Un ruido en el silencio de la noche la sobresaltó, despertándola de lo que creía que había sido otro de sus muchos sueños. Se giró, alargando la mano, encontrando el otro lado de la cama vacío. Volvió a escucharlo de nuevo. Se puso las zapatillas y la bata de seda y se dirigió hacia el salón, de donde provenían los ruidos.

Sigilosamente, se fue acercando hasta quedarse apoyada en el marco de la puerta, contemplándolo. Estaba sentado en el sofá, vestido únicamente con el pantalón del pijama, muy concentrado en algo que escribía en su portátil. Con la mirada recorrió sus pectorales y su acompasada subida y bajada al compás de su respiración. Disfrutó de las maravillosas vistas que le proporcionaba. Nunca hubiese pensado que verlo así le produciría esa descarga eléctrica que le recorría todo el cuerpo. Parecía una adolescente viviendo la experiencia del primer amor. No podía apartar la sonrisa de su rostro. Se alegraba de haber tomado la decisión de abrirse y dejar de engañarse a si misma. El miedo a perderlo la había paralizado cuando fue consciente de lo que sentía. Ahora se daba cuenta de todo lo que podría haber perdido si no se hubiese arriesgado.

Caminó hacia él y se sentó a su lado.

- No quería despertarte – le dijo Richard apartando el portátil para rodearla por los hombros con su brazo derecho.

- Pues yo me alegro de haberlo hecho. No todos los días puedo disfrutar de un espectáculo como este.

- Vaya, veo que te has despertado juguetona – le dijo con una sonrisa antes de levantarse – Volvamos a la cama.

- Espera Rick – lo sujetó de la mano, instándole a volver a sentarse.

Richard se sentó nuevamente, esperando pacientemente a que Kate hablase.

- La primera vez te vi escribiendo, hace unos días, no quisiste compartirlo conmigo – hizo una pausa mientras observaba como Richard parecía sorprenderse ante sus palabras – Me gustaría que no me ocultases nada, Rick. Quiero que sientas que puedes confiar en mi, porque estoy aquí, no me voy a ir a ninguna parte, Rick – pasó una mano por su pelo, jugando con él.

Richard se giró quedando frente a ella y la besó con ternura. La atrajo hacia él y ella apoyó la cabeza en su pecho.

- Hace varios años, en las escasas horas que tenía para desconectar del trabajo, comencé a escribir. Al principio, empezó como un juego, pero poco a poco se fue convirtiendo en algo más, una especie de vía de escape. Escribir me permitía descubrir nuevas sensaciones; viajar a lugares inhóspitos, desconocidos, preciosos; vivir la vida de otros;... En los últimos años no he dejado de escribir, pero nunca he tenido el valor de mostrárselo a nadie.

- Pero, ¿por qué, Rick? - preguntó mientras apoyaba su cabeza en el brazo que tenía flexionado sobre el sofá.

- Puede que porque me parecen algo mediocre. No lo sé, siento que lo que escribo no son más que los desvarios de un pobre doctor.

- No digas eso, Rick. Te conozco, sé que no haces nada que no vaya a quedar perfecto.

Kate permaneció en silencio, asimilando todo lo que le había dicho.

- ¿Qué estabas escribiendo ahora? - le preguntó alargando el brazo para llegar hasta el portátil, pero Richard lo retiró – Por favor, Rick.

Sus ojos se encontraron y Richard pudo ver en ella a la persona que tan bien conocía, a la tozuda Kate que no se daba por vencida. Desistió en el intento de mantenerla al margen y acercó el portátil, colocándolo en su regazo para que la pantalla estuviese a la vista de ambos.

- ¿Richard Castle? - preguntó al leer el nombre de la carpeta que abrió.

- Cuando empecé a escribir tenía la ilusión de publicar algo alguna vez. Mi nombre me parecía demasiado largo y con tintes aristocráticos, así que opté por Castle como apellido artístico y eliminé mi segundo nombre.

Kate asintió y siguió con la mirada fija en la pantalla.

- Ola de calor – leyó el título en el procesador de texto que tenía abierto – Un título sugerente. ¿De qué trata la historia?

- Si he llegado hasta aquí, compartiendo contigo lo que escribo, lo voy a hacer bien. Cada día, cuando lleguemos del trabajo, te leeré un poco. ¿Qué te parece?

- Me parece bien siempre que tú aceptes publicar algo.

- ¡Pero si aun no has leído nada de lo que he escrito! Puede que no te guste...

- Créeme Rick – le susurró cerca de sus labios – me gustará.

- Me lo pensaré – cedió finalmente sin ser capaz de pensar fríamente teniéndola tan cerca – Y ahora, volvamos a la cama.

Richard la tomó de la mano y se dirigieron a la habitación, sin dejar de sonreír y dedicarse miradas sugerentes. Ninguno de los dos parecían saciados. Aprovecharon para descubrirse mutuamente, para memorizar cada parte del cuerpo del otro, para amarse sin medida.

- Rick – le susurró arropada entre sus brazos.

- Mmm

- Gracias.

- ¿Por qué?

- Por dejarme conocerte un poco más. Por quererme.

- Siempre – la besó dulcemente – Ahora, duérmete cariño.

Una gran tormenta acompañada de truenos y relámpagos la despertó y se encontró rodeada por sus brazos que la aprisionaban. Bajo el estruendo de un día oscuro en Nueva York, Kate se sentía protegida junto a él. Las piernas del doctor rodeaban las suyas impidiéndole moverse, así que al girarse entre sus brazos, él se despertó.

- Buenos días, Kate.

- Buenos días, Rick – se acercó a sus labios para probarlos – Tenemos que levantarnos, no quiero que nos tengan que volver a llamar.

- Quédate aquí un poquito más, Kate – le susurró tirando de ella para que volviese a la cama.

- Por favor, Rick, no me lo pongas más difícil – se soltó de su mano, poniendo espacio entre ellos para no caer en la tentación – Me voy a la ducha.

- Voy contigo – dijo saliendo de la cama, sorprendiéndola al abrazarla por la espalda – Así ahorraremos tiempo – una sonrisa juguetona se dibujo en su cara.

Esposito y Ryan esperaban impacientes la llegada de Kate y Richard para ponerlos al día de todo lo que habían descubierto.

- Os estábamos esperando.

- ¿Qué ocurre Esposito? - preguntó Kate.

- Lanie recibió esta mañana las pruebas de ADN de la víctima – les dijo mientras caminaba con ellos hasta el escritorio de Ryan – Se trata de William Lopez. Es un actor que trabaja en una de las mejores agencias del mundo del cine y el teatro, cuyo director es uno de los peces gordos de ese mundo, Graimes Nicola.

- No puede ser – Kate se acercó a una de las sillas y se dejó caer, mirando hacia el suelo con las manos cubriéndole el rostro.

- ¿Qué ocurre, Kate? - se agachó apoyando las manos en sus piernas – Mírame – le sujetó la barbilla y le obligó a levantar la cabeza – Por favor, Kate, dime que sucede.

- Una de las pocas veces que Helen me habló de Tom me dijo que era el asistente de uno de los grandes productores del cine.

- ¿Estás diciendo que...?

- Sí, que la víctima conocía a Tom, el que fue el principal sospechoso de la muerte de Helen – interrumpió Kate a Ryan.

Richard se acercó a ella y la abrazó, sin importarse que estuviesen en comisaría.

- Estoy aquí. No te preocupes, Kate.

Pasaron unos segundos hasta que Esposito se decidió a hablar.

- Descartamos la posibilidad de que Tom estuviese ligado al caso de Helen. Las pruebas nos llevaron hasta Mike Sullivan y no hemos podido averiguar nada más de momento. No podemos seguir culpando a Tom, al menos en lo que se refiere a la muerte de Helen – Esposito hizo una pausa antes de seguir hablando – Kate, nos gustaría que vieras el video que grabaron las cámaras de seguridad de un edificio cercano al Hudson.

- ¿Estás segura de querer seguir con esto, Kate? - le susurró Richard para que solo ella pudiese oírlo – No tienes por que hacerlo, tú no eres policía.

- No te preocupes Rick, estoy bien – se levantó de la silla y se dirigió a los inspectores.

Ryan le dio al play y en la pantalla del ordenador apareció la víctima acompañada de un hombre corpulento con aspecto de haberse pasado con los ejercicios de pesas. Su cuerpo era fibroso, daba la sensación de que nadie podría con él.

- ¿Lo conoces? - le preguntó Ryan refiriéndose al acompañante de la víctima.

- No sé quien es. Lo poco que sé de Tom y de sus compañeros es de oídas, por lo que Helen me contaba. Nunca los vi. Sé que Helen los conocía, pero ella nunca me los presentó, nunca me presentó a nadie. Ni siquiera conocía a la víctima. Siento no seros de mucha ayuda.

- Has hecho mucho, Kate – la animó Esposito – Nos has ayudado a relacionarlo con Tom y nos has dado una nueva vía de investigación. Daremos con los culpables y pagaran por ello.

Kate suspiró, la situación la superaba. Había creído que podría con todo,pero ahora no estaba tan segura. Quería seguir adelante, sentía que era algo que debía hacer pese a no dedicarse a ello, pero las fuerzas comenzaban a flaquearle. No se sentía con ánimos para seguir viendo aquella cinta.

- Hola Lanie – dijo sin ningún entusiasmo en su voz.

- ¡Kate! ¡Qué sorpresa! ¿Has venido a contarme como fue la noche? Soy toda oídos.

- No he venido por eso, Lanie. Necesitaba despejarme un poco y he venido a verte.

- ¿Qué ocurre cariño? - le preguntó bordeando la camilla donde estaba la víctima para acercarse a ella.

- Es este caso, cada vez me resulta más complicado seguir adelante, no sé como lo voy a hacer.

- ¿Es por Helen? - Kate asintió – Kate, tú no estás obligada a seguir con esto, eres actriz y no policía. Helen tendrá justicia, pero no es necesario que tú sigas aquí.

- Debo hacerlo, Lanie. ¿No lo comprendes? Soy la única persona que la conocía, la única que puede ayudar en su caso. No voy a dejarlo.

- Esta bien, Kate. Solo quiero que sepas que estaré aquí para lo que necesites – hizo una pausa – Tengo una idea. ¿Por qué no quedamos para cenar? Así me cuentas como fue todo anoche. Podrías traerte a tu doctor – dijo esto último con una amplia sonrisa – y que se viniesen también Esposito y Ryan.

- Lo hablaré con Rick – contestó – Ahora debo volver, los chicos me estarán esperando – dijo con una sonrisa – Gracias Lanie.

Lanie se acercó a ella y la abrazó, tomándola por sorpresa. Kate lo agradeció y salió de la morgue con la sensación de que estaba haciendo lo correcto al seguir adelante con el caso ayudando a los inspectores.