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Promesa de Muerte
Draco no esperaba ese tipo de contestación por parte de Potter, por un segundo perdió la seguridad que le caracterizaba al sentirse descubierto, pero no tardo en recomponer su expresión y contestar con la misma suficiencia de siempre.
-Piensa lo que quieras Potter pero no hay un lugar más seguro que este. Lo más lógico para todos es que la escondieran con los Weasley o en tu casa, esos serán los primeros lugares a los que irán o los tendrán vigilados para conocer sus movimientos. Nadie sabe además de ustedes que somos amigos, quien quiera que allá irrumpido en su casa no alcanzo a verme, no la buscaran en casa de su enemigo.
El pelinegro odiaba que tuviera razón, el último lugar en que buscarían a Hermione seria precisamente en la Mansión Malfoy, pero detestaba la idea de dejar a la castaña en el territorio del hurón, a sabiendas de su interés por ella, pues si había tenido alguna duda de su interés para con su amiga, lo que encontró en el rostro del rubio hace un momento dejo las cosas en claro, Draco Malfoy estaba enamorado.
Harry nunca hubiera pensado vivir lo suficiente para ver al gran Malfoy enamorado de una hija de Muggles, aunque sabía muy bien lo especial que era Hermione, no le cavia en la cabeza en qué momento habían cambiado tanto las cosas hasta llevarlos al punto de ser enemigos nuevamente, pero esta vez no se trataba de una guerra por el poder, ahora era una batalla por el amor dela castaña.
Tomo aire intentando recobrar la compostura, tratando de apaciguar esas ansias de saltarle encima para dejarle claro que se alejara de Hermione. Bufo con exasperación cuando su cerebro se dio por vencido al buscar más opciones.
Draco sabía que por muy infantil e impulsivo que fuera Potter, no arriesgaría a su mejor amiga, al dejarla en un lugar que no fuera lo suficientemente seguro para mantenerla a salvo y sabia que aunque le pesara no había un mejor lugar que ese.
-Está bien. -Acepto rechinando los dientes de impotencia. -Pero más te vale que no la molestes y cuides de ella.
-Sabes que lo hare. -Contesto levantando una ceja con petulancia.
La respuesta lejos de calmar al pelinegro, lo exaspero más.
-Quiero verla antes de retirarme. -Le aviso con los puños apretados y la mirada contrariada.
-Sígueme. -Le pidió caminando hacia las escaleras.
Mientras caminaba Harry pudo admirar los lujos de ese lugar, la última vez que había estado ahí no había sido para nada agradable, por lo contrario sus vidas pendían de un hilo demasiado frágil durante la guerra, recordar ese momento le causo calosfríos.
Pasaron por un largo pasillo, el piso de marmolina blanca brillaba de limpio y en las paredes cuadros magníficos de quienes suponía Potter debían ser los ancestros de Malfoy, pues el parecido era más que evidente. No le agradaba la manera en que le miraban esos peculiares personajes mientras pasara, recordándole que no era bien recibido en ese lugar.
Draco se detuvo frente a una puerta de madera finamente tallada, las perillas simulaban un par de serpientes de ojos verdes. El rubio toco suavemente y al no escuchar respuesta supuso que seguía durmiendo, abrió la puerta con cautela y entro seguido de Harry.
El muchacho se acerco lentamente a la cama, respiro más tranquilo cuando la vio dormir plácidamente en esa enorme cama de doseles blancos. La contemplo un par de segundos antes de encaminarse a la salida junto con Malfoy.
Regresaron sobre sus pasos en silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Para Draco era una gran oportunidad que Hermione estuviera en su Mansión, podría pasar más tiempo a su lado y eso lo hacía feliz, por otro lado los pensamientos de Potter no eran muy optimistas, pues mientras la castaña permaneciera en ese lugar el hurón tendría ventajas sobre la situación, además le preocupaba perderla de nuevo, le inquietaba desconocer quién o quienes estaban interesados en hacerle daño a Hermione.
Se despidió con un leve movimiento de cabeza, no tenía más que agregar aparte de su molestia por tener que dejar en manos de Malfoy la seguridad de Hermione.
El rubio lo vio desaparecer y una sonrisa se postro en sus labios, no pensaba desperdiciar esa preciada oportunidad, se había propuesto conquistar a la leona. Muchas cosas habían cambiado últimamente en su vida gracias a la chica, veía las cosas de otra manera y no recordaba haberse sentido de esa manera antes.
Granger despertó en él, todos los sentimientos que habían permanecido dormidos en su interior, en los años posteriores a la guerra, conoció muchas mujeres, buscaba encontrar a una especial que se convirtiera en su compañera de vida, pero a pesar de sus muchas aventuras y sus historias de cama, no había encontrado la indicada.
Narcisa, su madre le había insistido en que sentara cabeza, le había dicho en una ocasión que estaba envejeciendo y que deseaba conocer a sus nietos para poder morir en paz, pero a pesar de su insistencia y de las muchas señoritas de sociedad que le presentara su madre, él no había cedido.
Draco se había negado a formalizar algún compromiso, pues se aferraba a la idea de encontrar a la persona indicada, él no creía en las tonterías del amor, no perseguía enamorarse, pero si encontrarse con alguien que no fuera solo bella por fuera, no quería una muñeca sin cerebro que se preocupara solo por aparentar, quería alguien interesante, culta, alguien con quien pudiera charlar, que no fuera como esas estiradas mujeres de sociedad que resultaban huecas y frías a pesar de ser hermosas.
Quizás se aferraba demasiado, pero quería encontrar alguien tan hermosa como había sido su madre y al mismo tiempo tan inteligente y diplomática que no desmerecía esa belleza, y cuando se había dado por vencido en su búsqueda la había encontrado por casualidad en ese hospital.
Hermione, era a ella a quien quería para compartir su vida, era su inteligencia brillantemente sorprendente que podía hablar de cualquier cosa con la seguridad de obtener una respuesta elocuente, su viveza mientras charlaban, su integridad a toda prueba, su hermosura sencilla pero exquisita, todo en ella le gustaba, incluso su carácter fuerte y decidido, incluso su terquedad y obstinación.
Sin pensarlo estaba de nuevo en esa alcoba finamente decorada que había destinado para su invitada, se atrevió a sentarse en la orilla de la calma para verla dormir. Parecía que sus sueños se habían tornado agitados, pues tenía el rostro tenso y se apreciaba la angustia de sus labios apretados, tomo una de sus manos entre las suyas y comenzó a acariciarla buscando calmarla.
Hermione llevaba puesto uno de los camisones de Narcisa, lucia etérea con esa delicada prenda en seda blanca, conforme acariciaba su mano las facciones en el rostro de la chica se fueron suavizando, no tardo mucho en relajarse por completo y soltar un suspiro.
Draco esta embelesando, admirando cada rasgo de su rostro notando la madurez de sus facciones, comparaba a la mujer que tenia delante y con la de sus recuerdos, encontrando las muchas diferencias, atrás habían quedado las redondeces de un rostro infantil, junto con esos cabellos enmarañados que lucían como arbustos, ahora sus rizos eran más definidos y se desparramaban como una cascada por la almohada.
Le acaricio la mejilla en un movimiento suave, y sin querer la hizo despertar. La castaña abrió los ojos con pesadez.
-Lo siento. -Se disculpo liberando su mano con suavidad. -Estabas demasiado inquieta e intentaba calmarte.
-Gracias. -Contesto con tranquilidad sin importar lo cerca que estaba el muchacho de ella cuando abrió los ojos, no pareció asustarse por su presencia.
-¿Estás bien?
-Sí. -Afirmo.
-Vino Potter hace un rato a verte.
-A dicho algo sobre el ataque en mi departamento.
El rubio negó con la cabeza. -Siguen investigando. Pero creemos que lo mejor es que te quedes aquí hasta determinar quien o quienes te buscan.
-No quiero causarte molestias.
-No causas ninguna, mi madre pronto será dada de alta y el hará muy feliz tu compañía.
La castaña sonrió con agradecimiento y se incorporo para abrazarlo. -Gracias Draco.
-No tienes nada que agradecer Hermione. Yo te debo mucho mas, te debo que mi madre siga con vida. -Le dijo sin soltarla hundiendo su cabeza entre sus cabellos castaños para oler la delicada fragancia que emanaba de sus rizos.
El corazón del blondo latía con fuerza al tenerla entre sus brazos.
Lejos de ahí, un hombre maldecía en voz alta, furioso rompía todo cuanto tenía a mano, estaba demasiado enojado para contenerse, bebió de un solo trago el contenido de su copa para después lanzarla contra una de las paredes.
-Te matare Granger, juro que te matare. Te me escapaste una vez pero la siguiente no tendrás tanta suerte.
