Corto, pero seguro.


CAPÍTULO 14:

Por alguna razón, aman ser el centro de atención

Sin perderse ningún detalle, Kagome escuchaba todo lo que Sango le decía. Ni siquiera despegaba su vista de ella cuando le daba un sorbo a su té. Sonrió y frunció el ceño cuando escuchó lo que había pasado el día anterior —su cita y la interrupción—; y no pudo evitar soltar un gritito al momento que su amiga, con las mejillas encendidas, habló sobre el romance en el cuarto de lavado.

—¡No puede ser! —soltó, sonando a una de esas chicas emocionadas que salían en las películas extranjeras.

—Así fue —Sango asintió, lo que le produjo a la vampira un suspiro. A primera vista, se le veía más feliz a Kagome que a ella.

—Me hubiera gustado estar ahí —su amiga bebió de su té y dio un suspiro, escuchándose como una mujer plena que hubiera realizado todos sus proyectos en la vida, lista para retirarse en una playa tropical.

—Eso sería incómodo —le agradaba mucho Kagome, pero la verdad era que no le sería difícil imaginarla agitando banderitas en su apoyo y hasta tomando fotografías para conmemorar el momento.

«¡Al fin se le hizo! ¡Al fin!»

Los pensamientos de Sango sobre posibles anuncios en el periódico felicitando a «la nueva pareja» se quedaron a un lado cuando Kagome se tomó la libertad de recostar su cabeza sobre la mesa, con las manos sobre las mejillas y tan tranquila ella que casi pudo imaginar un sonido de piano.

—Entonces, supongo que ya son pareja. Los felicito —la vampira sonrió ampliamente, como bobalicona, y Sango se quedó petrificada por un rato.

—Am, no —ante esa negativa, Kagome entrecerró los ojos. Parecía como si su amiga aún tenía la esperanza de que dijera «prometidos». Sango fue lenta en decirlo porque, diablos, temía de la reacción que ella haría—. A decir verdad… no discutimos eso —terminó, nerviosa.

La vampira no borró su sonrisa por un rato, sólo lo hizo hasta que tomó su tacita de té y la estrelló contra la mesa. Volaron pedazos de porcelana, mientras Sango planeaba el salir corriendo y no detenerse hasta que sus piernas se cayeran. Aunque eso jamás pasó porque su amiga tomó inmediatamente su brazo gracias a sus habilidades tan místicas como aterradoras.

—¡¿Cómo que no?! —Kagome la observó cual maníaca que claramente no era.

—Es que no lo hablamos. No nació —Sango contestó con miedo. Ciertamente ya no sabía qué esperar, y la pequeña cuchara en el frasco del azúcar le estaba tentando. ¡Nadie podría culparla si comenzaba a pensar en vivir con un solo brazo!

Afortunadamente, su amiga la soltó para hacer cálculos mentales, incluso los dibujó en el aire por medio de su dedo.

—El ambiente era el adecuado, Sango mostró su feminidad y Miroku no lo arruinó —Kagome se acomodó las gafas invisibles—. ¿Qué fue lo que falló?

Sango estaba recogiendo el desastre antes de que ocurriera uno peor, colocando en la basura los restos de la vajilla de la tía Viridiana —que en realidad ella la había comprando en oferta, pero eso no impedía que imaginara el tener un amigable familiar con nombre curioso—; cuando Kagome volvió a hacerla saltar.

—¡Sango! —la vampira apareció de repente a su lado.

—¿Qué pasa? —ella se llevó una mano al pecho por aquello del corazón desbocado, y la otra a la frente, donde se había golpeado contra la pared por la impresión. Y aun así, ese día seguía entrando con facilidad en la categoría de «sereno y agradable».

Kagome colocó la mano sobre sus hombros, obligándola a observar su rostro inquisitivo —Sango tachó esa palabra de su lista—.

—¿Acaso te confesaste de forma adecuada?

—¿A qué te refieres con adecuada? —una ya no sabía qué se podría esperar de las expectativas vampíricas o sus tradiciones. Tal vez debía haberle lanzado una piña, pero nunca un limón.

—Permíteme explicártelo —su amiga dijo, cambiando a un humor demasiado alegre y emocionado de repente. También se acomodó en medio de la sala.

La iluminación cambió, las cortinas fueron cerradas y la chica terminó sus ejercicios de calentamiento. El teatro de Kagome daba inicio. Presentado gracias a «Venganzas el zorrito alegre». Olvide sus penas y regréselas a alguien más. Anónimo, discreto y profesional, más de cincuenta años nos respaldan. Recuerde que este mes tenemos descuentos, ¡pregunte por ellos!

—«Disculpa, hay algo que quiero decirte» —después de mencionar eso con voz melodramática, cambió de lugar, como si fuera otra persona. Incluso trató de imitar una voz masculina—. «¿Qué ocurre?» —volvió a su primer papel—: «La verdad es que, aunque nos conocemos desde hace poco, siento que la relación que tenemos ya no es la que quiero» —el rostro de Kagome mostró una expresión de preocupación—. «Entonces, ¿quieres que terminemos esto?»

Distraída por el drama, Sango se acomodó en su asiento, sin dejar de prestarle atención. Esto era mejor que lo que salía ahora en la televisión. También se preguntaba de dónde estaba sacando todo eso. ¿Simple imaginación o experiencia ancestral?

—«¡No, es todo lo contrario!». «¿Entonces?». «Quiero decir… ¿Qué soy para ti?» —una pausa que le hizo retener el aliento—. «Pues… pues tú… No lo sé» —la chica se entristeció al escuchar eso—. «Bueno, disculpa por molestarte» —Kagome puso una realista cara triste y comenzó a caminar lentamente—. «¡Espera!»

Sango imaginó que el chico había tomado su brazo, desesperado para que no se fuera.

—«Es que no sé lo que signifiques para mí. Es muy confuso. No puedo ponerlo en palabras» —una exhalación—. «Era lo mismo conmigo. Pero ya lo tengo claro» —Kagome tenía una mirada decidida—. «Dilo» —luego unos ojos brillantes—. «Sé que somos diferentes, que lo nuestro no inició de la mejor forma, y existen complicaciones que se presentarán en un futuro. Aún así… me gustas. Quiero estar a tu lado siempre.»

Entonces una canción feliz y romántica sonó como fondo, seguramente provenía de algún teléfono celular.

—«¡Me haces muy feliz!» —Kagome saltó, llena de alegría. Su función terminó cuando la vampira se abrazó a ella misma y comenzó a hacer extraños ruidos de besos. Demasiado ruidosos.

—¿Y bien? —preguntó después de finalizar la escena, con los aplausos moderados de Sango y el cabello despeinado.

—¡No hay forma de que yo diga algo así! —la espectadora se levantó de su asiento, avergonzada.

—¿Por qué no? —a pesar de su edad, Kagome seguía siendo bastante inocente en algunos puntos. Una ancianita con alma de niña, pero apariencia joven.

—Porque yo soy… yo —una cosa era ver a alguien más actuando de esa forma y otra muy diferente el ser esa persona.

—Eres linda.

—No hasta ese punto. Y menos con Miroku —suficiente había tenido con su confesión. Al principio se sintió con todo el control, pero en la noche, al analizar todo lo hecho, se quiso morir de la vergüenza. Miroku entró a su cuarto cuando escuchó el suficiente ruido como para preocuparse.

Kagome no daría punto y aparte tan fácilmente: —Entonces encuentra una forma adecuada, pero hazlo —expresó con decisión, con el dedo acusador apuntándole.

—No entiendo por qué la prisa. Estoy bien con esto —Sango aún no estaba preparada para darle nombre a las cosas. Ya sentía un alterable grado de incomodidad cuando Miroku la encontraba gritándole a la almohada. No quería ni pensar cuánto le podría alterar el que su «novio» viviera con ella.

—¿En serio lo crees? —Kagome arqueó una ceja, y Sango comenzó a sentir dudas.

—¿Qué quieres decir?

La vampira se cruzó de brazos.

—No podemos ignorarlo, Sango: Miroku es atractivo, tanto como es admirador de la belleza femenina, si me entiendes —esa era una sofisticada forma de decir mujeriego—. Debes dejarle en claro que necesitas saber qué tipo de relación quiere contigo. ¿Laboral? ¿Fraternal? ¿Romántica? No puedes gastar toda tu hermosa juventud en alguien que no es serio.

—Puede que tengas razón —las cosas eran así, y tampoco era que a Sango le gustara verlo ir de allá para acá cada que se encontraba con una cara bonita. Menos ahora que se había tragado su vergüenza, y eso merecía una compensación.

Kagome asintió.

—Lo sé. Las novelas y las series me hacen casi una experta.

Sabiduría útil o no, ni siquiera ella pudo predecir que la puerta se abriera y apareciera el mencionado con las bolsas del supermercado. A petición de Sango, ahora tenían un horario de deberes en la cocina, el cual parecía funcionar porque a Miroku le gustaba que ella le pegara una estrellita en la frente cada que cumplía con una tarea.

—¡Ya regresé! Y tengo una muy buena noticia —se acercó a ellas con mucha energía, tanta que estuvo a poco de llegar saltando—. ¿Qué hacen? —les preguntó al notarlas con un aura muy misteriosa.

¡Hazlo! —Kagometosió.

—¡Bienvenido! —Sango le ignoró. Aún no era el momento adecuado—. ¿Cuál era esa buena noticia?

Miroku sonrió, obviamente estaba esperando por esa pregunta.

—Miren lo que encontré en mi correo —sacó su celular de uno de los bolsillos de su pantalón y se lo tendió a las chicas.

—«Lamentamos su retraso en el envío de nuestros productos. Hemos solucionado el problema y en pocos días estará en la puerta de su casa, junto con una maravillosa mascarilla revitalizante…» —Sango leyó el mensaje—. ¿Eh?

—¿También te pasó a ti? —Kagome preguntó—. Espero que a mí también me den esa mascarilla. Si no, ¿te gustaría intercambiarla?

—Mensaje equivocado. Y no. Lo siento, pero yo también la necesito. Mis poros ya no son lo que eran antes —el vampiro del cuidado facial guardó su móvil, y a pesar de ese error continuó con su buen humor—. En fin, ¿recuerdan cuál es mi programa favorito? —comenzaron las adivinanzas.

—Tienes muchos —Sango vivió la etapa de Miroku y su amor-odio por los programas que pasaban en la televisión, y cómo al final el chico terminó por volverse fanático cuando el canal youkai llegó a sus vidas. Seguía sin saber cómo existía eso.

—El más reciente —él especificó.

—¿Viviendo con una criatura?

—Exacto —Miroku le guiñó el ojo a Kagome y le dio una manzana recién comprada. No un refrigerador, no una sala o un ahorro para sus estudios, ese fue su triste premio por acertar—. ¿Adivinen quién va a aparecer en su próximo episodio?

—No soy yo, ¿verdad? —Inuyasha apareció, levantándose y sorprendiendo al trío.

Ellos habían olvidado que todo este tiempo se la había pasado recostado sobre el piso, ojeando revistas mientras comía papas y participando sólo cuando se necesitó de alguien tras bambalinas a la hora de la representación de Kagome. Ahí era donde se quedaban los niños pequeños mientras los mayores charlaban asuntos importantes, claro.

—¡No! ¡Yo! —Miroku terminó desesperándose. Es difícil cuando nada salía como se planeaba, ¿verdad?

—¡No me grites! —Inuyasha se cubrió sus orejas sensibles—. Sólo sé más claro para la próxima.

—¿Tú? ¿Por qué? —Sango preguntó. ¿Se les terminaron los buenos candidatos?

Miroku continuó en las nubes: —Qué gentiles. Y yo ni siquiera había mandado solicitud.

—¡Estupendo! —Kagome estrechó sus manos como si él se tratara de una celebridad—. Acuérdate de nosotros cuando seas famoso.

—No si haces el ridículo —Inuyasha también se sumó a las indicaciones y órdenes—: No hagas el ridículo.

—Claro que no. Seré perfecto. Las cámaras me adoran —después, una pose de modelo.

Sango observó al grupo que charlaba con ánimo sobre alfombras rojas, ceremonias de premiación y los enormes bufetes que se servían al finalizar, soñando tal vez demasiado alto.

—Esperen —levantó la mano para que le prestaran atención—. ¿No es algo raro todo esto?

—Vamos, Sango, no te preocupes. Todo va a salir bien —Miroku la sorprendió, tomándole de la cintura y atrayéndola hacia él—. Sólo apóyame en uno de mis sueños, ¿sí?

Sango sólo asintió, pues las palabras le fallaron. Malditas hormonas atonta-cerebros.

—Inuyasha, sostenme —Kagome se dejó caer, como desmayada a causa del espectáculo. Luego sacó una pequeña libreta de su bolsillo y comenzó a anotar algo rápidamente—. ¡Esto se escribe solo!

Mientras tanto, el pobre hanyou tomó la manzana de Kagome y le dio una mordida.

—Ahí vamos otra vez.

Miroku pasó los últimos tres días preparando sus maletas, eligiendo su ropa y mejorando su apariencia. Al final de sus tratamientos y tarde de compras, terminó con una piel reluciente, el cabello sedoso y un enorme abrigo —sintético, por supuesto— para complementar su aspecto de celebridad. Según él, ya estaba preparado para el estrellato.

Todos fueron a acompañarlo al lugar donde sería rodado el programa. En esta ocasión, el sitio estaba en ese barrio en el que le habían dado una serenata improvisada a Naraku aquel día de San Valentín. Sango no podía con la vergüenza al ver que algunas personas los reconocían y señalaban con el dedo. Incluso hubo un oni que se atrevió a acercarse y, en lugar de pedirles un autógrafo como el vampiro hubiera deseado, les dio una tarjeta de su escuela de música.

—Les pago las clases, pero asistan por favor —les dijo, casi rogándoles—. Las necesitan.

—Qué persona tan simpática —Kagome guardó la tarjeta por si caso—. Oh, es una bonita casa —comentó al estar frente al lugar donde Miroku pasaría una semana viviendo con una familia de extraños.

La gente del personal eran todos youkai, lo cual hizo que Sango se sintiera como la rara del grupo. Aunque tenían su grado de amabilidad al intentar fingir que no le estaban tomando fotos, al menos eso quería suponer. Tampoco deseaba saber para qué querían algo así.

Los productores se acercaron a ellos. Uno era un guapo youkai de cabello verde y unas marcas en la cara que por la salud de su madre esperaba no fueran tatuajes. Para suerte de la exterminadora, la otra era una mujer humana. Ambos les saludaron y se presentaron.

—Yo soy Hoshiyomi y esta hermosa mujer es mi socia, Tsukiyomi —ante las palabras galantes de su compañero, la mujer se sonrojó y se abanicó con la mano, tratando de guardar la compostura.

—Basta, por favor —Tsukiyomi se balanceaba, sin saber qué otra cosa hacer. Sango comprendía perfectamente qué se sentía estar en esa situación, sólo que más vergonzosa y menos caballerosa—. Me apenas frente a los muchachos.

—Pero es la verdad, y hoy te ves especialmente encantadora —Hoshiyomi besó la mano de la mujer. Ambos comenzaron a reír, sin que el resto supiera qué estaba pasando, sólo se sintieron incómodos.

—¿Acaso son pareja? —el detector de romanticismo de Kagome se activó.

Los productores se separaron de inmediato, con caras demasiado serias. Tenían el aspecto de no ser las mismas personas de antes.

—Claro que no. Somos profesionales —la mujer se colocó unos audífonos y comenzó a darles indicaciones a los de la iluminación.

—Por supuesto —el youkai se acomodó su sacó elegante y llamó a alguien para que se acercara.

—Ni Sango se cree eso.

—¡Inuyasha! —Sango se tomó la libertad de darle un pellizco a su amigo. Ahora hasta él podía juzgar su situación amorosa. Pero qué falta de respeto—. Más discreción, por favor —susurró. Por suerte, Miroku el ídolo estaba concentrado imaginado cómo se vería una silla con su nombre. ¿Sería más profesional con su apellido?

—Bueno, ya no digo nada.

Un amigable grupo de cuatro personas apareció. Se veían tan tímidos y normales que Sango pudo comprender qué se sentía tener el impulso de tomarles una fotografía. Ay, tan inocentes y ajenos al mundo sobrenatural, hermosos.

—Ellos son la familia con la que convivirás —Hoshiyomi se los presentó a Miroku—. Los señores Matsumoto.

—Soy Tsujitani Miroku, mucho gusto —como se trataban de desconocidos, hasta se tomó el tiempo de hacer una reverencia. La primera impresión siempre era buena para el vampiro, ya con el tiempo ibas conociendo su verdadero ser y notabas la diferencia.

Sango comenzó a sentir un poco de lástima por los desconocidos.

El padre habló, viéndose tan tierno con esas gafas gruesas: —Igualmente. Él es mi hijo Sachi, y mi hija menor, Yuki.

—Si es un vampiro, ¿dónde está su capa, mamá? —la niña preguntó e Inuyasha soltó una carcajada.

—Esto se va a poner interesante.

—¡Señores, comenzamos en quince minutos! ¡Todos preparados! —la señora sólo-somos-socios gritó órdenes con un altavoz—. ¡A partir de ese momento, la casa no se vuelve a abrir! ¿Entendido?

Hoshiyomi suspiró a su lado, antes de guiar a los Matsumoto a su residencia temporal.

—Qué mujer.

—No olvides tu comida —Sango le recordó a Miroku. Había llegado el momento de la despedida.

Sí, mamá —respondió. Ella se refería a las bolsas de sangre que tanto trabajo le había costado llenar (esas agujas eran muy grandes para su gusto); sin embargo, él se acercó a ella y bajó una de las mangas de su blusa, alimentándose de su hombro.

La gente de la producción hizo una pausa en sus labores para verlos, hasta la pobre familia recibió de esta forma su bienvenida al mundo de las criaturas lujuriosas y sinvergüenzas. ¿Alguien podía pensar en los niños?

—Muy bien, no olviden el plan —Miroku estaba lleno de energía cuando terminó—. En una semana, tendré la oportunidad de ser famoso. Kagome, serás mi agente.

—¡Sí, señor! —la muchacha ya estaba pensando en participaciones en comerciales y alguno que otro papel en la telenovela de las ocho. Empezaría como un simple barrendero, pero terminaría siendo una estrella, seguramente.

—Inuyasha, serás mi guardaespaldas —él sólo respondió con un resoplido. Estaba más interesado en encontrar la mesa de los bocadillos—. Sango... —una de sus famosas pausas dramáticas—. Tendrás tu casita en los suburbios.

—Jamás lo vas a olvidar, ¿verdad? —ahora que estaba seguro de que Kuranosuke no era una amenaza para él, no dejaba de aprovechar la oportunidad para burlarse del muchacho junto con sus propuestas de vida.

Hacía pocos días, mientras caminaban por la calle, Miroku le señaló unos disfraces de dinosaurio que él encontró perfectos para sus hijos con aquel lagarto astuto. Las risas se acabaron cuando ella, molesta, preguntó por el precio.

—¿Para quiénes son? —dijo, intentando mantener su sonrisa burlona. Pero ésta se esfumó completamente con su respuesta.

—Para el próximo Halloween. Es perfecto para las iguanas habladoras.

A Sango no le importaba realmente qué beneficios pudiera obtener a partir de ese día. Sólo se conformaba con que siguiera ayudando para los gastos en la casa y cumpliera con sus tareas. Aunque deseaba hablar con él respecto a la posibilidad de dejarle vestirlo de vez en cuando con ropa para gatos.

—¿Y qué pasará si no te vuelves famoso? —Inuyasha comentó. Estaba de mal humor por no encontrar más que galletas con queso. Él era un perro, no un ratón, aunque igualmente se las terminó comiendo todas.

Miroku encogió los hombros.

—Pues nada, supongo. Sólo será un recuerdo agradable —todos alabaron su grado de madurez.

—Señor Miroku, ya es hora —otro youkai apareció y, para notar la variedad en el personal, éste era hipster. Lo sorprendente era que vendieran boinas de ese tamaño. Tamaño monstruo gato.

—Nos vemos en una semana —el vampiro continuó con su apariencia de adulto responsable y comprometido. Mentalmente todos hacían apuestas para ver cuánto duraría.

—Adiós —las manos se agitaron, la gente aplaudió, un pañuelo blanco ondeándose fue visto por ahí. Miroku tomó sus maletas, se acomodó sus gafas oscuras y caminó hacia su destino, como quien busca un mejor futuro en la capital.

La puerta se cerró y todo se quedó en silencio.

—Bien, ¿quién quiere comer? —Inuyasha ya estaba comenzando a caminar. Kagome y Sango lo siguieron rápidamente. Aún no habían almorzado.

—Ojalá no se olvide de lavarse detrás de las orejas —Sango comentó de repente. Se le había pasado el recordárselo.

Una semana sin Miroku… bien podría ser algo provechoso. Siete días de tranquilidad con la casa sólo para ella y Kirara. Aprovecharía para limpiar profundamente —tenía la vaga sensación de que habían más cosas en su casa— y después se relajaría. Hacía tanto que no cantaba en la ducha ni tampoco invitaba a amigos de la escuela —no tenía, pero si no fuera así, claro que lo haría—. También planeaba volver a pasar por aquella tienda. El disfraz de dinosaurio era muy grande para él, pero nadie podía negar que el de Caperucita Roja resultaba simplemente encantador.

Siete días pasaron rápidamente, demasiado como para disfrutarlos adecuadamente. Sólo tuvo dos días de descanso hasta que sus buenos y considerados amigos decidieron que debía sentirse muy sola, así que la visitaron todos los días. Obviamente, a ella le agradaban —ya se había acoplado a sus personalidades y locuras—, pero si los vería diario, ¿cómo se supone que los extrañaría?

Esa noche irían por Miroku, mientras tanto, los chicos veían la televisión y Sango hacía los últimos preparativos para la cena de bienvenida. En ese mismo momento metía en el refrigerador un encantador pastel con la leyenda «Gracias por tu participación».

—¡Sango, quítale el control remoto a Kagome! —Inuyasha le gritó desde la sala. Desde que ella se encargaba de servir de mediador en sus conflictos, parecía haber tomado el papel de la madre.

—Inuyasha, no exageres —su hija dijo, disfrutando de la programación de infomerciales que le entretenían demasiado.

—No lo haría si no tuvieras el teléfono en tus manos.

Kagome rio nerviosamente.

—¿Cuándo llegó aquí? Ni siquiera me di cuenta —su plan de comprar una almohada ortopédica para gatos que cambiaba de color según el humor se vio frustrado, a pesar de que estaba a un precio de locura e incluía gratis una roca que pronosticaba el clima—. ¡Ya comenzó! —se salvó de la mirada juzgadora de Inuyasha cuando el programa cambió.

Sango apareció cuando comenzó un tema musical empalagoso con tomas de la casa y los participantes. Inuyasha comenzó a reír. Jamás se le había visto tan entretenido, aunque fuera a costas de burlarse de un amigo.

—Se ve como un idiota —él soltó cuando en la descripción de Miroku apareció la frase «joven y atractivo vampiro que gusta de la aventura y las diversiones mundanas».

—¿Alguien podría explicarme el propósito de este programa? —más que sentir pena ajena, Sango seguía sin entender el encanto de los reality shows. No tenían la belleza del boxeo ni el entretenimiento de los noticieros.

Kagome tomó el papel que estaba sobre la mesa. Era el folleto que los productores les regalaron antes de irse, una supuesta guía para entender el programa, lidiar con la fama —o la vergüenza— y, por supuesto, deslindarse de cargos legales por lo que pudiera pasar.

—En palabra de los productores, «queremos iniciar los primeros pasos para una convivencia entre humanos y youkai» —la vampira leyó—. ¿Quién lo diría? Es un buen propósito.

—Supongo —aún conociendo eso, seguía sin estar muy convencida al respecto.

—No estés tan desanimada, Sango —Kagome le hizo un lugar en medio de ella y el sujeto que le negaba sus compras en la teletienda—. Al menos se está divirtiendo. Un cambio a la rutina nunca está mal.

—Creo que tienes razón —por el momento, le daría el beneficio de la duda. De todas formas, ella no sería quien sería avergonzada en la televisión por cable. A veces el intercambiar papeles no estaba mal.

Sorpresivamente, Miroku se estaba comportando bien, tanto que hasta parecía sospechoso. Hablaba educadamente con los mayores y le enseñaba a los menores consejos, como el estar en contra de los estereotipos de los hermosos y poderosos vampiros como él. Incluso sacaba la basura sin necesidad de una estrella de papel brillante. Hasta Sango comenzó a sentirse un poco decepcionada. No tanto como Inuyasha, quien lanzó palomitas contra la pantalla de la televisión.

—No estoy pagando para ver esto —se quejó, ignorando el pequeño detalle de que él ni vivía ahí.

El resumen del día miércoles comenzó, y era el turno del niño de la familia para hablar en el cuarto de la cámara, ese que servía para dar confesiones o quejas.

—Todo pareciera ir bien, pero comienzan a crearse una serie de rivalidades —el narrador dijo, por fin recuperando su atención de los aburridos espectadores. Sango pensó que ya era hora de que Miroku metiera la pata, para variar un poco.

—Ese Miroku es una molestia —Sachi reveló, molesto y con los brazos cruzados.

—Dinos algo que no sepamos —Inuyasha dijo.

—Claro, como tú no sabes nada de eso —Kagome respondió, aún molesta con su compañero.

—¿Qué tratas de insinuar? —la pareja compartió miradas furiosas. Un perro infantil contra un gato orgulloso. Era momento de las apuestas.

Antes de que la pelea se volviera más ruidosa, Sango sacó una pequeña pistola de agua que guardaba en uno de sus bolsillos. Servía para tranquilizar a las mascotas traviesas, pero parecía tener la misma función para ellos. Eso lo aprendió a la mala en la pijamas de la noche anterior, donde casi no durmió por sus conversaciones y susurros nocturnos —que si la película de ayer, que si el pobre de Napoleón—, y ahora jamás se apartaba de ella. La simple vista de esa arma mortal les hizo detenerse, guardar silencio y hasta sentarse derechos. Un punto más para mamá Sango.

—A mis padres les cae bien. Dicen «¿Por qué nuestro hijo no es como tú?». Incluso Yuki ha comenzado a decirle «onni-san». ¡Pero que yo soy su hermano! Y a nadie parece importarle que sea del diablo —el niño se veía tan desesperado que la chica se proyectó en él. No era ese tipo de programas, pero deseaba que él ganara—. Sólo va a todos lados mostrando lo maravilloso que es. ¡No lo soporto!

—¿Seguro de que estamos hablando de la misma persona? —ella le preguntó a la televisión, evidentemente sin respuesta.

Del otro lado, Yuki, la pequeña niña humana, se acercó lentamente hacia el vampiro que leía pacíficamente en la sala de la casa. Un pobre cordero perdido.

—Miroku onni-san… ¿Tienes alguien que te guste?

—Puede ser —el muchacho los dejó a todos en suspenso—.¿Por qué lo dices?

—¡Por nada! —la niña salió corriendo, avergonzada. ¿Quién lo diría? Hasta Miroku podía verse lindo de vez en cuando.

Alguien tocó la puerta de la residencia y Miroku fue a abrir. Tomó a todos por sorpresa cuando dio un salto hacia atrás, tratando de alejarse del recién llegado.

—¿Quién es ese? —le preguntó a los humanos.

—El tío Gishinki. Es un gran amigo de la familia —el padre dijo, invitando al nuevo participante a entrar.

—Y es mi primo —la madre agregó, demasiado tranquila aunque el invitado estuviera luchando por caber en la puerta. Era demasiado alto y musculoso.

—Am. No lo creo —Miroku siguió manteniendo la distancia. Por fin estaba actuando extraño.

—Buenos días, familia. Es bueno estar de regreso —el tío los saludó. Vaya, su voz fue tan poderosa que casi podrían decir que resonaba en sus cabezas. Pero, claro, un humano no haría eso, a pesar de medir unos tres metros. ¿Quiénes somos para juzgar?

—Ese tío Gishinki me parece algo extraño —Sango comentó. Había algo que no encajaba en ese hombre gigante con traje de oficinista y corbata. ¿El sombrero y bigote resultaban demasiado anticuados? ¿Era porque estaba calvo?

—Tal vez es extranjero —su amiga contestó, despreocupada.

—Tal vez —seguramente esa era la razón de su gran estatura, cara larga y anormal tono de piel.

Los siguientes minutos, Miroku mostró una actitud maleducada, puede que estuviera celoso por no ser el centro de atención. Nada le parecía del señor Gishinki. No desaprovechaba el tiempo para hacer observaciones sobre su cuerpo anormal, el que apareciera en cualquier lugar y su presencia casi maquiavélica, según él. Hasta señaló al pobre hombre que se comió un cuchillo cuando creyó que nadie le observaba.

—Por favor, Sachi. Dime que viste eso —le rogó al niño que estaba a su lado. Poco a poco estaba perdiendo a sus aliados porque se molestaban cuando «hería la sensibilidad de su tío».

Sachi agitó la cabeza, como decepcionado: —¿Qué tiene de malo el implementar algo de hierro en la dieta? Si hay alguien raro aquí, ese eres tú.

El niño se fue y el vampiro se derrumbó, mirando al cielo y casi rogando ayuda divina, aunque lo único que logró fue morderse la lengua por recitar algunas palabras demasiado santas para su sobrenatural presencia. Pobre cosita fea.

—¿Te encuentras bien? —Gishinki, el amigable, se acercó a él.

—Em, sí —contestó, levantándose del piso rápidamente y con posibles planes de irse de la cocina, puede que también de la ciudad. Pero el hombre apareció frente a él, deteniéndolo, demostrando una increíble agilidad. Seguramente se ejercitaba.

—¿A dónde vas, Miroku? —le preguntó—. Siento que no hemos pasado mucho tiempo juntos. Esto se trata de convivir, así que toma asiento. Charlemos.

—Está bien —Miroku se veía ya demasiado cansado de huir de los inminentes encantos del visitante, que terminó aceptando la invitación de sentarse con él en el comedor—. ¿De qué quieres hablar?

El tío le dio un vaso con lo que esperaban fuera agua.

—No lo sé. Política, el clima, las noticias… ¿Mujeres? —a Sango ya no le gusto tanto esa propuesta—. Algo me dice que tienes novia.

—Pues no sé… quizá, tal vez —Miroku respondió, esquivándose con su bebida, y ella no sabía si la respuesta le agradaba del todo.

—Porque Sango aún no se lo ha propuesto —Kagome jamás desaprovechaba la oportunidad para comentarlo.

—Oh, entonces debes ser de ese tipo de hombres.

—¿Cómo?

—Ya sabes, de los que aman la belleza femenina y les gusta conocer cada una de ellas —a la gente de hoy en día les costaba decir «mujeriego», al parecer.

Miroku volvió a tomar un trago de su bebida y se protegió por palabras que a penas formaban una oración: —Am, no. No tanto. Puede ser.

Los dientes de Sango comenzaron a rechinar por la incapacidad de decir un no o un sí del vampiro. Problemático, insolente y desconsiderado, ya vería cuando estuviera en casa.

—Mejor cambiemos de canal. Deben estar pasando una de esas películas donde los animales hablan —Inuyasha propuso, sintiendo el peligro cerca. Pero bajó el control remoto cuando sintió un aura oscura a su lado—. O mejor no.

—Y esa Sango, ¿cómo es? —Gishinki los tomó por sorpresa. ¿Alguien había dicho antes su nombre? Ya no lo recordaban. ¿Tal vez fue entre cortes?

El muchacho se mostró más animado de repente: —Te mostraré una foto —dijo, y Sango se confundió con sus emociones. Su rostro estaba caliente y ella ya no sabía si lo que sentía era molestia o vergüenza.

Gishinki también se vio confundido cuando comenzó a ver imágenes en el celular de Miroku.

—¿Esas son venas?

—Tiene una excelente circulación —el vampiro fetichista suspiró.

Kagome le dio unos codazos a Sango y después levantó el pulgar. Al parecer, se estaba perdiendo de un alago que no entendía.

—Pero, además de su sangre, ¿qué tal es? —Gishinki, como buen hombre, quiso dejar a un lado lo que vio y se lo agradecemos.

La exterminadora prestó mucha atención en las palabras de Miroku, pues lo que dijera influiría en su trato futuro.

—Es una chica humana. Atractiva, fuerte y valiente. Tiene que serlo para no salir corriendo después de descubrir todo esto —él dijo, con algo de dificultad. ¿Era eso un sonrojo lo que apareció en su cara? Sango se encontró jugando con su cabello—. Es muy terca y se enoja fácilmente, pero es una buena persona.

—Ahhh —Kagome se regocijó por la escena, después le dio un abrazo a su amiga.

—Suena a alguien muy agradable —Gishinki comentó.

—Me está agradando ese hombre —Sango aceptó. Siento embargo, su alegría momentánea se esfumó tan rápido como llegó. La bocaza de Miroku fue la culpable.

—A veces —dijo, y el buen humor de la muchacha se esfumó—. También es una persona un poco violenta. Te sorprendería saber cuántas veces me ha golpeado —Gishinki le cedió su vaso y él lo tomó con gusto.

Un texto apareció en la pantalla: «Miroku, un pobre vampiro violentado.»

A Sango ya no le estaba gustando esto, y lo peor era que Miroku no se callaba: —Tampoco es muy femenina que digamos. Antes… A veces me cuesta verla como mujer.

Kagome extendió el brazo, intentando alcanzar el control, pero Sango la abrazó aún más fuerte y se lo impidió. Entonces ella le rogó por ayuda a Inuyasha con sus ojos de gato, quien hizo lo que pudo hasta que la mirada endemoniada de su amiga lo congeló en el acto. Tuvo la suficiente influencia en él, que sin palabras le impulsó a arrojar el aparato a través de la ventana.

—Soy un alma libre por naturaleza —Miroku continuaba balbuceando, recostándose sobre la mesa—. No sé si se me deba retener. Tú sabes.

—Por supuesto —Gishinki le dio una palmada en el hombro y sonrió, con esos dientes tan grandes, abuela. Después llegaron los comerciales.

La voz de Inuyasha se antepuso a los anuncios de la programación del domingo: —¡¿Qué le dije sobre hacer el ridículo?!

Sango se quedó sentada en el sillón, con los brazos cruzados y la mente trabajando.

A Miroku se le hizo muy raro el que tardaran tanto en venir por él, mucho más cuando pasó más de una hora de retraso. Nadie respondía sus llamadas, así que mejor decidió ir él mismo hasta el apartamento. Mandó un mensaje avisando y tomó un taxi, ya que el dolor de cabeza que tenía le hacía difícil el hacer gran cosa. Ese tío Gishinki sí que daba buenas fiestas improvisadas.

Abrió la puerta y encontró todo oscuro. ¿No era tan tarde, verdad? Se tropezó con algo en el camino y una lámpara fue encendida. Ahí estaba Sango, sentada cual madre que encuentra a su hijo llegando a altas horas de la noche. Aunque también tenía aspecto de mafiosa mientras acariciaba lentamente a Kirara.

—Hola, Sango —saludó, inocentemente. Entonces fue sorprendido por una presencia conocida que Sango tomó del piso. Oh, bumerang, viejo amigo. ¿Qué has hecho todo este tiempo?—. ¿Pero qué pasa? —el vampiro dio unos pasos hacia atrás, sólo por precaución.

La muchacha se levantó lentamente, tomándose el tiempo para hacerse el cabello hacia atrás y sonreír, si es que se le podía llamar sonrisa a ese gesto diabólico salido de uno de los círculos del infierno. Él tuvo un escalofrío y una regresión al pasado.

—Así que violenta y poco femenina —ella dijo, y Miroku entendió lo que pasaba.

—Ohh —levantó las manos, proponiendo inútilmente la paz—. ¡Puedo explicarlo! —la verdad era que no.

Una condición del programa era borrarle la memoria a todos los implicados, incluso a los youkai, sólo que lo suyo era más parcial porque podían ver el episodio. Miroku lo hizo y se sorprendió él mismo. ¿Quién diría que a la gente le gustaba ver en la televisión a personas metiéndose en problemas?

—¡No me importa! —Sango comenzó a agitar su arma como si no pesara. Estaba haciéndolo retroceder de nuevo, sacándole del apartamento—. Si eso es lo que de verdad sientes, ¡búscate a un mejor almuerzo porque esta comida ya se cansó! ¡Ahora eres libre! —furiosa, la chica lo dejó afuera.

—¡Pero Sango!

La puerta se abrió, sólo para que Sango se la volviera a cerrar en la cara. Al menos tuvo el detalle de darle la maleta que él había dejado adentro.

—¡Dije adiós!

Miroku parpadeó varias veces, se pellizcó un brazo y hasta se dio una bofetada. Todo ocurrió tan rápido que no tuvo tiempo de procesar las cosas.

—¿Qué ha pasado? —se preguntó, en medio de pasillo.

Conociendo el humor de Sango —y el que ni siquiera Kirara hubiera intercedido por él—, el pobre vagabundo decidió buscar un refugio mientras el enojo pasaba y su pequeña falta fuera olvidada. Tuvo que pedirles asilo a Inuyasha y Kagome.

—Amigos queridos —los vio con ojos penosos a través de los barrotes de la puerta de la entrada. Ya sólo le faltaba que lloviera para completar con su look lastimero.

—Oh, no. Lo siento, pero no —Kagome luchó fuertemente para combatir con el impulso de la magia de la amistad. Lo logró cuando recordó sus pecados—. ¡Has arruinado mi ship! ¡Mi OTP!

—Kagome, creo que estás siendo un poco exagerada —Inuyasha supo que había cometido un error cuando, sin saber cuándo ni cómo, el hanyou se encontró afuera, al lado de su amigo.

—¿Ah, sí? —la chica colocó las manos sobre la cadera—. Si no te gusta que él esté solo, acompáñalo.

—Pero… —felicidades, era el día de golpear a una criatura mística con una puerta—. Estupendo, ahora también está enojada conmigo. Gracias.

—Para eso están los amigos —al menos Miroku se alegraba de no ser el único pobre infeliz y despistado—. ¿Quieres elegir un árbol o algo?

Inuyasha no tuvo tiempo de responder porque una mochila con sus cosas cayó desde el cielo hacia su cabeza. Malentendido, trampa o la luna llena, alguien aquí se había vuelto loco.


Hola, aquí estoy, intentando retomar fics. En un momento de estos tres años que llevamos, recuerdo que la linda Core Chocolate había mencionado algo sobre un reality show que sirviera para avergonzar gente, así que aquí está. Las cosas tuvieron la posibilidad de ir bien, ¿pero para qué? Eso sería demasiado fácil :B.

De alguna forma, siento que esta actualización no fue tan graciosa como lo han sido las anteriores, pero supongo que se debe a que mezclé un poco de melodrama, y también porque es un capítulo de transición que nos llevará a nuestro próximo especial de Halloween y Día de Muertos. ¡Wiiii! (palabras clave: thriller, fantasmas y Sesshoumaru. ¡Hagan sus apuestas!).

Agradecimientos especiales (y profundas disculpas. Estoy tan mensa que ya ni siquiera recuerdo si respondí reviews): Yumipon, SangoSarait, Alinha, lana diamonds y fifiabbs. Siempre estarán en este corazón de pollo.

Loops se despide por el momento porque tiene que ayudar a su hermana a terminar su disfraz de japonesa. Nos leemos pronto *corazoncito*.

P.D.: ¿Adivinen quién tiene varicela? En serio, me urge una limpia.