Imperdonable
Capítulo Catorce: Diciembre
Anne les cambió la vida a todos, especialmente a Sean, que encontró en su hija amor y esperanza. Se entusiasmó tanto por la aventura que sería criarla, que recuperó el entusiasmo y la vitalidad con los que sus amigos lo habían conocido una década atrás. "Es el viejo Sean," bromeaba Hank, y él también había rejuvenecido divirtiéndose a raudales con la pequeña. El instinto de Charles por proteger a los indefensos se intensificó con la llegada de la niña: la cuidaba todo el tiempo, preguntaba a su padre por su estado y la entretenía leyéndole libros científicos que Anne no comprendía pero que la tranquilizaban y la hacían dormir. A Erik le encantaba cargarla en brazos por las tardes y llevarla de paseo por los jardines.
Mientras Anne crecía feliz y contenta, el embarazo de Charles prosperaba saludablemente y llegó al sexto mes sin problemas. Solo durante los tres primeros sintió náuseas, que no revistieron gravedad alguna y eran las típicas de cualquier gestación. Se sentía dichoso y orgulloso de su estado, había establecido una conexión intensa con el bebé y la energía que le llegaba a través del cerebro en formación le demostraba que sería una criatura sana y fuerte. Erik estaba convencido de que los genes poderosos de sus dos padres lo convertirían en un mutante excepcional pero Charles sabía que en el fondo, lo único que le importaba era que fuera un hijo saludable y feliz.
Lo que sí notaba Charles en Erik, era que su amante tenía mucho miedo de que algo fuera a salir mal. Era el temor que había desarrollado a lo largo de su vida: la sensación de que cuando las cosas marchaban bien, el destino le jugaría una mala pasada y perdería a quienes más amaba en el mundo, lo había sentido con sus padres y después con Sarah y con Charles. Su amante trataba de tranquilizarlo asegurándole que esta vez la situación era diferente pero a Erik le costaba confiar. Las noches que compartían el lecho, el telépata solía despertar en medio de la madrugada apabullado por las sensaciones de miedo que Erik sentía mientras estaba durmiendo. Charles lo abrazaba con cuidado para no despertarlo y entraba en su mente para devolverle la calma. Por la mañana, al abrir los ojos, Erik se descubría envuelto en sus brazos tras un sueño dulce y reparador.
Raven no volvió a visitar Westchester durante los meses siguientes a su partida pero cumplió con su palabra. Un grupo considerable de políticos comprendió que Magneto se había convertido en un símbolo para la causa mutante y empleó su discurso y su imagen para establecer diálogos con los mutantes que peleaban por sus derechos. A Erik no le cayó bien que se lo utilizara en situaciones políticas pero Charles le hizo ver la importancia que estas negociaciones tendrían en el futuro para ellos, para sus amigos y para su hijo, y que el empleo de sus palabras y de su persona lavaban su imagen y pronto no se lo recordaría más como al prófugo más peligroso. Erik le dio la razón.
Que Raven no hubiera regresado a la mansión no significaba que no se volviera a ver con Hank. Los jóvenes, para alegría de Charles, reestablecieron su relación y como Mystique viajaba por todo el país, los dos se citaban en diferentes ciudades y pasaban los fines de semana juntos. En más de una ocasión ella intentó convencerlo para que la ayudara en su misión pero Hank sentía que la suya era acompañar a Charles y ahora ayudar a Sean con su hija. En el fondo, no se decidía aún pero Raven sabía que tarde o temprano cambiaría de parecer.
Con el correr de los meses, Erik comenzó a viajar a la ciudad para acompañar a Charles en los chequeos. Solo salía del coche para ayudarlo a entrar en la clínica y, al partir, se dirigían derecho a la mansión. La relación de los dos se fue fortaleciendo más con el embarazo. No solo disfrutaban estar juntos sino que se buscaban constantemente. Ahora Erik se preguntaba cómo había podido sobrevivir una década entera separado de Charles, y a Charles le costaba comprender de qué manera había permitido que su resentimiento lo alejara tanto tiempo de su amante.
Pasaron los meses y en diciembre Charles ya entraba en el octavo. Una tarde en que nevaba, Erik prefirió quedarse con Anne en la sala principal. El fuego de la chimenea crepitaba produciendo un calor reconfortante. Hank estaba en Wisconsin acompañando a Raven y era probable que regresara recién en Nochebuena con ella para festejar todos juntos. Sean había bajado las cajas del ático para adornar el árbol y estaba arrodillado en la alfombra sacando luces y globos. Con sus seis meses recién cumplidos, Anne lo observaba curiosa desde los brazos de Erik en el sofá. Erik iba a pedirle al joven que le alcanzara una de las borlas para entretenerla, cuando la voz de Charles sonó angustiante en su mente.
"Estoy en la biblioteca. Ven rápido."
Erik saltó del sofá desesperado y le entregó la niña.
-Charles me pidió ayuda – anunció nervioso -. Ven conmigo.
Sean brincó de la alfombra y lo siguió cargando a su hija.
Llegaron a la biblioteca a los tropezones y se encontraron con Charles doblándose de dolor. Erik corrió a socorrerlo, mientras que el joven acomodaba y besaba a su hija para tranquilizarla.
-¡Charles! – lo tomó de las manos -. ¿Qué ocurre?
-Me duele – se apretó el abultado estómago -. Y no lo siento. ¡No siento al bebé!
Erik sintió que el alma se le hacía añicos y, sin entender de dónde sacó las fuerzas, lo abrazó para tranquilizarlo.
-Calma – le susurró -. Todo va a salir bien – se volvió hacia Sean, que tenía la desesperación impresa en la cara -. Saca uno de los coches. Nos vamos urgente a "Special Health." Charles – lo miró -. Tranquilízate y escúchame. Vamos a la clínica, iremos los dos sentados y abrazados, yo te sostendré todo el camino y no voy a dejarte solo ni un segundo. En la clínica nada ni nadie va a separarnos. Estamos juntos en esto, ¿entiendes?
En medio del dolor, Charles hizo el esfuerzo por observarlo y asintió.
Erik le sonrió con ternura.
-Creo que nuestro amiguito se adelantó algunas semanas.
-No puedo sentirlo – sollozó Charles -. ¡No lo siento!
-Porque estás nervioso – trató de consolarlo y le besó la cabeza antes de incorporarse para sacarlo de la habitación.
Mientras le empujaba la silla, Erik se esforzaba por poner la mente en blanco. Sus peores temores parecían confirmarse si se veía en la encrucijada de tener que elegir otra vez entre su amor y la criatura, o en la desolación si Charles simplemente la estaba perdiendo. Sabía que el telépata podía leer lo que sentía por eso trataba de no tener sensaciones, una tarea titánica en semejante situación.
…..
Con una velocidad digna de Peter, Sean estacionó uno de los coches frente a la entrada, arrojó el bolso de Anne en el asiento del acompañante y acomodó a la niña en su butaca atrás. Luego ayudó a subir a Charles. Una vez que todos estuvieron acomodados, marcharon rumbo a "Special Health."
Era un camino largo ya que la clínica quedaba en el centro de Manhattan. Sin desabrocharle el cinturón de seguridad, Erik se las ingenió para abrazar a su amor y confortarlo. Charles luchaba a duras penas por tranquilizarse en medio del dolor y la ausencia de la mente de la criatura. Cerró los ojos y apoyó la cabeza sobre el corazón de su amante. Lentamente sus latidos lo fueron sosegando. Entonces, pudo percibir lo que Erik sentía.
-Siento tu mente – murmuró con los ojos cerrados -. Estás tan angustiado como yo.
-Sí, lo estoy – admitió Erik -. Pero trato de tranquilizarme para tranquilizarte a ti – le besó la cabeza y lo apretó más -. Y debes hacer lo mismo para tranquilizar al bebé.
-Pero no lo siento – gimió. En ese momento sintió una contracción intensa y se dobló gritando.
-Charles – lo apartó con cuidado para mirarlo a los ojos -. Ábrelos y mírame. . . eso es . . . Estás demasiado angustiado. Solo concéntrate. Su mente está contigo. Lo sé, solo inténtalo.
-Ya falta poco, Charles – terció Sean -. Solo respira profundo.
-¡Es que no sé respirar profundo porque se suponía que no tendría que lidiar con contracciones! – exclamó Charles, dejando fluir su enojo.
-Está bien que te desahogues – lo alentó Erik.
-¡No opines que tú me metiste en esto!
Ni Sean ni Erik se esperaban semejante respuesta y sonrieron para relajarse. El joven aprovechó para observar a su hija desde el espejo y vio que dormía ajena a todo.
Charles sintió que la tensión le había jugado una mala pasada y respiró hondo para ver si así se calmaba y el dolor disminuía. Lo que más lo preocupaba era que no podía sentir las ondas cerebrales. Sacudió la cabeza para sacarse la idea de una tragedia nueva avecinándose.
-Charles – susurró Erik, besándole la cabeza -. ¿Me dejas ayudarte?
-¿Cómo?
-Trataré de sentirlo.
Charles asintió en silencio. No quiso responderle que estaba perdiendo las esperanzas. Erik le apretó cuidadosamente distintas zonas del abdomen. No se hablaban pero el telépata notaba el esfuerzo de su amante por tranquilizarse y mantener la mente en blanco. Después de interminables minutos Charles sintió un movimiento suave.
-Ahí – se apresuró a retener la mano de Erik en el sitio -. ¡Dios! ¡Lo sentí moverse! ¡Lo lograste!
Magneto sintió que el alma, el cuerpo, la esencia y todo su ser renacían. Casi llorando lo besó. Con las manos fijas en el volante, Sean aspiró para enjugarse las lágrimas y soltó un grito de alegría que por poco despierta a Anne. Ya estaban cerca.
…..
En la clínica llevaron a Charles a urgencias de inmediato. A pesar de las contracciones, no tenía la anatomía para parir naturalmente y decidieron que entrara a cirugía. Por ser de alto riesgo, no permitieron que Erik pasara y poco faltó para que todo el metal del edificio volara por los aires. Sean notó que podía ocurrir una catástrofe y se acercó a apaciguarlo.
-El bebé está bien – explicó, acomodando a Anne en un brazo para tocar el hombro de su amigo -. Charles ya está tranquilo ahora que lo sabe.
-Le prometí que lo acompañaría – espetó Magneto furioso.
-Pero no es conveniente que lo hagas – le recordó Sean con calma -. Vamos a sentarnos, que tengo que darle a Anne su cena. Vamos a sentarnos, por favor.
Erik se dio cuenta de que no tenía remedio insistir. Después de todo, no le prohibían el ingreso para separarlo de Charles sino para ayudarlo. Tenían razón, su presencia podía entorpecer la cirugía y eso no se lo perdonaría jamás. Juntó aire y fue a sentarse en un banco junto a la pared, cerca de donde Sean había dejado el bolso de Anne. Fue en ese momento que cayó en la cuenta que en la corredera no habían traído el que Charles había preparado con demasiada anticipación.
-Ahí puso ropa, artículos, lo que necesitaba para la internación – recordó Erik frotándose la cara con ambas manos.
-No hay problema – sonrió Sean, mientras abría el frasco de comida para su hija -. Iré a buscarlo más tarde. Sabes que Hank va a arrepentirse de por vida haberse perdido esto.
-Creo que con Raven está demasiado entretenido para arrepentirse – comentó Erik con sarcasmo.
Sean rio y Anne soltó una risita. Erik volteó hacia ella para sonreírle. Al menos la niña lo calmaba.
…
Sean dio de cenar a su hija y volvió a la mansión. Se mostraba reacio a dejar solo a Erik en un momento tan emocionante pero él mismo le pidió que trajera el bolso cuanto antes mejor. Por lo tanto, cuando el médico salió con la criatura en brazos, Erik se encontraba solo e, igual que con Sarah, tuvo la dicha de cargarla, apretarla contra sí y sentarse con ella mientras le cantaba la canción de cuna. Al igual que aquella vez diez años atrás, tartamudeó mientras lo hacía y tuvo que repetir varias veces los versos. Sin embargo, esta vez fue diferente porque no se le cortaba la voz por la tristeza sino por la alegría.
…..
Charles despertó más tarde. Se frotó la cabeza, se restregó los ojos e iba a tocarse el vientre por instinto cuando su mirada se posó en Erik, que estaba sentado a su lado sosteniendo un bulto envuelto en una manta amarilla.
-¿Es . . .? – indagó y quedó mudo.
Erik le acercó la criatura, que dormía plácidamente en los brazos de su padre. Despacio se la acomodó en los suyos al tiempo que murmuraba, orgulloso.
-Contempla a nuestro hijo, el pequeño Xavier Lehnsherr.
Charles quedó boquiabierto y tan emocionado que ni llorar podía. Le quitó la manta para examinarlo: estaba completo con sus cinco dedos en cada mano y cinco en cada pie, tenía la piel clara como la suya y pestañas largas. Era perfecto. Cuidadosamente para no tironear la herida, lo apretó contra su corazón mientras lo seguía observando extasiado.
-Para tu tranquilidad ya lo revisaron – comentó Erik - y está cien por ciento sano y completo. Por cierto – sonrió -, no habíamos depurado todavía la lista de nombres así que tienes que darme uno para que lo inscriba.
-¿Qué tal David? – opinó Charles sin quitar la vista del bebé.
-¿David? – repitió Erik porque no recordaba haberlo mencionado en el listado.
-¿No te gusta? – Charles lo miró con ternura -. Los nombres que elegimos tenían que ver con mis ancestros pero David habla de la herencia de tu familia, Erik. Quiero que nuestro hijo tenga un nombre que simbolice tu legado tanto como el mío.
-Entonces, será David Charles – concluyó Magneto y estaba tan conmovido con el gesto amoroso de su amante que no pudo menos que besarlo. Luego, Charles le hizo espacio para que se sentara junto a los dos y Erik los envolvió en un abrazo cariñoso y protector.
…..
Hola. Sé que había prometido que este sería el último pero aún me queda un pequeño epílogo. Espero que les haya gustado.
