DCMR: Los personajes no son míos, son de S.M. la historia si me pertenece.

Capítulo XIII: Solo

Bella POV

Ya hace una semana desde el comienzo del crucero y esta noche hay otro baile al cual de alguna forma me convencieron para ir. Debido a esto he decidido pasar todo el día en el spa en vez de con Edward como lo hice toda la semana pasada.

Hablando de Edward, las cosas con él han ido de maravilla, realmente es un hombre excepcional. Todo un caballero pero muy pasional también, para mi mala suerte no me ha vuelto a invitar a pasar la noche con él pero si sucede no creo que se lo valla a negar, lo estoy deseando pero quizá sea mi culpa que no lo haya hecho otra vez, digo, quizá pensó que mi negativa era permanente.

He soñado con él noche a noche y aun no puedo olvidar que lo soñaba antes de conocerlo también.

En el spa pedí que me hicieran exfoliación, hidratación, masajes, pedicura y manicura. Con la depilación no tengo problemas porque hace un tiempo me hice una definitiva y fue lo mejor que pude haber hecho.

Mi tarde fue de completo relax, definitivamente volvería por el spa al menos una vez antes de irme.

A las 19:30 estaba de vuelta en mi habitación. Dejé todo pronto para venir a cambiarme luego. Esta vez elegí un vestido color vino tinto con un ligero escote en V al frente y un pronunciado escote en V en la espalda, un poco más arriba de la rodilla y con un pequeño tajo como de 5 cm en el lado izquierdo. Dejé prontos también unos bonitos zapatos de taco que no recordaba haber comprado, y luego de que estuvo todo pronto me senté, laptop en mano, a esperar que Edward llegara por mí para ir a cenar.

Sebastián me sonrió e instintivamente le devolví el gesto, nos estábamos acercando poco a poco…

"Toc, toc, toc"…

-Voy- guardé el documento y apagué la computadora. Un minuto después Edward y yo íbamos tomados de la mano, charlando animadamente hacia el comedor. Sin olvidar que nos saludamos con un apasionado beso.

-No hueles como siempre- menciono en un momento, mi seño se frunció automáticamente, tanto por el brusco cambio de tema como por el comentario en sí.

-¿Qué?-

-Normalmente hueles a fresas y fresias, ahora no hueles así, pero en el almuerzo olías como siempre- dijo de forma suave.

-¡Uuuuh!- mi exclamación fue de entendimiento- Debe ser por los productos del spa- dije restándole importancia.

-Me gusta tu olor- rápidamente cambié de tema y en cuanto se distrajo olí mi hombro disimuladamente a ver si olía mal. El olor era agradable, como a cítricos, quizá no le gustan los cítricos.

En el comedor nos ubicamos en una mesa vacía y optamos por esperar a James y Mía para ordenar. Llegaron unos 5 minutos después que nosotros tomados de la mano. No sé si les dije ya, pero ellos han empezado una relación, al parecer bastante seria, afortunadamente viven en la misma ciudad. Realmente me puse muy contenta por ellos, son buenas personas, se ven muy bien juntos y por lo poco que los conozco, creo que son compatibles.

Rápidamente pedimos y a los pocos minutos estábamos disfrutando de nuestra cena. Al rato se nos unieron Alelí y Ángel y entre los 6 cenamos contando antiguas anécdotas de accidentes, mayormente mías, dado que soy muy torpe, pero que nos hicieron reír a todos.

-Jajaja! ¿En verdad… le tiraste… jaja… tu almuerzo a… a… la directora? Jajajaja!- preguntó Ángel entre risas.

-Bueno… tropecé y… jajaja… la porción de pizza se le… se le… escurrió… jajaja… por la blusa y… jajaja… y el jugo… jaja… el jugo fue de lleno… jajaja… a su… jaja… a su cara… jajaja!- aun podía recordar la cara de la directora cuando vio como mi comida se dirigía directamente hacia ella, parecía que el tiempo pasaba en cámara lenta.

-Y… ¿con que… jaja… te… te tropezaste? Jajajaja! No lo puedo… jejeje… creer…- preguntó James ahogándose en la risa. Edward y Mía se estaban destornillando de la risa y se agarraban el estomago como si se les fuera a salir. Las personas de las mesas cercanas nos miraban como si estuviéramos locos.

-Con… con una… jaja… una silla… yo… juro… jajaja… que no la… jaja… vi-

-Hace años que no… jijiji… no me reía… jijiji… tanto- pudo decir Alelí que tenía lágrimas escurriendo por sus mejillas de tanto reír. Cuando logré calmar la risa, bueno cuando todos logramos calmar la risa, dije.

-Una semana limpiando los baños de chicas me costó esa caída- fruncí mi seño al recordarlo, no había sido mi culpa- y la muy…- apreté fuerte mis labios para no decir lo que tenía pensado- me hizo pagar su ropa- aun la fulmino con la mirada cada vez que la cruzo- todavía cuando me ve se aleja lo más que puede- eso me sacó una sonrisa, cuando nos encontramos en Forks, hasta cruza la calle para no pasar cerca mío.

-¿Te hizo pagar la ropa? ¡Pero si solo fue un accidente!- exclamó Mía indignada.

-Bueno, la pagó mi papá. Pero ella hasta el día de hoy jura que yo lo hice a propósito, a pesar que durante años me vio entrar y salir de la enfermería o con una escayola en algún brazo o pierna. Suerte que mi hermano detuvo mi caída, sino hubiera sido otro viaje al hospital-

-¿Cuál hermano?- preguntó Edward.

-Mi mellizo, claro, compartíamos todas las clases e íbamos juntos de un lado a otro- por alguna razón jamás daba los nombres de mis hermanos, me refería a ellos como el mayor o mi mellizo, pero nunca por sus nombres, no me sentía cómoda dando información de mi familia a desconocidos.

Los primeros en retirarse fueron James y Mía y en pocos minutos Los siguieron Ángel y Alelí por lo que nosotros también nos retiramos, me dolía un poco el estomago de tanto reírme, pero habíamos pasado un gran momento.

Eran apenas las 9:15 cuando llegamos a la habitación.

-¿En cuánto tiempo estas pronta?-

-El baile empieza a las 10- dije dando a entender que para esa hora iba a estar pronta.

-Lo sé, pero pensé…- se pasó la mano por el cabello de una forma nerviosa pero muy sexy- pensé que quizá podríamos dar una vuelta antes de ir al baile- se ve tan bien cuando se pone tímido…

-En media hora estoy lista- esta vez no hizo ninguna mueca de incredulidad ya sabiendo que incluso si llega 5 minutos antes voy a estar lista.

-En media hora paso por ti- me dio un corto beso que me dejo con gusto a poco y se retiro a su habitación pero no cerró la puerta hasta que no estuvo seguro de que yo ya estaba cerrando la mía. Una costumbre que agarro con los días y que me resulta encantadora, me provoca una sensación de seguridad, él se asegura de que ya estoy a salvo en mi habitación antes de entrar a la suya.

Decidí darme un baño con el jabón que yo misma me preparo a base de aceites de fresa y fresia.

25 minutos más tarde ya estaba pronta, dándome unos últimos vistazos en el espejo, asegurándome que el maquillaje este perfecto (bueno, lo que para mí es perfecto) y que el vestido esté en su lugar. Edward llegó a la hora acordada por mí.

Terminamos otra vez en el mismo lugar en el que nos conocimos, solo que esta vez ambos mirábamos hacia el mar. Edward estaba atrás mío, sus manos cruzando mi abdomen y su cabeza apoyada en mi hombro. Permanecíamos en silencio, disfrutando de la vista y la brisa marina. Una de mis manos acariciaba de forma ausente uno de sus brazos y la otra estaba apoyada en la barandilla, era un momento único. Suspiré, realmente estaba muy cómoda.

-Los suspiros son besos no dados- susurró en mi oído antes de llevar una de sus manos a mi mentón para girar mi cara. Una sonrisa se dibujó en mis labios al saber exactamente lo que iba a hacer y una sensación de júbilo se extendió por todas las células de mi cuerpo. Un beso suave, sensual, mi mente me abandonó por completo. Rompió el beso mucho antes de lo que hubiera deseado pero note que los dos jadeábamos en busca de aire.

-Me estas volviendo loco- susurró antes de dejar un beso en mi cuello.

-A mi me volviste loca hace rato- utilice el mismo tono de voz que él, pero no lo dije en su oído, supe que me escuchó porque lo sentí sonreír contra mi cuello.

-Lo mejor es que entremos- depositó otro beso en mi cuello que me erizó hasta los dedos de los pies y aflojó su agarre en mi abdomen, pero no me soltó, una de sus manos se dirigió a mi espalda y en una caricia suave la depositó en mi cintura. Mi mano hizo un movimiento similar pero más torpe y así, abrazados, nos dirigimos hacia el salón de baile.

No recuerdo momento de mi vida en el que me haya sentido tan feliz en una relación, supongo que es debido a que aquí no hay estrés por el trabajo o por los estudios, es como si esto no fuera el mundo real, un mundo paralelo, creado solo para disfrutar. Edward le estaba dando más sentido a mi vida del que habían tenido los últimos 27 años. Junto a él me siento segura, importante, respetada, tranquila, feliz y aunque suene raro, me siento querida, entre otras cosas, claro.

Cuando llegamos al salón parecía que ya todos estaban ahí, miré mi reloj para ver cuánto habíamos demorado y vi que ya eran las 11:40. ¡Estuvimos casi 2 horas afuera! Como pasa el tiempo cuando uno se divierte.

A lo lejos divisamos a varios conocidos bailando, bueno, los conocemos a todos, pero nos llevamos más con unos que con otros, como pasa en todos lados, pero nosotros nos dirigimos primero al bar. Pedí una margarita y Edward una cerveza. Saludamos y hablamos con algunas personas que se acercaban a tomar algo y poco después nos dirigimos nosotros a la pista. Bailamos al ritmo de una salsa, Edward me giraba de aquí para allá y misteriosamente no había herrado un solo paso. Hablábamos a los gritos y reíamos pero nadie más nos oía por el volumen de la música. Si no fuera por él jamás me habría animado a bailar un ritmo tan movido.

La música cambió a reggaetón y Edward me pegó a su pecho, los movimientos de ambos se hicieron más sensuales. No despegué mis ojos de los suyos ni él lo hizo y tratábamos de rozar la mayor cantidad de piel. Mis manos iban y venían por su espalda, llegando al borde de su pantalón, donde suavemente y con la punta de los dedos, lo recorría desde atrás hacia adelante pera luego subirlos por sus abdominales y llegas hasta su pecho. Sus manos hacían un recorrido similar en mi cuerpo, por mi espalda hasta el comienzo de mis nalgas y luego hacia mi estomago donde subían con los pulgares arriba hasta la base de mis senos y dejaban una caricia mientras volvían a mi espalda.

Estaba haciendo realmente mucho calor. Su excitación era muy notoria y eso me hizo sentir poderosa, pero yo estaba excitada hasta extremos insospechados, nunca en mi vida había llegado a un estado similar y mucho menos solo con un baile y unas caricias. Podía sentir mis bragas mojadas y mis pechos duros, con los pezones erguidos. Mi cuerpo estaba sufriendo una combustión espontanea, realmente sentía que me quemaba. Me estaba prendiendo fuego por dentro. Aun nos mirábamos a los ojos, pero los suyos ya no eran verdes, sino que se encontraban negros, negros de lujuria. No pude resistirlo, me abalancé hacia él como un león hambriento y nos besamos, nos besamos como si la vida se nos fuera en ello. Aun lo seguía acariciando y él aun me acariciaba, todo lo que quería era quitarle la ropa ahí mismo. Al parecer me leyó el pensamiento.

-¿Podemos… irnos de… aquí?- dijo entre jadeos. Me separé un poco de él y lo tomé de la mano, ambos nos dirigimos a la puerta. Ni bien la cruzamos, Edward se detuvo y se recostó contra la pared, soltó mi mano, cerró los ojos y respiró hondo.

-Esto no…- no lo dejé terminar, realmente lo deseaba. Lo bese con desenfreno. Sus manos volaron a mi cintura y parecieron convertirse en hierro.

-Vamos- dije separándome apenas. No hizo falta nada más.

No sé cuanto demoramos en llegar a la habitación, solo sé que nos deteníamos cada pocos pasos para besarnos con mayor facilidad. Finalmente nos detuvimos frente a la habitación 212. Antes de abrir Edward preguntó.

-¿Estás segura de esto?-

-Completamente- no se me habría ocurrido negarlo. Finalmente abrió la puerta y me cedió el paso. No tuve tiempo de detallar la habitación porque enseguida sentí la puerta cerrarse. Temblé de anticipación. Edward me dio la vuelta y me besó. Sus manos esta vez no se detuvieron en la base de mis nalgas sino que siguieron su recorrido sin restricciones, por supuesto que las mías no se quedaron atrás. Finalmente llegué a su trasero, firme, duro. Sus manos llegaron al mío al mismo tiempo y ambos gemimos a la vez, aun en medio del beso, mis manos volaron a su camisa y las suyas bajaron el cierre de mi vestido, cuando iba por el cuarto botón, él movió sus dedos por mis hombros de forma que mi vestido se deslizó por mi cuerpo hasta el piso. Rompió el beso para observarme, sus ojos me recorrieron de pies a cabeza y se relamió los labios antes de llevar una de sus manos a mi pecho desnudo. "Hermosa" me pareció oírlo murmurar. Comenzó a hacer círculos sobre mi pezón y lo vi cerrar los ojos cuando se me escapó un gemido bastante alto. Volvió a besarme, con urgencia y recordé que era lo que estaba haciendo antes de esa pequeña pausa placentera. Continué quitándole la camisa y en cuanto terminé me dirigí como un rayo a la hebilla de su cinturón. Edward se separó de mis labios y atacó uno de mis senos con ella, me desconcentré completamente, olvidando lo que iba a hacer y me dediqué a sentir. Su lengua jugaba con mi pezón mandando descargas de placer por todo mi cuerpo mientras sus dedos pellizcaban el otro produciéndome un estado de éxtasis total. Podía sentir un mar entre mis piernas y recordé lo que quería. Mis manos se pusieron en movimiento otra vez y rápidamente me deshice de sus pantalones, se quitó los zapatos mientras su boca dejaba un camino húmedo por mi cuello, llegando hasta mi boca. Jugué con el elástico de sus boxes antes de retirarlos por completo y mi mano recorrió su longitud en una caricia suave pero certera, gimió en mi boca. Finalmente llegamos hasta la cama y ambos caímos en ella. Aproveché el tiempo que se tomó para mirarme para recorrer su pecho con mis labios, mordí uno de sus pezones y otro gemido llegó a mis oídos. Una de sus manos se poso en mi intimidad, sobre las bragas, esta vez el gemido fue de ambos. Comenzó a acariciarme, mi clítoris palpitaba bajo el encaje de las bragas y sus caricias producían un gemido tras otro.

-¡Edward!- jadee, sus dedos tomaron uno de los extremos de mis bragas y de un solo movimiento lo rompió. No pude evitar un pequeño grito y humedecerme más. Sus dedos acariciaron mi entrada y luego subieron hasta mi centro de placer.

-¡Bella!- ronroneo en mi oído- ¡estás tan húmeda!- ¡y vaya que lo estaba! Pero de una forma que no creí posible, su voz consiguió que me humedeciera más.

Una de mis manos voló a su entrepierna y mis manos se deslizaron por la punta de su miembro ya húmedo, antes de que mi mano se cerrara en torno a él y comenzara a acariciarlo. Mordí mi labio, ¡se notaba tan grande en mi mano! Ambos gemimos. En cualquier momento me iba a correr.

-¡Edward! ¡Ya… ya no aguanto!- logré decir entre gemidos y jadeos, dos de sus dedos se hundieron en mi cavidad y comenzó a bombear.

-¡Córrete para mi, Bella!- dijo con voz ronca, no pude soportarlo, me corrí como nunca lo había hecho. Mis paredes se cerraron en torno a sus dedos y todos mis músculos se contrajeron, mientras miles de sensaciones me recorrían, el grito que amenazó con salir de mis labios fue acallado por un beso cargado de desenfreno y a pesar de que mis pechos se quejaron cuando dejaron de recibir atención, mi boca lo recibió gustosa. Definitivamente, el mejor orgasmo de mi vida, y eso que fue solo con sus manos. Rompimos el beso, ambos jadeando en busca de aire. Retiró sus dedos de mi interior y solté un gemido lastimero. Lo vi sonreír ante esto, mis músculos se fueron relajando poco a poco al igual que nuestras respiraciones.

Lo sentí moverse, había cerrado los ojos para controlarme mejor, sentí que fue abierto un cajón. Abrí los ojos y me encontré con su pecho muy cerca, no pude evitarlo, mis manos y mi lengua recorrieron todo lo que tenían a su alcance. Lo sentí tensarse, pero no duró más de un segundo, comenzó a respirar más rápido.

-¡Oh! ¡Dios! ¡Bella!- dijo en un susurro jadeante. Y comenzó a remover el contenido del cajón con ímpetu.

Edward POV

Esta mujer me está matando, su propio orgasmo casi consigue el mío, la suave presión de su mano sobre mi pene y los movimientos suaves estaban haciendo estragos en mí, sus gemidos eran música para mis oídos. Retiré mis dedos de su interior, suavemente y la oí quejarse, no pude evitar sonreír, me estiré hasta el cajón, en busca de uno de los preservativos que misteriosamente alguien puso en mi maleta, no quería saber quién.

En un determinado momento sentí unas pequeñas manos en mi pecho seguidas por una lengua que hacía círculos en mi pezón, me tensé, pero casi al instante cerré los ojos y me dispuse a sentir esas maravillosas caricias, mi respiración se volvió irregular y me escuché gemir, cuando volví a ser consciente del dolor palpitante en mi entrepierna abrí los ojos y me dispuse a buscar un maldito condón. Ni bien lo tuve en mis manos me enderecé, no sin que mi cuerpo opusiera cierta resistencia a separarse de esas manos y esa boca, ¡pero vamos! ¡En este momento necesitaba otra cosa!

Quedé arrodillado entre sus piernas y mientras llevaba el sobre a mi boca para abrirlo la recorrí con la mirada, al llegar a su cara pude verla fruncir su seño, signo de que algo andaba mal, lo que provoco que mi cuerpo se paralizara justo antes de cerrar los dientes en torno al sobrecito.

-¿¡Que crees que vas a hacer!- la rudeza de su voz me sorprendió, yo creía que estaba totalmente de acuerdo con esta situación, a lo mejor se arrepintió. Separé el sobre de mi cara y aun sorprendido, le conteste.

-¿Ponerme un condón?- si, lo sé, sonó a pregunta, pero no estaba seguro de si se refería a eso o no. Se sentó al instante y me lo quitó de las manos, eso me sorprendió aun más. Me sonrió con picardía y mi corazón se saltó un latido.

-¿No se supone que eres médico? ¿O a los médicos no les enseñan educación sexual? ¿Cómo se te ocurre abrirlo con la boca?-no pude más que golpearme mentalmente y sonreír como un idiota por ser tan descuidado.

-¿Lo siento?- si, otra vez sonó a pregunta, definitivamente, no pienso bien cuando la tengo tan cerca. Lo abrió delicadamente con sus manos y otra sonrisa traviesa se posó en sus labios. Tragué pesado imaginando el porqué de esa sonrisa. Sus manos se deslizaron suavemente por mi pene haciéndome sisear entre dientes y cerrar los ojos. La sentí besar mi pecho y luego empujarme suavemente hacia ella mientras se volvía a recostar. Fui consiente a tiempo de que mi cuerpo caía junto al suyo para apoyar mis manos y no aplastarla, una sonrisa de suficiencia se plantó en sus labios, sabía lo que estaba provocando y lo estaba disfrutando. Una sonrisa que gritaba venganza se poso en los míos antes de besarla y me introduje de un solo golpe en ella, ambos gemimos ante el contacto, no me moví, me quede quieto disfrutando de la sensación y haciéndolo desear.

-¡Edward!- medio gruño medio suplico antes de levantar sus caderas, el movimiento casi me vuelve loco y mi cuerpo reaccionó antes que mi mente, de un momento a otro bailábamos una danza tan antigua como la vida misma. Gemidos se escapaban de la boca de ambos, mis manos no paraban de moverse por su cuerpo y las de ella dejaban marcas a fuego sobre mi piel. Podía escuchar mi nombre de entre sus labios y estaba seguro de que el suyo también salía de los míos cada pocos segundos.

-¡Mas!- la escuche gemir y mis movimientos se hicieron más rápidos. Sentí sus uñas clavarse en mi espalda y un grito con mi nombre antes de que sus paredes apretaran mi pene haciendo que me corriera con ella, un fuerte Bella salió de mis labios y luego de unos movimientos más me deje caer sobre ella, pegando al máximo nuestros cuerpos pero sin aplastarla, pegué mi frente a la de ella mientras ambos intentábamos calmar la respiración. No pude resistirlo y la bese con urgencia. Nunca había disfrutado tanto del sexo. Es como si hubiera sido mi primera vez, mi primera vez realmente placentera. Me separé de sus labios, solo porque realmente me hacía falta el aire y exclamé.

-¡Wow!- pero mi voz no fue la única que se escucho. Abrí mis ojos y ambos nos reímos. Me retiré de su interior porque sentía que mi amigo se estaba durmiendo y no quería que mi semen pudiera volcarse en su interior. "¿Es que ahora si piensas como medico?" me reclamó mi conciencia, la ignoré. Me quité el condón y fui a tirarlo al baño, todo el camino pude sentir unos ojos sobre mí. Sonreí de forma inconsciente, Bella me estaba mirando, algo se regocijó en mi interior. Volví lo más rápido que pude y me acosté a su lado, ella tenía sus hermosos ojos cerrados y se mordía el labio inferior, tentándome, me acerqué a ella y succioné su labio superior. La sentí sonreír y abrió sus ojos.

-¡Eso fue realmente…!- no encontré la palabra adecuada para describirlo.

-¡Asombroso! ¡Excitante! ¡Magnifico!... ¡Wow!- terminó ella por mí, ambos soltamos unas risas luego de que asentí. La atraje hacia mi cuerpo, los dos estábamos transpirados, tomé la sabana que estaba prácticamente en el piso y nos cubrí a ambos, asegurándome de estar bien tapados. La oí suspirar y giré mi vista hacia su hermoso rostro, y me beso, me tomo totalmente desprevenido pero no tardé nada en responderle, a pesar de que mi mente estaba totalmente en off a causa de su cercanía. Rompió el beso antes de lo que me habría gustado, pero su sonrisa al separarnos hizo que olvidara cualquier protesta, pude notar que yo también sonreía.

No hacían falta las palabras.

Enterró su cara en mi cuello y su aliento me erizó hasta los pelos de los pies, mi nariz se fue hacia su pelo y aspiré su aroma, fresas, fresias, el olor de antes de la cena y el olor a sexo, todo mezclado. Al rato sentí su respiración acompasada y supe que se había dormido. Aun acariciando su espalda cerré los ojos y me concentré en su respiración. En algún momento me quedé dormido.

Sabía que me estaba despertando, y podía sentir algo blando entre mis brazos, sonreí, seguramente me veía como un tonto, pero no me importaba, tenía a mi ángel entre mis brazos. Afiancé mi agarre y abrí los ojos de golpe, mi sonrisa se borró, estaba abrazado a una almohada. Quizá solo había sido un sueño, un muy real sueño. No. La almohada tiene su olor, levanté las sabanas y me vi desnudo, definitivamente no había sido un sueño. Dirigí mi vista a la puerta del baño, pero no se veía movimiento en él y la puerta estaba abierta. Mi corazón se contrajo. Me senté en la cama y miré en derredor, su ropa no estaba ahí. ¡Se fue! ¡Me dejo!

-Solo- susurré al aire. Tenía ganas de llorar, gritar, tirar todo y una angustia enorme que me estaba comiendo por dentro, nunca me había sentido tan mal, tan abandonado, desolado. Pero a pesar de todo lo único que pude hacer fue desplomarme sobre la cama, con la cara enterrada en esa almohada que tenía su olor…

¡Hola! Perdón por la demora, tuve varias complicaciones que no vienen al caso.

Me costó bastante escribir este capítulo y quedé bastante satisfecha con el resultado, pero no al 100% como siempre, más bien diría que mi satisfacción con este capítulo es de un 60%. Les pido por favor que me manden todas las críticas que tengan para ver en que es lo que fallé y así tratar de no repetirlo.

Espero sus comentarios.

Gracias a: Millaray; Andrea; cremita; Cullen Vigo; Coonii Black; Fran Cullen Masen por sus review's del capítulo anterior.

Espero no tardar tanto para la próxima, pero aun así les pido un poco de paciencia.

Nos leemos.

Clu