Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es de LyricalKris,yo solo la traduzco.
Capítulo 14
Cayeron en la rutina de las clases durante el siguiente par de semanas. Más a menudo Edward terminaba en el cuarto de Bella con ella y con el bebé. Hacían los deberes, jugaban con Emma. De vez en cuando tenían unos minutos para escuchar música o ver un episodio de algo en Netflix.
No era típico que Edward terminara durmiéndose en la cama de Bella. Incluso si él no comenzaba allí la noche, cuando Edward escuchaba a Emma llorar en la noche, por lo general iba a su habitación para ayudarla y terminar quedándose.
Esos actos eran inocentes. Lo más que hacían era tomarse de las manos. Una vez se había dormido con la cabeza de ella en su hombro y el brazo de él alrededor de ella.
Era agradable en muchas maneras. Estaba cansado y fuera de su terreno, tratando de cuidar a un bebé y mantenerse al día con la escuela y el trabajo. Pero a veces, tenía momentos de lucidez. Había soñado con eso, en cierto modo. Muchas veces había soñado con un futuro con Bella.
¿Acaso sus padres, su padre en particular, no le enseñaron que la vida nunca dejaba de ser dura? Era un trabajo el tener una familia, un hogar. Era un trabajo que hacer más que estar sentado en el sofá.
El futuro que él había querido hacía pocos meses era abstracto, el de ahora era bastante concreto. Muy alarmante. Y tal vez siendo tan joven, estando en la posición que estaban lo hacía todo más difícil, pero esas era las cartas que les habían tocado.
Había cosas mucho peores que tener un bebé prematuro con una chica, una mujer que amaba.
Él la amaba. Siempre lo había hecho. Incluso cuando él pensaba que tenía que esperar para explorar lo que hubo entre ellos, esa energía no identificada, esa electricidad en el aire, él siempre había estado completamente enamorado de ella.
Una noche, al azar, Edward estaba durmiendo cuando Emma lloró. Él gimió, su cerebro se removió como las arenas movedizas y rápidamente volvió a dormirse de nuevo. Las mantas eran demasiado calurosas, y sus miembros no cooperaban demasiado.
—Ya la tengo —dijo la voz de Bella cerca de su oído.
Él estaba a la deriva.
La conciencia era insistente, estaba en conflicto con el sueño. Al principio los sonidos que escuchó fueron los del ambiente. Sin embargo, eventualmente, estuvo lo suficientemente despierto para escuchar la suave voz de Bella y a Emma quejarse.
— ¿Qué es eso, carita? ¿Te has encontrado una mano? Eso es muy inteligente de tu parte —su voz era tan ingrávida—. Oh, te has encontrado dos manos.
Edward dejó que sus ojos se abrieran lentamente.
Bella estaba sentada a los pies de la cama, meciendo a Emma. El cuerpo de ella se giró para que él pudiera ver la suave, aunque un poco cansada, sonrisa en su rostro mientras bailaba sus dedos delante de la cara del bebé, riéndose mientras Emma trataba de coger la mano de ella.
Un calor se extendió por el vientre de Edward, su corazón creció en su pecho. Poco a poco Bella estaba empezando a agarrarse a los buenos momentos. Emma era un trabajo duro, pero era adorable y preciosa, y él se dio cuenta de que era inteligente.
Fue muy grande el peso de su pecho, ya que Bella estaba empezando a ver esas cosas.
Emma chilló en voz bastante alta, y Bella la hizo callar.
—Papá está durmiendo.
—Papá no está durmiendo —reveló Edward. Bostezó y retiró las mantas en su lado de la cama—. Traerla aquí —acarició las sábanas.
Bostezando, Bella acostó a Emma y se metió en la cama junto a ellos, llegando hasta detrás de ella para apagar la luz. Edward tiró de las mantas sobre todos ellos. Medio dormido, él cantó la primera canción suave que se le ocurrió, aunque no tenía sentido.
—Todas mis maletas están preparadas, estoy listo para irme. Estoy aquí fuera de tu puerta...
Bella se rió de él, el sonido no era más que una respiración.
—Adelante. Le encanta tu voz.
—A ella también le gusta la tuya.
—Sí, pero a mí gusta más la tuya.
Sus ojos se estaban acostumbrando a la oscuridad poco a poco, y podía distinguir la forma en la que sus labios se volvieron muy ligeramente hacia arriba.
—El amanecer se está rompiendo, es temprano por la mañana. El taxi espera, está tocando el claxon. Yo estoy tan solitario que podría morir —trazó su nariz y luego presionó ligeramente sus labios con la punta de un solo dedo—. Entonces, bésame y sonríe para mí. Dime que me esperarás —pasó el dorso de sus nudillos por su mejilla—. Abrázame como si nunca me fueras a dejar ir.
Arrullada por la voz, Emma se quedó dormida después de solo dos canciones, y Edward se alegró. Había una urgencia construyéndose en él, y necesitaba su hija lejos de la cama si iba a actuar en consecuencia.
Él no debió haber leído mal la atmósfera. Cuando se alejó de la cuna después de dejar a Emma, encontró a Bella sentada en sus rodillas, esperándolo. Él también se arrodilló en la cama, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura y besándola profundamente, con fervor.
Esas últimas semanas se habían besado un poco, pero no así. Sus apretadas agendas no permitían mucho tiempo para la intimidad. Ellos realmente no habían hablado de lo que se suponía que eran el uno para el otro. Edward sabía lo que quería, y la mayoría de los días parecía como si ambos estuvieran en la misma página. Pero era un espacio incómodo en el que estar. Se sentía algo tonto para un chico de diecisiete años de edad, que pensara en los términos de siempre, y se preguntara si ella estaría dispuesta a aceptar si él se ponía en una rodilla y le proponía matrimonio. Pero por otro lado, tenían una hija. Ya estaban obligados irrevocablemente y Edward, simplemente, no podían concebir una vida sin las dos en la misma.
Bella cayó de espaldas sobre la cama, tirando de él con ella.
Ese era un aspecto de Bella que él penosamente se había perdido. Ella era una persona apasionada, pero con toda la inseguridad que había sufrido como consecuencia del nacimiento de Emma, ese lado de ella había desaparecido. Ahora ella tenía sus dedos en el pelo de él, su lengua insistente se deslizaba a lo largo de él, y sus piernas abrazaban su cuerpo. Ella se retorcía en todos los lugares correctos —o incorrectos— y ese pensamiento coherente rápidamente llegó a ser difícil de mantener.
—Tan hermosa —murmuró él contra sus labios.
Sus manos comenzaron a vagar.
Se sentía como que habían pasado años desde que la había tocado así. Ahora, como entonces, pensó que podría correrse solo con la vibración de sus gemidos en su boca.
Recordó eso. Se acordó de la urgencia, la forma en la que había estado mareado con desesperación por sentir su piel contra la de él. Ellos habían creado un hijo ese día.
Con un gruñido, Edward se apartó de ella, su proceso de pensamiento lógico apareció.
—Joder.
—Sí —Bella estuvo de acuerdo, tratando de recuperar el aliento—. Te juro que estaba a punto de hacer eso —Jadeo. Jadeo—. En solo un minuto más.
Él se rió y luego rápidamente se tragó un gemido cuando el movimiento solo lo estimuló. Cerrando los ojos, se acordó de la consecuencia de la última vez que se dejaron llevar. Bella gritaba por un dolor insondable. Su hija llegaba al mundo, pequeña, fangosa y completamente desconcertante e inesperada. Cada lágrima, cada momento frustrante, era doloroso.
Sí. Ese efecto fue mucho más efectivo que pensar en béisbol.
La cama crujió cuando ella se movió, y Edward abrió los ojos. Bella había rodado a su lado, con una mano puesta bajo su mejilla. Se llevó la mano libre para descansar en su pecho. Poniendo su mano sobre la de ella, Edward entrelazó los dedos.
—Yo um... —incluso en la oscuridad, él podía decir que Bella estaba sonrojada—. Cuando vi al Dr. Snow hace unos días, me dio las pastillas anticonceptivas —dijo en un apuro.
Los labios de Edward se torcieron hacia arriba y hacia abajo. Él no sabía muy bien cómo reaccionar ante eso.
—Bella...
—No estoy diciendo que quiera hacer algo esta noche —lo interrumpió antes de que pudiera ordenar sus pensamientos. Él le acarició los dedos y ella pareció calmarse—. Solo estoy diciendo... que quiero hacerlo.
A pesar de sí mismo, la polla de Edward se movió. Le apretó la mano.
—¿En serio?
La expresión de ella se suavizó convirtiéndose en algo tan tierno que su corazón le dolía.
—Sí —susurró ella, agachando la cabeza tímidamente. Su sonrisa era tímida—. Quiero decir, parece justo. Ya tenemos un bebé.
Él le sonrió, ya que parecía injusto que hubieran dejado de divertirse. Levantó la mano que no estaba envuelta alrededor de ella para apartarle el pelo lejos de su cara bonita.
—Probablemente, deberíamos hablar de algunas cosas primero —razonó.
—Sí —dijo ella, asintiendo con la cabeza—. Y tal vez cuando tu padre no esté en casa, ya que con nuestra suerte seguro que nos pillaba.
Edward sintió perder la sangre de su rostro ante la idea.
—Eso no sería bueno —murmuró.
El Sr. Masen estaría menos que encantados si les pillara compartiendo la cama, pero eso al menos podría ser explicado. Era razonable que Edward compartiera la responsabilidad de levantarse con Emma por la noche, y era lógico que Edward pudiera dormirse en el proceso. Por otro lado, si iban a ser sorprendidos en el acto, por así decirlo, nunca serían capaces de convencer a su padre de que eran responsables.
—A veces ser responsable es una mierda —se quejó finalmente.
—Sí —ella estuvo de acuerdo con un suspiro melancólico. Ella apoyó la cabeza en su hombro, acurrucándose contra él.
Su respiración casi se había igualado cuando Edward volvió a hablar.
— ¿Bella?
— ¿Hmm?
El estómago de Edward se torció por los nervios, tenía la garganta apretada. Pero él pensó que si ellos iban a tratar de hablar como adultos en pleno funcionamiento, lo que tenía que decir era muy importante. Le dio un largo beso en la frente, armándose de valor.
—Te quiero.
Hubo un momento de silencio antes de que ella levantara la cabeza. Edward podría jurar que su corazón le latía el doble de lo normal, y no volvió a la normalidad hasta que una impresionante y hermosa sonrisa apareció en el rostro de Bella.
—Yo también te quiero —susurró.
Se sintió como si fuera a estallar de la emoción vertiginosa que brotó en él en ese momento, Edward puso su mano alrededor de su cuello, tirándola a ella hacia él. Sus labios se juntaron y él la abrazó, enredando sus piernas inocentemente, solo quería estar cerca de ella.
Se quedaron así hasta que sus besos se hicieron perezosos, y finalmente, el sueño les tiró abajo.
~ 0 ~
Más allá que irritada, Bella dio un golpecito en el lateral de su libro de texto, tratando de averiguar lo que iba a hacer.
En su prisa por llegar a tiempo al trabajo aquella tarde, Edward se había llevado el asiento del coche con él. Normalmente, eso habría estado bien, pero hoy no era su día.
Ella tenía un gran proyecto de arte que había tenido, imprudentemente, que aplazar hasta el último minuto. Incluso eso habría estado bien, excepto que necesitaba un material especial que había comprado a principios de año.
Todavía estaba en la casa de su madre.
Una vez más, eso no habría sido un problema si Elizabeth estuviera en casa. Desafortunadamente, Elizabeth estaría en Seattle durante los siguientes cuatro días. No había forma en la que a Bella se le ocurriría pedir ayuda al Sr. Masen, por lo que eso significaba que iba a tener que llevarse a Emma con ella. Sin silla para el coche significaba que iba a ir andando.
Bella echó un vistazo al cielo. Hacía frío, pero no llovía, por una vez. Y no parecía que fuera a llover. La casa estaba realmente a un paseo de veinte minutos.
Suspirando, Bella cogió a Emma levantó de su manta. Su hija exclamó disgustada porque había estado más interesada en tratar de coger los juguetes las cosas que colgaban encima de ella, pero se aplacó rápidamente cuando Bella le puso otro juguete en su cara.
—Vamos a tener un poco de aventura. ¿Qué piensas sobre eso, eh?
Recogiendo la manta, Bella bajó las escaleras. Ella dejó la alfombra en la sala de estar y al bebé en la parte superior de ella antes de que ir hasta el armario. Manteniendo la oreja en los sonidos de Emma, Bella empezó a rebuscar.
—¿Qué estás haciendo? —la voz de Ed sorprendió a Bella y ella retrocedió hasta salir del armario con una sensación irracionalmente culpable.
Bella sintió una oleada de irritación. Un par de cosas que habían comprado, pero no habían tenido ocasión de utilizar se almacenaban en ese armario. Ella no estaba haciendo nada malo.
—Estoy buscando la mochila para bebés que mi padre nos compró —respondió ella, volviendo a su tarea.
—¿Por qué?
—Tengo que sacar algo de la casa de mi madre, y como yo no tengo el asiento de seguridad, tengo que caminar.
Ed, o sea, el Sr. Masen, se quedó en silencio, pero ella no lo escuchó alejarse.
—¿No te puede traer tu madre lo que necesitas? —preguntó finalmente.
—Mi madre está visitando a un amigo en Port Angeles. Ella no estará en casa hasta la tarde, y tengo un par de horas para acabar este proyecto.
—¿Y tu padrastro está con ella?
Bella tuvo que hacer una pausa antes de responder, porque tenía que contar hasta diez para no perder la paciencia con su cuestionamiento incesante y porque su garganta se tensó al pensar en tener que estar en la misma casa que James aunque fuera por unos minutos.
—Creo que su hija va a estar ahí.
Ed gruñó.
Cuando Bella salió del armario con su premio en la mano, se arriesgó a mirarlo. Había una expresión inusual de indecisión y malestar en su rostro. Ella le dio un momento en caso de que él quisiera decir algo más, pero entonces se trasladó a la sala de estar.
Por suerte, la mochila era bastante sencilla. Bella la preparó y sentó a Emma con solo un poco ruido. Ella se puso el abrigo abultado y luego encontró una manta y la puso por encima del bebé.
—¿Suficiente caliente, carita?
Mirando hacia ella, Emma gorgoteó con satisfacción.
—¿Vas a sacar al bebé al frío? —preguntó el Sr. Masen, apareciendo de nuevo en la puerta.
—Se trata de un corto paseo, y está toda cubierta —el tono de Bella era brusco, pero se sentía defensiva. Odiaba la idea de sacar a Emma al frío, pero, ¿qué otra opción le quedaba? Se había entretenido brevemente con la idea de ponerla en una cesta o algo para el corto trayecto en coche a la casa, pero eso sería aún más peligroso.
El hombre frunció el ceño, pero no dijo nada mientras ella pasaba por su lado y se dirigía hacia la puerta.
Hacía mucho frío, pero con Emma atada a su pecho irradiando calor, Bella estaba más que suficientemente caliente. Debajo de una manta y el abrigo, Emma parecía cómoda. Ella chupó el chupete que Bella le había dado y se quedó dormida a mitad de su recorrido.
Cuando llegó a la casa, Bella se detuvo con la mano en el picaporte.
James le gritaba a su hija, Bree, en voz alta. Con la puerta cerrada, Bella no podía oír lo que decía, pero estaba cabreado.
Suspirando, Bella se armó de valor, frotando la espalda de Emma a través de las capas de manta y el abrigo.
—No te preocupes —murmuró al bebé dormido—. Solo vamos a entrar y a conseguir algo de mi habitación, ¿de acuerdo? Esto ni siquiera nos tomará cinco minutos.
Bella intentó abrir la puerta. Al encontrarla abierta, se alivia atentamente, con la esperanza de evitar la detección. Si pudiera entrar y salir de la casa sin que James se diera cuenta, mejor que mejor.
Ella se fue hacia arriba, buscando rápidamente los materiales que necesitaba. Pero cuando ella estaba haciendo su camino de regreso abajo, escuchó algo de lo que James estaba gritándole a Bree, de dieciséis años de edad. La conversación la hizo congelarse en los escalones.
Bree estaba embarazada.
El estómago de Bella se retorció, su corazón estuvo con la chica que estaba llorando por culpa de, obviamente, su menos que calmado padre. Pobre Bree. Con James como padre y una madre como Victoria, tendría aún menos apoyo que Bella.
Sin saber qué hacer, Bella vaciló en la parte inferior de la escalera. Ella quería salir de la casa lo más rápidamente posible, antes de que James supiera que estaba allí y antes de Emma pudiera molestarles con los gritos, pero le parecía mal dejar a Bree.
El sonido de una bofetada le hizo tomar a Bella una decisión. Envolviendo un brazo alrededor de Emma, fue a través de la casa hasta la sala de estar. Rápidamente, ella agarró a Bree por la mano, tirándola hacia ella.
—¿Qué demonios te pasa? —le gruñó a su padrastro—. Vamos, Bree. Solo ven. Ven conmigo.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —James gritó—. Yo debería haberlo sabido.
Una vez más, Bella tiró de la mano de Bree. La pobre chica parecía congelada y en estado de shock.
—Vamos. Bree. Vamos.
Bree empezó a caminar, y Bella tiró de ella a un ritmo más rápido para salir de la casa, pero James las siguió, gritando durante todo el camino. Justo cuando bajaban los escalones, las alcanzó, agarrando a Bella por el brazo.
—Maldita perra. Sabía que esto iba a suceder. Sabía que ibas a echar tu basura a mi hija.
—Aléjate de mí —gritó Bella, tirando de su brazo, una mano todavía firme sobre Emma—. No te atrevas a tocarme.
Despertándose de su siesta, Emma comenzó a llorar. Los ojos de James se estrecharon, y él agarró a Bella de nuevo, dándole una sacudida.
—Tú, pequeña puta…
— ¡Hey! ¿Qué demonios te pasa?
De la nada, Edward padre había aparecido. Se bajó de su coche tan rápidamente que lo abandonó aún en marcha. Empujó a James lejos de Bella y de Bree.
—¿Ella tiene un bebé en sus brazos, y la estás sacudiendo?
—Como si el bebé pudiera tener algo peor que una puta tan estúpida como una madre y a su hijo idiota como padre —replicó James.
—Es bastante obvio que Bella y mi hijo ya son mil veces mejores padres de lo que podría esperar serlo tú.
Entrecerrando los ojos, James se acercó a Ed amenazadoramente, pero él no dio marcha atrás. Se acercó hasta el otro hombre, estando así pecho contra pecho.
—Inténtalo —él le advirtió.
Saliendo de su estupor, Bella fue a quedarse con Bree, tirando de la niña inconsolable bajo su brazo libre.
James miró a Ed, pero resopló y se alejó. Él trató de agarrar a Bree, pero Bella tiró de ella hacia atrás y la alejó.
—¡Quítale tus sucias manos de encima! ¿No has hecho ya bastante? —James gruñó.
—Sí, como si tú no hubieras hecho nada —Ed intervino de nuevo. Puso un brazo alrededor de Bella y de Bree, empujándolas suavemente lejos de James—. Vosotras dos id al coche.
A Bella no se lo tuvo que decir dos veces. Tomó la mano de Bree nuevamente, llevándola rápidamente lejos, pero no se fue sin antes de escuchar lo que el Ed le gruñó a James.
—Eres una miserable excusa para un ser humano, y me compadezco de tu hija por tenerte como padre. Mantente alejado de mi familia, ¿me entiendes?
La siguiente media hora pasó en un borrón. Ed llevó a Bree con su novio, la casa de Riley Biers, y habló con sus padres sobre lo que había sucedido. Bella le dio Bree un fuerte abrazo y le dijo a su hermanastra que podía llamarla en cualquier momento y hablarían.
Cuando por fin estuvieron en el coche de camino a casa de nuevo, Bella no sabía qué decirle al Sr. Masen. Quería saber lo que le había hecho ir allí. Ella seguía girando sus palabras otra vez en su cabeza, completamente atónita y preguntándose si él solo le había dicho a James que se mantuviera alejado.
'Es bastante obvio que Bella y mi hijo ya son mil veces mejores padres de lo que podrías esperar serlo tú'.
—G-gracias —ella finalmente soltó—. Gracias por venir. Gracias por ayudarme —fueron las únicas palabras que pudo encontrar en ese momento.
Ed dejó escapar un suspiro largo y lento, mirando hacia adelante cuando se detuvieron en el camino de entrada.
—No debí dejaros ir solas —parecía contrariado.
Bella estaba preocupada por si él estaría enfadado con ella por ser tan estúpida como para hacerle frente a su padrastro, pero se limitó a suspirar. Cuando él se volvió para mirarla en el asiento de atrás, su expresión era más suave, algo parecido a la vergüenza estaba en su rostro.
—No puedo dejar de pensar en cuánto mejor que James he sido para ti.
—Oh —Bella no sabía muy bien qué decir a eso—. Tú-tú no eres como James.
—Yo sé que no he hecho nada de esto más fácil para ti —hizo una pausa—. Lo que has hecho por esa chica... —sacudió la cabeza, obviamente eso era difícil para él—. Eres una buena persona, Bella. Lo siento si te hice sentir que eras lo contrario —otra pausa—. Mi hijo... esto no es lo que quería para él.
Bella respiró hondo, pero antes de que pudiera componer una respuesta, él continuó.
—Esa es una de las cosas de mierda al ser padre. Enseñar a tus hijos la misma lección que tú aprendiste: la vida no es fácil. Nunca es fácil y es un montón de trabajo duro, duro. Pero aún así, quieres una vida diferente para tus hijos. Más suave. Quieres que sus errores sean los adecuados para ellos —miró a Emma, todavía atado de forma segura en el pecho de Bella, durmiendo a pierna suelta de nuevo—. Lo sabrás muy pronto. Puedes trabajar muy duro para que la vida de tu hijo sea buena, pero a pesar de tus mejores esfuerzos, todavía va a tener momentos difíciles.
Él hizo una mueca de nuevo, pellizcándose el puente de la nariz. Los labios de Bella se torcieron porque era un movimiento que había visto a Edward hacerlo a menudo.
—De todos modos —dijo, mirando hacia adelante otra vez—. Supongo que lo que estoy tratando de decir es que os estoy entendiendo a ti y a Junior. La vida es dura. No siempre va a ser difícil. Lo que es más importante, es cómo hacer frente a lo que os depare. Yo debería estar más orgulloso que nada por haber criado bien a mi hijo. Creo que los dos lo estáis haciendo mejor que... maldita sea, mejor de lo que yo lo haría en vuestra situación.
Bella sonrió con los ojos llenos de lágrimas.
—Gracias —dijo de nuevo.
