¡Disculpen el retraso, por favor! ¡Agradezco sus reviews! ¡Son mi impulso para continuar! Espero ir esclareciendo dudas... o generar más ;)

CAPÍTULO 14

A la mañana siguiente, Hermione despertó hasta pasado el mediodía. Narcissa había hecho al menos tres intentos por despertarla para hacerla bajar a tomar el almuerzo con el Señor Oscuro, todos ellos sin resultados. La dama había pretextado a su amo que su futura prometida se encontraba indispuesta, razón que no dejó tranquilo a Voldemort, quien enfurecido había comentado pasar a verla a la hora de la comida, luego de que culminara la reunión que tenía pactada con Thicknesse.

Cuando al fin la castaña pudo reincorporarse en el mundo real se encontraba excesivamente cansada, sintiendo en su cuerpo estragos parecidos a la combinación de un derroche no controlado de magia junto con una terrenal y llana resaca. Su cabeza le daba mil vueltas y sentía pequeños espasmos por todo su cuerpo. Sudaba frío y, al mismo tiempo, tenía mucho calor. Narcissa le ayudó a llegar hasta el baño, negándose Hermione a que ésta le asistiera durante la ducha. Sin duda se sentía sumamente incómoda con la idea de tener a una dama de compañía para realizar hasta la más insignificante de las tareas como si ella no pudiese hacer nada por sí misma.

Luego de bañarse trabajosamente y de ataviarse con ropas para nada comunes en ella (telas finas en color negro, vestidos ostentosos y joyería de colección) permaneció recostada sobre la cama esperando a que los malestares pasaran, sin embargo éstos empeoraron. Una o dos veces se vio en la necesidad de devolver el poco contenido que albergaba su estómago y una fiebre comenzó a hacerse presente en todo su cuerpo. Narcissa iba y venía por toda la habitación con paños empapados de agua helada para bajarle la calentura, ya que le estaba imposibilitado intervenir de cualquier otra manera por órdenes de Lord Voldemort.

Transcurrieron así al menos dos horas en que la pobre muchacha se debatía entre la lucidez y el delirio, hasta que el Señor Tenebroso se hizo presente con toda su aura de oscuridad desmedida.

-Sal de aquí, Narcissa.- pronunció él con desdén.

-Mi… mi señor, la lady se encuentra muy débil. Le… le subió la temperatura y no cede.- dijo la señora Malfoy con algo más que miedo.

-Vete. Yo me haré cargo.- Narcissa salió a toda prisa de la recámara de su ama. Por su parte, Voldemort se acercó con parsimonia hasta donde la castaña se encontraba acostada, logrando escuchar de su boca casi inaudibles palabras sin sentido:

-…¡No!... Él… él no me dejó ir… ¡Ya basta!... ¡La profecía lo anuncia, no podré contra él! ...Déjamelo a mí, yo me encargo… -

El Señor Oscuro no comprendía nada de lo que la chica decía. Sabía perfectamente que se encontraba en un estado de agonía, por lo que únicamente atinó a llamar a quien más confianza tenía para encargar la salud de la mujer, de su mujer: Severus Snape. El pocionista llegó al primer llamado de su amo, pues sabía muy bien que no deseaba repetir la penosa experiencia de la última vez que no acudió la convocatoria de Voldemort. Se apareció a en los jardines de la mansión con la cabeza marchando a diez mil revoluciones por minuto, recordando lo sucedido la noche anterior con su ex alumna: lo que estaba haciendo para escaparse, cómo lucía físicamente, el daño que hizo en su labio inferior luego de haber rodeado su cuello como ninguna mujer había hecho nunca… Tenía miedo, mucho miedo, y curiosidad. ¿Cómo había logrado salir y entrar de la mansión con total tranquilidad? ¿Voldemort se enteraría de que la herida en su boca la había provocado la misma chica con la que se desposaría dentro de poco? ¿Por qué rayos su cabello y el color de sus ojos se tiñeron de otro color? Con pensamientos así se aproximó hasta la habitación de Hermione, sabiendo que el escozor de la marca oscura que portaba le indicaba que ahí se hallaba su amo.

-Mi señor… me ha llamado. Dígame, ¿en qué puedo servirle?-

-Severus, a la impura le sucede algo. Sé que no está enferma, pero está muy mal. Cúrala, no quiero que algo malo le suceda… eso sería perjudicial para mis fines, ¿comprendes?- dijo con un aire autoritario e intimidatorio Voldemort.

Snape se aproximó hasta la joven, examinándola con la vista y tocando con el dorso de su mano su frente. Sintió que casi ésta se le quemaba debido a la alta temperatura que la pobre castaña estaba sufriendo. Salió de la habitación para traer consigo algunas pociones, mientras que el Señor Oscuro permanecía dentro observando a su esclava. Cuando regresó su súbdito, éste corrió a toda prisa para atender a la muchacha, obligándola a levantar en la medida de lo posible su cabeza para que bebiera los brebajes. Como sus intentos fueron en vano, él mismo cogió con delicadeza su cabeza posicionando su antebrazo izquierdo por debajo de ésta, para brindarle un mejor soporte. Dio a beber el líquido ambarino por la pequeña abertura de unos labios finos, los mismos que casi fueron rozados por los de él la noche anterior. Su cabeza volvió a divagar en sus recuerdos, pero rápidamente volvió en sí al sentir la fuerte mirada de su amo sobre él: Voldemort lo veía todo, la forma en que cómo salió del cuarto por sus instrumentos de curación, la forma en cómo la miraba, la sutileza con la que había levantado su cabeza. No por nada era el mago más poderoso de todos los tiempos.

Snape sentía que le iba a dar un paro cardíaco, pero optó por mostrar la mayor naturalidad posible y regresó a su usual frialdad ante las situaciones. Soltó sin ningún reparo la cabeza de la mujer, dejándola caer rudamente sobre la almohada. Tomó con sus dedos índice y pulgar un líquido aceitoso extraído de acacia y plumas de arpía y lo untó sobre las fosas nasales de Hermione para que lo aspirara.

-… Es él, él no me dejó ir…- decía con dificultad la muchacha. Snape interpretó aquél mensaje como si se refiriera a él, y sintió el mismo vacío en sus vísceras que cuando tenía tan cerca a la castaña en su encuentro anterior. Por suerte, Voldemort esta vez no lo pudo escuchar porque se encontraba algo retirado de donde ella. El pocionista recogió sus cosas con cierto nerviosismo y estaba a punto de salir de la habitación cuando le fue negada su partida por parte de su amo.

-No, Severus, quédate.- el mortífago sintió cómo un escalofrío lento y punzante recorría todo su cuerpo. No tenía opción: debía permanecer en el lugar hasta que el Señor Oscuro se lo ordenara.

Pasaron aproximadamente diez minutos cuando Hermione comenzó a volver en sí. La calentura cedió con rapidez y poco a poco la fuerza comenzó a regresarle al cuerpo. Afortunadamente –tanto para Snape como para ella- ya no volvió decir nada más la chica durante el delirio.

-¿Qué… qué me pasó? ¿Dónde estoy?- preguntaba con verdadera confusión la castaña. Por desgracia, el mareo persistía, pero en menor medida.

-Estás en donde debes, mi pequeña e insolente sangresucia. Estás en mi dominio, en mi mansión, en mi recámara, en mi cama.- dijo Voldemort con lascivia con toda la intención de atormentar a Hermione y de provocar algo en Snape. Deseaba averiguar si casualmente su mortífago se sentía cierta empatía por su esclava. Con un magistral acto de neutralidad y oclumancia, el pocionista se mostró firme y sin ninguna sensación, más que la de sumisión ante su amo. –En lo que respecta a lo que te sucedió, eso te lo podrá explicar Severus.-

-Me temo, mi señor, que no sé qué le ocurrió a… a… -Snape no tenía ni idea de cómo referirse a la chica delante de Voldemort-

-A mi lady, Severus, así debes llamarla- para sorpresa de Hermione, el hombre-serpiente le había otorgado una posición de alto rango frente a su sirviente de mayor confianza –Sabes bien que se convertirá en mi esposa dentro de poco, cuando la mejor luna del año tenga a bien iluminarnos en su última noche de esplendor, así que vete acostumbrando a nombrar como se debe a la que se convertirá en tu señora.-

El pocionista se quedó sin palabras ante el contundente comentario del Señor Oscuro, y sabía que era verdad. Comprendía a la perfección que la insufrible sabelotodo, la joven hermosa, la enigmática mujer que intentaba fugarse, constituía la amalgama precisa para ser la cónyuge de su amo. Más allá de los sentimientos que pudieran estar en plena pugna en su interior, sabía que la profecía no erraba, y que –para bien o para mal- ella todavía tenía que jugar un papel fundamental en el mundo mágico, quizá la última carta lanzada. Y la cereza en el pastel que venía a confundir más al mortífago era la transformación que sus ojos habían visto en esa bruja la noche anterior… demasiados cabos sueltos que se daría a la tarea para conectar. Sus cavilaciones en ese momento lo llevaron a tal extremo que no se dio cuenta de cuando su amo lo llamaba con insistencia.

-¿Severus? ¿Severus? ¡Severus, responde! ¡Dirígete hacia tu señora!- gritó con exasperación el Señor Oscuro, quien se encontraba aún más intrigado ante las extrañas actitudes de su sirviente.

-Disculpe, mi señor. De pronto me quedé ido.-

-¡De eso me di perfecta cuenta, imbécil!-

-Perdone, me quedé pensando en las posibles causas que hayan motivado a que… mi lady sufriera ese abrupto shock.- añadió estratégicamente Snape para salvarse de la ira de su amo.

-¿Y qué se supone que le sucedió, según tú?-

-Me temo que la fiebre y la debilidad corporal radican en un desequilibrio en su magia, además de que su plano físico no se encuentra en buenas condiciones. Está mal alimentada y el sueño que tiene es bastante irregular.– Hermione y Voldemort se extrañaron al escuchar la última afirmación del hombre, pues todo lo anterior que había enunciado era comprensible, pero el hecho de que sentenciara que el sueño de la chica era irregular era una situación que, a no ser que él mismo la vigilara mientras dormía, no se podría conocer. Snape se dio cuenta que acababa de cometer una gran imprudencia, pues lo que había dicho lo había basado en haberla visto en los jardines a altas horas de la noche. Corrigió prontamente su equivocación, por el bien de la castaña y el de él. -…se nota en sus ojeras y en su semblante. Necesita…-

-Severus, no hace falta que me indiques lo que debo hacer. Sabes quién soy. Márchate, y te quiero aquí antes de la media noche- interrumpió intempestivamente el Señor Oscuro al pocionista.

-Como usted ordene, mi señor. Mi lady.- dijo Snape haciendo una reverencia a Voldemort y un gesto de sumisión a Hermione, luego de esto salió con su conocido porte agudo. La pobre chica estaba tan debilitada como para objetar la humillación de su exprofesor ante ella.

-Así que la sangresucia está debilucha y no puede controlar su magia como una mocosa pueril.- dijo con una sonora carcajada el Señor Oscuro hacia la castaña –Me hacía falta ver como un Premio Anual de Hogwarts en manos de una asquerosa hija de muggles echaba por el caño sus poderes. Ahora sí lo he visto todo.- Voldemort se acercó hacia la cama y se sentó sobre ella, muy junto de donde Hermione todavía se hallaba acostada.

-Déjame en paz- dijo ella con coraje, al tiempo en que se incorporaba rápidamente, situación que le produjo un mareo terrible, haciendo que desde su torso callera involuntariamente sobre el hombre-serpiente.

-No tan rápido, maldi…- no terminó él de decir su frase cuando atrapó en el momento preciso el cuerpo en caída de la chica. Ella no podía reprimir sus gestos de desconcierto, emanados de la desorbitación que su cuerpo padecía.

Quería que él no la tocara, que se mantuviera lejos de ella, pero sabía que no tenía la fuerza suficiente para sostenerse ni a sí misma. Entonces ella comprendió que algo muy, pero muy extraño le estaba aconteciendo: sus malestares no había sido a causa de alguna maldición de Voldemort, ni tampoco por envenenamiento… sabía que algo inusual pasaba con su magia, y que algo había hecho la noche anterior que la había expuesto a tal límite que la había dejado sin energía, pero no podía recordar qué era lo que había sucedido.

Por su cuenta, el Señor Oscuro presenciaba con extrañeza la tibieza de un delgado cuerpo que se posaba sin voluntad pero con aferración en él, que en ese momento él se convertía en su único sostén, en su única ayuda, en su única salvación. Recordó la bravura con la que ella le había correspondido mientras se besaban estando en el comedor de la mansión, la forma en cómo buscaba su cuerpo, la mirada más desafiante y pasional que jamás hubiera visto, la herida que había dejado en su labio inferior. Su aroma, único, lo envolvía en el más peligroso de los viajes sin retorno, pero sabía que él no podía permitirse tal debilidad, ni siquiera con una sangre pura. Sin embargo, estaba escrito que ella fuera su mujer, la madre de su único hijo, la impulsora de su triunfo final y eterno… entonces estaría bien ceder, siempre recordando que ella sólo era una posesión. Hermione era para Voldemort dos mujeres en una, y sabía que dentro de ella se comenzaba a desatar la peor lucha que una persona pudiera tener: la ambivalencia interna, el positivo y el negativo, la luz y la oscuridad. Y en realidad no sospechaba cuánta razón tenía.

Ambos permanecieron en aquella posición hasta que ella recuperó su centro. La castaña pretendía desprenderse de su contacto, pero el Señor Oscuro se lo impidió, apretando con un poco de fuerza su agarre en los brazos de ella.

-Eres mía, acéptalo.- dijo él con firmeza, pero con suavidad.

-Eso no podrá ser nunca.- añadió Hermione con veracidad. –Hacerlo significaría rendirme, entregarme sin luchar, ir en contra de mí y de mis ideas.-

-Comprende que nada de eso te pertenece, ahora eres de mi propiedad. De hecho, lo has sido desde tu nacimiento, sólo que los dos lo ignorábamos. La profecía nos ata y nos atará por siempre, y ni la muerte nos podrá separar.- sentenció Voldemort tranquilamente. –Y para que te quede más claro, de ahora en adelante, Narcissa vigilará tu alimentación y tu descanso para fortalecer a tu organismo. Necesito a una bruja maciza para engendrar a mi hijo. Además, el desequilibrio en tu magia no es nada favorable, así que importante será que comiences a practicar algunos hechizos restauradores.-

-No tengo varita.-

-Eso lo sé. Te revisó Severus al llevarte a la celda cuando llegaste aquí. La pregunta es, ¿por qué viniste sin una varita mágica? ¿Acaso se trataba de un acto de total rendición ante mi poder?- preguntó él con burla.

-Te encantaría escuchar eso, pero te mentiría si lo hiciera, te lo aseguro.-

-Explícate entonces.-

-Hace mucho tiempo que no hago magia. Mi vida fue marcada por ti y tus ideales de pureza de la sangre, que fue impostergable mi renuncia al mundo mágico- hizo una pausa la chica para tragar saliva y así evitar el desmoronamiento por el llanto que pugnaba por hacerse sentir. Con todo su empeño continuó su discurso –Rompí mi varita y con ello todo mi nexo con la magia (o eso pensé, se dijo para sus adentros).-

-Una acción muy tonta, pero determinante. Mira que regresar a la aburrida y no evolucionada vida muggle pudo haber sido la decisión más prudente e inteligente que pudiste tomar.- dijo Voldemort con sorna –Sin embargo, se necesita mucho valor para renunciar a este mundo y su magistral e inigualable poder. Me gusta.- añadió él con una voz casi sedosa.

-¿Por qué te comportas así conmigo?-
-¿A qué te refieres?-

-Pues… no sé. Estoy esclavizada a ti, pero exiges que tus sirvientes se dirijan hacia mí con respeto, y luego tú me humillas y repentinamente cambias hasta tu tono de voz para hablarme casi con delicadeza.- expresó ella con auténtica confusión.

-No te confundas. El hecho de que a ellos los obligue a tratarte bien no implica que yo deba hacerlo. Aunque eso podría solucionarse si accedieras a aceptarme como tu legítimo dueño. Yo puedo ofrecerte lo que ningún otro mortal podrá darte jamás. Sé valiente y acepta tu destino.-

-Me parece que me has dicho hasta el cansancio que no tendré elección. Finalmente, hasta una impertinente y maldita profecía se empeñan en convertirme en la mujer más desdichada del mundo. Pero eso es una cosa, y otra es que yo te legitímise como dueño y señor mío. ¡Eso, eso no lo permitiré jamás!- dijo tajantemente la mujer de castaños cabellos.

-¡Siempre tan estúpida, insolente sangresucia!- gritó Lord Voldemort mientras aventaba contra la cama a Hermione e un inesperado arranque ira, tumbándola boca abajo y luego posicionándose él encima de ella -¡Pues aunque pelees, aunque te opongas, aunque deba encerrarte en este cuarto hasta que la muerte venga por ti, te convertirás en MI esposa, y me servirás como me plazca! ¡He tratado de ser bueno contigo, pero como prefieres las cosas a la mala, entonces serás mi zorra personal y dispondré de tu cuerpo cómo y cuándo se me venga en gana!- dijo al tiempo en que toqueteaba sin ningún recato la espalda y los cabellos de la mujer.

-¡Suéltame, infeliz serpiente! ¡Todo lo que tocas se vuelve maldito! ¡Todo lo que dices es veneno, maldita lengua de víbora!- gritaba ella mientras pataleaba por librarse de la opresión de su verdugo.

-Considérate afortunada, estúpida impura, porque tendré que salir unos días de la mansión. ¡Pero sábete que regresaré para celebrar nuestro compromiso y gritarle a los cuatro vientos quién será la mujer que calentará mi cama todas las noches!- dijo él mientras oprimía la cabeza de ella contra el colchón. Inmediatamente la liberó, poniéndose de pie. –Estarás siendo vigilada todo el tiempo por Severus hasta mi regreso, así que no intentes hacer nada insensato, porque te juro que te pesará.- y diciendo esto se marchó con ira de la habitación.

Esa noche Snape regresó a la mansión, tal como se lo había ordenado su señor. Al adentrarse al salón principal pudo divisar por uno de los ventanales a la extraña y misteriosa figura femenina que intentaba escaparse nuevamente de su prisión. Más dudas surgieron en él sobre la misteriosa mujer en que comenzaba a transformarse su exalumna.