces. La brusquedad extra que se había visto añadida a todas sus acciones. La chica tenía razón. Era un imbécil. Por eso y por no tener ni idea de a qué otra manera recurrir.

-¿Entonces qué hago?

-Dejar de estar enfadado.

Él la miró como si no la pudiera creer, que le contestara así, como si fuera tan simple.

-¡¿Cómo puedo hacer eso?! -Exclamó.- ¿Cómo puedo dejar pasar la gran injusticia que se cometió conmigo? -Le dio la espalda para seguir hablando, y no sólo para que no siguiera viendo su rostro que ahora debía ser como el de una bestia, y siguió con un nuevo matiz en su voz, sutil, pero allí estaba.- Yo sólo tenía dieciocho años, hablé con mis padres la última vez como si los fuera a volver a ver, sin poder despedirme, y todo porque un asqueroso cabrón quiso conducir borracho y los mató, arrebatándomelos sin ninguna razón. ¿Cómo puedo olvidarme de eso? ¿Cómo puedo no odiar para siempre, si además, mi única otra opción si no es eso lo que siento, es la de inmensa pena?

No la oyó, pero tampoco se atrevía a volverse hacia ella, y por primera vez, no porque no quisiera provocarle miedo, sino compasión. Bella se sentó en el césped, y tras suspirar, comenzó a hablar.

-Mi madre murió porque enfermó cuando yo era pequeña. -Leonardo se giró hacia la chica, olvidando por completo lo que le importara qué viera en él, pues quería mirarla.- Yo sí sabía que la iba a perder, sí tuve tiempo de preaviso, y no fue por culpa de una persona. ¿Pero crees que aún así no fue igual de doloroso, o igual de injusto? ¿Que no odié a la enfermedad como tú a ese conductor? ¿Y que no sigo apenándome o enfureciéndome cuando me viene a la mente? Pero me di cuenta de que mientras dedicaba mis pensamientos al odio, no los podía ocupar con los recuerdos de mi madre. Estos también me provocan en parte tristeza por la nostalgia, pero si no supero eso también, no puedo revivir lo que ella me hacía sentir. Sus abrazos, sus juegos, nuestras risas… Es como si, a pesar de que no esté, siga sintiendo su amor. -La chica había tenido los ojos dirigidos al suelo, pero ahora los levantó hacia el hombre, quien tenía los suyos mas abiertos de los que se los había visto nunca.- ¿Cómo voy a elegir sentir cualquier otra cosa que no sea esa?

Terminó, y con una sonrisa. Fue como si presenciara una obra magna digna de visitar una vez antes de morir… no, era como algo celestial que aparece fortuitamente para darles al menos un cosa ya valiosa para haber visto a unos pocos afortunados en sus vidas. Se acercó y se arrodilló delante de ella.

-Eres tan… -A Leonardo se le venían muchos adjetivos con los que definir a la chica que tenía delante en ese momento, pero como no podía escoger cual era la más exacta, terminó la frase con la que creía que podía reunirlas todas.- … mágica. -Bella se quedó atónita, y así, él se acercó a ella hasta tener su rostro a dos palmos.- Tan única…. -Siguió congelada en su sitio y Leonardo se estrelló contra su boca. Llevó la mano a su cuello y la tumbó estirada sobre la hierba. Bella sabía que no le había calmado, no había logrado que desapareciera la furia de su interior... pero al mismo tiempo, mirándola y hablándole de aquella manera, lo hacía como el Leo que a ella tanto le atraía.- ... Tan guapa…

Sólo rompió el beso para añadir eso, pero cuando lo continuó, para la morena fue distinto. Sentía el cuerpo de él sobre el suyo, en pleno contacto. Además, él movió la mano que había tenido en su cuello y la puso sobre la suya que descansada sobre tierra a la altura de su rostro, y de la misma forma juntó las otras dos, apretándoselas contra el suelo. Aún besándola, se meció de abajo arriba. Fue de forma inconsciente, sólo deseaba sentirla todo cuanto podía. Ella notó un escalofrío cuando esto pasó. Y apartó la cara, por lo que Leo desplazó los labios por su mejilla y su mandíbula. Antes de poder esclarecer qué significaba para ella, él repitió el gesto corporal. Lo último que le había dicho era guapa, y seguidamente había notado la dureza en su entrepierna friccionar contra la suya. ¿Era sólo por eso? ¿Porque la veía guapa? Pero cuando pasó por tercera vez, el placer que le despertaba se le hizo demasiado evidente para que lo siguiera rehuyendo. Abrió los ojos y vio la situación en la que estaban, sobre la hierba, toda la envergadura del cuerpo del hombre sobre el suyo, sin serle, inexplicablemente, pesado, hasta por los brazos y las manos que mantenía agarradas como si la estuviera reteniendo… pero no era así. Sabía que hubiera podido detenerle y levantarse en cuanto hubiese querido. Leonardo siguió con sus movimientos, cada vez con menos lentitud. Ella estuvo a punto de pararlo todo cuando una de las manos de él bajó a la altura de sus cinturas, pero sólo lo hizo para apartar la parte de la bragueta, seguro que para que la cremallera no molestara al rozar. Pero no quitó nada más, volvió a poner la mano sobre la de ella, tal y como habían estado. Entonces tomó una decisión quizás insensata. El Leo que a ella le gustaba tanto estaba allí, más cerca que nunca, no sabía si era sólo porque la encontraba guapa… pero le iba a dar igual. Si era su físico lo que él reclamaba de ella ahora, eso era lo que le daría. Todo por sentirlo. Porque estaba allí. Porque también le había llamado mágica y única. Porque, a pesar de que sus movimientos fueran cada vez más bruscos, era Leo el que estaba controlando eso, era el que había mantenido la ropa entre ellos. Si teniendo a uno tenía que tener también al otro, ahora estaba dispuesta a ello. Le besó, muy parecido a como lo había hecho en el planetario. Leonardo intensificó la velocidad de sus movimientos, con un esfuerzo sobrehumano para él por controlar su fuerza. Por eso tuvo que dejar de besarla, para centrarse, y ocultó su rostro en el cuello de la chica, para que este no la enturbiara. Y quería que a ella le gustara tanto como a él. Bajaba todo lo que podía para luego subir y abarcar con el bulto tras sus pantalones toda la longitud de la feminidad de la chica. La simple tela que separaba las partes más íntimas de ambos, servía también para esconderle al consciente de la realidad de lo que estaban haciendo. Él siguió, cada vez más rápido. Ambos jadeaban, y él notaba la excitación en ella, pero la suya propia estaba creciendo más rápido. Tenía que controlar también eso, quería que ella llegara al éxtasis antes que él. Siguió intentándolo… pero aunque notaba que el placer de ella no descendía, tampoco aumentaba, y él ya no iba a poder evitarlo mucho más. Probó cambiar el ritmo, luego apretar un poco mas, un poco menos… pero…

-No puedo más.

Se apartó bruscamente a un lado, y al quedar a espaldas de la morena, esta no lo vio, pero supo lo que estaba haciendo cuando cogió un montón de servilletas y le oyó jadear. Cuando se había limpiado bien, Leonardo se giró hacia ella, quien seguía tumbada, y se acostó a su lado. Puso una mano sobre su muslo, y la ascendió, pero Bella se la detuvo justo antes de que llegara a su entrepierna.

-Lo siento, no he podido aguantar. Déjame que te haga terminar también a ti.

-No hace falta, así ya ha estado bien.

Él apartó la mano y se incorporó para quedar ladeado hacia la joven apoyado en el codo.

-¿No eres capaz conmigo, verdad?

Por un momento, pensó que se iba a enfadar, pero de pronto, lo tenía abrazado a ella, con un brazo sobre su vientre y brazos y la boca contra su oído.

-Acabaré con la Bestia, te prometo que acabaré con ella.

Ninguno de los dos dijo nada más, simplemente siguieron así, sin echar en falta aún la comida que les esperaba.

...

Bella ya estaba tumbada en su cama por la noche, boca arriba mirando al techo, con las mantas hasta le pecho y los brazos fuera para entrelazar los dedos de ambas manos entre su cabeza y la almohada. Casi no podía creerse lo que había pasado. No se había acostado con Leo, él no la había invadido, ni siquiera le había tocado directamente. Pero sí había sido en parte sexo. Se habían masturbado el uno contra el otro, aunque era él el que había llevado el movimiento. Ella no había llegado a culminar como lo había hecho Leonardo, y este una vez más, lo había atribuido a la Bestia. Quizás debería haberle advertido de que el problema, o parte de él, es que sólo la viera guapa. Vale, puede que no sólo la viera así, le había llamado otras cosas, y con todo lo que estaba persistiendo dudaba de que sólo fuera por su físico. Pero la parte de él que sí mirada tanto esto, era la que lo había poseído, era la que le había prendido la llama con la que se había movido contra ella. Y ella se lo había permitido. No es que fuera la primer vez, con los otros chicos que había estado, también había sabido que era lo único que deseaban de la joven. Cuando había llegado a tener relaciones con alguno, había sido porque la atracción era mutua y era buen chico y un amigo. No se había enamorado de ninguno, pero tenía necesidades, como todo el mundo, y ella había aceptado que era sólo su cuerpo con lo que contaba en esas ocasiones. Y eso había hecho con Leonardo. Pero esta vez le había sentado de forma distinta. Además de que, aunque se había conformado, siempre había anhelado tener a alguien por quien sentir más y que ansiara en ella algo más. Ahora se daba cuenta de que le era doloroso que no ocurriera así con su jefe. Incluso se sentía algo mal consigo misma. Haberse entregado a la situación asumiendo que, para poder sentir tan cerca al Leo que le gustaba, ofreciendo el deseo que despertaba su físico, era como si hubiera asumido que no tenía nada más con lo que lo pudiera tener. Pero recordaba otras cosas, que la hubiera llamado mágica y única, el cómo hablaban juntos, el interés que le mostraba más que el mirarle como un trozo de carne... Un día más que terminaba sin que tuviera nada claro.

...

Pierre entró en el despacho de su jefe al haberle este reclamado.

-Buenas noches, señor.

Leonardo estaba sentado en su enorme y cómoda butaca tras el escritorio, pero su asistente le vio tan tenso que no dejaba reposar la espalda. Hasta en los rasgos de su rostro lo notó.

-Pierre, he tomado una decisión. Necesito que mañana llames al medio de comunicación que he decidido que asistirá a la fiesta.

-De acuerdo pero, todos ellos siguen exigiendo que…

-Acudiré al maldito aniversario.

Si Pierre permaneció estático fue sólo por su compostura tan arraigada.

-¿Que asistirá? ¿Está seguro, señor? Es un cambio de idea muy brusco.

Su jefe suspiró profundamente.

-Sí. Pero he de conseguir que Bella me vez como a un humano. Tendré que acudir a un acto público como si fuera una persona.


Como siempre, muchas gracias por os nuevos reviews, es genial leer que alguien ama tu historia y a otro, al cual por nombre no me puedo dirigir porque está como invitado, necesite más capitulos y o considere un excelente fic. ¡Es todo un honor para mí! A Lady in Black 22 lo mismo, son todo un halago sus palabras y lamento no haber subido este nuevo capitulo antes. Y Kaho-Kazuki, como siempre fiel a tu review, seguimiento que agradezco mucho y que me digas que eres mi fan me honra. Gracias también a los nuevos seguidores de la historia, que he visto que los hay, y los que sigue ahí.

¡Un abrazo muy fuerte a todos y espero no decepcionaros!