Diclaimer: Full metal Alchemist no me pertenece ni ninguno de sus personajes, sino a Hiromu Arakawa.

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que todo les vaya bien. Bueno como prometí, aquí está el catorceavo, pueden tirarme todos los tomates que quieran por tardar tanto… si lo se, que esta vez fue demasiado tiempo u.u, pero bueno, estuve con los exámenes finales del curso, y ya acabe! Hoy me dijeron que había aprobado todo jajaja, así que a partir de ahora espero tener mucho más tiempo para escribir y actualizar más seguido y no haceros esperar tanto jeje, que ya me vale xD. Creo que fue DUCKAN, quien me pidió hacer a Roy celoso, pues bien aquí aparecerá nuestro Roy celosin xDDD

Y ahora gracias a todos los que se han tomado el tiempo para leer mi historia y un especial agradecimiento a la gente que se ha tomado la molestia de dejar reviews. Muchísimas gracias a:

laura-eli89, (hola! Gracias por comentar y me alegro de que te gustara =), si yo también espero con ganas el primer beso xDD, y aunque todavía no pueda pasar mucho mas entre ellos, tratare de hacerlos crecer rapidito para adelantar mas en su relación jeje)

Dark-hime7, (hola! Me alegro de que te gustara, jaja si a mi tambien me encanta esa versión peque de ambos, los hace ver muy tiernos y monos XD, el primer beso ya llegara, aunque veo que todos lo pedís con muchas ganas jjaja, aunque lo bueno se hace esperar no? xDD)

Aleye, (hola! Gracias, me alegro de que te gustara, y si fue bastante tiernuxiss todo jeje, de hecho si me lo saque de silver spoon (a mi también me encanta xD), ya que como dije en capítulos anteriores tengo nula experiencia con los caballos xP, y recordé ese momento del manga y pensé en usarlo de ahí jeje)

Rukia Kurosaki-Chan, (hola! Jaja si debio de ser duro estar tiempo separados aunque fuera poquito, mas después de llevar meses viviendo juntos xD, y ese abrazo simplemente tenia que pasar jaja, bueno gracias por comentar!^^)

fandita-eromena, (hola! Jaja miel y chocolate? Vaya si me quedo tierno xD, espero que el primer beso no tarde mucho en llegar, y por el bien de Roy que el maestro no se entere jajaj, gracias por comentar!)

andy-okulos, (hola! Gracias por comentar mi otro fic, me alegro mucho de que te gustara, y si, las Andy dominaremos el mundo jajaj xD, respecto a lo de ser tu beta, no se muy bien como funciona eso ya que nunca he sido xDD, pero creo que manejas a los personajes a la perfección y tu redacción me gusta muchísimo, aun así si necesitas ayuda con lo que sea no dudes en contar conmigo =))

Cherry Lips Yai, (hola! Muchísimas gracias por pasarte a leer mi fic, y mas por comentarlo n.n, me alegro de que te gustara, todo eso que dices es lo que trataba de describir =), y si fueron tristes esos momentos, pero se combinan con los tiernos y alegres de los dos niños, jaja el maestro por ahora aun dará alguna que otra sorpresa xD, nos vemos, y gracias otra vez!)

Kat-N, (hola! Jeje me alegro de que te gustara, y si el tema principal fue el de considerar el hogar como una persona y no un lugar, porque como dices mas adelante eso se convertirá en algo muy significativo para ellos dos =), gracias por soportar la espera jeje)

Estanislao Salieri, (hola! Gracias por comentar mi otro fic también ^^, y me alegro de que te gustara, encontrar el hogar de uno es algo importante y por eso quise reflejar en este capitulo que no necesariamente ha de ser un lugar, sino que puede ser cualquier cosa, en este caso una persona en concreto, y veo que para ti es parecido =))

Rinsita-chan, (hola! Muchísimas gracias por comentar mi fic, y me alegro de que te gustara tanto, jaja las cuatro de la mañana… uyy gomen por eso xD, a mi me pasa con muchísimas historias y no sabes lo feliz que me hace que te enganchara de ese modo la mía =), jaja el primer beso ya llegara n.n)

Y también gracias a xLalaCleaox, lulufma, Kristall Blauw, Pureheart01, yimel Elric, Juna Aranda, ZadomenLiz, DUCKAN, Bulma Buttowski, wendy98, Edwin29, Mafalda Black y melinda1209, bueno eso era todo y sin más el catorceavo capítulo!

El día que te conocí


XIV

Pastel de fresas


Hacia apenas un día que Roy Mustang había vuelto allí, y ya todo estaba patas arriba. Para empezar el trastero donde la había llevado la noche anterior y donde durmieron juntos… Roy se movía bastante cuando estaba dormido, y aquello seguía por recoger. Su habitación, el azabache había entrado apenas allí para lanzar su maleta y cambiarse de ropa, nada más, haciendo un revoltijo de sus cosas y esparciéndolo todo por el suelo. La biblioteca, se había pasado la mañana estudiando, pues el maestro no se encontraba demasiado bien ese día, el resultado… pilas de libros por encima de la mesa, el suelo, las sillas, y hasta en el alfeizar de la ventana, manuscritos y garabatos alquímicos en todas las hojas que llenaban el piso, y un manchurrón de tinta donde accidentalmente había volcado el bote. Y ahora la cocina, el moreno estaba arrasando con lo que quedaba del pastel que ella la noche anterior había guardado, Roy ya iba por el tercer trozo para el almuerzo…

- A este paso no vas a tener sitio para la comida, deberías de dejar un poco para el postre. – Suspiró ella y se llevó a la boca el último pedacito que quedaba todavía de su primera porción del pastel. A decir verdad, se había excedido ligeramente en las medidas, derivando en un gran pastel para solo tres personas, aunque el azabache valía por dos comiendo… o por tres…

- ¿Humm? No te preocupes por eso Riza, siempre hay espacio para la comida. – Y se llenó la boca con una cucharada que parecía no caberle siquiera, pero que engulló rápidamente.

Y ella no dudaba de sus palabras, Roy podía ser muchas cosas, un desastre, desordenado, algo vago y holgazán, pero comía muchísimo, era todo un goloso. - Aun así, creo que reservar lo que queda para el postre estaría bien, seria egoísta de mi parte terminármelo ahora. – Continúo con la boca llena otra vez.

Riza lo miró impávida, ¡pero si se había comido mas de la mitad del pastel el solo! Por no decir todo, su padre solo había catado un trozo y ella acababa de terminar con el segundo, Roy en cambio ya estaba acabándose el quinto. Suspiró y asintió, lo mejor seria guardarlo, antes de que los dos trozos restantes terminaran en el estomago del Mustang también.

La muchacha se levantó y retiró lo que quedaba de pastel para más tarde. Cuando volvía a la mesa, ambos oyeron el inconfundible sonido de unas risas gemelas, seguidas de un par de pasos apresurados. Al instante tocaron a la puerta.

Roy miró interrogante a la rubia, desde que él estaba allí que recordara, nunca nadie había ido a visitarlos o llamarlos siquiera. ¿Quién podía ser ahora? Y más importante ¿Por qué Riza parecía tan feliz por aquella visita? La cara llena de pastel del chico y los mofletes hinchados por estar conteniendo un pedazo tan grande en la boca, sumados a las cejas alzadas y ligeramente enfurruñadas de él, signo de interrogación e irritación, no hicieron más que provocar risa en la joven. Se veía realmente gracioso de aquella manera, como un niño pequeño haciendo un puchero.

- Son John y Greg. – Le aclaró sonriente, y se dirigió a la puerta para abrir a ambos hermanos.

¿John y Greg?… los hijos de los Roberts, los propietarios de los caballos, del pequeño Mustang. ¿Qué harían ellos allí? Rápidamente tragó como pudo el enorme trozo de pastel que tenia en la boca y se limpió con una servilleta, dirigiéndose veloz tras los pasos de la chica.

- ¿Roy? – El menor de los dos fue el primero en darse cuenta de su aparición, John volteó en el acto algo sorprendido de verlo de vuelta.

- ¿Ya volviste? – Preguntó con un poco de desdén el rubio mayor, tono que no le pasó desapercibido al moreno, pero aparentemente si al resto.

Como única respuesta le sonrió arrogantemente, posicionándose justo al lado de Riza. – Creo que es evidente que si, John. – Y se recostó con un brazo en el marco de la puerta.

El ceño ligeramente fruncido del chico le dio toda la información que necesitaba saber. John estaba celoso, de él. ¿Celoso porque él vivía con Riza y había vuelto? ¿Acaso ese mocoso tenia intenciones con su chica? Un momento… ¿había dicho su chica? Se dio un golpe mentalmente, y se repitió por enésima vez en lo que llevaba de día que el solo podía aspirar a ser como un hermano mayor para ella, y como tal su deber era asegurarse de que ella estuviera con un hombre que la mereciera. No John, sino… ¿alguien como el?

Otro golpe mental.

- Roy, deberías venir y saludar a mis padres, hace tiempo que no pasas por nuestra casa. – Dijo Greg, quien al igual que la chica parecía no haberse dado cuenta de la conflictiva batalla de miradas que hasta el momento se habían estado echando su hermano y el azabache. Negro ónix contra verde hoja.

Interrogó a la rubia con la mirada, a lo que ella solo asintió. – Esta bien, hace tiempo que no veo a los señores Roberts. Pero… - Se apresuró a añadir. – Volveremos pronto, no quiero que el maestro se como el ultimo trozo del pastel que me preparaste en cuanto salga de su estudio.

El rubio pecoso, volvió a arrugar la nariz. No solo el moreno le estaba restregando que ya había vuelto a la casa de su amiga y pasarían lo que quedaba de tarde juntos, sino también que ella le había preparado un pastel expresamente para el. Se estaba burlando de él, y Roy lo sabía, su sonrisa altanera y burlona era prueba fehaciente de ello. Riza y Greg, los más pequeños, parecían seguir sin entender el doble filo de las palabras del mayor.

- ¿Estaba bueno ese pastel? –Cuestionó el de ojos castaño oscuro emocionado a la chica, evidentemente Greg.

- Completamente delicioso. – Contestó Roy por ella, poniendo una de sus manos sobre el pequeño hombro de la muchacha.

John molesto, solo bufó y apartó la mirada de la escena. Estaba más que claro que el otro chico lo estaba provocando. El azabache tenia escrito en la mirada: ella es mía. Y se lo estaba restregando en la cara, no iba a renunciar a Riza por nada, y era obvio que jugaba con ventaja, pues ya que vivían juntos.

- ¿Riza me harías uno de esos pasteles tan ricos para mi? – Suplicó Greg dando saltitos y con mirada suplicante.

La chica solo rio ante la escena tan infantil del menor, después de todo el niño apenas tenia los nueve años. – Claro, cuando quieras os haré un pastel para los dos.

- ¡Bien! – Grito emocionado el pequeño, saltando y alzando los brazos.

El de ojos verdes volteó otra vez a verlos, algo sorprendido por la declaración de ella y agradecido. – Ya estoy deseando probarlo. – Sentenció contento.

- Seguro que vosotros sois más agradecidos que su majestad. – Añadió la rubia con tono irritado y ácido a la vez.

Greg enarcó una ceja. - ¿Su… majestad? – Y miró a Roy, a quien parecía que ella se refería.

Oh no. Pensó, si Riza aireaba su estupidez perdería esa batalla contra John. Pero definitivamente, ya estaba perdida. - Me dijo que prefería el pastel de fresas al mio. ¿Verdad Roy?

El aludido la miró con molestia, y se fijó en la sonrisa triunfal del rubio mayor. – Esto… ya te dije que estaba muy bueno…

- Nosotros nunca haríamos algo así. – Lo cortó con una galante sonrisa. - ¿Verdad Greg?

El menor asintió de forma enérgica, como si fuera un perrito emocionado. – Estoy seguro de que todo lo que cocinas esta realmente delicioso, lastima que haya gente que no lo sepa apreciar. – Continuó sarcástico John y observando de soslayo al mayor.

Riza se rio ante el ultimo comentario de John, sin darse cuenta aun, así como el pequeño y revoltoso rubio, del conflicto que acababa de empezar entre ambos jóvenes. Roy le lanzó una mirada asesina.

Nuevamente el reto interno de los dos se vio interrumpido por el efusivo de Greg, que cogió a Riza de la mano. – ¡Vamos rápido! ¡Y así Riza te podrá enseñar lo bien que monta a caballo!

El chico la miró sorprendido mientras emprendían la marcha de camino a casa de los Roberts. - ¿Sabes montar a caballo?

- Le enseñamos estas dos semanas que no estuviste. – Añadió rápidamente John.

- Así es, me estuvieron enseñando. – Contestó ella con una gran sonrisa.

El azabache, que iba detrás de los otros tres rubios se metió las manos en los bolsillos, y sonrió arrogantemente. – Entonces tendrás que enseñarme como lo haces, y si eres tan buena como para vencerme.

Ese último comentario hizo que los tres detuvieran la marcha de golpe y voltearan curiosos a verlo. - ¿Tu sabes… montar?

- Por supuesto, el general me enseñó cuando yo era un niño. – Dijo confiado.

La chica le devolvió la sonrisa igual de animada. – Entonces veremos quien es el mejor jinete de los dos.

El moreno enarcó una ceja, contento con la reacción de ella. - ¿Eso es un reto, señorita Hawkeye? – Cuestionó con un deje burlón en la voz.

- Exactamente, señorito Mustang. – Y asintió para remprender la marcha con los hermanos pisándole los talones.

Señorito Mustang. Podía ver John contener la carcajada, y a Greg soltarla limpiamente. Que mal sonaba aquello. – Acepto entonces. – Contestó irritado, y los siguió por detrás.

Al poco rato llegaron a la casa de los Roberts, y tras saludar a los padres de los jóvenes y contarles sobre la competición que se había establecido, estos aceptaron entre risas dejarles un caballo a cada uno. Como Riza había aprendido a montar en Mustang escogió para montar al caballo negro y así vencer a Roy. El azabache eligió a una yegua joven que parecía bastante fuerte, de un pelaje crema con toques dorados y amarronados. Establecieron como recorrido una vuelta al pueblo, y como punto de inicio y final, la granja Roberts.

- Bien, ya estoy lista. – Sentenció la rubia, subida encima del caballo que se movía nervioso.

Roy la miró ligeramente molesto, aun no entendía como es que había hecho para llegar a esa situación… pero claro, había sido el quien la había provocado en un principio. – Hagamos esto un poco mas divertido. – Apuntó.

- ¿A que te refieres? – Le preguntó John desde bajo, con el ceño fruncido.

- Una apuesta. – Y le lanzó una mirada desafiante a la muchacha.

Riza tragó duro, ahora se estaba jugando bastante mas en aquel evento, ya no sonaba tan divertido, era una competición real y mas ahora que había algo en juego. Lo que mas le preocupaba a ella era lo que pudiera pedirle Roy, no sabia como de bueno podía llegar a ser el, y ella apenas llevaba dos semanas montando… si el moreno ganaba, ¿Qué exigiría a cambio? De pronto empezó a asustarse.

- ¿Qué vais a apostar? – Curioseo Greg, que esperaba con emoción que la carrera empezara para ver quien era el vencedor.

Roy aumentó la intensidad de su mirada contra la chica, sonriendo de forma triunfante, tanto que hizo palidecer a Riza. – Veamos… quiero que me des un…

- ¡Pastel de fresas! – Gritó la rubia con los ojos cerrados.

Los tres la miraron confundidos, pero sobretodo Roy por haberlo interrumpido. - ¿Qué…?

- Si, s-si me ganas, yo… - Siguió sonrojándose un poco. – Te hare un pastel de fresas solo para ti.

El chico se quedo callado unos instantes, eso no era claramente lo que iba a pedirle como recompensa, pero podía conformarse con ello, y asintió para alivio de ella. – Está bien.

Riza suspiró aliviada, eso era algo asequible y que podía hacer sin ningún problema, al menos había evitado que Mustang le pidiera aquello, porque estaba convencida que lo que Roy iba a reclamar era un beso. Y no es que le horrorizara la idea, quería mucho al chico, pero… tenia miedo, mucho miedo de lo que podría llegar a pasar entre ellos. El acabaría yéndose un día después de todo, ¿y que pasaría con ella? Terminaría quedándose sola otra vez…

- ¿Y tu que vas a pedir Riza? – La voz chillona e infantil de Greg la sacó de sus cavilaciones.

- ¿Eh…?

- ¿Qué exigirás a cambio si me ganas? – Intervino el azabache, moviendo a la yegua para que se posicionara.

Los dos hermanos la miraban expectantes, Roy ya estaba en la línea de salida… ¿Qué podía pedirle a el? – Un pastel de fresas.

- ¿Eh…? – Pero esta vez salió de la boca de un sorprendido Roy.

John bufó. - ¿Os apostáis pasteles? – Soltó incrédulo y sobándose el puente de la nariz, aquella era una apuesta realmente estúpida.

Tanto Roy como Riza parecieron ignorar las quejas del mayor, y ella también se puso en posición de salida. – El pastel de fresas es mi favorito. – Le dijo como única explicación y miró al frente.

El muchacho abrió mucho la boca, pero después solo sonrió, ¡estaba dispuesto a luchar por ese nuevo pastel! Más si era su favorito.

- ¡Ya estamos listos! – Gritar on al unísono.

- ¡Bien! – Greg se puso en medio de ambos. – Preparados, listos… - Siguió con emoción contenida.

- ¡YAA! – Gritaron todos con los ojos cerrados, y el rubio menor dio un salto en cuanto ambos caballos salieron al galope.

Dio un taconazo al animal, que rápidamente entendió que era hora de ponerse a cabalgar, y la yegua de Roy salió disparada, con el montado en la posición exacta en que un jinete de carreras lo hace: inclinado hacia delante y sin tocar la silla de montar. Riza no podía creerlo, ¡el en verdad era muy bueno! Pero no se iba a permitir perder, no contra el.

Movió con violencia las riendas del pequeño Mustang para que este aumentara el ritmo, puesto que el joven le llevaba ventaja desde la salida. Definitivamente ir con falda no era nada cómodo para montar a caballo, sobretodo si debía ir muy rápido, pero… ¡al demonio con la sutileza! Afianzó ambos pies en el estribo, y desflexionó las rodillas, poniéndose en la misma posición que el moreno, quizás algo inexperta, pero de esa forma fue capaz de hacerle ver a Mustang que debía ir más rápido…

Y el caballo respondió, en pocos segundos se hizo tan rápido que pasó a Roy sin darle tiempo a reaccionar, y mucho menos al ver que con aquella posición, la falda de Riza ondeaba al aire dejándole ver… ¡maldita sea! ¡Aquella mujer si sabía como distraerlo!

- ¿Quién crees que ganará hermano? – Preguntó inocentemente Greg al mayor cuando ambos jóvenes ya casi se habían perdido de vista junto con sus caballos.

John enfurruñó la pecosa nariz y se encogió de hombros. – Espero que sea Riza quien gane…

- ¡Mira hermano, ella acaba de superar a Roy! – Señaló de forma efusiva y dando saltitos el de ojos amarronados.

John volteó con una sonrisa, si Riza lo conseguía… ¡un momento! En aquella posición, su falda, Roy iba justo detrás, entonces ella… entonces el… podría ver… - ¡Maldito pervertido! – Grito retorciéndose los rubios cabellos.

Greg lo miró con duda. - ¿Qué dijiste John?

- Errr nada, nada. – Y se volvió molesto. – Será mejor que nos sentemos a esperar, aun tardaran un poco en volver.

Roy no podía evitarlo, parecía como si ella lo hubiera hecho a propósito, pero el azabache era incapaz de controlarse, no teniendo aquello delante. Riza debería estar tragándose su orgullo por dentro, o eso creía, quizás ni ella misma se daba cuenta de las consecuencias que producían en el sus actos, ¡maldita fuera! La ganaría sin importar que. - ¡Ese pastel de fresas será mio! – Le grito.

Y ella solo volvió un poco la vista para observarlo, Roy iba muy inclinado con los ojos cerrados y los dientes apretados, en verdad parecía estar tomándoselo seriamente. Bien, ella tampoco iba a perder. Instigó mas con las riendas al animal que aceleró el trote, ya se había perdido el pueblo, y ahora los arboles empezaban a rodearlos y sumergirlos en las profundidades del bosque.

El chico, tiró un poco más de las riendas, de forma que la intensidad de su yegua aumento increíblemente, tanto, que gracias a lo ancho del camino se pudo posicionar en la izquierda del camino, a la par de Riza y desafiarla con la mirada. – No perderé. – Le aseguró ella con la vista clavada al frente.

- Yo tampoco lo hare. – Y siguieron de esa forma hasta adentrarse por completo entre las ramas de los arboles, viéndose obligados a reducir el paso.

Aun y con todo, evitaban de forma maestra todos los obstáculos, sin disminuir su marcha, con el viento dándoles de lleno en la cara, y el cabello de ambos meciéndose al compas del avanzar de sus caballos. El chico no pudo evitar tampoco parase un momento embelesado ante la jovencita a su lado.

El cabello dorado de Riza, ondeaba rítmicamente y dando pequeños destellos resplandecientes, que le conferían un aura mágica; su ceño levemente fruncido y sus finos y rosados labios apretados, en seña de que se estaba tomando aquello muy en serio y pensaba ganar. ¡Riza parecía una amazona! Y eso le fascinaba… el hermoso rubor que se extendía por sus mejillas, contrastando con la palidez inmaculada de su piel, la fuerza con la que sus pequeñas manos agarraban las riendas y balanceaban estas. Su cuerpo flexionado hacia adelante, inclinada y en posición defensiva, con aquel vestido de tirantes rosado claro adhiriéndose perfectamente a su cuerpo y a las incipientes curvas que este empezaba a mostrar, la fina chaqueta blanca que llevaba encima ondeando como si se tratara de una capa corta, y la falda… Roy ya se había concentrado en exceso en aquella zona…

Había estado tan absorto observándola, que no se había percatado de la ligera ventaja que empezaba a sacarle poco a poco, así como tampoco de la puntiaguda rama que se cernía sobre su rostro. Se dio cuenta demasiado tarde y fue incapaz de evitarla, al menos desvió el rostro lo suficiente como para que solo se clavara en su mejilla, aunque le hiciera un profundo corte en esta.

- ¡Mierda! Eso estuvo cerca. – Murmuró entre dientes, y se limpió con el dorso del brazo el fino hilo de sangre que empezaba a manar de la herida. Por suerte, antes de empezar se había arremangado la camisa blanca hasta los codos y no la manchó con su sangre.

La muchacha, al ir un par de metros por delante no se había dado cuenta del percance de su amigo, pero al escuchar la queja de Roy volteó para saber que ocurría, y se encontró a un furioso Mustang con la mejilla sangrando, se alarmó.

- ¿Roy estas bien? – Redujo un poco la velocidad para que el pudiera darle alcance, y relajó su postura, sentándose sobre la silla. Su voz cargada de preocupación.

El solo la miró perplejo. – Estoy bien, solo fue un rasguño sin importancia. – Y balanceó las riendas.

- Sangra mucho. – Siguió ella.

- ¡No importa! ¡Estoy determinado a probar ese pastel de fresas! – Gritó al aire con los ojos cerrados y una sonrisa, que rápidamente se convirtió en una mueca, puesto que el forzar así la boca había abierto aun más la herida de la mejilla.

- ¡Idiota! Para y déjame curarte. – Le pidió ella, la sangre ya caía en forma de gotas esféricas sobre el cuello níveo de la camisa, tiñéndola de rojo.

- ¡Es solo un rasguño! – Dijo determinado y sin dejar de mirar hacia delante, volviendo a limpiarse la sangre con el antebrazo.

- ¿Por qué eres tan terco? – Gruño la rubia, muy cerca uno del otro, con las crines de sus caballos rozándose.

- ¿Por qué lo eres tu? – Siguió el con el ceño fruncido.

- ¡Fuiste tu quien empezó todo esto! – Replicó cada vez más enfadada y preocupada porque el rastro rojizo de la herida era cada vez mayor.

- ¡Y tu quien me siguió el juego! Ahora terminemos. – Y retó a la chica con sus ojos otra vez.

Ella frunció el ceño, la estupidez de su amigo no parecía tener límites. – No estamos siquiera a la mitad del recorrido, déjame curarte.

- ¡Vaya si eres terca! Ya te dije que no importa. – Y profirió otra mueca de dolor, instando a la yegua a ir más rápido.

Riza bufó exasperada, y se dedicó a seguir por completo con la carrera. – Eres un completo idiota Roy.

Pero el solo sonrió ampliamente, haciendo caso omiso del dolor en la parte izquierda del rostro. – Si, soy un idiota. Pero este idiota pronto estará comiendo un delicioso pastel de fresas.

La muchacha negó suspirando con la cabeza, y dio un leve toque a Mustang para que fuera mas rápido, el moreno les estaba sacando algo de ventaja, y ella no podía permitirse perder…

Pasaron los minutos, y con ellos llegaron a una hora entera, el pueblo ya estaba bastante lejos, habían cruzado el bosque por completo, y ahora se encontraban cabalgando por una llanura verdosa que terminaba en un rio de aguas cristalinas y totalmente puras. A decir verdad, ya deberían de estar de vuelta o a punto de terminar la carrera, pero el tomar el desvío había sido un acuerdo mutuo, ya no galopaban, simplemente paseaban montados en sus caballos, admirando la belleza natural del paisaje a su alrededor. La competición había pasado a un segundo plano hacia bastante rato atrás, y una ancha sonrisa perlaba los rostros de ambos jóvenes, en silencio. Pues no necesitaban decirse nada, se limitaban a compartir aquel momento de paz, pareciera como si estuvieran en otro mundo, uno al que solo podían entrar los dos.

La chica relajó el paso del animal, hasta que se detuvo, y finalmente descendió, Roy intrigado por lo que pudiera hacer la imitó y dejó a ambos caballos juntos al pie de la ladera del rio, que en el acto se dedicaron a mascar hierba, curiosos.

- ¿Qué haces Riza? – Y descendió la pequeña cuesta hasta la orilla del rio donde ella se encontraba.

La muchacha clavó su rojiza mirada en el. – Quítate la camisa.

Sonido de disco rayado. Espera, ¿Qué acababa de decirle? El azabache pasó de tener un rostro impasible a uno completamente desencajado, Riza no podía ir en serio al decir aquello, ¿Por qué querría que él se quitara la camisa? ¿A lo mejor quería bañarse en el rio? No, eso era imposible, acababan de pasar el invierno y aun hacia frio, además de que ella llevaba un vestido… eso no podía ser… ¿Entonces que? Le estaba dando demasiadas vueltas, tantas, que lo estaban mareando…

- ¿Queeee? – Roy se sonrojó a rabiar, camuflando incluso la sangrante herida de su mejilla. – No deberías…

Ella se rio divertida y negó con la cabeza. – Es para curarte la herida.

Esta vez el la miró confundido, la rojez se le cayó al suelo, y enarcó una ceja. – La herida me la hice aquí. – Dijo señalando la mejilla. – No necesito quitarme la camisa.

- No tengo nada con lo que limpiarte, y como ya la tienes manchada no pasa nada porque la utilice para curarte la herida.

Vale, eso no se le había ocurrido. – Ahhhhh… entiendo…

Se desabotonó los botones con cuidado y nerviosismo, las razones podían ser totalmente inocentes, pero eso no quitaba el hecho de que fuera a estar semidesnudo ante Riza, bueno… eso era llevarlo al extremo. Con cuidado se la tendió, y metió ambas manos en los bolsillos del pantalón negro, esperando instrucciones.

- Será mejor que nos sentemos aquí. – Le dijo, señalando una zona de la orilla donde había unas maderas que permitían a uno sentarse y tumbarse allí incluso, con el rio por debajo, rozando las tablas a duras penas. Asintió y la siguió.

Ambos se sentaron en el entablado, y ella se acercó para mojar la camisa en el agua. Otro reflejo a su lado la asustó, era Roy. El cabello azabache le caía hacia adelante, creando sombras en su rostro que lo hacían ver más hermoso, sumando la perfecta sonrisa de galante que solía portar, transformada ahora en la de un niño curioso.

- Me encantaría poder nadar aquí. – Dijo ampliando la sonrisa, y asomándose un poco más, de modo que su mano rozase la corriente cristalina de agua.

- Podrás hacerlo en cuanto mejore el tiempo, se ve un lugar tranquilo. – El asintió, inmerso en ver como entre sus dedos se escurría la corriente transparente que no dejaba de fluir.

- Vendría muy a menudo. Podríamos traer algo para comer y pasar las tardes aquí. – Y eso lo dijo mirándola a ella.

Riza no le contestó. – Bucearíamos para ver que podemos encontrar… será divertido. – Continuó el, buscando una respuesta en los ojos de su amiga.

- Yo no se nadar, Roy. – Le respondió inocentemente.

- ¿A no? Pues… ¡yo te enseñaré! – Dijo orgulloso. - ¿Qué me dices?

La rubia le sonrió tiernamente. – Seria genial.

El chico asintió, y viendo que ella se volvía a perder en su reflejo sobre la superficie del agua, el la imitó, dejando libremente su mano a merced de la corriente. De pronto aquella remor cristalina se vio rota por una mancha rojiza oscura, era una gota, que hacia segundos se debatía en caer de la mejilla de Roy, y estrellarse contra el agua. Fueron unos breves segundos, puesto que la mancha desapareció casi en el acto de formarse, pero eso despertó a la muchacha de sus ensoñaciones y se incorporó mojando la camisa.

- Roy. – Lo llamó y este se incorporó y sentó a su lado, dejándola a ella hacer.

Una de las blancas manos de ella se posicionó en su barbilla, rozando el borde de sus labios, y la otra con la camisa mojada se aplicó sobre su mejilla dañada. Al principio le escoció un poco, y cerró los ojos involuntariamente por el dolor.

- Lo siento. – Escuchó levemente de ella.

El sin mover la cabeza, redirigió sus ojos a ella, que se encontraba centrada en presionar poco a poco su herida y así cortar el flujo de sangre, limpiándola también con la camisa y el agua. – No… no pasa nada. Gracias por curarme.

Ella solo asintió con una pequeña sonrisa, y se volvió a agachar para sumergir la camisa en el agua y limpiar la sangre que acababa de quitarle a él. Al instante volvió a sentir la presión de la prenda mojada sobre su rostro, y como el sangrado iba cortándose poco a poco. Fue así repetidas veces, con la respiración de ella en el cuello, erizándole la piel, y cuando al fin retiró la camisa, se acercó mucho a su rostro, demasiado para la salud cardiaca del chico, y sopló.

Sopló lenta y relajadamente, secando la herida durante unos segundos, y también repitió esto varias veces. Haciendo pasar al joven uno de los minutos más martirizantes de su vida, pues debió de hacer acopio de todo su autocontrol para no dejarse llevar por sus instintos primarios. No, el hecho de que la muchachita que le desvelaba los sueños, estuviera ahora inclinada sobre el, y soplando casi de forma sensual sobre su mejilla y oreja, sumándole que él estaba sin camisa, y una de las manos de ella rozando el labio inferior, no ayudaba en nada.

Apretó los puños para tratar de controlarse, debía pensar en algo rápido, para distraerse… ¡Su pastel de fresas! Eso era, se lo imagino… y en el acto la boca se le hizo agua, estaba deseoso de comerlo, por ello debía de ganar la competición y… una pregunta vino directa a su cabeza. Abrió los ojos en el acto.

- Riza, ¿puedo preguntarte algo? – Empezó observándola de reojo.

Ella dejó de bufar y se apartó un poco, tanteando ahora la zona inflamada y rojiza con los dedos. – Claro.

- ¿Por qué me interrumpiste cuando iba a decir lo que quería si ganaba la apuesta? – Trató de esconder la curiosidad que lo carcomía por dentro, pero su tono lo delató.

Ella no dijo nada, se inclinó para mojar otra vez la camiseta, y le tomó la mano para proceder a limpiar la sangre seca que tenia en el brazo con el que se había restregado la herida cuando esta sangraba.

- Tenía miedo de lo que me pudieras pedir. – Admitió sin mirarlo, y tras limpiar su antebrazo por completo, mojó otra vez la camisa.

- ¿Qué creías que iba a pedirte? – Siguió el, ahora si tenia curiosidad.

Riza se tomó su tiempo escurriendo el agua de la camisa, para no empaparlo, y después de acercó, posicionando una de sus manos entre el cuello y la clavícula de Roy, algo que lo sorprendió en demasía. – Yo… bueno, ¿no ibas a pedirme…?

- ¿Un beso? – Cortó el por ella. Riza desvió la mirada y empezó a limpiar la sangre que se había colado por la camisa, para caer sobre el pecho desnudo de Roy.

La chica no se atrevía a contestar, así que el decidió continuar admitiendo ciertas cosas. – En un principio lo pensé, pero luego descarte la idea, no era eso lo que te iba a pedir.

- ¿A no? – Dijo rápidamente sorprendida, y dando un ligero respingo.

- No… - Suspiró el chico, percatándose al instante de la escasa distancia que separaba sus rostros, y rociando a la joven con su aliento de chocolate.

Ninguno de los dos se movió por unos segundos, ella dejó sus manos descansar sobre el cuello y el pecho de Roy que palpitaba desbocado, inclinada hacia él, con el rubio cabello cayendo sobre su rostro y rozando las mejillas del joven. Casi inconscientemente, el azabache, empezó a acercar una de sus manos al rostro de la joven, y lo acarició con cierta ternura, prendando sus ojos en los suyos, ambos ardiendo con la misma intensidad…

Si, había descartado la idea de pedirle un beso como victoria, pero quizás… quizás podría reclamarlo ahora. Se acercó lentamente, casi de forma martirizante, porque los segundos avanzaban rápido, pero los milímetros se cubrían despacio. Los ojos rojizos de ella empezaron a entre cerrarse, sin perder de vista los suyos por unos instantes. La presión de sus dedos sobre el pecho de él se incrementó levemente, pero los sentidos agudizados de Roy fueron capaces de captarlo a la perfección. Ella no se oponía, es mas, contribuía a cerrar aquella dolorosa distancia… el moreno delineó suavemente la curva de sus labios con los dedos, y cerró los ojos casi por completo.

Sus alientos se entremezclaban, sus pestañas no querían cerrarse, no querían perderse por nada del mundo la imagen tan bella de la que podía disfrutar en esos momentos. Una Riza con los ojos entrecerrados, el dorado cabello mecido por las febriles ráfagas de aire, el rostro enrojecido y aquellos tiernos labios que se moría por probar entreabiertos, como si lo invitara.

Un leve roce, uno muy pequeño, minúsculo, casi inexistente, un pequeño roce entre sus labios, que hizo que retrocedieran muy pocos milímetros. Como si estuvieran preparando el terreno para el de verdad. La distancia seguía pareciéndole eterna e insalvable, y a la vez tan minúscula, tan despreciable… El entorno a su alrededor ya no importaba, intoxicados de aquella sensación y del aroma a chocolate que ambos desprendían, con el rumor del rio bajo ellos…

Aquello era mágico…

John pisoteó el suelo fuertemente por undécima vez en lo que llevaba de tarde, lanzando lejos y de un puntapié la pobre piedra que se había cruzado en su camino esta vez. ¿Por qué diantres tardaban tanto esos dos? ¿Qué se le habría ocurrido por el camino al Mustang? Deberían de haber vuelto hacia poco tiempo, o de estar volviendo ya, era imposible tardar tanto al dar una vuelta al pueblo. Como mucho se podía tardar unas dos o tres horas, eso si ibas de paseo con el caballo, pues el y Greg lo habían hecho varias veces. Pero al ritmo frenético en que había salido aquellos dos disparados, y mas teniendo en cuenta que libraban una carrera, el tiempo se reducía a una hora, hora y media como mucho. Y ya pasaba de la hora y media, haciendo impacientarse al mayor de los Roberts tanto como para asustar al menor de los dos.

- Yo también estoy algo preocupado, pero seguro que aparecen en seguida. – Dijo el pequeño, sentado en una piedra, y tratando de tranquilizar los ánimos de su hermano mayor.

- ¡Esa competición ha sido una estupidez! – Escupió. - ¿Y si le ha pasado algo a Riza? ¿Y si se han caído o alguien los ha asaltado? O…

- Cállate ya, John. – Lo cortó el pequeño irritado. – Roy no dejará que nada malo le pase a Riza, estoy seguro.

- Claro… - Murmuró. ¡Pero eso era lo que mas le preocupaba! ¡El dichoso Roy Mustang era su principal dolor de cabeza! A decir verdad, el y Riza se habían criado juntos desde niños, y debido a que el tenia solo poco mas de un año que ella, se llevaron bien desde pequeños. Ella no tenia muchas amigas, porque todas las chicas del pueblo eran o muy mayores, o muy pequeñas, además de lo alejado de la casa de la chica, y del huraño de su padre.

Pero ellos siempre jugaron juntos desde que tenía memoria, crecieron y se criaron juntos, vivieron un sinfín de aventuras ellos dos, y cuando llegó Greg se les unió. Y llegó el día en el que John Roberts se dio cuenta de lo feliz que le hacia ver a su mejor amiga sonreír cada día, se dio cuenta de que se había enamorado perdidamente de ella. No supo cuando fue, ni como, pero no fue capaz de darse cuenta de ese sentimiento hasta que llegó a sus vidas Roy Mustang.

Nunca se había planteado que ella haría un nuevo mejor amigo, que querría a alguien más que a él. Cuando el joven Mustang llegó por primera vez, con el ideal de superar la prueba impuesta por Hawkeye y convertirse en su alumno, le pareció un muchacho de lo más amigable, y de hecho lo era. Pero el problema surgió cuando sus encantadoras sonrisas de galán, empezaron a cautivar a las chicas del pueblo y también a Riza, sobretodo a Riza, porque ella era a quien iban dirigidas todas esas sonrisas.

Y entonces se dio cuenta, de que tenia miedo de perder a su mejor amiga, aunque ya era demasiado tarde, el intruso ya se había colado dentro, muy adentro. Y ahora era imposible sacarlo de allí.

Pateó otra piedra con rabia, no podía dejar de pensar en lo que Roy podía estar haciéndole a Riza… ¡Ella solo era una niña! Era por eso que al menos contaba con la seguridad de que no llegarían lejos, o al menos eso esperaba. Aunque John solo deseaba que aparecieran de una maldita vez por entre los arboles con la escusa de que el tonto de Mustang se había caído del caballo y había tenido que rescatarlo, o algo parecido…

- ¡Demonios! – Mandó otra piedra por los aires.

Roy aun no acababa de entender como habían acabado en aquella situación, pero no iba a negar que la estaba disfrutando como un niño. Tenia a Riza completamente a su merced, dispuesta a darle sus labios, su primer beso… el primero de ambos. Solo debía acortar aquel milímetro de distancia que los separaba, pero ninguno de los dos se atrevía a ser el primero…

Mustang relinchó y pateo el suelo en señal de aburrimiento, el caballo ya se había cansado de tanta quietud y quería volver. Aquello fue suficiente para sacar a ambos de su ensoñación, y hacerlos retroceder bruscamente, tanto que Roy cayó de espaldas sobre el entablado de madera, haciendo reír a la muchacha.

Riza se levantó. – Mustang tiene razón, será mejor que volvamos. Se preocuparan si tardamos mucho.

El, que no podía dar crédito a lo que oía simplemente la miró incrédulo desde el suelo. ¡Pero si habían estado a punto de besarse! ¡Un milímetro! ¡Había faltado un maldito milímetro para que se besaran! ¿Por qué ella parecía tan condenadamente tranquila después de lo que acababa de pasar? O más bien, casi acababa de pasar. No podía olvidarlo y ya, no algo así, ¿verdad?

- Cla-claro, volvamos. – Y se levantó también. – Mi… ¿camiseta?

- Esta mojada y sucia. – Dijo ella mostrándosela, completamente empapada y con rastros de sangre por todas partes. – Si te la pones te resfriaras.

Roy frunció el entrecejo. – Si voy así seguramente también. – Indicó resaltando que no llevaba nada en la parte de arriba.

Riza se quitó su chaqueta blanca y se la tendió. – Ponte esto. – Dijo como si nada.

Al moreno lo estaba matando tanta conformidad y pasividad. – No querría que te resfriaras por mi culpa, además… - Dijo sacándose la prenda que había tratado de ponerse. – No me viene buena.

La rubia suspiró. – Pues tendrás que ir como vas. – Y se subió al caballo.

El chico la siguió y subió a su yegua color crema, empezando ambos la marcha. – No quiero pensar en lo que imaginaran que ha pasado si me ven así. – Resopló si darse cuenta del significado de sus palabras.

- … - Ella no volteó y se le adelantó un poco, quedando su rostro fuera del alcance de visión de él.

Pasaron así un tiempo, uno que a Roy le pareció eterno, como si hubiera metido la pata hasta el fondo, ¡pero diablos! Ella tampoco se había opuesto a que la besara, no era su culpa… ¡sino la del maldito caballo! Si no hubiera relinchado, si ellos se hubiesen besado… Bufó, no tenia sentido pensar en los si hubiera, ya no existían, ni jamás lo harían… ¡si, la culpa era del dichoso caballo!

- Roy… - Lo llamó con cuidado.

- ¿Si? – Dijo curioso, preguntándose que pasaría hora por la cabeza de ella después de casi media hora sin dirigirle la palabra.

La rubia tardó un poco en contestar, tanto que él estuvo a punto de reclamarle, pero no le dio tiempo. - ¿Qué era lo que… me querías pedir?

El enarcó una ceja. - ¿Cómo…?

- Si ganabas tú… ¿Qué querías pedirme?

Roy abrió mucho los ojos y la boca, no se esperaba aquella pregunta. – Bueno yo… quería que me dieras uno de los libros de alquimia de la biblioteca de tu padre que me gustaría leer…

- ¿Como? – Ella lo miró consternada. ¿Eso era lo único que le iba a pedir? Era tan simple… ¡ojala se hubiera callado y ahora no se encontrarían en esa situación!

- Es que el maestro no me lo dejaba leer, y pensé que quizás tú podrías convencerle para…

- ¿Eso es todo lo que me ibas a pedir? – Lo interrumpió algo irritada y cruzada de morros.

¿Pero que le pasaba ahora? ¿Acaso se sentía indignada porque el pensara en algo tan simple que pedirle? – Bueno, no es nada que costara mucho esfuerzo y tampoco quería arriesgarme…

Riza bufó. – Sea como sea, ¿la apuesta sigue en pie? – Le preguntó empezando un trote suave.

- Por supuesto. – Y ensanchó la sonrisa en una traviesa. - Tengo unas ganas increíbles de probar ese pastel de fresas que me vas a preparar. – Y golpeó a la yegua en los ijares para que empezara el galope.

- ¡Tramposo! ¡Eso no vale! – Le gritó la rubia, pues se estaba quedando muy atrás.

Roy nuevamente alzado como un jinete solo volvió la cara y le sonrió, con el negro cabello ondeando al aire. – ¡Voy a ganar, Riza! – Y volvió el rostro dispuesto a seguir cabalgando lo más rápido posible.

- No si yo lo puedo evitar. – Murmuró ella, azotando las riendas y empezando el galope también. Roy le llevaba bastante distancia, pero no una que no se pudiera salvar.

Estuvieron de esa forma durante varios minutos, quizás mas, no lo sabían exactamente, pero era divertido verlos competir de aquella manera. No seriamente, sino de forma divertida, amistosa y agradable. El sentir el frio viento de la tarde en la cara, y golpear también contra su pecho desnudo, erizándole el vello con cada descarga, cada risa de ella… Observar a Riza tan concentrada y a la vez tan divertida era increíble, no sabia cuando la había visto por última vez sonreír de aquella forma, con tanta vida…

- ¡Al fin llegan! – Señaló Greg nervioso, pues ambas figuras se podían distinguir desde la distancia.

Por fin. Pensó John suspirando y levantándose de su asiento, al final habían tardado mas de dos horas en cumplir con el trayecto establecido… Pero, ¿Por qué Roy iba sin la camisa? ¿Por qué tenia la cara enrojecida? Lo único que se le cruzaba al rubio por la mente es que el moreno hubiera intentado algo fuera de lugar con Riza, y esta le hubiera propinado un cachete. Pero entonces… ¿Por qué venían riendo? – ¡Vaya si tardaron! - Les gritó.

Pero ninguno de los dos lo escuchaba, no con todas aquellas ráfagas de viento a su alrededor formando un escudo en cada uno, no con el golpeteo rítmico de los cascos de los caballos en el suelo, no con las constantes risas de ambos, y las vociferaciones de ¡yo voy a ganar!

Con un ultimo movimiento, fue capaz de posicionarse delante de la rubia para taponarle el paso, y así obligarla o bien a desviarse, o a reducir el paso. Estaba determinado a ganar, fuera como fuera. Pero ella no atendiendo a razones, y con espíritu competitivo mucho mayor que el de él, escapó por uno de los laterales de forma veloz y volviendo a estar a la par que el chico.

Iban a tanta velocidad, que simplemente parecían estelas que cruzaban raudas el camino sin apenas ser vistas, una estela dorada y otra oscura y completamente negra, contrastando con un tono rubio, y la anterior con otro azabache. Eran la antítesis de sus caballos, y a la vez los mejor compenetrados con ellos… la victoria se situaba a unos escasos metros, y se reducía a cada segundo.

- ¡Pastel de fresas! – Gritó Roy, y se levantó del asiento, poniendo las piernas rectas y alzándose de pie con el puño en alto y una gran sonrisa, después se inclinó hacia adelante todo lo que su cuerpo le permitió, todavía con el dedo índice apuntando hacia adelante. - ¡Allá vamos!

Y como cuando meses atrás, su grito se había coordinado con el del pequeño Mustang cuando se puso de pie por primera vez, ahora lo hacia con su yegua. Los ojos del Mustang resplandecían y transmitió ese fuego al animal, que adquirió una velocidad extrema, tanto que la chica quedó perpleja por la corriente de viento que creo aquel rayo dorado y azabache.

La victoria fue de Roy Mustang.

- Eso… fue rápido… - Susurró perplejo John al ver como la yegua de color crema, tras llegar al punto indicado descendía la marcha y daba un trote mas ligero, con el chico subido encima y dando saltos.

- ¡Pastel de fresas! ¡Pastel de fresas! – Gritaba el, brincando de lo mas feliz sobre la silla, de forma que era casi milagroso que no se hubiera caído ya al suelo.

Riza llegó segundos después con una media sonrisa. – Supongo que he perdido…

Greg se acercó a ella efusivo, y su hermano aun miraba perplejo al Mustang. - ¡Riza, fue genial! ¡Ambos lo hicisteis de maravilla!

La chica rio un poco y le agradeció al pequeño rubio, no percatándose de que Roy se le había acercado velozmente por un lado, y enredado una de sus brazos en la cadera de ella. ¿Eh? Fue lo ultimo que pudo decir antes de que el chico con una fuerza que no creía tuviera, la sacó de su silla, y la colgó de la suya propia, obligando a Riza a agarrarse a el para no caer.

- ¿Estas loco? – Vociferó intentando sujetarse como podía a él, y colocar su otro pie al otro lado del caballo. - ¿Qué te crees que haces? ¡Roy!

- Nos vamos a casa de Marie. – Dijo como si todo aquello fuera normal y ante la mirada atónita de ambos hermanos que se habían quedado perplejos.

- ¿A… a casa de Marie? – Preguntó confundida y asustada, pues si no fuera por el brazo de Roy que la sujetaba ya se hubiera caído.

- Claro. – Y le dio un tirón que la ayudo a posicionarse sentada correctamente en el caballo. – Tienes que aprender a cocinarme ese postre cuanto antes.

- ¿Pero estas loco? ¡Antes deberíamos ir a casa para que te cambies y pueda verte mejor le herid… - El forzado tirón de las riendas no la dejo seguir.

- Sera mejor que te agarres. – Le advirtió, y sonrió satisfecho al ver como la chica se forzaba a abrazarse a él, y enredar sus manos en su desnudo abdomen, a la vez que noto todo el peso de su cuerpecito en la espalda. – Es mi recompensa después de todo…

Los hermanos Roberts parecían no entender aun la situación, lo que acababa de pasar había sido demasiado rápido, como el final de la carrera que acababan de presenciar. Definitivamente Mustang o estaba loco o se había golpeado muy fuerte con algo…

Y fue John el que sorprendido, salió primero del trance. - ¡Ey! ¿A dónde vais? – Tuvo que gritarles.

Pero como única respuesta obtuvo el puño alzado del azabache, seguido de su famoso grito de guerra… - ¡PASTEL DE FRESAS!

Intercambio equivalente! SI LES GUSTÓ LA HISTORIA PORFAVOR DEJEN UN REVIEW (jeje me siento como Ed al final del manga XD), jaja bueno después de tanto tiempo he vuelto! Si, siempre lo hago jajja, la buena noticia es que ahora estaré mucho menos ocupada, ya que al fin termine tooodos mis exámenes, y conseguí aprobarlo todo jeje, así que lo próximo que me quedara es la prueba de acceso para la universidad y poco mas xD. Bueno respecto al capitulo, no termino de convencerme, el "pastel de fresas" se repetía en exceso no? Jaja espero no haberlos aburrido mucho con todo esto, pero mi cabeza estresada y con pocas horas dormidas es lo mejor que pudo hacer, en serio que se esforzó! Jejej xDDD

¡Nos vemos en el próximo! Andy!