Catorce

Bienvenido al mundo mi pequeño Alexandre

Chicas! – contesto la rubia con la voz entrecortada.

-¿Gordi estás bien? ¿Por qué no nos lo cogías estábamos muy preocupadas? –dijo la latina levantándose agarrando la mano de Rachel que esta se había levantado mientras todos las miraban.

-¿Chicas dónde estáis?- dijo entre sollozos -¡AHHHHHHHHHH!- chilló la rubia.

-¡Quinn! ¿Qué te pasa estas bien? – dijo preocupada Rachel, mirando a Santana.

-Chicas creo…creo que viene el bebé –dijo tratando de respirar con tranquilidad Quinn, que ya las lágrimas se derramaban por sus mejillas.

-¿Quéeeee?- dijeron todos a la vez.

-Quinn tranquilízate, vale cariño, todo va a salir bien, respira cómo te enseñaron y tranquilízate, vale- trataba Rachel de tranquilizar a la rubia por el teléfono pero más bien se estaba tranquilizando a sí misma.

-AHHHHHHHHH! ¡Dios haz que pare! ¡Me duele mucho!- se oía la voz de Quinn, los gritos de la rubia tapaban la voz de un hombre que no distinguían su voz.

-Bebe tranquilízate ¿vale? Escucha mi voz y olvídate de todo – decía Santana tratando de tranquilizar a la rubia.

Mientras hablaban con ella, ya estaban cogiendo el coche el cual conducía un Sam nervioso, mientras las morenas se tranquilizaban la una a la otra, Frannie cogió el teléfono para hablar con su hermana.

-Q, pequeña tranquilízate por favor, escúchame tu eres fuerte y puedes con todo ¿vale enana?- sonreía triste la rubia mirando a sus cuñadas. –piensa que dentro de nada tendrás a un rubito en tus brazos. –sin dejar de sonreír les guiño un ojo a las morenas.

-¿Cómo que enana? Que yo sepa soy la mayor…- bromeo Quinn para tranquilizarles a todos provocando las risas de todos. Mientras ahogaba un grito doloroso. –Un momento ¿Frannie estas en la isla?

-Eehhh! No cariño, es una larga historia, Santana y yo estamos en LAX- dijo Rachel triste, esperando la respuesta de enfado de la rubia pero nada, solo recibió silencio. -¿Q? Por favor háblame, lo sentimos de verdad, nos han engañado, nos dijeron que habían matado a Sam, y habían herido a Frannie, y no podíamos permitir que vinieras porque ellos…. –dudo en contarle la verdad y no lo pensó dos veces y así lo hizo –Mi Lady ellos, ya no nos querían a nosotros querían a nuestro…- pero Quinn no le dejo acabar, se puso a discutir con alguien.

-¿Eso es verdad? Para qué queréis a mi hijo ¿ehh? No ha hecho nada a nadie por el amor de Dios. Para eso estás aquí Puck, para llevarte a mi hijo – Quinn gritaba como una loca, olvidándose por completo de los dolores que estaba recibiendo en su vientre. –Por encima de mi cadáver vas a tocar a mi hijo, ¿te queda claro?- Como pudo salió de la casa, en dirección a la cabaña de Amigo.

Las chicas la llamaban pero está no respondía. Ya habían llegado al aeropuerto y estaban montándose en el avión, iban a ser las 13 horas de vuelo más horribles de su vida, estaban en pánico, al haber oído la voz de Puck al otro lado del teléfono con Quinn, que se encontraba, en la isla sola, con él capullo de su ex y el traído de Richard. Lo único que les quedaba era rezar para que todo saliera bien y tranquilizarse la una a la otra.

Mientras en la Isla, Quinn se encontraba tirada en el suelo cerca de la orilla del mar, porque le dio un pinchazo muy fuerte y calló al suelo, Amigo al verla caer, salió corriendo a ayudarla, mientras Puck con una sonrisa cogía el teléfono de las manos de Quinn y lo lanzaba al mar.

-¿Q, estas bien? –cuestiono preocupado Richard. Ella negó las lágrimas caían por sus mejillas, y tenía la voz rota.

OH DIOS MIO!- miro hacia el centro de las piernas de Quinn – ¡Estas sangrando mucho, él bebe, esto no es normal! ¿Tenemos que ir a un hospital? –le dijo Amigo mientras hacia el amago de cogerla en brazos, cuando le detuvo Puck.

No! No la muevas- le señalo mientras sacaba su móvil -¡ya está de parto!- no dijo más colgó.

Y en menos de 5 minutos, un par de coches negros aparecieron de la nada, saliendo de cada uno de ellos dos hombres y dos mujeres vestidos de médicos, se fueron esos coches una vez salieron aquellas personas.

Y apareció un mercedes negro, como el que ella había usado en Nueva York, bajaron por la ventanilla y vio como a lo lejos alguien le observaba, no vio nada solo pudo adivinar que era un hombre calvo, trato de fijarse quien era pero un punzada en el vientre le obligó a cerrar los ojos.

-Ese es el coche de NY ¿verdad? ¿Estas con ellos? ¿Me has mentido? –dijo la rubia con la voz entrecortada, y con un tono de decepción. Amigo simplemente bajo la cabeza.

-AHHHHH! ¿Qué hacéis dejadme en paz? –trato de levantarse, al ver cómo le rodeaban aquellas personas, pero el dolor era cada vez más fuerte e intenso.

-Tranquilízate, tienes que seguir mis indicaciones, si quieres que él bebe salga bien- dijo una mujer mientras se posicionaba en frente de ella colocándose los guantes, y le había las piernas ejerciendo fuerza ya que la rubia se resistía.

-¿Lo vas a hacer aquí?- le cuestiono un sorprendido Puck mientras se echaba hacia atrás, algo asqueado por lo que iba a pasar.

-No la podemos mover de aquí y por lo que veo ya ha dilatado 10 cm por lo que es hora de empujar ¿Preparada? – dijo la mujer con una sonrisa tratando de tranquilizar a la futura mamá pero de nada servía, Amigo se posiciono rápidamente abrazando por detrás a la rubia ofreciéndole sus manos, para que estuviera lo más cómoda, que permitía la situación.

Empuja vamos! ¡Tú puedes! – le susurraba amigo mientras se empezaba a arrepentir de haberle ofrecido sus manos.

-AHHHHHH! – se le caían las lágrimas a la rubia, no solo por el dolor que estaba sufriendo, sino por el miedo de que le quitaran a su bebe.

Dios mío! ¿Eso es normal que salga tanta sangre? – pregunto Puck asqueado.

La mujer que estaba asistiendo el parto, junto con otra que le ayudaba se miraron preocupadas y luego una de ellas miro a Puck negando con la cabeza.

Ya habían pasado el tiempo, no sabían cuánto tiempo llevaban con el maldito parto que parecía complicarse por momentos y sin apenas material médico. Mientras tanto Rachel y Santana llegaban al aeropuerto, alquilaron un coche y fueron a toda velocidad a por sus dos rubios.

Empuja vamos ya veo la cabeza!- grito la mujer.

Quinn saco las fuerzas de donde no le quedaban y así lo hizo, jamás habría sufrido algo tan doloroso pero lo único que pensaba era en su bebe. Miro a Amigo triste y mientras trataba de coger aire para volver a empujar aprovecho para decirle –por favor, protege a mi hijo- Amigo sin decir nada agacho la cabeza, mientras seguía ayudándole.

-Un último es fuerzo, vamos solo uno más- le decía la chica más joven emocionada por ver al bebe, animando a Quinn.

Pero las fuerzas empezaban a fallarle, algo dentro de ella le decía que cerrara los ojos y todo habría acabado, los dolores, los problemas, las lágrimas, pero volvió a pensar en su pequeño y empujo la más fuerte que pudo derrumbándose sobre el pecho de Amigo, lloro emocionada al oír llorar a su pequeño, que una vez que le cortaron el cordón umbilical, se lo pusieron sobre su corazón, y el pequeño al oír los latidos de su madre dejó de llorar.

Quinn con lágrimas, miro a su hijo y lo beso – bienvenido al mundo mi pequeño Alexandre- él recién nacido le sonrió como si le hubiese entendido y la rubia lo volvió a besar y abrazar.

Vamos! ¡Coge al crio y larguémonos de aquí! – dijo Puck mirando a Richard, girándose hacia los coches con las otras dos chicas.

Él con tristeza asintió y salió de la espalda Quinn e hizo el amago de coger al pequeño. Quinn volvió a besar al pequeño sin apenas fuerzas para sujetarlo y miro a los ojos a Amigo –Richard por favor cuida de él, te estoy entregando mi vida- sin apenas resistencia pudo coger al pequeño que este al ser separado de su madre recupero el llanto, se dirigía hacia los coches.

Cuando se dio la vuelta para ver cómo Quinn trataba de levantarse, pero apenas tenía fuerzas había perdido mucha sangre, se paró y volvió para ella que se encontraba en la orilla del mar, al estar a anocheciendo la marea había subido y el agua empezaba a mojar a la rubia.

Le devolvió al pequeño Alexandre y volvió a parar de llorar, está emocionada sonrió agradecida a Amigo, no dijeron nada este le devolvió la sonrisa observando como el pequeño se acurrucaba en el pecho de la rubia para seguir escuchando el sonido de los latidos del corazón de su madre.

Quinn!- gritaron las morenas que llegaban por el otro lado de la isla, provocando que se dieran todos la vuelta.

Llegaron con lágrimas se abrazaron y besaron al pequeño Alexandre –OH ¡mi amor! Es igual que su mamá- dijo Santana emocionada a Rachel, provocando las risas de las tres.

Santana se colocó detrás de Quinn para que estuviera más cómoda, sujetando al pequeño en brazos que era acariciado por Rachel – ¡Necesitamos ir a un hospital! ¿Estáis bien?-

-Él está perfecto- le sonrió Quinn, sin dejar de mirar a su hijo que estaba tranquilo descansado sobre su pecho parecía gustarle el sonido de su corazón.

-¿Pero qué mierdas es esto? ¡Richard trae al mocoso ahora mismo!- dijo sacando una pistola, Puck y apuntándolo.

-¡NO! –dijo Amigo sacando su pistola y apuntando al chico.

-¿No me jodas te has enamorado de la rubia verdad?- dijo cabreado Puck y apunto a la rubia que se encontraba con él bebe –te lo diré de otra forma, tráelo si no quieres que la mate- le sonrió.

Al oír eso, Amigo se puso delante de las chicas protegiendo a los cuatro, con su cuerpo -Puck, te conozco lo suficiente como para saber que no serás capaz de matarla- le devolvió la sonrisa, provocando que el chico bajase el arma.

Entonces salió el hombre calvo del coche dejando a todos sorprendidos, le quito la pistola a Puck y disparó dándole a Amigo pero esté antes de caer al suelo disparó dándole en el pecho, sin más Puck y las enfermeras metieron al hombre al coche, y salieron pitando de allí.

-¡Amigo! ¿Estás bien?- dijo Rachel asustada.

-Solo me ha dado en la pierna- le sonrió y le guiño el ojo para tranquilizarla. –Yo lo siento mucho chicas- dijo agachando la cabeza estaba arrepentido.

Iban a contestarle cuando el llanto incontrolable de su hijo llamo la atención de todos fijando la vista en él. Y fueron conscientes del motivo de ese llanto.

-¡Quinn! ¡Quinn! ¡Bebe! ¡Mi Amor! ¡Mi lady! ¡Gordi! –Las morenas llamaban a Quinn -¿Despierta por favor? –Pero no respondía – Por Dios llama a una ambulancia- dijo Santana a Amigo, que este inmediatamente le obedeció. Mientras Rachel cogía por primera vez al pequeño Alexandre tratando de calmarle ya que no dejaba de llorar.

-Q, Bebe, por favor abre los ojos- le decía la latina abrazando a la rubia, mientras ambas morenas derramaban lágrimas acompañadas por el llanto sonoro de su pequeño.