Renuncia de derechos: Oigan, Harry Potter y todo su universo son propiedad de J. K. Rowling. Lo que leen aquí solo es sana diversión sin fines de lucro.
Valor.
Que si el honor y la victoria valen más que las personas… Es que no hemos aprendido nada…
(Coronel, La Oreja de Van Gogh)
Inicia el curso y el tren está demasiado silencioso. Lo único que se oye, dicho en susurros y esparciéndose tan rápido como pólvora al viento, es que Potter y sus dos mejores amigos no van a bordo. No me extraña, si según el nuevo enfoque de El Profeta, fue Potter el culpable de la muerte de Dumbledore. Lo que por cierto, considero absurdo, pero procuro no pronunciarlo en voz alta.
Llegando al castillo, apenas hay entusiasmo por la ceremonia de Selección, debido en gran parte a los pocos alumnos de primero que están allí. Todo por el estúpido Estatus de Sangre…
De mis amigos, han vuelto solo algunos. Terry, Michael, Anthony, Padma y Mandy están aquí, aunque el primero muestra una preocupante combinación de rabia y dolor en su semblante. No me atrevo a indagar la razón, pero no hace falta: mientras intentamos cenar tan animadamente como es costumbre el primero de septiembre, Padma nos pone al corriente a Mandy y a mí.
Lisa no ha vuelto porque su madre es una bruja hija de muggles y a finales de julio, la ha convencido de marcharse, con ella y su padre, con unos parientes del continente; Padma se ha enterado por Terry, a quien Lisa ha prometido que va a regresar en cuanto las cosas se calmen, disculpándose con él y con todos nosotros por no poder escribir mientras está fuera. En cuanto a Su, ha debido explicarle a su padre cómo están las cosas en el mundo mágico para convencerlo de salir del país, porque a ella jamás le ha pasado por la cabeza ostentar la etiqueta de mestiza como si le avergonzara. Como su padre es parte de una empresa internacional, no le ha costado conseguir un traslado y se ha llevado a su familia a Beijing.
Al notar a Padma un poco triste, Mandy le pregunta si ella y Parvati han tenido problemas. Padma, negando con la cabeza, confiesa que está preocupada por su novio, porque la última carta que ha recibido de él dice que no va a contactarla en un largo tiempo, que aún la quiere y que tenga muchísimo cuidado. A Padma no le hace falta más para saber que su novio, igual que Lisa, Su y muchos otros mestizos e hijos de muggles, ha salido de Reino Unido, negándose con ello a formar parte del estúpido registro llevado por Umbridge. Espero que al menos se cuide ese tonto de… ¿Werton? ¿Watson? Bueno, él. Ignoro por qué no puedo aprenderme su apellido, pero quitando ese detalle, sé por Padma que es un chico que vale la pena y solo por eso tiene mi aprecio.
Cuando se sirven los postres, ojeo discretamente la mesa de Slytherin. Supongo que todos los de séptimo curso han vuelto, pero me equivoco. Al contarlos, me doy cuenta que falta una chica de cabello oscuro que si no recuerdo mal, se apellida Davis. Creo que… Sí, Davis es "Tracey", una de las amigas de Theodore, a quien ahora miro por unos segundos antes de atender el llamado de Mandy, dándome cuenta con ello de un asiento vacío entre él y otra chica, una rubia pequeñita que, si no estoy mal, se apellida Moon. Es entonces cuando lo entiendo: Moon es la "Lily" que a veces nombra Theodore y él mismo me ha contado que ella y Davis son muy amigas. Seguramente ambos, de común acuerdo, han dejado el hueco en el banco como muda protesta por su ausencia.
Al finalizar el banquete, Snape nos despide con su semblante impasible de costumbre, el cual me parece mucho más siniestro después de que ha cundido entre la comunidad mágica la noticia de él señalado como el asesino de Dumbledore (eso antes de acusar de lo mismo a Potter, claro). Mi madre, que lee El Profeta de vez en cuando porque se lo prestan en San Mungo, asegura que el rumor salió a propósito de un libro publicado por Rita Skeeter, una biografía de Dumbledore que seguramente lo va a dejar mal parado. Me pregunto qué tanto hay de verdad en lo que se publica ahora en El Profeta y qué tanto se han inventado los periodistas…
Delante de nosotros, saliendo del Gran Comedor, veo el largo cabello rubio de Luna Lovegood, que se agita conforme gira la cabeza una y otra vez, supongo que buscando a alguien. Terry, que ha estado poco parlanchín esa noche, inesperadamente se acerca a ella y se inclina para hablarle al oído. Ignoro qué le ha dicho, pero Lovegood sonríe tenuemente sin perder su acostumbrado aire de chiflada, antes de desviar sus pasos hacia donde se ven los alumnos de Gryffindor, donde no tarda en entablar conversación con la chica Weasley (imposible no reconocerla con ese cabello tan rojo que tiene) y con un chico de pelo oscuro y cara redonda… ¿Longbottom, quizá?
Aquella escena no significa nada para mí, menos cuando al día siguiente pasan cosas que me hacen querer saltar de la ventana del dormitorio. O de la torre de Astronomía, lo mismo da.
Mi horario marca Estudios Muggles como primera clase del curso. No sé quién va a enseñarnos, debido a que se dice que la profesora Burbage ha renunciado, lo que por cierto, mi padre no se cree. En fin, la duda ronda mi cabeza, así como el querer saber por qué todos los de séptimo estamos en el aula, hasta que nos dan el pase al interior y veo al frente a una de las mujeres más feas que pudiera imaginar, que con el gesto furioso que nos dedica al pedirnos tomar asiento, no da nada de confianza. A continuación, la mujer se presenta como Alecto Carrow, subdirectora, para luego decir que ahora es obligatoria la asignatura para que aprendamos a tratar con la "basura humana" que son los muggles.
Enseguida he sentido la ira brotar, pero consigo dominarla a tiempo; no me conviene un lío apenas iniciando el curso, y por las caras de Michael y Anthony, están de acuerdo conmigo, sosteniendo a Terry para que no se levante y le diga a la mujer unas cuantas verdades. He visto que a más de uno esa afirmación no le ha hecho gracia, mientras que casi todos los de Slytherin han sonreído con una arrogancia insufrible, siendo las excepciones Theodore y Lily Moon, que para no levantar sospechas, optan por una seriedad glacial, fingiendo que aquello les da igual.
Después de una hora escuchando las barbaridades que dice esa Carrow, tenemos un periodo libre antes de la clase que en el horario se nombra como "Artes Oscuras". Así, a secas. Tengo un mal presentimiento y se cumple al llegar al aula y ver como profesor a un hombre tan horrible que da escalofríos y no es para menos, puesto que se presenta como Amycus Carrow, subdirector. ¿Es pariente de la "profesora" de Estudios Muggles? Es obvio que sí. Y queda comprobado porque en clase resulta tan espantoso y cruel como ella, asegurando que nos va a enseñar varias de las maldiciones más dañinas que existen, dando a entender que la mejor forma de aprenderlas va a ser practicándolas, aunque para ello hay que esperar hasta tener "blancos". He vuelto a sentir escalofríos con eso último, lo juro. No quiero imaginar qué está pensando el tipo.
Lo peor ha sido al salir de esa clase, yendo al Gran Comedor para el almuerzo, cuando un par de niños de segundo año corren por el pasillo y sin querer han golpeado al esperpento de la Carrow quien, en un instante, tiene a los pobres chiquillos en el suelo, gritando de dolor y retorciéndose. ¡Les ha lanzado una Imperdonable! La gente no tarda en apartarse, sin atreverse a intervenir cuando ven la sonrisa torcida y sádica que tiene la mujer, hasta que parece cansarse y deja a los niños en paz. Al marcharse esa tipa, un joven de cabello oscuro va a auxiliar a los niños, para acto seguido mirar por donde se ha ido la Carrow y mostrar una mueca de indignación. Es Longbottom. Espero que no se le ocurra hacer un disparate, por su propio bien.
Si todo el curso va a ser así, deseo de todo corazón terminarlo de una pieza.
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Bienvenidos sean a uno de los capítulos más largos de este mini–long–fic (el término existe… Al menos para los parámetros de su servidora).
Nos acercamos a un momento crítico de la historia mágica, pero desde el punto de vista de una compañera de curso de Harry que sí fue a Hogwarts en septiembre de 1997. Por medio de Mo, nos enteramos de los Ravenclaw de séptimo que no volvieron por razones que, obviamente, me he sacado de la manga: Lisa, porque su madre es una bruja hija de muggles, y Su, porque su padre es muggle y teme por él, aunque por lo que se lee en HP7, ella bien pudo ir al colegio, si en el fic está en las mismas que Seamus Finnigan (madre bruja, padre muggle). Y para que no digan que en Slytherin todos son malvados sin remedio, he mostrado a Theodore y a Lily Moon nada contentos porque Tracey Davis no esté, cosa que voy a usar después, no lo duden, aunque en principio puedo decirles que allí jugó en contra de Tracey su condición de mestiza.
Y el primer día del curso saturé a los de séptimo con los Carrow. En clase de Alecto era normal que Mo se enfureciera, tomando en cuenta que su tío, tía y primos son personas sin magia; Terry Boot, por su parte, ha sido detenido en seco por sus amigos, seguro acordándose de la madre de Lisa y de la muerte de sus padres. Y en la clase de Amycus, con esa insinuación de tener "blancos" para practicar maldiciones, es obvio por dónde van los tiros y los escalofríos abundan. Peor es el Crucio a los de segundo y Mo, entre asustada y furiosa, desea sobrevivir a todo eso.
Así pues, la cita del capítulo queda perfectamente, ¿no? Es un pensamiento que sinceramente, es algo que quizá notaran algunos que creían que las ideas de Voldemort eran las correctas y van descubriendo lo que puede costar seguirlas. Porque ¿qué vale más que una vida humana?
Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.
