Casey POV

Respiré profundamente y obligué con todas mis fuerzas y mi concentración entera a que mi mano clavase el cuchillo en mi estómago.
Antes de caer al suelo sin ninguna fuerza para continuar de pie, oí sus últimas palabras:

"¡Casey, no!"

"Cuando tu vida ya no sirva, te juro por el Río Estíge que serás la persona con la muerte más dolorosa de la historia." Esa fue la otra maldición que cayó en mí. Tanto la de Adonis cómo la de Tánatos se cumplieron.
Aquella sensación era agonizante, como si un millón de insectos carnívoros se me comieran el interior. Incluso sentí el veneno subir por mis venas lenta y dolorosamente. Empecé a sudar y a sentir frío a la vez, el cuerpo me temblaba y no me respondía. Oía gritos a mi alrededor que poco a poco se fueron ahogando. El veneno estaba afectando a mis sentidos. Abrí los ojos y vi a un chico llevarme en brazos. ¿Quién era? No lo distinguía, las imágenes se emborronaban hasta desaparecer y dejarme ciega. Oscuridad, silencio, soledad. Eso fue todo lo que sentí.
Mi corazón latía frenéticamente y creí que explotaría pero en menos de diez segundos su ritmo se debilitó poco a poco; el veneno ya había llegado a él. Intenté gritar de dolor pero no oía mi voz, ni siquiera sabía si podía hablar, pero ya daba igual: éste era mi fin. El dolor del veneno no era nada comparado con el que sentía por mis seres queridos: Quirón, el Sr. D, mi familia, los dioses y mis compañeros; los echaría en falta. Nunca podría pedir perdón y despedirme de ellos como es debido. Mark y Denisse; les había hecho sufrir por mi culpa y no podría decirles adiós y darles un abrazo. La última imagen que tendría de ellos fue cuando se quedaron en el bosque con Tánatos. Y para finalizar, Jake. Le traicioné, le confundí y yo me confundí también, sufrió mucho por mi culpa y aunque pude despedirme de él nunca podría contarle que...

"T-Te quiero, J-Jake" susurré intentando oír la verdad de mis labios, pero solo la oía de mis pensamientos.

Entonces, el corazón dejó de latir y todo aquel dolor y todas aquellas memorias desaparecieron en un mar de fría oscuridad.

Jake POV

Me dio el collar que tenía en la mano con la que me cogía y se separó de mí. Creí que se preparaba para matarme pero no fue así.
Grité con todas mis fuerzas cuando vi que se apuñaló el estómago con aquella hoja envenenada y cayó al suelo desplomada.

"¡Casey, no!"

Fui rápidamente hacia ella y me arrodillé a su lado. Todos nos estaban mirando como si fuéramos un gran espectáculo. Estaba temblando y por su frente resbalaban gotas de sudor frío que se mezclaban con la fuerte lluvia.
Y por fin lo entendí; ella me dio el collar y era su intención desde el principio. Se unió a Alex, alias Adonis, para recuperarlo y traerlo de vuelta. No quería que la confianza entre nosotros se perdiera y yo... fui un estúpido al decirle todo aquello. Quería llorar de rabia pero no podía, allí en medio no. Recogí a Casey y la llevé en brazos hacia le enfermería. Entonces, lo más flipante que he vivido en mi vida ocurrió: todos los que estaban de nuestra parte empezaron a luchar de nuevo. Algunos llorando o gritando y otros enfurecidos. Estaban tan enfadados que daban miedo y el enemigo temblaba de pavor. Mi mejor amiga abrió lentamente los ojos y me buscó con la mirada, pero con la misma rapidez se le cerraron y no volvió a abrirlos.

"¡Jake, ya hemos capturado a Tánatos! Fue difícil pero..." Mark y Denisse callaron al instante al ver cómo tumbaba a Casey en una camilla y le arrancaba el puñal del estómago. "¡¿Qué ha pasado?"

No dije nada. Si empezaba a contarles todo me pondría a llorar y no tendría la rabia suficiente para derrotar a Adonis.
Casey soltó un aullido de dolor cuando saqué el puñal de su estómago.

"¡Yo me encargo!" aulló Denisse nerviosa. "¡Tu y Mark id a luchar!"

La miré asustado. Ella sabía que no quería abandonarla en ese estado ahora mismo, pero tenía que hacerlo si quería capturar a Adonis. Asentí vencido por nuestra discusión mental y mi amigo y yo corrimos al campo de batalla a luchar.

Mark POV

"¡Vamos, Denisse. No hay tiempo, tenemos que ayudar a los demás!" Grité mientras corríamos por el bosque.

"Ya lo sé" dijo exhausta. "Pero es que Tánatos ha aguantado tanto que estoy cansadísima."

¿Cómo logramos capturarlo? No fue nada fácil. Si Denisse no hubiera llamado a Leo, el hijo de Hefesto, no lo hubiéramos conseguido. Él estaba aún en medio de la batalla cuando Denisse cogió el teléfono y marcó el número de Leo. Era peligroso; ningún mestizo que quisiera vivir felizmente llamaría por teléfono a no ser que fuera una gran emergencia. Y creedme, aquello lo era.
Cuando por fin llegó, Denisse hizo aparecer decenas de raíces del suelo y las enroscó alrededor del cuerpo del dios mientras éste peleaba conmigo. Leo, con un simple juego de palabras en griego antiguo, convirtió las raíces en cadenas irrompibles que el mismísimo Hefesto forjó.

Leo, que corría a mi lado, se detuvo en seco y Denisse chocó contra él. Su expresión estaba llena de asombro y confusión.

"¿Qué demonios es eso?" dijo señalando a una gran bola de luz blanca que crecía hasta cegarnos.

Unos segundos más tarde la luz se apagó y volvimos a la oscuridad de las nubes de tormenta. Nos frotamos los ojos intentando entender lo que había pasado.

"Será mejor que nos demos prisa" dijo Denisse. "Espero que Jake haya recuperado su collar."

Corrimos de nuevo y empezó a llover a cántaros. El bosque parecía no tener ninguna salida y las plantas y el suelo húmedo resbalaban; eso nos afectaba bastante ya que teníamos prisa y debíamos ir con cuidado de no resbalar y hacernos daño.
Hacía un buen rato que no se oía ninguna bomba ni grito. ¿Qué había pasado? ¿La batalla habría terminado? No, imposible. Yo quería luchar. Con Tánatos me lo pasé bien, pero quería más, mucho más. Se me subió el ánimo al escuchar de nuevo los gritos enfadados de guerra a medida que nos acercábamos al campo de batalla.

Aquello era... demente. Brutal. Los campistas luchaban con todas sus fuerzas, los arqueros no dejaban de lanzar flechas, bomba por aquí, monstruo por allá... Ni un videojuego era más emocionante que aquello.
Vi a mi amigo Jake llevando el cuerpo de alguien en brazos por la enfermería. Teníamos que decirle que Tánatos ya estaba capturado.

"Yo me voy a ayudar" anunció Leo. "Me han dicho que hay una esfinge delante del edificio que hay al otro extremo del bosque. Esto va a ser divertido."

Asentimos y empezó a correr.

"¡Eh, tío!" lo llamé y se giró desconcertado. "Gracias por todo."

"Ha sido un placer" dijo con una reverencia y se largó.

Denisse y yo fuimos corriendo para alcanzar a Jake.

"¡Jake, ya hemos capturado a Tánatos! Fue difícil pero..." los dos nos quedamos sin aliento al ver aquella imagen.

El cuerpo malherido que Jake tumbaba en una camilla era el de Casey. Tenía un cuchillo clavado en el estómago y Jake se lo estaba sacando. Su cuerpo, dañado, estaba mojado, sudado y temblando agitadamente.

"¿Qué ha pasado?" preguntamos Denisse y yo al mismo tiempo.

Esperé a que dijera algo pero solo apretó los ojos con fuerza para no llorar. Cuando por fin arrancó el puñal de su estómago, Casey soltó un grito agónico. Incluso me dolió a mí. Entonces supe, de alguna manera, que ella nunca quería hacernos aquello.

Denisse POV

Por la expresión adolorida, silenciosa y triste de Jake, entendí que ya estaban perdonados, que pasó algo entre ellos que hizo que se perdonaran.
Luego reparé en algo que Jake apretaba con fuerza en su mano: un frasco de cristal atado a un hilo de cuero marrón oscuro; el alma de Jake.
Las ninfas que había bajo la tienda de la enfermería contemplaban la escena tristemente. Enebro estaba llorando.

"¡Yo me encargo!" dije un poco histérica. "¡Tu y Mark id a luchar!"

Jake dudó un segundo y me miró a los ojos. No quería dejarla en ese estado, quería estar allí, a su lado, para ella. Tuvimos una de nuestras conversaciones visuales y mentales y terminé ganando. Si Jake iba a luchar tenía la oportunidad de acabar con Adonis y darle su merecido. Yo, mientras, estaría aquí cuidándola. ¡Al carajo con la batalla! Mi mejor amiga estaba herida gravemente. Mi amigo asintió vencido y se fue junto a mi novio a luchar.
Cogí el cuchillo ensangrentado que había al lado del cuerpo de mi amiga. Era el suyo y, por el olor, supe que estaba envenenado.

"Sangre de centauro" murmuré asustada.

La sangre de centauro es muy peligrosa, es un veneno mortal si llega al corazón, y te debilita lentamente a medida que circula por tus venas. He oído decir que también te aísla de algunos de tus sentidos; de la vista y la oída.

"¡Maldita sea!" gruñí. "La herida está demasiado cerca del corazón. Si no nos damos prisa el veneno llegará en cualquier momento. ¡Enebro!"

La ninfa se me acercó enseguida y me miró aterrorizada. "¿S-Si?"

"¿Conoces algún medio de curación para las heridas envenenadas?"

Tragó saliva pesadamente y asintió varias veces. "Sí, sí. Las aprendí hace unos años."

La cogí por el brazo y la miré con lágrimas en los ojos. "Por favor, sálvala."

Asintió firmemente y se giró hacia Casey. Conectó un esfigmómetro portátil a mi amiga así podría controlar su la frecuencia de los latidos de su corazón. Pronunció unas oraciones en griego antiguo y de sus manos apareció una especie de humo verde.
Los demás que estaban por la enfermería nos miraban temblorosos.

"¡Venga, vamos! ¿Es que no tenéis nada mejor que hacer? Ocupaos de los demás heridos" les espeté.

Puede que hubiera sido un poco maleducada, pero en este momento nada me importaba tanto como la vida de mi mejor amiga. Nos ayudó a recuperar el alma de Jake...
Enebro apretó sus manos contra la herida de su estómago y el humo verde empezó a cambiar de color; de verde moco a negro. Su cuerpo empezó a agitarse fuertemente y la ninfa se asustó y comprobó rápidamente sus pulsaciones.

"¡No puede ser!" gruñó.

"¡¿Qué pasa, qué es lo que va mal?" pregunté acercándome a ella.

"Su ritmo, está aumentando muy rápidamente" dijo con la voz temblorosa y sus manos, aún contra la herida de Casey.

Supe que aquello no era nada bueno. Vi como el cuerpo de mi amiga temblaba sin parar, como si tuviera espasmos continuos y repetitivos. Cogí su mano con fuerza y empecé a hablarle:

"Casey, por favor, no me dejes" las lágrimas resbalaban sin parar de mis mejillas y me atragantaba con mi propia saliva. "Tienes que salir de esta."

Miré temblorosa a la escena que sucedía fuera de la tienda: chicos y chicas adolescentes luchando junto a personajes fantásticos de la mitología griega para derrotar al enemigo. Aún había gente recogiendo cuerpos heridos o sin vida y trayéndolos hacia las tiendas de enfermería. Gracias a los dioses, ya casi había acabado y la victoria sería nuestra. La mayor parte de los dioses habían sido capturados y encadenados, montones y montones de polvo- que eran los restos de los monstruos que habían vencido -se apilaban en el suelo formando pequeñas montañas. Mark estaba ayudando ferozmente a capturar a los últimos diosecillos que quedaban. Eran tan inferiores en número que tuvieron que abandonar y rendirse. Pero aún había uno que no se daba por vencido. Era Adonis. Jake y él aún seguían luchando. Percy intentó ayudarlo pero Jake lo quería para él solo.
Arrastré mi mirada al esfigmómetro de nuevo. Las pulsaciones habían disminuido demasiado. Casey ya no se movía. Creí que ya la habíamos perdido cuando susurró sus últimas palabras:

"T-Te quiero, J-Jake."

Y eso fue lo último que hizo. El esfigmómetro indicaba que su corazón ya había dejado de latir. Me sentí como si el mío hubiera hecho lo mismo. Enebro, que estaba sudada de tanto esforzarse, me miró con tristeza:

"Yo... lo siento. He hecho todo lo que he podido per el veneno ya se había esparcido demasiado."

Y las dos nos pusimos a llorar desconsoladamente. No fuimos las únicas; todos los que estaban conscientes debajo de la tienda que lo vieron y oyeron todo también lloraban.
Mi amiga, mi mejor amiga, mi hermana, mi prima... Había fallecido dando su vida para salvar la de Jake. Ahora la profecía se había cumplido. No quería ver aquello, no quería creer que ocurrió, no quería estar allí, alrededor de mis compañeros.
Salí corriendo de la tienda y me fui a abrazar a Mark. Él era el único que me hacía sentir bien.

"¡Mark!" sollocé.

"Eh, Denisse, ¿qué ocurre?" dijo acariciándome el pelo.

No pude contestar. Empecé a negar con la cabeza y a esconderme en su pecho. No podía soportar aquel sentimiento.
Luego, Mark lo entendió todo.

"Ella... ella dijo que le quería."

Jake POV

La lluvia ya había cedido y estaba enfadado más no poder.

"Acabaré contigo" me amenazó Adonis cuando ya estaba encadenado.

"¿A sí? ¿Y cómo lo harás?" le espeté. "Ahora mismo no estás en las mejores condiciones para hablar tanto. No seas bocas."

Entonces apareció el gran dios Apolo en un descapotable rojo.

"¡Bien hecho, chicos!" dijo quitándose las gafas de sol y contemplando el escenario. Lo de las gafas sobraba. Con el mal tiempo que hacía no las necesitaba para nada. "Bueno, solo he venido a recoger a éstos muermos."

Transformó el coche en un gran camión de carga y se llevó a los dioses.

Percy y Annabeth se acercaron a mí.

"Jake, ha sido impresionante. Pero... ¿te encuentras bien?"

"Sí, Percy. Es solo que..."

"Te ha afectado mucho ver lo que Casey ha hecho, ¿verdad?" preguntó Annabeth.

Cerré los ojos con fuerza intentando que aquellas imágenes no volvieran a mi cabeza.

"No te preocupes" dijo Percy intentando reconfortarme. "Seguro que saldrá de-"

"¡Mark!" oí a Denisse gritar y abrazarlo con fuerza.

Lloraba desconsoladamente. Supongo que estaba preocupada por Mark y, al mismo tiempo, aliviada por verlo con vida. Pero ninguno sonreía y allí fue cuando vi por primera vez a mi mejor amigo llorar. Los tres nos acercamos a mis mejores amigos para saber qué había pasado.

"Eh, ¿estáis bien?" tartamudeé aún sin poder creer que Mark estuviera derramando lágrimas.

Los dos me miraron con los ojos enrojecidos y abajaron la cabeza sin mirarme a la cara.

"J-Jake..." dijo Denisse con un hilo de voz.

Fue entonces cuando comprendí lo que pasaba. Imposible, no podía ser verdad. Empecé a negar con la cabeza.

"No. No, no no y ¡no!" grité.

Miré a mi alrededor para encontrarla, tenía que hablar con ella. Lo único que vi era a un montón de campistas llorar por sus amigos muertos en combate. Salí corriendo hacia la tienda de la enfermería. Mi corazón latía frenéticamente y se me humedecieron los ojos. Noté cómo la cara me ardía.
Casey estaba tumbada en una camilla y Quirón estaba examinando la herida de su estómago. Corrí hacia allí y aparté a Quirón del medio.

"¡Casey!" grité. "Casey, ¡¿me oyes?"

No obtuve ninguna respuesta. Ni me miró. Permanecía con los ojos cerrados. Le cogí la cabeza entre mis dos manos y le di unos suaves golpecitos para que abriera los ojos.

"¡Maldita sea, abre los ojos de una vez!" gruñí.

"Jake..." dijo Quirón acercándose lentamente hacia mí y negando con la cabeza, "su corazón ha dejado de latir. Lo siento."

¡Al infierno con mi reputación! Nunca lloré como esta vez. Las lágrimas no cesaron y mi cuerpo temblaba de tristeza. ¿Qué le diría a su familia? Te la dejo en tus manos...dijo Henry. ¿Cómo le contaría yo al padre de Casey todo el malentendido? Él confiaba en mí y yo metí la pata hasta el fondo. Ella... ella había muerto por mi culpa.
Cogí su cuerpo por los hombros y la levanté un poco, lo suficientemente para darle un último abrazo. Su piel estaba tan... fría.

"Yo no quiero vivir así" susurré a su oído y le di un último beso en la mejilla.

Estaba a punto de tumbarla de nuevo en la camilla pero reparé en una enorme herida que había en la parte inferior de su espalda. Levanté un poco más su camiseta y vi que le habían marcado una palabra en la espalda: IMPURA.

"Malditos sean todos" susurré. "No merecen que seamos tan buenos con ellos. Deberíamos mandarlos al Tártaro a todos."

Quirón puso una mano en mi hombro y me dio unos golpecitos. Él también estaba triste. Quería a los campistas como si fueran sus propios hijos. La tumbamos, el centauro puso dos dracmas de oro en sus ojos y yo la cubrí con una sábana. Adiós, Casey...
Salí de la tienda pesadamente y entristecido. Aún lloraba y no me importó nada que mis compañeros me vieran. Ni los de Ares se atrevieron a reírse cuando vieron mi cara. Podía estar triste, pero el enfado no me lo quitaba nadie de encima.

Denisse corrió hacia mí y me abrazó muy fuerte. Todos los que seguían con vida estaban presenciando la escena. Algunos dijeron que lo sentían, otros me abrazaban para consolarme.
Pusimos dracmas de oro en los ojos de todos los que perdieron sus vidas y los cubrimos con sábanas. En total había unos cuarenta y tres.
Aproveché la ocasión para hablar. Levanté mi espada con una mano y con la otra agarré con fuerza los tres collares que llevaba colgados- el del campamento, la cadena donde colgaba el medallón-espada y el frasco de cristal- y pronuncié un pequeño discurso mientras intentaba reprimir mis lágrimas:

"Hoy han muerto muchos de nosotros. Unos más rápidamente y otros no tanto. Pero todos tenían un mismo objetivo: morir luchando por lo que más quieren. Todos han muerto como grandes héroes y así perdurará."

Los de Campamento Mestizo levantaron todos sus armas y rezaron en silencio para que las almas de nuestros compañeros se fueran a los Campos Elíseos. Los del Campamento SPQR hicieron el mismo gesto de alzar sus armas pero ellos no eran tan silenciosos. Dieron un fuerte grito en nombre de todos los que perecieron. Un grupo variado, de semidioses y personajes fantásticos, prendieron fuego a unas antorchas y encendieron los cuerpos de todos los fallecidos.
Nos pusimos todos en fila y contemplamos a los cuerpos no vivos de nuestros compañeros más preciados. Vi a primera fila, cómo el cuerpo de mi mejor amiga, una de las personas más importantes para mí, ardía en llamas anaranjadas y plateadas.

"Guardemos unos minutos de silencio en nombre de éstos grandes héroes" comentó Quirón con serenidad.

Todos abajamos nuestras cabezas y dejamos que el silencio adornara aquella situación. Solo se oía el crepitar del fuego.
Vi como mis lágrimas caían de nuevo sobre el suelo y pensé en que nunca pude hablar en serio con mi mejor amiga. Y en tres horas, iba a ser su cumpleaños. Nunca cumpliría los quince.