Título: Skin.
Rating: K+.
Advertencias: Sí, spoilers del 2x16, «Original Song».
Playlist: The Hellcat Spangled Shalalala by Arctic Monkeys.

«Makes me wanna blow her candles out just to see if you glow in the dark».

Blaine corre por los pasillos de la Academia Dalton como alma que lleva el diablo. Su inusual comportamiento se gana algunas miradas extrañadas de los estudiantes, que siempre lo han identificado por su formalidad y educación. El joven Anderson ni siquiera repara de ellas, por supuesto, ya que se encuentra lo suficientemente ocupado soltando maldiciones en voz baja, todas dedicadas a sí mismo.

Hablando en serio, ¿dónde tiene su maldita cabeza?

Girando en una curva y haciendo una extraña maniobra que podría haberlo hecho terminar en el hospital sin ningún problema, Blaine visualiza la sala de ensayo de los Warblers y empuja la puerta. Busca alguna evidencia de vida y las disculpas se atascan en su garganta cuando encuentra lo que buscaba, pero no en la forma en que su pobre y culpable mente lo había visualizado. Lejos de la figura de Kurt molesto, con las manos en las caderas y listo para atacar, Blaine siente como su cuerpo se relaja y sus labios se alzan en una sonrisa ante el panorama. El nuevo y delicado miembro de los Warblers duerme sobre uno de los sofás de la sala, partituras y efectos personales rodeándolo despreocupadamente.

La sonrisa del solista se amplía mientras se acerca. Está seguro que nadie jamás ha conseguido tan bien ser adorable sin siquiera planearlo.

Blaine se aproxima con cuidado, olvidando momentáneamente su prisa y sus deseos de comenzar cuanto antes el ensayo de Candles, la canción que ha elegido para que Kurt y él interpreten en las Regionales. El sol anaranjado del final de la tarde baña la sala con indiscreción, cayendo sobre el cuerpo del joven Hummel y abrazándolo gentilmente. La natural iluminación brilla sobre la piel de porcelana de Kurt, haciendo que la misma destelle con un color que parece irreal, como si pudiera iluminar toda la habitación con sólo quedarse allí. Los dedos del solista principal se sienten descaradamente tentados y sucumben a estirarse, hasta rozar la piel, que es tan suave como parece.

Kurt abre los ojos, con lentitud y pereza. Blaine se ha hincado a su lado, aún sin poder retirar la mano de su mejilla, acunándola tiernamente. El joven Hummel se queda observándolo, confundido, y un suave sonrojo cubre sus mejillas. La luz del sol sigue jugando con su piel y su compañero, maravillado, no puede hacer más que seguir observándolo. Las palabras se empujan las unas a las otras torpemente en la boca de este último, cuando pregunta:

—Lo siento, ¿te desperté?

Kurt sólo niega con la cabeza, aunque tampoco parece en sus cinco sentidos.

—Deberíamos suspender el ensayo, está por anochecer —dice Blaine, forzando una sonrisa tranquila.

Sabe que esa es sólo una tonta excusa y que, en realidad, tiene miedo que las luces se vayan.

Tiene miedo que Kurt siga siendo tan cegador e irresistible y que, bajo la confidencialidad de la penumbra, no pueda resistirse a refugiarse bajo su brillo.