Él también se iría a descansar. Estaba anocheciendo y no tenía nada más qué hacer. El hecho de saber que a la mañana siguiente podría por fin retomar su entrenamiento lo puso de excelente humor, tanto que no se atrevió a dejar a Bulma así... No se iba a arriesgar a moverla y despertarla, pero al menos debía hacer algo para disminuir su incomodidad. Fue por una cobija y cubrió su cuerpo con cuidado.

...

Pocos minutos después de medianoche, Bulma por fin despertó. En cuanto abrió los ojos se percató de que su mejilla estaba mojada y que había dejado un pequeño rastro de saliva sobre los bocetos del nuevo traje de combate para Vegeta. Reaccionó de inmediato dejando de apoyar su cabeza sobre los papeles, dándose cuenta de que llevaba una manta encima.

—Otra vez no... —susurró mientras la examinaba. Incluso era la misma de la última vez.

Los recuerdos tan desagradables del momento cuando le agradeció a Vegeta por haberse preocupado por ella comenzaron a surgir haciendo que olvidara el incidente de la saliva.

—¡Vegeta! —gritó hecha una furia—. ¿¡En dónde estás, maldito saiyajin!?

Sin pensarlo dos veces, salió a paso apresurado de la nave para ir en busca del hombre que se había atrevido a jugar con ella otra vez. Pensó que lo más probable sería que estuviera devorando la poca comida que aún quedaba en la despensa de la cocina pero se equivocó; el saiyajin no se encontraba ahí. Lo único con lo que se encontró fue con el desastre de platos que había dejado en la tarde, provocando que su molestia aumentara todavía más.

—Es tarde —se fijó en su reloj de muñeca—. quizá esté dormido.

A toda prisa y con la manta bien sujeta entre sus manos, finalmente llegó a la habitación que estaba buscando. No se podía escuchar ningún ruido y la puerta estaba cerrada pero no le importó. Abrió sin avisar y se topó con la recámara en completa oscuridad a excepción de la poca luz que provenía del cuarto de baño. La puerta estaba entreabierta y podía distinguir el sonido del agua al caer.

—¡Estúpido mono! —gritó al entrar—. ¡Exijo que me des una explicación!

Se quedó inmóvil al verse sola en la habitación.

—Estúpida terrícola —escuchó la voz del saiyajin desde la recámara—. ¿Acaso estás ciega?

Vegeta se encontraba sentado sobre la cama, esperando a que la tina se llenara, cuando Bulma irrumpió gritando en su habitación. Pudo darse cuenta que la chica no lo había visto así que decidió divertirse un poco mirando lo que hacía, hasta que recibió el tan ingenioso insulto de su parte.

—¿¡Qué has dicho!? —preguntó gritando y regresando a la habitación para prender las luces.

Se encontró con un Vegeta semidesnudo sentado sobre la cama con los ojos cerrados.

—Además de ciega eres sorda.

La chica no le dio importancia a sus palabras, lo único que quería era poner las cosas claras entre ellos de una vez por todas.

—¿A qué demonios estás jugando?

La pregunta hizo que el saiyajin por fin se interesara lo suficiente como para mirarla. Se le quedó viendo por varios segundos sin comprender a qué se refería. Bulma, al notar la confusión en el rostro de Vegeta no dudó en mostrarle a lo que había ido a buscarlo. Con mucha fuerza le arrojó la manta a la cara.

—¡¿Me vas a decir otra vez que no has sido tú?! —se cruzó de brazos en espera de una respuesta.

Vegeta examinó la cobija como si fuera la primera vez en su vida que veía algo así. No tardó mucho tiempo en comprender el por qué de la actitud tan extraña de la muchacha. Después de un par de minutos en completo silencio, se levantó y se acercó a ella.

—No —dijo en voz baja, deteniéndose a pocos centímetros de su cuerpo.

—¿Qué? —aquella no era la respuesta que Bulma esperaba. ¿Acaso le estaba diciendo que se había preocupado lo suficiente como para ir a buscar una manta y taparla?

—Que sí fui yo —puso los ojos en blanco—. ¿Contenta? Ya puedes irte.

—Gra-gracias —fue lo único que atinó a decir.

—¡No me agradezcas y lárgate ya!

—¿Pero qué es lo que te pasa? Me tratas bien un momento y al siguiente comienzas a gritarme, no te entiendo —sus ojos comenzaron a cristalizarse—. ¡Me tienes harta! ¡No haces más que confundirme!

—No puedo creer que seas tan idiota —murmuró antes de tomar su rostro entre sus manos y comenzar a besarla.

Era un beso casi desesperado y Bulma fue capaz de percibir la diferencia de inmediato. Comenzó a pensar en las extrañas actitudes del saiyajin; las razones que lo orillaban a hacer ciertas cosas y en especial en las veces en las que él había iniciado las muestras de afecto. En poco tiempo las cosas comenzaron a aclararse dentro de su cabeza. Vegeta era el orgullo en persona y el hecho de que estuviera besándola en ese preciso momento decía bastante sobre sus sentimientos. Pero quizo hacer una prueba antes de poner las cosas seguras.

—Primero me dices idiota —cortó el beso pero sin dejar de rozar sus labios—, y después me besas.

Vegeta se sorprendió por el repentino cambio en su tono de voz. No estaba gritando ni tampoco era un reclamo, como acostumbraba a hacer después de situaciones similares.

—No te lo he dicho a ti —sus manos buscaron otro lugar en el cuerpo de la chica en donde descansar. Las bajó hasta su cintura y la apretó con fuerza, teniendo cuidado de no lastimarla.

Bulma sonrió ante su respuesta. Aquello solo quería decir que el saiyajin por fin había dejado de luchar contra sí mismo. Temerosa de que las cosas fueran a cambiar de un momento a otro, decidió continuar con el beso. Vegeta no puso objeciones y se dejó llevar por la caricia como si él también hubiera estado esperando a que ella tuviera la iniciativa.

—Me voy a quedar aquí esta noche —le informó de repente—. Espero que no te moleste.

En respuesta, el saiyajin comenzó a caminar en dirección a la cama sin soltarla, ocasionando así que ella siguiera sus pasos. Bulma se sentó sobre la cama y se recorrió hacia el centro.

—Ven —susurró, jalándolo del brazo para que subiera también.

Apoyándose con las manos sobre el colchón, para no dejar su peso completo sobre el frágil cuerpo de la muchacha, se puso encima y comenzó a besarle el cuello con lentitud. El calor que emanaba la piel desnuda del saiyajin estaba volviéndola loca. No podía creer que aún teniéndolo tan cerca tuviera la necesidad de fusionar su piel con la suya. El olor que desprendía era como una droga.

—Se está derramando el agua de la tina —murmuró en su oído.

Vegeta detuvo sus besos para mirarla. En ese momento, la chica podría haber jurado que había arruinado el momento de nuevo, pero enseguida se vio sorprendida por la sonrisa a medias que apareció en el rostro del saiyajin.

—¿Lo estás diciendo en serio? —preguntó divertido.

—Me gusta cuando sonríes —respondió aliviada. Puso el pulgar sobre sus labios y los recorrió con parsimonia—. Porque solo lo haces cuando estás conmigo.

El sonido del agua se fue alejando poco a poco hasta desaparecer. Bulma estaba tan perdida en la oscuridad de los ojos del saiyajin quien la miraban tan fijamente que logró que la muchacha se olvidara de todo a su alrededor. Nada existía ya, excepto ellos dos. Sentía como si su cuerpo se estuviera derritiendo de solo pensar en que nunca antes la había contemplado de esa manera; tan directa, tan profunda. Su pulgar continuaba posado sobre sus labios, explorándolos, hasta que él hizo un movimiento con su cabeza para que dejara de tocarlo. Tomó con firmeza ambas muñecas de la chica y las subió a la altura de su rostro aprisionándolas sobre la almohada.

—No te muevas —ordenó.

A pesar de encontrarse en esa situación y tener una expresión relajada en el rostro, su tono de voz era el mismo de siempre: agresivo, y por alguna extraña razón, aquello hizo que Bulma sintiera un cosquilleo recorrer todo su cuerpo. Le resultaba sumamente excitante escucharlo mientras le miraba así de cerca y sentía el roce de su piel. El vestido comenzaba a estorbar demasiado.

Liberó sus brazos, y como si hubiese leído su mente, fijó la atención en la ropa que aún llevaba puesta. Vegeta se recorrió un poco hacia atrás para buscar el punto perfecto en donde aterrizar sus traviesas manos otra vez. Las metió por debajo de su vestido y fue subiéndolas por sus piernas con lentitud, disfrutando de la suavidad de su piel, hasta toparse con la fina tela de su ropa interior. La prenda que estorbaba se había recorrido atorada entre los fuertes brazos del saiyajin hasta llegar a la estrecha cintura de la muchacha.

—Quítamelo ya —pidió desesperada.

Sus manos eran como un imán y no era capaz de despegarlas de su piel. Continuó recorriendo su figura hasta que el vestido llegó a la altura del bien formado pecho de la muchacha. Lo tomó, apretándolo con fuerza y con lentitud se deshizo de él. El encaje de su sostén dejaba ver demasiado y eso excitó aún más al saiyajin que se había quedado observando su cuerpo con atención.

—Es mi turno —pensó ella al ver la oportunidad de poder tocarlo otra vez.

—Te dije que no te movieras —advirtió sin despegar la mirada de su pecho.

Sin dejar tiempo para que Bulma protestara, se abalanzó sobre ella hasta casi chocar con su rostro e introdujo su lengua en su boca para besarla. Mientras ella enredaba sus manos en el cabello del saiyajin, los hábiles dedos de él comenzaron con el trabajo de desabrochar el complicado broche del brasier rosa que tanto le estorbaba para hacer su siguiente movimiento. En el instante en que logró hacerlo, cortó el beso, dejando a la chica con ganas de más. Le dedicó una fugaz sonrisa antes de comenzar con su juego. Empezó a repartir pequeños besos sobre su cuello y fue quitando su ropa interior hasta dejar su pecho desnudo. Quería probar el sabor de su piel en esa parte tan sensible. Con su lengua recorrió cada milímetro mientras que con una mano masajeaba el que aún quedaba libre, haciendo que Bulma soltara sus primeros gemidos de placer. La chica disfrutaba con los ojos cerrados hasta que dejó de sentir la lengua de Vegeta sobre su piel. Abrió los ojos de golpe para encontrarse con el saiyajin a punto de deshacerse de la única prenda que faltaba. Le sorprendió cuando él llevó su rostro hasta su intimidad y comenzó a besarla lentamente. Ella no hizo más que abrir sus piernas, dándole permiso de hacer lo que quisiera.

—No te detengas —pidió entre jadeos.

No recibió respuesta, en su lugar sintió cómo Vegeta aumentaba el ritmo en sus caricias hasta hacer que el cuerpo de Bulma se arqueara sobre la cama. Sus manos se aferraron con fuerza al edredón. No imaginaba que aquello se pudiera sentir tan bien, hasta que cayó en cuenta de que quizá se sentía de esa manera porque se trataba de Vegeta.

El saiyajin parecía querer llenarse con el olor y el sabor de Bulma. Mientras exploraba por completo la zona con su lengua, mantenía una mano sobre el vientre de la chica; acariciándolo, sintiendo su suavidad, y no detuvo su juego hasta que estuvo por completo satisfecho. Se incorporó un poco, quedando de rodillas con la intención de deshacerse de la única prenda que llevaba encima, pero las delicadas y finas manos de la chica se lo impidieron.

—Es mi turno —avisó con un tono seductor.

Se abrazó a él con fuerza, pegando sus labios a su lóbulo izquierdo.

—Prepárate, saiyajin —susurró, haciéndolo estremecer.

Él había tomado el control desde el principio y planeaba que así continuara, pero se le había olvidado a qué mujer tenía en su cama. A pesar de que no estaba de acuerdo, se vio incapaz de detenerla.

El hecho de que Vegeta vistiera solo con ropa interior facilitaba las cosas y apresuraba la situación al siguiente nivel pero a Bulma le hubiese encantado que estuviera vestido. Se imaginaba desprendiendo su camisa botón por botón hasta quitarla por completo con lentitud y acariciando esos músculos tan bien formados que tanto le gustaban. Comenzó a besar su torso desnudo mientras sus manos la acompañaban en el recorrido. Vegeta la miraba curioso desde arriba, percatándose de que la chica bajaba su boca cada vez más. Disfrutaba de sentir la frescura de sus labios sobre él pero el hecho de no saber cuales eran las intenciones de la muchacha no le permitía disfrutar al completo. Bulma dio un par de besos sobre sus bóxers, dejando al saiyajin sin aliento. Ya no tenía ningún tipo de vergüenza. Bajó la prenda e introdujo su miembro en su boca.

Volteaba a mirar la reacción de Vegeta de vez en cuando y no se sintió satisfecha hasta que lo escuchó gemir, echando su cabeza hacia atrás de lo mucho que estaba disfrutando con las maravillas que podía hacer con su boca. Bulma detuvo sus caricias para recostarse sobre la cama de nuevo. Separó las piernas y con un gesto de sus dedos le incitó a que se acercara. Vegeta se posicionó encima e introdujo su masculinidad en el interior de la muchacha. Sediento de sus labios, ahogó los gemidos con un beso.

Bulma terminó gritando el nombre del siayajin con los ojos cerrados y no pudo ver la sonrisa que apareció en su rostro al escucharla.

—Tu cama es muy estrecha —susurró—. Es un buen pretexto para estar más cerca de ti.

Vegeta no dijo nada ante el comentario. Estaba más serio y pensativo que nunca pero aún así no parecía de mal humor; su expresión era relajada. Bulma aprovechó el silencio para acercarse más a su cuerpo y acurrucarse entre sus brazos. Una fina sábana blanca cubría su desnudez. A pesar de que el momento había terminado hacía unos minutos, la chica no dejaba de acariciarlo en diferentes partes de su cuerpo. Delineó cada una de las marcas de guerra que tenia sobre su torso y creaba frases con sus dedos con la esperanza de que él estuviera lo suficientemente atento como para entenderlas.

—Se está metiendo el agua a la habitación —informó de repente—. Deja de escribir cosas ridículas y llama a los robots para que limpien el desastre...

—Que tú causaste —le cortó ella.

—¿Quién fue la que vino a interrumpir mis planes y ademas entró sin avisar? —preguntó.

—Pues entonces aprovechémoslo.

Sin esperar respuesta, se puso de pie y se encamino hacia el cuarto de baño. Vegeta se quedó mirándola, perdido en sus curvas y en la manera en que contoneaba su cuerpo al caminar.

—¿No vienes? —le invitó, deteniéndose en el marco de la puerta.

El cuarto estaba inundado y cuando Bulma entró en la tina hizo que más agua se derramara, ocasionando un gruñido de parte del saiyajin que la seguía de cerca. No había podido resistirse a disfrutar nuevamente del hermoso cuerpo de la terrícola.