Aquí está, como prometí, el segundo capítulo de este mes, espero que os guste.
XII. Introspectivo
Sintió el nudo de la corbata apretarse contra su garganta y tuvo ganas de huir, de salir corriendo en la dirección contraria, pero la mano de Light le mantuvo en su sitio, a su lado. El japonés vio el pánico reflejado en aquellos grandes ojos negros, sabía que L no estaba acostumbrado a aparecer frente a las cámaras, pero era necesario. Le había asegurado por activa y por pasiva que era lo que debía hacer –Tranquilo Elle- susurró –Tu ni siquiera vas a tener que pronunciar palabra, tan solo te tendrás que quedar junto a mí- le besó en la mejilla suave y pálida, y tomó su mano guiándolo hacia la sala de conferencias. Mientras era arrastrado sintiéndose casi como un fantasma, L no podía dejar de preguntarse cómo había llegado a aquella situación.
Cuándo se había dejado atrapar en aquella fantasía, cuando había dejado que el brillo de la ilusión deslumbrara su alma. Era demasiado, todo era demasiado, pensó el moreno, lo único que deseaba era acurrucarse en un sofá blandito y comer toneladas de chocolate. Pero la mano de su captor, de su enemigo, de su amante, era fría y dura como el metal, le ataba a la realidad, a aquella realidad que no le gustaba y que en el fondo siempre había querido evitar. Los pasillos iban volviéndose más y más luminosos conforme avanzaban hacia el ascensor que los llevaría a la sala de conferencias, era casi un reflejo de lo que sentía, se había visto atrapado en la mentira de Light, y ahora era demasiado tarde como para echarse atrás.
Subieron al elevador acristalado flanqueados por cuatro guardias, en cuanto este volvió a funcionar, L sintió una vez más la sensación de que se iba a caer, o tal vez, era lo que llevaba notando todo aquel tiempo, desde que había caído en los brazos irresistibles del japonés. Miró hacia la bella cara de Light y este le devolvió una sonrisa, con la luz del atardecer, casi parecía que sus ojos brillaban rojos. Tal vez sí que fuera un dios, pensó L, aunque más que un Dios, Kira era un ángel. El Ángel de la Muerte.
Extendió una mano pálida acariciando su mejilla perfectamente rasurada sin saber muy bien si lo que quería era arrancársela con las uñas, o besarla con todo el amor que ahora estaba seguro, Kira le hacía sentir. Los ojos del inglés eran como una tormenta de sentimientos encontrados, de dolor y de amor, entremezclados, la tristeza en el fondo brillando como un relámpago en la noche, eran la belleza misma, el torbellino que le hacía sentir ahogado, atrapado en su inmensidad. Se sintió jadear, casi quería arrancarle el traje que él mismo le había colocado y hacerle el amor sobre el suelo de cristal. Te amo, quiso susurrar, pero se contuvo justo a tiempo, no podía decirlo así, allí, en medio de sus guardias, a punto de salir frente a todo el planeta.
Te amo, quiso confesar L, pero era demasiado, era rendirse del todo, y el poco orgullo que todavía le quedaba se lo impedía. Le faltó el aire, porque dolía, admitir por fin que la única persona en el mundo que te hace sentir completo es la misma contra la que has luchado, por la que has dado tu vida solo para verle derrotada…ante la que has fallado. Las pupilas rojizas de Light brillaban como un faro, la luz estaba cayendo más y más, pero sus ojos no habían dejado de relucir, casi como los de un shinigami, pasó por la mente del mayor en un relámpago. Eran como un sol moribundo envuelto en tinieblas. Que le atrapaba, le poseía, y por primera vez desde que le conocía, vio la profundidad de Kira en aquella mirada. Por primera vez desde que había sido capturado, vio a Kira y a Light en el mismo lugar. Era su enemigo, quiso recordarse, pero por alguna razón lo único que su mente registró fue un tiempo pasado. Quiso reír, como un maníaco más que como un hombre feliz.
Mira lo que me has hecho, quiso decir, tal vez con tono acusatorio, pero no hizo falta, porque de inmediato vio la respuesta en los ojos de su Light, mira lo que me has hecho tú. Eran uno, concluyeron, casi a la vez, casi como uno solo.
Se necesitaban, más que al aire, más que nada en el mundo.
Ninguno se atrevió a hablar, a confesar sus temores y sus conclusiones, pero ambos llegaron a un acuerdo, se tomaron por el rostro, sin despegar aun la mirada, y se besaron. Un beso, como ningún otro que se hubieran dado antes, no era de lujuria, ni de deseo, ni de rabia siquiera. Era El Beso.
Nate despertó cuando sintió una mano recorrerle el muslo, sus grandes ojos negros se abrieron de miedo cuando las imágenes de la noche anterior regresaron a su mente. A su lado, Stephen sonreía, aparentemente sin registrar el hecho de que estaba ya despierto y continuó acariciándole con gesto ausente. La mirada del muchacho vagó por la piel desnuda del policía, no supo cuánto tiempo estuvo en aquella posición pero en el momento en que volvió a alzar el rostro, se encontró cara a cara con los ojos divertidos del moreno – ¿Has dormido bien?- preguntó Stephen sonriendo al ver cómo torcía el gesto. No contestó, no quería ponerse en evidencia, pero su silencio no pareció molestar al mayor que simplemente se puso en pie y anduvo hasta el baño –Cuando me haya preparado, te soltaré para que te asees, encontrarás ropa en el armario, aunque me imagino que te quedará grande- dijo antes de desaparecer.
Fue verle irse, y la presión que Near había sentido en su interior hasta aquel momento, pareció disiparse. Quiso echarse a llorar, pero tenía miedo de que aun por encima del ruido del agua corriendo pudiera oírle. Nunca había imaginado que su primera vez fuera así, a decir verdad, nunca había imaginado su primera vez. Por edad sabía que según las estadísticas ya debía de haber empezado a sentir su despertar sexual, pero realmente él debía de ser la excepción que confirmaba la regla.
Cuando más escuchaba el sonido de la ducha, más sintió deseos de limpiarse, de frotarse el cuerpo hasta que se le quedara en carne viva. Podía sentir las manos de Gevanni recorriendo su piel, su lengua lamiéndole en lugares que ni siquiera él había intentado tocar antes. Podía notar todavía las sensaciones químicas que habían ayudado al hombre a tenerlo indefenso, disfrutando incluso. Se sentía tan avergonzado, pensó Nate, porque se había rendido, le había gustado lo que le había hecho y no estaba bien, no lo estaba porque le había hecho sentir indefenso, sucio, y a la vez, le había hecho olvidar su ira y sentirse…feliz.
Aunque eso no impidió que girara el rostro cuando el hombre salió del baño desnudo y goteando agua por todas partes. Quería pensar, quería… quería estar con Mello, él siempre sabía qué decir, aunque fuera cruel, y seguro que también sabría qué hacer en esa situación. En cuanto escuchó el click de las esposas al abrirse, se abrazó las rodillas y enterró la cabeza en ellas sin poder contenerse ya, echándose a llorar en silencio. Ni siquiera reaccionó cuando le hombre se marchó cerrando la puerta de su jaula tras de sí. Stephen no dijo nada, sintiendo un nudo en la garganta al ver al chico echarse a llorar. Por qué tenía que ser todo tan complicado, se preguntó, él solo había querido demostrar a Nate que podía hacerle sentir, que con él podía dejar de ser un robot y ser un hombre, ser amado. Respiró agitadamente, ni siquiera había llegado hasta el final, después de ver cómo el albino se corría gracias a sus caricias, Stephen se había acostado a su lado, se había masturbado antes que violar al niño que le volvía loco. Y aun así Near le miraba como si fuera un monstruo. Parpadeó un poco, dándose cuenta de que tal vez y solo tal vez, Nate River ni siquiera supiera realmente lo que era el sexo.
Casi conteniendo las ganas de reír, el ex policía volvió a entrar en la habitación, su trabajo podía esperar. Escuchó el sonido de la ducha y su sonrisa se amplió, anduvo hacia el baño en silencio y entró de golpe sobresaltando al niño, estaba decidido, esta vez no se iba a echar atrás, le iba a enseñar lo que era ser un chico normal, lo quisiera Nate o no. Miró a Stephen con miedo bajo sus húmedos mechones blancos, pero tragó saliva y se forzó a ser fuerte – ¿Vas a violarme otra vez?- preguntó con rabia, temblando casi al ver cómo, al igual que la noche anterior, el hombre no se detenía.
–Puede que seas muy listo Nate- susurró Gevanni acercándose a la ducha ignorando el agua que caía a su alrededor mientras se aflojaba la corbata –pero creo que no tienes ni idea de lo que te espera-
Sus cuerpos parecían quemar incluso a través de la ropa, a su alrededor pudieron escuchar las exclamaciones de los guardias, pero no eran importantes, incluso el orgullo de Light, fue olvidado en el momento en que sus labios se tocaron. Su lengua se enlazó con la de Kira y supo a perfección, era como tocar el cielo con las manos, sabía incluso mejor que antes, pues incluso aunque era la aceptación de su derrota, sabía a victoria.
Los segundos que duró aquel contacto, le llenaron por dentro, aquel beso dijo sin palabros lo que ambos habían estado pensando. Se separaron tan solo cuando el carraspeo avergonzado de uno de los guardias les recordó que ya estaban allí, que solo tendrían que traspasar esa puerta y el mundo se arrodillaría a sus pies. L miró a Light con incertidumbre, el nerviosismo había vuelto, una vez más, no sabía qué hacer ni cómo comportarse, pero imitando su gesto anterior, el de cabello castaño deslizó los dedos entre los suyos y le sonrió, con aquella sonrisa que había pasado de odiar a necesitar con toda su alma.
Salieron del ascensor con paso firme, más el del japonés que el suyo, eso sí, él se sentía como si estuviera caminando sobre hielo fino que se fuera a romper bajo sus pies. Conforme se acercaban a la sala y los ruidos de los periodistas se volvían más y más evidentes, la ansiedad de Elle fue aumentando, y sus ganas de echar a correr para esconderse en un rincón volvieron pisando fuerte, pero esta vez, frunció el ceño con determinación y fue él el que apretó la mano de Light con fuerza. El gesto le hizo sonreír y reafirmarse en su decisión, había dudado de si sería demasiado pronto como para presentarle al mundo, pero en ocasiones era mejor empujar a alguien a la realidad para que reaccionara de una vez por todas. Se detuvo frente a las puertas mirando a L una vez más, acariciándole la barbilla, depositando un beso de mariposa sobre sus labios. Una vez más las palabras no hicieron falta.
Entonces dos de los guardias les abrieron las puertas y un corro de flashes les recibió. Solo en ese instante sintió L que toda su preocupación desaparecía, y se sentía tranquilo, de alguna forma sintió que llevaba mucho tiempo esperando aquel momento.
El momento en que por fin se sintió un Dios.
¿Qué os ha parecido?
Espero que os haya gustado.
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