-Entonces, ¿estamos listos para irnos?-preguntó Ron, su voz parecía un poco demasiado alta en mitad del jardín. Hermione asintió con la cabeza, innatural pelo negro volando con el viento.
-Estoy lista. ¿Harry?-preguntó, volviéndose hacia él. El chico ya tenía una mano en su capa de invisibilidad. Volvió a mirar a Shell Cottage y suspiró.
-Sí, estoy listo.
Se dio la vuelta y, sin mirar atrás, se echó la capa por encima y se fueron.
oOo
-James.
-No, Remus-gritó-. Yo soy así.
-No-gritó Remus, su determinación completamente demoledora. Estaba agotado por la luna llena y, aunque sabía que estaba siendo irracional con James, no pudo evitarlo-. James, si te vas serás capturado o te matarán. Hay un tabú, ¿es que no sabes eso?
-Sí-contestó James secamente. Bajó su mirada a sus manos, con las que jugueteaba. James parecía más tranquilo y propenso a escuchar lo que tenían que decir.
-Tienes que quedarte aquí, James-dijo Remus-. Bill cree que puede quitar la marca.
James miró a Bill, quien asintió con la cabeza.
-Debería ser capaz ya que la estructura del hechizo no es demasiado complicada. V...Quien-Ya-Sabéis nunca debió pensar que alguien intentaría quitarla.
-Entonces hazlo-gruñó James, levantando el antebrazo. Bill no pareció demasiado feliz de que le dieran órdenes pero también era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que si no lo hacía James se iría. Sacó su varita, ignorando la forma en que James se estremeció cuando la acercó a él.
Remus notó el estremecimiento y, por un momento, pensó en poner una mano en el hombro de James. Un segundo más tarde, supo que algo malo pasaría si lo hacía. James no quería que le consolara. Ahora no. En el bosque, James había sido mucho más abierto. Sin embargo, también había estado más débil, teniendo en cuenta que acababa de despertar.
Bill comenzó a agitar su varita en un patrón repetitivo sobre el brazo de James. Remus reconoció el patrón como el de un encantamiento para romper maldiciones. Seguramente, lo que Voldemort había hecho tenía que ser más complicado que eso. Por otra parte, Bill había dicho que Voldemort no lo había hecho demasiado difícil de romper. No podía ver el razonamiento detrás de esa decisión, pero tampoco era capaz de ver el razonamiento detrás de matar a millones de personas.
James hacía muecas de vez en cuando pero aparte de eso, se quedó muy quieto. Después de sólo unos minutos, Bill cambió el patrón de la varita y empezó a murmurar un hechizo.
Remus no lo reconocía, por lo que llegó a la conclusión de que era más complicado que el anterior. Bill, sin embargo, se movía con la facilidad que da la práctica. Estaba claro que había hecho el hechizo antes.
Otro par de minutos pasaron antes de que Remus se diera cuenta de que la Marca se desvanecía lentamente. Ya, el fénix no era de un rojo brillante. Además, las lágrimas habían dejado de gotear de sus ojos. La serpiente, sin embargo, seguía siendo de color oscuro y no parecía estar desvaneciéndose. Bill había cerrado los ojos mientras su voz subía de volumen. Al parecer, el hechizo requería bastante concentración.
Después de poco más de un minuto, Bill se detuvo y bajó la varita. Sólo habían sido diez minutos para terminar el procedimiento. Abrió los ojos y miró el brazo de James. El ave féniz había desaparecido, pero la serpiente seguía tan viva como siempre. Bill estaba visiblemente conmocionado.
-Debería haberse ido-dijo, perplejo-. La maldición...me deshice de ella.
James dejó escapar una risa amarga.
-Pensaste que tu pequeño hechizo funcionaría contra Voldemort...Si no quería que me lo quitaran, entonces nunca se irá-dijo. La mirada de sus ojos era casi delirante. Remus se sintió un poco enfermo cuando escuchó sus palabras. Por mucho que supiera que no era lo mismo, le recordaba desagradablemente a cuando Bellatrix Lestrange se vanagloriaba de que su amo era-a sus ojos-inmejorable.
Remus sacudió la cabeza para despejar esa comparación, ya que era injusto y repugnante para James.
-El hechizo funcionó, estoy seguro de ello-dijo Bill-. Toma esto-sacó una cosa del bolsillo. Remus la reconoció al instante.
Era la varita de James.
Era la varita que había causado tanto mal en la escuela y había ayudado en la Orden.
Era la varita que yacía indefensa en el suelo, al lado de su cuerpo supuestamente muerto en el Valle de Godric.
Era la varita que había sido enterrada con él, la varita que, finalmente, tenía la oportunidad de ser usada por su dueño.
-No...-protestó James, pero Bill tomó ventaja del hecho de que todavía tenía el brazo de James entre sus manos.
Tan pronto como la madera tocó su piel, James se encogió de nuevo, esperando a que llegara el fuerte y terrible dolor.
Pasó un minuto.
Un minuto más.
La cara de James se había deformado por temor al dolor. Cerró los dedos alrededor de la varita apoyada en su mano y tiró del brazo que Bill mantenía agarrado.
-Puedo...Puedo agarrarla-susurró. Miró a la serpiente-. ¡No me controlas!-le gruñó. Remus sonrió a su viejo amigo, ignorando el hecho de que le estaba hablando con una serpiente tatuada.
Era genial ver el asombro en los ojos de James, y sólo por eso había valido la pena. Todo lo que había sucedido mientras James estaba sentado ahí, con Bill tratando su brazo, era digno del brillo que ahora aparecía en sus ojos.
En cuanto a James, Remus sabía que habían ganado una batalla hoy. James había mejorado otra vez, sí, el cambio era pequeño pero aún así era un cambio. Cada pequeña cosa era importante si quería que James sanase. Se prometió en silencio que nunca le dejaría solo mientras durase el proceso. Lo estaba intentando, Remus podía verlo. Sólo necesitaba ayuda, y Remus se encargaría de que la recibiera.
James se había quedado en silencio, mirando fijamente su mano y la varita. Finalmente, Bill le dijo:
-James. Prueba a hacer un hechizo, algo simple-James asintió con la cabeza y levantó la varita. Apuntó a un pequeño adorno en una mesa auxiliar y susurró:
-Wingardium Leviosa-el adorno, una pequeña caracola, flotó un metro y algo sobre la mesa. La cara de James comenzó a dividirse en una sonrisa enorme que le hacía parecerse a cuando era más joven.
A continuación, la felicidad se hizo añicos. James de repente se quedó sin aliento y se dobló, sosteniendo su brazo con fuerza. El adorno cayó nuevamente sobre la mesa con un ruido áspero, haciendo una pequeña grieta en el cristal.
-¡James!-exclamó Remus. Agarró el hombro de su amigo y, al tacto, James se enderezó. Aflojó el apretón de su brazo y lo sostuvo frente a él. La serpiente negra se movía y retorcía.
La respiración de James se había convertido en fuertes jadeos, y era evidente, por la forma en la que sus músculos del brazo sufrían duros espasmos, que estaba soportando mucho dolor. Remus observó cómo se retorcía la serpiente. Al igual que una vivida pintura, la serpiente abrió la boca-¡Merlín, si hasta tenía colmillos!-y surgió un cráneo. La serpiente siguió retorciéndose hasta que, finalmente, ambos elementos se convirtieron en la Marca Oscura.
Debajo de ella, se formaron unas palabras en negro.
NUNCA LIBRE.
