¡4 de 4!
Nota de los signos:
* *= sonidos de ambiente.
« » = pensamientos.
[ ] = comunicación a través de aparatos.
{ } = sueños
Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.
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Capítulo 14
Rey de Reyes
Palacio Imperial
El día en que daba inicio el torneo había llegado. Todas las familias nobles que decidieron participar fueron convocadas para esa misma tarde, sin embargo, la mañana era un asunto personal.
El palacio lucía atestado. Las familias aliadas, y las que están bajo la protección del emperador, fueron convocadas para esa mañana. Había detalles que pulir.
Y ahí estaba él, caminando lado a lado con el concejal Lysandre, seguido de sus expertos en tecnología Colress y Cyrus. Más atrás puliendo sus garras estaba Kotaro junto al apacible Hanzo. Los pasos de ellos resonaba por todo el lugar y quienes los esperaban ya los notaban desde lejos.
―¡Abuelo! ―gritó Iris al verlo llegar y corriendo a su encuentro.
De hecho, los cinco infantes corrieron a abrazarlo.
―Mis niños. ―dijo Nobunaga cargando y abrazando cada uno de ellos― Pero cuánto han crecido. Aun recuerdo cuando eran de este tamaño ―hace la seña con las manos no más de 50cm.
―¡Buf! ―resoplo Kiyomasa― tenemos once años.
Nobunaga baja las manos y levanta una ceja.
―La edad de la rebeldía. Pero sin importa cuántos años tengan para mi seguirán siendo de este tamaño.
Kiyomasa se cruza de brazos. Nobunaga le hace un mimo en el cabello.
―Y bien ―Nobunaga camina hacia los jóvenes― ¿Qué tenemos aquí? ―los repasa con la mirada― No están todos.
Los únicos presentes en la sala son Bruno, Masamune y Yukimura. Nobunaga los saluda de mano, ya pasaron la etapa de correr y abrasarlo.
―El resto salieron. ―contesta Riley si dirigir la mirada.
―¿No sabían que vendría?
―Mmm… sí, por eso se fueron. ―contesta Grimsley.
Ante la evidente falta de respeto, Kotaro quiere ensartar sus afiladas garras en él. Pero es detenido por Nobunaga.
―¿Y dónde está el emperador? ―sus tono sigue siendo amable.
―Sigue durmiendo. ―contesta Caitlin.
―Iré a despertarlo. ―Riley comienza a andar.
―Descuida. ―lo detiene Nobunaga con falsa modestia― Lo haré personalmente, hace mucho que no lo veo tan apacible. ―comienza a andar.
Caitlin, Riley y Grimsley dan a notar su molestia. Nobunaga lo sabe, siente el resentimiento detrás de su espalda.
―Te acompaño. ―dice Mitsunari cogiéndolo de la mano.
―¡Yo también! ―gritan los cuatro niños en tono irritado. No quieren que exista un favorito.
Sin tomar en cuenta el ambiente los niños se le pegan. Los seis salen del lugar.
―Qué hermosa escena. ―dice Colress― Cinco niños que aman a su benefactor.
Así eran las cosas, los cinco infantes y además el resto de los jóvenes que habitaban el palacio, eran niños huérfanos acogidos y protegidos por la familia del emperador como sus subordinados. Algo que Caitlin, Riley y Grimsley despreciaban, porque conocían muy bien las mañas de Nobunaga.
•
{Había un sinfín de personas, un inmenso mar de cual solo daban ganas de vomitar. Su espada goteaba.
—¿Einar, —el guardián del fuego no podía creer lo que veía― que has hecho?
—Justicia. —su tono de voz era apagado, monótono— Simple justicia.
—¡¿Cómo puedes llamar a esto justicia?!
—Liam… —se giró a verlo— Tu concepto de justicia y el mío difieren.
¿Qué diablos? ¿Acaso estaba loco? Su mirada indiferente, su total calma, e incluso la frialdad con la que limpiaba su espada… todo eso y mucho más lo confirmaban.
—Einar …, qué fue lo que te pasó.
*Suspiro*
—Hay muchas cosas que el ser humano no comprende. Si te lo explicara…¿podrías comprenderlo?
Un gesto de duda apareció en el rostro de Liam.
—Einar… ―se acercó con cautela― Tengo que llevarte ante Arceus.
Rió como loco.
―El juicio divino, la sentencia de Arceus. ―se llevó una mano a la cara― Estupidez humana.
En un veloz movimiento se encontraban cara a cara.
―Lo siento Liam, pero estorbas.
El guardián del fuego se desvaneció…}
Abrió con cuidado su ojo violeta, ese sueño se repetía más seguido. Llevo sus mano hacia su cara para tallarla y despertar por completo. Pero antes quería contemplar el techo de su cuarto. Extrañas figura onduladas danzaban, viro su cabeza hacia la derecha para ver el vaso con agua que estaba en su cómoda. Dio un fuerte suspiro, a lo mejor dormir un poco más no le haría daño. Siempre y cuando no volviera a tener ese sueño.
―¿Quién es Liam? ―preguntó una tierna voz.
Sobresaltado se giró. Su ojo turquesa se abrió de la impresión, sin importarle el estado de su otro ojo sintió el impulso de abrirlo también, pero la luz era cegadora.
―¿Quién es Liam? ―volvió a preguntar la tierna voz que correspondía a Gracia.
En la entrada de su recamara estaban los cinco infantes junto a un ser indeseable. Sin mucho ánimo se levanto de la cama y se puso su bata.
―No lo sé. ―le contesta suavemente― ¿Quién es?
―Lo repetías entre sueños. ―le dijo Hanbei.
Rodó su ojo violeta y luego les enseñó su lengua.
―No tengo ni la menor idea. Pude que hayan sido balbuceos sin sentido.
Los niños hicieron un puchero.
―Vamos niños. ―Nobunaga les da palmaditas en la espalda― Déjenos solos, tenemos que hablar.
―¡Ah, ¿por qué?! ―los cinco se quejan.
―Pueden hablar frente a nosotros. ―dice Iris― No hay nada que no sepamos.
Nobunaga los voltea a ver, los niños de ahora o son más despiertos o de plano son unos descarados. Quizás ambos. No decide perder más tiempo y se agacha al nivel de ellos.
―Me entere de que Colress esconde dulces en su bata. Qué tal si se los quitan.
Los niños pelan los ojos y abren sus quijadas. Como rayos salen de la recamara.
―No importa cuántos años tengan, los niños siempre querrá dulces.
Se le queda viendo, las palabras de Nobunaga puedes sonar dulces pero en realidad son falsas, sus ojos son tan cristalinos y carentes de calor al igual que su rostro sin emoción.
―Si esos niños supieran cómo eres me pregunto si te seguirían.
―Hasta la misma muerta. ―le sonríe― Pero regresando al tema principal ¿quién es Liam?
―¿Acaso no escuchaste? Dije claramente que no lo sé.
―Aja. Y me vas a decir que no tiene nada que ver con tu pasado.
No puede esconderlo frunce el ceño.
―Entonces di en el clavo.
―Qué piensas hacer. ―se cruza de brazos― No me digas que lo vas a traer hacia nuestro lado con viles engaños. Entre nosotros existe una tención y un rencor que no puedo ser olvidado ni por la misma muerte.
Nobunaga se sienta al borde de la cama y cruza sus piernas.
―Puede que tengas razón. Un líder que traicionó a los suyos, ¿o fueron ellos los que no comprendieron tu concepto? En todo caso, lo hecho, hecho está. Así que tendremos que recurrir a mis viles engaños como tú los llamas. Aunque yo prefiero llamarle la verdad.
Ladea la cabeza.
―¿Recurrir? Creo que te equivocas, el único que participara serás tú, a mi no me metas.
―No puedes salirte tan fácilmente, tus manos están tan sucias como las mías.
―Eso es porque así lo has querido.
―¡¿Crees que yo quería que tu abuela muriera y tu madre enloqueciera?!
―No te atrevas a mencionarlas. ―gruñe entre dientes.
Nobunaga respinga.
―Eres tan débil, siempre lo has sido. ¿Acaso no recuerdas nada de lo que te eh enseñado?
Se le queda viendo. Es difícil no hacerlo, cada noche cuando cierra los ojos ve esa imagen, desde las sombras se viene acercando un puño envuelto en fuego y golpea su cara.
―Un verdadero líder se caracteriza por sus acciones, más cuando éstas son de índole humanitaria. Pero la grandeza no reincide ahí, reincide en saber usar tus cartas. Si lo que quieres es mantener el poder, debes de conservar las cosas tal y como están; los miembros del consejo anterior desaparecieron y como tal sus descendientes o antecesores fueron los que tomaron el cargo y ahora son parte de tu actual consejo. Ellos son miembros sobresalientes de la misma clase social y son reconocidos ante otros, su influencia se extiende más allá de lo que te puedas imaginar. ―junta sus manos haciendo un pequeño ovillo― Y esa pequeña parte de administración contribuirá a tu grandeza.
―¿Ahora me das clases de política?
―Búrlate, pero sabes que es verdad. Sin ellos tú estarías perdido. ―Lo señala varias veces con el dedo golpeando su pecho― Tú eres solo una fachada, una marioneta. El verdadero Maximum Imperatorem soy yo, no lo olvides.
Con esas duras palabras Nobunaga se va.
•
Es hora de dar comienza con la reunión a la que fueron convocados. Los largos y amplios pasillos del palacio ahora lucen vacios. Sabe que el último en llegar. Sin importarle camina con dignidad hacia la sala.
Reúne fuerzas y abre la puerta. Su único ojo violeta se pasea entre todos los presentes, igual que como en todas las reuniones del consejo sabe que ha entrado en la boca del león.
―Toma asiento. ―le indica Nobunaga.
La emblemática silla aterciopelada es ocupada por él. Y junto a él están sentados todos los cabecillas de familias aliadas, que curiosamente algunos de ellos forman parte del consejo que lo rechaza fríamente. Da un resoplido cuando ve una silla solitaria junto a él, sabe para quién está reservada.
―¿No vendrá tu segundo al mando? ―levanta su ceja derecha y adopta su postura soberbia― Prefiero llamarle así ya que es el único que no debe de ser llamado lacayo.
Nobunaga se suelta a reír, sabe que aquellas palabras van dirigidas para Lysandre y los demás que se han sentado junto él.
―Él está bien en donde está. Vigilando a mis preciado angelitos en la Academia Reinford.
―O puede que le guste llegar hasta el último momento. ―dijo una voz interrumpiendo.
Los presentes voltean a ver hacia la entrada del salón, ahí se encuentra Giovanni. Algunos lo miran con desprecio, otros con indiferencia, y otros simplemente le miran y ya.
Él también pasea la mirada en la sala. La rectangular mesa curiosamente está dividida. Por un extremo está Nobunaga juntos a los líderes de familia y por el otro extremo se encuentran los jóvenes residentes del palacio junto a Grimsley, Riley y Caitlin. Y en el centro de la masa que luce vacío está sentada de manera solitaria la matriarca Berlitz. Caminando en completo silencio toma asiento. Todos los presentes se sorprenden.
―Qué curioso, nadie se sienta a mi lado. ―dice la Matriarca Berlitz.
―Usted es una persona de carácter fuerte con la que nadie quiere discutir. Por eso me siento aquí para no escuchar insensateces.
El joven emperador se suelta a reír, la anciana también.
―Concuerdo con usted, director Giovanni. ―el joven emperador camina hacia el otro extremo de la mesa― desde este lugar difícilmente podremos escucharlas.
Puede que Nobunaga tenga de su lado al mando más fuerte de su estado, pero él tiene a sus jóvenes protegidos.
―La silla del emperador es solo una silla, da igual quién se siente en ella. Lo importante es a quién reconoce el mundo entero como su emperador. Y ese título lo cargo yo.
Así comenzó la reunión de las familias aliadas y protegidas, a puerta cerrada.
Por la tarde…
Todos los presentes salieron del salón, la reunión había terminado. Aunque fuera inmenso el lugar y su acústica distribuía cualquier sonido en su interior era sorprendente como se podía escuchar el bullicio de afuera. Todos los participantes se estaban comenzando a reunir y los medios de comunicación preparaban los últimos detalles en señal e iluminación.
―El espectáculo está a punto de comenzar. ―dijo Nobunaga.
Desde las ventanas las familias aliadas y subordinadas los observaban.
―Recuerda el trato. ―Nobunaga le dio unas palmadas en el hombro al joven emperador― Todo depende de que no falles.
Aquellas palabras hicieron eco en su ser.
―Vámonos. ―Sin mirar atrás el joven emperador se retira.
Los niños, con lo inocentes que son, se despidieron de su amado abuelo, los más jóvenes ni adiós le dijeron. Detrás de todos ellos iban los tres guardianes: Caitlin, Riley y Grimsley.
Cada uno de ellos regresó a sus aposentos para prepararse para la ceremonia.
Perfección, sumisión y siempre estar callado, eran los puntos más importantes que su abuelo le recordaba, y eso era lo que lo definía. En algún punto de lo más profundo de su ser se encontraba aquel demonio enjaulado, el que su abuelo tanto amaba y él despreciaba. Pero por alguna extraña acción, quizás un capricho, decidió sacarlo a flote esa misma tarde.
―Joven amo, ¿va a usar sus prendas habituales o utilizara unas diferentes? ―le pregunta una criada.
―Las habituales. ―dice con tranquilidad mientras se contempla frente al espejo.
Como en toda realeza es peinado, vestido y maquillado por sus criados. Una de las criadas llega con una pequeña caja.
―No lo usare. ―le detiene la mano antes de que la abra.
―Pero si no usa este parche especial su ojo se dañara más.
―Dije que vestiría mis prendas habituales, y eso incluye que hoy usare mis lentes de contacto.
Las criadas se sorprenden.
―Solo los usa cuando va a la academia. ―le dice otra.
―Lo sé, pero si uso ese parche mostrare debilidad con un solo ojo. En cambio, los lentes de contacto me permiten mantener mi ojo izquierdo abierto.
La criada se va y regresa con un estuche. Antes de abrirlo otra criada baja el nivel de iluminación del cuarto, otra cierra las cortinas. Cuando el nivel de luz desciende el emperador abre su ojo izquierdo.
Ha pasado mucho tiempo de esa marca que le dejó su abuelo en uno de sus arranques de ira, y también es un recordatorio de la muerte de su abuela y la locura de su madre. Con tristeza pasa sus dedos por el borde del ojo, que ahora ha perdido su color violeta y luce de color blanco, su vista ha disminuido en un 80% con daño parcial.
―¿Joven amo?
―Perdón. ―regresa a la realidad.
Abre el estuche que le han traído, ahí están los pupilentes médicos y aparte estéticos; uno con un aumento increíble y bien disimulado que le permite mantener su ojo izquierdo todo el tiempo abierto sin que le afecte la luz, en cambio el otro solo es estético debido a que no tiene nada de aumento pero cubre su ojo violeta de otra tonalidad. Ahora sí sus ojos tienen el mismo color.
El arreglo continua. De su guardarropa han sacado su traje fino de seda. Lo mira con melancolía. Todas le ayudan a ponérselo, hay que tener cuidado con los pequeños bordados y sus accesorios. Sus zapatos son los últimos. Nuevamente peinan su cabello.
―Listo. ―le sonríen las criadas, se despiden con un saludo.
Respira profundo y abre la puerta de su cuarto. Los gritos de la multitud son más fuertes.
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―Bam, bam, bam, bam, bam… ―Gold da pequeñas palmadas al aire― El redoble de tambor se hace cada vez más fuerte. Los corazones palpitan al son de él. Y las miradas expectantes hacia el balcón.
―Yo sigo pensando que esto es un error. ―dice Blue.
―¿Qué podemos hacer? Son los deseos de Ruby. Nosotros no somos más que maletas de equipaje para él. ―dice un hilarante Red.
Ruby está perdido con la mirada en la nada, ni siquiera presta atención a los demás. Sigue dándole vueltas al asunto Birch.
―Ruby, ―Blue le habla en voz baja y agita su brazo levemente.
El chico reacciona voleando a verla.
―Mira para allá. ―señala la joven.
El chico gira hacia la dirección señalada. El resto también.
―¿Ellos aquí? ―dice Gold.
―Esto sí que será interesante. ―susurra Red.
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―Tranquila Sapphire. ―Yellow trata de traer calma, algo interesante ya que ella está igual.
―No puedo, ―dice Sapphire frotando sus manos del nerviosismo― Y si nos los encontramos aquí.
―¿Ya quieres echarte para atrás? ―le pregunta Black.
―¡Eso jamás! ―grita con demasía.
―Comprendo, comprendo. ―trata de alejarla, la joven le ha gritado cerca del oído.
―Según Steven, dijo que nos veríamos aquí. ―Sapphire mira a todos lados― No me siento muy cómoda ¿Alguien lo ha visto?
Los otros se encogen de hombros.
―Es muy difícil con tanta gente. ―Pearl se cruza de brazos y mira a su alrededor― Por qué no le llamas será más fácil que buscar a cie-gas…
Su voz y sus brazos han perdido fuerza.
―¿Qué pasa Pe-arl…? ―Black queda conmocionado.
―Hey, no le digas nada de esto a Sapphire. ―Black jala a Pearl y le habla entre susurros.
―¿Estás loco? Solo alguien que no aprecie su vida se lo diría.
―Tienes razón. ―Black se incorpora― Por ahora hay que alejarnos, parece que ellos no nos han visto.
Sin llamar la atención de las chicas, Black y Pearl las conducen hacia otra dirección. Pero todos los presentes se acercan y dirigen su mirada hacia el balcón. Entre empujones son arrastrados hacia donde se mueve la masa.
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En total silencio llega a la sala donde se ubica el balcón. Algunos de los chicos lo están esperando. Iris es la primera y única en reclamarle por qué demoró tanto. El emperador usa su dedo medio siendo contenido por otro y le da un golpe en la frente.
―Eso era incensario. ―le reclama Iris con algunas lágrimas en sus ojos.
―Eso es para que aprendas a respetar. ―no se puede contener de la risa.
―Ya estamos listos ―le dice Yukimura acercándose.
El cuarto donde se dará inicio a la ceremonia no es cualquier cuarto, es uno con demasiada historia. El domo que tiene en el centro está un lienzo representando una historia que él muy bien conoce.
«Solo los emperadores tienen acceso a esta información que la Orden guarda con celo.»
Aquellos que no sabían nada veían la pintura como algo "fantasioso". En el centro del todo existía un poder abrumador capaz de destruir y crear lo que se quisiera. Alrededor de él extrañas figuras con forma jeroglífica brindaban parte de su energía. Y más lejos del círculo se apreciaba lo que parecían ser las sombras de unos humanos. Por eso muchos lo veían de esa forma; extrañas criaturas que una vez compartieron la tierra con los humanos.
Aparte de eso, el cuarto también estaba decorado en las paredes con los retratos de los anteriores emperadores. Cada uno de los cuadros eran pintados ya sea oscuros o claros, al igual que las poses con las que fueron inmortalizados, seguramente los artista que los pintaron querían dar a conocer como fue cada uno de ellos en su reinado. Si fueron benévolos eran pintados sonriendo, de tan solo verlo sentías como su compasión quedaba grabada en el fresco; En cambio los que fueron implacables eran pintados serios, casi rugiendo, con tan solo ver su cuadro sentías miedo.
Una mescolanza de emociones le invadió, ¿cómo sería recordado? ¿Humanitario o tirano? ¿Alguien que trajo paz o una guerra? No lo sabía, pero el solo pensarlo le picaba su curiosidad. ¿Acaso estaba destinado a repetir los pasos de su abuelo?
«Seguramente sí. Está en mi sangre.» Asqueado de su propio destino, observa el cuadro de su abuelo. Luciendo en todo su esplendor su carácter implacable.
―En mi opinión ese retrato es muy pobre. ―le susurra una voz.
Da una risita disimulada.
―¿Entonces quieres decir que al artista le falto retratar su verdadero ser?
―Exacto. ―sonrió Grimsley
―No lo creo. ―contesta con voz seca― Nadie en este mundo puede plasmar su verdadero ser, porque si alguien lo hiciera estoy seguro de que caería en la locura.
Se da la media vuelta y continua su camino dejando a Grimsley riendo a sus anchas. Solo faltan tres minutos antes de que el presentador termine su discurso, frente a él está un chico de cabello castaño y ojos verdes.
―Me entere de lo que hiciste. ¿Te encuentras bien?
―¿Ahora te preocupas por mí?
―Aunque no lo creas sí. Lo que hiciste no es algo que se pueda olvidar fácilmente.
―¿Me lo dices por experiencia propia?
El emperador frunce el ceño, pero no puede negar eso.
―Me persigue todas las noches. Así que quiero saber si estas durmiendo bien.
―Igual que todas mis noche, solo cierro los ojos y ya. ―y el chico se va.
«Poco a poco los estas moldeando tal y como querías. Me pregunto cuál será tu siguiente jugada.»
*Aplausos* *gritos*
―El presentador ya termino. ―dice Caitlin― Todos estén listos para salir al balcón.
•
―¡Es una multitud impresionante! ―grita Pearl entre los empujones de los espectadores.
―Yo creí que esto era una competencia no una fiesta. ―se oye el grito de alguien.
Entre empujones los jóvenes voltean a ver a su alrededor para ver si pueden salir de ahí. Grande fue la sorpresa de los chicos. Los chicos Rowan y los Birch se han encontrado cara a cara.
―¡Tú aquí! ―grita Sapphire.
―¿Y qué esperabas?, todas las familias nobles fueron convocadas. ―Ruby le reafirma lo obvio.
Sapphire gruñe.
―Me voy de aquí.
[―Y ahora con ustedes, ―habla el presentador desde un micrófono― el Maximum Imperatorem y sus doce guardianes.]
•
―¿Todos listos? ―pregunta Riley.
Los jóvenes asienten.
―Muy bien es hora de salir. ―les da una palmada para confortar a cada uno.
El último en dirigirse al balcón es el emperador.
―¿Tienes miedo? ―le pregunta Caitlin.
―Algo…
―Descuida, ―lo abrasa― sin importar qué nosotros tres siempre estaremos junto a ti.
Riley y Grimsley asienten.
En cierta forma su temor ha disminuido, ya es hora de que saque su demonio personal.
«Recuerda quien eres, eres Einar, el líder de los guardianes; y también el actual emperador. Y recuerda quienes son ellos, ellos son personas que buscan bajarte del poder. Así que no se lo vas a permitir ¿verdad? Recuerda lo que está en juego, solo hay que ganar.»
Paso a pasito, como si flotara, caminó en dirección al balcón. Su hermoso cabello negro y largo, adornado por listones, ondeaba a cada paso que daba al igual que sus largas mangas de su vestimenta rosada. Sus grandes y grises ojos relucieron a la luz del sol y mostraron su determinación.
―Despreciables. ―susurró al mismo tiempo que veía a toda la multitud desde el balcón. Su demonio personal había tomado el control.
•
―No puede ser… ―dijo un sorprendido Gold― Valeria es el Maximum Imperatorem.
―Esto tiene que ser un sueño. ―dijo Ruby.
Blue y Red estaban igual de sorprendidos.
―¿Por qué? ―dijo Sapphire tocándose el pecho, el dolor era inmenso― No puede ser, no puede ser, díganme que esto es mentira. ―empezaba a perder el control― ¡¿Por qué están ahí, Green y Steven?!
Black, Pearl y Yellow estaban igual. ¿Por qué el chico Stone no les dijo la verdad?
Y ahí estaban: Valeria era el Maximum Imperatorem; sus guardianes eran: Green, Steven, Misty, White, Bruno, Iris, Mitsunari, Yukimura, Gracia, Kiyomasa, Hanbei, Masamune.
[―Los doce guardianes también entraran al torneo. ―dijo el presentador― Cuatro de ellos serán escogidos al azar y competirán desde abajo con las familias para tratar de detenerlas.]
Así, entre confusiones, dio el inicio el torneo Rey de Reyes.
Continuará…
פפפפפפפפפפ
Capítulo 15
El soldado Caído
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Gracias por esperar este segundo especial pero ahora de cuatro capítulos. Un saludo a todos y esperen el próximo (el cual solo será un capítulo).
