¡Buenos días! Aquí estoy otra vez :D

Me alegra mucho que os hayan gustado los capítulos anteriores,

así que aquí estoy con el Día Blanco y el protagonista que ganó la votación es... ¡HARU!

Sin más,

Besos & Abrazos.


Ciclo zafiro.

Haruka Nanase.

Marzo.

Día Blanco.

Alzaste los brazos para recoger tu cabello en una coleta y poder ponerte el gorro reglamentario aunque no te gustaba mucho usarlo, pero ya que Sasabe-sensei te había dejado las llaves de su amado Iwatobi CS Returns lo que menos podías hacer en agradecimiento era cuidar y mantener limpia la piscina. Te sentaste en el muro de salida y dejaste las piernas dentro del agua. Una satisfacción anhelada te recorrió entera. Miraste las calles de la piscina recordando que allí solían entrenar los chicos, pero hoy estaban en Samezuka y el Iwatobi SC Returns aún no inauguraba.

Te habría gustado ir, pero… te sumergiste de golpe, tratando de que el agua se llevara tus pensamientos y te sentaste en el fondo. Alzaste la vista hacia arriba mientras empleabas todos los trucos y técnicas que sabías para aguantar más debajo del agua. La vista era preciosa. Hermosa. La luz de la tarde entraba por los cristales y se reflejaba en el agua, de tal forma que tus ojos abarcaban unos preciosos tonos anaranjados.

En realidad, pensaste, solo estabas huyendo. De nuevo. Llevabas un mes huyendo de Haru, desde febrero, desde tu repentina declaración y desde la manera tan osada que tuviste de declararte. Aunque Haru tomó tus chocolates la inseguridad volvió a atenazar tu corazón. Eras atrevida y osada, pero normalmente cuando el momento pasaba te volvías temerosa. Así que habías optado por no quedarte a solas con él y huir todo lo que pudieras. Por eso hoy estabas allí y no en Samezuka.

Justo cuando pensabas que aquella era una manera muy triste de vivir tu rutina, comenzó a fallarte la tranquilidad. Reuniste el poco aire que ya te quedaba en los pulmones y gritaste. Estás segura de que gritaste muy, muy fuerte por el repentino dolor de tu garganta, aunque sabías que desde fuera no se escuchaba nada. Entonces saliste a la superficie. Quizás iba siendo hora de dejar de huir.

Te quitaste el gorro. Ya limpiarías después la piscina, aquel maldito invento te estaba apresando las ideas y no podías sacar nada en claro. Te sumergiste de nuevo y cuando sacaste la cabeza escuchaste el conocido tono de tu móvil. Alargaste la mano, lo habías dejado cerca por si acaso.

- ¿Matsuoka-sempai? – preguntaste al descolgar, mucho más que sorprendida cuando viste su número.

- Te he dicho miles de veces que no me llames así. Tengo nombre. Rin – masculló el joven, se escuchaba levemente molesto, lo que, por el contrario, no te sorprendió en absoluto.

- Hai hai. ¿Ha pasado algo? – preguntaste, agitando las piernas.

Se sentía tan bien…

- Haru se ha marchado sin despedirse y quería avisarte por si lo veías por ahí – mentalmente te preguntaste qué tendría que ver eso contigo pues no era nada nuevo el hecho de que Haruka iba y venía a su aire sin depender de nadie.- Estaba extraño – aquello te llamó la atención.

- ¿Qué?

- Oye, (T/N), no sé qué os pasa, pero arregladlo…

En aquel momento dejaste de escuchar, no por falta de interés, sino porque te había cubierto una sombra y, al alzar la vista, te encontraste con la figura normalmente desinteresada y tranquila de Haruka Nanase, pero en estos momentos estaba sudorosa y agitada.

- Matsuoka-san, tengo que colgar.

- ¡Que no me…!

Colgaste.

- ¿Semp…? ¡Ah, Haru!

Saliste lo más rápido que pudiste de la piscina cuando el joven se desmoronó. Fuiste hasta él, temerosa de que no te aceptara a su lado, pero en primera instancia Haru no reaccionó concentrado como estaba en normalizar su respiración. La mano que estaba en su espalda palpó sudor, mucho sudor. ¿Había venido corriendo desde la estación? Pero, ¿por qué? ¿Qué hacía allí? No te dio tiempo a preguntar porque Haru te atrapó entre sus brazos sin darte ninguna ruta de escape. El calor subió a tu rostro.

- ¡Sempai, se va a empapar, acabo de salir de la piscina!

- No… - te apretó aún más contra su cuerpo y hundió el rostro entre tu cabello.- Di mi nombre – pidió, con voz ronca.

- Pero…

- Di mi nombre.

Tomaste aire, su fragancia te llenaba las fosas nasales y te hacía sentir terriblemente mareada. Sentiste las lágrimas picar en tus ojos, ¡cómo habías echado de menos su cercanía! Pero era culpa tuya y lo sabías… estrujaste la tela de la chaqueta entre tus dedos.

- Haru –lo llamaste, casi en un susurro, pero lo suficientemente audible para que él por fin se separara de ti y te mirara a los ojos. – Lo siento, Haru, tenía miedo… y-yo… - pero tus intentos de disculpa quedaron en eso, en un intento.

Haruka te calló con sus labios. Vuestro primer beso fue un inocente roce de labios. Pero entonces él pareció querer más y tú no tenías ni fuerzas para negarte ni intenciones de impedírselo. Mientras sus manos reposaban en tu cintura ladeó un poco el rostro para tener más acceso a tu boca. Y allí comenzó todo. El baile desenfrenado y la posterior intromisión sin siquiera pedir permiso. Tu cuerpo se estremeció de arriba abajo cuando su lengua toco la tuya con demanda, con exigencias. Las manos masculinas se movieron hasta tu cabello, desordenándolo. Gemiste al comprender que estaba pidiendo todo y más de ti… y tú estabas más que dispuesta a dárselo. Sentiste el cuerpo masculino endurecerse cuando tuviste la osadía de enlazar las manos por detrás de su cuello y empujarlo más a ti, reclamando más, más cerca, más fuerte y más profundo. Cuando el aire comenzó a faltar, Haru mordió tu labio antes de separarse del todo y tú gemiste una vez más.

- Como sigas así… - dijo, acariciándote la cara con ternura, con suavidad besó tu párpado.- No voy a poder contenerme – sonrió dulcemente.

Y esa imagen se quedaría grabada en tu mente toda la vida.

- Pero… Haru, ¿qué haces aquí? – llamarlo simplemente por su nombre te hacía sonrojar hasta límites insospechados.

Él alzó una ceja. Luego, pareció entender algo y suspiró.

- No sabes qué día es hoy.

Parpadeaste confundida. Sí. Miércoles. Samezuka solo podía entrenar con ellos los miércoles. Seguro que era miércoles.

Al ver tu mirada de confusión sacó algo del bolsillo de la chaqueta y lo puso en tus manos. Era un paquete, blanco.

- Hoy es 14 de marzo – dijo, su vista desviada hacia algún punto de la piscina.- Es el día blanco.

Te sonrojaste, de golpe y porrazo. Y bajaste la mirada hasta el regalo. Lo abriste con timidez y encontraste que dentro de la bolsa y bajo el papel de regalo blanco había también una caja, blanca. Cuando retiraste la tapa sentiste que quizás y muy probablemente te ibas a desmayar allí mismo por los latidos acelerados de tu corazón. Era un álbum, un precioso álbum blanco con decoraciones doradas en cuya portada habían colocado la foto que os sacasteis en año nuevo.

- Es para el futuro, es decir… - tomó aire, respiró hondo, y vuestros ojos volvieron a entrar en contacto.- Quiero que lo llenes. Con recuerdos. Nuestros. De aquí en adelante mientras tú… mientras tú quieras estar conmigo.

Otra vez. Las lágrimas, pero esta vez no pudiste contenerlas. La felicidad que sentías era demasiado grande como para tratar de disimularla. Haru se asustó, pero luego le sonreíste y dejaste que te envolviera de nuevo entre sus brazos.

El atardecer caía.

Y la noche llegaba.

- Haru…

- ¿Hm?

- ¿Cómo sabías dónde estaba?

- Ah, eso – ahora te miró con severidad y tomó tus mejillas para luego estirarlas, probablemente algo indignado porque sólo habías sido sincera con el moreno capitán.- Se lo dijiste a Makoto.

- Haru, Haru… iitai.

Él te soltó, dándose cuenta que el sonrojo de tu rostro seguía sin bajar. Eras demasiado tierna para que cualquier mente de mantuviera cuerda. Te sonrió, estrechándote de nuevo entre tus brazos. Te besó, ya no debía temer porque alguien te alejara de su lado.


Espero saber vuestras opiniones.

¡Muchas gracias siempre por el apoyo!

Buenos días & Buenas tardes & Buenas noches.