12._ El Volcán de la Libertad

Cierto día, Holly estaba leyendo el diario cuando notó algo que le llamó la atención: un ataque terrorista en el matadero cercano a la ciudad. Una explosión súbita había matado a doce empleados, mientras que el gerente general había sido asesinado en una forma cruel y espantosa, tanto que ni siquiera lo describieron en la noticia.

~Vaya, me pregunto quién escogería un matadero para hacer un atentado terrorista~ pensó Holly.

Por lo general, se realizaban en lugares con mucha gente para que murieran la mayor cantidad posible, o se usaban para asesinar a una persona importante en específico. Un gerente general de matadero no parecía la gran cosa.

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Por la tarde, Holly estaba leyendo un libro en la sala de estar, cuando de repente una gran cara amenazante y morada salió de entre las páginas.

-¡Holly!- exclamó la Haunter.

-¡Pris!- sonrió Holly.

Cerró el libro y lo dejó a un lado. Antes de darse cuenta, se estaban abrazando con Priscilla. Al darse cuenta, rápidamente se separó de ella, sonrojado, aunque ella no parecía molesta.

-¿Qué haces?- quiso saber.

-Nada, leía- contestó él- pero me alegra verte ¿Qué haces tú aquí?

-Nada, tenía ganas de jugar ¿Vamos a la playa?

-¡Vamos!

Sin decir más, salieron y se fueron a paso veloz a la playa. Holly dobló en la esquina para hacer el rodeo de costumbre, puesto que no era una línea recta desde la casa de Lia, pero en eso Priscilla lo tomó en brazos y lo puso sobre su cabeza.

-¡Woah!

-¡Sujétate!- le espetó ella.

Rápidamente se elevó sobre las casas y árboles del vecindario, y se dirigieron juntos a la playa. Sin embargo, sus planes para jugar se vieron interrumpidos por algo que vieron al llegar.

-¿Qué es eso?- inquirió Priscilla.

Holly se inclinó sobre ella y miró hacia abajo. Ahí, en medio de la arena, se encontraba tirada una persona. Los pokemon se acercaron rápidamente, Priscilla descendió a nivel del suelo y Holly se apeó de un salto. De ahí corrieron a verlo.

Lo rodearon por ambos lados y lo examinaron. Se trataba de un pokemon alto y atlético. En su cabeza, sobre su pelo negro había dos orejas peludas, y en su espalda se notaban decenas de pequeños hoyos. Tenía un montón de cicatrices por todos lados, algunas recientes, otras antiguas, pero lo que más se le notaba era una fea herida que le surcaba todo el pecho. Se notaba que era fuerte.

-Está inconsciente- observó Holly- Llevémoslo a la sombra.

Entre los dos lo tomaron con dificultades y lo llevaron bajo palmera, donde se lo quedaron mirando, consternados.

-¿Quién es este pokemon?- inquirió Priscilla.

-Nunca he visto a uno así- Holly lo examinó a fondo, pero no encontró indicios de ningún tipo- por ahora démosle algo de beber.

Miró hacia arriba, las palmeras tenían unos cuantos cocos. Priscilla comprendió de inmediato y subió para sacar uno y llevárselo. Holly lo partió por la mitad con un ataque de Hoja Mágica y le dio un poco de beber al pokemon. Este comenzó a reaccionar, primero con movimientos involuntarios en su cara, luego, lentamente, se llevó las manos a los ojos y se refregó los párpados.

-¿Qué…

Los abrió poco a poco. Miró a ambos pokemon junto a él, confundido. Tuvo que sentarse y esperar un buen rato para recordar lo que había ocurrido y por qué estaba ahí. Luego volvió a mirarlos a ambos. Luego a la playa.

-¿Dónde estamos?- preguntó con una voz rasposa.

-En pueblo Espárrago- contestó el Kirlia- mi nombre es Holly, esta es mi amiga Priscilla. Te encontramos hace un rato ahí, en la playa ¿Cómo te sientes?

El pokemon se llevó una mano a la cabeza, algo atontado. Notó la herida en su pecho, pero no le prestó mucha atención. Estaba abierta, pero no sangraba.

-Quédate quieto, voy a sanarte- le espetó Holly.

-¿Eh?

Pero antes que entendiera qué pasaba, Holly se agachó sobre él y posó una mano unos centímetros sobre su herida. De su palma surgió un brillo rosa, que cerró la herida del pokemon y rápidamente la convirtió en una cicatriz, como una de las tantas que tenía.

-Vaya, eres un Kirlia con talento- comentó el pokemon.

Luego miró a todos lados, como buscando algo, pero no lo encontró. A esa hora, la playa estaba vacía.

-¿No han visto a mis amigos?... no, claro que no- entonces se giró hacia Holly- ¿No sientes a ningún psíquico por aquí cerca?

-¿Cómo sabes que puede hacer eso?- quiso saber Priscilla, curiosa.

-No, solo estamos nosotros- le aseguró Holly.

El pokemon se llevó una mano a la cabeza, preocupado.

-¿Qué pasó? ¿Naufragaron?

-¿Mmm? No, hubo una explosión…- el pokemon se perdió un momento en sus recuerdos- vaya, una explosión que me dejó atontado por horas. Tuvo que haber sido enorme.

-¿Dónde ocurrió la explosión?- quiso saber Priscilla- seguro habrá gente que lo vio. Tus amigos deben estar por ese lugar, buscándote.

-No, dudo que se hayan quedado cerca, aunque me están buscando, sin duda.

Entonces se levantó de un salto y se sacudió la humedad.

-¡Oye, oye, tranquilo! ¡Estás débil!- le pidió Holly, aunque el pokemon no parecía muy afectado.

-Descuida, chiquitín. Esto no es nada para mí- le aseguró- vamos a caminar, necesito que mi sangre circule.

Sin esperar sus respuestas, partió. Iba a paso relajado, pero Holly tuvo que dar zancadas para alcanzarlo. Sin embargo, al notar esto, el pokemon grande desaceleró para que el Kirlia no tuviera que correr.

-Es verdad, no me he presentado- recordó el pokemon- me llamo Sunny, soy un Typhlosion ¿Y ustedes?

-Priscilla, la Haunter.

-Holly, el Kirlia- indicó- y soy macho, por si acaso.

El Typlhosion sonrió.

-Es bueno saberlo.

-¿De qué tipo son los Typhlosion?- inquirió Priscilla.

Fuego, únicamente. Miren.

Se alejó de ellos de un salto y apretó los puños en una pose heroica. Holly estuvo a punto de preguntarle qué iba a hacer, cuando una gruesa y potente llamarada surgió de su espalda, como un volcán rugiendo a toda potencia. Surgió viento caliente que subió rápidamente la temperatura de sus caras y pechos. Holly y Priscilla tuvieron que cubrirse para evitar el escozor en los ojos, y en ese momento, Sunny se detuvo. Las llamas en su espalda se extinguieron y el aire volvió a su temperatura habitual.

-¡Vaya!- exclamó Priscilla.

Holly se lo quedó mirando boquiabierto. Ese pokemon no solo era fuerte, estaba en una categoría totalmente distinta de todo lo que había visto antes.

-¡Uf! ¿No tienen hambre?- comentó el Typhlosion- estoy muerto de hambre.

Con eso, Holly espabiló.

-¿Cómo… ¿Cómo haces eso?- alegó, mientras los tres continuaban su camino.

-¿Mmm?- inquirió Sunny- siempre he podido hacerlo, desde que nací.

-¡No, no me refiero a tus llamas!- alegó el Kirlia- ¿Cómo tienes tanta energía después de naufragar, incluso con esas heridas?

-Oh, no lo sé. Me acostumbré, supongo.

Holly se detuvo, desconcertado. Priscilla se giró hacia él, extrañada.

-¿Estás bien?

Holly se rascó la cabeza, aún medio incrédulo. Cualquiera con las heridas de Sunny caería donde estaba y gritaría de dolor o se desmayaría, pero él parecía de lo más bien, seguro de que comer le repondría fuerzas. Comprendió que debía ser el pokemon más fuerte que hubiera visto para comportarse así. Pero se sacudió la cabeza y se obligó a olvidarse del tema de momento, en ese momento Sunny necesitaba energía, eso seguro.

Holly y Priscilla lo llevaron al bosque cercano, donde recogieron un montón de bayas para los tres, aunque ambos les dieron la mayor parte de sus porciones a Sunny, porque ya habían comido y se notaba que él las necesitaba más. Los tres conversaron amenamente. Sunny les contó sobre aventuras increíbles en otras regiones, peleas feroces contra enemigos fantásticos que había tenido, sobre lugares impresionantes que había visitado y buenos amigos que había hecho en el proceso. De cuando en cuando se paraba para preguntarles por ellos. Contar sobre sus aburridas vidas de pueblo resultaba algo penoso en comparación, peor Sunny escuchaba con atención y reaccionaba como si su vida fuera tan normal como la de ellos. Holly se dio cuenta que, además de ser fuerte, era un pokemon muy maduro y sabio, quizás una consecuencia de viajar tanto.

Luego de comer y reposar, se dirigieron a la playa para jugar un poco. Las heridas de Sunny se cerraron en cuestión de horas, y no tuvo problemas en jugar a perseguirse o a las escondidas con sus nuevos amigos.

En cierto momento, Priscilla miró hacia el cielo y se puso pálida.

-¡¿Qué hora es?!- exclamó.

-Deben ser como las cinco, creo- supuso Holly.

-¡Oh, no! ¡Mi amo me pidió estar ahora en la casa! ¡Me tengo que ir YA! Holly, Sunny, lo siento.

-Está bien, descuida- le espetó Holly.

-Fue un gusto conocerte, Pris- se despidió Sunny.

-¡Sí, también lo fue para mí! ¡Hasta la próxima, chicos!

La Haunter se elevó y se marchó flotando a toda prisa. Era raro verla apurada, dado que no podía aletear, pero al inclinarse parecía acelerar un tanto.

Ambos chicos se la quedaron mirando, contentos. Sin embargo, algo comenzó a hacerle cosquillas a Holly. Al principio pensó que era algo en el pelo, pero luego se dio cuenta que era mucho más interno, dentro de su cabeza. Era algo en su cerebro. Pero tampoco tenía un lugar fijo, era algo que su mente percibía.

Entonces se giró, y se dio cuenta que no estaba sintiendo un cosquilleo, sino que una emoción muy grande de parte de una mente potente. Era Sunny, furioso. Su cara estaba calmada, mientras miraba a Priscilla alejándose, pero dentro de sí bien podría haber explotado un volcán. Por un momento, Holly tuvo tanto miedo que se le olvidó cómo respirar.

Pero de pronto Sunny se giró hacia él, y la emoción se fue. Volvió a relajarse, a sentir la pacífica alegría que mostraba su cara.

-Oye, Holly. Tú también tienes un entrenador ¿No?

Holly se extrañó de la pregunta. Era como preguntarle si tenía cuernos.

-Claro.

-¿Y cómo te trata? ¿No te gustaría huir?

Holly lo meditó un poco.

-A veces- admitió- no me gusta que me ponga vestidos y me lleve a concursos pokemon. Es odioso. Lia ha creído toda mi vida que soy hembra. Le he dicho miles de veces que soy un macho, pero no parece hacerme caso. A sus padres no parece importarle lo que yo diga, tampoco.

Sunny arqueó una ceja.

-¿Solo a veces?- inquirió.

Holly se encogió de hombros.

-Me dan comida y una cama donde dormir. Es desagradable hacer lo que dice Lia, pero tengo lujos que no tendría de ser salvaje.

Sunny exhaló por la nariz, entretenido.

-"Salvaje"- repitió, como si la idea le causara risa.

-Pero les demostraré que se equivocan- indicó Holly- Si puedo obtener una piedra alba, evolucionaré a un Gallade.

-Ah, qué buena idea. Como solo los machos pueden evolucionar a Gallade, tu entrenadora no tendrá más remedio que reconocerte como uno- observó Sunny.

Holly se sorprendió. Casi nadie que hubiera conocido sabía que la piedra alba solo podía usarse por los Kirlia macho. Confirmó que Sunny sabía bastante.

-¿Y cuando te conviertas en Gallade? ¿Entonces qué?- inquirió el Typhlosion.

Holly había soñado con ese momento más o menos desde que Lia lo tomó de la guardería. A veces pensaba que Lia sentiría una nueva admiración por un pokemon tan fuerte y gallardo como un Gallade, y querría presumirlo frente a todos sus amigos, hasta quizás probar de nuevo una aventura pokemon. Otras veces se la imaginaba enfadada y llorando de la rabia, alegando que quería una niña, que no tenía uso para un macho como él, y que lo abandonaría en un basurero. La última no se veía muy placentera, pero Holly también estaría bien con algo asó. Mientras Lia lo reconociera como lo que era, todo estaría bien.

-No lo sé- dijo al fin.

Entonces Sunny posó una mano sobre su cabeza cuernuda.

-Holly, no necesitas probarle a nadie que eres "macho". Eres un Kirlia amable e inteligente ¿Qué importa si tienes vestido? Todos los Kirlia lo tienen.

Holly lo miró hacia arriba, sin saber qué pensar. Quería que fuera así de fácil, simplemente deshacerse de la necesidad de ser un macho, pero no podía. Odiaba que Lia lo llevara a concursos, que le pusiera vestidos, que intentara emparejarlo con Mikeas, que lo usara como su muñequita.

-Pero yo quiero ser un Gallade- alegó.

Sunny comprendió que era un asunto sensible, así que se abstuvo de presionarlo.

-Estoy seguro de que serás un excelente Gallade.

Holly se giró hacia él, esperanzado. Nunca nadie, ni sus amigos le habían dicho algo así, como si esperaran tanto como él esa evolución tan complicada.

-Gracias. Solo necesito una piedra alba y me convertiré en uno. De casualidad tú no llevas una contigo ¿O sí?

Mas Sunny se encogió de hombros y le mostró su cuerpo desnudo. Holly recordó que había naufragado, por supuesto que no iba a tener una piedra así consigo.

-Está bien, es una piedra rara, después de todo- le restó importancia, aunque Sunny notó que su voz cargaba con cierta frustración, como si la hubiera estado buscando en vano por mucho tiempo.

-Oye, se hace tarde ¿No quieres descansar un poco?

Holly volvió a ver el cielo, no había pasado mucho desde que Priscilla se marchara, pero Sunny tenía razón. A esa hora Lia llegaba del colegio, y si Holly no estaba, podría preocuparse.

-Creo que me tengo que ir- comentó- ¿Tú te quedarás aquí?

Sunny asintió.

-He estado en muchas aventuras con mis amigos. Ya una vez me perdí. Salí a buscarlos, pero eso enredó aun más las cosas. Los encontré tres días después, mientras me perseguía la policía ¡Estaban furiosos conmigo! Me hicieron prometer que nunca más me iría por mi cuenta. Así que aquí estoy.

Holly se extrañó de esto, pero mucho más por lo de la policía.

-¿Por qué te perseguía la policía?- inquirió.

-Oh, nada, incendié una fábrica textil por aquí, maté a unos políticos por allá, lo de siempre.

Holly dio dos pasos hacia atrás, desconcertado.

-¿Lo… lo de siempre?

De súbito recordó la noticia que había leído esa mañana; la explosión en el matadero. Sunny había quedado inconsciente por una explosión. Seguramente había volado a un río cercano que lo llevó al mar, y de ahí lo arrastró a la playa. Lo miró de nuevo a la cara. Sunny sonreía casualmente, pero ya no había duda.

-Tú… ¡Tú eres… ¡Tú eres el terrorista de las noticias!- exclamó Holly.

Sunny se llevó una mano a la cabeza, como un actor de películas independientes que es reconocido en la calle.

-¿Qué? ¿Aparecí en las noticias?

Por un momento Holly sintió mucho miedo. Quiso correr y alertar a todo el pueblo, sin embargo, al percibir las emociones de Sunny no pudo evitar relajarse un poco. El Typhlosion no tenía intenciones hostiles hacia él ni hacia nadie, no en ese momento. Solo era un pokemon que quería relajarse y pasarla bien.

-Sunny, tú… tú no vas a ir y destruir el pueblo ¿O sí?- le preguntó el Kirlia.

El Typhlosion se sentó en la arena, algo cansado con la idea.

-Intento evitar las viviendas, si eso es lo que te preocupa. Pero mis atentados dependen mucho de las personas. Soy un campeón de los pokemon, Holly. Dejo tranquilos a los entrenadores que tratan bien a sus esclavos, pero no perdono a quienes les hacen daño.

Holly tragó saliva. Había muchos detalles en esa última frase que Sunny había dejado inexplicados, quizás a propósito. El pequeño Kirlia apretó los labios, nervioso.

-¿Entonces has… has… matado…

-Sí- contestó con calma- he matado a mucha gente. Mucha, mucha gente.

Holly palideció, mas Sunny lo relajó con una sonrisa.

-Pero ahora estoy herido y me tengo que recuperar. Intentaré quedarme aquí, tranquilo, hasta que vengan mis amigos a buscarme. Entonces decidiremos qué hacer.

Holly se imaginó el peor caso: que tuviera que enfrentarse a Sunny para defender a Lia. Era su pokemon, era su deber si se daba la ocasión. Sin embargo no había comparación. Hiciera lo que hiciera contra el Thyplosion, este podría ir y matar a Lia perfectamente. Holly no la tenía en mucha estima, pero no quería que se muriera, nunca había deseado eso.

-Yo… yo me tengo que ir- aseguró.

Sunny asintió y no dijo nada mientras el Kirlia se marchaba. En ese momento Holly no se dio cuenta porque estaba muy nervioso, pero luego, mientras intentaba dormir por la noche, comprendió que dejarlo ir había sido un enorme riesgo para un terrorista tan buscado como Sunny. Holly podría haberles avisado a todos, y en una de esas las autoridades le hacían caso y se dirigían a la playa dispuestos a matarlo.

~Por muy fuerte que sea un pokemon, no puede en una pelea contra todos los policías del pueblo~ pensó Holly ~ No hay forma de que pueda vencerlos ¿Cierto?