"¿Qué quieres cenar?" Dijo Peter mientras entraba en el apartamento, seguido de Mohinder. Estaba feliz, volver a la vida normal, no estaba siendo tan difícil como él pensaban. Cada día, Mohinder redescubría algo nuevo y cada vez que lo hacía, Peter disfrutaba bien ese brillo tan especial en los oscuros ojos del profesor.
"¿Entonces, es cierto, también cocinas?" Los dos entraron en la pequeña cocina. Mohinder miraba a su novio, pues ahora que estaban otra vez juntos, le encantaba usar esa palabra, casi sorprendido, por la cantidad de talentos que parecía tener todavía guardados.
"En el fondo, me alegro que no te acuerdes de eso, así podré volver a sorprenderte." Mohinder se había sentado en la encimera, sin quitarle la vista de encima a Peter, que sin haber obtenido su respuesta, ya estaba trasteando y disponiéndose a preparar la cena, al fin y al cabo, sabía perfectamente lo que le gustaba al profesor. Se acercó a él y rodeó su cintura con sus manos. Le besó con ternura, pues ahora no desperdiciaba ninguna ocasión para hacerlo. "Ahora ya se cuales son todos tus platos favoritos."
"¿Solías leerme la mente?" Peter se separó del profesor, no se había esperado esa pregunta. "Me refiero a si antes…"
"Nunca, por mucho que me hubiera gustado hacerlo, no quería entrometerme en tu intimidad. Es difícil no hacerlo, pero es cuestión de concentrarme en otra cosa." Mohinder sonrió, temía la respuesta, no porque temiera que Peter leyera sus pensamientos ni mucho menos, si no porque que pudiera leer en su subconsciente, ese que ni siquiera él sabía que estaba allí, y que encontrara algo que ni a el mismo le gustara.
"¿En que?" La amplia sonrisa que apareció en los labios del profesor, siempre conquistaba a Peter, por muy mal que se encontrara, por muy frustrado con su madre o con el resto del mundo, esa sonrisa hacía que olvidara todo lo malo de un plumazo. "¿En que piensas para no leer mis pensamientos?"
"En ti." Se acercó de nuevo a Mohinder, colocando sus manos alrededor del cuello del profesor y dejando que sus manos se internaran en sus rizos negros. Le besó la mejilla y suspiró, deleitándose en ese aroma fresco que tanto le encantaba. "En que te tengo a mi lado."
Deslizó sus labios por su rostro hasta la esquina de su boca y allí se detuvo, apoyándose sobre el profesor y notando como este le abrazaba, como si estuviera sosteniendo para evitar que cayera al suelo. "En que pase lo que pase, no necesito saber lo que piensas para saber que siempre estarás ahí." Mohinder le abrazó con mayor fuerza.
No quería hacerlo, después de todo lo que habían pasado, Peter no quería parecer alguien tan débil en ese momento, no quería sacar todo el miedo y la rabia acumulados durante las noches de vigilia en el hospital, Mohinder no se lo merecía, no después de lo mucho que se estaba esforzando para recordar y para volver al ser el mismo.
Pero no pudo evitarlo, tenía que salir por algún lado y por mucho que le encantaba tener esas largas conversaciones con su hermano, en las que ponía a parir a su madre, con las que finalmente se sentía mejor, todavía estaba ese malestar por no haber podido evitar que todo aquel desastre ocurriera.
"Peter, no pasa nada, puedes decirlo." En el caso del profesor, no le hacía falta no poder tener la habilidad de leer la mente, para conocer los pensamientos de Peter. Con su cuerpo tan cerca, pudiendo notar que temblaba levemente, sus ojos cerrados y su rostro apoyado sobre él, le era suficiente para comprenderlo todo.
"En realidad, lo que quería decir es que te quiero." Respiró profundamente, de una forma casi imperceptible para el profesor. Levantó la mirada y esperó unos segundos, perdiéndose en la amplitud de su mirada oscura y tranquila. "Por todo lo que has hecho."
"¿Yo? Yo no he hecho nada, tu eres el que me ha ayudado, sin ti…" Peter le volvió besar para hacerle callar, no quería escuchar nada de eso, nada de agradecimientos sentimentales que lo desarmarían, nada de momentos románticos que harían que todas sus fuerzas por mantenerse entero desaparecieran.
No, simplemente quería besarle y notarlo cerca, muy cerca, con su respiración sobre su rostro, sus manos rodeando su cuerpo y sus ojos clavados en los suyos. Por eso, a cada momento que pasaba, lo besaba con mayor intensidad, con mayores ansias de apoderarse de sus labios, pues la necesidad de demostrarle lo mucho que lo quería y lo mal que lo había pasado cuando creía que lo había perdido, pero sin palabras, fue demasiado grande.
Por fin, Mohinder logró separar su boca de la de Peter y sostuvo su rostro con ambas manos para que lo mirara a los ojos. "No tienes que hacer eso. Se que lo has pasado mal y que quieres demostrarme que te encuentras bien. Pero, aunque todavía tenga algunas lagunas, como tu libro favorito o la primera vez que besaste a alguien,"
Peter sonrió, notando que se ruborizaba, al escuchar esas palabras, recordaba haberle dicho aquellas cosas a Mohinder y se las volvería a contar de la misma forma, si el profesor se lo pedía. "Se que te conozco perfectamente y me basta con eso. No quiero que te sientas mal por mi, ni que te esfuerces demasiado, ni que te quedes despierto todas las noches sólo por comprobar que estoy bien y que no tengo pesadillas."
Peter abrió los ojos de par en par. Durante todas aquellas noches, había estado observando a Mohinder dormir, o al menos él creía que estaba dormido, hasta altas horas de la mañana, acariciándole el cabello, dejando que juntara su cuerpo contra el suyo todo lo que quisiera, si así se sentía más seguro, pero siempre dispuesto a hacerle sentir mejor, si se daba cuenta que tenía alguna pesadilla. Pero nunca hubiera creído que Mohinder había estado despierto, que lo sabía y simplemente había dejado que hiciera lo que creía mejor para los dos.
Cada día adoraba más a ese hombre y cada día se aterraba más de pensar que pudiera llegar a perderlo realmente alguna vez.
"¿Sabes lo que realmente quiero?" Dijo Mohinder sonriendo, mientras acariciaba la mejilla de Peter con el dorso de su mano y volvía a colocar la otra alrededor de su cintura.
"Tu sólo pide." De nuevo esa sonrisa, esa que le hacía dejar de pensar en todo lo malo había ocurrido, esas manos que lo tocaban, que lo acariciaban y que le hacían temblar, pero de emoción y esos ojos, que parecían brillar cada vez que hablaba con él de una forma tan sincera.
"No me digas eso, que te tomaré la palabra." Mohinder se mordió el labio, había tantas cosas que podía pedirle si le dejaba, aunque no estaba seguro que Peter estuviera preparado para todas ellas.
Al fin y al cabo, una era volver a hablar con su madre, volver a encararse con ella y decirle que estaban juntos, que si realmente quería separarlos, tendría que matarlo. Al profesor no le importaba decirle eso a una suegra que lo odiaba, pero en el caso de Peter, sabía que no sería fácil, por no decir imposible, llegar a decir aquello algún día. Por eso, decidió seguirle juego a Peter.
"Tu… sólo… pide." Le dijo Peter con su boca tan cercana a su oído que su voz se convirtió en un intenso susurro que le hizo suspirar intensamente.
"Vámonos de vacaciones." Peter lo miró cara a cara, completamente sorprendido por lo que acababa decir el profesor Suresh, el mismo que se podía pegar toda una noche trabajando o que podía desaparecer encerrado en su despacho, hasta que Peter iba a buscarlo, después de no haberle visto en dos días enteros.
"Quiero irme de vacaciones contigo, como cualquier pareja, relajarnos unos días y no pensar en el trabajo, en las amenazas, en nada, simplemente tu y yo." Se acercó a Peter y ahora fue él quien le besó, con esa ternura que tanto le gustaba a Peter, con esa calidez que sólo el profesor sabía dar en cada beso, en cada caricia, en cada momento romántico.
"¿Y donde quiere ir, profesor?"
"¿Qué más da? Lejos, ¿Qué tal Europa, Londres, París, Viena?" Mohinder se bajó de la encimera y se fue al salón, encendió el ordenador y entrando en Internet, comenzó a ver fotos y páginas de viajes, terminando en una página de vuelos. "Mira, aquí hay…"
Sin darse cuenta hasta ese momento, las manos de Peter atraparon su cintura e hicieron que se separara del ordenador. Mohider se incorporó y Peter apoyó su barbilla sobre su hombro. "¿Se puede saber que haces, acaso no recuerdas todavía que puedo llevarte donde quieras?" Le besó el cuello y se percató que cerraba los ojos y deslizaba los dedos entre su cabello. "Tu elige el lugar y déjame el transporte a mi."
Mohinder se dio la vuelta, parecía pensativo y Peter se pudo hacer una idea de lo que tenía en la cabeza. "Me gusta Londres, estuve allí con mi padre un par de veces pero nunca en plan romántico."
"¿Qué tal mañana?"
"¿Irnos mañana?, tendríamos que preparar muchas cosas, no podemos irnos así como así." Peter se echo a reír mientras le besaba para que dejara de hablar, pero sobre todo para que dejara de pensar. Casi había olvidado lo meticuloso que era con todo, siempre tenía que tenerlo todo controlado, pero esa vez no se lo iba a permitir.
"¿Por qué no, después de todo lo que hemos pasado, me vas a decir que tienes mucho que pensar? Mañana temprano nos vamos a ir de vacaciones, no se lo vamos a decir a nadie hasta que estemos allí, quiero evitar sorpresas de última hora. Te voy a llevar a Londres y nos lo vamos a pasar como nunca."
"No me vas a dejar hacer ningún plan en las horas que quedan ¿verdad?" Peter mostró su mejor sonrisa, esa con la que parecía que nunca había roto un plato.
"Claro que si, mi amor." Este tono de voz tan sensual desarmó inmediatamente a Mohinder, tanto, que cualquier cosa que le dijera en ese momento, lo aceptaría sin protestar. "Todavía no me has dicho lo que quieres para cenar."
Se acercó a su oído, como si estuvieran en una habitación llena de gente y quisiera que sólo el profesor escuchara sus palabras. "Y esta noche, después de cenar, cuando nos vayamos a la cama… puedes elegir lo que quieras." Mohinder se echó a reír, mientras Peter iba moviendo las manos bajo su ropa poco a poco hasta acariciar su piel.
"Bueno, supongo que no me dejas muchas opciones, pero creo que podré vivir con ello." Se movió hacia el sofa, sabiendo que Peter no le iba a soltar, pues lo tenía bien sujeto con sus manos. Se dejó caer y esperó a que Peter se sentó sobre sus piernas.
"Bueno, todavía no me has contestado."
Mohinder tiró de su camiseta para atrapar sus labios con avidez. "Creo que lo acabo de hacer." Le besó intensamente, pues todo lo que quería para esa noche, antes de comenzar sus vacaciones, lo tenía allí mismo, el hombre quería, la noche perfecta y el plan perfecto.
