Nota Inicial: Capítulo dedicado a Sey porque siempre está leyendo todo lo que le doy, a pesar de que al final termine cambiando todo, por esperarme pacientemente y ser la única persona que tolera mis informalidades y también por ser mí mejor amiga y conocerme tan bien como yo a ti.


Capítulo XIV.- Paraíso perdido

Una belleza relativamente tímida, bastante sumisa y muy incitadora para hombres de la talla de Hao, predijo la rubia. Sin embargo, cuando el castaño la abrazó con familiaridad, hubo una extraña sensación en su pecho de vacío. Anteriormente la habían nombrado, pero no salía de la simple mención. Era su prima, su apellido lo delataba, entonces… ¿por qué se sentía celosa?

-Hao, hace tantos años que no te veía, luces encantador.- Escuchó el dulce tono de la mujer que le besaba en la mejilla sin ningún problema.

-Sí, lo sé. Recién pude conocer a Silver, y debo decir que es mucho más viejo de lo que recordaba a los cinco años.-Contestó sin ninguna emoción desbordante, pero aún así, su reacción era cálida.- Te he extrañado, pero ya sabrás que Yoh es quien muere por verte.

La sola mención de su esposo en la conversación le generaba un severo dolor de estómago. Más cuando miró la sonrisa tan radiante de la joven mujer. Tal vez adoraba a Hao, pero se notaba a leguas que Yoh era el preferido de su afecto.

-¿En serio?- Preguntó ilusionada.- Oh, Hao, no sabes lo mucho que lo he extrañado. Me arrepiento por haberme ido a vivir con mi padre, él necesitaba compañía, pero yo era inmensamente feliz en Izumo.

Un bello cuadro familiar, demasiado pulcro, hasta que Richard Evans comenzó a estudiarla a detalle. Por eso odiaba los críticos, más a éste que parecía elevarse y vanagloriarse con tonterías. Aunque agradecía profundamente la aparición de Tamao o se hubiese visto comprometida en cada uno de los aspectos que se referían a su relación con Hao.

-Y yo hubiera aceptado gustosa su oferta de matrimonio- Dijo con melancolía.- Claro, que… en aquel entonces éramos unos adolescentes, tal vez no hubiera funcionado.

Y en cierta manera sus palabras le afectaron, ahora sí que sentía que estaba en un cuadro ajeno. No podía decir que era algo que le dolía, ella era la esposa y punto, el lugar que Tamao quería ya estaba ocupado. Aprovechó la hermosa sonrisa que Hao le brindaba a la joven, para perderse entre los asistentes del evento, quienes la miraban con curiosidad. No obstante, no paró, ni se detuvo a saludar hasta llegar a la salida más próxima al pasillo y ahí marcó un número bastante común para ellos.

-Manta…-Pronunció su nombre en un susurro.- Yoh está atrapado en su suite, ve por él.


El problema era que no podía superar sus problemas financieros, y por supuesto tampoco sus asuntos legales. Pero la idea es que jamás creyó verse expuesto por su amigo Ren Tao, y todo porque Anna había sospechado acerca de las desapariciones de dinero en la cuenta del Asakura. Si no fuera propietaria de la majestuosa cuenta de Yoh en el banco todo habría salido mejor y más si Ren estaba de su parte.

-¡Cómo permitiste que Anna se llevara mis estados financieros, eso es privado!-Exclamó Horokeu enfadado.

-Yoh revocó tu permiso hace dos años, y renovó esa cuenta a su nombre, era obvio que no podía falsificar documentos de la noche a la mañana.- Explicó sereno y estresado, no sabía qué objetivo tenía Anna hasta que Yoh le anunció que esa mañana habían cambiado las cuentas legales en los bancos.

-¡¿Por qué Yoh le daría a Anna el capital de toda su vida?- Replicó asombrado de la cantidad de papeleo que subía y bajaba de las oficinas últimamente.

Era obvio que aquel par se traía un negocio sustancioso entre manos, especialmente porque había visto demasiado movimiento en la planta ejecutiva, incluso en Hao, quien se negaba a viajar continuamente por aquello de que no estaría el suficiente tiempo para deshacer la unión entre su hermano y su cuñada. A pesar de ello, él también quería saberlo, ¿qué razón tendría Yoh para darle a Anna el poder monetario de una cuenta que rebasaba los quinientos millones de dólares?

-Es su esposa.- Argumentó nada convencido Ren.- Además, tú retiraste todo tu dinero para comprar acciones, no podías esperar que Yoh te dejara abierta la cuenta toda su vida para que le robaras.

-¡No estaba robando dinero, sabes bien que iba devolverlo!- Espetó firme.- Cada centavo, iba a devolverlo…

-¿Y no era más fácil pedirle prestado?- Preguntó con evidente sarcasmo en su tono de voz.- Oh, espera, no se podía, porque te negaría el crédito y todo porque andas en negocios ilícitos.

Odiaba cuando tenía razón, pero también buenas intenciones, en verdad que sí.

-Pensé que podría ahorrar costos y podría empezar a planear una…

-¿Una nueva empresa automotriz?- Cuestionó irritado.- No bromees, mira tengo hasta la siguiente semana para que el escritorio no parezca un basurero entre las demandas que posiblemente llegarán. Estás endeudado hasta decir basta, hay negocios que te podrían sacar del apuro, pero pondrías en duda la calidad del nuevo ensamblaje de autos, y eso si Yoh aceptara tus nuevos proveedores.

Ahora no podía dejar de aplaudirle con el mismo tono de arrogancia que él usaba para dirigirle la palabra a Hao.

-Pero te felicito, Horo Horo, porque si consigues salir librado de la demanda que seguramente te impondrá Anna por robo, entonces puede que haya una posibilidad de darle sentido a tu vida. Y estoy hablando de un problema menor, porque si no consigues los 600 millones de dólares para saldar tu deuda con el banco, estarás en banca rota, sin contar que irás a la cárcel.

Su respiración se agitó y tembló de sólo pensarlo. Había fallado a la confianza de todos, inclusive de Pilika, quien trataba de ayudarlo a solventar cada uno de los pagos del banco. Sin embargo estaba a punto de irse a la cárcel y todo por haber ocultado tantas cosas. Suspiró derrotado, mientras aflojaba el nudo de la corbata.

-¿Qué opciones tengo?- Preguntó Horo Horo totalmente desvalido.- Alguna opción tiene que haber.

-Habla con Yoh, dile la verdad.- Respondió serio.- Tal vez… se apiade de ti.


Calculó la distancia de la silla a la puerta, el espacio que avanzaba y maldijo internamente que no estuviera acompañado por Amidamaru. El hombre no se hubiera prestado para el juego de Hao, de eso estaba cien por ciento seguro. Sin embargo, no podía hacer nada, más que tratar de salir de ahí. Nuevamente se movió con desesperación para liberar sus muñecas y sacar sus manos. Pero cuando lo hizo, el florero de la mesa cayó sobre él.

-¡Esto no es normal!- Exclamó Yoh molesto con su hermano.- ¡Qué enfermo está!

El dolor en la cabeza ya no lo dejaba pensar con claridad. Sentía la sangre bombear con rapidez en esa parte, como si la hinchazón le diera un plus a su mala suerte de hoy. Pero no se dio por vencido y siguió arrastrando la silla en el suelo hasta llegar a la entrada de la sala principal. Sí, en buena hora había pedido la suite maestra. Le tomaría años llegar a la puerta y cuando lo hiciera, cómo abriría.

Cerró los ojos y comenzó a imaginar un plan. ¿Anna aceptaría la compañía de Hao? ¿Hao la convencería de que era una mejor opción que él? Sí, brillante plan, de tan sólo pensar en las miles de opciones que acechaban a su esposa su mente no procesaba algo más. Si tan sólo alguien abriera la puerta.

-¡Yoh!- Escuchó la voz de Manta, cómo era lindo soñar.- ¡Yoh!

Alguien como Manta, por ejemplo.

-¡Yoh! ¡Yoh..!- Pero el problema es que cuando comenzó a creer que era cierto, sintió que en verdad estaba ahí y todo porque le había caído encima.

-Señor Manta, señor Yoh, ¿se encuentran bien?- Cuestionó preocupado el gerente.

En realidad, Manta estaba bien, con la excepción del ligero golpe en la rodilla, pero Yoh si que se encontraba mal, especialmente después de que Oyamada le sacara el aire.

-Sí, de maravilla.-Comentó sarcástico Manta.- Ayúdenos, para eso lo llamé.

Acto seguido, los dos estaban de pie y totalmente separados. Aunque Yoh aún se veía notablemente cansado por el esfuerzo físico y mental que había sufrido. Estaba agotado, pero aún así, Manta se acercó a darle un nuevo traje.

-Ella te está esperando.-Pronunció con dudas, especialmente porque no lo veía en optimas condiciones.- ¿tu quieres ir? Si no, puedo suplirte, en realidad sólo me pidió que te liberara.

Yoh tomó el traje entre sus manos y suspiró, no con cansancio, sino con satisfacción. Libre o encadenado, no podría perderse un detalle de aquella premiación.

-¿Y perderme la cara de Hao?, no lo creo.

Ajustó su corbata con rapidez, mucho antes de bajar del auto y detenerse frente al recinto. Era magnánimo, tanto como el enfado que sentía hacia su hermano. Cómo podía hacerle semejante tontería. Comprendía sus celos, porque él mismo los sentía, pero no aceptaba las locuras que cometía a causa de ellos.

Caminó con rapidez por la alfombra, sólo unos cuantos reporteros estaban esperando la salida de los estrafalarios personajes, pero nunca se imaginó que le pondrían un tope al intentar entrar.

-Boleto, señor- Le pidió el joven de la entrada.

Se quedó mudo. Manta no le había dicho absolutamente nada, simplemente dio por hecho que lo dejaría pasar, mas no era el caso.

-No tengo, pero…

-No puede pasar.- Aclaró firme.- A menos que usted sea… ¿Yoh Asakura?

-Lo soy.- Declaró más tranquilo.- Mi esposa está adentro.

De ese modo lo dejó entrar sin la menor prohibición. No pudo evitar suspirar por la tensión que ya llevaba encima, y el problema en que habría metido el de seguridad por no dejarlo pasar. Pero adentro, su sorpresa creció mucho más al contemplar desde el cristal el salón de recepción. Había muchísima gente en el cóctel, más que en un evento de caridad. ¿Cómo encontraría a Anna? Y especialmente, ¿Dónde encontraría a Hao? Porque no iba a permitirle irse blanco sin haberle dado un buen puñetazo en el rostro.

-Yoh- Oyó su voz interrumpiendo sus pensamientos.

Aquel pasillo se encontraba semivacío, sin nadie alrededor, salvo un par de parejas que buscaban un poco de privacidad y silencio del resto. Fue entonces que su mirada la buscó y la encontró. No podía negarlo, se veía tan distinta y a la vez muy sensual. Se apresuró y corrió hacia ella. No contuvo sus ganas de abrazarla, no después de una semana de no verla y mucho menos después de sentirse atrapado en una situación como la de Hao.

Sus brazos la envolvieron con fuerza y alegría, tanto que inclusive la levantó unos centímetros del suelo cuando sus cuerpos hicieron contacto. Estaba visiblemente emocionado, al grado de olvidar que no estaban solos y que había unas cuantas personas mirándolos de forma cándida y tierna.

-Lo siento, te he extrañado mucho.- Se disculpó con sinceridad.- Y temía no poder acompañarte esta noche.

Anna sonrió con levedad y lo alejó de ella suavidad. Tenerlo a su lado la hacía sentir más segura de sus propios pensamientos, y de sus propias acciones. Sin embargo, le sorprendía el hecho de que la hubiera reconocido a primera instancia.

-Te ves preciosa, tanto que… casi no puedo describir lo bien que te ves.- Escuchó las palabras de su esposo decirlas con emoción.- Me encanta.

Y entonces se separó de él para admirar el brillo en sus ojos. Yoh tenía una radiación cegadora cuando se trataba de halagarla, pero sobretodo, tenía ese tinte protector en todos lados. No sabía porque se había maravillado con la mirada tan profunda del castaño, que por un momento dudó de que fuera simplemente cariño lo que sentía por ella.

-¿Es porque te hace creer que soy otra persona o…

Pero la había callado cuando posó sobre sus labios un dedo. La miraba con complicidad, como si en cualquier momento la tomara en sus brazos y se atreviera a besarla.

-Yo no veo a una pelirroja, ni a una rubia hermosa cada que te miro.-Le habló con dulzura, como si el enojo que tenía con Hao hubiera desaparecido por completo.- Lo único que veo es la gran mujer que eres y eso te hace reconocible en cualquier parte.

Estaba sensible, demasiado para su gusto. Más cuando Yoh la miró en esa forma tan suave y llena de ilusión. Jamás la habían conmovido las palabras, pero su pecho no podía sacar todo el aire que se almacenaba como una bomba en su interior.

-¿Lo viste, no es cierto?- Le preguntó Yoh aprehensivo.

-Sí, pero no pasó nada, él no me reconoció.- Dijo relajada y mucho más repuesta.- Me veré muy tonta, ¿no es así?

-Nunca, cielo.- Contestó comprensivo.- Pero puedo entender tu desilusión.


Bebió por décima vez de una nueva copa que se encargaban de llenar los meseros cada diez o quince minutos. Aunque no negaba en lo absoluto que la compañía de la alegre y jovial Tamao regocijaba y aligeraba el ambiente en el que estaban, sobretodo porque parecía haber mucha tensión entre todos los diseñadores. Cuánto había extrañado la presencia de esa chiquilla de jóvenes, especialmente su hermano… con Tamao cerca, Marion era innecesaria.

-¿Qué piensas, Hao? Has estado un poco callado.- Cuestionó Tamao entretenida.- ¿Alguna fechoría, quizás?

-Todas las que quieras, linda.- Respondió con gallardía el hombre.- Sólo que recordaba tus buenos tiempos con Yoh. Eran una pareja magnifica.

-Sí, tanto como lo eras tú con Anna.- Se burló sin remedió Evans.

A él sí no lo toleraba, le irritaba su presencia y más con el magnánimo poder que decía tener.

-¿Anna? ¿Quién Anna?- Preguntó con curiosidad Tamao.

-Mi novia.- Contestó Hao sin el menor rodeo.- Y próximamente mi esposa, claro… después de resolver algunos asuntos.

-¿Algunos asuntos?- Pronunció con sarcasmo el rubio.- Sólo matando a tu hermano, porque ni de broma soltara a la preciosa pelirroja.

-¿Pelirroja?- Cuestionó Tamao intrigada por la charla.- ¿A qué se refiere con que Yoh está involucrado?

Pero Hao ya no escuchaba más las preguntas y cuestiones que preocupaban a Tamao, sino que su mente estaba en una dirección ausente. Pelirroja… aquella con la que estaba y a quien había rechazado sin siquiera pedirle un nombre, justo como ella, justo como…

-Anna… - Pronunció enojado.- Era… ella.

-Señores, los llevaré a su mesa.- Escuchó al mesero dirigirse a ellos con bastante propiedad.

Sólo que a él le faltaba serenidad. Estaba furioso, había tenido la oportunidad de oro en su mano, y la había dejado escapar. Tomó de un solo sorbo el resto de su bebida e intento tranquilizarse, ya que Anna tenía detalles de donde estaba Yoh y también de que él era el culpable de su ausencia.

-Señor, su boleto.- Pidió amablemente el mesero.

Hao lo miró molesto en tanto buscaba sin preocupación el boleto dorado, pero cuál sería su sorpresa al no encontrar absolutamente nada en su bolsillo. El hombre le observó intrigado por su semblante pálido y por la tardanza que ya tenía.

-¿Qué ocurre, señor? ¿No me diga que entró sin un pase dorado?

No, él había enseñado el pase en la entrada. Lo tenía en el pantalón de eso estaba seguro, entonces…

-¿Qué tanto haces?.- Preguntó con curiosidad al notar como las manos de Anna se perdían en su saco.

Aunque era una imagen pasada de cuando ella vivió con él, podía evocar a la perfección todos los momentos que quería, especialmente cuando ella se jactaba de cierta habilidad.

-Estoy buscando tu billetera.-Le explicó Anna con bastante sensualidad en su tono de voz.- ¿Acaso no sientes mis manos?

-En lo absoluto…- Murmuró agradado de la sensación de toque tan sutil y casi invisible.- Debería ponerlo en otra parte más sensible.

-Pervertido…

Aquella vez le causaba risa y le daban unas ganas tremendas de tenerla en su cama, pero ahora, lo había dejado parado como un tonto sin arma para entrar al lugar del evento.

-Tendrá que quedarse aquí.- Dijo confiado el mesero.- Buenas noches, señor.


Yoh no podía parar de reír, pero eso no se veía nada elegante en una cena de gala como en la que se encontraba. Y sin duda, desearía haber visto la cara de su hermano al ser rechazado tajantemente en la entrada del recinto, especialmente porque para entrar eran demasiado meticulosos.

-Si no parás de sonreír, los demás pensarán que traes algo entre manos.- Advirtió Anna molesta.

-Lo único que tengo en mi mano es la tuya, y créeme… no me gustaría perderla de vista.- Le aseguró con empatía el castaño.- Tranquila, él no entrará y no hará ningún escándalo.

-No me confiaría tanto.- Pronunció más tranquila y resignada.- Debe pensar que sólo estaba jugando con él o tal vez pensará que soy una mujerzuela, no lo sé.

Sólo así disminuyó su sonrisa. Lo cierto es que Anna, aunque lo negase, aún sentía algo por Hao y de una u otra forma, no quería que ese amor se transformara en odio.

-Aunque lo creyera, él jamás podría odiarte.- Habló con firmeza, sorprendiendo totalmente a Anna por semejante confesión.- Aún siente algo muy fuerte por ti.

-Pues desearía que ya no lo sintiera.-Espetó con rudeza mientras bebía de su copa.

-¿Lo dices por él o lo dices por ti?- Preguntó sereno y relajado.- Si lo dices por él, sólo podría olvidarte encontrando a una mujer… mejor.

Anna contempló aquel semblante tenue, que se iluminaba de vez en cuando con las luces blancas. Y por mucho que se negara a enfrentarlo, Yoh tenía razón, sólo era cuestión de tiempo para que Hao aceptara su realidad y se fuera en busca de otra mujer. El problema era si podría con semejante reacción. Celos o no, él había sido el único hombre del que en verdad se enamoró, y seguía siendo el único en su lista.

-Eso sería lo ideal.- Comentó Anna totalmente evocada a sus pensamientos.- Porque yo ya lo superé.

Asakura acercó su mano a su rostro y besó con suavidad el dorso de aquella suave piel. No importaba cuantas veces repetía un acto similar, en cada ocasión, la experiencia no dejaba de maravillarlo.

-Aún lo dudo un poco, pero no discutamos ese tema.- Pronunció con firmeza Yoh.- Disfrutemos la cena y olvidémonos de todo lo demás, claro… mientras pasemos desapercibidos.

Anna esbozó una tenue y sincera sonrisa.

-Eso es imposible.- Refutó de inmediato Kyouyama, ya que estaban en constante escaneo por las cámaras.

-¿Eso es una cámara del circuito cerrado?- Preguntó entretenido, de que aquella cámara los siguiera constantemente.

-Me parece…- Respondió Anna restándole importancia al asunto, pero no cayó en cuenta del por qué lo decía, hasta que sintió los labios de Yoh aprisionar los suyos rápidamente.

Fue un beso tan encantador, que la cámara no dudó en capturar una muestra de afecto como esa, muy limitadas en eventos públicos. Sin embargo, ambos se veían tan tiernos juntos, que fue imposible no dejarse llevar por la suavidad y la imagen tan hermosa que creaban.

-Espero que lo haya visto.- Susurró Yoh tan cerca de ella, que era imposible no caer ante el encanto del menor de los Asakura.

Sin embargo, no pudo disfrutar ni un minuto más del momento, ya que una voz resonó con fuerza e irrumpió en la escena de tal forma que Yoh se apartó con rapidez para verla de frente.

-¡¿Yoh?- Exclamó la voz de Tamao visiblemente emocionada.- ¡Qué agradable sorpresa encontrarte aquí!

Y no tardó más de dos segundos en pararse cuando ella ya lo abrazaba con euforia y alegría. Era obvio que la relación entre ellos era mucho más estrecha de lo que la unía con Hao.

-¡Qué alegría verte, pensé que jamás te volvería a ver!- Respondió Yoh en el mismo tono.

Con semejante pareja detrás de ella, quien no podía sentirse fuera de lugar, especialmente porque ya había oído algo de la conversación entre ella y Hao.

-Yo también, y pensé mucho en ti todos estos años… discúlpame, no debí irme. Fue un error, uno muy duro.- Contestó con algunas lágrimas en los ojos, pero eso no le impidió besarlo en la mejilla.- Te extrañe como no tienes idea.

-Yo igual… - Respondió Yoh, hasta que consiguió separarla y miró fijamente a Anna.

Ella ni siquiera los seguía con la mirada, estaba sentada en la mesa como si ellos dos fueran completos extraños. Lo cierto es que Yoh no sabía que ya la conocía, al menos de vista, por lo que podía deducir que sentía cierto nerviosismo al notar lo cariñosa que se portaba Tamao con él.

-Tamao, hay alguien a quien quiero presentarte.- Anunció el castaño tendiéndole la mano a su esposa.

Fue bastante elegante cuando se levantó, tanto que a Tamao le sorprendió la delicadeza con que la trataba el Asakura. Tenía que admitirlo, era una mujer sumamente hermosa y con un porte de altura.

-Ella es Anna Kyouyama. Anna, ella es Tamao Asakura, la hija de Silver.- Las presentó con verdadera emoción.

Sin embargo, al escuchar su nombre, supo del por qué la trataba de esa forma, ella era la novia de Hao. Así que le ofreció su mejor sonrisa e incluso se tomó la libertad de estrechar su mano con verdadera convicción.

-Hao me ha contado tanto de ti, eres la mujer de su vida.- La halagó con dulzura, pero para Yoh no era un comentario nada enternecedor.- En serio, sé que Hao es un mujeriego de primera, pero Anna parece que lo ha flechado y tú, Yoh eres muy lindo por acompañarla. ¿Sabes?, tu hermano no puede encontrar su boleto, deberías salir y ayudarle.

Era un trago muy amargo, especialmente porque era ella quien lo decía y lo afirmaba. Pero Yoh miró con determinación su posición y no iba a salir para ayudarle, no después del desesperante momento en su suite.

-Tamao, Hao está afuera porque no es invitado, usurpó mi lugar.- Declaró sin miedo, en tanto que su mano se posaba en la cintura de Anna.- Anna no tiene un lazo íntimo con Hao, ni tampoco es la mujer que le ha hecho sentar cabeza.

La rubia observó la expectativa de Tamao con sus palabras y se notaba la confusión y la angustia de que comprobara que había algo más que una simple cita entre ellos.

-¿Por qué no le dices directamente la verdad? – Le cuestionó Anna.

Yoh sonrió, pero cuando Tamao lo vio a él, sintió una verdadera nostalgia.

-En realidad, Anna es mi esposa. Nos casamos hace unos meses.- Corroboró el castaño, mientras su acompañante percibía la mirada de Tamao en la argolla que llevaba esta noche.

-Felicidades…- Logró decir, pero era obvio que los buenos deseos no fluían con tanta libertad.


Por suerte no tuvo que lidiar con la incomodidad que tenía Tamao al verlo casado, ni con la insensibilidad de Anna ante tal imagen. Respiró hondo cuando su amiga se despidió de él y lo dejó con un sentimiento extraño, era muy cierto que Tamao había significado mucho para él, tanto que pensó en casarse con ella, sin embargo, hoy todo era distinto.

-¿Por qué se separaron?- Le preguntó Anna con curiosidad.- Se ve que ella te ama aún.

-No es una pregunta que esperaba.- Contestó más calmado.- Pensé que me preguntarías algo así como ¿por qué tu prima quiere tener algo contigo?

Y vio el gesto de extrañeza en su rostro. Era obvio que Tamao sentía cosas maravillosas por él aún, pero Yoh había olvidado el sentimiento de amor cuando se enamoró de Marion y ahora más que vivía con Anna.

-Es lógico, debe ser adoptada o una cosa similar. Además, me extraña que tu madre no haya insistido en la unión de ustedes, eso sí es algo digno de preguntar.- Resolvió Anna con ligereza.- No pensarás que me interesa, sólo es por entablar conversación porque me viene importando muy poco si piensas retomar el romance.

Claro, y su rostro lo decía todo. Anna miraba de forma discriminatoria la joya que portaba su dedo y tenía segura su posición mientras lo portara, pensaba, o al menos en apariencia. Yoh, por su parte, analizaba un poco el papel de la rubia y le causaba gracia el inusual toque de celos.

-Sí, creo que puedo animarme e ir por ella, tenemos todas las cámaras, fotógrafos, sí, es buena idea.- Bromeó Yoh alegre.- Anna, eres mi esposa, si tú no quieres serlo cómo esperas que yo te presenté como una más de mi familia.

-Es un empleo temporal, recuérdalo Yoh.- Respondió mientras miraba como el maestro de ceremonias comenzaba la premiación.- Tú y yo somos sólo amigos.

-¿Amigos con derechos?- Le cuestionó intrigado por la forma tan ligera en que lo tomaba.- ¿Es el mismo trato que tienes con Ren?

-Es diferente.- Afirmó Anna mirándolo con fijeza.- Tú eres diferente.

Cualquiera pensaría que ambos tenían mucho amor, demasiado, pero que no se mostraban a menudo. Aquellos ojos reflejaban un destello inusual, como si por un momento lo estaría considerando para algo más que sólo una amistad, lo malo era que no quería reconocerlo hasta que ella se lo dijera claro.

-A veces puedes hacer sentir especial a un hombre con esa mirada, deberías dejar de hacerlo, si no quieres tener más admiradores.- Le dijo con sutileza, mientras tomaba su mano.

-Gracias por el consejo, pero no necesito de más hombres, me tendría que bastar contigo.- Comentó agradada de la sensación de calor que el cuerpo de Yoh le brindaba con su cercanía.- Debería ser suficiente.

-Es suficiente…


El dirigente anunció la pasarela con gran deleite. Pocas veces había visto la colección de Anna de manera impresionante y en la que ella estuviera sentada sin preocupaciones extras. Todo estaba coordinado hasta el más mínimo detalle.

-¿Todas las mujeres tienen tu visión?- Preguntó Yoh tomándole la mano con bastante confianza.

-No todas…- Contestó Anna mirando fijamente a la distancia a Tamao.- ¿Cuántas relaciones has tenido antes que yo?

Yoh arqueó una ceja en señal de extrañeza. ¿A qué venía aquella pregunta?

-¿Es curiosidad o es que quieres estar segura de que no arruinaré tu imagen?-Cuestionó Yoh en voz sumamente baja.

-Podrías limitarte a contestar- Resolvió Anna, mientras él se atrevía a pasar su brazo por aquellos hombros desnudos.

Claro, eso era sencillo, pero en realidad no quería hacerlo. No tenía gran historial y todo cuanto tenía se limitaba a dos mujeres: Marion y Tamao. Fuera de ese pequeño círculo, no tenía nada. Ella le miró en espera de su respuesta y pensaba darla, pero el invitado especial acababa de nombrarla ganadora en su categoría.

Subió al estrado y saludó galantemente al hombre, quien le dedicó unas palabras bastante afectuosas para ser una mujer casada. Ella se veía muy bien, físicamente estaba impactante, diferente belleza a la de Tamao y mucho más fuerte que la de Marion, he ahí donde radicaba su encanto.

Sonó el celular, un mensaje había llegado. Anna dedicaba algunas palabras al público acompañante mientras Hao no desistía en su lucha y le había enviado una serie de mensajes cariñosos, muchos en los que se jactaba de ser uno de los pilares fundamentales en su vida, pero la mayoría eran para felicitarla y apoyarla. Sin embargo, eso no llamó su atención, sino ver el historial y comprobar que no era el único mensaje que tenía de él.

Sintió por primera vez los celos colarse en su interior. Sabía que Hao era especial para ella, que la lastimaba, pero tenía cierta nostalgia por él aún y eso no es lo que esperaba. Negara lo que negara, Hao estaba presente en ese matrimonio, al que ella definía como un trabajo más. Llegó y se sentó junto a él, mientras seguía inmóvil. Acercó su rostro al suyo y esperaba algo más que una instrucción.

-Cambia esa cara, Yoh.- Le susurró feliz.- Un beso vendría bien en este momento.

Y cómo podría cambiarla, sólo bebiendo. Al menos así conseguía liberar un poco la tensión y su mal genio por ver todas las cosas que Hao hacía para conseguir la atención de Anna. Mucho más se sintió cuando miró aquellas palabras de aliento de parte del castaño.

-Es un buen perdedor.- Se jactó Anna mientras bebía su última copa cóctel.

Ya dentro del auto, se permitió caer en una zona bastante cómoda, a pesar de que dentro de la fiesta no había tomado casi nada, pero tenía motivos para festejar y parecía querer ser más fuerte de lo que él estaba demostrando, al menos en el alcohol. Droga o no, tenía un efecto favorecedor para ambos, que se mostraban más sueltos y más agradados con la compañía del otro.

-¿Te lo he dicho antes?- Le preguntó entretenido, mientras sus manos deshacían el nudo perfecto de la corbata que llevaba en la fiesta.

¿Qué cosa?- Cuestionó desconfiaba al ver como se acercaba con premura hacia ella.

-Lo Bonita y sexy que eres…- Respondió confiado de que una copa más le ayudaría a que las palabras salieran de forma tan natural, justo como ahora.

-No, nunca.- Pronunció Anna con curiosidad al ver como Yoh levantaba la falda de su vestido para dejar ver su blanca piel.- ¿Qué intentas hacer, Asakura?

-Festejar un rato, Anna.- Le dijo antes de robarle un beso de sus labios.

Su cuerpo se juntó al de ella y pudo tomarla entre sus brazos con firmeza. El alcohol era bastante bueno porque no cohibía sus sentimientos y por el contrario, tenía muchas ganas de deshacer la frialdad entre ellos calentando un poco el ambiente. Se acercó a la rubia y deslizó su mano por el muslo blanco, sin dejar un solo centímetro de piel sin su tacto. Anna no protestó y menos lo hizo, cuando él se atrevió a desabrochar la sandalia plateada, descalzando totalmente ambos pies.

-¿Qué estás haciendo?- Le cuestionó en un tono bastante frágil, en tanto sus labios se ocupaban de su cuello con bastante pasión.

-Te estoy ayudando con la comodidad.- Respondió Yoh mientras sus labios se juntaban sin dejar espacio para respirar.- Tú… sabes, yo lo único que quiero es que estés cómoda.

-Qué considerado.- Bromeó Kyouyama atrapando con suavidad el labio inferior de su esposo.- Creo que no te gustó mi vestido.

-La verdad.- Le dijo bastante convencido, cuando de un solo movimiento consiguió sentarla entre sus piernas.- Es que cualquier cosa que te pongas no me agrada. Creo que entallas mucho la ropa y siempre consigues atraer miradas.

-Justo como ahora.- Pronunció Anna al sentir las manos de Yoh sobre sus piernas con mucha posesión.- No pensé que fueras tan posesivo y celoso.

-Yo tampoco.- Recitó él cuando desabrochó el broche que sostenía el vestido de Anna, quien sujetó de inmediato la prenda antes de caerse.

Yoh tomó la copa de donde la había dejado y bebió de golpe el contenido, derramado un par de gotas en la piel de su esposa, que sintió un escalofrío al contacto con el líquido.

-Necesitas mucho valor, ¿no es así?- Se jactó Anna en tanto se acurrucaba en su pecho, dejándole sentir su la forma de su cuerpo.- Creo que la última vez no nos fue muy bien.

-Todo va a ser distinto, especialmente porque yo lo soy.- Dijo Yoh mientras acariciaba sus brazos.- Brinda conmigo.

Y ella, extrañamente, le siguió la corriente. Hoy no quería ser la que arruinara el momento y qué podría hacer mal, tener sexo con él no era remotamente malo estaban casados, hijos no podía tener y no creía que algún fotógrafo los esperara en el hotel. Tomó su copa y chocó con la de él para beberla de un sorbo.

-Sabes, Yoh, hay algo que me gusta más de ti que Hao.- Se atrevió a decir segura.- Tú me haces sentir muy…

-¿Feliz?-Completó Yoh ante la negativa de ella.- ¿Deseada? ¿Especial?

-Torpe.- Confesó con una risa ahogada.- Me haces sentir torpe y tonta, ebria y muy extraña con estos mechones rojos.

-Es la primera vez que te oigo reír.- Confesó conmovido por sus gestos tan genuinos.

-Sólo borracha podría hacer eso.- Retó Anna.- Aunque… no creo que sea sólo eso, me he emborrachado con Hao mil veces

En ese momento, no quería saber de más. Simplemente la besó y le quitó las pocas fuerzas que le quedaban para sostener el vestido. No se preocupó, llevaba un top negro debajo de la prenda para eterna decepción de Yoh.

-¿Qué más sientes, Anna?- Le preguntó Yoh tratando de saber más, mientras le pasaba otra copa a su esposa.

-Pregunta más específico, Asakura, ¿qué quieres saber?- Le dijo en un inolvidable tono soberbio, al ver desaparecer el líquido de la botella con bastante rapidez.- ¿Por qué me miras así?

-Estás encima de mí, con poca ropa, ebria, sonrojada, con un bonito cabello rojo.- Relató Yoh con torpeza, al enumerar con sus dedos las características más atractivas de ese momento.- Cualquier hombre enamorado se habría desmoronado, pero mírame, yo estoy entero.

-¿Enamorado?- Le cuestionó con extrañeza-¿Insinúas que estás enamorado? ¿De quién? Espero que no sea de tu odiosa amiguita.

-Ya está hablando la celosa, yo no me quejé porque tú quisieras besarte con mi hermano.- Replicó divertido, mientras ella le señalaba con el dedo, bastante desorientada.- Tú no puedes besarte con nadie más que conmigo, Anna.

-Tú no eres nadie para decirme qué hacer.- Espetó en un intento de rudeza.

-Tu esposo.- Contestó Yoh recostándola con torpeza en el asiento- Y un hombre celoso que no te deja andar con ropa ajustada.

-Odio los hombres celosos.- Dijo Anna al tomar su rostro con una mano. Y parecía acariciarlo como si lo viera por primera vez.- Pero…

-Me amas.- Afirmó Yoh plenamente seguro.- ¿Me amas, Anna?

-¿Tú me amas?- Rebatió la pregunta con otra de igual calibre.

-Creo que me tatuaría tu nombre, en el lugar que quieras, porque… yo sí estoy seguro de lo que siento.-Contestó el castaño con una sonrisa traviesa en su rostro.

Anna lo empujó y se levantó de golpe del asiento. Claro que al hacerlo chocó con el techo de la limosina y más se desequilibró al notar que estaba descalza y con el vestido en la cintura.

-¿Por qué te pone tan nerviosa la pregunta?- Cuestionó el castaño, que le ayudaba a pararse.- Anna Kyouyama no es miedosa.

-Estoy ebria, todos los borrachos dicen la verdad.-Contestó de mala gana y más porque el chofer frenó de inmediato.

-Pues dímela, cielo.- La animó con burla el castaño.- Yo te diré una, hoy no voy a dormir si no es en la misma cama contigo.

El chofer abrió la puerta e Yoh le dio su saco a Anna, quien se lo colocó de inmediato. El hombre los miró extrañado y no era para menos. El desastre en la parte trasera era imborrable, los labios de Yoh estaban bastante rojos y Anna estaba totalmente desvestida, porque no podía abrochar su vestido y menos colocarse las sandalias.

-No puedo.- Dijo Kyouyama con frustración.

Yoh bajó del auto primero, agradeciendo la cortesía del chofer de traerlos de regreso al hotel.

-Yo me encargo.- Pronunció entero, pero obviamente sus movimientos delataban lo contrario.- Ven, Anna, arregla eso arriba.

Kyouyama no sonrió, pero sí se sintió mucho más mareada con el aire dándole de frente. Bufó molesta y trató de salir con todos los artefactos que traía. Yoh tomó su mano, pero casi se cae con ella, ¿es que acaso las mujeres no podían evitar llevar bolsos y todo eso?

Anna lo abrazó prácticamente al salir, pero también dejó caer el vestido cuando se paró. Por suerte estaba demasiado borracha para sentir vergüenza, pero Yoh sí, cuando miró al chofer mirar a su esposa detenidamente. El castaño lo supo en ese momento, ella ya estaba perdida en el alcohol, lo peor era que ni siquiera lo había notado.

-Ya puede marcharse.- Le indicó de muy mal humor Asakura.

-Creo que me voy a caer.- Le dijo Anna con bastante preocupación.- No voy a poder llegar sin tambalearme.

Sí, tal vez Hao era un cínico al emborracharla y se imaginaba perfectamente en las situaciones que lo hacía, por suerte, él llevaba un poco más de resistencia en ese aspecto y bajó para levantar el vestido que él mismo había desabrochado. Anna tuvo que sostenerse de él, mas cuando Yoh tuvo éxito en su misión se dio por servido al poder abrochar de nueva cuenta la prenda.

-¿Llevas los zapatos?- Cuestionó el castaño, mientras besaba a su esposa en los labios.

-Sí…-Contestó segura, pero con un tono un poco irrisorio.- Yoh, si recuerdo esto, te voy a castigar cruelmente.

Yoh no prestó mucha atención y con un esfuerzo descomunal la cargó. Por suerte era ligera, pero aún así, él tampoco iba en las mejores condiciones, así que cuando el empleado les dejó la llave, dudo un poco sobre acompañarlos o no hasta su habitación, especialmente cuando Anna comenzó a besar su cuello, provocando que casi la tirara al suelo.

Finalmente negó la oferta y cuando estuvo en el elevador la bajó. Ella se recargó en el vidrio, mientras él presionaba los botones con imprecisión. Y lo logró, pero cuando sintió el cuerpo de Anna abrazar el suyo, las brasas del fuego lo consumieron por completo.

-¿Quieres la verdad? Te voy a decir la verdad.- Le dijo Anna en un tono bastante sensual, mientras sus manos recorrían con vehemencia su cuerpo.

Yoh gimió al sentir las manos de Anna deslizarse por lo bajo, en aquel punto en el que su sensibilidad no tenía límites. Por dios, esa mujer estaba loca, así que cuando se giró a verla, no pudo evitar prenderse de la misma forma que ella, al notar una mirada lujuriosa en su rostro.

-Te deseo más de lo que alguna vez desee a tu hermano.- Pronunció segura, en tanto mordía con impaciencia sus labios aún rojos.

Y eso le sirvió a Yoh para mandar al diablo la calma, con semejante mujer semidesnuda frente a sus ojos, las manos le quedaba bastante cortas para tocarla y eso fue lo que hizo. La besó con una pasión, que ni siquiera él conocía, jamás había sentido tanta urgencia de tener sexo con alguien, pero cuando Anna lo rodeó con sus piernas, sabía que ya era inevitable.

Ella le quitó sin pena la camisa, mientras él besaba ardientemente sus labios y sus manos buscaban sin vergüenza tocar sus pechos por sobre la ropa. Finalmente Kyouyama le sacó la camisa y la corbata, no le importó en lo más mínimo recogerlo, después de que lo aventara hacia el fondo del ascensor, lo único que quería era sentir los fuertes abdominales de su marido.

Qué importaba si era ropa de diseñador o no, Yoh no le importó en lo más mínimo destrozar el broche del vestido para bajarlo completamente y tenía que admitirlo, Anna tenía un cuerpo cuidado con detalle. Ella posó una mano sobre su pecho y él estrujó con deleite aquel montículo sin miedo.

-Ya vamos a llegar.- Dijo Anna en medio de un gemido bastante pretensioso.

Yoh sólo llevaba ropa por debajo y se notaba que tenía ansias locas por quitarse todo, pero en cuanto el elevador se detuvo, ni él, ni Anna miraron hacia atrás para recoger el saco, la camisa y el vestido que dejaron olvidados en el elevador, simplemente se devoraron uno al otro con un beso nada infantil a los que anteriormente habían compartido. Kyouyama sólo llevaba el saco puesto y la ropa interior negra algo fuera de lugar, por fortuna ese piso era exclusivo de ellos dos, al alquilar las dos suites principales y no tendrían problemas de lidiar con otros huéspedes.

-La llave.- Alcanzó a decir el castaño a su esposa, quien buscó con torpeza dentro de la bolsa de su pantalón, pero que Yoh sentía esa búsqueda bastante erótica.

-Amo hacer esto.- Le dijo Anna con una sonrisa en su rostro, pero especialmente cuando dio con la llave e Yoh se la arrebató para insertarla de un solo tino.

Entraron con prisa, e Yoh no prendió en lo absoluto las luces, sólo se dedicó a besar a Anna en tanto buscaba con desesperación en broche del top que llevaba. Y lo descubrió, pero Anna tenía pasos bastante torpes, que no pudo evitar caer en la cama de un solo golpe con ella encima.

Yoh rió y pudo notar como la desnudez de Anna sólo lo excitaba más, pero el sonido que oyó no fue nada encantador cuando alguien gritó y no era la rubia quien lo hacía, sino…

-¡Manta!- Gritó Yoh asustado al notar como su amigo estaba acostado en su cama.

Oyamada miró a través de la oscuridad, como Yoh estaba con una mujer, y vaya que no se veía mal, pero eso lo razonó después de lanzar semejante grito. Prendió la luz y casi se cae de espaldas al ver que la mujer era nada más y nada menos que Anna, quien al notar la reacción de Yoh, cayó sin piedad en el suelo.

Se sonrojó violentamente al ver la desnudez que predominaba. Jamás la había visto como algo más que una hermana, pero no pudo evitar mirarla con otros ojos al contemplar la vista panorámica que tenía. Yoh se molestó y le arrojó a Anna una sábana de la cama, que ella tomó con presteza para cubrirse.

-¡Qué haces aquí, Manta!- Exclamó Yoh enojado por semejante interrupción, mientras trataba de ayudar a Anna, que se sentía totalmente aturdida.

-¡Y qué tanto miras, enano cabezón!- Replicó Kyouyama en brazos del castaño, quien apenas podía estar en pie.

-Pues… pues… - El sonrojó aumento y más cuando la sabana sólo resaltaba sus atributos, que antes estaban a la vista.- ¡¿Por qué no pensaste en mí antes de casarte, Anna?

Yoh se salió de control y se molestó mucho, con un esfuerzo enorme dejó a Anna tambaleándose, mientras iba en busca de Manta, a quien le dio un puñetazo fuerte en el rostro. Oyamada no se quedó tranquilo y buscó a Yoh con la misma intensidad.


Anna miró con incredulidad como ambos amigos se peleaban por su culpa, más bien por causa ilógica, Manta tuvo una reacción fuera de lugar e Yoh igual, aunque ambos muy a su manera, pero no dejaba de ser impresionante, especialmente porque la torpeza de Yoh le daba ventaja a Manta.

-¿Cuántas cosas no hecho por ti, Yoh?- Replicó Manta enojado.- ¡¿por qué te pones tan violento?

-¿Cómo que por qué? ¡Porque estás mirando a mí esposa!- Respondió enfadado.- ¿qué más quieres?

-¡Lo dices sólo porque tú siempre te tienes que quedar con las bonitas, yo nunca puedo mirarlas, ¿no es así?- Retó Manta, mientras le pegaba un puñetazo en la quijada.

Anna miró extraño el gesto de pelea de Manta, no quería suponer que estaba borracho, pero al menos eso la despejó un poco de su pérdida borrachez. Había ganado un premio y vaya manera de festejarlo, siempre supo que Manta le tenía un extraño afecto, pero nunca se imaginó que llegara a manifestar alguna atracción por ella. Sin embargo, era sincera, no le importaba Oyamada.

-¡Ya basta, Manta!- Le gritó Anna a la distancia.- ¡Yoh está borracho!

-Y vaya que lo está.- Oyó a su espalda la voz de Hao, mirar con seriedad la escena.

Kyouyama percibió que ninguno paraba de pegarse, pero cuando Hao se acercó a ella en un símbolo de protección dudó de sus intenciones.

-Quiero hablar contigo.- Le dijo serio e impasible.- Esos dos no se van a matar, sólo quería buscar un motivo para pelearse, así que no les prestes atención.

Ella no dejó de mirarlos, que ahora se pegaban más lento y con mucha más calma. Se dejó guiar por Hao, quien abrió la puerta de su suite. Se tambaleó un poco, pero se aferró a la sábana que llevaba envuelto su cuerpo. Hao la sostuvo y la ayudó a sentarse en la cama.

-Estás ebria.- Pronunció incrédulo al notar como Anna se recostaba sin objetar nada.

Ella lo escuchó y se encogió en forma protectora, ahora mismo no tenía defensas para luchar contra él, pero sus parpados pesaron demasiado, tanto que sólo lo oyó susurrar una frase bastante decepcionante. Fue todo lo que captó en ese instante, lo que apareció a su vista por segunda vez fue los rayos del sol adentrarse a su habitación. Era una luz tenue, pero irritante, considerando el terrible dolor de cabeza que tenía.

Anna sintió un terrible asco, incomparable al que sintió una vez cuando comió algo echado a perder que Hao había cocinado. Notó que no llevaba puesto ningún sostén, lo cual la horrorizó al ver que lo único que la cubría era una sábana blanca. ¿Qué tonterías había hecho anoche? Ni siquiera recordaba por qué estaba en su habitación, ni cómo había llegado ahí, hasta que oyó el murmullo de Hao, quien hablaba por teléfono en la terraza.

-¡¿Qué demonios haces aquí?- Preguntó a la defensiva, cuando percibió que el castaño ignoró su pregunta y le pasó un par de prendas.

-Pase la noche contigo y no de la forma que te imaginas.- Le comentó con bastante seriedad.- No he dormido pensando en las tonterías que anoche tuve que cubrir. ¡¿Sabías que dejaste tu vestido de gala en el ascensor?

Ese era el rostro malo, el que siempre le exigía perfección, el que denotaba que ella tenía que ser igual que él. Y por supuesto que no lo recordaba, pero eso explicaba el motivo por el que no veía por ningún sitio aquella prenda.

-¡Anna! ¡Acabas de ganar el mejor premio de toda tu carrera y tú permites que Yoh te emborrache para llevarte a la cama, sólo porque el muy bastardo no puede decirte lo mucho que le gustas!- Exclamó furioso, casi al borde de querer romper la mesa de cristal.- Lyserg ha controlado a la prensa, pero tienen fotografías tuyas bastante comprometedoras.

-¡No es verdad!- Rebatió Anna.- ¿Y qué haces en mi habitación?

Hao osó reírse con bastante ironía. Se acercó a ella y la tomó con delicadeza de los hombros, no quería que le diera más espectáculo del que ya era objeto.

-Linda, acaba con tu cuento de una vez.- Le espetó tranquilo Hao.- Puedes decir que es mentira, pero yo jamás te he expuesto de la manera en que lo ha hecho este… hombre. Tienes un trasero muy lindo y el chofer que te trajo relato con lujo y detalles tu conversación en el automóvil. ¿Crees que no lo sé? Diethel es investigador, él nos cubrió hasta la última huella que dejamos para que nadie se enterara de nosotros, ¿tú crees que miento?

-Yo no sé de qué me hablas, no recuerdo nada.- Dijo Anna molesta de todas aquellas acusaciones.

-Bonita realidad, ¿no crees?- Pregonó con sarcasmo.- Yo adoraba tu control, es más, podía decir que eras la única mujer que se controla para no hacer tonterías.

-¡Esta es tu forma de venir a conquistarme, Casanova! Porque si es así, estás fracasando totalmente.- Le respondió enfadada por todo aquello que le espetaba con crudeza.- ¡Vete de aquí!

Hao la abrazó, a pesar de la negativa que mostraba Anna. Ahora mismo había olvidado que el último momento que había compartido con él era el de la fiesta en donde no la reconoció. El recuerdo llegó de golpe, y, más cuando Hao se atrevió a besarla con suavidad en los labios.

-Quiero comenzar de nuevo.- Le dijo él con firmeza, acariciando su cabello rojo con una vehemente mirada.- Anoche quería hablar de ello.

-No hay nada que comenzar, yo ya tengo a alguien más.- Pronunció calmada y serena por la forma en que Hao la tenía sujeta.- No insistas en esas tonterías.

-Me sigues amando.- Pronunció con orgullo en sus ojos.- No te atreviste a decir que lo amas.

-Tienes razón.- Aseveró Anna con dureza.- Me he convertido en una mujer vacía y sin nada más que una pasión desbordante, pero… si no quisiera a tu hermano no me hubiera rebajado a dejar tirada toda mi ropa fuera de mi habitación.

Incluso Hao reconoció esa parte con crudeza. Era muy cierto, ella jamás le había permitido llegar a tanto fuera de la habitación, le daba pánico que alguien los viera en el ascensor y mucho más en el auto.

-¿Insinúas que lo quieres?-Preguntó Hao molesto.

-Tanto o más que a ti.- Afirmó Anna con una sutil sonrisa, que se desvaneció en cuanto las nauseas atacaron sus sentidos.


No recordaba la última resaca, en realidad nunca tomaba demasiado y cuando lo hacía no tenía los resultados que quería, justo como ahora, que había terminado en el suelo durmiendo con Manta, en vez de dormir con Anna. Y justo por eso, lo había evitado esa mañana, en el baño, en el trayecto de la salida del hotel, estaba simplemente avergonzado, porque para su mala suerte él sí recordaba todo.

-Señor Asakura, ¿su esposa está lista?- Le preguntó el chofer de la limosina.

-No faltará mucho…- Respondió avergonzado de recordar todos los sucesos de anoche.

-Dijo que nos alcanzará en el aeropuerto.- Escuchó la voz de Manta hablar con seriedad al hombre que los conduciría.- Será mejor llegar o no podremos registrar el equipaje.

Y con algo de incomodad entraron en el auto. Fue un momento incomodo que nunca se había suscitado entre ambos, pero que era necesario aclarar.

-¿Es verdad todo lo que dijiste anoche?- Cuestionó Yoh notablemente apenado.

-Siempre has tenido a muchas chicas detrás de ti y Anna… es linda en verdad.- Respondió Manta mucho más avergonzado de lo que creía.- Sé lo que sientes por ella, por eso me siento tan tonto, Yoh. Perdóname, yo… arruiné tu noche.

-No, gracias por estar ahí, Anna estaba en un estado peor que yo y no hubiese querido que se sintiera mal después de pasar la noche conmigo en completa ebriedad.- Contestó Yoh conmovido.- Yo también te pido perdón, no debí golpearte.

Ambos se miraron con aprehensión, al menos todo estaba resuelto ahora, aunque súbitamente el coche paró y alguien abrió la puerta. La respuesta fue inmediata al ver que Lyserg abordaba el vehículo con bastante seriedad, para ninguno era una visita grata salvo por un solo hecho.

-No esperen a Anna, ella se irá con Hao, y yo tomaré su lugar.

Sabía que Yoh se cuestionaría muchas cosas, pero era necesario para parar la bomba que los medios querían armar y nada mejor que hacerlo con el amo de las influencias. Al menos tenía una imagen respetable en las fotos que le habían tomado, pero cómo pudo dejarse llevar por el momento sin pensar en las consecuencias. Era estúpida pero no tanto.

-Estás son las últimas fotos.- Señaló el fotógrafo notablemente agradecido por la cantidad que le estaban ofreciendo.- Y los negativos.

Hao lo amenazó una vez más antes de cerrar el negocio millonario con aquel hombre. Era rudo, pero eso no le extrañaba, de hecho de no ser porque estaba unos años más adelante hubiese jurado que tenía un viaje en el tiempo donde Hao amenazaba a otro fotógrafo por tomarlos en la playa o en alguna fiesta bastante cariñosos.

-Créeme Anna, si no estuviera enojado me quedaría con esas fotos para mi colección privada.- Le mencionó mucho más relajado a pesar de que su semblante aún seguía frío.- Y no puedo creerlo, ¿por qué él?

Afortunadamente ya habían llegado al aeropuerto y él iba a pilotear el jet, así que podía sentirse aliviada de que no la molestaría durante todo el trayecto, pero para su mala suerte, él pidió que lo acompañara en la cabina del avión.

-Ya has viajado conmigo, no veo cuál es el problema.- Replicó ante la negativa de la rubia.

-Tú eres el problema, pensé que lo sabías.- Contestó en la misma intensidad, pero era tarde porque ya estaba a bordo y sentándose junto a él.

Pronto alzó vuelo. Era un viaje largo, bastante para que él lo hubiese hecho en un día, pero parecía realmente agradado, era uno de sus pasatiempos favoritos. Vaya nostalgia inútil que llegaba cuando menos la necesitaba. Por muy amable que hubiese sido, sabía que se metía en la boca del lobo viajando sola con él.

-¿Y bien Anna, me dirás porque lo escogiste a él de entre todos los hombres que te rodean?- Le cuestionó con rudeza.- Se parece a mí, pero no es yo.

-Qué arrogancia, Hao. ¿Acaso crees que soy una fanática tuya o algo por el estilo?- Respondió molesta por los constantes ataques a su persona.

Hao le miró de reojo y vio el bello atardecer que tenía frente a él. No olvidaba los buenos momentos que había pasado a su lado, tampoco quitaba de su mente la agradable sensación que tenía cuando vivían juntos.

-Estás cambiando…- Comentó con una sonrisa en su rostro.- Y odio decirlo, pero no ha sido por mí.

Bien era un cambio favorable, al menos ya no sentía que él quisiera a toda costa hacerle ver lo pésimo que era su hermano. Miraba de reojo la seriedad que tenía, como si en verdad estuviese molesto y de alguna manera decepcionado de él y de ella misma.

-Quisiera… retroceder el tiempo.- Habló solemnemente, como si eso solucionara muchas cosas.- Pero por otra parte, creo que te ha sentado bien el cambio, al menos ya no cierras tanto tus sentimientos.

-No intentes conmoverme.-Negó Anna plenamente convencida de que ese momento podría sacar una cara más sutil de él.- No creo en tus palabras.

-Lo sé.- Afirmó con rudeza.- Crees que lo único que pienso es en vengarme de mi hermano y en que puedo recuperarte a ti. Y no te culpo, así actuó, pero tú no tienes una remota idea de lo que esto significa para mí.

Sí, no sabía absolutamente nada acerca de sus pensamientos y por su bien era mejor mantenerse al margen de la situación. Eso lo había comprendido con Yoh, cuando él la rechazó la primera vez, y en cierto modo agradeció que no quisiera enredar el cariño con el amor. No quería querer al hermano de Hao, porque no terminaba de cerrar su ciclo con él.

-Tu hermano te quiere a pesar de todo.-Pronunció Anna tratando de acomodar un mechón largo que caía en su rostro.

Hao calló durante muchos minutos, sólo para alcanzar a tomar su mano en un roce minúsculo.

-Era el único que me hacía sentirme en familia.- Habló con mucha tranquilizada, tal y como lo hacían cuando querían rebelarse algún sentimiento profundo.-Creo que no lo odio tanto, sólo que se ha llevado lo mejor que tenía en el mundo.

Y aunque no la mirara, ver como la oscuridad se comía al día, ya hablaba mucho de cómo podría reaccionar. Aunque creyera en sus palabras, no había nada que salvar en su relación, todo estaba dicho.

-Gracias… por lo mucho que me has ayudado.- Dijo firme y segura de que nada la doblegaría.

-No hay nada que no hiciera por ti.- Reafirmó confiado y mucho más relajado.


Cómo no iba a sentirse extraño después de que Lyserg le anunciara que viajaría con ellos mientras Anna se iba con Hao. Aún recordaba como Hao la llevaba a su suite, totalmente ebria y la forma tan posesiva en que la tomaba de la cintura. Era una locura, no más bien sus celos estaban floreciendo dementemente. Más cuando cayó en cuenta que se había quedado con el celular de Anna y que a éste llegaban un sin número de mensajes, sobretodo de Horo Horo.

-Señor, ya han llegado.- Le anunció Kanna con una cara alegre.

Anna no llevaba equipaje alguno y Hao estaba tan tranquilo que le pareció algo irreal. Sin embargo, ahí estaba su molestia, por qué decirle a Hao y no a él, por qué pedirle ayuda a Hao cuando el involucrado era él. El escándalo lo había comenzado desde que la convenció por tomar en exceso a su lado. Sentía celos absurdos, pero lo sentía y Hao se regocijaba de ello.

-Tienes mala cara, Yoh. ¿Acaso te sentó mal el viaje?-Comentó en un tono tan burlesco.

Manta estaba igual de inconforme que él, pero nada podían hacer, porque Anna ya había tomado una decisión e incluso por ese motivo salió mucho antes que ellos del hotel. Y aunque su madre le demostrara mucho amor, nada se comparaba con el buen trato que recibía de Anna sólo por espetarle en la cara a Hao que su matrimonio iba bien.

-Me sentó de maravilla, pero creo que tú deberías descansar, tenía mucho que no piloteabas un jet tan seguido.- Respondió con alevosía mientras Anna se acercaba a él intrigada por esa forma tan peculiar de contestar.- ¿Y cómo has amanecido, cielo? No te he podido ver esta mañana.

-Bastante bien si me lo preguntas de esa forma.- Correspondió a la referencia en medio de aquel vestíbulo.- ¿Te molesta si vamos a la habitación?

Estaba muy, pero demasiado suave e Yoh se molestó por eso mucho más, en tanto Hao parecía regocijarse con la conducta de Anna. El caso debería ser al revés y no tener celos él, sino su hermano, entonces en qué lío estaba ahora. No fue hasta que sintió los labios de Anna pegarse a su cuello en una caricia sutil, que despertó por completo de su ensoñación.

-Ahora…- Le susurró con dureza al oído, mientras Hao veía nada agradado la situación.

Ahora Yoh podía regocijarse y lo hacía de una forma bastante cariñosa. Tomó su cintura y se encaminó a subir las escaleras acompañando a la rubia con bastante premura, no sin antes despedirse de su hermano.

-Qué descanses, Hao.- Pronunció feliz, sobre todo cuando él le devolvió la mirada fría y calculadora de siempre.

Y pudo ser perfecto, de no ser porque Ryu se adelanto antes de bajar las escaleras y exclamó con felicidad el regreso de Anna a la casa.

-¡Doña Anna, qué bueno que está de regreso! El joven Horo Horo me pidió personalmente que colocara un par de flores en su alcoba.- Exclamó contento, logrando que los gemelos Asakura lo miraran con bastante repudio.

Hao no entendía perfectamente, pero sabía que nadie tenía derecho a compartir ese tipo de atenciones con Anna e Yoh… él ya estaba comenzando a dudar si entre ese par no había una relación un poco más cercana que la de una simple amistad. Pero Anna no dijo nada, calló durante unos momentos antes de separarse de su lado y subir con Ryu, quien la halagó por su nuevo cambio de cabello y oyó como Anna lo conducía a la habitación de ambos antes que llegar a su lado.

-Vaya… parece que tengo competencia.- Oyó decir a Hao con bastante seriedad.

-Cállate, Hao.- Contestó enojado al ver a Anna desaparecer por el pasillo central.

-Lo mismo digo, Yoh. Aprovecha que esta de buenas, porque será la última vez que te tome en cuenta para ser su pareja.-Respondió el castaño perdiéndose en el lado opuesto de su hermano.

Aunque eso era lo que menos le preocupaba, ya no veía a Hao como un gran rival sino a sus propios amigos. Primero la reacción alocada de Manta al evidenciar cierta envidia por su suerte con las mujeres, después el amor fraternal que existe entre Ren y Anna, para culminar con el interés de Horo Horo al mandarle dos docenas de rosas a su alcoba.

-Qué pasen buena noche-Se despidió amablemente Ryu al dejarlos solos.

Era notable que Anna quería su espacio y se notaba distante, especialmente cuando Yoh se acercó para observar la tarjeta. Sí, estaba molesta con él o le hubiese dejado leerla.

-¿Por qué te has ido con Hao?- Preguntó Yoh sin ningún miedo, a pesar de que no tenía derecho a replicar.

-Era necesario.- Se limitó a responder.- Él conoce a las personas influyentes en los medios y gracias a eso evitó una catástrofe.

-Yo también conozco, yo era parte del problema igual.- Pronunció tranquilo pero bastante serio.- Yo soy tu esposo.

Y esa mirada lo tranquilizó un poco, aunque ella lo negara, estaba interesado y preocupado en que las tonterías de él la perjudicaran. Por eso cuando se acercó a tomar su mano no sintió el rechazo, al contrario, Anna correspondía a esa hermosa muestra de afecto.

-Bien. Pues… puedes comenzar por no tomar demasiado, entre tu calentura y la mía creo que hemos hecho un verdadero cuento erótico.- Relató Anna sosteniendo las fotografías como clara evidencia.- No lo recuerdo, pero ahora que lo veo tendrás que recompensarme muy bien.

Claro, tenía un buen ángulo y un trasero bastante apetecible. Lástima que no hubiese confiado lo suficiente en él para defenderla, parecía que en ese terreno aún predominaba Hao.

-¿Quieres una tienda de joyas?- Preguntó interesado en su respuesta.- O prefieres continuar lo que teníamos en la privacidad de nuestra habitación.

Pero ella no se mostraba nada complacida, al menos no después de ver y recordar e motivo por el cual Horo Horo había llenado su alcoba de flores rojas.

-Después, ahora quiero dormir, tengo un dolor de cabeza insoportable.- Se quejó abiertamente soltando su mano para guardar en su cómoda la tarjeta de Horokeu.- Supongo que tienes mi móvil contigo.

-Claro, yo lo guardé.- Respondió con curiosidad percibiendo el interés al leer los mensajes de Horo Horo en la bandeja de entrada.- Creo que Horo ha estado bombardeándote de llamadas y correos.

-Sí, así es.- Corroboró Anna deshaciendo totalmente su coleta y buscaba con afán descalzar sus pies de aquellas molestas botas.

Odiaba que le restara importancia, él no era Hao para mantenerlo al margen del asunto. Ni tampoco deseaba estar con aquellos enfermizos celos toda la semana.

-¿Y qué quiere?- Preguntó en concreto, mientras le ayudaba a quitarse el calzado con sumo cuidado.- ¿Felicitarte acaso?

Para Anna aquello fue un gesto posesivo y de alguna manera afrodisiaco, ya que podía evocar en su memoria uno de los pocos recuerdos en los que él le quitaba las sandalias en el auto. No obstante, fue su cercanía y la seriedad con la que le hablaba lo que marcó una pauta entre la fantasía y la problemática.

-Está contento por mí, después de todo también fue mi amigo.

-¿Fue?- Cuestionó Yoh extrañado, pero cuando Anna se paró de la cama y lo corrió sin ningún remordimiento de su lado, dudó en retomar la plática.

-Ve a tu habitación, mañana hablaremos del asunto.- Lo despidió sin darle pie a nada.


Una semana después las dudas seguían ahí y eso lo sabía de antemano, más cuando Horo Horo no dejaba de acosarla, pero aún no era tiempo para darle frente, antes tenía que hablar con él ese asunto. Manta estaba enterado a esas alturas y aún no podía dar crédito a lo que decía.

Extraño o no, era cien por ciento verídico, tenía papeles para proceder en contra de Horokeu Usui en el momento que le pareciera adecuado. Sin embargo, Yoh seguía siendo el propietario financiero de esa cuenta y eso era lo que ella quería proteger con ahínco, porque de alguna forma Yoh le importaba y mucho.

-Pareces nerviosa.- Escuchó la voz incrédula de Manta a su lado.- Jamás te había visto así.

-Estás demente.- Replicó molesta, aunque parte de esas palabras fueran cien por ciento ciertas.- Anna Kyouyama nunca titubea.

Y era justo lo que hacía en el momento que vio a Tamao sujetarse fuertemente del brazo de Yoh. Seguramente en una visita, supuso Anna con enfado. Sí, sólo bastaba con verlos un momento para deducir que la chica tenía dobles intenciones con su esposo y aquella mirada candil… totalmente insoportable. Era discreta, pero aún así, ella podía oler a la distancia como trataba de conseguir la atención del castaño.

Manta casi se golpea con la pared al notar el enojo de Anna tan sólo por ver a Tamao con Yoh, pero si sólo se imaginase que Yoh tenía el mismo problema que ella al verla entre Hao y Horo Horo, con todas sus llamadas misteriosas y su insistencia para que le diera una cita. Si se imaginara eso un momento, sabría que Tamao era algo insignificante en su vida, más ahora que estaba dispuesta a vivir en Japón.

-¡Anna, ¿no lo vas a ver?- Le gritó Manta al ver como caminaba al pasillo a la oficina del castaño.

-Claro que sí, lo espero en su oficina- Dijo bastante molesta, para qué negarlo, no soportaba ver a Tamao cerca de Yoh.

Aunque era obvio que pretendía ser una visita corta, lo cierto era que la presencia de Yoh la reconfortaba y mucho. Era igual, no había cambiado en nada. La misma sonrisa, el gesto tierno y apacible, el encantador, un hombre perfecto e inalcanzable para todas las mujeres menos una: Anna Kyouyama.

-Y este es el plantel central de los socios y al final puedes ver mi oficina y la de Hao.- Finalizó con esmero el castaño.- Espero que te haya agradado la visita, no suelo hacerlo personalmente porque es enorme, pero contigo se pasa el tiempo muy rápido.

-Yo también, no me percaté del tiempo. Sera mejor que te deje trabajar.- Respondió feliz por haber compartido una hora a su lado.- ¿Te molesta si voy por mi bolso?

-En lo absoluto, te acompaño.- Contestó con una sonrisa radiante y tranquila, pero cuando un empleado se acercó a pedirle indicaciones serias él tuvo que retrasarse un poco.- Adelántate, en un momento voy.

Siguió sus indicaciones y se adelantó a la oficina principal. Sólo que su secretaría no estaba, así que decidió que entrar sin el permiso de ella sería lo adecuado pero antes de hacerlo, no pudo evitar escuchar las voces de Anna y Manta conversando airadamente dentro de la oficina.

-¿En qué puede afectarle a la gran Anna Kyouyama que su esposo se pasee con otra mujer cuando su matrimonio es más falso que una moneda de cobre?-Le cuestionaba con rudeza Oyamada.

-Nada, tienes razón, creo que a veces olvidó lo falso que es esto.- Respondió furiosa, y eso se notaba perfectamente cuando caminaba de un lado a otro.- Sólo que como amiga, yo le sugeriría que escogiera mejor sus amistades.

-La conoce de años, es su prima, creo que no puedes pedir nada mejor ¿no crees?

Y esas palabras retumbaron en su cabeza un momento, hasta que Yoh tocó su hombro y la interrumpió.

-¿No has entrado?- Preguntó con gracia a Tamao.

Le parecía un gesto curioso que ella no haya entrado antes, si le había dado el permiso.

-Tienes visitas.- Dijo apenada, aunque en su rostro se asomara una tenue sonrisa llena de satisfacción. Justo como en realidad se sentía.

Yoh abrió la puerta y no se sorprendió de ver a Anna con Manta ahí, después de todo ellos también se llamaban y frecuentaban constantemente a sus espaldas. Sin embargo, ya estaba controlando mejor su desesperación ante tal asunto. Tamao los saludó tímidamente y sólo Manta le respondió.

No es que aquello le molestara, en realidad sí, pero más le inquietaba el secreto que Anna tenía y le ocultaba. Él respetaba mucho su punto de vista y lo hermética que podía ser a veces, pero ya no estaba tan seguro si aguantaría aquel silencio incomodo. Tamao se despidió con un beso y sonrió satisfactoriamente al notar como Anna desviaba la mirada para no ser testigo de una muestra tan sencilla de afecto.

-Por lo visto, hoy tenemos un tema para conversar importante.- Se atrevió a bromear el castaño, mientras se acercaba a Anna.

Manta miró con disimulo aquel sublime acercamiento y el leve toqueteo de manos que tenían. No había podido comprobar en persona la magia que esos dos ejercían en pareja, pero ahora no le quedaba la menor duda que celándose mutuamente iban a lograr que la olla explotara.

-Tienes un asunto legal muy fuerte entre manos.- Habló seriamente Anna, bastante bien para aparentar que ningún rozamiento de dedos la intimidaba, aunque sí le erizara la piel.- Yo te sugiero demandar.

-Bien…- Respondió el castaño agradado por las reacciones poco visibles de su esposa.- ¿Quién es la víctima?


No, en definitiva no. Iba en contra de sus principios atacar a sus amigos, así fuera un vil y sucio traidor. Pero Anna pensaba lo contrario y seguía presionándolo día y noche, como si no tuvieran otra opción. Por otra parte, Horo Horo seguía intentando un trato con ella, ¿por qué no intentarlo con él?, después de todo la ruda era Anna.

Respiró resignado, al menos tenía el consuelo de que Hao estaba en un viaje exprés de negocios, del que por fortuna no pudo escapar. No obstante, estaba molesto, había discutido con Anna y por un asunto en verdad ilógico, puesto que también era su amigo. ¿Y eso le importaba? Por supuesto que no, ella quería ver acción y eso no le parecía correcto.

¿Cuánto tiempo llevaba? Una semana enojado, sin hablarle e ignorándola. Se moría de ganas por hablar con ella, pero tenía que entenderlo, y a parte deseaba hacerle sentir el mismo silencio que tuvo que aguantar cuando ella no se atrevía a decirle la verdad. Ahora, su mente divagaba en un tonto y absurdo libro, que se detuvo en cuanto la vio acercarse a él con un ejemplar bajo su brazo izquierdo.

Por primera vez odió sentir tanto amor hacia ella, porque lo hacía sentir importante y verdaderamente tonto al negarse la oportunidad de conquistarla como Hao y muchos hacían libremente. Pero ahí la tenía en vivo y directo, con una sensualidad que Anna creía desaparecida y que sin embargo, predominaba en ese suave andar de caderas, y con su bello y brilloso cabello rubio nuevamente en marcha.

Yoh la miró con curiosidad cuando se sentó en la silla más próxima. No había ido a disculparse con ella, y no creyó que fuera Anna quien se doblegara ante él, eso simplemente no iba nada con su personalidad. Sin embargo, cuando notó su presencia y su mirada perdida, predijo que tal vez sólo lo estaba tentando para que él le hablara y sí que lo estaba consiguiendo.

-Así que… te gusta venir a leer en el jardín.-La escuchó decir con total neutralidad, especialmente porque lo veía de reojo y no directamente.

-Depende el libro, el ambiente…. La compañía- Contestó serio, más porque estaba decidido a ignorarla.

-Sí, supongo.- Respondió tranquilamente mientras sacaba de su regazo una novela.

Y todo se silenció. Admitía lo mucho que le encantaba el silencio, pero jamás se acostumbraba a los de ella. Siempre había un sarcasmo que decir, alguna crítica, una queja, un cumplido tal vez. Mas cuando comenzó a oír el sonido de las páginas cambiar, no pudo resistirlo más, se paró de golpe y cerró el libro que leía.

No huyó, como hubiese pensado Anna, sino que simplemente se paró frente a ella y la miró con dureza. Jamás había contemplado ese rostro tan serio en su semblante y no le asustó en lo absoluto. Kyouyama cerró su libro y cruzó la pierna con gracia, mientras contemplaba a su marido recorrer con la vista sus largas y torneadas piernas.

-¿Intentas volverme loco o algo así?- Le preguntó sumamente molesto.- ¿Qué intentas hacer?

-Hacerte reaccionar.-Resolvió con simplicidad.- Y no insinúes que te desespero, tú mirada lo dice todo.

Sin embargo, obtuvo el efecto deseado. Es decir, siempre la miraba con amor y demasiado calor, cómo ahora que la observaba con cierta lujuria y frialdad sí lo notaba.

-¿Ahora sí lees mis gestos?- Interrogó con sarcasmo

Y Anna lo miró con dureza, ya estaba siendo demasiado blanda. Pero eso se lo merecía por meterse en asuntos que no le correspondía, por blandir la espada contra Horo Horo y encima, pensar que la táctica de Ren serviría con Yoh.

-¡Sí, sí, tienes razón, esto me lo gano por tonta!- Exclamó igual de molesta que él y se levantó para hacerle frente.

Igual era más alto que ella, pero no importaba, ya estaba cansada de darle vueltas al asunto y todo porque Yoh se había puesto sensible con el tema de los amiguitos. Se acercó a él y le golpeó en el pecho, como si fuera algo tan insignificante de hacer.

-¿Pero sabes qué? Por mí se pueden ir al diablo todos los Asakuras.- Replicó notablemente furiosa.- Ya no me importa, púdranse, hagan lo que quieran.

Su reacción fue de una total sorpresa, más cuando ella tomó su libro y comenzó a caminar. Su enfado se notaba a kilómetros, pero el de él también era evidente, demasiado. Por eso cuando la vio caminar, no dudó en sujetar su mano y jalarla con fuerza hacia él. El resultado: un tremendo bofetón, pero eso no le importó, la tenía en su control y la haría caer ante él.

Súbitamente y sin permiso previo, la besó. El aliento se le fue en cuanto arremetió contra su boca en despecho del sonoro golpe que le había propinado antes. Obtuvo negativa, un forcejeo eminente, pero contra sus brazos no podía, y no la dejaría liberarse aunque quisiera e insistió con fuerza, hasta que sus labios correspondieron los suyos.

Entonces se dio el lujo de abrazarla y hacerla retroceder hasta el laberinto que se formaba en la entrada de los rosales. Ahí la arrinconó y presionó contra la naturaleza, hasta que ella se quejó y exclamó entre el beso, que no estaba en la mejor postura. Pero ninguno quería hablar y menos enfrentarse, así que Anna lo volteó violentamente, mientras enredaba sus brazos en su cuello.

La pasión les quedaba corta y es que con semejante enojo que tenían encima, era obvio que ninguno quería discutir más, especialmente porque ambos recibían los consejos de Manta únicamente como guía y no como ley, quien ya les había anticipado que terminarían en divorcio. Sin embargo, eso era lo que menos les importaba ahora, ya que parecían comerse uno al otro sin queja alguna.

No obstante, el aire se acabó. Al menos se notaban ligeramente más tranquilos, y mucho más agitados, pero sin energía para discutir de nuevo.

-¿Así es como resuelves un problema?- Se atrevió a preguntarle con dureza.

-Dudó que algún cliente quiera resolver los problemas arrinconándome en el jardín.- Contestó más repuesto el castaño.

-No me provoques, Asakura.- Le amenazó con una mirada de maldad en su rostro, pero Yoh le sonreía con bastante picardía mientras se acercaba a su oído.

-No te queda decir eso, Anna Asakura.- Murmuró mordiéndole con suavidad el lóbulo de su oreja.

-Kyouyama, Anna Kyouyama.- Aclaró con una voz mucho más grave de lo normal, en tanto Yoh acariciaba su espalda.

-En realidad, pensé que eras mi esposa, Anna.- Respondió robándole un beso sutil de los labios, que se mantenían expectantes a una siguiente oración.

-Eso no me hace tuya en ningún sentido, ni tu propiedad, ni nada.- Contestó con sensualidad, mientras sus labios se perdían en el contacto del cuello de su esposo.

Yoh sonrió totalmente agradado de la sensación que provocaban sus besos en su piel, más cuando se atrevió a detenerla y besarla con ferocidad en los labios. Éste le robo los sentidos, especialmente cuando ella se atrevió a subir su pierna a una altura que le permitía acariciarla. Amaba ese vestido negro corto, definitivamente sería su favorito.

-¿Y…?- Preguntó la rubia en medio de un breve lapso, antes de que Yoh no la dejara ni pronunciar media palabra.

-¿Y…? No empecemos de nuevo.- Contestó agitado, pero más sereno para hablar de ese tema.

-¿Por qué?- Interrogó confusa de su negativa, pero a su vez, no podía enojarse, porque Yoh no la miraba más con frialdad.

-Anna…- Pronunció acariciando su mejilla.- Siempre vas a ser la primera opinión que tomaré en cuenta y te lo aseguro, estoy encantado de que te preocupes por mis problemas, pero él tiene que decírmelo, y mientras no lo haga no tomaré medidas en su contra.

-Está bien, aún así sigue preocupándome este problema.- Dijo resignada a su actitud tan positiva.-Pero…

No había pero que valiera más. Yoh no quería escuchar quejas de ella y eso lo notó cuando se ocupó de besar su cuello con deleite y encanto, tanto que sintió como succionaba y la inundaba de una pasión, que hasta la fecha mantenía contenida.

-Ahora… hablemos un poco sobre ese tema de que no te sientes mi esposa.- Escuchó en un tono bastante suave y ardiente de su parte.

La rubia lo miró con seriedad, ¿ella había dicho que no se sentía su esposa? Si lo hizo, esperó que él no se refiriera al tema que siempre jactó con insolencia a Hao: cama compartida. Ciertamente ya habían compartido el lecho en más de una vez, pero ahora con tanta hormona volando por sus alrededores, hacerlo no era nada conveniente.

-Tu cara dice mucho.- Le dijo Yoh al verla tan absorta en sus pensamientos.- ¿Estoy faltando mucho a mi deber, no es así?

-No quieres saberlo.- Fue la respuesta simple que se limitó a dar, pero eso sólo elevó la curiosidad del castaño.

Era un lindo retó que se animó a descubrir. Y osadía o no, se atrevió a apartarla unos centímetros de él, ante la mirada expectante de ella. Sin embargo, cuando sintió cómo él la levantaba en brazos, maldijo no haber predicho tal movimiento. Se movió con insistencia para que la bajara y que no la soltara de golpe en el césped, pero notó que él caminaba sin ninguna queja.

-Recuérdame, ¿no te lleve en brazos cuando nos casamos?- Preguntó como si eso fuera realmente importante.

No contestó, ya que él mismo había dado una rotunda negativa.

-Creo que tampoco te di regalo de bodas, viaje, una casa…. No fui a pedirte formalmente… la recepción fue más bien un circo y no una boda, no hubo regalos, y creo que no tenemos un álbum de fotografías.

-Tu madre hizo uno.- Murmuró apenada Anna de todo el alboroto que armaba con respecto a ese tema.

-Se lo agradeceré después.- Contestó feliz, mientras la bajaba al suelo.- Supongo que no fue la mejor boda que hayas tenido.

-Jamás he planeado una boda, ¿cómo podría saber eso?- Respondió enfadada y evitando su mirada.- Y ésta era falsa.

Pero su semblante se suavizó cuando encontró en el centro del laberinto un hermoso rosal con un cuidado majestuoso. Contemplaba las rosas y las espinas como si fueran una belleza arquitectónica y no una simple planta más. Por lo tanto, cuando sintió sus manos tocar sus hombros, no hubo queja, sino… empatía.

-Sé que nuestra boda… no fue real, lo sé, me lo has dicho muchas veces.- Comenzó con demasiada neutralidad.- Pero mi intención no es que te sientas una extraña más en estas paredes, ni un adorno más. Mucho menos una mujer que lleve el apellido de un hombre por el que no siente nada.

-¿Cuál es la intención?- Preguntó interesada en el tema.

Yoh bajó la mirada un segundo, por no saber si atreverse a revelar una idea que rondaba casi desde aquel sí acepto.

-Cuando tú te casaste conmigo renunciaste a Hao… para siempre.- Dictó con suavidad, pero con miedo a su rechazo.- Tú no puedes volver con él y Hao lo sabe, de hacerlo arruinarías tu reputación, el prestigio de la empresa… todo.

-El objetivo era no volver a caer al mismo agujero. Todas las mujeres lo hacen en alguna ocasión, en algún momento de debilidad.- Respondió hostilmente.- Yo no quería ser como ellas.

Entonces no pudo evitar mirar a Anna como una mujer frágil con una personalidad imponente. Amaba sus gritos y su intensa lucha por superarse y ampliar su mercado, pero admiraba la fortaleza que tenía para revelar sus sentimientos y sus debilidades.

-Supongo que fue porque di por hecho demasiado rápido que no debía volver con él. Y a veces me pregunto, qué pasaría si le hubiese dejado convencerme.

-Pensar en nuestros sentimientos pasados nos ahoga en el pasado. Creo… que lo mejor que puedes hacer es enterrar cada uno de esos pensamientos, porque nada volverá a ser igual, ni tú, ni él…. Y mucho menos yo.- Argumentó Yoh con bastante seriedad.- Por eso… he pensado mucho en nuestra relación y… me encantaría llevarla a otro nivel.

¿Escuchaba bien? ¿Yoh le estaba pidiendo que formalizaran? ¿No más engaños? Supuso que su cara revelaba el desconcierto que tenía con la idea. No es que le desagradara, pero no se sentía preparada para una nueva pareja teniendo a su ex viviendo en la misma casa.

-¿A qué nivel, exactamente?- Cuestionó sorprendida.- ¿Esposos de verdad?

Yoh le miró en forma graciosa, ya que tenía bastante credibilidad su matrimonio, salvo que ninguno arrojaba en el otro lazos serios, ni uniones: sexo, por ejemplo.

-Pongamos en el fuego el término de novia-novio.- Respondió con más seguridad, para no asustarla y que se negara a su petición.- Conozcámonos más.

-¿Es alguna apuesta con Manta o algo por el estilo?- Preguntó sin demasiada seriedad.- Las últimas semanas no deja de molestarme con la misma petición: renuncia o quédate.

-¿Y cual sería tu decisión?

Anna no estaba nerviosa, pero tampoco quería permanecer demasiado cerca de él, que en cualquier momento se atrevería a besarla. Sin embargo, aún no tenía respuesta para una pregunta de tal calibre, odiaba cada que Manta le cuestionaba eso.

-Aún tenemos tiempo, podemos conocernos antes de separarnos.- Contestó relajada y serena, mientras Yoh la miraba con extrañeza.

-¿Temes enamorarte de mí?- Expuso con una sonrisa en su semblante.- Es eso o estás obsesionada en que no hay segundas oportunidades.

Kyouyama no quería responder a esas cuestiones. Claro que no era una obsesión, es sólo que no creía en poder encontrar una segunda oportunidad en la relación de ellos.

-¿Y qué sentido tendría hacerlo? No creo que haya un para siempre en nuestra relación. Tú me ves como una amiga y yo…

-¿Estás segura? No quiero una respuesta al aire, quiero que lo pienses bien. No te estoy ofreciendo todo lo que Hao hacía, no pretendo usurpar su lugar. Yo quiero el mío, uno propio y de igual forma quiero que tú lo tengas.

La rubia lo miró con atención, iba en serio, sus palabras no eran una tonta y absurda broma. Fue por eso que su mente resolvió un poco la cuestión, le atraía y mucho, se sentía cómoda a su lado, ¿por qué no poner a prueba esa faceta?

-Te propongo algo. Si tú…

-Disculpe, Don Yoh, Doña Anna.- Interrumpió abruptamente Ryu la conversación.

Yoh desvió sus ojos para contemplar al hombre y en efecto no es que estuviera molesto, pero quería saber lo que Anna tenía que decirle.

-Dime, Ryu, ¿ocurre algo?- Preguntó amablemente el castaño.

-Sí, tiene una llamada del joven Horo Horo y Doña Anna tiene una visita.- Anunció con firmeza mientras le dictaba el mensaje a la pareja.

-¿Una visita? ¿Quién?- Interrogó Anna con escepticismo.

-La señorita Tamao.- Respondió de inmediato ante el asombro de la pareja.- Está en el estudio.

Y sin más preámbulos se retiró. Mientras Yoh trataba de encontrar una explicación a la visita de Tamao, le intrigaba porque ellas dos no parecían congeniar. Anna sentía celos de su presencia, aunque lo negara y Tamao parecía verla como una persona intratable.

-¿Quieres que te acompañe?- Le dijo bastante preocupado por esa visita tan misteriosa.

Pero Anna no sentía el menor temor por enfrentar sola a Tamao, después de todo ella no era Marion.

-No estamos hablando de una psicótica, Yoh.- Resopló bastante tranquila.- Tu prima sólo vendrá a que le enseñe un catálogo.

Sin embargo, Yoh no le restaba importancia al hecho. Adoraba a Tamao y lo que menos quería era que aquellas dos mujeres se pelearan, más después de que Tamao decidiera quedarse a vivir nuevamente en Japón.

-De acuerdo, no la vayas a lastimar.- Le advirtió divertido el castaño.- Y dame una respuesta después de hablar con ella, mientras te esperare en mi habitación.

Y sin más preámbulos, se dirigió al despacho donde Tamao ya aguardaba su entrada. La vio y sus ojos irradiaban esperanza y una mezcla de felicidad. A ciencia cierta no comprendía el por qué de su visita exclusiva y mucho menos cuando ella se acercó a saludarla con encanto.

-Anna, sé que no nos llevamos muy bien y yo no lo entendía, hasta hace unos días.- Comenzó a hablar de forma elocuente y brillante.- En verdad, quiero que me disculpes si he sido grosera y demasiado cerrada, no lo comprendía.

-¿De qué me hablas?- Cuestionó irritada la rubia.- No comprendo una sola palabra de todo lo que me has dicho, así que o eres clara o regresa otro día.

-A esto precisamente es a lo que me refería y créeme adoro la forma en que lo proteges, no sólo de Marion sino de mí.- Alabó sinceramente Tamao.- Eres una gran amiga para él.

Entonces Anna trató de armar las oraciones, ya que ella no tenía cerebro para organizar sus ideas sin revolverla un poco, cómo no odiarla si le hacía eso. A pesar de ello, entendía que Tamao se refería a la forma en que trataba de proteger a Yoh, pero que era más bien un sentimiento de pertenencia, él le pertenecía mientras estuvieran casados y eso nadie lo cambiaría.

-Tamao, para ti debe ser duro admitirlo, pero yo no soy su amiga, soy su esposa.- Espetó con dureza mientras bebía el té que ella osó en pedir antes de su llegada.- Así que tienes que cuidar muy bien lo que quieres decir.

-Sé todo, Anna.- Respondió con una sonrisa en sus labios.- Sé el problema que tuvieron y las razones para casarse, ustedes no son un matrimonio, sino un engaño.

Aunque ella siempre lo decía y lo repetía constantemente, nunca creyó que escucharlo de una persona ajena fuera a provocar un dolor estomacal en su interior. La verdad era dura, pero ella podía cambiarla ahora mismo y aceptar la propuesta de Yoh.

-No te preocupes, no voy a decirle a nadie más, sólo venía a proponerte algo muy importante, para las dos.- La interrumpió antes de que pudiera alegar y replicar, ya que al notar su palidez, era obvio que a eso iba.- A ti te importa Yoh, a mí también, es el único hombre que me ha hecho sentir especial y yo lo amo.

Eso no necesitaba saberlo, en verdad estaba de más. Se sentía incomoda ahí sentada, mientras Tamao le rogaba con la mirada un poco de su atención. Se levantó, escucharla estaba a punto de doblarla de un dolor abdominal y no sabía exactamente del por qué.

-Tú sabes lo que es querer a alguien, sabes lo que es el engaño, por favor Anna, escúchame.- Le insistió Tamao.- Él te quiere sólo como una amiga.

-¿A qué quieres llegar con esto? Yo no lo tengo amarrado, si él te quiere corresponder, adelante, por mí no hay ningún problema.- Le dijo molesta, casi al borde del enojo.

-¿Entonces me das permiso para conquistarlo?


Continuará….

N/A: Y finalmente el continuara. Después de tantos problemas regreso con este fic, que lo tenía bastante atrasado, no tanto como algunos, pero ya verán adelante mis actualizaciones, en fin, me gusta el progreso que se está dando en este fic, sobretodo la parte de Yoh y Anna, creo que la visión de este capítulo cambio tantas veces que no se imaginan las veces que lo tuve que leer. Tal vez habrá algunos cambios, muchas intrigas y bastante romance, tal vez si mi tiempo y espacio lo permite pondré algo cómico, mucho drama nos va a hacer daño. Visiten mi blog, nueva actualización. Por cierto, para el capítulo anterior sí sentí que casi todo fue reclamo xD, espero que este sea más relajado y les convenza más a pesar de que es un capítulo eterno, larguísimo, una disculpa de antemano por eso, pero creo que es acorde porque no actualizo hasta el próximo mes.

Ciao!

Agradecimientos especiales a: danteprix, gandy, NightStar.007, sukuruchu, anna kyouyama12, annita-fic, mick, elpatolocosisi, marifer y a Kei que le da flojera leer, xD.